lunes, 13 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 9 Amar


Hemos estado trabajando un poco más de lo normal, conseguimos tener unos conciertos en un recinto que había querido hace tiempo, pero por falta de espacio no se había dado. Ahora lo tenemos y daremos cuatro conciertos.
Estoy emocionado.
Y lleno de trabajo, pero me gusta.
La banda está en nuestro estudio, estamos todos aquí, mi novia también. Los chicos enseguida se hicieron sus amigos, se ríen y hacen bromas. Al ver eso no puedo evitar sentir un poco de celos, todos esos locos pervertidos pueden ver esa hermosa sonrisa.
―¿Qué tal así?
―Me gusta.
―¿Qué te gusta?. ― Pregunto.
―Ju-ken escribió los lugares a los que ir a conocer, los puso desde los más cercanos hasta los más lejanos, los más tradicionales hasta los mas modernos. ― Sonríe mi novia.
―Eso pude hacerlo yo.
―Tienes trabajo.
―Puedo tener tiempo para mi novia.
―Esto huele a celos. ― Habla Kaz por lo bajo.
―Totalmente a celos. ― Apoya Arly.
Me quedo callado mandándoles una mirada asesina y continuo con mi trabajo, estoy armando el set-list, los chicos están haciendo otras cosas así que cada quien está con lo suyo, menos Ju-ken claro.
Bufo levemente.
Estoy loco, ponerme celoso por un amigo.
Distraigo mi mente de eso y la concentro en el trabajo. La sala queda en silencio, suena a veces un rasgueo de guitarra, Kaz está distrayéndose un poco, la verdad me relaja escuchar cuando toca. El silencio en algunos momentos me hace sentir inquieto.
Observo a mi alrededor y mis ojos enseguida encuentran a mi novia, ella está en un sillón, acostada, con un libro en las manos. Arlet siempre tiene que tener un libro en sus manos, sino se siente incompleta, esas son sus palabras. Me gusta su pensamiento.
Continúo viéndola, admirando como siempre su belleza. Lleno mi mente de su imagen, al verla recuerdo las veces que hemos hecho el amor… Momentos que jamás en la vida creí disfrutar de aquella manera, sexo con amor. Es de las cosas más maravillosas… Escucharla gemir para mí, sentirla junto a mí, solo para mí…
Tomo una bocanada de aire.
Maldición.
Bajo la mirada y noto que mis recuerdos han despertado mi carnalidad. Hago media sonrisa y niego levemente, con solo recordarla me siento así… Ignoro lo que despertó y sigo con mi trabajo.

Pasamos algunas horas aquí encerrados, trabajando, tocando, platicando.
―No sé ustedes, pero yo muero de hambre.
―Yo también.
―Quiero comida latina. ― Habla esa dulce voz.
―Comida latina será. ― Sonrío.
Tomo mi celular y enseguida hago el pedido, se la comida favorita de mi novia y pido el doble de ración. Me levanto un momento de mi lugar y camino hacia ella, me siento a su lado y me acuesto, pongo mi cabeza en sus piernas y ella me acaricia el cabello.
―Tienes sueño.
―Un poco. ― Acepto.
―Dormita un poco.
Sus manos juegan con mi cabello y me relajo, no me gusta que toquen mi cabello, ella es la única que puede, la única que dejaría que hiciera todo de mí.
Me dejo llevar en sus caricias y me relajo un poco, toma una de mis manos y entrelazamos nuestros dedos, me gusta esta sensación.
Veinte minutos después la comida llega y nos ponemos a comer, los chicos prueban algunas cosas por primera vez y comen de más, me alegro haber pedido tanto.
―Mañana tengo una fiesta en mi casa. ― Habla Ju-ken. ― Obviamente todos están invitados.
―Ahí me tendrás sin falta.
―Veré si mi novia me deja. ― Se ríe Kaz.
―Yo si voy.
―No creo que sea un buen lugar para Arlet. ― Comento.
―Ni que fuera menor de edad. ― Contesta el bajista.
―Hay muchas drogas y tipos buscando sexo a cada momento.
―Como la fiesta en el día que llegue. ― Suspira ella. ― No me importa, quiero ir.
―Quiere ir. ― Repite el de la fiesta y suspiro.
―No me queda más. ― Digo resignado.
Continúo comiendo, mis amigos me ven un poco raro, Arlet come gustosa. Me siento el raro de este lugar. Las miradas que me dan sé que son de algún reclamo. Los ignoro y vuelvo a suspirar. Me siento raro, no es que ellos me vean así, lo estoy.
―¿Hay alguna heladería por aquí?. ― Terminamos de comer y estamos en la sala descansando un poco.
―A dos cuadras, los helados son deliciosos.
―Iré a comprar, ¿Quieren?
Me mantengo callado, Arlet va a comprar helados, en buen momento se le ocurrió salir de aquí. En cuanto cruce la puerta me atacaran con algo estos hombres.
Ella me da un beso antes de irse.
Y estoy por ser bombardeado con preguntas y reclamos. El primero será Kaz, lo sé, su mirada me lo dice.
―¿Qué te pasa Haido?.
―Kaz. ― Suspiro. ― ¿De qué?
―Estás raro, desde que tienes novia estás así.
―Es normal que no actúe como cuando era soltero Ju-ken.
―Tu casi quieres aprisionarla.
―No me gusta que esté en esas fiestas tan llenas de peligro.
―¿Peligro?. ― Se asombra Kaz. ― Tus fiestas son así, antes no podías vivir sin ellas.
―Antes. ― Remarco. ― Ahora está ella y no me importa nada, la cuido porque la amo.
―No te imaginaba tan posesivo y celoso.
―Cuida que no sobrepases los límites normales hyde, puedes asfixiarla.
Esas palabras me dejan callado nuevamente. ¿Asfixiarla? ¿Amar como siento que lo hago puede llegar a asfixiar? No me había puesto a pensar en eso, no me gustaría que ella se cansara de mí y terminara yéndose de mi lado.
Maldita sea.
No me gusta para nada esa idea.
Pero tampoco puedo controlarme, la amo… La amo de una manera que no sé cómo manejarlo, no había amado antes de esta manera, no había amado así, no había tenido a una mujer por la cual daría todo.
¿Mi manera de amar será la mejor?
Sinceramente no lo sé.
Me pongo inquieto. El solo pensar que ella se canse de mi… Se aleje de mí, no seamos ni amigos… No, eso me mataría en vida.
―¿Han hablado de cuando regresa ella a su país?
―No…― Me pongo mas inquieto. ― Ella es mi novia…
―¿Y por eso ya no debe irse?
―Ella tiene una vida allá, vino de visita, ¿Lo olvidas?
―Lleva aquí casi tres meses. ― Comenta Kaz. ― Deben hablarlo.
―Maldita sea, dejen de meterse en esto.
Me levanto del sillón y vuelvo a la mesa, donde estaba trabajando, tomo los papeles que estaban aquí y los reviso sin realmente leer nada. ¿Por qué me estoy volviendo así?
Tengo miedo, miedo de que ella se vaya y no la vea por un largo tiempo. Miedo de que en el tiempo en que estemos lejos ella se olvide de mí, miedo de que alguien más se le insinúe. Miedo siquiera de que alguien la vea lascivamente.
Maldito infierno. No puedo ponerme así.
―Volví.
Entra Arlet con una pequeña cajita que tiene los helados que compro, los da a cada quien, y al final viene conmigo, se sienta a mi lado y me da un beso.
―¿Pasa algo?. ― Me ve un poco preocupada, ¿En qué momento me conoció tan bien?
―Solo estrés de esto. ― Señalo los papeles. ― Dame.
Me regala su hermosa sonrisa y me da una cucharada de helado, sonrío para ella y comemos entre risas. Ella siempre me quita todo estrés, todo enojo, todo mal sentimiento.
Ella tiene mi voluntad.
Porque también por ella me enojo y me lleno de celos, de rabia por no poder reclamar algunas veces, de inquietud, de dudas. Y pensar esto me volvió a hacerme molestar un poco, suelto un bufido.
―Te amo. ― Me dice ella con voz dulce y sonrío.
―Te amo cariño.
Soy un maldito caos.





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