jueves, 26 de enero de 2017

Glass Dama



Capitulo 4 Sonrisa

Arlet lleva dos semanas aquí. Dos semanas en donde no hemos dejado de platicar, de divertirnos, de reír… Dos semanas en donde no me he sentido asfixiado, ni he necesitado de fiestas y alcohol para huir de la realidad.
Y se siente bien.
En estos días ella y yo hemos hablado tanto como lo hacíamos por chat, hablamos de todo, de cualquier cosa tanto profunda como cualquier tontería. Es tan cálida, divertida y fresca como un rocío en primavera que me hace necesitar su compañía para no entrar en ansiedad de sentirme solo y asfixiado.
―¡Oh, mira esto!
―¿Qué es?
―Una foto tuya de cuando eras adolescente. ― Ella parece encantada. ― Quien diría que este joven se convertiría en un dios.
―No es para tanto. ― Me rio.
―Si lo es, no olvides que soy tu fan y para nosotras lo eres.
―Gracias. ― Suspiro. ― Pero, si mis fans supieran que me la paso en fiestas, sexo…
―Por dios. ― Se ríe. ― Eso ya lo sabemos y aun así te amamos.
―Una cosa es imaginar y suponer, otra confirmar.
―Es normal, ¿No crees? Que una estrella de tu talla se la pase en fiestas, divirtiéndose de la vida y los placeres, además en tus entrevistas lo dices.
―Es verdad. ― Acepto. ― Pero a mí a veces no me gusta como es mi vida… Es un poco vacía.
―Te sientes así porque quizá añores amor, no de tus padres, romanticismo.
―No… Eso no es lo mío.
―Somos humanos, por naturaleza nacimos con la necesidad de amar y ser amados. El amor es de todos.
―Debo ser la excepción.
―Es simplemente que no has encontrado un amor tan intenso que te haga depender de ella, que te haga adicto a tal grado de que ella sea tu aire, de que ella no pueda salir de tu mente y la desees tanto como un adicto a su droga.
―¿Es posible eso?. ― No puedo evitar soltar una risita.
―Al menos en los libros sí. ― Ríe ella también.
―No lo sé… Suena demasiado peligroso.
―Debe serlo, pero es una etapa del ser humano.
―¿Sufrir por amor?
―Así es.
―Mejor no hay que enamorarnos.
―Yo no le huyo al amor… Pero tampoco lo busco, si llega bien y sino… También. El amor se ve mejor en los libros que en la vida real.
―Es posible.
Estamos en la biblioteca, aquí hay muchos libros y álbumes de fotografías familiares. Ella tiene toda mi confianza y le cuento lo que sea, le dejo ver lo que sea. Sé que ella nunca dirá nada que me perjudique, porque sus ojos me lo dicen siempre.
Sé que ella es una fan que conocí en algún live, a la que le di un autógrafo y me dio un regalo… Pero, me dio tanta confianza, estaba ahí para mí en mis momentos de soledad y depresión. Sus mensajes me confortaban aun estando a miles de kilómetros. Ahora que la tengo a solo centímetros es mucho más cálida, es algo tangible.
―¿No tienes hoy trabajo?
―Ummm, no recuerdo. ― Me encojo de hombros.
―Que descuidado eres.
―Un poco sí…
―Déjame ver, Eiji suele anotar cosas de trabajo en esta agenda.
Arlet la toma y la abre, hojea y lee algo, frunce el ceño y ve su reloj, quizá si haya algo de trabajo.
―En hora y media tienes una entrevista.
―Oh…― No digo más.
―¿Oh?. ― Suspira. ― Vamos, debes alistarte.
―Tengo flojera.
―Pues quítatela.
―¿Vienes conmigo?
―Si puedo sí.
―Bien.
Salimos de la biblioteca y caminamos hacia las habitaciones, ella se va a la suya y yo a la mía. Busco algo presentable y me cambio, mi celular comienza a vibrar y suspiro.
―Dime.
―¿Ya estás listo? Vamos por ti.
―Ya lo estoy.
―Milagro.
―Arlet viene con nosotros.
―¿Estás seguro?
―¿Algún problema?
―La prensa es astuta.
―Que se joda la prensa, ella viene.
―Bien, tu ordenas.
Terminamos la llamada y me peino un poco, me pongo mis anillos y collares y me veo al espejo, al ver que está todo bien salgo y camino a la sala para esperarla. Mientras veo algunas cosas en mi celular, estos días he salido mucho, soy como el guía de Arlet, todo lo que ve le agrandan los ojos y la sonrisa, tanto así que no puedo evitar tomarle fotos, quizá más de lo normal.
Doy un suspiro y sonrío al ver algunas fotos graciosas de los dos, haciendo gestos divertidos.
―¿De qué te ríes?
Arlet llega, la veo con un pantalón rojo justo a su figura, una blusa de tirantes color blanca, escote en forma circular… No puedo evitar verla mucho y sentir un ligero malestar al ver tanta piel cuando va a salir.
―De las fotos que nos tomamos en nuestro último tour.
―A ver.
Se sienta a mi lado y me quita el celular, una sonrisa se dibuja en su rostro y yo me quedo viendo aquel pecho, su piel es suave… La he tocado cuando nos abrazamos o cuando me acuesto y uso su estómago de almohada. Es suave, tersa… Siempre esta cálida… Creo que, si me vendaran los ojos y me dieran a acariciar cientos de pieles, la reconocería de inmediato.
―Esta es la mejor. ― Dice riendo.
―¿Cuál?
Ella me da el celular y sonrío, es de mis favoritas… Los dos acostados en el pasto, haciendo gestos sexys, o esa era la intención, pero los gestos salieron de todo menos sexys. 
―Nos vemos muy bien. ― Rio.
―Oh si, tan sexys como un árbol.
―Bueno, al menos lo intentamos. ― Seguimos riendo.
Vuelve ella a tomar el celular para ver las demás fotos y yo me dedico a observar sus reacciones, Arlet es muy afectiva, cariñosa hasta el grado de a veces ser empalagosa pero extrañamente me gusta, a veces también juega pesado y dice cosas directas que a algunos les lastimaría, pero yo soy igual y me agrada.
Con ella se puede hablar de cualquier tema sin importar nada, tiene una mente tan abierta que disfruto totalmente su compañía, puedo hablarle de cualquier estupidez y ella diría algo un más estúpido para hacerme sentir relajado… Me conoce mucho, quizá más de lo que debería, pero no me molesta, no mientras sea ella.
Ella puede saber todo de mí.
El claxon de un auto suena y los dos nos levantamos del sillón, han llegado por nosotros. Salimos de la casa y frente a la puerta esta una camioneta negra, nos subimos y vemos aquí a Kaz, junto con Eiji, el chofer y un miembro más del staff.
―Hola Kazu. ― Saluda ella.
―¿Cómo estás?
―Bien. ― Sonríe.
―Milagro que te acordaste del trabajo Haido.
―Aah. ― Me encojo de hombros. ― Arlet lo hizo.
―Debí suponerlo. ― Suspira. ― Deberás comenzarle a pagar por trabajar sin necesidad de hacerlo.
―Lo hago con gusto. ― Contesta ella.
―¿Ves? Lo hace con gusto. ― Me rio.
Desde que ella está aquí me he reído mucho y se siente bien.
―No abuses de su amabilidad.
―No lo haré, Arlet no solo me consciente, cuando es trabajo me regaña también… Dios, todos me regañan. ― Me hago el indignado.
―Es que eres un niño que necesita regaños. ― Dice Kaz.
―Sí, tu staff son tus niñeras. ― Concuerda ella.
―No me ayudes mucho. ― Sonrío. ― ¿También eres mi niñera?
―Ummm… Quizá, aunque suena turbio.
―¿Por qué?
―Una niñera no puede tener sexo con el niño que está a su cargo. ― Dice riendo.
―Que turbio. ― Acepto. ― Aunque si se puede.
―Pero no se debe. ― Se ríe Kaz. ― Lo bueno aquí, es que él no es un niño… En edad, es un viejo.
―Imbécil, tenemos la misma edad. ― Ataco.
―Jamás dije lo contrario. ― Rompe en risa.
―Idiota. ― Bufo. ― Los vampiros no somos viejos, jamás envejecemos.
―La sangre de las chicas jóvenes te mantienen así, lo sé… Oh, Arlet, ¿Ha bebido de ti?
―Ummm, que yo sepa no. ― Toca su cuello. ― ¿Lo has hecho?
―Quizá en sueños. ― Bromeo.
―¿Y qué tal?
―Deliciosa.
―Es bueno saberlo. ― Se ríe encantada.
Me gusta que sea tan alegre, tan feliz, siempre con una sonrisa en el rostro, con cosas ocurrentes e inteligentes que decir, llevándome la corriente, con cualquier cosa…

Arlet… Arlet es una mujer cautivante.






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