Capítulo 13 Teléfono
Ha pasado una
semana desde que Arlet regreso a su país. Una semana.
Una semana en
donde su cuerpo no está junto al mío, donde no puedo ver su rostro, tocar sus
manos, sentir sus abrazos, refugiarme en esa calidez.
Hemos hablado
diario, muchas veces al día pero por el infierno que si no fuera por esas
pequeñas llamadas estaría vuelto loco. Sin cordura. Debo darle créditos a Kaz
también, si no fuera por su compañía estaría más hundido.
Sabía que esto
sería pesado, difícil… Pero no imagine que tanto. He visto como la pasa Kaz
cuando su novia se va por unos días, se ve como un gatito necesitado de cariños
de su dueño… Mejor dicho, de su esclavo. Los gatos no tienen dueños, ellos son
dueños de nosotros.
Pensé que yo sería
como él, pero no es así… Soy peor, mucho peor.
Estoy de mal
humor todo el día, soy un león bien domado cuando estoy al teléfono con ella.
Soy un león en su naturaleza peligrosa cuando no escucho su voz.
Sí… Así de
idiota estoy.
Suelto un
profundo suspiro y le doy un sorbo a mi copa, el sabor dulce del vino corre por
mi garganta y vuelvo a suspirar.
Nuevamente estoy
solo en esta gran casa, en esta habitación, en esta enorme cama. Veo por la
ventana, no se ve la luna, ni las estrellas… Es época de lluvias así que el
cielo debe estar nublado. Me levanto y camino hacia la ventana, la abro y dejo
que entre el aire frío para refrescarme un poco. El aire no es frío, está un
poco helado y siento como pequeñas cuchilladas rasgar mi piel, el olor a lluvia
entra por mis fosas nasales y cierro los ojos.
Está por llover.
Veo al cielo y saco
una de mis manos, como pidiendo que la lluvia caiga de una vez y así poder
sentirla en mi piel… Y sintiéndome algún adivino una gota cae en la palma de mi
mano y no puedo evitar sorprenderme, abro la boca y enseguida suelto una
risita. Más gotas comienzan a caer y el agua fría golpea en mi mano, juego un
poco con el agua. La lluvia cae poco a poco, más y más fuerte. Cuando el agua
corre con las ráfagas de viento cierro la ventana y vuelvo a la cama, donde me
meto bajo la colcha para calentarme un poco.
Tomo el celular
y suspiro. Los cambios de horario son un tormento, mientras aquí es de noche en
el país de mi novia es de día, mientras allá es de noche aquí es de día. Eso me
enoja.
Tomo un poco de
vino y marco el número de mi novia, pongo el teléfono entre mi hombro y oído y
me acuesto, suena un pip otro pip y otro pip, hasta que por fin escucho la
dulce voz que tanto me gusta.
―Hola cariño. ―
La saludo.
―Mi amor, perdón
por tardar en contestar, me estaba bañando. ― Se ríe.
―Ummm. ―
Suspiro. ― Extraño bañarte.
―Y yo a ti.
―¿Saliste
corriendo de la ducha?
―Algo así. ―
Vuelve a reír. ― Alcance a tomar la toalla.
Sonrío. Cierro
los ojos y mi mente empieza a recordar su hermosa figura, su cuerpo cubierto de
agua, gotas resbalando de entre sus pechos y cayendo lentamente por su cadera…
―¿Estás en tu
habitación?
―Sí, ¿Por?
―Acuéstate en la
cama.
―¿Po…?
―Solo hazlo. ―
La interrumpo. ― Acuéstate, desnuda.
Mi voz se hace
de pronto ronca, ronca por la emoción y la repentina excitación que mi cuerpo
está pasando. Me acuesto mejor en la cama y sonrío por lo que pasará.
―Ya estoy lista.
― Su voz se escucha tímida.
―¿Recuerdas
todas esas veces en que hicimos el amor? Mis manos recorriendo tu piel, mis
labios besando cada parte de tu cuerpo, mi lengua paseando por cada rincón.
―Uujummm…
―Aquellas veces
en las que tu cuerpo me pedía más, en las que yo te poseía de una manera tan
intensa que tus piernas acababan temblando, cuando abría aquel paraíso y me
dejabas entrar sin problema alguno, donde tus pezones se ponían duros y los
chupaba, donde te mordía el cuello y gemías para mí.
―Amor…
―Dime cariño…
―Te necesito. ―
Su voz es provocativa.
―Imagíname ahí
cariño, imagina que tus manos son mis manos, tócate como te gustaría que yo te
tocara, siente tus zonas más sensibles y gime, no ocultes tus gemidos cariño,
gime para mí.
―Mmgh…
―Dime que haces…
―Me besas…
Acaricias mi cuerpo… Juegas con mis pezones y con mi cadera, no dejas de
besarme, de acariciarme, de tocarme… Mgh… Tus dedos entran en mi intimidad…
Aaah… Juegas con mi clítoris… Amor… Mmgh…
Su provocativa
voz me hace erizar, agradezco que yo solo tuviera puesta una bermuda, fácil de
quitar… Mientras la escucho una de mis manos está jugando con mi creciente
erección.
No soy mucho de
masturbarme pero en esta situación no queda de otra así que juego con mi falo,
mi mano sube y baja, juega un poco con la punta y entonces jadeo.
―¿Qué te estás
haciendo?
―Me toco. ―
Contesto con voz ronca. ― Juego con mi erección…
―¿Imaginas que
soy yo?
―Imagino que
eres tú.
Nuestras
palabras desaparecen y ahora solo están nuestros gemidos, el teléfono es uno de
mis mejores aliados actualmente. Los gemidos de Arlet resuenan de la pequeña
bocina del teléfono e inundan mis oídos.
Sus jadeos son tan deliciosos que me pueden mucho, son exquisitos, provocan de
una manera perfecta.
Mi mano se mueve
más rápido, sube, baja. Aprieto un poco mi punta, aprieto mi falo y gruño, me
pongo más duro, más caliente, siento como sale un poco de líquido de la punta y
sirve de lubricante, masajeo mis testículos con la otra mano. Imagino que los
movimientos que hace mi mano lo hacen las manos de ella, o quizá su boca… Su
suave lengua pasando por mi dureza, chupando, acariciando… Jugando con su boca,
rosando ligeramente con sus dientes… Dios.
Gemimos.
Hacemos el amor
a distancia.
Nos tocamos
pensando el uno con el otro.
Ella comienza a
jadear mi nombre y me encorvo un poco, sé que está por llegar, sus gemidos me
lo dicen. Mi mano masturba más fuerte, aprieta más y la piel se eriza por todo
mi cuerpo, siento como una corriente eléctrica nace de mi erección y recorre
lento, como si subiera poco a poco hasta que con toda la intensidad inunda mi
sistema.
El líquido sale
de mí y se escurre por mi falo, mi mano queda llena del líquido blanco, el cual
es mucho ya que desde que ella se fue no había sacado esta necesidad.
A través del
teléfono escucho su respiración agitada, me eriza la piel y sonrío.
―Cariño…
―No pensé que
haríamos esto. ― Se ríe. ― Me gusta.
―No puedo pasar
mucho tiempo sin ti.
―Ni yo sin ti…
―Tus gemidos son
perfectos. ― Susurro.
―Oh dios. ―
Habla en voz baja. ― No me apenes…
―Es la verdad. ―
Me río.
―Me da pena. ―
Susurra. ― Los tuyos son más perfectos.
Mientras platicamos
tomo un poco de papel y me limpio un poco, me quito el líquido blanco y me
quedo así, acostado, desnudo, hablando con mi novia por teléfono y viendo como
la lluvia azota la ventana.
Es medio día, si
no fuera por Kaz estaría aun durmiendo… Pero por una entrevista mi sueño ha
sido interrumpido. Vamos en la camioneta, camino al programa. Creo que parece
que tengo resaca, traigo lentes negros, estoy despeinado, gruñón y con ganas de
matar a todos.
―¿Estás
escuchando?
―No. ― Bufo. ―
Déjame dormir.
―Tienes que
escuchar, duermes después.
―Me dormí a las
cinco de la mañana.
―No es la
primera vez que duermas solo tres horas.
―¿Tres horas
desde hace una semana?
―Hay que hacer
sacrificios.
―No estás
ayudando. ― Vuelvo a bufar.
―Deben de tener
horarios que no afecten tanto, mírate… Estas todo ojeroso y descuidado.
―Gracias, de
verdad amigo. ― Digo sarcástico.
―Necesitarás
mucho maquillaje. ― Suspira. ― ¿Ella está bien?
―Si…
―Pronto
regresará.
―Va una semana y
me siento como perro sin dueño.
―Eres muy
drástico.
―No sé cómo
aguantas que tu novia se vaya tanto.
―Depende del
grado de amor… Y uno se acostumbrando a esto.
―¿Grado de amor?
―Arlet es la
primera mujer que amas, la primera persona en el maldito mundo… Lo cual quiere
decir que es tu primer amor, y los primeros amores son de los más fuertes,
porque esa primera persona te hace experimentar cosas que jamás habías sentido,
con nadie. Es de los amores más pesados… Con más errores y más bonitos.
―Con esa
descripción me dejaste asustado… No quiero que haya muchos errores.
―Eso dependerá
de ustedes, de cómo lleven su relación.
―La llevaríamos
mejor si ella no se hubiese ido.
―Y así empiezan
mal las cosas, no se culpen.
―No la culpo, no
no… Es solo que no tenía por qué irse, pudimos haber ido los dos en vacaciones.
―¿Cuáles
vacaciones?. ― Se ríe. ― Tú no conoces esa palabra.
―Si bueno…
Pudimos haber ido los dos, en unos días libres.
―Irán después,
hay cosas que uno debe hacer solo.
―Lo sé. ―
Suspiro. ― La necesito Kaz… La necesito.
―Sé que la
necesitas Haido. ― Toma aire. ― Estas todo idiota.
―¡Oye!
―Me refiero al
amor, idiota enamorado. ― Ríe y me hace reír.
―Sí, creo que
sí… Ella entro en mi sistema… Es mi musa.
―Cuando un
artista considera a alguien su musa es que la cosa es seria… Y profunda.
―No había tenido
un sentimiento tan profundo como el que siento por ella. ― Confieso en voz
baja.

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