Capitulo 4 Sonrisa
Arlet lleva dos semanas
aquí. Dos semanas en donde no hemos dejado de platicar, de divertirnos, de
reír… Dos semanas en donde no me he sentido asfixiado, ni he necesitado de
fiestas y alcohol para huir de la realidad.
Y se siente bien.
En estos días ella y yo
hemos hablado tanto como lo hacíamos por chat, hablamos de todo, de cualquier
cosa tanto profunda como cualquier tontería. Es tan cálida, divertida y fresca
como un rocío en primavera que me hace necesitar su compañía para no entrar en
ansiedad de sentirme solo y asfixiado.
―¡Oh, mira esto!
―¿Qué es?
―Una foto tuya
de cuando eras adolescente. ― Ella parece encantada. ― Quien diría que este
joven se convertiría en un dios.
―No es para
tanto. ― Me rio.
―Si lo es, no
olvides que soy tu fan y para nosotras lo eres.
―Gracias. ―
Suspiro. ― Pero, si mis fans supieran que me la paso en fiestas, sexo…
―Por dios. ― Se
ríe. ― Eso ya lo sabemos y aun así te amamos.
―Una cosa es
imaginar y suponer, otra confirmar.
―Es normal, ¿No
crees? Que una estrella de tu talla se la pase en fiestas, divirtiéndose de la
vida y los placeres, además en tus entrevistas lo dices.
―Es verdad. ―
Acepto. ― Pero a mí a veces no me gusta como es mi vida… Es un poco vacía.
―Te sientes así
porque quizá añores amor, no de tus padres, romanticismo.
―No… Eso no es
lo mío.
―Somos humanos,
por naturaleza nacimos con la necesidad de amar y ser amados. El amor es de
todos.
―Debo ser la
excepción.
―Es simplemente
que no has encontrado un amor tan intenso que te haga depender de ella, que te
haga adicto a tal grado de que ella sea tu aire, de que ella no pueda salir de
tu mente y la desees tanto como un adicto a su droga.
―¿Es posible
eso?. ― No puedo evitar soltar una risita.
―Al menos en los
libros sí. ― Ríe ella también.
―No lo sé… Suena
demasiado peligroso.
―Debe serlo,
pero es una etapa del ser humano.
―¿Sufrir por
amor?
―Así es.
―Mejor no hay
que enamorarnos.
―Yo no le huyo
al amor… Pero tampoco lo busco, si llega bien y sino… También. El amor se ve
mejor en los libros que en la vida real.
―Es posible.
Estamos en la
biblioteca, aquí hay muchos libros y álbumes de fotografías familiares. Ella
tiene toda mi confianza y le cuento lo que sea, le dejo ver lo que sea. Sé que
ella nunca dirá nada que me perjudique, porque sus ojos me lo dicen siempre.
Sé que ella es
una fan que conocí en algún live, a la que le di un autógrafo y me dio un
regalo… Pero, me dio tanta confianza, estaba ahí para mí en mis momentos de
soledad y depresión. Sus mensajes me confortaban aun estando a miles de kilómetros.
Ahora que la tengo a solo centímetros es mucho más cálida, es algo tangible.
―¿No tienes hoy
trabajo?
―Ummm, no
recuerdo. ― Me encojo de hombros.
―Que descuidado
eres.
―Un poco sí…
―Déjame ver,
Eiji suele anotar cosas de trabajo en esta agenda.
Arlet la toma y
la abre, hojea y lee algo, frunce el ceño y ve su reloj, quizá si haya algo de
trabajo.
―En hora y media
tienes una entrevista.
―Oh…― No digo
más.
―¿Oh?. ―
Suspira. ― Vamos, debes alistarte.
―Tengo flojera.
―Pues quítatela.
―¿Vienes conmigo?
―Si puedo sí.
―Bien.
Salimos de la
biblioteca y caminamos hacia las habitaciones, ella se va a la suya y yo a la
mía. Busco algo presentable y me cambio, mi celular comienza a vibrar y
suspiro.
―Dime.
―¿Ya estás
listo? Vamos por ti.
―Ya lo estoy.
―Milagro.
―Arlet viene con
nosotros.
―¿Estás seguro?
―¿Algún
problema?
―La prensa es
astuta.
―Que se joda la
prensa, ella viene.
―Bien, tu
ordenas.
Terminamos la
llamada y me peino un poco, me pongo mis anillos y collares y me veo al espejo,
al ver que está todo bien salgo y camino a la sala para esperarla. Mientras veo
algunas cosas en mi celular, estos días he salido mucho, soy como el guía de
Arlet, todo lo que ve le agrandan los ojos y la sonrisa, tanto así que no puedo
evitar tomarle fotos, quizá más de lo normal.
Doy un suspiro y
sonrío al ver algunas fotos graciosas de los dos, haciendo gestos divertidos.
―¿De qué te
ríes?
Arlet llega, la
veo con un pantalón rojo justo a su figura, una blusa de tirantes color blanca,
escote en forma circular… No puedo evitar verla mucho y sentir un ligero
malestar al ver tanta piel cuando va a salir.
―De las fotos
que nos tomamos en nuestro último tour.
―A ver.
Se sienta a mi
lado y me quita el celular, una sonrisa se dibuja en su rostro y yo me quedo
viendo aquel pecho, su piel es suave… La he tocado cuando nos abrazamos o
cuando me acuesto y uso su estómago de almohada. Es suave, tersa… Siempre esta
cálida… Creo que, si me vendaran los ojos y me dieran a acariciar cientos de
pieles, la reconocería de inmediato.
―Esta es la
mejor. ― Dice riendo.
―¿Cuál?
Ella me da el
celular y sonrío, es de mis favoritas… Los dos acostados en el pasto, haciendo
gestos sexys, o esa era la intención, pero los gestos salieron de todo menos
sexys.
―Nos vemos muy
bien. ― Rio.
―Oh si, tan
sexys como un árbol.
―Bueno, al menos
lo intentamos. ― Seguimos riendo.
Vuelve ella a
tomar el celular para ver las demás fotos y yo me dedico a observar sus
reacciones, Arlet es muy afectiva, cariñosa hasta el grado de a veces ser
empalagosa pero extrañamente me gusta, a veces también juega pesado y dice
cosas directas que a algunos les lastimaría, pero yo soy igual y me agrada.
Con ella se
puede hablar de cualquier tema sin importar nada, tiene una mente tan abierta
que disfruto totalmente su compañía, puedo hablarle de cualquier estupidez y
ella diría algo un más estúpido para hacerme sentir relajado… Me conoce mucho,
quizá más de lo que debería, pero no me molesta, no mientras sea ella.
Ella puede saber
todo de mí.
El claxon de un
auto suena y los dos nos levantamos del sillón, han llegado por nosotros.
Salimos de la casa y frente a la puerta esta una camioneta negra, nos subimos y
vemos aquí a Kaz, junto con Eiji, el chofer y un miembro más del staff.
―Hola Kazu. ―
Saluda ella.
―¿Cómo estás?
―Bien. ― Sonríe.
―Milagro que te
acordaste del trabajo Haido.
―Aah. ― Me
encojo de hombros. ― Arlet lo hizo.
―Debí suponerlo.
― Suspira. ― Deberás comenzarle a pagar por trabajar sin necesidad de hacerlo.
―Lo hago con
gusto. ― Contesta ella.
―¿Ves? Lo hace
con gusto. ― Me rio.
Desde que ella
está aquí me he reído mucho y se siente bien.
―No abuses de su
amabilidad.
―No lo haré,
Arlet no solo me consciente, cuando es trabajo me regaña también… Dios, todos
me regañan. ― Me hago el indignado.
―Es que eres un
niño que necesita regaños. ― Dice Kaz.
―Sí, tu staff
son tus niñeras. ― Concuerda ella.
―No me ayudes
mucho. ― Sonrío. ― ¿También eres mi niñera?
―Ummm… Quizá,
aunque suena turbio.
―¿Por qué?
―Una niñera no
puede tener sexo con el niño que está a su cargo. ― Dice riendo.
―Que turbio. ―
Acepto. ― Aunque si se puede.
―Pero no se
debe. ― Se ríe Kaz. ― Lo bueno aquí, es que él no es un niño… En edad, es un
viejo.
―Imbécil,
tenemos la misma edad. ― Ataco.
―Jamás dije lo
contrario. ― Rompe en risa.
―Idiota. ― Bufo.
― Los vampiros no somos viejos, jamás envejecemos.
―La sangre de
las chicas jóvenes te mantienen así, lo sé… Oh, Arlet, ¿Ha bebido de ti?
―Ummm, que yo
sepa no. ― Toca su cuello. ― ¿Lo has hecho?
―Quizá en
sueños. ― Bromeo.
―¿Y qué tal?
―Deliciosa.
―Es bueno
saberlo. ― Se ríe encantada.
Me gusta que sea
tan alegre, tan feliz, siempre con una sonrisa en el rostro, con cosas
ocurrentes e inteligentes que decir, llevándome la corriente, con cualquier
cosa…
Arlet… Arlet es
una mujer cautivante.
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