miércoles, 6 de diciembre de 2017

Existence


Prólogo


Era notable el rechazo que existía entre ellos. Como también era notable la atracción que sentían.
¿Es que estaban locos o que? Odiarse y gustarse. ¿Era algo racional? No. Simplemente no. Era algo estúpido. Si, eso era.
El más pequeño de los dos bufo. Era el más afectado con todo aquello, el que más estaba confundido y más enojado.
―Maldita sea. ― Gruño.
―¿Puedes quedarte quieto?.
El que maldijo no había dejado de caminar, iba de un lado a otro, quizá ya hasta había dejado una buena marca en el piso.
―Cállate.
―Tampoco es como si estuviera contento, ¿He?
―¿Entonces por que no reclamaste cuando paso?
―¿Cómo si nos hubiesen hecho caso?. ― Se rio. ― Mejor empecemos y así terminamos rápido.
―¿Por qué aquí?
―Es el lugar menos ruidoso, podremos concentrarnos.
―Aja. ― Volvió a bufar. ― ¿Por qué no en la mía?
―¿No que te molestaba tu hermano?
―Ummm. ― Acepto. ― Empecemos de una maldita vez.
―Por fin estamos de acuerdo en algo.
El más pequeño se sentó frente a la pequeña mesita de centro, del lado opuesto que su compañero. Abrieron unos cuadernos y unos libros, sacaron unos lápices, gomas y plumas, se vieron a los ojos y suspiraron al unísono.
Ese trabajo en equipo debía de terminar lo más pronto posible.
Ellos dos tenían año y medio de conocidos, iban a la misma escuela y para su desgracia en el mismo salón. Eran estudiantes que paseaban por la veintena, hacían su licenciatura en artes, donde tenían clases de muchas cosas que ellos amaban, quizá era lo único en común que tenían. El amor por las artes, por el dibujo, por la música… Por crear música, eran las clases que más disfrutaban.
Pero no cuando los ponían a trabajar en equipo.
Cuando el profesor les había puesto en parejas el pequeño reclamo, cosa que el más alto no hizo y eso le enojo aún más… Aunque lo que más lo tenía así era que estuviesen en la casa de él, para ser más exactos, en la habitación.
No habían ido a su casa porque tenía un maldito hermano con el que vivía y le hacía la vida imposible.
―… Sí, me parece que así está bien.
―Si… Aunque, ¿No le falta algo?
―¿Cómo qué?
―No sé bien… Déjame pensar.
El más pequeño tomo su cuaderno y lo releyó. Tenían de trabajo hacer una composición, la cual se convertiría en una canción durante el curso. Leía las letras, le gustaba como había quedado, era cierto que odiaba a aquel chico, pero era justo y admitía que era bueno en el estudio, más en esa área.
―Sentimiento.
―¿Qué?
―Le falta sentimiento.
―¿No tiene?
―No con la fuerza necesaria para hacer sentirla.
―Bien. ― Suspiro. ― ¿Te has enamorado?
―Ummm, una vez, aunque no creo que haya sido amor en sí… ¿Y tú?
―Yo solo vivo de sexo. ― Contesto con naturalidad.
―Debí imaginarlo. ― Respondió incómodo.
―¿Has sufrido por amor?
―Tampoco. ― El más alto asintió.
―¿Amor no correspondido?
―Una vez, pero no es como si fuera algo importante y doloroso.
―Si no tenemos experiencia tal vez no podremos plasmar bien ese sentimiento que dices.
―Pero la canción debe tener sentimiento. ― Se quejo.
―Podremos ir haciéndole arreglos a la canción durante el curso, lo podremos poner más adelante.
―¿Entonces así lo dejamos?
―Por ahora creo que sí, el profesor solo dijo que pusiéramos bien la idea y ya la tenemos.
―Está bien. ― Suspiro. ― ¿Terminamos?
―Así es.
Los dos guardaron sus materiales en silencio, habían pasado algunas horas ahí y estaban un poco entumidos así que se levantaron y se estiraron.
―Me voy. ― Anuncio el pequeño.
―Bien.
El dueño de la casa lo acompaño hasta la salida y solo con un movimiento de manos de despidieron.
Los dos tenían claro que no se caían bien.
El más pequeño lo odiaba porque su compañero era un bruto, pervertido y grosero. Lo había llamado afeminado frente a toda la clase, lo había dejado en ridículo llamando princesa. Era un maldito cabrón que solo se mantenía quieto estando entre las piernas de una chica.
El más alto molestaba al pequeño porque lo tenía fichado como un altanero, egocéntrico y narcisista. Sin mencionar su imagen de mujer siendo chico. Ese cabello largo castaño, ese cuerpo tan frágil, ese rostro tan angelical, pero demonio por dentro… Esas personas eran de las más peligrosas para él.
Pero también los dos sabían que había cierta atracción en ellos.
Cuando trabajaban juntos y se miraban a los ojos algún cosquilleo traicionero les paseaba por el cuerpo, ninguno hablaba de ello claro, pero lo sabían y lo guardaban solo para ellos.
¿Por qué pasaba eso?
Era molesto. No les podía pasar, se odiaban.
Uno no podía fijarse en ese narcisista.
Otro no podía fijarse en ese cabrón pervertido.
Durante las clases se mantenían alejados, solo se hablaban por cuestiones de trabajos, nada más. Aunque ahora la idea de hablarse durante todo el curso por la canción que harían les molestaba.


El pequeño camino hacia su casa, vivían por el mismo barrio, pero a unas cuantas cuadras de distancia. Al llegar a su casa suspiro. Ya no sabía que era peor, si lidiar con el idiota de su compañero o el idiota de su hermano.
―Estoy aquí. ― Anuncio.
―¿Por qué tardaste tanto?
―El trabajo de escuela no se hace en dos minutos.
―Fueron cuatro horas, ¿O estuviste revolcándote con alguno? No me sorprendería, con esa facha…― Se burlo.
―Lo que haga te da igual.
―Es verdad, no me importa que seas una maldita zorra.
―¡Cállate Kou! ― Grito. ― No soy gay.
―Es divertida esa seguridad con la que lo dices.
―Vete a la mierda.
Subió las escaleras con rapidez y se encerró en su habitación. Vivía solo con ese maldito, tenía a su madre, pero se había ido con otro y no sabía nada de ella desde los 5 años, su padre viajaba, viajaba tanto porque era piloto pero no se aparecía más que quizá una vez al año en esa casa y cuando lo hacía solo era para gritarle, era igual que su hermano.
Odiaba su vida.
La odiaba. Lo único bueno que había era la música, el dibujo, el arte. Era lo único bueno que tenía.
Su imagen de mujer no le ayudaba en nada, él no era el culpable de que tuviera ese cuerpo tan menudo, a comparación de su padre y su hermano que eran de cuerpo recio. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que parecerse tanto a su madre? Por eso lo odiaba su padre y su hermano, por eso nunca dejaban de molestarlo.
Maldita sea.
Estaba comenzando a pensar en cortarse el cabello, en dejar esas ropas y buscar unas más crudas. De hecho, lo había intentado ya antes pero no tuvo el valor suficiente de hacer el cambio.
Ya tenía suficiente como para todavía soportar al idiota de su compañero, si tenía tan poco cerebro como su familia.
Puso un poco de música en su reproductor y suspiro, se acostó en la cama y cerró los ojos, ese momento de paz era lo único que lo mantenía cuerda. Estar así, con la música… Era uno de sus placeres.

El chico más alto vivía solo, desde pequeño no había sido apegado a su familia y había trabajado y ganado dinero por su cuenta así que en cuanto cumplió la mayoría de edad se fue de su casa a empezar su nueva vida. No le había sido para nada difícil y era muy gratificante.
Vivir solo era de las mejores cosas, podía hacer fiestas, podía llevar a mujeres, podía tener sexo siempre que quisiera sin temor de nada. Podían ser ruidosos y no habría problema.
Aunque a veces, cuando estaba solo sentía todo el peso de la soledad que había en su vida, lo asfixiaba y se emborrachaba para sentirse mejor. Quizá por eso, se la pasaba llevando gente a su casa.
Se desnudo camino a su cama y se aventó en ella, era tarde y debía dormir, pero antes de eso fumo un poco, era como un ritual. Desnudarse, acostarse, fumar y dormir.

Era un nuevo día.
Los estudiantes corrían a sus salones al escuchar el timbre. El salón del segundo grado A se encontraba en una esquina del segundo piso, casi lo cubría la copa de un enorme árbol que les brindaba frescura en días de calor y más frío en épocas de frío.
―Buenos días. ― Llego su profesor y todos saludaron. ― Tenemos poco tiempo así que irán pasando conmigo a mostrarme lo hecho.
Todos asintieron y en silencio paso el primer equipo, los otros equipos se juntaron para ver sus trabajos.
El de figura menuda se quedó observando al bruto de su compañero y suspiro, debía de hablarle, lamentablemente.
―Hey. ― Saludo.
―Hey. ― Respondió el otro.
―Estuve pensando… Ya que trabajaremos juntos en el curso debemos de por lo menos ser educados entre nosotros, así que, ¿Por que no hacemos un trato y nos tratamos educadamente?
―Dame más detalles.
―Que no nos ofendamos, ni nos llevemos como hasta ahora, que nos saludemos bien y nos hablemos, aunque sea solo lo necesario, nos hablemos bien, educados. Somos mayores y debemos portarnos como tal.
―¿Cuántos años tienes?
―23, voy para los 24.
―Yo también… Acepto, llevémonos con educación.
―¿Te parece si empezamos desde cero?
―¿Qué?
―Hola, me llamo Hyde y soy tu compañero de clase, es un gusto. ― Dijo el pequeño afeminado.
El otro se quedó perplejo ante aquello, lo cierto es que jamás se habían presentado, tomo aire y suspiro enseguida.
―Soy Sakura, el gusto es mío.
Contesto y se estrecharon la mano. Era la primera vez que se tocaban y eso había sido suficiente como para sentir como su piel se electrizaba al rose de su piel. Se vieron a los ojos y eso hizo que sintieran más como se electrificaban.
¿Qué era exactamente esa sensación?
No querían saber. Realmente no.
―Mira, anoche no podía dormir y le hice este pequeño cambio. ― Rompió aquella extraña sensación el pequeño y le mostro el cuaderno a su compañero.
―Oye, queda mejor así. ― Acepto.
―¿Lo crees? Si no te gusta podemos dejarlo como estaba.
―No, así está bien.
―Creo que ya vamos nosotros. ― Dijo hyde al ver al profesor.
―Vamos.
Sin querer Sakura le dio pase primero a su compañero, con ademán como cuando le das pase primero a una mujer. Se odio al instante por hacer eso, pero no lo demostró.
Camino tras su compañero y uno de sus amigos le hicieron burla en silencio al ver aquello, solo les aventó una mirada asesina y siguió su camino.
Su profesor se revisó el trabajo, ellos se mantenían en silencio viendo las reacciones de él. Se ponían un poco nerviosos, pero a la vez estaban confiados.
―Todo está muy bien. ― Acepto. ― Pero se siente vacío.
―Lo sabemos. ― Comento uno. ― Pero le pondremos eso que falta durante el curso, se lo prometemos.
―Si llega a tener sentimiento esta canción, les aseguro que podría llegar a ser idolatrada por el mundo.
Eso les emociono y fueron a sus lugares, lo cierto era que ellos dos eran de los mejores en el área de la composición.
―¿Escuchaste eso?. ― Dijo emocionado. ― Debemos ponerle los sentimientos.
―Ya veremos que hacer…
―Enamórate de alguien. ― Sakura se rio.
―Hazlo tu mejor.
―A ti te siguen más las chicas. ― Respondió hyde.
―Entonces enamórate de mí.
―¿He?.― Se quedó perplejo.
―Y yo de ti.
―Pero que…
―Tranquilo. ― Volvió a reírse Sakura. ― Es una broma.
―Ah…
―Mejor investiguemos que es eso de enamorarse hasta volverse locos, leamos novelas de esas.
―Es buena idea, pero también lee tú.
―Claro.
―Hecho.
Cada quien se fue a su asiento, al igual que cada quien se quedó hundido en sus pensamientos.
Ya era un avance que pudieran hablar bien y mejor aún que se hicieran bromas. Pero vaya broma, enamorarse entre ellos… Quisieran o no, esa broma les había causado algo, ¿Qué era? No sabían, pero había sido raro.
Hyde volteo a ver a su compañero, la noche anterior había decidido que le propondría que se llevaran bien y si aceptaba trabajaría para dejar de verlo como idiota, lo cierto era que como amigo Sakura era de los mejores, lo veía a diario, como se llevaba con sus amigos, unos brutos también pero nunca les daba la espalda, siempre estaba con ellos en todo, hasta en problemas, los defendía, era un fiel amigo.
Y le gustaba ese lado. Él no tenía una amistad así y la envidiaba a aquellos.
Seguía viendo a su compañero y sin pensarlo bien se levantó de su lugar y fue con él, se paró a su lado y suspiro.
―¿Qué libro leerás primero?
Al segundo había cambiado su pregunta, eso no era lo que iba a decirle, lo pensó mejor y se había dado cuenta de que era algo estúpido lo que quería proponerle.
“Sakura, ¿Crees que yo podría llegar a ser tu amigo, tanto como ellos?”
Bufo en silencio, aquella pregunta era estúpida.



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