Capítulo 2 Prisionero
Anoche fui a un
bar con Kaz-kun, me ahogué en el alcohol y comencé a sentirme bien, como era de
esperarse.
Ese líquido me
hace sentir bien, me hace olvidar, me hace disfrutar el momento, aunque, como
siempre la tortura del día siguiente no es mi favorita.
―Maldita sea. ―
Me quejo.
―Te dije que
tomaras algo antes de dormir.
―¿Y por qué
mejor no me lo diste tú?
―No soy tu
niñera Haido. ― Se ríe Kaz.
―Pues deberías.
Me levanto del
sillón y camino al baño en busca de alguna pastilla, debería estar ya
acostumbrado a estas crudas realidades… Aunque esto es normal, anoche de verdad
perdí el control.
Tomo una
pastilla y me la tomo enseguida, voy a mi habitación y me meto al baño
enseguida, una buena ducha me ayudará, tanto a relajarme como a quitarme este
olor a borracho.
Mientras estoy
bajo el agua me pongo a recordar lo que anoche hicimos, llegamos al bar,
tomamos, llegaron unas chicas, nos besamos y terminamos en la cama. No se cómo
carajos se llamaba la chica que estuvo conmigo y es lo de menos, ella sabe lo
que hace, me dio un buen sexo. Después de eso volvimos a tomar y fue cuando me
emborraché y perdí el conocimiento.
Suelto un
suspiro y salgo del baño.
Me seco un poco
y sin importar mucho que las sabanas de mojen me acuesto en mi sagrada cama y
me dispongo a dormir nuevamente.
A comparación de
ayer, esta vez no me despertaron así que dormí bastante, la cabeza no me duele
tanto solo que ahora mi estómago exige comida a como dé lugar, salgo de mi
habitación con un pantalón holgado nada más y camino directo a la cocina.
Afortunadamente
lo primero que veo en la barra es un recipiente con comida, mi olfato hace que
mi cerebro le dé señales de vida a mi estómago y mi estómago comienza a rugir
sin parar. Tomo la comida y voy a la sala a comer, me acomodo en el sillón y
sin esperar un segundo me centro en la comida, alguien del staff seguramente me
lo dejo, o quizá haya sido Kaz ya que estaba aquí y ahora ya no… O debe estar
en la habitación donde suele quedarse cada que nos vamos de borrachera.
Como con tal
deleite que en un abrir y cerrar de ojos se acaba la comida, dejo el recipiente
en la mesita de centro y tomo una botella de té, la tomo mientras camino a
buscar a Kaz, seguramente está durmiendo aquí todavía.
Abro la puerta
de su habitación y lo veo en medio de la cama, acostado y todo destapado, solo
con una de sus enormes bermudas.
Me acerco
despacio y observo su rostro pacifico, Kaz siempre es tan callado frente a las
cámaras que cualquiera creería que siempre es así, me gusta saber que yo
conozco cada faceta suya, que lo conozco quizá más que nadie. Como él a mí.
Dejo la botella
en un mueble y me aviento a la cama a propósito para despertarlo, él brinca por
la sorpresa y me da una mirada asesina que me hace reír.
―Kaz-kun,
despierta.
―¿Qué crees que
acabas de hacer?
―¿Funciono?
―Me cayó un
hobit encima, claro que funciono.
―Oye, no seas
malo. ― Suspiro. ― Hieres mis sentimientos.
―Sí sí, rey del
drama.
―Gracias por la
comida.
―De nada,
conociéndote sabía que cuando despertaras necesitarías comer, no quise
arriesgarme a que me comieras a mí.
―Que atrevido. ―
Me rio.
―¿He?
―Quieres que te
coma. ― Continúo riendo y él segundos después capta.
―Idiota, comer
de caníbal, no de depredador sexual.
―Es más rico de
depredador sexual.
―Lo debí
suponer. ― Se ríe.
―Vayamos de
nuevo al bar.
―Estás loco,
anoche nos excedimos.
―¿Y qué?
―No y ya, además
me dijeron que no te dejara salir de casa, anoche unos reporteros vieron algo
raro y no quieren dar más puntos para hablar.
―Quiero salir.
―No Haido.
―No puedo estar
aquí encerrado.
Me levanto de la
cama y lo veo serio, no me gusta sentirme prisionero en mi propia casa, odio
cuando me dicen que no puedo salir, cuando me prohíben salida… ¿Qué tan lejos
estoy de ser un preso? Realmente lo soy, solo que en una enorme casa llena de
lujos y no en una pequeña celda de bajo nivel.
―No empieces.
―Kaz-kun… Debo
salir, me siento asfixiado.
Él suspira y
asiente, es el único que entiende como me siento y aunque no está de acuerdo
con algunas de mis cosas siempre me apoya, también me regaña y discutimos, pero
siempre regresamos a los mejores amigos que somos.
―No podemos
salir, hagamos algo aquí.
―Pero…
―Llamemos a
algunos amigos, alcohol hay de sobra, vendrán mujeres, ¿Algo más?
―Bien. ― Bufo no
muy de acuerdo.
Salgo de la
habitación y camino a la mía, tomo mi celular y comienzo a invitar a mis amigos
y a pedirles que busquen buena compañía, quiero distraerme, no sentirme
sofocado ni prisionero, quiero sentirme libre, como algún día lo fui.
Es de noche,
quizá media noche, el alcohol ya está en mi sangre y me siento bien, la reunión
es interesante, aunque ya muchos están ahogados en alcohol.
Tomo la mano de
la chica que tengo como compañía y la llevo a mi habitación, es hora de tener
sexo porque más tarde estaré repleto de alcohol y eso me impedirá tener placer
de este tipo.
Cierro la puerta
de mi cuarto y enseguida tomo a la mujer, ella se deja como muñeca de trapo,
tomo su barbilla y la veo a los ojos directamente lo cual la hace quedar como
hipnotizada, o al menos sin habla. Sonrío por dentro y la beso, el beso es
fuerte, salvaje, beso justo para saciar el placer carnal.
Ella baja una de
sus manos y toca mi entrepierna la cual esta despierta desde hace un rato, me
desabrocha el pantalón y lo baja junto con el bóxer, me ve a los ojos y se
arrodilla. Le doy una pequeña sonrisa y comienza lo suyo.
En lo personal,
sentir una lengua lamiéndome, una boca chupándome, unos labios acariciarme… Es
de mis momentos favoritos, una felación.
Lo disfruto
mucho, esas caricias húmedas y suaves, la lengua pasear por mi falo, unas manos
jugueteando con mis testículos, unos dientes rosar levemente mi carne, la boca
succionando y dependiendo de la mujer, mi punta tocando su garganta.
Es algo esencial
para mi cuerpo.
La mujer que
esta arrodillada frente a mí me ve a los ojos, es la famosa “mirada de amor”
como algunos le llaman, a mí me da risa pues he tenido millones de veces ese
tipo de mirada y no es algo respecto al amor.
Veo como la
mujer me disfruta, me saborea y tomo su cabeza para marcar mi propio ritmo,
ella sumisa toma mi cadera y deja que yo me mueva. Lo hago y me centro en mi
placer, es algo tan rico que me hace sentir ligero.
Segundos después
me alejo de su boca y ella entiende que debe levantarse, se quita la ropa ella
sola y desnuda se acuesta en la cama, yo me quito por completo el pantalón y la
playera, mientras veo como ella abre sus piernas para mí.
Tomo un condón y
viendo aquellas piernas abiertas me lo pongo, estoy tan duro que comienza a
doler y no puedo esperar más.
Entro en ella.
Ella gime
enseguida.
Me clava sus
uñas.
Muerde mi oreja.
Pone sus piernas
alrededor de mi cintura.
Gime más, a cada
segundo.
Envisto una y
otra vez, nos ahogamos en el placer carnal, en las sensaciones que nos
provocamos, la acomodo en otra posición, y en otra, en muchas formas. Ella se
deja hacer, ella pide más, ella no quiere que termine, su cuerpo ama el placer
que le doy y no quiere dejarlo ir, mi cuerpo experimenta un placer exquisito
que no quiere parar, mi mente esta absorta de sensaciones, de placer, de
pequeños choques eléctricos, de calor y adrenalina.
―Mmmgh… Por
dios, sigue…
La mujer grita,
yo no evito gemir, disfruto de su cuerpo, ella del mío, disfruto de su
interior, ella de mi intromisión.
Hasta que nos
dejamos ir.
Terminamos
sudados, cansados, extasiados y saciados.
Sí, esto es lo
que me gusta, esto es lo que disfruto. El placer carnal, el sexo, nada más que
esto.
Nos quedamos en
la cama por pocos minutos, solo recargando energías, soy el primero en
levantarse y vestirse, ella entiende que es tiempo de irnos y se levanta.
Salimos de mi habitación y regresamos a la fiesta, cada quien toma su camino,
yo me siento al lado de Kaz y tomo una copa de vino.
―¿Ahora si a embriagarte?
―Sí, ahora sí. ―
Sonrío satisfecho.
―Hyde-san. ―
Llega Eiji a nosotros.
―¿Qué es?
―Acaba de llegar
una amiga suya.
―¿Amiga mía?
―Eso dijo ella…
¿Le niego la entrada?
―¿Cómo se llama?
―Arlet Remart.
Ese nombre
enseguida llega a mi memoria y me quedo callado, sin decir ni hacer nada.
Ella es una fan
que conocí hace tiempo en una de mis tantas giras.
Yo iba bajando
de la camioneta, habían como ocho fans, les firme y me tome foto con ellos,
ella me había regalado una cajita adornada por sus manos, me acuerdo que me
había gustado mucho esa originalidad, entre a mi camerino y abrí su regalo,
eran unos chocolates deliciosos que me comí enseguida, un collar de oro con
alguna piedra roja preciosa y una carta en donde me expresaba todo su amor y
gratitud, también me había dejado su correo y numero de celular.
Me habían
gustado tantos esos chocolates que fue un pretexto para hablarle y agradecerle
por eso y claro, preguntarle por la marca de aquellos dulces, mi intención en
ese momento creo que solo había sido realmente eso, agradecer y preguntar pero
en algún momento del camino comenzamos a chatear, diario.
Ella me había
comenzado a llamar mucho la atención, su personalidad me encanto… Me encanta.
Ahora creo que
alguna noche de borrachera de la semana pasada le hable y le pedí que viniera a
hacerme compañía, habrá sido una noche en la que estaba tan solo que no soporte…
Y ella realmente está aquí.
―Hazla pasar. ―
Reacciono. ― Pásala a la biblioteca, aquí hay mucho ruido.
―Como ordene.
Eiji se va y yo
me levanto del sillón, dejo la copa y veo mi atuendo, no estoy tan fachoso, Kaz
me ve extrañado pero no pregunta nada. Suelto un suspiro y camino para
encontrarme con ella.
Por alguna
razón, estoy emocionado por su llegada.

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