lunes, 23 de enero de 2017

Glass Dama


Capítulo 3 Gris

Estoy frente a la puerta de la biblioteca, quiero recordar bien todo, cada cosa que le dije aquella noche en que la invité a mi casa. No puedo llegar y decirle “Oye, ¿Qué haces aquí? ¿Cómo es que tienes mi dirección?” Si está aquí claramente yo se la di. Malditas borracheras… O quizá, no tan malditas.
Abro la puerta y entro con tranquilidad, veo hacia el interior para verla y observo a una chica de perfil, viendo algún libro. Al cerrar la puerta ella voltea y me sonríe enseguida.
Me quedo aquí parado, no sé muy bien cómo actuar.
Es la primera vez que nos vemos en persona, quitando claro, la vez en que me dio sus regalos y le di autógrafo. De ahí en fuera, esta es la primera vez que nos vemos físicamente, todo había sido por medio de mensajes y a veces llamadas.
Me siento nervioso.
Tomo aire y camino hacia ella, hago media sonrisa y ella es la primera en acercarse a mí y darme un abrazo.
―Hola. ― Dice en voz baja.
―Me sorprendiste. ― Comento.
―Lo imaginé, cuando me pediste que viniera no te dije cuando lo haría, fue inesperado así que yo tampoco sabía cuándo estaría frente a ti.
―¿Viajaste enseguida?
―No. ― Suspira. ― Arregle lo de la visa y mi trabajo, después de eso salí de inmediato, pensé que saldría más tarde.
―Pues bienvenida.
―Gracias. ― Observa todo. ― El chico que me recibió cuando me vio creo que pensó que era una fan peligrosa que venía a secuestrarte o algo, me hizo muchas preguntas.
―Aah, lo lamento… No le dije cuando llegabas, no estaba enterado.
―Está bien, fue emocionante. ― Se ríe. ― Perdón por llegar a mitad de una fiesta.
―Oh. ― Me apeno. ― No te preocupes, no es nada.
―Puedes regresar, aquí es muy cómodo.
―Quieres…
―No creo que sea conveniente, debe haber muchos artistas. ― Me interrumpe.
―Entonces, ¿Prefieres descansar?
―La verdad sí, fue un viaje largo.
―Vamos.
Salimos de la biblioteca y caminamos hacia el pasillo de habitaciones, vamos en silencio, sus pasos son delicados, silenciosos, su respiración es tranquila, tiene un olor fresco y demasiado agradable para mis fosas nasales, su cabello es medio largo, brillante y se ve suave, al igual que su piel.
―Es aquí.
Llegamos a la habitación de invitados, entramos y sin evitarlo la observo, su personalidad en mensajes es muy jovial, es divertida, ocurrente, fresca… Dulce y encantadora. Al principio me hablaba con mucho respeto y timidez, pero después tomo confianza y hablábamos como dos personas comunes, como dos amigos.
―Es enorme. ― Sonríe. ― Esta noche caeré en coma.
―Puedes dormir todo lo que desees, mañana no hay trabajo y estaremos aquí todo el día.
―Lo imagine, la fiesta terminará tarde. ― Guiña un ojo y sonrío.
―Así es, cualquier cosa estoy abajo.
―Despreocúpate y diviértete, nos vemos mañana.
Me despido con una sonrisa y salgo de la habitación. Regreso a la fiesta y al llegar al ambiente ruidoso, lleno de humo de tabaco y olor a alcohol me hace sentir como si acabara de despertar de un sueño en donde me sentí tranquilo, sin necesidad de huir ni de dormir, en donde la soledad no estaba y lo oscuro se había vuelto gris.
Me tumbo en el sillón en el que estaba cuando ella llego y tomo mi copa, doy un sorbo y suspiro.
Aquella sensación de despertar de un sueño fue demasiado extraño.
Fue como si de un sueño agradable despertara a la fría y estúpida realidad.
Alcohol.
Sexo.
Mujeres.
Soledad.
Prisión.
―¿Y bien?. ― Kaz-kun me saca de mis pensamientos.
―¿Bien qué?
―La recién llegada, ¿Quién es?
―Una amiga.
―Si si, quiero detalles Haido, detalles.
―Ummm, la conocí en un concierto, nos mensajeamos y ahora está aquí.
Kaz me ve con sorpresa y seriedad pero segundos después se suelta a reír, yo también lo hago. Así de resumido como se lo dije suena absurdo y casi imposible. Pero realmente así fue.
―Es cierto. ― Le digo aun riéndome.
―¿Qué?
―Sí… ¿Te acuerdas de la chica que te comente? Con la que me mensajeaba.
―Recuerdo.
―Es ella.
―Habías omitido lo de “la conocí en un concierto”
―Si bueno, detalles. ― Me encojo de hombros.
―¿Y por qué vino?
―La debí haber invitado en alguna noche de borrachera. ― Suspiro.
―¿Y qué harás?
―¿De qué?
―Con ella.
―Ya está aquí. No puedo correrla.
―Si quisieras lo harías.
―Sí, pero no quiero. ― Digo antes de pensar.
―Ummm, esto se pondrá interesante. ― Vuelve a reír.
―No la meteré a mi cama.
―Ni tú te lo crees.
―Le llevo como 24 años.
―Como si te importara la edad.
―Idiota. ― Bufo. ― Es solo una amiga.
―No estoy diciendo que no lo sea, ¿A caso los amigos no follan? Claro que sí.
―No todos lo hacen.
―Bien si, como digas.
Vuelvo a bufar y me quedo viendo a algún punto no especial, centro mis pensamientos en ese lugar y suspiro. Ella y yo somos buenos amigos, entre nuestras charlas claro que hablamos de sexo pero no de nosotros, de otras personas, de cosas generales.
Tomo un poco del vino que hay en mi copa y cierro los ojos, la música retumba en mis oídos y el olor a cigarro comienza a darme dolor de cabeza, no he tomado mucho y la fiesta apenas empieza pero yo ya quiero irme a la cama. Cuando estoy por levantarme siento como una mano toca mi pierna y abro los ojos, me encuentro con una mujer delgada y atractiva, la conozco pero no recuerdo su nombre, es una de las tantas con las que he compartido noches placenteras.
―Hola. ― Me saluda.
Su mano recorre mi pierna y sube poco a poco, dándome a entender lo que quiere y lo que desea. Veo sus labios color rojo pasión y su mirada me devora. Mi cuerpo reacciona ante sus acciones y solo me limito a levantarme del sillón y decirle con la mirada que me siga.
Llegamos rápido a la habitación y como si no hubiese tenido sexo en dos días me le voy encima, la tiro a la cama y ahí la desnudo, ella deja que haga de ella lo que yo quiera y solo me ocupo de satisfacer esta repentina necesidad.

Al final de todo me quede hasta que la fiesta acabo, ahora estoy con el dolor de cabeza normal después de una noche de borrachera. Maldita sea, duele.
Camino casi como zombi por los pasillos en busca de la cocina para tomar un poco de agua, al llegar escucho ruidos y pensando que es Kaz hablo enseguida.
―Guarda silencio o te mato. ― Gruño.
Los ruidos se detienen y me sorprendo, cuando digo eso normalmente me regaña o hace más ruido así que levanto la mirada y lo primero que veo son un par de piernas delgadas, piel tersa y cálida, subo la mirada y veo la cintura, un pequeño short color rosa, subo más la mirada y veo una playera de tirantes color blanco, subo más y veo un cabello negro y alborotado. Me encuentro con sus ojos, son de sorpresa, de pena y un poco de intimidación.
Mi cerebro reacciona y entonces recuerdo que ella había llegado anoche, había olvidado que tenía visitas.
―Lo siento, yo… No quise molestarte.
―Descuida, pensé que era Kaz. ― Me disculpo.
―¿Kaz-san está aquí?. ― Se sorprende. ― Oh dios.
―¿Por qué?
―Es que, estoy en pijama, me estás viendo… Y si viene Kaz también me verá, que vergüenza.
―Tranquila. ― Me rio. ― Él estará también en pijama.
―Como tú.
Me doy cuenta entonces que solo tengo puesta una bermuda, no tengo playera y estoy descalzo.
―Sí…― Susurro.
―Haido, pidamos algo de comer.
Escuchamos la voz de Kaz y ella se tapa la cara, Kaz está igual que yo, solo con bermuda. Debemos agradecer que hoy decidimos dormir con ropa, algunas veces salimos desnudos.
―No sabía que estabas ocupado. ― Dice al verla. ― Hola.
―Mucho gusto, soy Arlet.
―Perdón las fachas. ― Se ríe Kaz y yo también.
―Estoy igual. ― Se apena. ― ¿Tienen hambre? Estaba por cocinar algo.
―No te preocupes, eres invitada y las visitas no…
―Me gusta cocinar, solo esperen un momento.
Regresa a lo que estaba haciendo antes de que llegara y Kaz y yo nos quedamos viendo, él sonríe levemente y en voz baja me dice que la chica le agrada, asiento lentamente y nos vamos a la sala a tumbarnos un rato.
―La cabeza me explotara. ― Me quejo.
―La mía igual, córtamela.
―Te quedarás sin hijos.
―¿He?
―Si te la corto.
―Idiota, la cabeza, ¡La cabeza de arriba!
―Aaah, no esa tampoco, me quedaré sin ideas maravillosas si lo hago.
―Tengan.
Llega ella con dos vasos de jugo de naranja, tostadas con mermelada y unas pastillas, las pone en la mesita de centro y sonríe.
―Prueben eso mientras está el desayuno.
―Gracias.
―Eres demasiado amable Arlet. ― Kaz le sonríe.
―Es un placer para mí.
Ella vuelve a la cocina y los dos tomamos lo que nos dejó, es como volver a la vida, un jugo recién hecho, unas tostadas recién salidas, calientitas y una maldita pastilla para el dolor.
―Ser tan bien atendido es agradable.
―No te acostumbres.
―Solo decía.
―Es mi invitada, no la tuya. ― Me quejo.
―Me la paso más en tu casa que en la mía, ella también es mi invitada.
―No te pases. ― Rio.
―¿Qué haremos hoy?
―Estar aquí, la idea de salir hace que me duela más la cabeza.
―Buena idea.
Dejamos los vasos vacíos y las tostadas desaparecieron, nos volvemos a acostar en el sillón y quedamos en silencio. Mis fosas nasales comienzan a oler un rico aroma de comida recién hecha, mi estómago gruñe exigiendo comida y Kaz al escucharlo se ríe.
―¡Esta listo!
Escuchamos la delicada voz de Arlet gritar desde la cocina y como música para mi estómago hace que me sienta feliz, tengo una sensación como de calidez, quizá de familiaridad… No se explicar, es más, no sé qué es esta sensación.
Y da temor, pero me agrada. 



2 comentarios:

  1. Ay, casi me perdi el capítulo D:
    hjakçpw está hermoso, las narraciones de Hyde son de mis favoritas y tu sabes como hacerla real *o* ♡

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Un abrazo ♥