Capítulo 11 Enojo
Han pasado cuatro días
desde que Arlet me dijo que se iba y puedo decir que desde entonces estoy muy
irritable. Por cualquier cosa estallo, doy de pretexto el estrés por tanto trabajo,
pero mis amigos no me creen, me han visto con aun más trabajo y no me pongo
así.
―No, no suena
bien. ― Me quejo.
―¿Qué es lo que
no te gusta?
―Están
desafinados.
―Y tú solo
gritas. ― Bufa Kaz. ― Si sigues así no podremos seguir ensayando, nos
interrumpes a cada minuto.
―Debo hacerlo si
se escucha mal.
―Se escucha
perfectamente bien, ahora deja de gritar y continuemos con esto.
Vuelven a sus
instrumentos y la música empieza. Tomo aire profundo y comienzo a cantar. Hago
que mi mente deje los problemas y se centre en la música, en dos días… Justo
cuando ella se va, tenemos concierto.
Maldición.
Intento dejar mi
mente solo con la canción que estamos ensayando y funciona por un rato,
ensayamos bien, con las canciones que tenemos pensadas para el concierto.
Cuando
terminamos de ensayar nos quedamos en silencio acomodando nuestros
instrumentos. Yo me hago el tonto con el micrófono, enredo y enredo el cable,
pero en realidad no hago nada.
Quiero ir a casa
y estar con ella.
―Ya deja eso. ―
Me desconcentra Kaz.
―Deja de
aparecerte tan de repente.
―Tu eres el que
ya no presta atención a su alrededor a menos que en el este Arlet.
―Al menos no
llegues siempre por la espalda.
―Es más sexy,
¿No crees?. ― Bromea y yo me quedo serio. ― ¿Ves? Tan mal andas que ni a una
broma haces caso.
―Solo es estrés.
―No quiero
imaginarme cuando de verdad ella no este. Aun no se va y ya quieres matar a
todo el mundo.
―Que exagerado.
―Aja…― Suspira. ―
Vete a casa, aquí ya acabamos.
Asiento en
silencio y tomo mis cosas personales. Camino enseguida al estacionamiento y
tomo mi auto. Pongo música a alto volumen para distraerme y llegar a casa
relajado, no me gusta que ella vea mi ánimo por su viaje.
Al llegar un
olor a comida inunda mis fosas nasales. Esto se convirtió en un real hogar
desde que ella llego.
―¡Hola amor!
Viene a mí y se
avienta a mis brazos. Amo tanto que haga esto… Que llegue a mí con esa hermosa
sonrisa y se aviente sin importar si caemos o puedo sostenerla. La abrazo con
fuerza y me inundo de su aroma natural.
Dios, la
extrañaré tanto…
La necesitare
tanto como un maldito drogadicto a su droga.
Beso su frente y
nos sonreímos, veo sus labios y enseguida los atrapo con los míos, los acaricio
lentamente, me grabo cada espacio de ellos, su textura, su sabor. Nos besamos
de manera lenta y perfecta, estos besos tan íntimos, tan cargados de
sentimientos hacen que mi corazón se encoja.
―¿Cómo te fue?
―Ummm, bien…
Ensayos y algunos arreglos. ― Contesto normal. ― ¿Y tú?
―Arreglé un poco
mi equipaje, hice la comida, vi una película… Bien. ― Sonríe.
―El aroma es
delicioso.
―Es tu comida
favorita.
Toma mi mano y
vamos al comedor, la mesa esta lista. Me siento y ella va por la comida para
servir. Me quito mientras mi saco y algunos anillos y collares.
―Come mucho.
Dice mientras
sirve. Asiento lentamente y cuando Arlet se sienta frente a mi empezamos a
comer. Como he dicho desde que la conozco, su comida es de las mejores. Las más
deliciosas que mi paladar ha probado.
―Estaba pensando
en ir a algún lugar turístico. Quiero comprar recuerdos para mis amigos.
―¿Cuándo?
―Quizá mañana.
Asiento
levemente. Mañana tengo más ensayos, pero, ¿A quién le importa? La llevaré yo,
pasearemos y nos tomaremos muchas fotos y videos. Aprovechare todo el tiempo
que tenga con ella.
―Vamos desde
temprano.
―Pero tu
trabajo…
―Solo es ensayo,
no hay problema.
―¿Seguro?
―Sí. Ya sé a qué
lugar llevarte, te encantará.
Sus ojos brillan
y me hace sentir emocionado. Continuamos con la comida y platicamos de los
planes para mañana. A comparación del estudio, aquí soy todo sonrisas. No
quiero que ella sepa realmente que me estoy jodiendo por dentro.
Horas más tarde
pasamos a la sala. Yo veo algo de trabajo, ella tiene un libro en sus manos y
sonríe mientras lee. Este silencio, esta tranquilidad no será la misma sin
ella. Sin Arlet todo será tal vez igual que antes. Esa maldita sensación de
asfixia.
Bendita sea la
tecnología que me tendrá comunicado a ella.
De otra manera,
no soportaría su lejanía.
―Vamos a dormir
cariño, es tarde.
―¿Acabaste tu
trabajo?
―Listo. ―
Confirmo.
Nos levantamos
del sillón y vamos a la cama. Aventamos todo al piso, las almohadas, la colcha,
solo dejamos una sábana para taparnos un poco.
Nos acostamos y
ella pone su cabeza en mi pecho. Yo la abrazo con fuerza y suspiro profundo. Haberme
enamorado es una de las cosas tan buenas y malas que he podido imaginar.
Llevamos poco
tiempo y me he hundido, poco a poco… Hasta darme cuenta de que sin esta mujer
no quiero nada. Sin esta mujer nada es lo mismo, sin esta mujer el amor no es
color de rosa.
Sin esta mujer
estaría perdido.
Y es peligroso.
Porque cuando una persona tiene tu voluntad puede hacer de ti lo que quiera,
consciente o inconscientemente. Lleva tu animo desde el nivel más alto hasta el
más bajo. Puede mantenerte feliz, triste. Con ganas de matar a todos.
El amor que
estoy sintiendo es tanto que siento el peligro de explotar y decirle que no se
vaya, de pedirle que no se vaya.
Pero no seré un
maldito egoísta.
Beso su frente y
cierro los ojos. El que ella se vaya no quiere decir que me ame menos, ni que
me deje de amar. Tal vez sea al contrario… Nos extrañaremos más, nos amaremos
más. Nos anhelaremos y nos necesitaremos más.
Será duro… Pero
mientras nos amemos nada importara.
Desde temprano
nos alistamos y llegamos al lugar que había pensado para ella, es un pequeño
pueblo, lleno de cosas tradicionales. Arlet en cuanto lo vio se llenó de
emoción… Y sigue así, emocionada. Viendo todo con los ojos brillantes.
―Es un lugar
precioso.
―Si… Hace tiempo
que había venido, no ha cambiado mucho.
―Gracias por
pasar el día conmigo.
―Para mí es un
total placer.
Nos damos un
pequeño beso y continuamos caminando. Yo tengo unos lentes negros puestos por
si hay algún fan perdido por aquí y me reconoce.
Pasamos varias
horas aquí, viendo todo y tomándonos fotos, llenando nuestra galería de
nuestras imágenes hasta que el día se nos termina y volvemos a casa.
Cuando llegamos
nos vamos directo a la habitación pues el cansancio de caminar todo el día nos
gana. Creo que no había caminado tanto desde hace mucho. Mis pies duelen.
Veo un
calendario sin intención y entonces pienso “Dos días.” En dos días ella se va.
Dos días solamente. Suelto un gran suspiro y cierro los ojos.
―¿Estás bien?
―Aah, sí. ―
Respondo sonriente. ― Estoy cansado.
―Yo también,
caminamos mucho. ― Nos reímos.
Veo como se
quita la ropa y camina por la habitación en ropa interior, buscando su pijama
la cual está al otro extremo de la habitación. Suspiro y lleno mi mente de esa
perfecta imagen.
―Ven. ― Le digo.
― Así como estás.
Ella se sonroja
un poco y baja la mirada con pena. Camina hacia mí y se sube a la cama, se
sienta a mi lado y siento su nerviosismo.
―Eres hermosa.
Susurro mientras
la observo con intensidad. Sin detenerme a nada. Acaricio su piel, beso su
cuello y hago que se acueste en la cama. Mis labios pasean por su cuerpo, por
cada rincón. Me adueño de ella, la poseo. Hago que su memoria me tenga bien
marcado, hago que su cuerpo no me olvide con facilidad, necesito que me
recuerde a cada minuto. Que anhele mi presencia. Que me añore.
―Hyde…― Suspira
al sentir mis dedos en su interior.
―Dime cariño.
Juego con sus
pezones, mi lengua los recorre y los acaricia. Los roso con los dientes y su
cuerpo se retuerce. Sus suspiros me hacen desear más y necesitar más.
―Mmgh…
Siento como se
humedece, como su calidez aumenta. Siento como su cuerpo se prepara para mí,
para recibirme.
Dos días… Mañana
será el último día completo que esté con ella. Pasado mañana se va, se va por
no sé cuánto tiempo.
―Te haré el amor
cariño, toda la noche sin importar el mañana.
Susurro en su
oído y entonces entro en ella haciendo que gima mi nombre.

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