lunes, 27 de febrero de 2017

Glass Dama



Capítulo 13 Teléfono


Ha pasado una semana desde que Arlet regreso a su país. Una semana.
Una semana en donde su cuerpo no está junto al mío, donde no puedo ver su rostro, tocar sus manos, sentir sus abrazos, refugiarme en esa calidez.
Hemos hablado diario, muchas veces al día pero por el infierno que si no fuera por esas pequeñas llamadas estaría vuelto loco. Sin cordura. Debo darle créditos a Kaz también, si no fuera por su compañía estaría más hundido.

Sabía que esto sería pesado, difícil… Pero no imagine que tanto. He visto como la pasa Kaz cuando su novia se va por unos días, se ve como un gatito necesitado de cariños de su dueño… Mejor dicho, de su esclavo. Los gatos no tienen dueños, ellos son dueños de nosotros.
Pensé que yo sería como él, pero no es así… Soy peor, mucho peor.

Estoy de mal humor todo el día, soy un león bien domado cuando estoy al teléfono con ella. Soy un león en su naturaleza peligrosa cuando no escucho su voz.
Sí… Así de idiota estoy.
Suelto un profundo suspiro y le doy un sorbo a mi copa, el sabor dulce del vino corre por mi garganta y vuelvo a suspirar.
Nuevamente estoy solo en esta gran casa, en esta habitación, en esta enorme cama. Veo por la ventana, no se ve la luna, ni las estrellas… Es época de lluvias así que el cielo debe estar nublado. Me levanto y camino hacia la ventana, la abro y dejo que entre el aire frío para refrescarme un poco. El aire no es frío, está un poco helado y siento como pequeñas cuchilladas rasgar mi piel, el olor a lluvia entra por mis fosas nasales y cierro los ojos.
Está por llover.

Veo al cielo y saco una de mis manos, como pidiendo que la lluvia caiga de una vez y así poder sentirla en mi piel… Y sintiéndome algún adivino una gota cae en la palma de mi mano y no puedo evitar sorprenderme, abro la boca y enseguida suelto una risita. Más gotas comienzan a caer y el agua fría golpea en mi mano, juego un poco con el agua. La lluvia cae poco a poco, más y más fuerte. Cuando el agua corre con las ráfagas de viento cierro la ventana y vuelvo a la cama, donde me meto bajo la colcha para calentarme un poco.

Tomo el celular y suspiro. Los cambios de horario son un tormento, mientras aquí es de noche en el país de mi novia es de día, mientras allá es de noche aquí es de día. Eso me enoja.

Tomo un poco de vino y marco el número de mi novia, pongo el teléfono entre mi hombro y oído y me acuesto, suena un pip otro pip y otro pip, hasta que por fin escucho la dulce voz que tanto me gusta.
―Hola cariño. ― La saludo.
―Mi amor, perdón por tardar en contestar, me estaba bañando. ― Se ríe.
―Ummm. ― Suspiro. ― Extraño bañarte.
―Y yo a ti.
―¿Saliste corriendo de la ducha?
―Algo así. ― Vuelve a reír. ― Alcance a tomar la toalla.
Sonrío. Cierro los ojos y mi mente empieza a recordar su hermosa figura, su cuerpo cubierto de agua, gotas resbalando de entre sus pechos y cayendo lentamente por su cadera…
―¿Estás en tu habitación?
―Sí, ¿Por?
―Acuéstate en la cama.
―¿Po…?
―Solo hazlo. ― La interrumpo. ― Acuéstate, desnuda.
Mi voz se hace de pronto ronca, ronca por la emoción y la repentina excitación que mi cuerpo está pasando. Me acuesto mejor en la cama y sonrío por lo que pasará.
―Ya estoy lista. ― Su voz se escucha tímida.
―¿Recuerdas todas esas veces en que hicimos el amor? Mis manos recorriendo tu piel, mis labios besando cada parte de tu cuerpo, mi lengua paseando por cada rincón.
―Uujummm…
―Aquellas veces en las que tu cuerpo me pedía más, en las que yo te poseía de una manera tan intensa que tus piernas acababan temblando, cuando abría aquel paraíso y me dejabas entrar sin problema alguno, donde tus pezones se ponían duros y los chupaba, donde te mordía el cuello y gemías para mí.
―Amor…
―Dime cariño…
―Te necesito. ― Su voz es provocativa.
―Imagíname ahí cariño, imagina que tus manos son mis manos, tócate como te gustaría que yo te tocara, siente tus zonas más sensibles y gime, no ocultes tus gemidos cariño, gime para mí.
―Mmgh…
―Dime que haces…
―Me besas… Acaricias mi cuerpo… Juegas con mis pezones y con mi cadera, no dejas de besarme, de acariciarme, de tocarme… Mgh… Tus dedos entran en mi intimidad… Aaah… Juegas con mi clítoris… Amor… Mmgh…
Su provocativa voz me hace erizar, agradezco que yo solo tuviera puesta una bermuda, fácil de quitar… Mientras la escucho una de mis manos está jugando con mi creciente erección.

No soy mucho de masturbarme pero en esta situación no queda de otra así que juego con mi falo, mi mano sube y baja, juega un poco con la punta y entonces jadeo.
―¿Qué te estás haciendo?
―Me toco. ― Contesto con voz ronca. ― Juego con mi erección…
―¿Imaginas que soy yo?
―Imagino que eres tú.
Nuestras palabras desaparecen y ahora solo están nuestros gemidos, el teléfono es uno de mis mejores aliados actualmente. Los gemidos de Arlet resuenan de la pequeña bocina del teléfono  e inundan mis oídos. Sus jadeos son tan deliciosos que me pueden mucho, son exquisitos, provocan de una manera perfecta.

Mi mano se mueve más rápido, sube, baja. Aprieto un poco mi punta, aprieto mi falo y gruño, me pongo más duro, más caliente, siento como sale un poco de líquido de la punta y sirve de lubricante, masajeo mis testículos con la otra mano. Imagino que los movimientos que hace mi mano lo hacen las manos de ella, o quizá su boca… Su suave lengua pasando por mi dureza, chupando, acariciando… Jugando con su boca, rosando ligeramente con sus dientes… Dios.

Gemimos.
Hacemos el amor a distancia.
Nos tocamos pensando el uno con el otro.

Ella comienza a jadear mi nombre y me encorvo un poco, sé que está por llegar, sus gemidos me lo dicen. Mi mano masturba más fuerte, aprieta más y la piel se eriza por todo mi cuerpo, siento como una corriente eléctrica nace de mi erección y recorre lento, como si subiera poco a poco hasta que con toda la intensidad inunda mi sistema.

El líquido sale de mí y se escurre por mi falo, mi mano queda llena del líquido blanco, el cual es mucho ya que desde que ella se fue no había sacado esta necesidad.
A través del teléfono escucho su respiración agitada, me eriza la piel y sonrío.
―Cariño…
―No pensé que haríamos esto. ― Se ríe. ― Me gusta.
―No puedo pasar mucho tiempo sin ti.
―Ni yo sin ti…
―Tus gemidos son perfectos. ― Susurro.
―Oh dios. ― Habla en voz baja. ― No me apenes…
―Es la verdad. ― Me río.
―Me da pena. ― Susurra. ― Los tuyos son más perfectos.
Mientras platicamos tomo un poco de papel y me limpio un poco, me quito el líquido blanco y me quedo así, acostado, desnudo, hablando con mi novia por teléfono y viendo como la lluvia azota la ventana.



Es medio día, si no fuera por Kaz estaría aun durmiendo… Pero por una entrevista mi sueño ha sido interrumpido. Vamos en la camioneta, camino al programa. Creo que parece que tengo resaca, traigo lentes negros, estoy despeinado, gruñón y con ganas de matar a todos.
―¿Estás escuchando?
―No. ― Bufo. ― Déjame dormir.
―Tienes que escuchar, duermes después.
―Me dormí a las cinco de la mañana.
―No es la primera vez que duermas solo tres horas.
―¿Tres horas desde hace una semana?
―Hay que hacer sacrificios.
―No estás ayudando. ― Vuelvo a bufar.
―Deben de tener horarios que no afecten tanto, mírate… Estas todo ojeroso y descuidado.
―Gracias, de verdad amigo. ― Digo sarcástico.
―Necesitarás mucho maquillaje. ― Suspira. ― ¿Ella está bien?
―Si…
―Pronto regresará.
―Va una semana y me siento como perro sin dueño.
―Eres muy drástico.
―No sé cómo aguantas que tu novia se vaya tanto.
―Depende del grado de amor… Y uno se acostumbrando a esto.
―¿Grado de amor?
―Arlet es la primera mujer que amas, la primera persona en el maldito mundo… Lo cual quiere decir que es tu primer amor, y los primeros amores son de los más fuertes, porque esa primera persona te hace experimentar cosas que jamás habías sentido, con nadie. Es de los amores más pesados… Con más errores y más bonitos.
―Con esa descripción me dejaste asustado… No quiero que haya muchos errores.
―Eso dependerá de ustedes, de cómo lleven su relación.
―La llevaríamos mejor si ella no se hubiese ido.
―Y así empiezan mal las cosas, no se culpen.
―No la culpo, no no… Es solo que no tenía por qué irse, pudimos haber ido los dos en vacaciones.
―¿Cuáles vacaciones?. ― Se ríe. ― Tú no conoces esa palabra.
―Si bueno… Pudimos haber ido los dos, en unos días libres.
―Irán después, hay cosas que uno debe hacer solo.
―Lo sé. ― Suspiro. ― La necesito Kaz… La necesito.
―Sé que la necesitas Haido. ― Toma aire. ― Estas todo idiota.
―¡Oye!
―Me refiero al amor, idiota enamorado. ― Ríe y me hace reír.
―Sí, creo que sí… Ella entro en mi sistema… Es mi musa.
―Cuando un artista considera a alguien su musa es que la cosa es seria… Y profunda.
―No había tenido un sentimiento tan profundo como el que siento por ella. ― Confieso en voz baja.






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