Prólogo
Era notable el
rechazo que existía entre ellos. Como también era notable la atracción que
sentían.
¿Es que estaban
locos o que? Odiarse y gustarse. ¿Era algo racional? No. Simplemente no. Era
algo estúpido. Si, eso era.
El más pequeño
de los dos bufo. Era el más afectado con todo aquello, el que más estaba
confundido y más enojado.
―Maldita sea. ―
Gruño.
―¿Puedes
quedarte quieto?.
El que maldijo
no había dejado de caminar, iba de un lado a otro, quizá ya hasta había dejado
una buena marca en el piso.
―Cállate.
―Tampoco es como
si estuviera contento, ¿He?
―¿Entonces por
que no reclamaste cuando paso?
―¿Cómo si nos
hubiesen hecho caso?. ― Se rio. ― Mejor empecemos y así terminamos rápido.
―¿Por qué aquí?
―Es el lugar
menos ruidoso, podremos concentrarnos.
―Aja. ― Volvió a
bufar. ― ¿Por qué no en la mía?
―¿No que te
molestaba tu hermano?
―Ummm. ― Acepto.
― Empecemos de una maldita vez.
―Por fin estamos
de acuerdo en algo.
El más pequeño
se sentó frente a la pequeña mesita de centro, del lado opuesto que su
compañero. Abrieron unos cuadernos y unos libros, sacaron unos lápices, gomas y
plumas, se vieron a los ojos y suspiraron al unísono.
Ese trabajo en
equipo debía de terminar lo más pronto posible.
Ellos dos tenían
año y medio de conocidos, iban a la misma escuela y para su desgracia en el
mismo salón. Eran estudiantes que paseaban por la veintena, hacían su
licenciatura en artes, donde tenían clases de muchas cosas que ellos amaban,
quizá era lo único en común que tenían. El amor por las artes, por el dibujo,
por la música… Por crear música, eran las clases que más disfrutaban.
Pero no cuando
los ponían a trabajar en equipo.
Cuando el
profesor les había puesto en parejas el pequeño reclamo, cosa que el más alto
no hizo y eso le enojo aún más… Aunque lo que más lo tenía así era que
estuviesen en la casa de él, para ser más exactos, en la habitación.
No habían ido a
su casa porque tenía un maldito hermano con el que vivía y le hacía la vida
imposible.
―… Sí, me parece
que así está bien.
―Si… Aunque, ¿No
le falta algo?
―¿Cómo qué?
―No sé bien…
Déjame pensar.
El más pequeño
tomo su cuaderno y lo releyó. Tenían de trabajo hacer una composición, la cual
se convertiría en una canción durante el curso. Leía las letras, le gustaba
como había quedado, era cierto que odiaba a aquel chico, pero era justo y
admitía que era bueno en el estudio, más en esa área.
―Sentimiento.
―¿Qué?
―Le falta
sentimiento.
―¿No tiene?
―No con la
fuerza necesaria para hacer sentirla.
―Bien. ―
Suspiro. ― ¿Te has enamorado?
―Ummm, una vez,
aunque no creo que haya sido amor en sí… ¿Y tú?
―Yo solo vivo de
sexo. ― Contesto con naturalidad.
―Debí
imaginarlo. ― Respondió incómodo.
―¿Has sufrido
por amor?
―Tampoco. ― El
más alto asintió.
―¿Amor no correspondido?
―Una vez, pero
no es como si fuera algo importante y doloroso.
―Si no tenemos
experiencia tal vez no podremos plasmar bien ese sentimiento que dices.
―Pero la canción
debe tener sentimiento. ― Se quejo.
―Podremos ir
haciéndole arreglos a la canción durante el curso, lo podremos poner más
adelante.
―¿Entonces así
lo dejamos?
―Por ahora creo
que sí, el profesor solo dijo que pusiéramos bien la idea y ya la tenemos.
―Está bien. ―
Suspiro. ― ¿Terminamos?
―Así es.
Los dos
guardaron sus materiales en silencio, habían pasado algunas horas ahí y estaban
un poco entumidos así que se levantaron y se estiraron.
―Me voy. ―
Anuncio el pequeño.
―Bien.
El dueño de la
casa lo acompaño hasta la salida y solo con un movimiento de manos de
despidieron.
Los dos tenían
claro que no se caían bien.
El más pequeño
lo odiaba porque su compañero era un bruto, pervertido y grosero. Lo había
llamado afeminado frente a toda la clase, lo había dejado en ridículo llamando
princesa. Era un maldito cabrón que solo se mantenía quieto estando entre las
piernas de una chica.
El más alto
molestaba al pequeño porque lo tenía fichado como un altanero, egocéntrico y narcisista.
Sin mencionar su imagen de mujer siendo chico. Ese cabello largo castaño, ese
cuerpo tan frágil, ese rostro tan angelical, pero demonio por dentro… Esas
personas eran de las más peligrosas para él.
Pero también los
dos sabían que había cierta atracción en ellos.
Cuando
trabajaban juntos y se miraban a los ojos algún cosquilleo traicionero les
paseaba por el cuerpo, ninguno hablaba de ello claro, pero lo sabían y lo
guardaban solo para ellos.
¿Por qué pasaba
eso?
Era molesto. No
les podía pasar, se odiaban.
Uno no podía
fijarse en ese narcisista.
Otro no podía
fijarse en ese cabrón pervertido.
Durante las
clases se mantenían alejados, solo se hablaban por cuestiones de trabajos, nada
más. Aunque ahora la idea de hablarse durante todo el curso por la canción que
harían les molestaba.
El pequeño
camino hacia su casa, vivían por el mismo barrio, pero a unas cuantas cuadras
de distancia. Al llegar a su casa suspiro. Ya no sabía que era peor, si lidiar
con el idiota de su compañero o el idiota de su hermano.
―Estoy aquí. ―
Anuncio.
―¿Por qué
tardaste tanto?
―El trabajo de
escuela no se hace en dos minutos.
―Fueron cuatro
horas, ¿O estuviste revolcándote con alguno? No me sorprendería, con esa
facha…― Se burlo.
―Lo que haga te
da igual.
―Es verdad, no
me importa que seas una maldita zorra.
―¡Cállate Kou! ―
Grito. ― No soy gay.
―Es divertida
esa seguridad con la que lo dices.
―Vete a la
mierda.
Subió las
escaleras con rapidez y se encerró en su habitación. Vivía solo con ese
maldito, tenía a su madre, pero se había ido con otro y no sabía nada de ella
desde los 5 años, su padre viajaba, viajaba tanto porque era piloto pero no se
aparecía más que quizá una vez al año en esa casa y cuando lo hacía solo era
para gritarle, era igual que su hermano.
Odiaba su vida.
La odiaba. Lo
único bueno que había era la música, el dibujo, el arte. Era lo único bueno que
tenía.
Su imagen de
mujer no le ayudaba en nada, él no era el culpable de que tuviera ese cuerpo
tan menudo, a comparación de su padre y su hermano que eran de cuerpo recio.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que parecerse tanto a su madre? Por eso lo odiaba su
padre y su hermano, por eso nunca dejaban de molestarlo.
Maldita sea.
Estaba
comenzando a pensar en cortarse el cabello, en dejar esas ropas y buscar unas
más crudas. De hecho, lo había intentado ya antes pero no tuvo el valor
suficiente de hacer el cambio.
Ya tenía
suficiente como para todavía soportar al idiota de su compañero, si tenía tan
poco cerebro como su familia.
Puso un poco de
música en su reproductor y suspiro, se acostó en la cama y cerró los ojos, ese
momento de paz era lo único que lo mantenía cuerda. Estar así, con la música…
Era uno de sus placeres.
El chico más
alto vivía solo, desde pequeño no había sido apegado a su familia y había
trabajado y ganado dinero por su cuenta así que en cuanto cumplió la mayoría de
edad se fue de su casa a empezar su nueva vida. No le había sido para nada
difícil y era muy gratificante.
Vivir solo era
de las mejores cosas, podía hacer fiestas, podía llevar a mujeres, podía tener
sexo siempre que quisiera sin temor de nada. Podían ser ruidosos y no habría
problema.
Aunque a veces,
cuando estaba solo sentía todo el peso de la soledad que había en su vida, lo
asfixiaba y se emborrachaba para sentirse mejor. Quizá por eso, se la pasaba
llevando gente a su casa.
Se desnudo
camino a su cama y se aventó en ella, era tarde y debía dormir, pero antes de
eso fumo un poco, era como un ritual. Desnudarse, acostarse, fumar y dormir.
Era un nuevo
día.
Los estudiantes
corrían a sus salones al escuchar el timbre. El salón del segundo grado A se
encontraba en una esquina del segundo piso, casi lo cubría la copa de un enorme
árbol que les brindaba frescura en días de calor y más frío en épocas de frío.
―Buenos días. ―
Llego su profesor y todos saludaron. ― Tenemos poco tiempo así que irán pasando
conmigo a mostrarme lo hecho.
Todos asintieron
y en silencio paso el primer equipo, los otros equipos se juntaron para ver sus
trabajos.
El de figura
menuda se quedó observando al bruto de su compañero y suspiro, debía de
hablarle, lamentablemente.
―Hey. ― Saludo.
―Hey. ―
Respondió el otro.
―Estuve
pensando… Ya que trabajaremos juntos en el curso debemos de por lo menos ser
educados entre nosotros, así que, ¿Por que no hacemos un trato y nos tratamos
educadamente?
―Dame más
detalles.
―Que no nos
ofendamos, ni nos llevemos como hasta ahora, que nos saludemos bien y nos
hablemos, aunque sea solo lo necesario, nos hablemos bien, educados. Somos
mayores y debemos portarnos como tal.
―¿Cuántos años
tienes?
―23, voy para
los 24.
―Yo también…
Acepto, llevémonos con educación.
―¿Te parece si
empezamos desde cero?
―¿Qué?
―Hola, me llamo
Hyde y soy tu compañero de clase, es un gusto. ― Dijo el pequeño afeminado.
El otro se quedó
perplejo ante aquello, lo cierto es que jamás se habían presentado, tomo aire y
suspiro enseguida.
―Soy Sakura, el
gusto es mío.
Contesto y se
estrecharon la mano. Era la primera vez que se tocaban y eso había sido
suficiente como para sentir como su piel se electrizaba al rose de su piel. Se
vieron a los ojos y eso hizo que sintieran más como se electrificaban.
¿Qué era
exactamente esa sensación?
No querían
saber. Realmente no.
―Mira, anoche no
podía dormir y le hice este pequeño cambio. ― Rompió aquella extraña sensación
el pequeño y le mostro el cuaderno a su compañero.
―Oye, queda
mejor así. ― Acepto.
―¿Lo crees? Si
no te gusta podemos dejarlo como estaba.
―No, así está
bien.
―Creo que ya
vamos nosotros. ― Dijo hyde al ver al profesor.
―Vamos.
Sin querer
Sakura le dio pase primero a su compañero, con ademán como cuando le das pase
primero a una mujer. Se odio al instante por hacer eso, pero no lo demostró.
Camino tras su
compañero y uno de sus amigos le hicieron burla en silencio al ver aquello,
solo les aventó una mirada asesina y siguió su camino.
Su profesor se
revisó el trabajo, ellos se mantenían en silencio viendo las reacciones de él.
Se ponían un poco nerviosos, pero a la vez estaban confiados.
―Todo está muy
bien. ― Acepto. ― Pero se siente vacío.
―Lo sabemos. ―
Comento uno. ― Pero le pondremos eso que falta durante el curso, se lo
prometemos.
―Si llega a
tener sentimiento esta canción, les aseguro que podría llegar a ser idolatrada
por el mundo.
Eso les emociono
y fueron a sus lugares, lo cierto era que ellos dos eran de los mejores en el
área de la composición.
―¿Escuchaste
eso?. ― Dijo emocionado. ― Debemos ponerle los sentimientos.
―Ya veremos que
hacer…
―Enamórate de
alguien. ― Sakura se rio.
―Hazlo tu mejor.
―A ti te siguen
más las chicas. ― Respondió hyde.
―Entonces enamórate
de mí.
―¿He?.― Se quedó
perplejo.
―Y yo de ti.
―Pero que…
―Tranquilo. ―
Volvió a reírse Sakura. ― Es una broma.
―Ah…
―Mejor
investiguemos que es eso de enamorarse hasta volverse locos, leamos novelas de
esas.
―Es buena idea,
pero también lee tú.
―Claro.
―Hecho.
Cada quien se
fue a su asiento, al igual que cada quien se quedó hundido en sus pensamientos.
Ya era un avance
que pudieran hablar bien y mejor aún que se hicieran bromas. Pero vaya broma,
enamorarse entre ellos… Quisieran o no, esa broma les había causado algo, ¿Qué
era? No sabían, pero había sido raro.
Hyde volteo a ver
a su compañero, la noche anterior había decidido que le propondría que se
llevaran bien y si aceptaba trabajaría para dejar de verlo como idiota, lo
cierto era que como amigo Sakura era de los mejores, lo veía a diario, como se
llevaba con sus amigos, unos brutos también pero nunca les daba la espalda,
siempre estaba con ellos en todo, hasta en problemas, los defendía, era un fiel
amigo.
Y le gustaba ese
lado. Él no tenía una amistad así y la envidiaba a aquellos.
Seguía viendo a
su compañero y sin pensarlo bien se levantó de su lugar y fue con él, se paró a
su lado y suspiro.
―¿Qué libro
leerás primero?
Al segundo había
cambiado su pregunta, eso no era lo que iba a decirle, lo pensó mejor y se
había dado cuenta de que era algo estúpido lo que quería proponerle.
“Sakura, ¿Crees
que yo podría llegar a ser tu amigo, tanto como ellos?”
Bufo en
silencio, aquella pregunta era estúpida.

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