lunes, 20 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 11 Enojo


Han pasado cuatro días desde que Arlet me dijo que se iba y puedo decir que desde entonces estoy muy irritable. Por cualquier cosa estallo, doy de pretexto el estrés por tanto trabajo, pero mis amigos no me creen, me han visto con aun más trabajo y no me pongo así.
―No, no suena bien. ― Me quejo.
―¿Qué es lo que no te gusta?
―Están desafinados.
―Y tú solo gritas. ― Bufa Kaz. ― Si sigues así no podremos seguir ensayando, nos interrumpes a cada minuto.
―Debo hacerlo si se escucha mal.
―Se escucha perfectamente bien, ahora deja de gritar y continuemos con esto.
Vuelven a sus instrumentos y la música empieza. Tomo aire profundo y comienzo a cantar. Hago que mi mente deje los problemas y se centre en la música, en dos días… Justo cuando ella se va, tenemos concierto.
Maldición.
Intento dejar mi mente solo con la canción que estamos ensayando y funciona por un rato, ensayamos bien, con las canciones que tenemos pensadas para el concierto.
Cuando terminamos de ensayar nos quedamos en silencio acomodando nuestros instrumentos. Yo me hago el tonto con el micrófono, enredo y enredo el cable, pero en realidad no hago nada.
Quiero ir a casa y estar con ella.
―Ya deja eso. ― Me desconcentra Kaz.
―Deja de aparecerte tan de repente.
―Tu eres el que ya no presta atención a su alrededor a menos que en el este Arlet.
―Al menos no llegues siempre por la espalda.
―Es más sexy, ¿No crees?. ― Bromea y yo me quedo serio. ― ¿Ves? Tan mal andas que ni a una broma haces caso.
―Solo es estrés.
―No quiero imaginarme cuando de verdad ella no este. Aun no se va y ya quieres matar a todo el mundo.
―Que exagerado.
―Aja…― Suspira. ― Vete a casa, aquí ya acabamos.
Asiento en silencio y tomo mis cosas personales. Camino enseguida al estacionamiento y tomo mi auto. Pongo música a alto volumen para distraerme y llegar a casa relajado, no me gusta que ella vea mi ánimo por su viaje.

Al llegar un olor a comida inunda mis fosas nasales. Esto se convirtió en un real hogar desde que ella llego.
―¡Hola amor!
Viene a mí y se avienta a mis brazos. Amo tanto que haga esto… Que llegue a mí con esa hermosa sonrisa y se aviente sin importar si caemos o puedo sostenerla. La abrazo con fuerza y me inundo de su aroma natural.
Dios, la extrañaré tanto…
La necesitare tanto como un maldito drogadicto a su droga.
Beso su frente y nos sonreímos, veo sus labios y enseguida los atrapo con los míos, los acaricio lentamente, me grabo cada espacio de ellos, su textura, su sabor. Nos besamos de manera lenta y perfecta, estos besos tan íntimos, tan cargados de sentimientos hacen que mi corazón se encoja.
―¿Cómo te fue?
―Ummm, bien… Ensayos y algunos arreglos. ― Contesto normal. ― ¿Y tú?
―Arreglé un poco mi equipaje, hice la comida, vi una película… Bien. ― Sonríe.
―El aroma es delicioso.
―Es tu comida favorita.
Toma mi mano y vamos al comedor, la mesa esta lista. Me siento y ella va por la comida para servir. Me quito mientras mi saco y algunos anillos y collares.
―Come mucho.
Dice mientras sirve. Asiento lentamente y cuando Arlet se sienta frente a mi empezamos a comer. Como he dicho desde que la conozco, su comida es de las mejores. Las más deliciosas que mi paladar ha probado.
―Estaba pensando en ir a algún lugar turístico. Quiero comprar recuerdos para mis amigos.
―¿Cuándo?
―Quizá mañana.
Asiento levemente. Mañana tengo más ensayos, pero, ¿A quién le importa? La llevaré yo, pasearemos y nos tomaremos muchas fotos y videos. Aprovechare todo el tiempo que tenga con ella.
―Vamos desde temprano.
―Pero tu trabajo…
―Solo es ensayo, no hay problema.
―¿Seguro?
―Sí. Ya sé a qué lugar llevarte, te encantará.
Sus ojos brillan y me hace sentir emocionado. Continuamos con la comida y platicamos de los planes para mañana. A comparación del estudio, aquí soy todo sonrisas. No quiero que ella sepa realmente que me estoy jodiendo por dentro.

Horas más tarde pasamos a la sala. Yo veo algo de trabajo, ella tiene un libro en sus manos y sonríe mientras lee. Este silencio, esta tranquilidad no será la misma sin ella. Sin Arlet todo será tal vez igual que antes. Esa maldita sensación de asfixia.
Bendita sea la tecnología que me tendrá comunicado a ella.
De otra manera, no soportaría su lejanía.
―Vamos a dormir cariño, es tarde.
―¿Acabaste tu trabajo?
―Listo. ― Confirmo.
Nos levantamos del sillón y vamos a la cama. Aventamos todo al piso, las almohadas, la colcha, solo dejamos una sábana para taparnos un poco.
Nos acostamos y ella pone su cabeza en mi pecho. Yo la abrazo con fuerza y suspiro profundo. Haberme enamorado es una de las cosas tan buenas y malas que he podido imaginar.
Llevamos poco tiempo y me he hundido, poco a poco… Hasta darme cuenta de que sin esta mujer no quiero nada. Sin esta mujer nada es lo mismo, sin esta mujer el amor no es color de rosa.
Sin esta mujer estaría perdido.
Y es peligroso. Porque cuando una persona tiene tu voluntad puede hacer de ti lo que quiera, consciente o inconscientemente. Lleva tu animo desde el nivel más alto hasta el más bajo. Puede mantenerte feliz, triste. Con ganas de matar a todos. 
El amor que estoy sintiendo es tanto que siento el peligro de explotar y decirle que no se vaya, de pedirle que no se vaya.
Pero no seré un maldito egoísta.
Beso su frente y cierro los ojos. El que ella se vaya no quiere decir que me ame menos, ni que me deje de amar. Tal vez sea al contrario… Nos extrañaremos más, nos amaremos más. Nos anhelaremos y nos necesitaremos más.
Será duro… Pero mientras nos amemos nada importara.

Desde temprano nos alistamos y llegamos al lugar que había pensado para ella, es un pequeño pueblo, lleno de cosas tradicionales. Arlet en cuanto lo vio se llenó de emoción… Y sigue así, emocionada. Viendo todo con los ojos brillantes.
―Es un lugar precioso.
―Si… Hace tiempo que había venido, no ha cambiado mucho.
―Gracias por pasar el día conmigo.
―Para mí es un total placer.
Nos damos un pequeño beso y continuamos caminando. Yo tengo unos lentes negros puestos por si hay algún fan perdido por aquí y me reconoce.

Pasamos varias horas aquí, viendo todo y tomándonos fotos, llenando nuestra galería de nuestras imágenes hasta que el día se nos termina y volvemos a casa.
Cuando llegamos nos vamos directo a la habitación pues el cansancio de caminar todo el día nos gana. Creo que no había caminado tanto desde hace mucho. Mis pies duelen.
Veo un calendario sin intención y entonces pienso “Dos días.” En dos días ella se va. Dos días solamente. Suelto un gran suspiro y cierro los ojos.
―¿Estás bien?
―Aah, sí. ― Respondo sonriente. ― Estoy cansado.
―Yo también, caminamos mucho. ― Nos reímos.
Veo como se quita la ropa y camina por la habitación en ropa interior, buscando su pijama la cual está al otro extremo de la habitación. Suspiro y lleno mi mente de esa perfecta imagen.
―Ven. ― Le digo. ― Así como estás.
Ella se sonroja un poco y baja la mirada con pena. Camina hacia mí y se sube a la cama, se sienta a mi lado y siento su nerviosismo.
―Eres hermosa.
Susurro mientras la observo con intensidad. Sin detenerme a nada. Acaricio su piel, beso su cuello y hago que se acueste en la cama. Mis labios pasean por su cuerpo, por cada rincón. Me adueño de ella, la poseo. Hago que su memoria me tenga bien marcado, hago que su cuerpo no me olvide con facilidad, necesito que me recuerde a cada minuto. Que anhele mi presencia. Que me añore.
―Hyde…― Suspira al sentir mis dedos en su interior.
―Dime cariño.
Juego con sus pezones, mi lengua los recorre y los acaricia. Los roso con los dientes y su cuerpo se retuerce. Sus suspiros me hacen desear más y necesitar más.
―Mmgh…
Siento como se humedece, como su calidez aumenta. Siento como su cuerpo se prepara para mí, para recibirme.
Dos días… Mañana será el último día completo que esté con ella. Pasado mañana se va, se va por no sé cuánto tiempo.
―Te haré el amor cariño, toda la noche sin importar el mañana.
Susurro en su oído y entonces entro en ella haciendo que gima mi nombre.





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