Hacía tiempo, en
algún punto de mi vida… Llegue a conocer a una mujer que jamás creí, jamás
pensé, jamás imagine que me llegaría a derrumbar tanto… Que me llegaría hasta
las células.
¿Se han
enamorado alguna vez?
Si lo han hecho
quizá hayan sufrido y hayan experimentado esa desolación… Ese dolor, ese
desgarro. Si no lo han hecho, no saben de lo que se han salvado.
En mi vida tengo
fama, dinero, mujeres, alcohol, drogas, viajes, todo lo que puedan imaginar,
todo lo que yo pueda desear.
Es como ser
dueño del mundo.
Me gusta, no soy
de los que se la pasan contando su dinero, ni de los que se preocupan de eso…
Creo que, podría estarme quedando en la ruina y yo no me enteraría hasta que me
dijeran “No tiene más dinero” es curioso, y preocupante de alguna manera.
En una fiesta,
hace un tiempo, estaba con unos amigos pasándola bien, muy bien. Sentir como el
alcohol esta en tu cuerpo, como te lleva a sentirte bien, sentir como las
drogas se apoderan de ti y te llevan a un viaje donde todo es majestuoso… Vaya
que esas sensaciones son de lo mejor, claro que cuando el efecto acaba todo es
peor, porque te deprimes y te sientes una mierda si juntas eso con los
síntomas, asco, vómitos, mareos… Todo un horror.
Ese día conocí a
aquella mujer, aún estaba sobrio y la había estado observando por algunos
minutos, “ Que bella” pensaba al verla, ella estaba con un vestido de flores,
color pastel, maquillada naturalmente, cabello suelto, zapatos de piso… Ahora
que lo pienso, no iba vestida como para una fiesta de noche, donde lo que
predominaba eran los vicios. Ella lucia como una oveja en un lugar lleno de
lobos.
Y esa noche el
lobo fui yo.
Si que fue así…
La observe mucho, de lejos, esperando a atacar…
Hasta que lo
hice. Llegué a ella, le sonreí y ella lo hizo también, tímidamente.
―Hola. ― Dijo
suavemente.
―¿Disfrutas de
la fiesta?
―Realmente vine
obligada…― Me confeso.
―¿Obligada?
―Sí… Un amigo me
trajo, estábamos juntos cuando le llamaron y lo invitaron, como ves no vengo
presentable para este lugar. ― Sonreí encantado.
―Nadie se fija.
―Aunque
quisieran, están todos perdidos.
―Exacto. ― Nos
reímos. ― ¿Quién es tu amigo?
―Ummm, el que
está allá. ― Lo señalo y fije mi mirada hacía la persona.
―No lo conozco.
―Él es el típico
amigo del amigo del amigo. ― Se rio, ese sonido era encantador. ― Así que es
normal que nadie lo conozca.
―Entiendo. ―
Suspire. ― Yo soy amigo del anfitrión.
―Mi amigo y yo
somos del extranjero, así que por lo menos yo no conozco mucho de por aquí,
pero si sé que este lugar está lleno de famosos.
―Ummm, somos normales.
―Normalmente
famosos.
―No sé, somos
algo conocidos.
―Mi amigo me
dijo que en realidad son como los dioses de este país.
―Tu amigo
exagero. ― Dije divertido. ― Oye… ¿Quieres sentarte? La verdad quiero estar
cómodo.
―Si, lo siento…
Es que no sentía la confianza de sentarme sola.
―Vamos, allá hay
un buen lugar.
Los dos
caminamos, uno al lado del otro y llegamos a un cómodo sillón, le invite una
copa de vino y la tomo un poco dudosa, quedamos en silencio por unos minutos,
observando a nuestro alrededor, ese no era un escenario para una chica como
ella… Una chica que lucía tímida, dulce e inocente de alguna manera.
―¿Llegaste hace
mucho?
―Como dos horas.
―¿Y que has
estado haciendo?
―Solo ver.
―¿No has bebido
algo?
―Como mi amigo
se emborracha yo manejo, además no soy muy fan del alcohol.
―Entiendo.
―Ese idiota y yo
somos como hermanos. ― Lo señalo. ― Así que le aguanto todas sus fiestecitas.
―¿Han ido a
muchas?
―Él sí, yo no. ―
Hizo un gesto de desagrado. ― No me van.
―Lo puedo notar.
―Oye, hace unos
días me parece haberte visto por la calle.
―¿En serio? ¿En
que parte?
―En un
espectacular. ― Se rio. ― Enorme, en una de las calles principales.
―Oh. ― Me encogí
de hombros.
―Sólo que ahí
lucias más… Salvaje.
―Seguramente
viste algo de una de mis bandas.
―¿Pues cuantas
tienes?. ― Se asombro.
―Soy miembro de
dos, en una soy el cantante, en la otra soy el dueño y líder, también canto.
―Debes ser buen
cantante.
―Al menos no he
roto algún tímpano. ― Bromee.
―Tengo
curiosidad. ― Suspiro. ― ¿Y si me cantas algo?
―Oh…― Eso no lo
esperaba. ― ¿Hablas enserio?
―Sí, no temo por
mis tímpanos.
―Puedo enseñarte
un video.
―Prefiero
escucharlo en vivo.
―Pero hay mucho
ruido aquí.
―¿Podemos entrar
a la casa?
―¿Quieres
entrar?
―Así podrás
cantar.
La vi a los ojos
por unos segundos, sus ojos eran pardos, color café, brillosos y hermosos, esa
mirada no me veía como un dios, me veía simplemente como lo que era, una
persona.
―Vamos.
Nos levantamos y
fuimos al interior de la casa, subimos al segundo piso, donde yo sabía que
había una sala de estar. Al llegar nos sentamos frente a frente en un par de
sillones, yo estaba un poco nervioso por alguna razón.
―¿Qué quieres
que te cante?
―Lo que gustes,
será lo primero que escuche de ti.
Suspire y pensé
por un momento, una canción lenta, a capela, donde el tono de voz fuera suave,
algunas de mis canciones en solitario estarían bien.
Ella no dejaba
de mirarme, su mirada estaba llena de curiosidad, de ansiedad e intriga, esos
ojos me ponían nervioso. Esa mirada, esa sonrisa…
Tomé aire y comencé
a cantar.
Tono bajo,
suave. Solo se escuchaba el tono de mi voz, nada más que eso y me hacía sentir
inquieto, cantarle a alguien que me miraba con sorpresa y admiración
instantánea… Aquella chica me miraba con ojos brillosos, con las manos tapando
su boca, admirada… Cante poco, no hubiese podido seguir, no con esa mirada
puesta en mí.
―Por dios santo…
―Me pones
nervioso. ― Confesé.
―Cantas hermoso.
―Gracias.
―¿Cómo es que no
conocía esa voz tan impresionante? Te buscaré en internet llegando a casa.
―No es
necesario.
―¿Cómo se llama
esa canción que cantaste?
―Shallow sleep.
―Me gusta tu
estilo… Oh dios, ¿Cómo te llamas?. ― Suspiré.
―Hyde. ¿Y tú?
―Hyde…― Se quedo
unos segundos guardando el nombre en su mente. ― Me llamo Natalia, puedes
decirme Nat.
―Mucho gusto.
―Para mí es un
gusto enorme, quizá me haga tu fan.
Sonreí. En ese
momento pensé en que no quería que fuera mi fan, por egoísta… Porque quería que
ella me viera como me había visto y tratado por primera vez, con normalidad y
sin pena de fan.
Pasamos algunas
horas ahí, platicando. Eran como las cuatro de la mañana cuando me dijo que
tenía que irse. Suspire y la acompañe a la salida, ella se llevó a su amigo a
jalones y subieron al auto, me quedé viendo cómo se iban.
Regrese a la
fiesta y unos amigos me comenzaron a ofrecer más alcohol, lo tome, al igual que
algunas pastillas y polvos, desde ese punto no tengo memoria clara, solo
recuerdo estar viendo como aquel auto se iba.
Me desperté por
la noche, en mi departamento con un terrible dolor de cabeza y ascos, me bañe,
me tome un medicamento y me acosté de nuevo, en el mueble de cama estaba mi
cartera, mi celular y una tarjeta, era una tarjeta mía de presentación. Sin
querer la voltee y en la parte de atrás estaba un número anotado y el nombre
Nat junto a él.
Me talle los
ojos y entonces recordé, le había pedido su número justo antes de que se fuera,
sonreí y tome mi celular, ingrese el número y le envié un mensaje.
Su respuesta
llego unos minutos después.
Desde ese
momento comenzamos a platicar por mensajes, por la mañana, por la tarde, por la
noche, por la madrugada.
Me había
acostumbrado a mandarle mensajes de buenos días, diario, apenas despertaba lo
hacía.
Pasaron tres
semanas así, hasta que nos vimos para tomar un café.
―… Y eso es a lo
que me dedico.
―¿Llevas mucho
en eso?
―En realidad no,
pero espero hacerlo por mucho tiempo.
―Si te gusta así
será.
―Claro que si…
La fotografía me llena el alma, es mi pasión.
―Por las fotos
que me mostraste lo haces de maravilla.
―Dicen que tengo
buen ojo para eso.
―Son fotos
grandiosas, encuentras la belleza de cualquier cosa.
―Gracias. ― Tomo
un poco de su café. ― He estado investigándote.
―Suena como algo
de Sherlock Holmes. ― Ella se rio.
―Eres realmente
famoso aquí, no me había percatado de eso. Las veces que he venido es por
trabajo y solo son como dos o tres días y me regreso a mi país, no me había
detenido a ver detalles de tu país.
―Reconozco que
si, soy conocido.
―Modesto, ¿He?
Eres más que eso, un dios.
―Gracias. ―
Acepte.
―Tengo algunas
de tus canciones en mi celular, la primera que descargue fue la que me
cantaste.
―Entonces, ¿Te
gusta mi música?
―Sí, tienes
canciones realmente maravillosas.
―¿Ya eres mi
fan?
―Pues…― Se quedo
pensando. ― Nunca he sido fanática de nada que no sea la fotografía. ― Nos
reímos. ― Aun no se mucho de tus bandas y no todas tus canciones me gustan, así
que fan fan… Todavía no.
―La verdad me
alivia.
―¿Por qué?
―Normalmente mis
fans me ven como un dios, lo cual no soy, tengo muchos defectos y ellos me ven
como alguien perfecto.
―Te conocí sin
saber quién eras realmente… No llegaría a verte de esa manera.
―¿De verdad?
―Sí, con lo que
hemos platicado sé que no eres nada de eso, sé un poco quien eres, me has
hablado de algunos de tus defectos y tus miedos, eso te hace tan humano como yo.
―Gracias.
―¿Por qué?
―Por ser sincera
y entenderme.
―¿Somos amigos
no? Eso es una amistad.
Asentí
débilmente.
Amigos… Hasta
ese momento no me había dolido esa palabra tan común. Amigos. Éramos amigos.
Suspiré. Yo no la sentía como una amiga, desde que la había conocido no la
había visto como amiga, en ningún momento, porque hablábamos de una manera tan
íntima que… Había llegado el punto en el que me preguntaba, ¿Qué éramos?
En ese momento
no dije nada, solo acepté sus palabras.
Seguimos con
nuestras platicas por mensajes, ella en su país, yo en el mío. Esa vez tardamos
más en vernos, yo no podía ir a su país porque estaba justo en una gira y se me
complicaba, pasamos tres meses sin vernos en persona.
Tres meses en
donde sentía la necesidad de verla, de escuchar su voz, no por teléfono, en
vivo, quería ver sus ojos, esa mirada… Pero en esos días solo podía conformarme
con las fotos que tenía de perfil, las cuales descargaba.
Hasta ese punto
de mi vida había sido todo tranquilo, de alguna manera… Tranquilo en el sentido
sentimental, porque por lo demás era siempre movido, conciertos, fiestas,
locuras… Pero en lo sentimental iba bien, sin que nada me atormentara.
Hasta ese punto.
Hasta ella.
La pensaba todo
el día, aun frente al público, cantando, bailando… Pensaba en ella, aun en
sueños… En todos lados.
Y fue así como
me di cuenta de que, en ese corto lapso, me había enamorado.
Ni yo podía
creerlo, no de esa manera, con alguien a quien conocía más por mensajes que en
persona, pero bien dicen que a veces nos comunicamos mucho mejor en mensajes,
tras una pantalla que frente a frente.
No quise que
ella supiera, no tan pronto y me quede aquel sentimiento, lo guarde en mi
corazón, quise decírselo en un tiempo más, pasaron otros tres meses más…
En donde guarde
ese sentimiento, en donde la veía y me comportaba como su amigo, en donde
platicábamos y sonreíamos, nos hacíamos bromas, en donde teníamos una buena
amistad, en donde cada vez me costaba más ocultar lo que sentía, en donde mis
manos quemaban por no poder tocarla, mis labios ardían por no poder besarla.
―Nat, quiero
decirte algo. ― Tome fuerza para hablar, ya no soportaba más.
―También yo.
―Las damas
primero. ― Le cedi la palabra y ella me sonrió.
―Conocí a
alguien. ― En ese momento creo que sentí como mi respiración se detenía. ― Me
enamoré de él. ― Con eso mi corazón experimento una herida. ― Y ya tenemos una
relación. ― Ahí sentí como me desgarraba. ― No quise decirte nada hasta que
todo estuviera seguro, estoy muy feliz.
Y de verdad lo
estaba, sus ojos brillaban mucho, su sonrisa era amplia, estaba emocionada,
contenta.
―Les deseo lo
mejor.
Me obligue a
hablar. No mentí. De verdad les deseaba lo mejor. Yo la amaba… Y quería lo
mejor para ella, aunque no fuera a mi lado.
Esa mujer se
merecía el cielo y las estrellas, se merecía todo lo hermoso del maldito mundo,
se merecía cada poema, cada historia, cada verso, cada canción… Se merecía todo
lo hermoso del universo.
Y esperaba que
esa persona pudiera dárselo. Esperaba que esa persona pudiera darle todo lo que
yo no podía, todo lo que quería tenía para darle.
Hablamos un poco
más, me hablo de su pareja, de su historia. Cada palabra me hería, me rasgaba.
Me sentía como un costal al que le enterraban un cuchillo para abrirlo y así
sacar lo que tenía dentro hasta dejarlo vacío.
No sé cómo pude
resistir aquello.
No sé cómo pude
sonreír.
No sé cómo pude
darle palabras de alegría.
Al llegar a mi
departamento, esa noche lloré como jamás lo había hecho. Deje que saliera todo
lo que sentía, me desahogue, me liberé. Me liberé llenando mi sistema de
alcohol, me liberé escribiendo, gritando, golpeando, aventando cosas.
Sabía que tenía
que volver a estar bien, por mí, por ella. Por nuestra amistad.
Después de eso
deje de escribirle los buenos días y le mandaba mensajes por la tarde,
saludándola. Me quería alejar un poco, en lo que me recuperaba.
Pasaron semanas,
unos meses…
Nada.
¿No que el
tiempo lo curaba todo?
Era pura mierda,
estaba cansándome de sentirme así, de sentir esa opresión en el pecho, estaba cansándome
de todo.
No quería sentir
más aquello, así que decidí perderme un poco en lo que más me liberaba.
Alcohol, drogas, sexo.
Y lo hice.
Iba de fiesta en
fiesta, por varios días hasta que en una de esas reuniones me encontré con
ella. Sin querer, sin saberlo.
―¿Por qué estás
así?. ― Me reprendió.
Aun no estaba
borracho, pero si muy mareado, aún estaba claro lo que hacía, aún recuerdo como
ella me veía, con ojos reprendiéndome, con molestia y tristeza.
―No sabía que
vendrías.
―Mi amigo me ha
dicho que has estado de fiesta en fiesta, hasta perder el conocimiento.
―Eso no es nada
nuevo. ― Me reí.
―Hubo un tiempo
en el que dejaste de hacerlo.
―Porque había
alguien que me quitaba esta necesidad.
―Por dios,
apestas a alcohol. ― Puso uno de mis brazos en su cuello. ― Vamos a adentro.
Caminamos, en
algunos momentos casi nos caíamos por mi culpa, pero llegamos salvos a una
habitación, donde me metió a la bañera y dejo que el agua cayera en mí. Sentí
como el frío me calaba, como me hacía entrar en razón y el alcohol se caía con
el agua.
―Mierda. ― Me
queje.
―Pareces niño.
―Si tomo un
resfriado y no puedo cantar espero que te sientas culpable.
―En realidad no,
me sentiré bien por haberte hecho esto.
Salí molesto de
la bañera, tome una toalla y me quité la ropa, ella se había ido, yo tome una
bata y me la puse, me seque un poco el cabello y salí del baño.
―¿Mejor?
―¿Qué haces
aquí?
―Vine con mi
amigo y mi novio. ― Mi cuerpo se tensó. ― Y entonces te vi de lejos, salías de
una habitación con una zorra.
―¿Y?
―Nada. ― Suspiro
con fuerza. ― ¿Qué tienes?
―Nada. ―
Contesté. ― Ahora iré a buscar algo de ropa.
Camine al
armario y comencé a buscar entre las ropas algo que me gustara, tenía la buena
suerte de que mi amigo, anfitrión de la fiesta fuera más o menos de mi talla.
Entre al baño y
me cambié, al salir encontré a mi amiga viendo por la ventana, sumida en sus
pensamientos.
―Volvamos a la
fiesta.
―Casi no hemos
hablado. ― Hablo en voz baja. ― ¿Por qué?
―He tenido mucho
trabajo. ― Me excuse.
―Te he
extrañado. ― Confeso sin verme.
―Lo siento. ―
Esas palabras dolían.
―Te estás
alejando de mí.
―Ideas tuyas.
―Claro que no. ―
Suspiro de nuevo. ― Y no me gusta, extraño a mi amigo.
―Las amistades
son así…
―Somos más que
eso, ¿Lo sabes no?. ― Trague con dificultad.
―No.
―¿No?
―No. ― Cerré los
ojos. ― ¿Algo más? ¿Hermanos acaso?
―No seas idiota.
― Dijo esta vez viéndome a los ojos. ― Siempre hemos sido algo más.
―No entiendo
entonces.
―Hyde…― Volvió a
ver a la ventana. ― Soy una mala persona.
―Claro que no.
―Sí, lo soy.
―¿Por qué lo
dices?
―Porque… ¿Cómo
puede alguien salir con una persona, cuando ama a otra?
―¿He?
―Maldita sea. ―
Se sentó en la cama y recargo su cabeza en sus manos. ― ¿Qué no lo entiendes?
―La verdad es
que no.
―Creí amar a mi
novio. ― Me quede en silencio. ― Creí que era así… Pero de repente, me di
cuenta de que empezaba a compararlo contigo, en todo, en las pláticas, en los
mensajes, en las miradas, la voz… Todo. Comencé a extrañarte, tus mensajes, tus
llamadas, tus buenos días, nuestros mensajes constantes… Te comencé a
necesitar, no me había dado cuenta de que eras tan necesario, tan indispensable
y tan presente para mí. ― Seguí en
silencio. ― La verdad, nunca lo amé… Siempre fuiste tú. ― Dijo en voz baja.
Nos quedamos
callados, ella sin moverse, yo sin moverme. La observaba solamente, procesando
aquello.
En esos minutos
sentí como mis ojos picaban, querían llenarse de agua, pero no lo permití,
necesitaba confirmar algo.
―Nat…
―Te amo. ―
Confeso con voz alta. ― Te amo…― Termino en un susurro.
Con esas
palabras, mi corazón volvió a latir, realmente sentí como si mi corazón
estuviese en mi garganta, de tan grande que se había vuelto, sentí los latidos
tan fuertes que temí que se escucharan hasta el otro lado de la habitación.
Caminé hacia
ella y tomé sus manos. Ella me vio, sus ojos estaban llorosos y seque sus lágrimas,
le sonreí y bese sus manos.
―Te amo. ― Le
confesé. ― Desde hace mucho que te amo.
―De… ¿De verdad?
―Sí. ― Dije
enseguida. ― Te amo Nat.
―Por dios…
Comenzó a llorar
más, sus lágrimas me contagiaron y yo lloré también, lloré con ella, tomando
sus manos, besándolas. En un momento nos abrazamos y estuvimos así por un rato,
hasta que nos separamos y nos quedamos viendo.
No me importaba
si tenía novio en ese momento, me valía un reverendo carajo. Tomé su barbilla y
la besé. La besé con todo mi amor, dulce y tiernamente, sentí sus sentimientos,
sentí como nuestro amor nos envolvía, mi pecho dolió.
Dolió de
felicidad.
Ese beso nos llevó
a querer más, a necesitar más y acabamos acostados en la cama, sintiendo
nuestra ansiedad.
―Hyde, tengo…
―No me importa. ―
La interrumpí. ― Tu amor es mío, quiero todo de ti, quiero sentirte mía.
―Debo
terminarlo.
―Mañana lo
harás.
No la deje decir
más, me apoderé de sus labios, de su amor. De su cuerpo. Me tomé mi tiempo, me
permití disfrutar cada centímetro, cada parte, cada rincón. Era un sueño hecho
realidad.
Disfrutaba de
sus labios, de su sabor, de su piel tan suave, disfrute todo de ella, era ya un
esclavo de sus besos, un adicto a su sabor, sus gemidos y mi nombre siendo
gritado por ella se había convertido en mi música favorita.
Al tomar su
cuerpo, al separar sus piernas, al entrar en ella… Esa sensación fue
maravillosa, estar dentro de ella, mientras me daba la bienvenida con esa
calidez, con esa profundidad, con esos sonidos. Moverme en su interior, siendo
succionado, rodeado por su carne, bailando de una manera maravillosa, ella
estaba hecha para mí.
Era su esclavo.
Yo era suyo, en
su totalidad.
La amaba tanto
que dolía, ya no dolía de mala manera, dolía por la felicidad.
La hice mía
aquella noche, desde esa noche fue mía, solamente mía. Su amor, su cuerpo, su corazón
y su alma. Esa mujer era mía, tan mía que parecía irreal.
Comenzamos una relación,
una relación en donde todo era hermoso, donde todo era un sueño, ella era mi
mujer perfecta, éramos perfectos juntos…
Y lo seguimos
siendo.
Seguimos siendo
perfectos juntos, como un rompecabezas que encajan a la perfección. Han pasado
cinco años desde eso y sigo amándola de la misma manera, intensamente, la doro,
la amo con locura, con dolor, con felicidad, con idiotez.
Todo aquel sufrimiento que experimente lo volvería a experimentar si eso significaría tenerla conmigo, valía totalmente la pena.
Todo aquel sufrimiento que experimente lo volvería a experimentar si eso significaría tenerla conmigo, valía totalmente la pena.
Esa mujer es mi
dueña por completo.
Es la mujer que
hizo una maravillosa tormenta en mi vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥