Capítulo 8 Velada
Sinceramente, no me
había sentido tan lleno de incertidumbre como en este momento. Dije finalmente
mis sentimientos, no sé cuánto tiempo ha pasado… Seguramente solo algunos
segundos, pero la verdad se siente como horas.
Cuando alguien se
confiesa lo menos que quiere es silencio en ese momento, ahora lo entiendo.
Estoy jodidamente
nervioso. Maldita sea, quizá no debí haber dicho nada.
―Hyde…― Por fin
escucho su voz. ― ¿Es cierto esto?
―Lo es. ―
Contesto enseguida. ― No lo dudes, por favor.
―Es que… La
verdad, que tú me digas algo así…
―¿Yo? ¿Un amigo
no puede enamorarse de su amiga?
―Sabes a lo que
me refiero.
―Contigo no me
siento como el famoso que tiene miles de fans, contigo soy una persona normal,
común y corriente.
―Me dijiste hace
tiempo que el amor no era para ti.
―Fue antes de
estar tanto tiempo contigo, viendo cada una de tus facetas.
―Dijiste que
nunca amarías, ni tendrías alguna relación.
―No te conocía
tanto como ahora.
―Ni siquiera te
detienes a pensar antes de contestar.
―No necesito
pensar nada.
―¿Tan seguro
estás de que es amor?
―Si.
―Pero… Hyde, tus
fiestas, te vas con cada zorra que te sonría.
―Hace días que
ya no lo hago… Ni siquiera fiestas.
―No quiero que
cambies, no serías tú.
―Cambio porque
me nace, porque quiero.
―¿Qué quieres?
―Hundirme en el
amor. ― Susurro.
―El amor es
peligroso hyde… Si te entregas totalmente nunca regresarás completo, si te
hundes en el amor sufrirás como no lo has hecho, sentirás como el pecho se te
desgarra si la relación se termina, sentirás como te asfixias…
―¿Lo has
sentido?
―No al grado de
caer en depresión.
―Sería un
privilegio experimentar todo eso y más, si es por ti.
Arlet se queda
callada de nuevo, viéndome a los ojos. En este momento solo está la luz de la
televisión. No hay otra luz, es media noche, solo nosotros en esta enorme casa,
el sonido de la tele es el mínimo así que puedo escuchar los latidos de
nuestros corazones.
Tomo sus manos y
las uno con las mías.
―Arlet… Sé que
te amo, hace tiempo he venido torturándome con esto, de saber que era el montón
de sentimientos que empezaba a tener, lo supe cada noche que me pasaba en vela,
cada vez que alguien más te ve… Cuando me sonríes, cuando no estás a mi lado…
Te amo, puedo no saber nada en este mundo, pero eso lo tengo totalmente claro.
Sus ojos
brillan, muerde su labio inferior y hace media sonrisa. Yo le sonrío más, para
darle más confianza, para que se sienta tranquila y segura, para que no sienta
peligro de nada al estar conmigo.
―¿Cuándo te
diste cuenta de esto?
―Hace varios
días… De repente me di cuenta de que no podía dejar de pensar en ti.
―No puedo creer
que de verdad este pasando esto… Tantos te desean…
―Eso no me
importa, solo tú.
―Tengo miedo de
que sea solo cosa de momento, de que en este momento empecemos algo y que al
despertar te arrepientas.
―Te aseguro que
no sucederá… Pero Arlet, quiero saber tus pensamientos, quiero saber que
sientes con esto.
―Me siento
feliz, ansiosa… Siento miedo, un poco de preocupación, pero también llena de
emoción. Pienso “No es posible que me esté pasando esto, ¿Y si es un sueño?
Pero diablos, es el mejor sueño que podría tener jamás”.
Eso me hace
sonreír y a ella también. Seguimos tomados de las manos, viéndonos a los ojos,
tal vez esperando a lo siguiente, más palabras, más confesiones… O algún
contacto físico más allá de nuestras manos.
Solo el infierno
sabe lo mucho que he deseado probar esos suaves labios, sentir su cuerpo junto
al mío, no de manera inocente, no como amigos… Como ella siendo mi mujer, como
yo poseyéndola con intensidad y pasión. Como pareja, como dos personas que se
aman y aman demostrarlo.
―Arlet, no
quiero que pienses en que esto no funcionara, haré que funcione, haré que esto
sea lo mejor que nos ha pasado, haré que no te arrepientas de nada, ni que
tengas miedo de entregarte y no regresar completa.
―Aunque llegue a
pasar lo peor, no me importaría… Porque amarte, el que me ames es el mayor
privilegio del mundo y todo valdrá la pena.
Antes de que yo
diga algo ella se acerca a mí y enseguida siento sus labios en los míos. Esa
suavidad que he imaginado desde hace tiempo…
Comienzo a mover
mis labios, tomo un ritmo que ella sigue con confianza, con gusto. Mis manos
dejan las suyas y las pongo en su cintura, es una posición un poco incomoda así
que me levanto y ella conmigo, nuestros cuerpos se juntan, sus brazos pasan por
mi cuello y eso me ayuda a pegarla más a mí.
Nuestros labios
siguen juntos, moviéndose. Nuestras lenguas deciden entrar a conocerse y se
saludan, se sienten, comienzan a pasear por la boca ajena, se hacen enseguida
buenas amigas y piden no separarse.
Como cualquier
mortal el aire comienza a faltarnos así que nos separamos para llenar nuestros
pulmones.
Dejamos nuestras
frentes pegadas y sonreímos después del beso, nuestros cuerpos quedan juntos,
nuestros ojos vuelven a verse y ella tiene un brillo especial que sea cual sea
la razón hace que mi corazón se estremezca.
―Te amo. ― Su
dulce voz entra por mis oídos y llegan como un cálido fuego a mi corazón,
llenándolo de ferviente intensidad.
―Te amo, Arlet.
Contesto y le
doy un beso en la frente, la abrazo con fuerza y ella a mí. Los abrazos llenos
de sentimientos son los mejores, son los más preciados, los más sinceros, los
más preciosos.
Sin decir nada
ella toma mi mano y camina, me guía y sin dejar de ver su figura la sigo con
tranquilidad… Hasta que entramos a mi habitación.
Al darme cuenta
de donde estamos no puedo evitar sentir ansiedad y algún dolor en el estómago.
Imaginarla
tenerla piel con piel…
Arlet se pega a
mí y me besa, esta vez sus labios se mueven con más ansiedad, con más
exigencia.
Yo como un débil
mortal le correspondo con más intensidad, mis manos pasean por su espalda y
terminan en su cadera, pegándola a la mía y con satisfacción escucho un pequeño
jadeo.
Comienzo a tener
una erección y ella la sintió, eso hace que mi cuerpo reaccione más y crezca
más. El deseo que estoy sintiendo es tan grande que estoy seguro que lo que
resta de velada no me será suficiente para amarla de esta manera.
Damos pequeños
pasos y llegamos a la cama, ella se deja caer y yo con ella, quedando en medio
del colchón, arriba de ella, sintiendo como cada vez más nuestros cuerpos
exigen y desean.
Sin detenerme,
mis manos comienzan a quitarle la ropa, me deshago de la molesta ropa y encantado
observo la piel que va quedando desnuda, la piel que tanto veía cada noche de
lejos, con el enorme deseo de tocarla…
Por fin puedo
hacerlo.
Por fin puedo
tocarla de esta manera.
Quito todo lo
que me estorba y me levanto de la cama, la veo con fascinación desde aquí, ella
acostada, desnuda.
Totalmente
desnuda.
Su piel es
perfecta, su rostro sonrojado es hermoso.
Ella es la mujer
perfecta.
Me quito la ropa
sin dejar de verla a los ojos y cuando me quedo desnudo vuelvo a ella, me quedo
arriba, besándonos. Disfrutando lentamente de ella, de su cuerpo, de su figura.
Paseo mis manos
por cada rincón, por sus curvas, la acaricio y mi cuerpo se enciende, como cual
fogata cuando le echan petróleo.
Ella me acaricia
también, sus manos tocan mi cuerpo, mi espalda, mi pecho, mi abdomen. Sin pena
alguna toca mi dura erección y jadeo.
Su suave mano
acaricia mi dureza, la toma con un poco de nerviosismo, pero continúa. Mueve su
mano y pasea unos dedos por mi punta.
Jodido infierno.
Sin esperar más
detengo sus movimientos y la beso con fuerza, la veo a los ojos y ella entiende
lo que quiero, se acuesta totalmente boca arriba y abre más sus piernas para
mí.
Al ver esa
acción mi excitación sube y sonrío. Tomo sus piernas y las acaricio, las beso y
aprieto ligeramente sus muslos.
Me posiciono y
ella se aferra a mi espalda, sin avisar entro de un solo empuje y ella gime con
verdadero placer.
Gime en mis
oídos, muerde mi oreja, rasguña mi espalda.
Siento su
interior cálido y húmedo, totalmente dispuesta, recibiéndome y dándome la
bienvenida, regalándome aquel pequeño espacio, apretándome y rosándome.
Maldito
infierno.
Esto es la
gloria.
Jadeo ante las
sensaciones que me brinda su cuerpo, mi piel se eriza con sus gemidos, mi
erección crece dentro de ella y se caliente, su interior se calienta más,
palpita, me absorbe.
―Aaah… Hyde…
Mmmgh….
―Si… Gime para
mí.
―Aaah, ahí…
Mmmm…
Susurra en mi
oído, cierro mis ojos, me entrego a toda sensación, a todo quejido que sale de
su garganta.
La hago mía.
Completamente
mía.
No dejo de
moverme. No dejo de envestirla. No dejo de penetrarla. No dejo que nuestros
cuerpos se separen.
Esto es la
gloria.
La poseo, me
adueño de su cuerpo. Ella se entrega a mí sin restricción, ella me provoca,
ella se lleva mi voluntad y mi delirio.
Ella es la mujer
en la que he decidido hundirme, hundirme por el amor. Sin importar nada.
Pongo una de mis
manos en la cabecera de la cama y la otra la uso de apoyo en el colchón. Sus
gemidos me dicen que está en su punto máximo así que envisto sin parar, una y
otra y otra y otra vez.
No dejo de tocar
su cuerpo, no dejo de besar su piel, no dejo que su excitación disminuya. Hago
que se acuerde de esto.
De nuestro
primer encuentro, de nuestra primera entrega.
Quiero que
sienta que conmigo estará segura, siempre. Sin importar lo que pase.
―Arlet… Abre los
ojos. ― Pido.
Ella con un poco
de dificultad lo hace. Sus ojos brillantes por el placer me inundan y me
apodero de sus labios, los muerdo, los chupo, juego con su lengua y ella con la
mía.
―Eres hermosa. ―
Susurro.
Se sonroja y
esconde su cabeza entre mi cuello y hombro lo cual me hace sonreír. Incremento
mis movimientos y logro que su cabeza se haga para atrás y aprovecho para
morder su cuello, lo cual hace que gima y me erice la piel.
Sus gemidos son
deliciosos.
Son un deleite
para mis oídos.
Me vuelvo un
poco más salvaje y sus uñas clavan más piel, siento como está por llegar, como
su excitación esta por explotar.
Hasta que su
garganta grita mi nombre.
Maldición.
Mi nombre jamás
había sido pronunciado tan hermoso.
Me muevo un poco
más y entonces salgo de inmediato de su interior para correrme fuera de ella.
Debo tener condones conmigo siempre, por alguna razón… Hace días se me acabaron
y no compré más.
Nos abrazamos,
acostados en medio de la cama, desacomodo la colcha para cubrirnos un poco del
frío.
―Quiero que te
sientas segura y amada. ― Hablo. ― Arlet… Haré que esto funcione.
―Haremos, que
esto funcione. ― Dice con una sonrisa.

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