lunes, 30 de enero de 2017

Glass Dama



Capítulo 5 Acostumbrado


Estas últimas semanas he tenido bastante trabajo, entrevistas, fotos, presentaciones pequeñas, cosas normales lo cual me ha dejado poco tiempo libre, no he hecho fiestas y lo extraño es que no siento la necesidad pronta de tener una, como antes.
Me están maquillando, a comparación de otros días Arlet no vino, prefirió quedarse en casa porque iban a ver muchas cámaras y ojos astutos, no quiso darme alguna molestia. Lo cual en vez de gustarme es lo contrario, es un mes desde que está aquí y ya estoy acostumbrado a ella, ahora cuando no está conmigo me siento extraño, como si me faltara algo importante, tan importante como lo son traer puestos mis lentes, o mis anillos, mis collares, mis sacos negros, mis sombreros.
Sí, así lo siento.
Quizá esté un poco ansioso, quiero que esto empiece ya, que termine y así poder irme a casa… Con ella.
―… ¿Entonces?... Haido…
―Ujumm.
―No estabas escuchando, ¿Cierto?
―No, nada. ― Acepto sin remordimiento.
―Estas son las veces en las que me dan ganas de matarte.
―Gracias por contenerte. ― Me rio.
―¿Ahora por qué estas distraído?
―No se…
―Aja…
―Solo quiero llegar a casa, estoy cansado.
―Si claro. ― Suelta un suspiro. ― Debiste traerla.
―¿Umm?
―No te hagas el tonto conmigo, sé que te pasa.
―Que bien, porque yo no.
―Claro que lo sabes.
―Quizá.
―¿Entonces?
―Ella no quiso venir.
Cierro los ojos dando por terminada la pequeña platica y me quedo quieto para que la chica me maquille sin problemas. Escucho a Kaz suspirar de nuevo y hago media sonrisa, él lo sabe… Claro que lo sabe, sabe que Arlet ya no es cualquier invitada, que Arlet ya no es cualquier amiga.
Yo lo sé también.
Pero no estoy seguro de lo que es ahora. Sería un enfermo si digo que la veo como hermana pequeña, porque es totalmente estúpido. La veo como mujer, la he visto en traje de baño y su cuerpo es hermoso, sus curvas… Su piel, su olor. Claramente no la veo como algo fraternal. Amiga… Mejor amiga quizá, pero… ¿A las mejores amigas se les tiene deseo? He escuchado que sí… Pero, ¿También se sienten celos? ¿Ganas de matar a alguien cuando se le quedan viendo con doble intensión?
Ahora el que suspira soy yo. Esto me ha dado vueltas los últimos días.
¿En que se ha convertido Arlet?
Decido dejar de pensar en esto y me concentro en el trabajo, en la presentación, en lo que se hablara. En que esto acabe rápido.

Cuatro horas después nos encontramos en la camioneta, camino a casa. El entrevistador me hizo sentir incómodo y eso me tiene molesto. Odio ese tipo de entrevistas, largas, sin contenido, aburridas. Típicas.
Suelto un bufido.
―Ya deja de pensar en eso. ― Rompe Kaz el silencio.
―¿En qué?
―La entrevista, solo te enojas más.
―Fue un maldito idiota.
―Estoy de acuerdo, pero déjalo ir que solo te das dolor de cabeza.
―Bien.
Trato de despejar mi mente y veo por la ventana, es de noche, exactamente no sé qué hora es. El camino se ve oscuro, frío, solitario. Las calles pasan a gran velocidad y no me permite ver detalles, como quizá algún gato caminando mientras la noche lo protege.
―Tengo hambre. ― Digo de repente.
―Es verdad, ahora que lo dices… Yo también.
―Pasemos a comprar algo y llevémoslo a casa.
―¿Cómo qué?
Me pongo a pensar y enseguida se me viene la imagen de Arlet, a ella le gusta mucho la comida latinoamericana. Hago una pequeña sonrisa.
―Comida latinoamericana.
―Ummm… Ya… ¿Y dónde vamos a encontrar comida de esa a las 11:25 p.m?
―¿Tan tarde es?
―Es temprano de hecho, hemos salido más tarde.
―Es tarde cuando hay una invitada en casa.
―Aaah, claro…
―Llamaré a un lugar.
Tomo mi celular y busco a alguien que pueda cocinar algo delicioso, ser famoso tiene muchos privilegios, y tener contactos es uno de ellos. Hago la llamada y tras un cruce de palabras cuelgo satisfecho.
―Listo.
―Te estás hundiendo…
―¿He?
―Nada.
Me le quedo viendo y sus ojos me dicen que está preocupado, pero también curioso por lo que pueda pasar. No digo nada y me quedo en silencio de nuevo. Él está igual que yo… Preocupado pero curioso, también me siento ansioso, extraño…
Lo que pase, que venga… No me importa lo que el destino, o quien sea me tenga preparado.

Una hora después llegamos a casa, traemos comida, la cual huele delicioso y hace que mi hambre crezca más. Dejo las cosas en la cocina y le pido a Kaz que ponga la mesa y me voy a la habitación de Arlet mientras él me asesina con la mirada.
Al entrar a su espacio personal la veo en la cama, con la lámpara de noche prendida, está con pijama y un libro en las manos… Se quedó dormida mientras leía. Me quedo a centímetros de ella, observándola detenidamente.
Su rostro es hermoso, tiene lunares, son de esos lunares que se les considera sensuales… Su cuerpo es delgado, ni mucho ni poco, sus curvas son perfectas, su respiración tranquiliza, su olor te puede volver adicto, sus labios si se lo proponen… Y aunque no, te pueden invitar a pecar.
Arlet es encantadora… Una mujer fascinante.
Camino hacia ella y acaricio su cabello, le hablo despacio para despertarla y en vez de lograrlo solo se acomoda más lo cual me hace sonreír. Quiero dejarla descansar, pero no la vi en todo el día… Y siento la necesidad de ver sus grandes ojos, de escuchar su voz y tener sus preguntas sobre mi día.
Perdón por ser egoísta.
―Despierta. ― Hablo en voz baja. ― Traje comida.
Roso con mis dedos su rostro para que le haga cosquillas y se despierte lo cual funciona segundos después y sus ojos se encuentran con los míos.
Al ver esos brillantes orbes el enojo que me quedaba se desvanece y la tranquilidad se apodera de mí, olvido aquel mal momento en el trabajo y hasta perdono al entrevistador.
Estoy con ella.
Sonrío. Y ella a mí.
―Estás aquí.
Su voz se apodera de mis oídos y ese sonido lo es todo. Asiento lentamente y la ayudo a incorporarse.
―Perdón por despertarte.
―Hay comida, no importa el sueño. ― Se ríe.
―Comida deliciosa, vamos.
La tomo de la mano y caminamos al comedor, Kaz tiene todo listo y Arlet lo saluda, después se disculpa por las “fachas” en la que está. Yo la veo preciosa de esta manera, en pijama, con el cabello alborotado por haber estado en la almohada, con su rostro al natural.
Ella como sea es preciosa.
Solo que, empiezo a sentir más celos… De que Kaz la vea de esta manera, de que vea sus piernas desnudas cada que usa short, o con algún escote… Ante los pensamientos posesivos me reprendo y pienso en otra cosa.
Maldita sea, no puedo ser así.
―¡Esto es delicioso!.
―¿Verdad? Lo pedí yo, de acuerdo a mis conocimientos de comida extranjera. ― Presumo.
―Tienes gustos deliciosos.
―No sabes cuánto…― No puedo evitar hacer la voz ronca y pensar en cosas que no son comida.
―¿Cómo les fue?
―Pudo haber sido mejor. ― Contesto. ― Sin duda ese tipo no volverá a entrevistarme. ― Recuerdo lo sucedido.
―Hyde terminando la entrevista casi golpeaba a alguien, pero solo aventó una botella de agua. ― Se ríe Kaz.
―¿Por qué?
―Ese tipo hacía preguntas estúpidas.
―Él solo entrevista, quizá las preguntas las hizo alguien más… El solo sigue órdenes y hace su trabajo.
―Pues…― Me encojo de hombros. ― Creo que es así.
―Y tu insultando al pobre hombre. ― Se queja mi amigo.
―Bueno, pero él también pudo haber cambiado algo, hacer bromas, tratar de hacerlo interesante, yo que sé.
―Es verdad.
―Al menos ya sabes que con él no volverás. ― Dice ella. ― El gran hyde puede escoger a los simples mortales que puedan estar frente a él.
―Maldición. ― La veo a los ojos. ― Eres la mejor.
―Lo sé. ― Sonríe y me manda un beso.
Suelto un suspiro de derrota.
El peligro ya tomo mi mano… Y no está dispuesto a soltarme, como yo no estoy dispuesto a dejar que me abandone.






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