Capítulo 10 Descontrol
Puedo decir que estar
enamorado es una de las cosas más maravillosas. Es de las cosas que más he
disfrutado, pero también sufrido.
Llevamos un mes de
romance.
Un mes donde todo es
volar sobre las nubes, pero por cosas de mi mente a veces la paso de nervios.
Me lleno la cabeza de pensamientos. ¿Y si ella se va? Claramente tiene que
hacerlo… Y siento eso cada vez más cerca.
No sabía que yo
llegaría a ser tan idiota, tan celoso, tan lleno de inseguridades cuando se
trata de ella.
―Amor, ¿Cómo me
veo?
Arlet se puso un
pantalón pegado a su figura, de color negro. Una blusa para mi gusto un tanto
descubierta de color claro. Le sonrío en signo de aprobación.
―Hermosa, como
siempre.
Me manda un beso
y se comienza a peinar, yo me pongo un saco negro y busco mis anillos y
collares. Iremos a una fiesta, una de las tantas que hacen mis amigos y nos
invitan.
Hemos ido a
pocas, quizá cuatro, y no por falta de tiempo… Realmente es porque no me gusta
mucho que mi novia este en esos lugares. Me da rabia como algunos desubicados
intentan coquetearle cuando la dejo por unos minutos.
Los celos son pésimos.
―Mi cabello no
quiere acomodarse. ― Reprocha.
La volteo a ver
y hago media sonrisa. Su cabello sea como sea luce arreglado, de esos peinados
despeinados, que no se ven mal.
―Esta perfecto.
―¿De verdad?
―Totalmente
cariño.
Me acerco a ella
y le doy un beso en la frente, la tomo de la cintura y después beso sus labios.
Sus besos son mi droga desde que los probé, desde que los hice solamente míos.
Son unos besos tan dulces que se disfrutan lentamente y mientras lo haces vas
necesitando más… Más y más hasta que no te son suficientes y necesitas de ellos
para poder mantenerte cuerda en el mundo.
―Vamos.
Susurra entre
nuestros besos y accedo. Yo preferiría quedarme aquí, en casa. Los dos solos,
disfrutando de una cena y después de nuestros cuerpos.
Suspiro
resignado.
Tomo su mano y
salimos de casa, enciendo mi auto y enseguida suena el estéreo. Comienza a
sonar una canción en inglés y entro a carretera.
Durante el
camino mis oídos se llenan de alguna canción famosa en el idioma universal,
acompañado de la dulce voz de mi novia. Me he acostumbrado a estos pequeños
viajes.
Ella, su música.
Su voz, su compañía. Todo eso mientras yo manejo.
Me relaja.
―¿La casa de tu
amigo está muy lejos?
―Un poco… Es a
las afueras de la ciudad.
―Debe ser una
mansión.
―Algo así. ― Me
río un poco.
―Amor…― Su tono
de voz me pone alerta. ― Llevo cuatro meses y días aquí en Japón, la verdad no
sabía cuánto tiempo me iba a quedar…
―Tiempo
indefinido. ― Comento tranquilo.
―Debo regresar a
mi país.
Su voz es seria,
decidida. Aprieto un poco el volante como reacción a esas palabras. Agradezco
que esto sea mientras manejo, o ella vería con claridad mi rostro de desilusión
y dolor.
―¿Necesitas
hacerlo?
―Allá esta mi
vida…
―¿Y la de aquí?
―No contaba con
que pasara todo esto, jamás, ni en mis sueños más fantasiosos.
―¿Yo no importo?
―No es eso. ―
Responde enseguida. ― Importas demasiado, eres mi novio. El hombre que amo.
Pero comprende que toda mi vida la he hecho en otro país.
―Déjala. ―
Respondo con egoísmo.
―No se puede
dejar una vida, así como así.
―¿Qué tienes
pensado?
―Ir a mi país,
algunas semanas…
―¿Y quedarte por
siempre?
―Y quedarme para
arreglar algunas cosas.
―Arlet… ¿Qué hay
de lo nuestro? ― Sin evitarlo, comienzo a entrar en pánico. ― ¿Nuestra
relación? ¿Nuestro amor?
―No te estoy
diciendo que terminemos. ¿No sabes que hay relaciones a distancia?
―No es lo mismo,
no podré verte, ni tocarte… No podré hacer nada si no estás aquí.
―Existe el
teléfono, existen las video llamadas.
Me quedo en
silencio. Tan fácil suena que me hace sentir un maldito paranoico. ¿Ella no
siente este temor que yo siento? Es como si yo fuera el único que sufre por
esta separación, el único que no quiere alejarse.
―Volveré en
cuanto pueda, solo debo dejar bien algunas cosas allá.
―Ya lo tienes
decidido. ― Suspiro. ― No hay más que yo diga.
―No quiero que
irme y tú te quedes así.
―Arlet… ¿Me
amas?
Quedamos de
nuevo en silencio y eso hace que mi corazón se desboque. Eso hace que mi
inseguridad crezca como nunca.
―¿Piensas que no
te amo y por eso me voy?
―Respóndeme. ―
La volteo a ver por dos segundos. ― Necesito saberlo.
―Si. Te amo.
Mi corazón deja
de latir tan rápido y suelto un suspiro. La idea de que ella se vaya me pone
inquieto, me descontrola. La idea de que estemos tan lejos… De que yo no esté
ahí para cuidarla de algún perro hambriento. De que ella no esté aquí para
tranquilizarme cuando me llene de estrés. De que sus besos no estén aquí para
darme seguridad. De que sus brazos no estén aquí para darme la calidez que me
da…
Maldita sea.
No quiero que se
vaya… La necesito aquí, conmigo.
Por el infierno
que sí.
Pero no puedo ser
tan egoísta y pedirle que no se vaya, no puedo enojarme, ni ponerme como lo
estoy haciendo solo porque ella necesita hacer sus propias cosas, no solo vivir
para acompañarme al trabajo y amarme.
―Yo te amo más
cariño. ― Suspiro. ― ¿Cuándo planeas irte?
―La próxima
semana…
―Esta bien. ―
Contesto tranquilo. ― Te extrañaré… Demasiado.
―Yo el doble. ―
Toma mi mano que esta libre. ― Nos llamaremos diario, a cada rato.
―Eso ni lo
dudes. ― La hago reír.
Acabamos el tema
y me concentro en el camino, estamos por llegar… Y si antes no tenía ganas de
estar en una fiesta ahora menos. Lo que quiero es ir a casa y encerrarme con
ella, quedarnos en la cama, abrazándonos hasta quedarnos dormidos.
¿Cuánto tiempo
estaré sin ella?
Aun no se va y
ya me estoy sintiendo intranquilo. Mi pecho experimenta ya una sensación fea.
He salido
demasiado sensible para estas cosas del amor.
Llegamos a la
casa de mi amigo e intento recobrar mi cordura. No puedo estar con cara de
pocos amigos, ni con el ánimo por los suelos.
Entramos a la
casa y la música suena a un alto volumen, se comienzan a ver algunas personas,
algunas mujeres para entretener, bebidas de todo tipo… Amigos conocidos que en
cuanto me ven vienen a mí.
―¡Qué bueno que
Dios vino!. ― Me río.
―Hola, veo que
todo va de maravilla.
―Mucho, llegas a
buena hora. ― Ve a mi novia. ― Hola preciosa.
―Hola. ―
Contesta sonriente. ― Me da gusto verte de nuevo.
―Aunque nos
vemos solo en fiestas, conoces solo lo malo de mí. ― Nos reímos. ― Me da más
gusto verte, pasen pasen.
Llegamos a donde
está el alma de la fiesta, nos dan unos tragos y nos sentamos en unos grandes
sillones. Veo todo, hay personas que aun siendo temprano ya están ahogados en
alcohol. Otros la pasan bien, platicando y tomando. Otros metiéndose cosas.
Otros casi follando frente a todos.
―¿Kazu vendrá?. ―
Pregunta Arlet.
―Ummm, me dijo
que sí. ― Veo mi reloj. ― Debe estar por llegar.
Suspiro y veo a
los que están con unas mujeres, bebiendo y haciéndose alguno que otro
tocamiento disimulado. Me veo en ellos.
Ese era yo antes
de enamorarme. Vuelvo a suspirar. Las cosas cambian drásticamente cuando el
amor llega a ti, te saca el lado más cursi pero también el lado más idiota. O
quizá solo sea caso mío.
―Aah, mira ya
llego.
Veo de lejos a
Kaz, lo saludan y le pasan enseguida un trago. Habla con algunas personas y
minutos después da con nosotros.
―Que divertidos
lucen. ― Bromea. ― Hola.
―¿Cómo estás
Kazu?
―Cansado, pero
aquí me tienen… Es bueno relajarse con esto. ― Muesa su bebida.
―¿Y tú novia?
―Fue a ver a su
mamá.
―Entonces está
de viaje.
―Eso es. ―
Suspira. ― Me quedaré hoy en su casa.
―¿Te invitas
solo?. ― Me hago el molesto y él se ríe.
―Sabes que no me
gusta estar solo.
―Kazu, quédate
ahora diario… Como antes, ¿Puedes? Sino diario al menos lo más seguido que se pueda.
―¿Y eso?. ―
Pregunta curioso.
―Regreso a mi
país la próxima semana.
―Oh.
La mirada que me
da Kaz es totalmente para ponerme la depresión encima, pero evito su contacto
visual y le doy un trago a mi copa. Él sabe que la estoy pasando mal, de las
personas que más me conocen además de mis padres es él.
―Iré por otra
copa. ― Sonrío. ― Ya vuelvo.
Los dejo solos y
camino a la mesa de bebidas, veo cada una de las botellas y busco la que mejor
vaya con este momento, con este pequeño malestar en mi pecho.
―No te
emborraches hoy, hazlo cuando ella se vaya. ― Escucho la voz de Kaz a mi lado.
―¿Qué haces
aquí? No dejes sola a Arlet.
―Me aseguro de
que no te emborraches Haido.
―No me gusta
dejarla sola.
Tomo una botella
y me adueño de ella, camino de regreso a donde estábamos y un tipo de
entretenimiento está parado frente a ella. En estas fiestas hay tanto mujeres
como hombres para ser adornos y entretener.
―Largo. ― Digo
enseguida.
El chico me ve
con odio y sin decir nada se va, solo le da una lasciva mirada a Arlet.
Maldito. Resoplo y me siento junto a ella. Kaz frente a nosotros.
―Será una larga
noche. ― Suspira mi amigo mientras toma la botella que traje.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥