jueves, 27 de julio de 2017

The cape of storms



Hacía tiempo, en algún punto de mi vida… Llegue a conocer a una mujer que jamás creí, jamás pensé, jamás imagine que me llegaría a derrumbar tanto… Que me llegaría hasta las células.
¿Se han enamorado alguna vez?
Si lo han hecho quizá hayan sufrido y hayan experimentado esa desolación… Ese dolor, ese desgarro. Si no lo han hecho, no saben de lo que se han salvado.

En mi vida tengo fama, dinero, mujeres, alcohol, drogas, viajes, todo lo que puedan imaginar, todo lo que yo pueda desear.

Es como ser dueño del mundo.

Me gusta, no soy de los que se la pasan contando su dinero, ni de los que se preocupan de eso… Creo que, podría estarme quedando en la ruina y yo no me enteraría hasta que me dijeran “No tiene más dinero” es curioso, y preocupante de alguna manera.

En una fiesta, hace un tiempo, estaba con unos amigos pasándola bien, muy bien. Sentir como el alcohol esta en tu cuerpo, como te lleva a sentirte bien, sentir como las drogas se apoderan de ti y te llevan a un viaje donde todo es majestuoso… Vaya que esas sensaciones son de lo mejor, claro que cuando el efecto acaba todo es peor, porque te deprimes y te sientes una mierda si juntas eso con los síntomas, asco, vómitos, mareos… Todo un horror.

Ese día conocí a aquella mujer, aún estaba sobrio y la había estado observando por algunos minutos, “ Que bella” pensaba al verla, ella estaba con un vestido de flores, color pastel, maquillada naturalmente, cabello suelto, zapatos de piso… Ahora que lo pienso, no iba vestida como para una fiesta de noche, donde lo que predominaba eran los vicios. Ella lucia como una oveja en un lugar lleno de lobos.

Y esa noche el lobo fui yo.

Si que fue así… La observe mucho, de lejos, esperando a atacar… 
Hasta que lo hice. Llegué a ella, le sonreí y ella lo hizo también, tímidamente.

―Hola. ― Dijo suavemente.
―¿Disfrutas de la fiesta?
―Realmente vine obligada…― Me confeso.
―¿Obligada?
―Sí… Un amigo me trajo, estábamos juntos cuando le llamaron y lo invitaron, como ves no vengo presentable para este lugar. ― Sonreí encantado.
―Nadie se fija.
―Aunque quisieran, están todos perdidos.
―Exacto. ― Nos reímos. ― ¿Quién es tu amigo?
―Ummm, el que está allá. ― Lo señalo y fije mi mirada hacía la persona.
―No lo conozco.
―Él es el típico amigo del amigo del amigo. ― Se rio, ese sonido era encantador. ― Así que es normal que nadie lo conozca.
―Entiendo. ― Suspire. ― Yo soy amigo del anfitrión.
―Mi amigo y yo somos del extranjero, así que por lo menos yo no conozco mucho de por aquí, pero si sé que este lugar está lleno de famosos.
―Ummm, somos normales.
―Normalmente famosos.
―No sé, somos algo conocidos.
―Mi amigo me dijo que en realidad son como los dioses de este país.
―Tu amigo exagero. ― Dije divertido. ― Oye… ¿Quieres sentarte? La verdad quiero estar cómodo.
―Si, lo siento… Es que no sentía la confianza de sentarme sola.
―Vamos, allá hay un buen lugar.

Los dos caminamos, uno al lado del otro y llegamos a un cómodo sillón, le invite una copa de vino y la tomo un poco dudosa, quedamos en silencio por unos minutos, observando a nuestro alrededor, ese no era un escenario para una chica como ella… Una chica que lucía tímida, dulce e inocente de alguna manera.

―¿Llegaste hace mucho?
―Como dos horas.
―¿Y que has estado haciendo?
―Solo ver.
―¿No has bebido algo?
―Como mi amigo se emborracha yo manejo, además no soy muy fan del alcohol.
―Entiendo.
―Ese idiota y yo somos como hermanos. ― Lo señalo. ― Así que le aguanto todas sus fiestecitas.
―¿Han ido a muchas?
―Él sí, yo no. ― Hizo un gesto de desagrado. ― No me van.
―Lo puedo notar.
―Oye, hace unos días me parece haberte visto por la calle.
―¿En serio? ¿En que parte?
―En un espectacular. ― Se rio. ― Enorme, en una de las calles principales.
―Oh. ― Me encogí de hombros.
―Sólo que ahí lucias más… Salvaje.
―Seguramente viste algo de una de mis bandas.
―¿Pues cuantas tienes?. ― Se asombro.
―Soy miembro de dos, en una soy el cantante, en la otra soy el dueño y líder, también canto.
―Debes ser buen cantante.
―Al menos no he roto algún tímpano. ― Bromee.
―Tengo curiosidad. ― Suspiro. ― ¿Y si me cantas algo?
―Oh…― Eso no lo esperaba. ― ¿Hablas enserio?
―Sí, no temo por mis tímpanos.
―Puedo enseñarte un video.
―Prefiero escucharlo en vivo.
―Pero hay mucho ruido aquí.
―¿Podemos entrar a la casa?
―¿Quieres entrar?
―Así podrás cantar.

La vi a los ojos por unos segundos, sus ojos eran pardos, color café, brillosos y hermosos, esa mirada no me veía como un dios, me veía simplemente como lo que era, una persona.

―Vamos.

Nos levantamos y fuimos al interior de la casa, subimos al segundo piso, donde yo sabía que había una sala de estar. Al llegar nos sentamos frente a frente en un par de sillones, yo estaba un poco nervioso por alguna razón.

―¿Qué quieres que te cante?
―Lo que gustes, será lo primero que escuche de ti.

Suspire y pensé por un momento, una canción lenta, a capela, donde el tono de voz fuera suave, algunas de mis canciones en solitario estarían bien.
Ella no dejaba de mirarme, su mirada estaba llena de curiosidad, de ansiedad e intriga, esos ojos me ponían nervioso. Esa mirada, esa sonrisa…

Tomé aire y comencé a cantar.
Tono bajo, suave. Solo se escuchaba el tono de mi voz, nada más que eso y me hacía sentir inquieto, cantarle a alguien que me miraba con sorpresa y admiración instantánea… Aquella chica me miraba con ojos brillosos, con las manos tapando su boca, admirada… Cante poco, no hubiese podido seguir, no con esa mirada puesta en mí.

―Por dios santo…
―Me pones nervioso. ― Confesé.
―Cantas hermoso.
―Gracias.
―¿Cómo es que no conocía esa voz tan impresionante? Te buscaré en internet llegando a casa.
―No es necesario.
―¿Cómo se llama esa canción que cantaste?
―Shallow sleep.
―Me gusta tu estilo… Oh dios, ¿Cómo te llamas?. ― Suspiré.
―Hyde. ¿Y tú?
―Hyde…― Se quedo unos segundos guardando el nombre en su mente. ― Me llamo Natalia, puedes decirme Nat.
―Mucho gusto.
―Para mí es un gusto enorme, quizá me haga tu fan.

Sonreí. En ese momento pensé en que no quería que fuera mi fan, por egoísta… Porque quería que ella me viera como me había visto y tratado por primera vez, con normalidad y sin pena de fan.
Pasamos algunas horas ahí, platicando. Eran como las cuatro de la mañana cuando me dijo que tenía que irse. Suspire y la acompañe a la salida, ella se llevó a su amigo a jalones y subieron al auto, me quedé viendo cómo se iban.
Regrese a la fiesta y unos amigos me comenzaron a ofrecer más alcohol, lo tome, al igual que algunas pastillas y polvos, desde ese punto no tengo memoria clara, solo recuerdo estar viendo como aquel auto se iba.

Me desperté por la noche, en mi departamento con un terrible dolor de cabeza y ascos, me bañe, me tome un medicamento y me acosté de nuevo, en el mueble de cama estaba mi cartera, mi celular y una tarjeta, era una tarjeta mía de presentación. Sin querer la voltee y en la parte de atrás estaba un número anotado y el nombre Nat junto a él.

Me talle los ojos y entonces recordé, le había pedido su número justo antes de que se fuera, sonreí y tome mi celular, ingrese el número y le envié un mensaje.
Su respuesta llego unos minutos después.
Desde ese momento comenzamos a platicar por mensajes, por la mañana, por la tarde, por la noche, por la madrugada.
Me había acostumbrado a mandarle mensajes de buenos días, diario, apenas despertaba lo hacía.
Pasaron tres semanas así, hasta que nos vimos para tomar un café.

―… Y eso es a lo que me dedico.
―¿Llevas mucho en eso?
―En realidad no, pero espero hacerlo por mucho tiempo.
―Si te gusta así será.
―Claro que si… La fotografía me llena el alma, es mi pasión.
―Por las fotos que me mostraste lo haces de maravilla.
―Dicen que tengo buen ojo para eso.
―Son fotos grandiosas, encuentras la belleza de cualquier cosa.
―Gracias. ― Tomo un poco de su café. ― He estado investigándote.
―Suena como algo de Sherlock Holmes. ― Ella se rio.
―Eres realmente famoso aquí, no me había percatado de eso. Las veces que he venido es por trabajo y solo son como dos o tres días y me regreso a mi país, no me había detenido a ver detalles de tu país.
―Reconozco que si, soy conocido.
―Modesto, ¿He? Eres más que eso, un dios.
―Gracias. ― Acepte.
―Tengo algunas de tus canciones en mi celular, la primera que descargue fue la que me cantaste.
―Entonces, ¿Te gusta mi música?
―Sí, tienes canciones realmente maravillosas.
―¿Ya eres mi fan?
―Pues…― Se quedo pensando. ― Nunca he sido fanática de nada que no sea la fotografía. ― Nos reímos. ― Aun no se mucho de tus bandas y no todas tus canciones me gustan, así que fan fan… Todavía no.
―La verdad me alivia.
―¿Por qué?
―Normalmente mis fans me ven como un dios, lo cual no soy, tengo muchos defectos y ellos me ven como alguien perfecto.
―Te conocí sin saber quién eras realmente… No llegaría a verte de esa manera.
―¿De verdad?
―Sí, con lo que hemos platicado sé que no eres nada de eso, sé un poco quien eres, me has hablado de algunos de tus defectos y tus miedos, eso te hace tan humano como yo.
―Gracias.
―¿Por qué?
―Por ser sincera y entenderme.
―¿Somos amigos no? Eso es una amistad.

Asentí débilmente.

Amigos… Hasta ese momento no me había dolido esa palabra tan común. Amigos. Éramos amigos. Suspiré. Yo no la sentía como una amiga, desde que la había conocido no la había visto como amiga, en ningún momento, porque hablábamos de una manera tan íntima que… Había llegado el punto en el que me preguntaba, ¿Qué éramos?
En ese momento no dije nada, solo acepté sus palabras.

Seguimos con nuestras platicas por mensajes, ella en su país, yo en el mío. Esa vez tardamos más en vernos, yo no podía ir a su país porque estaba justo en una gira y se me complicaba, pasamos tres meses sin vernos en persona.

Tres meses en donde sentía la necesidad de verla, de escuchar su voz, no por teléfono, en vivo, quería ver sus ojos, esa mirada… Pero en esos días solo podía conformarme con las fotos que tenía de perfil, las cuales descargaba.
Hasta ese punto de mi vida había sido todo tranquilo, de alguna manera… Tranquilo en el sentido sentimental, porque por lo demás era siempre movido, conciertos, fiestas, locuras… Pero en lo sentimental iba bien, sin que nada me atormentara.

Hasta ese punto.
Hasta ella.

La pensaba todo el día, aun frente al público, cantando, bailando… Pensaba en ella, aun en sueños… En todos lados.
Y fue así como me di cuenta de que, en ese corto lapso, me había enamorado.
Ni yo podía creerlo, no de esa manera, con alguien a quien conocía más por mensajes que en persona, pero bien dicen que a veces nos comunicamos mucho mejor en mensajes, tras una pantalla que frente a frente.

No quise que ella supiera, no tan pronto y me quede aquel sentimiento, lo guarde en mi corazón, quise decírselo en un tiempo más, pasaron otros tres meses más…
En donde guarde ese sentimiento, en donde la veía y me comportaba como su amigo, en donde platicábamos y sonreíamos, nos hacíamos bromas, en donde teníamos una buena amistad, en donde cada vez me costaba más ocultar lo que sentía, en donde mis manos quemaban por no poder tocarla, mis labios ardían por no poder besarla.

―Nat, quiero decirte algo. ― Tome fuerza para hablar, ya no soportaba más.
―También yo.
―Las damas primero. ― Le cedi la palabra y ella me sonrió.
―Conocí a alguien. ― En ese momento creo que sentí como mi respiración se detenía. ― Me enamoré de él. ― Con eso mi corazón experimento una herida. ― Y ya tenemos una relación. ― Ahí sentí como me desgarraba. ― No quise decirte nada hasta que todo estuviera seguro, estoy muy feliz.

Y de verdad lo estaba, sus ojos brillaban mucho, su sonrisa era amplia, estaba emocionada, contenta.

―Les deseo lo mejor.

Me obligue a hablar. No mentí. De verdad les deseaba lo mejor. Yo la amaba… Y quería lo mejor para ella, aunque no fuera a mi lado.
Esa mujer se merecía el cielo y las estrellas, se merecía todo lo hermoso del maldito mundo, se merecía cada poema, cada historia, cada verso, cada canción… Se merecía todo lo hermoso del universo.
Y esperaba que esa persona pudiera dárselo. Esperaba que esa persona pudiera darle todo lo que yo no podía, todo lo que quería tenía para darle.

Hablamos un poco más, me hablo de su pareja, de su historia. Cada palabra me hería, me rasgaba. Me sentía como un costal al que le enterraban un cuchillo para abrirlo y así sacar lo que tenía dentro hasta dejarlo vacío.

No sé cómo pude resistir aquello.
No sé cómo pude sonreír.
No sé cómo pude darle palabras de alegría.

Al llegar a mi departamento, esa noche lloré como jamás lo había hecho. Deje que saliera todo lo que sentía, me desahogue, me liberé. Me liberé llenando mi sistema de alcohol, me liberé escribiendo, gritando, golpeando, aventando cosas.

Sabía que tenía que volver a estar bien, por mí, por ella. Por nuestra amistad.
Después de eso deje de escribirle los buenos días y le mandaba mensajes por la tarde, saludándola. Me quería alejar un poco, en lo que me recuperaba.
Pasaron semanas, unos meses…

Nada.
¿No que el tiempo lo curaba todo?

Era pura mierda, estaba cansándome de sentirme así, de sentir esa opresión en el pecho, estaba cansándome de todo.
No quería sentir más aquello, así que decidí perderme un poco en lo que más me liberaba. Alcohol, drogas, sexo.

Y lo hice.

Iba de fiesta en fiesta, por varios días hasta que en una de esas reuniones me encontré con ella. Sin querer, sin saberlo.

―¿Por qué estás así?. ― Me reprendió.
Aun no estaba borracho, pero si muy mareado, aún estaba claro lo que hacía, aún recuerdo como ella me veía, con ojos reprendiéndome, con molestia y tristeza.
―No sabía que vendrías.
―Mi amigo me ha dicho que has estado de fiesta en fiesta, hasta perder el conocimiento.
―Eso no es nada nuevo. ― Me reí.
―Hubo un tiempo en el que dejaste de hacerlo.
―Porque había alguien que me quitaba esta necesidad.
―Por dios, apestas a alcohol. ― Puso uno de mis brazos en su cuello. ― Vamos a adentro.

Caminamos, en algunos momentos casi nos caíamos por mi culpa, pero llegamos salvos a una habitación, donde me metió a la bañera y dejo que el agua cayera en mí. Sentí como el frío me calaba, como me hacía entrar en razón y el alcohol se caía con el agua.

―Mierda. ― Me queje.
―Pareces niño.
―Si tomo un resfriado y no puedo cantar espero que te sientas culpable.
―En realidad no, me sentiré bien por haberte hecho esto.

Salí molesto de la bañera, tome una toalla y me quité la ropa, ella se había ido, yo tome una bata y me la puse, me seque un poco el cabello y salí del baño.

―¿Mejor?
―¿Qué haces aquí?
―Vine con mi amigo y mi novio. ― Mi cuerpo se tensó. ― Y entonces te vi de lejos, salías de una habitación con una zorra.
―¿Y?
―Nada. ― Suspiro con fuerza. ― ¿Qué tienes?
―Nada. ― Contesté. ― Ahora iré a buscar algo de ropa.

Camine al armario y comencé a buscar entre las ropas algo que me gustara, tenía la buena suerte de que mi amigo, anfitrión de la fiesta fuera más o menos de mi talla.
Entre al baño y me cambié, al salir encontré a mi amiga viendo por la ventana, sumida en sus pensamientos.

―Volvamos a la fiesta.
―Casi no hemos hablado. ― Hablo en voz baja. ― ¿Por qué?
―He tenido mucho trabajo. ― Me excuse.
―Te he extrañado. ― Confeso sin verme.
―Lo siento. ― Esas palabras dolían.
―Te estás alejando de mí.
―Ideas tuyas.
―Claro que no. ― Suspiro de nuevo. ― Y no me gusta, extraño a mi amigo.
―Las amistades son así…
―Somos más que eso, ¿Lo sabes no?. ― Trague con dificultad.
―No.
―¿No?
―No. ― Cerré los ojos. ― ¿Algo más? ¿Hermanos acaso?
―No seas idiota. ― Dijo esta vez viéndome a los ojos. ― Siempre hemos sido algo más.
―No entiendo entonces.
―Hyde…― Volvió a ver a la ventana. ― Soy una mala persona.
―Claro que no.
―Sí, lo soy.
―¿Por qué lo dices?
―Porque… ¿Cómo puede alguien salir con una persona, cuando ama a otra?
―¿He?
―Maldita sea. ― Se sentó en la cama y recargo su cabeza en sus manos. ― ¿Qué no lo entiendes?
―La verdad es que no.
―Creí amar a mi novio. ― Me quede en silencio. ― Creí que era así… Pero de repente, me di cuenta de que empezaba a compararlo contigo, en todo, en las pláticas, en los mensajes, en las miradas, la voz… Todo. Comencé a extrañarte, tus mensajes, tus llamadas, tus buenos días, nuestros mensajes constantes… Te comencé a necesitar, no me había dado cuenta de que eras tan necesario, tan indispensable y tan presente para mí.  ― Seguí en silencio. ― La verdad, nunca lo amé… Siempre fuiste tú. ― Dijo en voz baja.

Nos quedamos callados, ella sin moverse, yo sin moverme. La observaba solamente, procesando aquello.
En esos minutos sentí como mis ojos picaban, querían llenarse de agua, pero no lo permití, necesitaba confirmar algo.
―Nat…
―Te amo. ― Confeso con voz alta. ― Te amo…― Termino en un susurro.

Con esas palabras, mi corazón volvió a latir, realmente sentí como si mi corazón estuviese en mi garganta, de tan grande que se había vuelto, sentí los latidos tan fuertes que temí que se escucharan hasta el otro lado de la habitación.
Caminé hacia ella y tomé sus manos. Ella me vio, sus ojos estaban llorosos y seque sus lágrimas, le sonreí y bese sus manos.

―Te amo. ― Le confesé. ― Desde hace mucho que te amo.
―De… ¿De verdad?
―Sí. ― Dije enseguida. ― Te amo Nat.
―Por dios…

Comenzó a llorar más, sus lágrimas me contagiaron y yo lloré también, lloré con ella, tomando sus manos, besándolas. En un momento nos abrazamos y estuvimos así por un rato, hasta que nos separamos y nos quedamos viendo.
No me importaba si tenía novio en ese momento, me valía un reverendo carajo. Tomé su barbilla y la besé. La besé con todo mi amor, dulce y tiernamente, sentí sus sentimientos, sentí como nuestro amor nos envolvía, mi pecho dolió.

Dolió de felicidad.

Ese beso nos llevó a querer más, a necesitar más y acabamos acostados en la cama, sintiendo nuestra ansiedad.
―Hyde, tengo…
―No me importa. ― La interrumpí. ― Tu amor es mío, quiero todo de ti, quiero sentirte mía.
―Debo terminarlo.
―Mañana lo harás.

No la deje decir más, me apoderé de sus labios, de su amor. De su cuerpo. Me tomé mi tiempo, me permití disfrutar cada centímetro, cada parte, cada rincón. Era un sueño hecho realidad.
Disfrutaba de sus labios, de su sabor, de su piel tan suave, disfrute todo de ella, era ya un esclavo de sus besos, un adicto a su sabor, sus gemidos y mi nombre siendo gritado por ella se había convertido en mi música favorita.
Al tomar su cuerpo, al separar sus piernas, al entrar en ella… Esa sensación fue maravillosa, estar dentro de ella, mientras me daba la bienvenida con esa calidez, con esa profundidad, con esos sonidos. Moverme en su interior, siendo succionado, rodeado por su carne, bailando de una manera maravillosa, ella estaba hecha para mí.

Era su esclavo.
Yo era suyo, en su totalidad.

La amaba tanto que dolía, ya no dolía de mala manera, dolía por la felicidad.
La hice mía aquella noche, desde esa noche fue mía, solamente mía. Su amor, su cuerpo, su corazón y su alma. Esa mujer era mía, tan mía que parecía irreal.
Comenzamos una relación, una relación en donde todo era hermoso, donde todo era un sueño, ella era mi mujer perfecta, éramos perfectos juntos…

Y lo seguimos siendo.

Seguimos siendo perfectos juntos, como un rompecabezas que encajan a la perfección. Han pasado cinco años desde eso y sigo amándola de la misma manera, intensamente, la doro, la amo con locura, con dolor, con felicidad, con idiotez. 
Todo aquel sufrimiento que experimente lo volvería a experimentar si eso significaría tenerla conmigo, valía totalmente la pena.

Esa mujer es mi dueña por completo.
Es la mujer que hizo una maravillosa tormenta en mi vida.







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