Capítulo 3 Gris
Estoy frente a la
puerta de la biblioteca, quiero recordar bien todo, cada cosa que le dije
aquella noche en que la invité a mi casa. No puedo llegar y decirle “Oye, ¿Qué
haces aquí? ¿Cómo es que tienes mi dirección?” Si está aquí claramente yo se la
di. Malditas borracheras… O quizá, no tan malditas.
Abro la puerta y entro
con tranquilidad, veo hacia el interior para verla y observo a una chica de
perfil, viendo algún libro. Al cerrar la puerta ella voltea y me sonríe
enseguida.
Me quedo aquí parado,
no sé muy bien cómo actuar.
Es la primera vez que
nos vemos en persona, quitando claro, la vez en que me dio sus regalos y le di
autógrafo. De ahí en fuera, esta es la primera vez que nos vemos físicamente,
todo había sido por medio de mensajes y a veces llamadas.
Me siento nervioso.
Tomo aire y camino
hacia ella, hago media sonrisa y ella es la primera en acercarse a mí y darme
un abrazo.
―Hola. ― Dice en
voz baja.
―Me
sorprendiste. ― Comento.
―Lo imaginé,
cuando me pediste que viniera no te dije cuando lo haría, fue inesperado así
que yo tampoco sabía cuándo estaría frente a ti.
―¿Viajaste
enseguida?
―No. ― Suspira. ―
Arregle lo de la visa y mi trabajo, después de eso salí de inmediato, pensé que
saldría más tarde.
―Pues
bienvenida.
―Gracias. ―
Observa todo. ― El chico que me recibió cuando me vio creo que pensó que era
una fan peligrosa que venía a secuestrarte o algo, me hizo muchas preguntas.
―Aah, lo
lamento… No le dije cuando llegabas, no estaba enterado.
―Está bien, fue
emocionante. ― Se ríe. ― Perdón por llegar a mitad de una fiesta.
―Oh. ― Me apeno.
― No te preocupes, no es nada.
―Puedes
regresar, aquí es muy cómodo.
―Quieres…
―No creo que sea
conveniente, debe haber muchos artistas. ― Me interrumpe.
―Entonces,
¿Prefieres descansar?
―La verdad sí,
fue un viaje largo.
―Vamos.
Salimos de la
biblioteca y caminamos hacia el pasillo de habitaciones, vamos en silencio, sus
pasos son delicados, silenciosos, su respiración es tranquila, tiene un olor
fresco y demasiado agradable para mis fosas nasales, su cabello es medio largo,
brillante y se ve suave, al igual que su piel.
―Es aquí.
Llegamos a la
habitación de invitados, entramos y sin evitarlo la observo, su personalidad en
mensajes es muy jovial, es divertida, ocurrente, fresca… Dulce y encantadora.
Al principio me hablaba con mucho respeto y timidez, pero después tomo
confianza y hablábamos como dos personas comunes, como dos amigos.
―Es enorme. ―
Sonríe. ― Esta noche caeré en coma.
―Puedes dormir
todo lo que desees, mañana no hay trabajo y estaremos aquí todo el día.
―Lo imagine, la
fiesta terminará tarde. ― Guiña un ojo y sonrío.
―Así es,
cualquier cosa estoy abajo.
―Despreocúpate y
diviértete, nos vemos mañana.
Me despido con
una sonrisa y salgo de la habitación. Regreso a la fiesta y al llegar al
ambiente ruidoso, lleno de humo de tabaco y olor a alcohol me hace sentir como
si acabara de despertar de un sueño en donde me sentí tranquilo, sin necesidad
de huir ni de dormir, en donde la soledad no estaba y lo oscuro se había vuelto
gris.
Me tumbo en el
sillón en el que estaba cuando ella llego y tomo mi copa, doy un sorbo y
suspiro.
Aquella
sensación de despertar de un sueño fue demasiado extraño.
Fue como si de
un sueño agradable despertara a la fría y estúpida realidad.
Alcohol.
Sexo.
Mujeres.
Soledad.
Prisión.
―¿Y bien?. ―
Kaz-kun me saca de mis pensamientos.
―¿Bien qué?
―La recién
llegada, ¿Quién es?
―Una amiga.
―Si si, quiero
detalles Haido, detalles.
―Ummm, la conocí
en un concierto, nos mensajeamos y ahora está aquí.
Kaz me ve con
sorpresa y seriedad pero segundos después se suelta a reír, yo también lo hago.
Así de resumido como se lo dije suena absurdo y casi imposible. Pero realmente
así fue.
―Es cierto. ― Le
digo aun riéndome.
―¿Qué?
―Sí… ¿Te
acuerdas de la chica que te comente? Con la que me mensajeaba.
―Recuerdo.
―Es ella.
―Habías omitido
lo de “la conocí en un concierto”
―Si bueno,
detalles. ― Me encojo de hombros.
―¿Y por qué
vino?
―La debí haber
invitado en alguna noche de borrachera. ― Suspiro.
―¿Y qué harás?
―¿De qué?
―Con ella.
―Ya está aquí.
No puedo correrla.
―Si quisieras lo
harías.
―Sí, pero no
quiero. ― Digo antes de pensar.
―Ummm, esto se
pondrá interesante. ― Vuelve a reír.
―No la meteré a
mi cama.
―Ni tú te lo
crees.
―Le llevo como 24
años.
―Como si te
importara la edad.
―Idiota. ― Bufo.
― Es solo una amiga.
―No estoy
diciendo que no lo sea, ¿A caso los amigos no follan? Claro que sí.
―No todos lo
hacen.
―Bien si, como
digas.
Vuelvo a bufar y
me quedo viendo a algún punto no especial, centro mis pensamientos en ese lugar
y suspiro. Ella y yo somos buenos amigos, entre nuestras charlas claro que
hablamos de sexo pero no de nosotros, de otras personas, de cosas generales.
Tomo un poco del
vino que hay en mi copa y cierro los ojos, la música retumba en mis oídos y el
olor a cigarro comienza a darme dolor de cabeza, no he tomado mucho y la fiesta
apenas empieza pero yo ya quiero irme a la cama. Cuando estoy por levantarme
siento como una mano toca mi pierna y abro los ojos, me encuentro con una mujer
delgada y atractiva, la conozco pero no recuerdo su nombre, es una de las
tantas con las que he compartido noches placenteras.
―Hola. ― Me
saluda.
Su mano recorre
mi pierna y sube poco a poco, dándome a entender lo que quiere y lo que desea.
Veo sus labios color rojo pasión y su mirada me devora. Mi cuerpo reacciona
ante sus acciones y solo me limito a levantarme del sillón y decirle con la
mirada que me siga.
Llegamos rápido
a la habitación y como si no hubiese tenido sexo en dos días me le voy encima,
la tiro a la cama y ahí la desnudo, ella deja que haga de ella lo que yo quiera
y solo me ocupo de satisfacer esta repentina necesidad.
Al final de todo
me quede hasta que la fiesta acabo, ahora estoy con el dolor de cabeza normal
después de una noche de borrachera. Maldita sea, duele.
Camino casi como
zombi por los pasillos en busca de la cocina para tomar un poco de agua, al
llegar escucho ruidos y pensando que es Kaz hablo enseguida.
―Guarda silencio
o te mato. ― Gruño.
Los ruidos se
detienen y me sorprendo, cuando digo eso normalmente me regaña o hace más ruido
así que levanto la mirada y lo primero que veo son un par de piernas delgadas,
piel tersa y cálida, subo la mirada y veo la cintura, un pequeño short color
rosa, subo más la mirada y veo una playera de tirantes color blanco, subo más y
veo un cabello negro y alborotado. Me encuentro con sus ojos, son de sorpresa,
de pena y un poco de intimidación.
Mi cerebro
reacciona y entonces recuerdo que ella había llegado anoche, había olvidado que
tenía visitas.
―Lo siento, yo…
No quise molestarte.
―Descuida, pensé
que era Kaz. ― Me disculpo.
―¿Kaz-san está
aquí?. ― Se sorprende. ― Oh dios.
―¿Por qué?
―Es que, estoy
en pijama, me estás viendo… Y si viene Kaz también me verá, que vergüenza.
―Tranquila. ― Me
rio. ― Él estará también en pijama.
―Como tú.
Me doy cuenta
entonces que solo tengo puesta una bermuda, no tengo playera y estoy descalzo.
―Sí…― Susurro.
―Haido, pidamos
algo de comer.
Escuchamos la
voz de Kaz y ella se tapa la cara, Kaz está igual que yo, solo con bermuda.
Debemos agradecer que hoy decidimos dormir con ropa, algunas veces salimos
desnudos.
―No sabía que
estabas ocupado. ― Dice al verla. ― Hola.
―Mucho gusto,
soy Arlet.
―Perdón las
fachas. ― Se ríe Kaz y yo también.
―Estoy igual. ―
Se apena. ― ¿Tienen hambre? Estaba por cocinar algo.
―No te
preocupes, eres invitada y las visitas no…
―Me gusta
cocinar, solo esperen un momento.
Regresa a lo que
estaba haciendo antes de que llegara y Kaz y yo nos quedamos viendo, él sonríe
levemente y en voz baja me dice que la chica le agrada, asiento lentamente y
nos vamos a la sala a tumbarnos un rato.
―La cabeza me
explotara. ― Me quejo.
―La mía igual,
córtamela.
―Te quedarás sin
hijos.
―¿He?
―Si te la corto.
―Idiota, la
cabeza, ¡La cabeza de arriba!
―Aaah, no esa
tampoco, me quedaré sin ideas maravillosas si lo hago.
―Tengan.
Llega ella con
dos vasos de jugo de naranja, tostadas con mermelada y unas pastillas, las pone
en la mesita de centro y sonríe.
―Prueben eso
mientras está el desayuno.
―Gracias.
―Eres demasiado
amable Arlet. ― Kaz le sonríe.
―Es un placer
para mí.
Ella vuelve a la
cocina y los dos tomamos lo que nos dejó, es como volver a la vida, un jugo
recién hecho, unas tostadas recién salidas, calientitas y una maldita pastilla
para el dolor.
―Ser tan bien
atendido es agradable.
―No te
acostumbres.
―Solo decía.
―Es mi invitada,
no la tuya. ― Me quejo.
―Me la paso más
en tu casa que en la mía, ella también es mi invitada.
―No te pases. ―
Rio.
―¿Qué haremos
hoy?
―Estar aquí, la
idea de salir hace que me duela más la cabeza.
―Buena idea.
Dejamos los
vasos vacíos y las tostadas desaparecieron, nos volvemos a acostar en el sillón
y quedamos en silencio. Mis fosas nasales comienzan a oler un rico aroma de
comida recién hecha, mi estómago gruñe exigiendo comida y Kaz al escucharlo se
ríe.
―¡Esta listo!
Escuchamos la
delicada voz de Arlet gritar desde la cocina y como música para mi estómago
hace que me sienta feliz, tengo una sensación como de calidez, quizá de
familiaridad… No se explicar, es más, no sé qué es esta sensación.
Y da temor, pero
me agrada.
Ay, casi me perdi el capítulo D:
ResponderBorrarhjakçpw está hermoso, las narraciones de Hyde son de mis favoritas y tu sabes como hacerla real *o* ♡
Aasdfg gracias *~*
BorrarHago lo mejor posible >:c