jueves, 16 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 10 Descontrol


Puedo decir que estar enamorado es una de las cosas más maravillosas. Es de las cosas que más he disfrutado, pero también sufrido.
Llevamos un mes de romance.
Un mes donde todo es volar sobre las nubes, pero por cosas de mi mente a veces la paso de nervios. Me lleno la cabeza de pensamientos. ¿Y si ella se va? Claramente tiene que hacerlo… Y siento eso cada vez más cerca.
No sabía que yo llegaría a ser tan idiota, tan celoso, tan lleno de inseguridades cuando se trata de ella.
―Amor, ¿Cómo me veo?
Arlet se puso un pantalón pegado a su figura, de color negro. Una blusa para mi gusto un tanto descubierta de color claro. Le sonrío en signo de aprobación.
―Hermosa, como siempre.
Me manda un beso y se comienza a peinar, yo me pongo un saco negro y busco mis anillos y collares. Iremos a una fiesta, una de las tantas que hacen mis amigos y nos invitan.

Hemos ido a pocas, quizá cuatro, y no por falta de tiempo… Realmente es porque no me gusta mucho que mi novia este en esos lugares. Me da rabia como algunos desubicados intentan coquetearle cuando la dejo por unos minutos.
Los celos son pésimos.
―Mi cabello no quiere acomodarse. ― Reprocha.
La volteo a ver y hago media sonrisa. Su cabello sea como sea luce arreglado, de esos peinados despeinados, que no se ven mal.
―Esta perfecto.
―¿De verdad?
―Totalmente cariño.
Me acerco a ella y le doy un beso en la frente, la tomo de la cintura y después beso sus labios. Sus besos son mi droga desde que los probé, desde que los hice solamente míos. Son unos besos tan dulces que se disfrutan lentamente y mientras lo haces vas necesitando más… Más y más hasta que no te son suficientes y necesitas de ellos para poder mantenerte cuerda en el mundo.
―Vamos.
Susurra entre nuestros besos y accedo. Yo preferiría quedarme aquí, en casa. Los dos solos, disfrutando de una cena y después de nuestros cuerpos.
Suspiro resignado.

Tomo su mano y salimos de casa, enciendo mi auto y enseguida suena el estéreo. Comienza a sonar una canción en inglés y entro a carretera.
Durante el camino mis oídos se llenan de alguna canción famosa en el idioma universal, acompañado de la dulce voz de mi novia. Me he acostumbrado a estos pequeños viajes.
Ella, su música. Su voz, su compañía. Todo eso mientras yo manejo.
Me relaja.
―¿La casa de tu amigo está muy lejos?
―Un poco… Es a las afueras de la ciudad.
―Debe ser una mansión.
―Algo así. ― Me río un poco.
―Amor…― Su tono de voz me pone alerta. ― Llevo cuatro meses y días aquí en Japón, la verdad no sabía cuánto tiempo me iba a quedar…
―Tiempo indefinido. ― Comento tranquilo.
―Debo regresar a mi país.
Su voz es seria, decidida. Aprieto un poco el volante como reacción a esas palabras. Agradezco que esto sea mientras manejo, o ella vería con claridad mi rostro de desilusión y dolor.
―¿Necesitas hacerlo?
―Allá esta mi vida…
―¿Y la de aquí?
―No contaba con que pasara todo esto, jamás, ni en mis sueños más fantasiosos.
―¿Yo no importo?
―No es eso. ― Responde enseguida. ― Importas demasiado, eres mi novio. El hombre que amo. Pero comprende que toda mi vida la he hecho en otro país.
―Déjala. ― Respondo con egoísmo.
―No se puede dejar una vida, así como así.
―¿Qué tienes pensado?
―Ir a mi país, algunas semanas…
―¿Y quedarte por siempre?
―Y quedarme para arreglar algunas cosas.
―Arlet… ¿Qué hay de lo nuestro? ― Sin evitarlo, comienzo a entrar en pánico. ― ¿Nuestra relación? ¿Nuestro amor?
―No te estoy diciendo que terminemos. ¿No sabes que hay relaciones a distancia?
―No es lo mismo, no podré verte, ni tocarte… No podré hacer nada si no estás aquí.
―Existe el teléfono, existen las video llamadas.
Me quedo en silencio. Tan fácil suena que me hace sentir un maldito paranoico. ¿Ella no siente este temor que yo siento? Es como si yo fuera el único que sufre por esta separación, el único que no quiere alejarse.
―Volveré en cuanto pueda, solo debo dejar bien algunas cosas allá.
―Ya lo tienes decidido. ― Suspiro. ― No hay más que yo diga.
―No quiero que irme y tú te quedes así.
―Arlet… ¿Me amas?
Quedamos de nuevo en silencio y eso hace que mi corazón se desboque. Eso hace que mi inseguridad crezca como nunca.
―¿Piensas que no te amo y por eso me voy?
―Respóndeme. ― La volteo a ver por dos segundos. ― Necesito saberlo.
―Si. Te amo.
Mi corazón deja de latir tan rápido y suelto un suspiro. La idea de que ella se vaya me pone inquieto, me descontrola. La idea de que estemos tan lejos… De que yo no esté ahí para cuidarla de algún perro hambriento. De que ella no esté aquí para tranquilizarme cuando me llene de estrés. De que sus besos no estén aquí para darme seguridad. De que sus brazos no estén aquí para darme la calidez que me da…

Maldita sea.
No quiero que se vaya… La necesito aquí, conmigo.
Por el infierno que sí.

Pero no puedo ser tan egoísta y pedirle que no se vaya, no puedo enojarme, ni ponerme como lo estoy haciendo solo porque ella necesita hacer sus propias cosas, no solo vivir para acompañarme al trabajo y amarme.
―Yo te amo más cariño. ― Suspiro. ― ¿Cuándo planeas irte?
―La próxima semana…
―Esta bien. ― Contesto tranquilo. ― Te extrañaré… Demasiado.
―Yo el doble. ― Toma mi mano que esta libre. ― Nos llamaremos diario, a cada rato.
―Eso ni lo dudes. ― La hago reír.
Acabamos el tema y me concentro en el camino, estamos por llegar… Y si antes no tenía ganas de estar en una fiesta ahora menos. Lo que quiero es ir a casa y encerrarme con ella, quedarnos en la cama, abrazándonos hasta quedarnos dormidos.
¿Cuánto tiempo estaré sin ella?
Aun no se va y ya me estoy sintiendo intranquilo. Mi pecho experimenta ya una sensación fea.

He salido demasiado sensible para estas cosas del amor.
Llegamos a la casa de mi amigo e intento recobrar mi cordura. No puedo estar con cara de pocos amigos, ni con el ánimo por los suelos.

Entramos a la casa y la música suena a un alto volumen, se comienzan a ver algunas personas, algunas mujeres para entretener, bebidas de todo tipo… Amigos conocidos que en cuanto me ven vienen a mí.
―¡Qué bueno que Dios vino!. ― Me río.
―Hola, veo que todo va de maravilla.
―Mucho, llegas a buena hora. ― Ve a mi novia. ― Hola preciosa.
―Hola. ― Contesta sonriente. ― Me da gusto verte de nuevo.
―Aunque nos vemos solo en fiestas, conoces solo lo malo de mí. ― Nos reímos. ― Me da más gusto verte, pasen pasen.
Llegamos a donde está el alma de la fiesta, nos dan unos tragos y nos sentamos en unos grandes sillones. Veo todo, hay personas que aun siendo temprano ya están ahogados en alcohol. Otros la pasan bien, platicando y tomando. Otros metiéndose cosas. Otros casi follando frente a todos.
―¿Kazu vendrá?. ― Pregunta Arlet.
―Ummm, me dijo que sí. ― Veo mi reloj. ― Debe estar por llegar.
Suspiro y veo a los que están con unas mujeres, bebiendo y haciéndose alguno que otro tocamiento disimulado. Me veo en ellos.
Ese era yo antes de enamorarme. Vuelvo a suspirar. Las cosas cambian drásticamente cuando el amor llega a ti, te saca el lado más cursi pero también el lado más idiota. O quizá solo sea caso mío.
―Aah, mira ya llego.
Veo de lejos a Kaz, lo saludan y le pasan enseguida un trago. Habla con algunas personas y minutos después da con nosotros.
―Que divertidos lucen. ― Bromea. ― Hola.
―¿Cómo estás Kazu?
―Cansado, pero aquí me tienen… Es bueno relajarse con esto. ― Muesa su bebida.
―¿Y tú novia?
―Fue a ver a su mamá.
―Entonces está de viaje.
―Eso es. ― Suspira. ― Me quedaré hoy en su casa.
―¿Te invitas solo?. ― Me hago el molesto y él se ríe.
―Sabes que no me gusta estar solo.
―Kazu, quédate ahora diario… Como antes, ¿Puedes? Sino diario al menos lo más seguido que se pueda.
―¿Y eso?. ― Pregunta curioso.
―Regreso a mi país la próxima semana.
―Oh.
La mirada que me da Kaz es totalmente para ponerme la depresión encima, pero evito su contacto visual y le doy un trago a mi copa. Él sabe que la estoy pasando mal, de las personas que más me conocen además de mis padres es él.
―Iré por otra copa. ― Sonrío. ― Ya vuelvo.
Los dejo solos y camino a la mesa de bebidas, veo cada una de las botellas y busco la que mejor vaya con este momento, con este pequeño malestar en mi pecho.
―No te emborraches hoy, hazlo cuando ella se vaya. ― Escucho la voz de Kaz a mi lado.
―¿Qué haces aquí? No dejes sola a Arlet.
―Me aseguro de que no te emborraches Haido.
―No me gusta dejarla sola.
Tomo una botella y me adueño de ella, camino de regreso a donde estábamos y un tipo de entretenimiento está parado frente a ella. En estas fiestas hay tanto mujeres como hombres para ser adornos y entretener.
―Largo. ― Digo enseguida.
El chico me ve con odio y sin decir nada se va, solo le da una lasciva mirada a Arlet. Maldito. Resoplo y me siento junto a ella. Kaz frente a nosotros.
―Será una larga noche. ― Suspira mi amigo mientras toma la botella que traje.






No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥