Capítulo 12 Partida
Hoy también me
tome el día libre. Es nuestro último día juntos y decidí quedarme con ella, en
casa. Nosotros dos, solos. Disfrutando de cada segundo que tenemos.
Anoche hicimos
el amor, sin detenernos. Hasta que el sol salió y nuestros cuerpos se agotaron…
Estar de esa manera con ella es de las cosas más hermosas, más gloriosas.
Tenerla conmigo, abrazándola, sintiéndola.
―Hacía mucho que
no preparaba unos simples emparedados.
―¿No te gustan?.
― Pregunto.
―Si me gustan,
solo que desde que llegue aquí he preparado cosas más ricas para que comieras.
―Bueno hoy lo
amerita… No harás nada complicado, más tarde pediremos comida.
―¿No cocinaré?. ―
Reprocha. ― Me gusta cocinarte.
―Prefiero que
pasemos cada minuto juntos, sin que tengas que esforzarte.
―No es nada
complicado. ― Se ríe.
―No importa. ―
Beso su mano.
Estamos en la
cama, comiendo unos emparedados mientras hablamos y vemos por el ventanal.
Estamos en la temporada de lluvias y el exterior luce sombrío, lo cual me hace
sentir inquieto.
Suelto un
suspiro.
Veo una esquina
de la habitación y observo el equipaje. Está listo para el viaje. Quito mi
mirada de ahí y le doy una última mordida a mi emparedado.
―Amor, ¿Seguro
que no hay problema de que te quedes hoy en casa? Mañana es el concierto…
―Todo está bien,
los detalles lo hará Kaz.
―Oh, bien. ―
Suspira. ― Lamento no poder estar en el concierto.
―Yo también. ―
Acepto. ― Será extraño no tenerte ahí.
―Mandaré todo mi
ánimo desde las alturas.
Sonrío levemente
y ella a mí. Tomo la charola en la que estaba nuestro almuerzo y la pongo en el
mueble de cama. Nos acomodamos para quedar acostados libremente y ella pasa sus
manos por mi cuello lo que hace que mi cabeza baje a la de ella y comencemos a
besarnos.
―Hazme el amor. ―
Susurra entre nuestros besos.
Sus palabras tan
llenas de anhelo me erizan la piel y simplemente me dedico a besarla con más
intensidad, con más añoranza. No sé cuánto tiempo pueda soportar estar sin
ella, pero mientras ella me ame… Mientras ella me ame no me importará nada, porque
su amor es el que me da fuerzas ahora, su amor es el que me mantiene con
energía.
Mis manos
comienzan a quitarle la ropa, mi cuerpo ansia sentir su piel junto a la mía, sin
ninguna tela estorbosa, solo piel con piel.
Recorro con mis
labios su cuello, reparto besos y lamo antes de morder ligeramente. Siento como
su cuerpo se estremece, como su cuerpo se mueve por las sensaciones. Su
garganta me regala sonidos placenteros que hacen que mi cuerpo reaccione el
doble.
Bajo una mano y
acaricio su cadera para terminar en su intimidad, donde meto dos dedos y juego
con su clítoris.
Ella jadea.
Ella pide por
más.
Ella gime mi
nombre.
Mi boca juega
con sus pezones hasta que se endurecen, una de las maravillas de este mundo es
hacerla enloquecer de placer. Escucharla gritar mi nombre.
Bajo lamiendo su
cuerpo y llego a donde estaban mis dedos, los sustituyo por mi boca y mis manos
suben a sus senos para seguir torturando sus pezones.
Lamo de arriba
hacia abajo, disfruto su perfecto sabor, su delicioso sabor… Su aroma de
excitación. Mi lengua juega con su punto de placer, no dejo de lamer, de
probar, hago movimientos circulares, alrededor de su placer. Sus piernas cadera
se mueve para recibir más placer, la sube, la baja. Sus piernas se abren más,
sus manos bajan a mi cabeza para jugar con mi cabello.
―Amor… Mmmgh…
Me doy cuenta de
que está por llegar y me detengo lo cual la hace fruncir el ceño y sonrío.
Frente a ella me quito la ropa y tomo una de sus manos para que masturbe mi
erección creciente, verla hacer esto, ver esos ojos brillantes, ese rostro
sonrojado, esos labios mordiéndose y lamiéndose…
Maldito
infierno.
Es una mujer
excitante.
Estando por
acomodarme para entrar en ella, Arlet hace un movimiento que me deja a mi
acostado, y a ella arriba de mí, sonriendo con mirada traviesa. Besa mi cuello
y lo muerde lo cual me hace jadear. Sus labios recorren mi pecho y lame mis
pezones. Hace el mismo recorrido que yo hice con ella.
El mismo.
No puedo evitar
suspirar cuando siento la calidez de su boca en mi erección.
Suelto un
pequeño gruñido.
Ella mete mi
erección en su boca… Lame, chupa… Mierda… Su lengua se enrolla en mi falo y esa
suavidad me estremece, succiona… Besa mi punta y mi mente vuela, su lengua
juega con mi punta mientras sus manos aprietan mi dureza, mientras sus manos
juegan con mis testículos.
Maldición.
Gimo.
Gruño cuando sus
dientes rosan levemente mi erección.
Enloquezco
cuando mi punta toca su garganta.
Ella me prueba,
me saborea. Sin detenerse, sin prohibirse nada, me disfruta. Yo la disfruto. Mi
mente se pone en blanco y solo siente esa calidez y humedad. Me endurezco más
en su boca.
Estoy por…
―Cariño…― Digo
con dificultad. ― Para…
Pero como si
fuesen palabras contrarias ella aumenta sus movimientos y segundos después me
dejo ir. En su boca.
Mi pecho sube y
baja por la adrenalina y abro los ojos, encontrándome con la escena de mi novia
lamiéndose los labios.
Veo mi cuerpo y
aun esta la dureza. Esperando por ella, por su interior. Sus ojos ven mi
erección y sonriente se acerca y lo toma, abre sus piernas e introduce mi falo,
lentamente. Observo su rostro y sus gestos de placer son los más deliciosos que
algún día veré.
Tomo su cadera y
ella comienza a hacer movimientos circulares. Mi excitación sube más, me pongo
más caliente, más duro dentro de ella y ella lo siente. Su cadera comienza a
subir y bajar y comienza a jadear. Cierra los ojos y apoya sus manos en mi
pecho.
Nos entregamos
al placer, ella lleva el ritmo, un perfecto y excitante ritmo. Enloquecemos de
igual manera, jadeamos, gemimos, decimos nuestros nombres… Al sentir como el
placer sube la abrazo y giro con ella, dejándola debajo de mí.
Ella se acomoda
para quedar en posición y seguir con las envestidas. La visión que ahora tengo
es de su espalda, su sensual espalda, su cadera… Me apoyo de su cadera para
envestirla, con fuerza. Con intensidad.
Tomo su cabello
y así su cuerpo se queda en mejor posición.
Mis envestidas
son fuertes, marcando un ritmo rápido, preciso. Mi cuerpo la marca como mía, le
hago saber que ella es mía, de nadie más. Que nadie más puede tenerla. Nadie
más la amará tanto como yo. Arlet no puede amar a nadie que no sea yo.
Le dejo grabado
mentalmente mi cuerpo, mi nombre. Las sensaciones que le hago experimentar.
Dejo grabado en su cuerpo que yo soy el que puede hacerla experimentar esto,
nadie más.
―Te amo Arlet. ―
Digo con necesidad de que lo sepa bien.
―Mmgh… Mi amor…
Te amo, te amo… Hyde.
―No ames a nadie
más… Por favor. ― Lo último lo digo en un hilo de voz.
―Solo eres tú…
Hyde, nadie más.
―Piensa en mi
cariño… Siempre en mi…
―Tu estas
siempre en mis pensamientos…
Mis ojos
comienzan a picar y siento como una lagrima rueda por mi mejilla. Maldigo en
silencio y evito todo sentimiento de tristeza, no frente a ella carajo, no
frente a ella.
Me centro en su
cuerpo, en las sensaciones y vuelvo a moverme, cambiamos de posición y ahora
ella queda debajo de mí, viéndome a los ojos. Grabo en mi mente su mirada
brillante, sus labios, su rostro… Sus gestos, sus palabras…
Arlet pone su
cabeza en el espacio de mi cuello y hombros, se aferra a mí y se mantiene así
hasta que los dos dejamos que el placer se libere.
Pasamos unos
minutos así, abrazados. En silencio, aferrados el uno al otro.
―Te amo hyde. ―
Dice viéndome a los ojos. ― No puedo ver a nadie más que no seas tú.
Pasea una de sus
manos por mi rostro y beso su mano. Esas palabras me hacen sentirme menos
inquieto, sus ojos lo dicen todo, lo confirman todo.
―Yo no veo a
nadie más desde que te conocí.
Beso su frente y
volvemos a quedar en silencio. Abrazados.
La noche llega.
Cenamos algo y platicamos de un programa que vimos hace poco rato. Veo el
reloj, va a ser media noche. Mi pecho experimenta un pequeño dolor. Faltan muy
pocas horas.
―Es hora de
volver a la cama. ― Digo tranquilo. ― Necesitas descansar.
Ella siente
levemente y después de dejar las cosas de la cena en la cocina vamos a la
habitación. Nos aseamos y nos acostamos, nos abrazamos con fuerza y después de
un beso nos damos las buenas noches.
Nuestra última
noche abrazados.
Nos levantamos a
temprana hora. El aeropuerto nos queda un poco lejos y no queríamos ir
retrasados. Bueno en realidad yo estuve tardándome pero ni así conseguí salir
retrasado y hacer que ella perdiera su vuelo. Dios, eso suena tan infantil.
Estamos
esperando a que anuncien su salida. Tengo una de sus manos entrelazada con la
mía, ella tiene su cabeza recargada en mi hombro.
Tengo tantas
ganas de salir corriendo de aquí, junto con ella. Para que no se fuera…
Tomo un largo
suspiro.
―Me llamas en
cuanto llegues.
―Lo haré. ―
Sonríe. ― Nos llamaremos cada que podamos.
―Si llamas y no
contesto es porque estoy en el concierto. ― Bufo. ― Pero en cuanto pueda te
devuelvo la llamada.
―Tranquilo, a
esa hora todavía seguiré en el avión.
―Está bien… Es….―
Una voz en los altavoces suena, están anunciando su vuelo.
―Ese es el mío. ―
Suspira. ― Te extrañare demasiado mi amor.
Nos levantamos y
enseguida nos abrazamos. La angustia en mi pecho va creciendo. No quiero… No
quiero que se vaya, maldita sea.
―Yo te extrañare
demasiado también. ― Trato de sonreír. ― Nos vemos pronto.
―Me apurare en
todo para volver. ― Vuelven a avisar el vuelo. ― Debo irme.
―Te amo Arlet.
Tomo su rostro
con mis dos manos y nos besamos. Un beso de despedida, un beso lleno de
emociones, de sentimientos. Un beso que no debería de acabar nunca.
―Te amo hyde.
Nos vemos a los
ojos y sonreímos, le doy un último beso en la frente y suspiro.
―Es hora.
Ella asiente y
toma su equipaje. Con una sonrisa se aleja de mí, son pasos que pesan, pasos
que no deberían darse. Pasos que mientras más se alejen más pesan. Tomo aire
profundo, no me permito verme débil frente a ella. No me permito ninguna
lágrima.
No hasta que
ella desaparece de mi vista.
Y cuando pasa me
dejo caer en los asientos. Me dejo verme débil. Mi pecho duele, siento una
maldita presión que asfixia. Siento infinitas ganas de llorar pero no lo hago,
no aquí.
Camino a mi
auto, de prisa… Cuando estoy a salvo de toda mirada, cuando estoy dentro de mi
auto, solo, sin que nadie me vea dejo caer las lágrimas.
Aquí dejo toda
fuerza y comienzo a llorar su partida, aquí me dejo ser débil y muestro mi
dolor.
Jamás pensé que
podría sentir alguien este tipo de sentimientos tan fuertes, tan profundos… Y
aquí es donde me doy cuenta de que estoy hundido.
Totalmente
hundido en el amor.

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