El ambiente en la
fiesta era buena, quizá más que buena y por eso el cantante había estado
tomando más de lo debido y comenzaba a pasarle factura, los mareos estaban en
él y era molesto.
―Maldita sea. ― Se quejó recargándose de la barra de bebidas.
Vio hacia su alrededor, estaban sus amigos como en cada fiesta,
bebiendo, divirtiéndose, unos con mujeres, otros entre ellos, otros más
dormidos por lo borrachos que quedaban. Se quedo un momento parado viendo todo,
la fiesta no tenía ni la más mínima muestra de que estuviese por terminar, vio
su reloj. Eran las 2 de la mañana. No era tarde, pero tampoco tan temprano.
―¿Nos vamos?
―¿Qué? Pero si esto está bueno.
―Por dios hyde, no puedes tomar más.
―Si puedo.
―Pero no debes. ― Sentencio su manager.
―Déjame en paz, este día no tenemos trabajo.
―¿Y? No debes excederte de esta manera.
―Es mi vida, lo hago siempre y estoy acostumbrado. ― Dijo un poco
serio el cantante.
―¿Por qué eres tan terco?
Él se encogió de hombros. ― Ni idea.
―Vámonos ya.
―No. Vete tú, yo me quedo y no escucharé nada más de ti.
―Claro que me voy. ― Se levanto de su lugar. ― Busca tu solo como
mierda irte, si es que llegas a saber al menos algo de ti antes de perder el
conocimiento.
Su manager se fue molesto, el cantante se quedó ahí mismo,
ignorando lo escuchado y disfrutando de la fiesta. Se levanto del sillón y fue
por otra bebida. Le gustaba tomar, le hacía sentir bien, le gustaba como lo
hacía sentir, como le hacía olvidar algunas cosas y como lo hacía sentir libre,
ligero, sin preocupaciones.
Tomo una botella de vino y fue a donde estaban unos amigos, les
sonrió y se sentó con ellos, no dejaría de tomar hasta que su sangre se
convirtiera en alcohol.
Un par de horas después seguía bebiendo, pero ahora en compañía de
dos hermosas mujeres que no se limitaban a tocarlo y seducirlo… Y tampoco era
como si a él le molestara.
―… es allá arriba.
―Prometemos ser buenas.
Él sonrió. ― Me encantaría, pero sería mejor estando sobrio… Así
al menos podría saber si lo disfruto o no.
―No estás tan ebrio.
―Lo estoy. ― Se río. ― Mucho.
Como pudo se levantó y camino de nuevo hacia el baño. Esta vez él
sentía mareos y nauseas, muchas nauseas. Se mojo el rostro, pero no conseguía
sentirse mejor. Salió de ahí y se detuvo para recargarse en una pared, vaya que
sentía que el piso se movía como agua.
―Mierda. ― Dijo en voz alta al recordar que se había ido su
manager.
¿Ahora como carajos se iba a ir? Su manager siempre lo llevaba a
casa después de las fiestas, él solo se recordaba tomando y despertando cómodo
en su cama. No llevaba auto, sus amigos estaban igual o más ebrios que él. Kaz
no había ido porque estaba de viaje. Un taxi. ¿Pero qué número debía de llamar?
Maldijo en silencio. Lo primero que haría sería lograr sentirse un poco mejor,
después irse a casa y tumbarse en su cama.
Camino hacia el elevador para ir a la azotea y tomar aire fresco,
de camino hacia allá vio a lo lejos a una chica que se le hacía conocida. La
vio con más detenimiento y la recordó. Era una chica que conocía. Una fan de
él.
La había conocido desde hace como mes y medio en una de las tantas fiestas a la que él iba, la primera vez que la vio se le hizo muy atractiva y trabajo en llamar su atención lo cual logró. Él recordaba que se habían besado durante toda la noche, pero solo eso, ¿Por qué? El infierno seguramente sabía porque el no. ¿Cómo una mujer se le había podido resistir? Había intentado llevársela a la cama esa misma noche, pero no pudo, solo le permitía besos y alguno que otro toqueteo por encima de la ropa. Eso le había frustrado, pero le había gustado también. Un poco de resistencia hacía las cosas más interesantes. Recordaba bien como besaba aquella chica, tenía unos labios dulces y deliciosos para besar.
El cantante subió al elevador y en menos de dos minutos ya estaba
en la azotea, sintiendo el aire fresco en su piel. Se sentía tan mareado que se
sentó en el piso antes de caer a algún otro lado. Cerro los ojos y se concentró
en el aire rosando su piel y se obligaba a olvidar las náuseas, tenía que
ponerse bien.
―¿Necesitas algo?
Escucho una voz que reconoció, abrió los ojos y se encontró con
una mirada frente a él. Una mirada de preocupación, ver esos ojos le causo un
poco de ternura.
―Un taxi.
―¿He?
―Necesito un taxi. ― Contesto.
―¿Y tú manager?
―Se fue.
―Tengo auto, puedo llevarte yo misma.
Él la vio con detenimiento, era la misma chica que había visto
hace minutos antes, la misma chica con la que se había besado ya, la misma
chica que había querido llevar a la cama y no había podido. Ella estaba frente
a él, de rodillas, observándolo.
Aun quería llevársela a la cama.
―¿Por qué crees que dejaría que una de mis fans me lleven a casa?
―En primera porque no está tu manager e irte en taxi puede ser un
poco arriesgado en tu estado, en segunda porque ya hemos hablado antes, en
tercera porque cuando nos vimos me diste la dirección de tu casa.
―Ah. ― Se encogió de hombros. ― ¿Lo hice?
―Estabas ebrio. ― Contesto tranquila. ― ¿Sueles dar tu dirección a
quien sea?
―Según yo no. ― Se rio un poco. ― ¿Y por qué no has ido a
visitarme?
―No tengo nada que decir.
―Hummm. ― El cantante se acercó un poco a ella. ― No necesitabas
exactamente decir algo, solo hacer.
Le dijo tan cerca que ella pudo sentir el aliento en sus labios,
junto con el fuerte olor a alcohol.
―¿Te llevo o no? ― Hablo ella alejándose un poco nerviosa.
―Por favor.
La chica se incorporó y le tendió una mano para que él pudiera levantarse
pero no contaba con que el artista la tomara tan fuerte y ella no lo aguantara
para subirlo. Al intentar levantarse él se cayó enseguida llevándosela y
logrando caer los dos al suelo. Ella arriba de él.
―Auch. ― Se quejó él.
Ella abrió mucho los ojos, estaba arriba de él. Una de las piernas
del cantante estaba entre las suyas, una mano ajena estaba prácticamente en su
trasero. Lo tenía demasiado cerca, podía ver las grietas de los labios del de
abajo, podía rosar su nariz con la de él.
―Perdón…
Dijo ella nerviosa, se incorporó un poco y quedo sentada a
horcajadas, en la cadera del de abajo. Él la vio a los ojos y sonrió, todo le
daba vueltas pero no estaba tan mal como para no disfrutar de ese momento.
―¿Me estás queriendo dar alguna señal?
―¿De qué hablas?
―Tu, arriba de mí… Estas en una perfecta posición, ¿Lo sabes no?
―No es lo que…
―Hasta ahora no he tenido sexo en un doceavo piso, al aire libre.
¿Y tú?
―No…― Sacudió la cabeza. ― Cállate.
Él soltó una risa. ― ¿Entonces lo hacemos?
―¡Ni loca!
Se movió enseguida. En ese momento agradecía no haberse puesto una
falda o habría sido más vergonzoso. Los dos se levantaron al mismo tiempo del
piso y se quedaron parados viéndose, uno con picardía y la otra tratando de
ocultar el nerviosismo que sentía.
Él tenía un brazo rodeando los hombros de ella, realmente se había
excedido con la bebida. Llegaron al auto y ella lo acomodo en el asiento del
copiloto, le abrocho el cinturón de seguridad y enseguida tomo camino hacia la
casa de él.
Durante el trayecto el cantante se había quedado dormido, ella
algunas veces volteaba a verlo, le gustaba ver como dormía. Se veía demasiado
relajado, cómodo, como un ángel. Un verdadero ángel.
Hyde.
Él era su artista favorito y amado, él sin saberlo la había
ayudado en momentos malos, solo necesitaba escuchar su música para sentirse
mejor. Ella seguía sin poder creer que una noche había compartido besos y
manoseos con su artista favorito. Seguía pensando que era un sueño… Pero sus
pantaletas tan mojadas y sus labios rojos por los besos le decían que aquello
había sido real.
Aun recordaba ese beso, podía sentir tan real como ese momento.
Estaban los dos solos, en una sala privada que el cantante había pedido para
ellos nada más. Estaban en un enorme sillón que bien podía pasar por una cama
si lo acomodaban, había copas llenas de vino, un poco de música de fondo y luz
tenue. Su artista la tenía recargada en el respaldo del sillón, estaba casi
encima de ella, besándola profundamente, asaltando su boca con maestría, la
lengua ajena dominaba la suya. Las manos de él paseaban por su cuerpo, ella
tenía una pequeña falda que lograba darle acceso al cantante, aquellas manos
recorrían sus piernas con descaro hasta llegar a su zona más sensible, jugaba
sobre la ropa y aunque ella deseaba más su orgullo no la dejó.
Hubiese querido estar debajo de él y que la hiciera gemir toda la
noche, pero el maldito ego de su artista la había cabreado un poco, en el
momento justo cuando él había dicho “Esta noche te escogí a ti de entre tantas,
estarás si o si en mi cama” de verdad que la había hecho enojar… No tanto
claro, porque le siguió permitiendo besarla, pero en cuanto escucho esas
palabras había decidido no darle ese placer de don juan, con otra chica en su
lista de mujeres que caen a la primera.
Por varias noches se reprochó no haberle permitido tomarla, pero
ella estaba segura de que se seguirían viendo, en alguna otra fiesta.
Llegaron a la casa del artista y como pudo entraron, lo dejo en la
sala en lo que buscaba la habitación del cantante, cuando la encontró lo llevo
hacia allá y lo aventó a la cama.
Estaba pesado, era pequeño pero pesadito.
Le quito los zapatos y un poco de ropa y joyas. Lo observo un
momento, ese hombre le encantaba.
Apago la luz y se fue a la cocina, busco algo para hacer una
comida decente y que él pudiera comer en cuando despertara. En el refrigerador
había algunas verduras por fortuna así que se puso a cocinar antes de irse.
―¿Qué huele tan rico?
La voz del cantante la asusto, volteo a ver a la entrada de la cocina
y lo vio ahí parado, con el cabello revuelto, cara adormilada y solo con una
bermuda, se había cambiado.
―Sopa de verduras. ― Contesto obligándose a no ver su cuerpo tan
descubierto. ― Pensé que no despertarías hasta la tarde.
―El dolor de cabeza me está matando.
Ella tomo su bolsa y saco un frasco de pastillas, sirvió un gran
vaso de agua y se lo dio a él.
―Toma esto.
―¿Qué es?
―Droga. Te venderé al mejor postor mientras estás sin
conocimiento.
―Ja ja. ― Dijo él ante la respuesta de ella, se tomó la pastilla y
se acercó a la estufa. ― Luce bien.
―Y sabe bien.
―¿Cómo es que estás aun aquí?
―Debes comer algo después de tanto alcohol, me quede para
cocinarte, pero acabando me voy.
―Tranquila, no me molesta que estés aquí.
―No esperaba que lo estuvieras.
―¿Disculpa?
―Fui tu salvadora, te traje aquí cuando lo necesitabas y te estoy
cocinando, si estuvieses molesto sería el colmo.
―¿Qué clase de fan eres?
―Una muy linda.
―Lo peor es que estoy de acuerdo.
Los dos se quedaron callados y viéndose a los ojos, ella evitaba
lo más posible no verlo más allá del rostro, pero era difícil, tenerlo tan
cerca y con tan poca ropa… Maldito, ¿Quería que muriera de un infarto?
El cantante la veía con descaro, aun quería llevársela a la cama,
le gustaba mucho. Recordar aquellos besos le hacían desearla. Si era fan
recurriría a lo más bajo y básico.
―En dos semanas es el Halloween party, ¿Quieres ir?
Comento él casualmente mientras iba al refrigerador y sacaba unas
uvas. Veía de lejos a la chica, disfrutando de ese rostro de sorpresa y esos
ojos inyectados de emoción. Era un juego sucio el que estaba haciendo, pero no
le importaba, la quería debajo de él… Y arriba, a un lado, al otro… Tanto como
se pudiera.
―¿Hablas enserio?
―Claro, como muestra de agradecimiento por lo que has hecho hoy. ―
Tomo una uva y la metió a su boca. ― ¿O ya tienes boleto?
Ella lo vio con fascinación, aun comiendo algo tan sencillo como
una pequeña uva lo hacía ver tremendamente seductor.―No pude comprarlo, no
alcance.
―Pues yo no necesito boleto para invitar a alguien, ¿Aceptas?
Llevo sus manos al rostro.― ¡Pero si! Oh dios, ¡Muchas gracias!
Hyde se regocijo por dentro, amaba el poder que le daba su
carrera. Sonreía por dentro, todo iba saliéndole como quería. Tomo otra uva y
la metió a su boca, la mordió y sintió el sabor apoderarse de su boca, lamio un
poco sus labios y en ningún momento dejo de verla a los ojos, lo hacía a
propósito. Claro que sí. Le encantaba seducir, le gustaba ver lo que provocaba
en las personas.
―¿Una uva? ― Ofreció.
―Si…
Hyde tomo una y se acercó a ella, él abrió la boca para que ella
lo imitara y le encanto ver que lo hacía sin reproche alguno. El cantante metió
la uva en la boca ajena e intencionalmente roso los labios con sus dedos,
lentamente. Vio los labios, los ojos, los labios y los ojos de nuevo. Quería
que ella se diera cuenta de que le gustaba, de que la deseaba.
No intentaría nada esa noche pues el dolor de cabeza lo mataba y
porque quería que ella lo deseara tanto hasta que no pudiese resistirse a
alguna de sus peticiones.
Ya era el día de Halloween Party, los fans comenzaban a entrar.
Los artistas se preparaban. Todo lucia tan emocionante como siempre, lleno de
colores, de disfraces, de entrega y talento.
―¿Qué tanto haces?
―Es que no queda.
―¿Qué no queda?
―Los pechos. ― Se rio él.
―Sal y te ayudo.
El artista salió del baño y la que estaba ahí con él se quedó sin
habla.
Había imaginado como se vería hyde vestido así, siempre le había
encantado verlo vestido de mujer, era fascinante… Y tentador. Lo observo a
detalle.
Una peluca rubia peinada con dos coletas. El maquillaje, esos
labios bien pintados… Unos pechos falsos que se veían mal acomodados, una blusa
blanca pegadita, una chaqueta de colores azul y rojo. Bajo más la mirada. Tenía
puesto un short. Un short tan pequeño que le quito el aliento. Usaba unas
medias negras, se podían ver sus muslos, sus piernas… Tan bien proporcionadas,
tan bien hechas. Tenía unas calcetas blancas con rayas negras que llegaban a
las rodillas y unas botas blancas que llegaban debajo de la rodilla. Era tan
grande ese calzado que le sorprendía verlo caminar como si nada, esas cosas se
veían pesadas.
―¿Y bien?
―Grandioso, más que eso.
―Lo sé. ― Contesto sonriente. ― Te deje sin palabras.
―¿Algún momento dejas tu ego?
―Jamás.
Ella suspiro. ― Te acomodaré esto.
Se acercó a hyde y quedo a centímetros de él. Muy pocos
centímetros. Puso sus manos en aquellos pechos falsos y comenzó a acomodarlos,
tuvo que meter un poco la mano para desabrochar el sostén y ajustarlo al pecho
plano de hyde.
El cantante estaba quieto. Veía a la chica que lo ayudaba, estar
así le hacía tener pensamientos sensuales, sentir como ella tocaba su piel le
hacía erizarse. De verdad que le encantaba esa mujer, llevaban dos semanas
hablando diario y conociéndose, ahora le gustaba más.
―Esto es sexy. ― Dijo él.
―¿Qué?
―Esto. Tu tocando mis pechos.
―Son falsos.
―¿Y qué? Son pechos. ¿Has tenido relaciones lésbicas?
―¿Siempre eres tan descarado?
―Con quien me gusta, sí.
Hyde la tomo de la cintura y observo los labios ajenos. Quería
tanto besarlos que era como si esa boca fuera comida y el un muerto de hambre.
―Ya está.
Ella se alejó inquieta y lo observo. Sentía calor. Mucho calor y
le jodia admitir que era por verlo así vestido y por haber tocado unos malditos
pechos falsos. ¿A caso era lesbiana y los pechos le podían? No, no era así. Era
la idea de él vestido de mujer, con esa imagen provocativa, con esa mirada que
le daba y le hacía sentir cosquillas en el estómago.
―¿Tanto te gusto así?
―¿He?
―No me quitas la mirada.
―Es un buen disfraz.
―Admite que soy la mejor Harley Quinn que hay.
―Pues sí, lo eres.
―Lo sé, luzco preciosamente sexy.
Dijo el viéndose al espejo, se veía de frente, de lado, de todos
los ángulos que podía. Hacía gestos sexys y se tocaba un poco los pechos.
―Da tentación tener senos.
―¿Qué?
―Da tentación, me gusta tocármelos. ― Dijo jugando con los pechos
falsos.
―Por dios. ― Susurro, viendo como él se tocaba como si fuera
mujer, eso acompañado de una mirada poderosa, no sabía cómo no caía desmayada.
―Y son pequeños, me gustan los senos decentes, que quepan en mi
mano. Los grandes son lindos y todo, pero para mi gusto nada mejor que los
chicos.
―Gracias por la información.
―De nada. ― Le respondió y se le quedo viendo y no precisamente en
la cara. ― Así como los tuyos, perfectos para mi gusto.
―¡Que estás viendo!
Ella se cruzó de brazos y se tapó los pechos, él sonrió encantado,
le gustaba molestarla y ponerla nerviosa.
―¿Y tú disfraz?
―Ah sí, ya me voy a cambiar.
―¿Necesitas ayuda?
―Que amable, pero no. ― Lo vio seria. ― ¡Pobre de ti si me espías!
―¡Como crees!
Se rio mientras ella entraba al baño. Él continúo viéndose al
espejo, se retoco un poco el maquillaje y la peluca, vio el reloj. Estaba por
empezar el concierto, tomo el bate que complementaba el disfraz y se sentó en
un sillón.
Unos minutos después su ahora amiga salió del baño y fue su turno
de quedarse sin palabras.
Ella tenía el cabello suelto, unas orejas de gato estaban en su
cabeza. Tenía un pequeño vestido puesto, rosa con negro. La parte de arriba era
tipo corsé, pegado a su figura, sin tirantes en los hombros. La parte de abajo
era una mini falda con holanes. Una mini falda. De verdad lo era. Tenía medias
negras y unas botas.
―¿Esta bien esto?
―Más que bien. ― Respondió él.
―Qué bueno, no sabía que ponerme.
―Robarás muchos suspiros hoy.
―Suena bien. ― Ella se rio.
―Vamos, tenemos que ir al escenario.
Los dos salieron del camerino y caminaron al escenario. Hyde veía
como algunos se le quedaban viendo a su amiga y no pudo evitar sentir una
punzada de celos. Esa chica era suya… Mas o menos, pero lo sería completamente.
Subieron unas escaleras y él vio algo que no se esperaba. Su amiga iba delante
de él y pudo ver al subir como esa pequeña falda se balanceaba a un lado y al
otro, veía las medias y unas pantis pequeñas color rosita. Un trasero que lucía
muy apetecible, como para verlo en todo momento mientras él entraba en ella una
y otra vez. Le quitaron el aliento. Le resecaron la boca.
Dejaron las escaleras y llegaron a su destino.
―¿No está muy corta esa falda?
―¿Lo crees?
―Si. No digo que sea malo, pero ese tipo de faldas es solo para
usar en lugares privados, con alguien íntimo.
―¿Qué?
―Que te cuides cuando subas las escaleras.
Resoplo y le dijo adiós con la mano antes de desaparecer en el
escenario. Ella fue al área de staff y se dispuso a disfrutar del concierto.
Todo aquello la había dejado curiosa.
El concierto termino. Todos los artistas iban a sus respectivos
camerinos y los fans comenzaban a salir, la disfrazada de gatita se fue hacia
los camerinos a encontrarse con su amigo. Estaba tan emocionada que no le
importaba llorar y dejar que el poco maquillaje se estropeara. Había sido todo
maravilloso, cada momento. Era el primer Halloween al que iba y había sido de
las mejores experiencias.
―¡Hyde! ¡Todo fue hermoso! Y…
Lo encontró en el camerino, tumbado en el sillón. Estaba boca
arriba, su pecho subía y bajaba agitado, los pechos falsos hacían que se notara
más su respiración, tenía las piernas un poco abiertas, una de sus manos
descansaba en su cadera.
Ella comenzó a sentir cosquillas en su estómago, en todo su
cuerpo.
―¿Quieres hacerme algo?
―¿Qué?
―O me haces algo o me dejas de ver de esa manera.
El artista se sentó y la vio con diversión. Él se había dado
cuenta de lo mucho que ella le gustaba verlo así. Vestido de mujer. ¿Un
fetiche? Confesaba que ese fetiche también le gustaba a él.
―Solo venía a decirte que me encanto todo.
―Lo vi, no te quedaste en ningún momento quieta.
―¡Fue lo mejor! Tan…
―Me cuentas en el camino.
―¿Por?
―Nos vamos ya, estoy cansado.
―Pero…
―Nos vamos.
Él salió del camerino y ella sin pensar lo siguió, aun no entendía
porque lo seguía tan sumisa pero tampoco se ponía a acláraselo, ella quería ir
a donde fuera en ese momento con él. Estaba tan emocionada y tan llena de
adrenalina que no quería que esa noche se acabara.
Subieron a una camioneta y hyde se recostó un poco, uso las
piernas de ella como almohada.
―¿A dónde vamos?
―A mi casa.
―¿Y por qué?
―Porque quiero, ¿Algo más?
―Si, una respuesta real.
―Porque estoy cansado y quiero darme una buena ducha.
―Eso suena más convincente. Pero, ¿Por qué voy yo?
―Porque te invite.
―¿A qué hora?
―No necesito pedir tu autorización, solo te llevo si quiero.
―Eso no es invitación.
―Para mí sí. Me despiertas cuando lleguemos.
El cantante cerro los ojos y ella se dio por rendida, a veces era
imposible hablar con él.
Al llegar a la casa lo despertó, hyde bajo un poco adormilado y se
fue directo al sillón más grande de su sala. Ella se quedó viéndolo y sin saber
exactamente qué hacer.
―Siéntate.
―Si vienes tan cansado no entiendo porque me trajiste. ¿O es para
que te cocine?
Él se rio. ― No, esta noche hay otro tipo de comida, mucho más
deliciosa.
―¿Cocinas?
Hyde se rio de nuevo. Se levanto del sillón y se acomodó el
disfraz. La vio con detenimiento, con deseo. Esta vez no se detuvo y la observo
con descaro, la deseaba. Quería estar dentro de ella, quería sentirla.
―¿Que tal este tipo de comida?
Se señaló a él. Sonriente, seguro de sí mismo.
Ella no dijo nada, no podía y tampoco sabía que decir. ¿Era
verdad? Él le estaba diciendo que podían tener algo… ¿No? Lo observo de abajo
hacia arriba, de arriba hacia abajo. Así vestido le costaba mucho despegar su
mirada, más cuando él la veía de manera tan deseosa, cuando él sacaba su lengua
y lamia sus propios labios. Cuando esas piernas lucían tan bien, cuando esas
manos paseaban en ese cuerpo incitándola.
―¿No estabas muy cansado?
―Lo estaba.
―¿Y entonces?
―Ya dormí en la camioneta.
―Me trajiste para…
―Pasar la noche juntos, sí.
―¿Viendo películas?
―Pornos, tengo muchas.
―¿De veras?
―No. ― Se rio. ― Pero existe internet.
―¿Entonces me trajiste para ver películas porno?
―Te traje para hacerte mía.
―Que dic…
―Te deseo. Y sé que tú también a mí. ― Dijo con voz ronca y
decidida.
Hyde se acercó a ella hasta quedar a muy poca distancia. Tomo las
manos de su amiga y las llevo a sus pechos falsos. Hizo que sus manos
apretaran.
―En el camerino vi cómo te gustaba esto. Tocarlos…
Él hacía que sus manos se movieran en círculos. Admitía que eso le
hacía sentirse demasiado bien. Su amiga no quitaba las manos, solo observaba
como se movían las manos, veía a ratos sus ojos, brillaban.
―También tengo otros atributos, más naturales. ― Dijo él divertido.
Tomo una de sus manos y la bajo directamente a su entrepierna. Su
falo estaba ya endureciéndose.
Ella al sentir aquella zona se inquietó un poco, intento alejarse
de él, pero no se lo permitió. Su amigo la tomo de la cintura y la pego a su
cuerpo, hizo que su cadera golpeara con su erección. Ahogo un pequeño jadeo. Se
acerco a su oído.
―¿Por qué no simplemente nos permites disfrutar?
―Es solo que…
―Te juro que no te arrepentirás.
Sin avisar la beso. Se adueño de esos labios al segundo y recordó
ese sabor, esa sensación de besarla y sentía como sus sentidos se nublaban,
¿Qué tenía esa mujer en los labios? Lo hacía delirar con tan solo un beso.
Sentía que ella se resistía, pero para su satisfacción no duro más
de un minuto. Al siguiente momento se dio cuenta como ella rodeaba su cuello y
permitía más acceso a su boca, sus lenguas entraron en juego y continuaron
besándose hasta quitarse el aliento.
―Ven.
Hyde la tomo de la mano y la llevo a su habitación, entraron y
enseguida cerró con seguro. Verla en su habitación, vestida de esa manera le
excitaba mucho.
―Espera…
―Ya esperé demasiado.
―Es que…
―¿Qué?
―¿Después de esto dejaremos de ser amigos?
―Después de esto seremos mejores amigos. ― Contesto encantado.
El cantante la aprisiono contra la pared y asalto la boca ajena,
amaba besarla, era tan fascinante que podía morir besándola. Tomo una de sus
piernas y la subió un poco, acaricio aquella piel cubierta por medias, deseaba
romperlas y entrar en ella, sin descaro apretó las nalgas de su amiga y ella
jadeo. Le gustaba ese sonido. Ella inconscientemente tomo los pechos falsos y
los comenzó a jugar.
―Toca todo lo quieras. ― Le susurro él.
―Hyde…― Solo suspiro.
―Esto es como sexo lésbico. ― Se rio. ― Estoy vestido de chica y
con pechos falsos, me gusta.
―También a mí. ― Dijo ella divertida. ― Me llama mucho verte así.
―Y a mí verte así.
Se besaron de nuevo y esta vez caminaron a la cama, los dos
cayeron sin romper el beso. Hyde quedo arriba y comenzó a acariciarle las
piernas, se las separo un poco y sentía como el deseo en él incrementaba.
―Esto me estorba.
―¿Qué?
―Adiós medias.
Las rasgo y logró que se rompieran, las quito como pudo hasta
dejar la piel desnuda. Acaricio la piel suave de su amiga, la sintió y jadeo un
poco, sentir sus labios y sentir su piel cálida le hacían enloquecer.
―Me encantas…
―No más que tú a mí. ― Le contesto ella.
Él se regocijo al escuchar eso y mordió los labios ajenos, saco un
jadeo de la boca contraria y volvió a apretar el trasero de ella, le gustaba
esa zona, le hacía ponerse más duro de solo pensar en tenerla en cuatro,
envistiéndola con fuerza.
Maldito infierno, sí que lo volvía loco.
―Esto también estorba.
Hablo él entre besos y se incorporó, comenzó a quitarle la ropa a
su amiga, con maestría lo hacía, no era un problema quitar el corsé, ni la
falda. Para su deleite ella no tenía sostén así que enseguida pudo ver esa piel
delicada y desnuda, esos senos tan a su medida, esos botones de café claro,
erectos por el contacto. Bajo más la mirada y se encontró con las pantaletas
rosas que había visto horas antes, eran de encaje, sexys para su mirada.
―¿Quieres que me quede así o me quito todo? ― Pregunto el
cantante.
―¿Qué te parece que te quedes así, y después te lo quito?
―Me estás pidiendo muchos orgasmos esta noche, me agrada.
―A mí más.
Hyde se acercó de nuevo a sus labios y se besaron con fuerza, con
pasión y ansiedad. La cadena que colgaba de la blusa del disfraz pegaba con la
piel de la chica y hacía que ella sintiera el metal helado y le hacía
estremecer porque rosaba sus pechos, era una sensación agradable.
Ella bajo las manos y apretó el trasero de su artista, lo atrajo
hacía ella para simular una envestida, ella se abrió un poco más de piernas y
escucho como el que tenía arriba jadeaba.
Lo necesitaba adentro.
Al ver los pechos tan suaves los chupo, la piel de su amiga tenía
un sabor dulce, lamio los pezones y bajo una de sus manos, la metió por debajo
de la pantaleta e introdujo un dedo en ella, acariciando el clítoris. Le robo
el aliento a la garganta ajena, le gustaba sentir lo mojada que estaba.
Introdujo otro dedo y esta vez jugo en su interior, movía los dedos como si de
su erección se tratara. Ella jadeaba por las sensaciones. Él se endurecía más
al escucharla. Sacó sus dedos y se los llevó a la boca, los chupo lentamente y
lo hizo viéndola a los ojos, los lamio y termino mordiéndose los labios.
―Eres deliciosa.
Susurro mientras le quitaba las pantaletas. La tenía completamente
desnuda. A su merced. Con las piernas un poco abiertas que le daban una
excelente vista.
Ella toco los pechos falsos del cantante y sonrío. No se limitó a
tocar, bajo sus manos a la cadera de él y después apretó de nuevo ese trasero,
acaricio las piernas tan preciosas y mordió sus labios.
―Eres preciosa. ― Dijo divertida.
―Y espera a sentirme.
Él volvió a besarla, acaricio cada rincón, saboreo cada rincón. La
excitación se hacía mucha y el dolor de la dureza comenzaba a molestar. Su
amiga desabrocho el short y saco la erección, sin pensar la tomo entre sus
manos.
Era grande, gruesa, estaba mojada y lucia demasiado apetecible.
Ella logró que hyde quedara abajo, se quedó sentada en las piernas
de él y lo observo con deseo. Era como tener a una verdadera mujer debajo de
ella, una mujer con pene. ¿Por qué le era tan excitante eso?
Sonrió y se acomodó enseguida, metió aquella dureza en su boca.
Era grande así que no le cabía toda en la boca pero no la desatendió en ningún
momento, con sus manos jugaba las partes que no estaban en su boca. Él sabía
bien. Le gustaba sentir esa dureza, ese falo caliente, el sabor que le
brindaba. Jamás había sido tan placentero hacer un oral.
―Necesito entrar. ― Sentenció él.
La movió y la dejo abajo. Le sonrió y abrió las piernas de ella,
tomo su erección y la introdujo en el cuerpo ajeno. Ella clavo las uñas en su
espalda, gimió de placer y él no cabía en tantas sensaciones que experimentaba.
Era tan rico estar dentro de ella, lo apretaba tan bien, era tan húmeda y
cálida, encajaban tan bien.
―Dios…
Jadeo él al comenzar a moverse. Era tan fascinante sentirla…
―Abre los ojos. ― Pidió.
Su amiga lo hizo, abrió los ojos y lo vio. Vio a ese rostro
maquillado de mujer, con la peluca toda desacomodada ya, sentía los pechos
falsos pegar con los de ella. Sí, era como estar con una chica. Sonrió y mordió
los pechos de él, el cantante rio y después la beso.
Sus envestidas eran cada vez más fuertes, una, y otra, y otra, y
otra vez.
Sus cuerpos les pedían más, les exigían más.
―Me estorba la ropa. ― Comento él con dificultad.
Ella sin decir nada se movió y jadeo al sentir como salía aquella
erección de su cuerpo. Enseguida le quito la peluca, le quito la blusa y los
pechos falsos, le quito el pequeño short y las medias rasgadas.
Lo tenía desnudo. Totalmente desnudo.
―Espera.
El cantante se levantó de la cama y camino hacía el baño. Ella lo
observo fascinada, veía el tatuaje de alas en la espalda sudada, veía la
erección totalmente erguida. Se reseco su boca. Su amigo volvió segundos
después con la cara sin maquillaje. Se detuvo frente a ella, ella estaba
sentada en la cama, viéndolo a detalle.
Le permitió ver todo lo que quiso.
Su amiga estiro una mano y comenzó a masajear la dureza, provoco
que cerrara los ojos y gruñera, necesitaba liberarse. Se subió a la cama y le
dio un beso en los labios. La tomo de la cadera y la giro, ahora su vista era
la espalda de ella. Su deseo incremento cuando vio cómo su amiga subía más
aquel trasero, lo ponía s su disposición. A su libre trato.
Sin pensarlo dos veces se introdujo en ella. De una sola estocada.
Su amiga gimió y él la tomo de la cadera, comenzó a envestir sin pudor, quería
hacerla sentir lo mejor posible, quería que recordara aquella noche y todo el
placer que él podía darle. Quería que gimiera su nombre hasta desfallecer.
Una, dos, tres, cuatro… Ocho…
No dejaba de envestir, veía como esa espalda se movía, tomaba los
pechos de su amiga y los apretaba, besaba el cuello ajeno, tomaba el cabello
largo de ella y lo jalaba para que quedara en mejor posición.
Estaba enloquecido, sentir como el interior de su amiga lo
apretaba, lo succionaba, sentía la carne abrirse para él. Podía sentir todo.
―Hyde… Ahí…
Ella gemía una y otra vez. Él envistió ese punto justo e hizo que
la chica perdiera el control total de su voluntad, el cantante se había
convertido en su dueño en ese momento, el dueño de todos sus placeres, el dueño
de su cuerpo, de sus sentimientos.
El cantante la movió y la dejo boca arriba, quería ver aquel
rostro, quería ver esos ojos, besar esos labios, sentir aquellos pechos rosar
con su piel. Entro de nuevo en ella y continuo envistiendo, fuerte, seguro,
preciso.
―Veme a los ojos. ― Pidió.
Su amiga le hizo caso y se vieron a los ojos, los ojos de ambos
brillaban, tenían un brillo de complicidad, de deseo, de pasión. Los dos
estaban bien conectados, estaban en la misma sintonía.
―Me encantas. ― Susurró él en el oído ajeno.
Ella se estremeció totalmente. ― Hyde… ― Suspiro.
Los dos gemían incoherencias, sudaban, se besaban, se mordían, les
gustaba la sensación que tenía, la sensación de estar los dos unidos. Los dos
amándose de esa manera.
Sentía como su cuerpo se convulsionaba, estaba teniendo el mejor
orgasmo de su vida, sentía como si llegara al cielo y bajara al infierno en
cuestión de segundos. Ella estaba experimentando el mayor placer del maldito
mundo.
―Ya… No puedo…― Gruño él.
Ella sin pensarlo hizo que él saliera de su cuerpo y se puso
encima de él, se posiciono para bajar su boca y meter la dureza a su boca.
Estaba salada, era su propio sabor combinado con el de él. Estaba
caliente, grande, punzante. Sabia deliciosa. Succiono sin piedad, sintió como
las manos del artista jugaban con su cabello, la cadera de él se movía a su
ritmo y segundos después el líquido caliente se rego en su boca. Lo trago
gustosa, encantada por aquel elixir. Había sacado tanto que un poco se había
regado por las comisuras de sus labios. Lamio los restos que había en su boca,
se agacho de nuevo y lamio otra vez el falo y el vientre de él, lamió cualquier
resto de semen que vio.
Amaba ese sabor.
―Eres fascinante. ― Dijo él con voz ronca.
Era otro día de Halloween Party, esta vez el cantante estaba disfrazado
de un personaje de anime, Ciel Phantomhive. Lucia tan tierno como sensual.
Ahora no era una sensual chica, ahora era un niño que provocaba.
¿De lesbiana paso a ser pedófila?
Ese hombre sin duda la hacía volverse loca y dudar de sus
facultades mentales.
―Te queda increíble.
―Me gusta, me siento un niño millonario.
―Lo eres por esta noche. ― Ella se rio. ― Conde.
―¿Cumplirás todas mis órdenes?
―Sí, mi señor.
Contesto ella arrodillándose como lo hacía el mayordomo de Ciel en
el ánime, imito a Sebastian y dijo aquellas palabras. El cantante quedo
fascinado y sonrió.
―Esa posición es perfecta…
―Para que, ¿Mi señor? ― Dijo viendo aquellas rodillas
descubiertas, ¿Cómo podía sentirse con deseo solo por ver un par de rodillas?
―Para que me lo chup…
―Los niños no pueden decir palabrotas. ― Se levantó y le dio un
pequeño golpe en el brazo.
―Pero si no soy…
―Ya debes ir al escenario.
―En casa no te salvas.
―¿Hoy también me invitaste sin que yo supiera?
―Por supuesto, es el poder de un conde.
Le guiño un ojo y salió del camerino. Ella camino tras él y al
llegar al escenario cada quien se fue a su lugar.
Estaban en la casa del artista, exactamente en la habitación. Él
aún tenía puesto el disfraz, habían descubierto lo mucho que les gustaba jugar
de esa manera, él disfrazado y hacerlo así con el traje, después quitarse todo
y volver a hacerlo cuantas veces les permitiera el cansancio. Hacer el amor con
ella era lo mejor que había experimentado.
―Esta noche no dormiremos hasta el amanecer, nuestros cuerpos
estarán unidos sin parar, bailando en todas las posiciones que sepamos e
inventemos. Es una orden.
―Sí. Mi señor.
Contesto ella encantada, divertida y llena de deseo. Estaba
arrodillada recibiendo aquella orden como en el anime, acaricio sobre la ropa
la entrepierna del cantante y subió para besarlo. Disfruto de sus labios
mientras acariciaba la creciente dureza. Jamás hubiese pensado que tendría sexo
con un Ciel.
Él la aprisiono contra la pared y la toco sin detenerse, ese
cuerpo le pertenecía y podía tocar donde quisiera, disfrutaba los labios ajenos
y el juego que tenían entre ellos. Sus bocas se reconocian y se fusionaban, ellos se volvian uno solo, ellos eran perfectos juntos. Esa mujer lo volvía loco.
Vio como ella se arrodillaba y sonrío, segundos después cerro los
ojos al sentir la cálida boca de su amiga.
Sin duda, el Halloween jamás volvería a ser el mismo.
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