jueves, 19 de enero de 2017

Glass Dama


Capítulo 2 Prisionero


Anoche fui a un bar con Kaz-kun, me ahogué en el alcohol y comencé a sentirme bien, como era de esperarse.
Ese líquido me hace sentir bien, me hace olvidar, me hace disfrutar el momento, aunque, como siempre la tortura del día siguiente no es mi favorita.
―Maldita sea. ― Me quejo.
―Te dije que tomaras algo antes de dormir.
―¿Y por qué mejor no me lo diste tú?
―No soy tu niñera Haido. ― Se ríe Kaz.
―Pues deberías.
Me levanto del sillón y camino al baño en busca de alguna pastilla, debería estar ya acostumbrado a estas crudas realidades… Aunque esto es normal, anoche de verdad perdí el control.
Tomo una pastilla y me la tomo enseguida, voy a mi habitación y me meto al baño enseguida, una buena ducha me ayudará, tanto a relajarme como a quitarme este olor a borracho.
Mientras estoy bajo el agua me pongo a recordar lo que anoche hicimos, llegamos al bar, tomamos, llegaron unas chicas, nos besamos y terminamos en la cama. No se cómo carajos se llamaba la chica que estuvo conmigo y es lo de menos, ella sabe lo que hace, me dio un buen sexo. Después de eso volvimos a tomar y fue cuando me emborraché y perdí el conocimiento.
Suelto un suspiro y salgo del baño.
Me seco un poco y sin importar mucho que las sabanas de mojen me acuesto en mi sagrada cama y me dispongo a dormir nuevamente.

A comparación de ayer, esta vez no me despertaron así que dormí bastante, la cabeza no me duele tanto solo que ahora mi estómago exige comida a como dé lugar, salgo de mi habitación con un pantalón holgado nada más y camino directo a la cocina.
Afortunadamente lo primero que veo en la barra es un recipiente con comida, mi olfato hace que mi cerebro le dé señales de vida a mi estómago y mi estómago comienza a rugir sin parar. Tomo la comida y voy a la sala a comer, me acomodo en el sillón y sin esperar un segundo me centro en la comida, alguien del staff seguramente me lo dejo, o quizá haya sido Kaz ya que estaba aquí y ahora ya no… O debe estar en la habitación donde suele quedarse cada que nos vamos de borrachera.
Como con tal deleite que en un abrir y cerrar de ojos se acaba la comida, dejo el recipiente en la mesita de centro y tomo una botella de té, la tomo mientras camino a buscar a Kaz, seguramente está durmiendo aquí todavía.
Abro la puerta de su habitación y lo veo en medio de la cama, acostado y todo destapado, solo con una de sus enormes bermudas.
Me acerco despacio y observo su rostro pacifico, Kaz siempre es tan callado frente a las cámaras que cualquiera creería que siempre es así, me gusta saber que yo conozco cada faceta suya, que lo conozco quizá más que nadie. Como él a mí.
Dejo la botella en un mueble y me aviento a la cama a propósito para despertarlo, él brinca por la sorpresa y me da una mirada asesina que me hace reír.
―Kaz-kun, despierta.
―¿Qué crees que acabas de hacer?
―¿Funciono?
―Me cayó un hobit encima, claro que funciono.
―Oye, no seas malo. ― Suspiro. ― Hieres mis sentimientos.
―Sí sí, rey del drama.
―Gracias por la comida.
―De nada, conociéndote sabía que cuando despertaras necesitarías comer, no quise arriesgarme a que me comieras a mí.
―Que atrevido. ― Me rio.
―¿He?
―Quieres que te coma. ― Continúo riendo y él segundos después capta.
―Idiota, comer de caníbal, no de depredador sexual.
―Es más rico de depredador sexual.
―Lo debí suponer. ― Se ríe.
―Vayamos de nuevo al bar.
―Estás loco, anoche nos excedimos.
―¿Y qué?
―No y ya, además me dijeron que no te dejara salir de casa, anoche unos reporteros vieron algo raro y no quieren dar más puntos para hablar.
―Quiero salir.
―No Haido.
―No puedo estar aquí encerrado.
Me levanto de la cama y lo veo serio, no me gusta sentirme prisionero en mi propia casa, odio cuando me dicen que no puedo salir, cuando me prohíben salida… ¿Qué tan lejos estoy de ser un preso? Realmente lo soy, solo que en una enorme casa llena de lujos y no en una pequeña celda de bajo nivel.
―No empieces.
―Kaz-kun… Debo salir, me siento asfixiado.
Él suspira y asiente, es el único que entiende como me siento y aunque no está de acuerdo con algunas de mis cosas siempre me apoya, también me regaña y discutimos, pero siempre regresamos a los mejores amigos que somos.
―No podemos salir, hagamos algo aquí.
―Pero…
―Llamemos a algunos amigos, alcohol hay de sobra, vendrán mujeres, ¿Algo más?
―Bien. ― Bufo no muy de acuerdo.
Salgo de la habitación y camino a la mía, tomo mi celular y comienzo a invitar a mis amigos y a pedirles que busquen buena compañía, quiero distraerme, no sentirme sofocado ni prisionero, quiero sentirme libre, como algún día lo fui.

Es de noche, quizá media noche, el alcohol ya está en mi sangre y me siento bien, la reunión es interesante, aunque ya muchos están ahogados en alcohol.
Tomo la mano de la chica que tengo como compañía y la llevo a mi habitación, es hora de tener sexo porque más tarde estaré repleto de alcohol y eso me impedirá tener placer de este tipo.
Cierro la puerta de mi cuarto y enseguida tomo a la mujer, ella se deja como muñeca de trapo, tomo su barbilla y la veo a los ojos directamente lo cual la hace quedar como hipnotizada, o al menos sin habla. Sonrío por dentro y la beso, el beso es fuerte, salvaje, beso justo para saciar el placer carnal.
Ella baja una de sus manos y toca mi entrepierna la cual esta despierta desde hace un rato, me desabrocha el pantalón y lo baja junto con el bóxer, me ve a los ojos y se arrodilla. Le doy una pequeña sonrisa y comienza lo suyo.
En lo personal, sentir una lengua lamiéndome, una boca chupándome, unos labios acariciarme… Es de mis momentos favoritos, una felación.
Lo disfruto mucho, esas caricias húmedas y suaves, la lengua pasear por mi falo, unas manos jugueteando con mis testículos, unos dientes rosar levemente mi carne, la boca succionando y dependiendo de la mujer, mi punta tocando su garganta.
Es algo esencial para mi cuerpo.
La mujer que esta arrodillada frente a mí me ve a los ojos, es la famosa “mirada de amor” como algunos le llaman, a mí me da risa pues he tenido millones de veces ese tipo de mirada y no es algo respecto al amor.
Veo como la mujer me disfruta, me saborea y tomo su cabeza para marcar mi propio ritmo, ella sumisa toma mi cadera y deja que yo me mueva. Lo hago y me centro en mi placer, es algo tan rico que me hace sentir ligero.
Segundos después me alejo de su boca y ella entiende que debe levantarse, se quita la ropa ella sola y desnuda se acuesta en la cama, yo me quito por completo el pantalón y la playera, mientras veo como ella abre sus piernas para mí.
Tomo un condón y viendo aquellas piernas abiertas me lo pongo, estoy tan duro que comienza a doler y no puedo esperar más.
Entro en ella.
Ella gime enseguida.
Me clava sus uñas.
Muerde mi oreja.
Pone sus piernas alrededor de mi cintura.
Gime más, a cada segundo.
Envisto una y otra vez, nos ahogamos en el placer carnal, en las sensaciones que nos provocamos, la acomodo en otra posición, y en otra, en muchas formas. Ella se deja hacer, ella pide más, ella no quiere que termine, su cuerpo ama el placer que le doy y no quiere dejarlo ir, mi cuerpo experimenta un placer exquisito que no quiere parar, mi mente esta absorta de sensaciones, de placer, de pequeños choques eléctricos, de calor y adrenalina.
―Mmmgh… Por dios, sigue…
La mujer grita, yo no evito gemir, disfruto de su cuerpo, ella del mío, disfruto de su interior, ella de mi intromisión.
Hasta que nos dejamos ir.
Terminamos sudados, cansados, extasiados y saciados.
Sí, esto es lo que me gusta, esto es lo que disfruto. El placer carnal, el sexo, nada más que esto.
Nos quedamos en la cama por pocos minutos, solo recargando energías, soy el primero en levantarse y vestirse, ella entiende que es tiempo de irnos y se levanta. Salimos de mi habitación y regresamos a la fiesta, cada quien toma su camino, yo me siento al lado de Kaz y tomo una copa de vino.
―¿Ahora si a embriagarte?
―Sí, ahora sí. ― Sonrío satisfecho.
―Hyde-san. ― Llega Eiji a nosotros.
―¿Qué es?
―Acaba de llegar una amiga suya.
―¿Amiga mía?
―Eso dijo ella… ¿Le niego la entrada?
―¿Cómo se llama?
―Arlet Remart.
Ese nombre enseguida llega a mi memoria y me quedo callado, sin decir ni hacer nada.
Ella es una fan que conocí hace tiempo en una de mis tantas giras.
Yo iba bajando de la camioneta, habían como ocho fans, les firme y me tome foto con ellos, ella me había regalado una cajita adornada por sus manos, me acuerdo que me había gustado mucho esa originalidad, entre a mi camerino y abrí su regalo, eran unos chocolates deliciosos que me comí enseguida, un collar de oro con alguna piedra roja preciosa y una carta en donde me expresaba todo su amor y gratitud, también me había dejado su correo y numero de celular.
Me habían gustado tantos esos chocolates que fue un pretexto para hablarle y agradecerle por eso y claro, preguntarle por la marca de aquellos dulces, mi intención en ese momento creo que solo había sido realmente eso, agradecer y preguntar pero en algún momento del camino comenzamos a chatear, diario.
Ella me había comenzado a llamar mucho la atención, su personalidad me encanto… Me encanta.
Ahora creo que alguna noche de borrachera de la semana pasada le hable y le pedí que viniera a hacerme compañía, habrá sido una noche en la que estaba tan solo que no soporte… Y ella realmente está aquí.
―Hazla pasar. ― Reacciono. ― Pásala a la biblioteca, aquí hay mucho ruido.
―Como ordene.
Eiji se va y yo me levanto del sillón, dejo la copa y veo mi atuendo, no estoy tan fachoso, Kaz me ve extrañado pero no pregunta nada. Suelto un suspiro y camino para encontrarme con ella.
Por alguna razón, estoy emocionado por su llegada.

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