Capítulo 26 Voluntad
Cuando empecé a sentir
que una fuerza invadía mi cuerpo no me pude detener, me sentí tan imponente y
feliz de ver como ese maldito viejo me veía con miedo… No me pude detener a
amenazarlo, a asustarlo.
Ahora él esta hincado,
frente a mí, viéndome con temor y pidiendo con la mirada que no le haga daño.
Cuanto quisiera hacerlo, pero eso no me corresponde a mí sino a Hideto. Por
todo el daño que le ha hecho.
―¿Qué es lo que quieres de mí?
―Verlo hecho cenizas. ― Respondo con naturalidad. ―
Pero no será ahora, puede estar tranquilo señor Akiyama.
―No ganaras nada matándome, el consejo está
totalmente en contra del Rey.
―¿Y la sociedad es solo el consejo?. ― Suspiro. ―
La sociedad son cientos, miles de vampiros que le aseguro… Le tienen lealtad a
Hideto.
―El consejo es el que decide, no el pueblo.
―Afortunadamente el consejo no le dijo nada a la
sociedad, así que esto se arreglara en silencio, sin que la imagen del Rey se
vea afectada.
―El será asesinado frente al pueblo.
Me acerco a él y el viejo retrocede, tomo sus ropas
y lo pego contra la pared, verlo tan cerca me repugna, me dan ganas de
estrangularlo, desmembrarlo… Que salga el sol y dejarlo que desaparezca.
―Los únicos que serán asesinados será el consejo. ―
Sonrío. ― Hideto seguirá en su reinado por miles de años más.
―Profano sus leyes.
―Esas leyes son estúpidas.
―¡Como te atreves maldita!
―Es la verdad. ― Me alejo de él. ― En el amor no
debe haber fronteras, seas humano, seas vampiro, seas un ángel o un demonio…
Son dos corazones que se aman.
―No en nuestra inmortalidad.
Lo veo a los ojos y estoy por decir algo cuando
escucho un fuerte golpe en la entrada, al voltear veo que el pelirrojo esta
frente a nosotros, sonriente, viéndome con tal descaro que me hace sentir
desnuda.
―Hiroto, gracias al infierno que estas aquí. ―
Habla el viejo. ― Esta maldita me tiene…
―Cállate. ― Lo interrumpe. ― Viejo de mierda,
¿Crees que ibas a salirte con la tuya?
―¿Qué? Yo no…
―No ibas a respetar nuestro trato, pensabas
quedarte con esa mujer. ― Me señala. ― Y con la fortuna del Rey, ¿Me creíste
tan estúpido?
―Estas equivocado, yo…
―Quiso violarme. ― Hablo. ― Lo intento varias
veces, me dijo que sería su mujer.
El pelirrojo ve al viejo y si no me equivoco puede
saltarle y matarlo en cualquier momento, creo que ahora el más peligroso es
Hiroto y no el viejo, pero ese pelirrojo es mucho más fuerte que yo y no creo
poder hacer mucho.
―Esa maldita miente.
―No se veía tan cobarde cuando metió sus manos bajo
mi vestido.
―Dije que a ella no la tocaran. ― Dice Hiroto en un
tono peligroso.
―Miente…
―Agradece que no te mato en este momento. ― Gruñe.
― Espero que al menos puedas hacer algo bien y asesines a mi hermanito, yo me
la llevo.
Hiroto viene hacia mí y enseguida me toma de la
cintura, pega su rostro al mío y siento su aliento tocar mi piel, sus labios
tocan mis mejillas y van en busca de mis labios. Muevo mi rostro para evitar
que me bese y hago fuerza para quitármelo de encima pero más me pega a su
cuerpo, tanto que no hay ni un centímetro de distancia.
―Desde hoy eres mía. ― Habla en mi oído. ― Tu
cuerpo y tu sangre me pertenece… Te olvidarás del Rey y solo me verás a mí,
solo te dedicarás a mí. Yo seré tu dios y me obedecerás en todo. Desde este
momento me amarás a mí.
Sus ojos me ven con tanta profundidad que siento
como si me perdiera en ellos, sus palabras resuenan en mi mente, se apoderan de
mis pensamientos y lo único que puedo pensar es en el vampiro que me tiene
agarrada. Mi cabeza comienza a doler y cierro los ojos.
Solo debo ver, amar y adorar a Hiroto.
A él le pertenece mi vida.
Él es el hombre que amo.
Mi pecho duele, me siento mareada. Mi mente está en
la oscuridad.
Amar a Hiroto.
Mi cuerpo recibe una corriente eléctrica que hace
que abra los ojos enseguida, siento un calor invadirme y enseguida empujo con
todas mis fuerzas al que me tiene agarrada, lo empujo con tal fuerza que llega
hasta el otro extremo de la habitación rompiendo la pared.
Veo a mi alrededor, Akiyama sigue aquí, sorprendido
por lo que hice, seguimos en la habitación del viejo, el pelirrojo está en el
piso.
No,
yo no le pertenezco a nadie más que no sea Hideto.
Yo
amo a Hideto.
A
él le pertenezco.
Veo a Hiroto y él me ve
con suma sorpresa, sus ojos se vuelven de nuevo peligrosos y se levanta del
piso, yo me acerco enseguida a él y lo vuelvo a aventar para que caiga. Lo tomo
del cabello y lo jalo, lo dejo boca abajo, inmovilizándolo para mi
conveniencia.
―Por más daño que quieras hacerle a Hideto no lo
lograrás. Nadie es más poderoso que él, nadie en el mundo, ¿Me oyes? Tus
poderes a su lado son tan mediocres que no funcionan, ni siquiera en mí.
―Maldita perra…― Me río.
―Tu destino está decidido, Hiroto.
―¿Y cuál es según tú?
―Muerte.
Golpeo su cabeza contra el piso y me alejo, tengo
tantas ganas de matarlo, a él, al viejo… A todo aquel que le haya hecho algún
daño a Hideto… Estas ganas de asesinar me sorprenden y me asustan un poco.
Al voltear a ver al pelirrojo me percato de que ya
no está en el piso y me alarmo, busco por la habitación cuando siento como un
cuerpo me toma por la espalda y se asegura de dejarme inmovilizada con su
propio cuerpo, me lleva a la cama y su cuerpo queda arriba del mío.
―La equivocada eres tú, por pensar que una maldita
humana convertida podría ganarme.
Dice en mi oído y siento como sus manos se aseguran
de aprisionarme con fuerza con algún material, quizá sea tela de alguna manta.
Cuando me deja amarrada me ve con una sínica sonrisa, recorre mi cuerpo de
arriba abajo, deteniéndose en algunas partes con especial atención, lame sus
labios y se acerca a mí.
Pone su rostro en mi cuello y siento como absorbe
el aroma, huele mi piel, tal vez mi sangre y enseguida lame con descaro. Me
muevo para alejarlo, pero no sirve de nada.
―Eres deliciosa. ― Me susurra. ― Tu sangre es tan
apasionada… Tu cuerpo es una tentación, tus ojos invitan al placer.
No digo nada, evito ver su mirada, evito escuchar
sus asquerosas palabras.
―La mujer del Rey siempre debe ser la más pura que
exista, la más hermosa, la más exquisita… Tu realmente lo pareces… Cosa que no
comprendo, pero a mí como impuro no me pasa nada por beber de una convertida.
Una de sus manos pasa por debajo de mi vestido y
maldigo mentalmente, estos asquerosos que no saben hacer otra cosa que no sea
tomar el cuerpo de una mujer. Resoplo y estoy por morderlo, empujarlo o algo
cuando escuchamos otro golpe en la entrada.
Hiroto se detiene y volteamos a ver que es, mi alma
se tranquiliza al ver quienes llegaron, sin querer mis ojos se llenan de agua y
en segundos Shido está conmigo desatándome y Kazuhito encargándose de Hiroto.
―Miyuki-sama, perdón…
Shido me quita los amarres de las manos y enseguida
me abrazo a él, si no hubiesen llegado seguramente no me hubiera librado de él…
No hubiera aguantado más acoso de ese tipo. Los brazos de Shido me rodean y
trata de tranquilizarme, me siento cálida y protegida.
―Con haberla tocado de la manera en que lo hiciste
firmaste tu sentencia maldito. ― Kazuhito lo tiene de rodillas, el pelirrojo está
sangrando de la boca. ― Perdón por no haber llegado antes. ― Se disculpa y le
sonrío.
―No te preocupes Kazuhito, creo que tampoco lo hice
tan mal.
Señalo al viejo Akiyama que esta arrodillado y
amarrado en una esquina, Shido y su primo sonríen con satisfacción y levantan
su pulgar como diciendo buen trabajo.
―Esa maldita es impura, no profane ninguna ley. ―
Habla Hiroto.
―Es la mujer del Rey.
―Es una impura, el Rey profano sus leyes y morirá.
―Miyuki es tan pura como nuestro Rey, ¿Acaso estas
ciego, imbécil? Ella es más pura que todos los que estamos en esta habitación
juntos.
Kazuhito lo tira al piso y le da una patada en las
costillas, sus ojos de color acre profundo se convirtieron en un color gris
peligroso, creo que jamás lo había visto enojado… Estando en ese estado luce
demasiado peligroso… Ahora entiendo porque él se encarga de la seguridad de
Hideto.
―Te mataría yo mismo pero ese placer es para el
Rey.
Deja de golpearlo y lo avienta junto con Akiyama,
viene hacia mí y me revisa, toma mis mejillas y me ve con detenimiento, me
quedo quieta, dejando que haga su trabajo… Aunque no se realmente que trabajo
es, pero dejo que me observe.
―¿No bebieron de ti verdad?
―No, pero casi.
―¿Te hicieron algún daño?. ― Ve mi vestido y vuelve
a mi mirada.
―Casi. ― Acepto. ― Pero ninguno logro nada. ― El
suspira aliviado.
―Me alegro. ― Me sonríe con mucha calidez y yo a
él.
―¿Ahora qué?. ― Pregunta Shido.
―Quiero ver a Hideto. ― Hablo. ― Por favor… Lo
necesito.
―Sí, es hora de ir por él y quitarnos a todos estos
malditos de encima.
Kazuhito se ve con un aura peligrosa, está molesto,
está decidido. Es la primera vez que lo veo así y me tiene fascinada por el
cambio, siempre lo había visto tranquilo, sin inmutarse por nada.
―Tu ve con Miyuki. ― Ordena Kazuhito. ― Heber y yo
iremos con esos malditos… Nos vemos en la entrada del consejo.
―Bien.
Shido toma mi mano y me levanto de la cama, salimos
de la habitación y caminamos despacio a la salida.
―Kazuhito luce diferente.
―Es que lo hicieron enojar. ― Se ríe Shido. ― No
conocías ese lado, ¿Verdad?
―No… Luce muy peligroso.
―Estando en ese estado lo es. ― Suspira. ― No por
nada él se encarga de la seguridad de hyde-sama, Kazuhito tiene el poder de
sentir y ver el peligro… Él ha asesinado Miyuki, asesinado por el bien de Danna-sama.
―¿Asesinado a malos?
―A los enemigos del Rey, a todo aquel que quisiera
hacerle daño… Kazuhito es el mejor peleador de nuestro pueblo, nadie puede
contra él… Tiene la fuerza de cientos de vampiros y puede aun con miles de
ellos él solo… Lo chistoso de esto es que Kazuhito no puede pelear contra el
Rey, por más que lo intente, queda sin poder frente a él.
―No me lo imagino…
―Hace muchos años él aprendió a luchar, aprendió
todo tipo de arte marcial, de defensa personal… Aprendió a usar cualquier arma…
Él solo quiso desarrollar esa habilidad porque sabía que ayudaría a su poder de
ver el peligro, desde siempre hyde-sama y él han sido unidos. Kazuhito sin
pensarlo daría la vida por él.
―Pensé que Kazuhito y tú no se querían. ― Me río. ―
Pero hablas con mucho cariño de él, tus ojos lo confirman.
―Desde que mi maestro me adopto… Yo lo he admirado
demasiado. ― Confiesa el rubio. ― Ver su manera de dar la vida por Danna-sama,
ver esa manera de matar sin pensar por proteger la vida de su Rey, ver como
esconde su lado peligroso la mayoría del tiempo y pasar desapercibido… Ver el
control que tiene de sus emociones… Me gusta molestarlo. ― Sonríe. ― Mucho la
verdad… Es fácil sacarlo de sus casillas, pero lo hago para que cambie un poco
su serio rostro.
―Hoy vi por primera vez una enorme sonrisa en su
rostro.
―¿Verdad que es una maravillosa sonrisa?. ―
Suspira. ― La he visto pocas veces en mis siglos de vida, pero cuando lo hace…
Es la sonrisa más sincera que verás siempre.
―Shido… Hablas como un enamorado. ― Me encojo de
hombros.
―Guarda mi secreto, ¿Si? ― Me guiña un ojo.
―¿He? Esp…
―He vivido con Kazuhito por siglos, demasiados
siglos… Conozco cada parte de su ser, cada gesto… Hasta el más mínimo, conozco
cada detalle de su rostro, despierto, dormido, enojado, feliz, concentrado…
Conozco todo de él Miyuki. ― Suspira. ― Jamás podría ver a nadie más que no
fuera él.
Se queda en silencio y su mirada me da a entender
que el tema queda aquí. Aprieto su mano en señal de comprensión y sonrío.
Aunque quisiera preguntarle muchas cosas más no lo haré por respeto a su
confianza y a su privacidad.
Vamos en un auto, supongo que al consejo. El rubio
ve por la ventana y su mirada es perdida, quizá esté pensando en lo que me
acaba de decir. Esa mirada es la más tierna que le he visto hasta ahora.
Me pongo a pensar también en eso, tal vez era
demasiado obvio su sentir, siempre esta con Kazuhito, siempre lo molesta,
siempre lo ve… Su mirada lo sigue. Viven juntos, cuando estuve en su mansión
ellos se la pasaban juntos en una oficina, los dos son hombres apuestos y jamás
vi una mujer a su lado, ni para beber, ni para otras necesidades. Suelto un
suspiro.
―¿La razón por la que nunca hay guardias con Hideto
es por Kazuhito?. ― Rompo el silencio.
―¿Guardias?
―Ujum… Guardaespaldas… Vampiros que cuiden de él
por algún peligro.
―Aah eso, así es, con Kazuhito es más que
suficiente para su protección, por eso siempre va a donde está el Rey.
Asiento y volvemos a quedar en silencio. Veo a
través de la ventana y observo como nos vamos acercando a la mansión del
consejo, mi cuerpo se estremece, estoy por volver a verlo.
―Vamos Miyuki-sama.
Bajamos del auto y en segundos llegan los demás,
Hiroto y Akiyama están desatados y me alarmo un poco, pero al saber lo de
Kazuhito me tranquilizo enseguida.
Entramos todos a la mansión, Shido nos guía,
pasamos de un pasillo a otro, bajamos escaleras y más escaleras. Llegamos a una
especie de sótano y todo está oscuro, el rubio prende unas lámparas de aceite y
caminamos hasta al fondo, llegamos a unos barrotes y abre enseguida, me da el
pase a mi primero y mis lágrimas salen solas al ver a Hideto, sentado junto con
Kiyoshi, su ropa está llena de sangre pero su cuerpo luce normal, sin ninguna
herida.
―Hideto…― Hablo en voz baja.
En segundos me acerco a él y lo abrazo, lo abrazo
tan fuerte que podríamos fundirnos en uno solo, en un mismo cuerpo. Sus brazos
me rodean y me siento enseguida protegida, me siento tan protegida que vuelvo a
sentir paz, paz que solo él me da.
―Te extrañe tanto…― Susurro. ― Sentí que moría.
―También estuve de esa manera mi vida…― Besa mi
frente y nos vemos a los ojos. ― Pero estamos juntos de nuevo y jamás nos
volverán a separar.
―Júramelo.
―Te lo juro Miyuki, por toda nuestra eternidad.
Toma mi barbilla y nuestros labios se unen, al
sentir ese beso siento como un calor nos invade, como una electricidad se
apodera de nuestro cuerpo y nos llenara de poder, de energía.
Al alejarnos veo los ojos de Hideto con ese color
peligroso, una mirada tan peligrosa que hasta ahora no había visto.
Toma mis manos y las besa, camina hacia adelante a
donde esta Akiyama y lo ve totalmente serio, el viejo se aterroriza y baja la
mirada.
―Tu codicia te llevo a la perdición.
―Mi Rey…
―A ti y a todos tus compañeros del consejo.
Hace una seña y veo como entra otros tres viejos,
todos llenos de sangre, golpeados… Realmente golpeados, no puedo evitar sentir
pena por ellos.
―Kiyoshi es del consejo y…
―Kiyoshi siempre me ha sido leal. ― Interrumpe
Hideto. ― Él no es la porquería que son ustedes.
―¡Maldito traidor!. ― Grita Akiyama.
―Traidores son ustedes. ― La voz de Hideto es dura.
― Serán castigados y asesinados a los rayos del sol.
―Mi Rey… Por favor, perdónenos la vida… Déjenos
huir si es necesario, pero…
―Este maldito quiso abusar de tu mujer. ― Habla
Kazuhito. ― Al igual que Hiroto.
Hideto aprieta la mandíbula y juro por el cielo que
sus ojos se volvieron aún más peligrosos, sus colmillos aparecieron y en un
abrir y cerrar de ojos esta encima de los dos mencionados, azotándolos contra
la pared, una mano con cada vampiro.
―Les advertí que si le tocaban un solo milímetro de
piel lo pagarían con todo el dolor que pueda haber.
―Por… Favor…― Akiyama está demasiado asustado.
―A esos tres enciérrenlos y llévenlos a la fosa
principal… A estos dos les tengo preparado algo mejor.
Los deja caer al piso y con una mirada le da a
Kazuhito alguna orden que acepta de inmediato. Toma a los dos que quedaron y
sin ningún esfuerzo se los lleva.
―Shido, tu ve por Eva y su padre.
―Como ordenes. ―Shido desaparece y Hideto vuelve a
tomar mi mano.
―Mi Rey, debe ir a su casa a descansar. ― Habla
Kiyoshi.
―Debemos descansar. ― Le hace una pequeña sonrisa.
― Nos vemos mañana en mi casa, hay cosas que planear.
―Recibo su orden… Señorita, mi Rey, con permiso.
Kiyoshi desaparece y me quedo sola con Hideto, el
acaricia mis manos y las besa de nuevo.
―Vamos a casa, necesito un buen baño.
Me hace reír y salimos en segundos del calabozo,
tomados de la mano… Deseando que esto acabe, que esto vuelva a la normalidad y
deseando que pueda amarlo libremente, sin ninguna estúpida ley que lo prohíba.

¡Finalmente libertad! *o* hxjgklpç
ResponderBorrarQue hermoso todo, estas escenas de acción estan maravillosas *~*
Y este enamoramiento de Shido, ni me hyabía dado cuenta xD tan tierno ♡
~Nos leemos Tsukii ♡