―Por favor…
Llevaba ya varios minutos
tratando de convencerla, ¿En que momento habían llegado a eso? Maldita sea, ¿Por
qué? Había sido tan idiota…
―Lu, escúchame…
―No Hyde, ¿No entiendes
aun?
―No quiero entenderlo.
―Lo estás haciendo más difícil.
―Quiero que me escuches.
―Ya he escuchado todo.
―Pues parece que no
entiendes todavia.
Él la observaba a
detalle. Esa hermosa mujer de cabello largo, castaño, ojos pardos, brillosos…
Ojos que un día brillaron de felicidad. Esos labios pintados de color carmín,
ese vestido de flores, esos zapatos de piso… Ese perfume femenino… Esa mujer
que él amaba… Y estaba por irse, por su culpa.
Era así.
Solo su culpa.
Porque él jamás se dio
cuenta de todo lo que la vida le había puesto en el camino.
―Lu, por favor. ― Continúo
suplicando.
―No quiero escuchar más
nada.
―¿Por qué?
―Estamos muy lastimados
ya, por más que te escuche, por más que te perdone… No cambiarían las cosas, no
volveré a ti.
Aquellas palabras le
dolían. No volvería, ella no volvería.
Asintió débilmente aceptando
aquellas palabras, sí. Ella tenía razón, las cosas nunca son iguales dos veces,
por más que se intente, por más que se quiera. No es posible.
Le dolía en el alma
saberlo, ¿Las segundas oportunidades existían? Quizá, pero todo era diferente,
¿Ella le había dado segunda oportunidad? Por el infierno que si. Le había dado
más de una maldita oportunidad. ¿Y que había hecho? Joderlas, todas. Una por
una.
―Sé que nada volverá a
ser igual, pero…
Pero ¿Qué? ¿Qué más
podría decir? Pero quiero que lo vuelvan a ser. Pero quiero que vuelvas a mí.
Pero quiero que olvides todo.
―Hyde. ― Hablo ella en
tono bajo. ― ¿Algún día me amaste?
―Lo hice. ― Contesto él
enseguida.
―Me refiero a amarme como
me lo hiciste creer, amarme a una intensidad que hasta dolía.
―Te amé con una
intensidad que me asustaba, me asusto desde el principio por eso… Por eso…
―¿Qué?
Él suspiro. ― Por eso al
principio yo no te buscaba tanto, por eso al principio yo no era tan cariñoso,
ni mostraba mis sentimientos públicamente.
―¿Sabes que lograste que
algo hermoso se fuera a la mierda?
―Lo sé. ― Susurro. ―
Maldita sea, lo sé.
Hyde llevo sus manos al
rostro y se cubrió la cara, todo eso le atormentaba, todo eso le lastimaba,
quizá no más que a ella, quizá no más que a ella en esos días de sufrimiento.
Ahora todo era al revés. Él sufría, ella se mantenía distante.
―¿Recuerdas cuando nos conocimos?
Ese hola, en aquel bar. ― Hizo una pequeña sonrisa. ― Jamás pensé que llegarías
a ser alguien tan importante para mí, ni aun si te convertías en mi amiga.
―Yo ya te adoraba en ese
entonces, desde antes.
―Lo sé.
―Claro que lo sabes. ―
Dijo molesta. ―Te lo dije muchas veces, te pregunté muchas veces si estabas
bien con mi compañía, si no tenías a alguien en tu vida, si no te importaba que
fuera tan encimosa.
―Jamás te mentí.
―Si lo hiciste.
―Lu…
―Lo hiciste. Había muchos
alguien más en tu vida, no estabas tan cómodo conmigo en tu vida, ¿Por qué no
simplemente te sinceras?
―Porque no fue así. Nadie
existía, esas personas no tenían significado en mi vida, siempre estuve cómodo,
mierda Lu, si no lo hubiese estado jamás te hubiera contado cosas de mi vida,
cosas que a jamás nadie le contaría con tanta facilidad.
―¿Y aquella chica? Ella
se encargó de meterse conmigo, diciendo cosas de ti, sabiendo que yo tenía
sentimientos por ti. ¿Y esas veces en que te despedías casi enseguida de mí?
―Ella no fue importante
en mi vida, me gustaba, sí y lo sabes. Pero no llego a ser alguien en mi vida,
solo una simple amiga. Aquellas veces me sentía con temor, temor de lo que comenzaba
a crecer en mí, de sentirme así tan rápido por alguien.
Ella negaba con la
cabeza, ya nada de lo que él dijera le creía. Y eso incrementaba más el dolor,
realmente estaba siendo sincero, ella era para él como un suero de la verdad,
solo tenía él que hablar para decir todo de corazón, o solo bastaba con que
ella preguntara para que confesara todo como un criminal al juez.
¿Por qué ella tenía tanta
fuerza en su vida? Tanto poder… Claramente su forma de amar no era la mejor,
porque dejaba que aquella mujer entrara en su vida e hiciera todo lo que
deseara, así fuera rasgar su alma, él la dejaría. Y lo peor… Nunca la podría
odiar, ni por eso ni por nada.
―Te amé, de verdad que lo
hice, de verdad que lo hago… Te amo tanto que duele, que siento como me mata
poco a poco, dime exagerado pero mi vida sin ti me tendrá asfixiado día a día, oprimiéndome
el pecho, queriendo morir y…
―Basta. ― Detuvo ella las
palabras. ― Sí, eres un exagerado. Por dios hyde, ¿Quieres que me crea eso?
―Lu…
―Me engañaste. ― Una
lagrima rodo por las mejillas de ella. ― Me engañaste con tu amiga.
―Eso…
―Así que no me vengas a
hablar de que tu amor es grande y que te mata, porque si hubiese sido así,
jamás me hubieras engañado.
―Apenas empezábamos a…
―¿A que? ¿A irse a la
cama? ― Hizo una sonrisa amarga.
―Nunca me acosté con
ella.
―No solo se engaña metiéndote
a la cama con otra. La besaste, la abrazaste… Con esos mismos labios que me
juraban amor, con esos mismos brazos que me estrechaban entre las sabanas.
―Tu y yo… No teníamos
nada en ese momento. ― Se atrevió a decir. ― A ella nunca la amé, no hubiera podido.
―Claro, y el señor
aprovecho esos momentos de libertad para irse tras otra, no sé ni porqué me
sorprendo… Si fama de mujeriego la tienes.
―¡Me dejaste!
―Te dije que necesitaba
tiempo.
―No me volviste a hablar
de amor por meses, Por dios Luisa. Yo estuve como idiota ahí, fiel contigo,
aunque tú me rechazabas, aunque no querías hablar conmigo, aunque te preguntaba
sobre nosotros y me cambiaras el tema. Estuve ahí, como un perro idiota.
Intentando que volvieras a mí, haciéndote saber mis sentimientos.
―Eso no te daba derecho
de engañarme.
―Tienes razón, y te he
pedido perdón millones de veces, hasta la humillación… ¿Qué más quieres que
haga? Ya no encuentro palabras, ni salidas.
―Solo quería que nuestra relación fuera buena, como aquellos días en los que solo existíamos tu y yo, solo quería amarte, que me amaras, hacernos felices... Pero todo esta hecho. ― Luisa
limpió sus lágrimas, aunque seguían saliendo sin poder controlarlas. ― Eres la
persona que más he amado hyde, te juro que si.
―Lu…
―Pero no puedo seguir con
esto, terminamos, volvemos, ¿Cuántas veces será eso? ¿Cuántas veces viviremos
así? Son más las tristezas y lágrimas las que hemos tenido, al principio todo
fue precioso… Aquellos días los atesoro, pero fueron solo una ilusión… Porque
realmente, no nos conocimos del todo, por más que hablamos, día, tarde, noche…
Siempre hubo algo o alguien, que nos alejaba.
―Hice de todo para
protegerte…
―¿Sabes cuantas veces me
insultaron por salir contigo? ¿Cómo es que yo podría salir con un hombre famoso
como tú? Lo soporte todo lo que mi voluntad pudo.
―¿En que momento dejaste
de amarme?
―Cuando me di cuenta de
que permitías todo aquello, y no lo dejarías, no por mí.
―Lo deje…
―Tarde… Hyde, lo hiciste
cuando ya estaba decidida a irme.
―No, Lu…
Él fue hacia ella, la
atrajo a sus brazos y la abrazo con fuerza, con ansiedad y necesidad. Aquel
olor que lo calmaba, aquella calidez que amaba… Beso su cuello, se aferró a
ella.
Luisa no pudo contenerse
y lloro, lloro con fuerza, con dolor. Lo abrazo y se entregó a esos brazos que
tanto amaba, a ese cuerpo que tanto necesitaba. Comenzó a escuchar palabras de perdón,
sinceras y desesperadas. Le dolía. Le dolía todo eso, le dolía tener que irse,
tener que estar sin él. Tener que continuar sin aquellas palabras, aquella
imagen. Le dolía no haber podido ver alguna promesa cumplida, promesas que él
tanto le había dado, que tanto le había susurrado.
―Mírame. ― Hyde la tomo
de la barbilla e hizo que lo mirara directamente a los ojos. ― Te amo, Luisa.
Te amo con todo el alma, eres mi vida… Y quiero que sigas aquí, que me enseñes
a amar, que me enseñes a cómo vivir, a cómo hacerte feliz, a comprenderte, a estar
contigo sin dañarte. Por favor… Lu. Te juro que nada me importa más que tú,
nada. Ni mi fama, todo eso puede irse a la mierda, no me importa abandonar todo
ese mundo, no si te tengo a ti. Puedes encerrarme en una casa para siempre,
donde solo pueda verte a ti, donde no te enojes por personas mal intencionadas,
donde yo no haga estupideces, donde solo estemos los dos. Claro que, si elijes
eso, tendrás que darme algunas cosas.
―¿He? ― Ella aun no
comprendía todo lo dicho, pero lo último le hizo encoger el corazón, pues lo
había dicho con ojos brillantes, más allá de las lágrimas, era un brillo de
perversidad.
―Comida, música, mi
guitarra, algo para leer, escribir, dibujar, vino, mucho vino… Amor, todo el
amor posible y permitido en el mundo… Y sexo.
―Estamos hablando de algo
serio hyde…
―¿Qué de lo que he dicho
no es serio?
―Lo de la casa.
―Lo dije enserio. Solo
tienes que pedirlo.
―No podría dejar a tus
fans sin ti.
―Lu, por favor. Permíteme
demostrarte que todo será diferente, que… He cambiado, quiero que me conozcas,
que veas tal y como soy, que sepas cada detalle de mí, que veas en mi interior.
―Hyde… Estoy muy
lastimada…
―Déjame curarte.
―No es tan fácil. Ya no
confío en ti.
Nuevamente le dolía el
pecho, palabras así le lastimaban. Él sabía bien que ya no tenía su confianza,
ni su amor, no como antes. Pero aún tenía su cariño y afecto.
―Haré que vuelvas a
confiar en mí.
―No lo haría de un día
para otro.
―Tenemos mucha vida por
delante. ― Suspiro. ― Y estoy convencido de que esta vez todo será bueno, por
eso pondré todo de mí, por eso quiero que me conozcas, que empecemos de cero.
―¿De cero?
―Sí. Déjame conquistarte.
―Yo…
―Por favor, Lu. Si
después de esto, de unas semanas ves que no vamos a ningún lado con intentarlo,
puedes irte y no te detendré.
―¿Por qué habría de
creerte?
―Porque mi corazón te lo
está pidiendo a gritos.
Tomo una de las pequeñas
manos de ella y la puso en su pecho, justo en el lugar de su corazón. Luisa podía
sentir como palpitaba, podía sentir como latía con tal fuerza que sentía como
retumbaba en ese pecho, lo vio a los ojos e hizo una pequeña sonrisa.
Esos ojos no le mentían,
esa mirada era la más sincera que le había visto, ese corazón, latiendo con esa
fuerza tampoco mentía.
Tenía miedo, pero lo
amaba tanto que sabía que de verdad estaría muriendo una parte de ella si no
estaba con él.
¿Estaba mal si le daba
una pisca de confianza? ¿Estaba mal si le creía una última vez?
Todo era diferente si
hablaban frente a frente, todo era diferente si podría ver esa mirada tan
sincera, si podía sentirlo y escuchar su voz tan firme y segura.
―Sé que si no acepto esto
me reclamaré. ― Hablo en voz baja. ― También sé que, si lo acepto podría
sufrir, pero de todas maneras en las dos opciones sufriré, si digo no sufriré
porque no te tendré más, si digo sí sufriré si no funciona. ― Tomo aire. ― Si
no funciona, por favor… No me detengas, déjame ir que así mi dolor será un poco
menos.
―Eso no pasará. ― Tomo
sus manos. ― Pero si llega a ser así, desapareceré de tu vida, como si jamás
hubiese existido en ella.
Luisa asintió débilmente.
― De cero entonces. ― Acepto.
―Gracias. ― Beso sus
manos y le regalo una sonrisa sincera.
Se alejo de ella y le dio
la espalda, ella vio como él lleno sus pulmones de aire y volvió a voltearse
con una sonrisa.
―Me llamo Hideto Takarai,
soy cantante en dos bandas, una de ellas es mía. Soy compositor, toco algunos
instrumentos, amo el vino, me gusta mucho comer, aunque engordo fácilmente, tengo
algunos amigos, muchos conocidos, en este momento me gusta alguien y la amo, no
tengo a nadie más en mi vida. Me gustan los gatos y tengo uno en casa, viajo
mucho por mi trabajo, pero siempre vuelvo a mi hogar. Lo mejor de ese trabajo
es que puede ir el amor de mi vida conmigo, siempre, a todos los viajes y
espero que así sea.
Hizo una pequeña
reverencia y ella contuvo el aliento. Segundos después contuvo una pequeña risa
que él percibió y la miro fingiendo estar herido.
―¿Te ríes de mi presentación?
―No, solo que… Te lo has
tomado muy enserio, ¿No? Desde cero.
―Esta vez todo lo haré
bien, y enserio.
Camino hacia ella y la
abrazo, ella hizo lo mismo y los dos suspiraron. Verla sonreír le daba mucha satisfacción.
Amaba verla feliz. Y en ese abrazo había jurado a todos los dioses, santos,
cielos e infiernos que existieran que la haría feliz, la haría sonreír, que no volvería
a dañarla, la protegería de él mismo si fuera necesario. Podía sentir en su
corazón que todo se volvería lleno de luz, y le daba aliento.
―Te amo hyde.
Escucho aquellas palabras
en un susurro y su corazón volvió a la vida completamente.
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