Capítulo 9 Amar
Hemos estado trabajando
un poco más de lo normal, conseguimos tener unos conciertos en un recinto que
había querido hace tiempo, pero por falta de espacio no se había dado. Ahora lo
tenemos y daremos cuatro conciertos.
Estoy emocionado.
Y lleno de trabajo,
pero me gusta.
La banda está en
nuestro estudio, estamos todos aquí, mi novia también. Los chicos enseguida se
hicieron sus amigos, se ríen y hacen bromas. Al ver eso no puedo evitar sentir
un poco de celos, todos esos locos pervertidos pueden ver esa hermosa sonrisa.
―¿Qué tal así?
―Me gusta.
―¿Qué te gusta?.
― Pregunto.
―Ju-ken escribió
los lugares a los que ir a conocer, los puso desde los más cercanos hasta los
más lejanos, los más tradicionales hasta los mas modernos. ― Sonríe mi novia.
―Eso pude
hacerlo yo.
―Tienes trabajo.
―Puedo tener
tiempo para mi novia.
―Esto huele a
celos. ― Habla Kaz por lo bajo.
―Totalmente a
celos. ― Apoya Arly.
Me quedo callado
mandándoles una mirada asesina y continuo con mi trabajo, estoy armando el
set-list, los chicos están haciendo otras cosas así que cada quien está con lo
suyo, menos Ju-ken claro.
Bufo levemente.
Estoy loco,
ponerme celoso por un amigo.
Distraigo mi
mente de eso y la concentro en el trabajo. La sala queda en silencio, suena a
veces un rasgueo de guitarra, Kaz está distrayéndose un poco, la verdad me
relaja escuchar cuando toca. El silencio en algunos momentos me hace sentir
inquieto.
Observo a mi
alrededor y mis ojos enseguida encuentran a mi novia, ella está en un sillón,
acostada, con un libro en las manos. Arlet siempre tiene que tener un libro en
sus manos, sino se siente incompleta, esas son sus palabras. Me gusta su
pensamiento.
Continúo
viéndola, admirando como siempre su belleza. Lleno mi mente de su imagen, al
verla recuerdo las veces que hemos hecho el amor… Momentos que jamás en la vida
creí disfrutar de aquella manera, sexo con amor. Es de las cosas más
maravillosas… Escucharla gemir para mí, sentirla junto a mí, solo para mí…
Tomo una
bocanada de aire.
Maldición.
Bajo la mirada y
noto que mis recuerdos han despertado mi carnalidad. Hago media sonrisa y niego
levemente, con solo recordarla me siento así… Ignoro lo que despertó y sigo con
mi trabajo.
Pasamos algunas
horas aquí encerrados, trabajando, tocando, platicando.
―No sé ustedes,
pero yo muero de hambre.
―Yo también.
―Quiero comida
latina. ― Habla esa dulce voz.
―Comida latina
será. ― Sonrío.
Tomo mi celular
y enseguida hago el pedido, se la comida favorita de mi novia y pido el doble
de ración. Me levanto un momento de mi lugar y camino hacia ella, me siento a
su lado y me acuesto, pongo mi cabeza en sus piernas y ella me acaricia el
cabello.
―Tienes sueño.
―Un poco. ―
Acepto.
―Dormita un
poco.
Sus manos juegan
con mi cabello y me relajo, no me gusta que toquen mi cabello, ella es la única
que puede, la única que dejaría que hiciera todo de mí.
Me dejo llevar
en sus caricias y me relajo un poco, toma una de mis manos y entrelazamos
nuestros dedos, me gusta esta sensación.
Veinte minutos
después la comida llega y nos ponemos a comer, los chicos prueban algunas cosas
por primera vez y comen de más, me alegro haber pedido tanto.
―Mañana tengo
una fiesta en mi casa. ― Habla Ju-ken. ― Obviamente todos están invitados.
―Ahí me tendrás
sin falta.
―Veré si mi
novia me deja. ― Se ríe Kaz.
―Yo si voy.
―No creo que sea
un buen lugar para Arlet. ― Comento.
―Ni que fuera
menor de edad. ― Contesta el bajista.
―Hay muchas
drogas y tipos buscando sexo a cada momento.
―Como la fiesta
en el día que llegue. ― Suspira ella. ― No me importa, quiero ir.
―Quiere ir. ―
Repite el de la fiesta y suspiro.
―No me queda
más. ― Digo resignado.
Continúo
comiendo, mis amigos me ven un poco raro, Arlet come gustosa. Me siento el raro
de este lugar. Las miradas que me dan sé que son de algún reclamo. Los ignoro y
vuelvo a suspirar. Me siento raro, no es que ellos me vean así, lo estoy.
―¿Hay alguna
heladería por aquí?. ― Terminamos de comer y estamos en la sala descansando un
poco.
―A dos cuadras,
los helados son deliciosos.
―Iré a comprar,
¿Quieren?
Me mantengo
callado, Arlet va a comprar helados, en buen momento se le ocurrió salir de
aquí. En cuanto cruce la puerta me atacaran con algo estos hombres.
Ella me da un
beso antes de irse.
Y estoy por ser
bombardeado con preguntas y reclamos. El primero será Kaz, lo sé, su mirada me
lo dice.
―¿Qué te pasa
Haido?.
―Kaz. ― Suspiro.
― ¿De qué?
―Estás raro,
desde que tienes novia estás así.
―Es normal que
no actúe como cuando era soltero Ju-ken.
―Tu casi quieres
aprisionarla.
―No me gusta que
esté en esas fiestas tan llenas de peligro.
―¿Peligro?. ― Se
asombra Kaz. ― Tus fiestas son así, antes no podías vivir sin ellas.
―Antes. ―
Remarco. ― Ahora está ella y no me importa nada, la cuido porque la amo.
―No te imaginaba
tan posesivo y celoso.
―Cuida que no
sobrepases los límites normales hyde, puedes asfixiarla.
Esas palabras me
dejan callado nuevamente. ¿Asfixiarla? ¿Amar como siento que lo hago puede
llegar a asfixiar? No me había puesto a pensar en eso, no me gustaría que ella
se cansara de mí y terminara yéndose de mi lado.
Maldita sea.
No me gusta para
nada esa idea.
Pero tampoco
puedo controlarme, la amo… La amo de una manera que no sé cómo manejarlo, no
había amado antes de esta manera, no había amado así, no había tenido a una
mujer por la cual daría todo.
¿Mi manera de
amar será la mejor?
Sinceramente no
lo sé.
Me pongo
inquieto. El solo pensar que ella se canse de mi… Se aleje de mí, no seamos ni
amigos… No, eso me mataría en vida.
―¿Han hablado de
cuando regresa ella a su país?
―No…― Me pongo
mas inquieto. ― Ella es mi novia…
―¿Y por eso ya
no debe irse?
―Ella tiene una
vida allá, vino de visita, ¿Lo olvidas?
―Lleva aquí casi
tres meses. ― Comenta Kaz. ― Deben hablarlo.
―Maldita sea,
dejen de meterse en esto.
Me levanto del
sillón y vuelvo a la mesa, donde estaba trabajando, tomo los papeles que
estaban aquí y los reviso sin realmente leer nada. ¿Por qué me estoy volviendo
así?
Tengo miedo,
miedo de que ella se vaya y no la vea por un largo tiempo. Miedo de que en el
tiempo en que estemos lejos ella se olvide de mí, miedo de que alguien más se
le insinúe. Miedo siquiera de que alguien la vea lascivamente.
Maldito
infierno. No puedo ponerme así.
―Volví.
Entra Arlet con
una pequeña cajita que tiene los helados que compro, los da a cada quien, y al
final viene conmigo, se sienta a mi lado y me da un beso.
―¿Pasa algo?. ―
Me ve un poco preocupada, ¿En qué momento me conoció tan bien?
―Solo estrés de
esto. ― Señalo los papeles. ― Dame.
Me regala su
hermosa sonrisa y me da una cucharada de helado, sonrío para ella y comemos entre
risas. Ella siempre me quita todo estrés, todo enojo, todo mal sentimiento.
Ella tiene mi
voluntad.
Porque también
por ella me enojo y me lleno de celos, de rabia por no poder reclamar algunas
veces, de inquietud, de dudas. Y pensar esto me volvió a hacerme molestar un
poco, suelto un bufido.
―Te amo. ― Me
dice ella con voz dulce y sonrío.
―Te amo cariño.
Soy un maldito
caos.

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