jueves, 23 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 12 Partida


Hoy también me tome el día libre. Es nuestro último día juntos y decidí quedarme con ella, en casa. Nosotros dos, solos. Disfrutando de cada segundo que tenemos.
Anoche hicimos el amor, sin detenernos. Hasta que el sol salió y nuestros cuerpos se agotaron… Estar de esa manera con ella es de las cosas más hermosas, más gloriosas. Tenerla conmigo, abrazándola, sintiéndola.
―Hacía mucho que no preparaba unos simples emparedados.
―¿No te gustan?. ― Pregunto.
―Si me gustan, solo que desde que llegue aquí he preparado cosas más ricas para que comieras.
―Bueno hoy lo amerita… No harás nada complicado, más tarde pediremos comida.
―¿No cocinaré?. ― Reprocha. ― Me gusta cocinarte.
―Prefiero que pasemos cada minuto juntos, sin que tengas que esforzarte.
―No es nada complicado. ― Se ríe.
―No importa. ― Beso su mano.
Estamos en la cama, comiendo unos emparedados mientras hablamos y vemos por el ventanal. Estamos en la temporada de lluvias y el exterior luce sombrío, lo cual me hace sentir inquieto.
Suelto un suspiro.
Veo una esquina de la habitación y observo el equipaje. Está listo para el viaje. Quito mi mirada de ahí y le doy una última mordida a mi emparedado.
―Amor, ¿Seguro que no hay problema de que te quedes hoy en casa? Mañana es el concierto…
―Todo está bien, los detalles lo hará Kaz.
―Oh, bien. ― Suspira. ― Lamento no poder estar en el concierto.
―Yo también. ― Acepto. ― Será extraño no tenerte ahí.
―Mandaré todo mi ánimo desde las alturas.
Sonrío levemente y ella a mí. Tomo la charola en la que estaba nuestro almuerzo y la pongo en el mueble de cama. Nos acomodamos para quedar acostados libremente y ella pasa sus manos por mi cuello lo que hace que mi cabeza baje a la de ella y comencemos a besarnos.
―Hazme el amor. ― Susurra entre nuestros besos.

Sus palabras tan llenas de anhelo me erizan la piel y simplemente me dedico a besarla con más intensidad, con más añoranza. No sé cuánto tiempo pueda soportar estar sin ella, pero mientras ella me ame… Mientras ella me ame no me importará nada, porque su amor es el que me da fuerzas ahora, su amor es el que me mantiene con energía.
Mis manos comienzan a quitarle la ropa, mi cuerpo ansia sentir su piel junto a la mía, sin ninguna tela estorbosa, solo piel con piel.

Recorro con mis labios su cuello, reparto besos y lamo antes de morder ligeramente. Siento como su cuerpo se estremece, como su cuerpo se mueve por las sensaciones. Su garganta me regala sonidos placenteros que hacen que mi cuerpo reaccione el doble.
Bajo una mano y acaricio su cadera para terminar en su intimidad, donde meto dos dedos y juego con su clítoris.

Ella jadea.
Ella pide por más.
Ella gime mi nombre.

Mi boca juega con sus pezones hasta que se endurecen, una de las maravillas de este mundo es hacerla enloquecer de placer. Escucharla gritar mi nombre.
Bajo lamiendo su cuerpo y llego a donde estaban mis dedos, los sustituyo por mi boca y mis manos suben a sus senos para seguir torturando sus pezones.

Lamo de arriba hacia abajo, disfruto su perfecto sabor, su delicioso sabor… Su aroma de excitación. Mi lengua juega con su punto de placer, no dejo de lamer, de probar, hago movimientos circulares, alrededor de su placer. Sus piernas cadera se mueve para recibir más placer, la sube, la baja. Sus piernas se abren más, sus manos bajan a mi cabeza para jugar con mi cabello.
―Amor… Mmmgh…
Me doy cuenta de que está por llegar y me detengo lo cual la hace fruncir el ceño y sonrío. Frente a ella me quito la ropa y tomo una de sus manos para que masturbe mi erección creciente, verla hacer esto, ver esos ojos brillantes, ese rostro sonrojado, esos labios mordiéndose y lamiéndose…

Maldito infierno.
Es una mujer excitante.

Estando por acomodarme para entrar en ella, Arlet hace un movimiento que me deja a mi acostado, y a ella arriba de mí, sonriendo con mirada traviesa. Besa mi cuello y lo muerde lo cual me hace jadear. Sus labios recorren mi pecho y lame mis pezones. Hace el mismo recorrido que yo hice con ella.
El mismo.

No puedo evitar suspirar cuando siento la calidez de su boca en mi erección.
Suelto un pequeño gruñido.
Ella mete mi erección en su boca… Lame, chupa… Mierda… Su lengua se enrolla en mi falo y esa suavidad me estremece, succiona… Besa mi punta y mi mente vuela, su lengua juega con mi punta mientras sus manos aprietan mi dureza, mientras sus manos juegan con mis testículos.

Maldición.
Gimo.
Gruño cuando sus dientes rosan levemente mi erección.
Enloquezco cuando mi punta toca su garganta.

Ella me prueba, me saborea. Sin detenerse, sin prohibirse nada, me disfruta. Yo la disfruto. Mi mente se pone en blanco y solo siente esa calidez y humedad. Me endurezco más en su boca.
Estoy por…
―Cariño…― Digo con dificultad. ― Para…
Pero como si fuesen palabras contrarias ella aumenta sus movimientos y segundos después me dejo ir. En su boca.
Mi pecho sube y baja por la adrenalina y abro los ojos, encontrándome con la escena de mi novia lamiéndose los labios.

Veo mi cuerpo y aun esta la dureza. Esperando por ella, por su interior. Sus ojos ven mi erección y sonriente se acerca y lo toma, abre sus piernas e introduce mi falo, lentamente. Observo su rostro y sus gestos de placer son los más deliciosos que algún día veré.
Tomo su cadera y ella comienza a hacer movimientos circulares. Mi excitación sube más, me pongo más caliente, más duro dentro de ella y ella lo siente. Su cadera comienza a subir y bajar y comienza a jadear. Cierra los ojos y apoya sus manos en mi pecho.

Nos entregamos al placer, ella lleva el ritmo, un perfecto y excitante ritmo. Enloquecemos de igual manera, jadeamos, gemimos, decimos nuestros nombres… Al sentir como el placer sube la abrazo y giro con ella, dejándola debajo de mí.
Ella se acomoda para quedar en posición y seguir con las envestidas. La visión que ahora tengo es de su espalda, su sensual espalda, su cadera… Me apoyo de su cadera para envestirla, con fuerza. Con intensidad.

Tomo su cabello y así su cuerpo se queda en mejor posición.
Mis envestidas son fuertes, marcando un ritmo rápido, preciso. Mi cuerpo la marca como mía, le hago saber que ella es mía, de nadie más. Que nadie más puede tenerla. Nadie más la amará tanto como yo. Arlet no puede amar a nadie que no sea yo.

Le dejo grabado mentalmente mi cuerpo, mi nombre. Las sensaciones que le hago experimentar. Dejo grabado en su cuerpo que yo soy el que puede hacerla experimentar esto, nadie más.
―Te amo Arlet. ― Digo con necesidad de que lo sepa bien.
―Mmgh… Mi amor… Te amo, te amo… Hyde.
―No ames a nadie más… Por favor. ― Lo último lo digo en un hilo de voz.
―Solo eres tú… Hyde, nadie más.
―Piensa en mi cariño… Siempre en mi…
―Tu estas siempre en mis pensamientos…
Mis ojos comienzan a picar y siento como una lagrima rueda por mi mejilla. Maldigo en silencio y evito todo sentimiento de tristeza, no frente a ella carajo, no frente a ella.
Me centro en su cuerpo, en las sensaciones y vuelvo a moverme, cambiamos de posición y ahora ella queda debajo de mí, viéndome a los ojos. Grabo en mi mente su mirada brillante, sus labios, su rostro… Sus gestos, sus palabras…

Arlet pone su cabeza en el espacio de mi cuello y hombros, se aferra a mí y se mantiene así hasta que los dos dejamos que el placer se libere.
Pasamos unos minutos así, abrazados. En silencio, aferrados el uno al otro.
―Te amo hyde. ― Dice viéndome a los ojos. ― No puedo ver a nadie más que no seas tú.
Pasea una de sus manos por mi rostro y beso su mano. Esas palabras me hacen sentirme menos inquieto, sus ojos lo dicen todo, lo confirman todo.
―Yo no veo a nadie más desde que te conocí.
Beso su frente y volvemos a quedar en silencio. Abrazados.

La noche llega. Cenamos algo y platicamos de un programa que vimos hace poco rato. Veo el reloj, va a ser media noche. Mi pecho experimenta un pequeño dolor. Faltan muy pocas horas.
―Es hora de volver a la cama. ― Digo tranquilo. ― Necesitas descansar.
Ella siente levemente y después de dejar las cosas de la cena en la cocina vamos a la habitación. Nos aseamos y nos acostamos, nos abrazamos con fuerza y después de un beso nos damos las buenas noches.
Nuestra última noche abrazados.


Nos levantamos a temprana hora. El aeropuerto nos queda un poco lejos y no queríamos ir retrasados. Bueno en realidad yo estuve tardándome pero ni así conseguí salir retrasado y hacer que ella perdiera su vuelo. Dios, eso suena tan infantil.
Estamos esperando a que anuncien su salida. Tengo una de sus manos entrelazada con la mía, ella tiene su cabeza recargada en mi hombro.
Tengo tantas ganas de salir corriendo de aquí, junto con ella. Para que no se fuera…
Tomo un largo suspiro.
―Me llamas en cuanto llegues.
―Lo haré. ― Sonríe. ― Nos llamaremos cada que podamos.
―Si llamas y no contesto es porque estoy en el concierto. ― Bufo. ― Pero en cuanto pueda te devuelvo la llamada.
―Tranquilo, a esa hora todavía seguiré en el avión.
―Está bien… Es….― Una voz en los altavoces suena, están anunciando su vuelo.
―Ese es el mío. ― Suspira. ― Te extrañare demasiado mi amor.
Nos levantamos y enseguida nos abrazamos. La angustia en mi pecho va creciendo. No quiero… No quiero que se vaya, maldita sea.
―Yo te extrañare demasiado también. ― Trato de sonreír. ― Nos vemos pronto.
―Me apurare en todo para volver. ― Vuelven a avisar el vuelo. ― Debo irme.
―Te amo Arlet.
Tomo su rostro con mis dos manos y nos besamos. Un beso de despedida, un beso lleno de emociones, de sentimientos. Un beso que no debería de acabar nunca.
―Te amo hyde.
Nos vemos a los ojos y sonreímos, le doy un último beso en la frente y suspiro.
―Es hora.
Ella asiente y toma su equipaje. Con una sonrisa se aleja de mí, son pasos que pesan, pasos que no deberían darse. Pasos que mientras más se alejen más pesan. Tomo aire profundo, no me permito verme débil frente a ella. No me permito ninguna lágrima.
No hasta que ella desaparece de mi vista.

Y cuando pasa me dejo caer en los asientos. Me dejo verme débil. Mi pecho duele, siento una maldita presión que asfixia. Siento infinitas ganas de llorar pero no lo hago, no aquí.
Camino a mi auto, de prisa… Cuando estoy a salvo de toda mirada, cuando estoy dentro de mi auto, solo, sin que nadie me vea dejo caer las lágrimas.

Aquí dejo toda fuerza y comienzo a llorar su partida, aquí me dejo ser débil y muestro mi dolor.
Jamás pensé que podría sentir alguien este tipo de sentimientos tan fuertes, tan profundos… Y aquí es donde me doy cuenta de que estoy hundido.
Totalmente hundido en el amor.





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