Capítulo 5 Acostumbrado
Estas últimas semanas
he tenido bastante trabajo, entrevistas, fotos, presentaciones pequeñas, cosas
normales lo cual me ha dejado poco tiempo libre, no he hecho fiestas y lo
extraño es que no siento la necesidad pronta de tener una, como antes.
Me están maquillando, a
comparación de otros días Arlet no vino, prefirió quedarse en casa porque iban
a ver muchas cámaras y ojos astutos, no quiso darme alguna molestia. Lo cual en
vez de gustarme es lo contrario, es un mes desde que está aquí y ya estoy
acostumbrado a ella, ahora cuando no está conmigo me siento extraño, como si me
faltara algo importante, tan importante como lo son traer puestos mis lentes, o
mis anillos, mis collares, mis sacos negros, mis sombreros.
Sí, así lo siento.
Quizá esté un poco
ansioso, quiero que esto empiece ya, que termine y así poder irme a casa… Con
ella.
―… ¿Entonces?...
Haido…
―Ujumm.
―No estabas
escuchando, ¿Cierto?
―No, nada. ―
Acepto sin remordimiento.
―Estas son las
veces en las que me dan ganas de matarte.
―Gracias por
contenerte. ― Me rio.
―¿Ahora por qué
estas distraído?
―No se…
―Aja…
―Solo quiero
llegar a casa, estoy cansado.
―Si claro. ―
Suelta un suspiro. ― Debiste traerla.
―¿Umm?
―No te hagas el
tonto conmigo, sé que te pasa.
―Que bien, porque
yo no.
―Claro que lo
sabes.
―Quizá.
―¿Entonces?
―Ella no quiso
venir.
Cierro los ojos dando
por terminada la pequeña platica y me quedo quieto para que la chica me
maquille sin problemas. Escucho a Kaz suspirar de nuevo y hago media sonrisa,
él lo sabe… Claro que lo sabe, sabe que Arlet ya no es cualquier invitada, que
Arlet ya no es cualquier amiga.
Yo lo sé
también.
Pero no estoy seguro
de lo que es ahora. Sería un enfermo si digo que la veo como hermana pequeña,
porque es totalmente estúpido. La veo como mujer, la he visto en traje de baño
y su cuerpo es hermoso, sus curvas… Su piel, su olor. Claramente no la veo como
algo fraternal. Amiga… Mejor amiga quizá, pero… ¿A las mejores amigas se les
tiene deseo? He escuchado que sí… Pero, ¿También se sienten celos? ¿Ganas de
matar a alguien cuando se le quedan viendo con doble intensión?
Ahora el que
suspira soy yo. Esto me ha dado vueltas los últimos días.
¿En que se ha
convertido Arlet?
Decido dejar de
pensar en esto y me concentro en el trabajo, en la presentación, en lo que se
hablara. En que esto acabe rápido.
Cuatro horas
después nos encontramos en la camioneta, camino a casa. El entrevistador me
hizo sentir incómodo y eso me tiene molesto. Odio ese tipo de entrevistas,
largas, sin contenido, aburridas. Típicas.
Suelto un
bufido.
―Ya deja de
pensar en eso. ― Rompe Kaz el silencio.
―¿En qué?
―La entrevista,
solo te enojas más.
―Fue un maldito
idiota.
―Estoy de
acuerdo, pero déjalo ir que solo te das dolor de cabeza.
―Bien.
Trato de
despejar mi mente y veo por la ventana, es de noche, exactamente no sé qué hora
es. El camino se ve oscuro, frío, solitario. Las calles pasan a gran velocidad
y no me permite ver detalles, como quizá algún gato caminando mientras la noche
lo protege.
―Tengo hambre. ―
Digo de repente.
―Es verdad,
ahora que lo dices… Yo también.
―Pasemos a
comprar algo y llevémoslo a casa.
―¿Cómo qué?
Me pongo a pensar y
enseguida se me viene la imagen de Arlet, a ella le gusta mucho la comida latinoamericana.
Hago una pequeña sonrisa.
―Comida
latinoamericana.
―Ummm… Ya… ¿Y
dónde vamos a encontrar comida de esa a las 11:25 p.m?
―¿Tan tarde es?
―Es temprano de
hecho, hemos salido más tarde.
―Es tarde cuando
hay una invitada en casa.
―Aaah, claro…
―Llamaré a un
lugar.
Tomo mi celular
y busco a alguien que pueda cocinar algo delicioso, ser famoso tiene muchos
privilegios, y tener contactos es uno de ellos. Hago la llamada y tras un cruce
de palabras cuelgo satisfecho.
―Listo.
―Te estás
hundiendo…
―¿He?
―Nada.
Me le quedo
viendo y sus ojos me dicen que está preocupado, pero también curioso por lo que
pueda pasar. No digo nada y me quedo en silencio de nuevo. Él está igual que
yo… Preocupado pero curioso, también me siento ansioso, extraño…
Lo que pase, que
venga… No me importa lo que el destino, o quien sea me tenga preparado.
Una hora después
llegamos a casa, traemos comida, la cual huele delicioso y hace que mi hambre
crezca más. Dejo las cosas en la cocina y le pido a Kaz que ponga la mesa y me
voy a la habitación de Arlet mientras él me asesina con la mirada.
Al entrar a su espacio
personal la veo en la cama, con la lámpara de noche prendida, está con pijama y
un libro en las manos… Se quedó dormida mientras leía. Me quedo a centímetros
de ella, observándola detenidamente.
Su rostro es
hermoso, tiene lunares, son de esos lunares que se les considera sensuales… Su
cuerpo es delgado, ni mucho ni poco, sus curvas son perfectas, su respiración
tranquiliza, su olor te puede volver adicto, sus labios si se lo proponen… Y
aunque no, te pueden invitar a pecar.
Arlet es
encantadora… Una mujer fascinante.
Camino hacia
ella y acaricio su cabello, le hablo despacio para despertarla y en vez de
lograrlo solo se acomoda más lo cual me hace sonreír. Quiero dejarla descansar,
pero no la vi en todo el día… Y siento la necesidad de ver sus grandes ojos, de
escuchar su voz y tener sus preguntas sobre mi día.
Perdón por ser
egoísta.
―Despierta. ―
Hablo en voz baja. ― Traje comida.
Roso con mis
dedos su rostro para que le haga cosquillas y se despierte lo cual funciona
segundos después y sus ojos se encuentran con los míos.
Al ver esos
brillantes orbes el enojo que me quedaba se desvanece y la tranquilidad se
apodera de mí, olvido aquel mal momento en el trabajo y hasta perdono al
entrevistador.
Estoy con ella.
Sonrío. Y ella a
mí.
―Estás aquí.
Su voz se
apodera de mis oídos y ese sonido lo es todo. Asiento lentamente y la ayudo a
incorporarse.
―Perdón por
despertarte.
―Hay comida, no
importa el sueño. ― Se ríe.
―Comida
deliciosa, vamos.
La tomo de la
mano y caminamos al comedor, Kaz tiene todo listo y Arlet lo saluda, después se
disculpa por las “fachas” en la que está. Yo la veo preciosa de esta manera, en
pijama, con el cabello alborotado por haber estado en la almohada, con su
rostro al natural.
Ella como sea es
preciosa.
Solo que,
empiezo a sentir más celos… De que Kaz la vea de esta manera, de que vea sus
piernas desnudas cada que usa short, o con algún escote… Ante los pensamientos
posesivos me reprendo y pienso en otra cosa.
Maldita sea, no
puedo ser así.
―¡Esto es
delicioso!.
―¿Verdad? Lo
pedí yo, de acuerdo a mis conocimientos de comida extranjera. ― Presumo.
―Tienes gustos
deliciosos.
―No sabes
cuánto…― No puedo evitar hacer la voz ronca y pensar en cosas que no son
comida.
―¿Cómo les fue?
―Pudo haber sido
mejor. ― Contesto. ― Sin duda ese tipo no volverá a entrevistarme. ― Recuerdo
lo sucedido.
―Hyde terminando
la entrevista casi golpeaba a alguien, pero solo aventó una botella de agua. ―
Se ríe Kaz.
―¿Por qué?
―Ese tipo hacía
preguntas estúpidas.
―Él solo
entrevista, quizá las preguntas las hizo alguien más… El solo sigue órdenes y
hace su trabajo.
―Pues…― Me
encojo de hombros. ― Creo que es así.
―Y tu insultando
al pobre hombre. ― Se queja mi amigo.
―Bueno, pero él
también pudo haber cambiado algo, hacer bromas, tratar de hacerlo interesante,
yo que sé.
―Es verdad.
―Al menos ya
sabes que con él no volverás. ― Dice ella. ― El gran hyde puede escoger a los
simples mortales que puedan estar frente a él.
―Maldición. ― La
veo a los ojos. ― Eres la mejor.
―Lo sé. ― Sonríe
y me manda un beso.
Suelto un
suspiro de derrota.
El peligro ya
tomo mi mano… Y no está dispuesto a soltarme, como yo no estoy dispuesto a
dejar que me abandone.

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