jueves, 9 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 8 Velada

Sinceramente, no me había sentido tan lleno de incertidumbre como en este momento. Dije finalmente mis sentimientos, no sé cuánto tiempo ha pasado… Seguramente solo algunos segundos, pero la verdad se siente como horas.
Cuando alguien se confiesa lo menos que quiere es silencio en ese momento, ahora lo entiendo.
Estoy jodidamente nervioso. Maldita sea, quizá no debí haber dicho nada.
―Hyde…― Por fin escucho su voz. ― ¿Es cierto esto?
―Lo es. ― Contesto enseguida. ― No lo dudes, por favor.
―Es que… La verdad, que tú me digas algo así…
―¿Yo? ¿Un amigo no puede enamorarse de su amiga?
―Sabes a lo que me refiero.
―Contigo no me siento como el famoso que tiene miles de fans, contigo soy una persona normal, común y corriente.
―Me dijiste hace tiempo que el amor no era para ti.
―Fue antes de estar tanto tiempo contigo, viendo cada una de tus facetas.
―Dijiste que nunca amarías, ni tendrías alguna relación.
―No te conocía tanto como ahora.
―Ni siquiera te detienes a pensar antes de contestar.
―No necesito pensar nada.
―¿Tan seguro estás de que es amor?
―Si.
―Pero… Hyde, tus fiestas, te vas con cada zorra que te sonría.
―Hace días que ya no lo hago… Ni siquiera fiestas.
―No quiero que cambies, no serías tú.
―Cambio porque me nace, porque quiero.
―¿Qué quieres?
―Hundirme en el amor. ― Susurro.
―El amor es peligroso hyde… Si te entregas totalmente nunca regresarás completo, si te hundes en el amor sufrirás como no lo has hecho, sentirás como el pecho se te desgarra si la relación se termina, sentirás como te asfixias…
―¿Lo has sentido?
―No al grado de caer en depresión.
―Sería un privilegio experimentar todo eso y más, si es por ti.
Arlet se queda callada de nuevo, viéndome a los ojos. En este momento solo está la luz de la televisión. No hay otra luz, es media noche, solo nosotros en esta enorme casa, el sonido de la tele es el mínimo así que puedo escuchar los latidos de nuestros corazones.
Tomo sus manos y las uno con las mías.
―Arlet… Sé que te amo, hace tiempo he venido torturándome con esto, de saber que era el montón de sentimientos que empezaba a tener, lo supe cada noche que me pasaba en vela, cada vez que alguien más te ve… Cuando me sonríes, cuando no estás a mi lado… Te amo, puedo no saber nada en este mundo, pero eso lo tengo totalmente claro.
Sus ojos brillan, muerde su labio inferior y hace media sonrisa. Yo le sonrío más, para darle más confianza, para que se sienta tranquila y segura, para que no sienta peligro de nada al estar conmigo.
―¿Cuándo te diste cuenta de esto?
―Hace varios días… De repente me di cuenta de que no podía dejar de pensar en ti.
―No puedo creer que de verdad este pasando esto… Tantos te desean…
―Eso no me importa, solo tú.
―Tengo miedo de que sea solo cosa de momento, de que en este momento empecemos algo y que al despertar te arrepientas.
―Te aseguro que no sucederá… Pero Arlet, quiero saber tus pensamientos, quiero saber que sientes con esto.
―Me siento feliz, ansiosa… Siento miedo, un poco de preocupación, pero también llena de emoción. Pienso “No es posible que me esté pasando esto, ¿Y si es un sueño? Pero diablos, es el mejor sueño que podría tener jamás”.
Eso me hace sonreír y a ella también. Seguimos tomados de las manos, viéndonos a los ojos, tal vez esperando a lo siguiente, más palabras, más confesiones… O algún contacto físico más allá de nuestras manos.
Solo el infierno sabe lo mucho que he deseado probar esos suaves labios, sentir su cuerpo junto al mío, no de manera inocente, no como amigos… Como ella siendo mi mujer, como yo poseyéndola con intensidad y pasión. Como pareja, como dos personas que se aman y aman demostrarlo.
―Arlet, no quiero que pienses en que esto no funcionara, haré que funcione, haré que esto sea lo mejor que nos ha pasado, haré que no te arrepientas de nada, ni que tengas miedo de entregarte y no regresar completa.
―Aunque llegue a pasar lo peor, no me importaría… Porque amarte, el que me ames es el mayor privilegio del mundo y todo valdrá la pena.
Antes de que yo diga algo ella se acerca a mí y enseguida siento sus labios en los míos. Esa suavidad que he imaginado desde hace tiempo…

Comienzo a mover mis labios, tomo un ritmo que ella sigue con confianza, con gusto. Mis manos dejan las suyas y las pongo en su cintura, es una posición un poco incomoda así que me levanto y ella conmigo, nuestros cuerpos se juntan, sus brazos pasan por mi cuello y eso me ayuda a pegarla más a mí.
Nuestros labios siguen juntos, moviéndose. Nuestras lenguas deciden entrar a conocerse y se saludan, se sienten, comienzan a pasear por la boca ajena, se hacen enseguida buenas amigas y piden no separarse.

Como cualquier mortal el aire comienza a faltarnos así que nos separamos para llenar nuestros pulmones.
Dejamos nuestras frentes pegadas y sonreímos después del beso, nuestros cuerpos quedan juntos, nuestros ojos vuelven a verse y ella tiene un brillo especial que sea cual sea la razón hace que mi corazón se estremezca.
―Te amo. ― Su dulce voz entra por mis oídos y llegan como un cálido fuego a mi corazón, llenándolo de ferviente intensidad.
―Te amo, Arlet.
Contesto y le doy un beso en la frente, la abrazo con fuerza y ella a mí. Los abrazos llenos de sentimientos son los mejores, son los más preciados, los más sinceros, los más preciosos.
Sin decir nada ella toma mi mano y camina, me guía y sin dejar de ver su figura la sigo con tranquilidad… Hasta que entramos a mi habitación.

Al darme cuenta de donde estamos no puedo evitar sentir ansiedad y algún dolor en el estómago.
Imaginarla tenerla piel con piel…
Arlet se pega a mí y me besa, esta vez sus labios se mueven con más ansiedad, con más exigencia.
Yo como un débil mortal le correspondo con más intensidad, mis manos pasean por su espalda y terminan en su cadera, pegándola a la mía y con satisfacción escucho un pequeño jadeo.

Comienzo a tener una erección y ella la sintió, eso hace que mi cuerpo reaccione más y crezca más. El deseo que estoy sintiendo es tan grande que estoy seguro que lo que resta de velada no me será suficiente para amarla de esta manera.
Damos pequeños pasos y llegamos a la cama, ella se deja caer y yo con ella, quedando en medio del colchón, arriba de ella, sintiendo como cada vez más nuestros cuerpos exigen y desean.
Sin detenerme, mis manos comienzan a quitarle la ropa, me deshago de la molesta ropa y encantado observo la piel que va quedando desnuda, la piel que tanto veía cada noche de lejos, con el enorme deseo de tocarla…

Por fin puedo hacerlo.
Por fin puedo tocarla de esta manera.
Quito todo lo que me estorba y me levanto de la cama, la veo con fascinación desde aquí, ella acostada, desnuda.
Totalmente desnuda.
Su piel es perfecta, su rostro sonrojado es hermoso.
Ella es la mujer perfecta.

Me quito la ropa sin dejar de verla a los ojos y cuando me quedo desnudo vuelvo a ella, me quedo arriba, besándonos. Disfrutando lentamente de ella, de su cuerpo, de su figura.
Paseo mis manos por cada rincón, por sus curvas, la acaricio y mi cuerpo se enciende, como cual fogata cuando le echan petróleo.
Ella me acaricia también, sus manos tocan mi cuerpo, mi espalda, mi pecho, mi abdomen. Sin pena alguna toca mi dura erección y jadeo.

Su suave mano acaricia mi dureza, la toma con un poco de nerviosismo, pero continúa. Mueve su mano y pasea unos dedos por mi punta.
Jodido infierno.
Sin esperar más detengo sus movimientos y la beso con fuerza, la veo a los ojos y ella entiende lo que quiero, se acuesta totalmente boca arriba y abre más sus piernas para mí.
Al ver esa acción mi excitación sube y sonrío. Tomo sus piernas y las acaricio, las beso y aprieto ligeramente sus muslos.

Me posiciono y ella se aferra a mi espalda, sin avisar entro de un solo empuje y ella gime con verdadero placer.
Gime en mis oídos, muerde mi oreja, rasguña mi espalda.
Siento su interior cálido y húmedo, totalmente dispuesta, recibiéndome y dándome la bienvenida, regalándome aquel pequeño espacio, apretándome y rosándome.
Maldito infierno.

Esto es la gloria.
Jadeo ante las sensaciones que me brinda su cuerpo, mi piel se eriza con sus gemidos, mi erección crece dentro de ella y se caliente, su interior se calienta más, palpita, me absorbe.
―Aaah… Hyde… Mmmgh….
―Si… Gime para mí.
―Aaah, ahí… Mmmm…
Susurra en mi oído, cierro mis ojos, me entrego a toda sensación, a todo quejido que sale de su garganta.
La hago mía.
Completamente mía.
No dejo de moverme. No dejo de envestirla. No dejo de penetrarla. No dejo que nuestros cuerpos se separen.
Esto es la gloria.

La poseo, me adueño de su cuerpo. Ella se entrega a mí sin restricción, ella me provoca, ella se lleva mi voluntad y mi delirio.
Ella es la mujer en la que he decidido hundirme, hundirme por el amor. Sin importar nada.
Pongo una de mis manos en la cabecera de la cama y la otra la uso de apoyo en el colchón. Sus gemidos me dicen que está en su punto máximo así que envisto sin parar, una y otra y otra y otra vez.

No dejo de tocar su cuerpo, no dejo de besar su piel, no dejo que su excitación disminuya. Hago que se acuerde de esto.
De nuestro primer encuentro, de nuestra primera entrega.
Quiero que sienta que conmigo estará segura, siempre. Sin importar lo que pase.
―Arlet… Abre los ojos. ― Pido.
Ella con un poco de dificultad lo hace. Sus ojos brillantes por el placer me inundan y me apodero de sus labios, los muerdo, los chupo, juego con su lengua y ella con la mía.
―Eres hermosa. ― Susurro.
Se sonroja y esconde su cabeza entre mi cuello y hombro lo cual me hace sonreír. Incremento mis movimientos y logro que su cabeza se haga para atrás y aprovecho para morder su cuello, lo cual hace que gima y me erice la piel.
Sus gemidos son deliciosos.
Son un deleite para mis oídos.

Me vuelvo un poco más salvaje y sus uñas clavan más piel, siento como está por llegar, como su excitación esta por explotar.
Hasta que su garganta grita mi nombre.
Maldición.
Mi nombre jamás había sido pronunciado tan hermoso.

Me muevo un poco más y entonces salgo de inmediato de su interior para correrme fuera de ella. Debo tener condones conmigo siempre, por alguna razón… Hace días se me acabaron y no compré más.
Nos abrazamos, acostados en medio de la cama, desacomodo la colcha para cubrirnos un poco del frío.
―Quiero que te sientas segura y amada. ― Hablo. ― Arlet… Haré que esto funcione.
―Haremos, que esto funcione. ― Dice con una sonrisa. 





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