Capitulo 1 Tú
El calor empezaba a volver a mi cuerpo, era muy reconfortante. El saber que estaba a salvo y viviría me hacía sentir feliz. Ya sentía mis dedos, mis piernas, mis brazos. Ya sentía que mi corazón volvía a latir con normalidad.
Me muevo un poco y me acomodo nuevamente, esta cama es muy cómoda. Es grande y suave, cálida y con un delicioso aroma.
De repente mi conciencia se alarma, ¿En dónde estoy? Mi corazón late rápido por el temor, abro los ojos y me siento enseguida.
Observo todo, estoy en una habitación enorme, en verdad enorme, la cama como imaginaba es muy grande, tiene cuatro postes delicados de madera en cada esquina, con cortinas colgando, como las camas de los reyes de antes. La colcha es de una tela muy pomposa, las sabanas son de seda tal vez, son suaves, extremadamente suaves.
Salgo de la cama y veo que tengo una bata, ¿O camisón? Que llega a las rodillas, de seda blanca. Mi cabello esta suelto y seguramente alborotado, bajo un escalón, la cama está en un nivel más alto que el piso. Observo con más detalle, hay cuadros en las paredes, pinturas que parecen originales, unas son de paisajes, otras de ángeles, cuadros religiosos. Pinturas antiguas. Hay muebles repletos de libros. Todo estilo antiguo. ¿Dónde me encuentro? Camino a donde veo una puerta, al abrirla me encuentro con un enorme armario, fácil sería del tamaño de mi departamento.
Ropa masculina, repleta de ropa masculina, ya ni yo que soy mujer tengo tanto. Hay ropa de vestir, ropa casual, ropa un poco extraña para mí, zapatos, muebles llenos de collares, anillos, dijes, todo es asombroso. Salgo y camino hacia la otra puerta, es el baño. Un enorme baño, con yacusi, un baño elegante, muy elegante.
Me veo al espejo, tengo mis mejillas rosadas. Estoy de vuelta. Sonrío y me lavo la cara, quiero bañarme, quiero sentir el agua cálida recorrer mi cuerpo.
Sin pensarlo dos veces abro la llave del agua, busco una toalla y burbujas, este baño tiene hasta televisor en una esquina. Quien sea que viva aquí debe de ser una persona importante y millonaria.
Disfruto de mi baño y veo la televisión, encontré una película que había visto años atrás. Cuando me siento totalmente relajada salgo del baño, no sé dónde está mi ropa así que me puse una bata que estaba en el baño, con el cabello más o menos seco por la secadora vuelvo a la habitación.
―Me da gusto ver que se encuentra usted bien.
Una voz por demás masculina suena atrás de mí. Esa voz... Esa voz es la misma de la noche pasada. Él fue quien me rescato.
Me volteo para verlo a la cara y darle las gracias por lo que hizo por mí pero me quedo helada.
Jamás pensé que alguien fuera tan hermoso.
Esa belleza no existe.
Su piel es tersa a simple vista, blanca y pálida. Su cabello es negro como la profundidad de un pozo, sedoso y ondulado. Viste con un pantalón negro, una camisa roja y gabardina negra que llega a las rodillas. Está lleno de collares y anillos. Sus ojos son de un negro profundo y penetrante. Sus labios son rojos, contrastan con la palidez de su piel.
Estar frente a él me provoca miedo, me provoca curiosidad, me provoca temor. ¿Por qué? Debe ser por esa mirada tan fija, es como si disfrutara de mi miedo, de mi alma. Sus ojos van de mis ojos a mi cuello, de mi cuello a mis labios. El miedo que me provoca no es un miedo común, este miedo que experimento no es malo ya que no siento ningunas ganas de salir corriendo de aquí. Al contrario.
Sigo sintiéndome protegida.
―Usted... Me salvo, ¿Cierto?.― Pregunto con timidez.
―Fui yo. ¿Cómo se siente?
―Perfecta, muchas gracias por salvarme y gracias por su amabilidad, sino fuera por usted seguramente habría muerto.
―Fue cuestión de suerte, ese camino es muy poco transitado. Puedo preguntar. ¿Qué hacía ahí?
―Venia de unas vacaciones, mi auto se averió y empecé a caminar.
―Vi su auto a metros de usted.
―¿No exploto?
―¿Iba a explotar?
―Es que vi que salía gasolina.
―Fue su anticongelante, nada para que explotara.
Me ruborizo. Maldita sea. Noto en su rostro un poco de diversión. Yo suelo ruborizarme mucho y hacerlo frente a un extraño es un poco vergonzoso.
―Su auto está siendo arreglado.
―¿Habla enserio?
―Sí. Tiene algunas fallas así que tardaran en componerlo.
Él está sentado en la esquina que es la biblioteca de esta habitación, hay dos muebles llenos de libros, esquinados. Hay una mesita redonda y dos sillas. En la mesita esta una charola con dos tazas y una pequeña tetera, dos vasitos de azúcar y leche. Todo de porcelana visiblemente fina. Él sigue observándome y me apeno.
―Muchas gracias por lo de mi auto. Le pagare todo.
―No es necesario.
―Permítame hacerlo, usted ya ha hecho mucho por mí. Salvo mi vida.
―Por favor, no insista.
―Es muy amable... Por cierto, ¿Dónde estoy?
―En mi casa, para ser exactos, en mi habitación.
Mi rostro debe ser color escarlata. Llevo mi mirada a otro lado, el no deja de verme lo cual me apena aún más. En su habitación.
―Lamento las molestias que le he causado.
―No ha habido ninguna. A decir verdad, usted es la primera persona que entra hasta aquí, exactamente, hasta mi cama.
Por alguna razón, mi corazón late muy rápido. Su mirada me absorbe y entonces recuerdo que él me vio solo en ropa interior. Me sonrojo aún más.
―Traje un poco de café, acompáñeme.
Me señala la silla que esta frente a él y mis pies en automático camino hacia donde me dice. Me siento y empieza servir el café.
―¿Azúcar y leche?
―Por favor.
Sirve con delicadeza y elegancia. No hace ruido alguno con las tazas, es increíble.
―¿Puedo saber su nombre?.― Le pregunto en voz baja.
Él toma un poco de su taza y después la deja en la mesa, me ve y después de unos segundos de silencio suspira.
―Usted puede decirme Hideto.
Ese “Usted puede” me deja con curiosidad pero no pregunto más. Hago una pequeña sonrisa y asiento. Tomo de mi café y sonrío más. Soy una amante del café y este es el mejor que he probado hasta ahora.
―¿Le ha gustado?
―Es el mejor que he probado.
―Es exportado, es de mis favoritos.
Vuelvo a tomar del café, esto es de los dioses.
―¿No quiere saber cómo me llamo?
―Miyuki Kobayashi.
Me quedo helada. ¿Cómo es que sabe mi nombre? Él toma su taza, da un trago y vuelve a dejarla en la mesita.
―Tuve que revisar su bolsa, me disculpo por eso. Vi su identificación... No encontré ningún dato de alguien para llamarle.
Suelto el aire que tenía contenido. Era eso.
―No se preocupe, vivo sola así que no hay nadie a quien llamar.― El asiente en silencio.― Esto... ¿Puedo hablarle de tú? Esto de las formalidades me hace sentir un poco inquieta.
―Puede.
―Y tú también me pue...
Tocan la puerta y él ve el reloj que cuelga en una pared. Toma de nuevo su taza y con una autoritaria voz dice “pase”. Entra una señorita, joven, tal vez está en sus 25, esta uniformada, no dirige su vista a Hideto, evita verme pero sé que tiene curiosidad por mí. Se queda a un metro de nosotros y con voz nerviosa habla.
―Danna-sama, su pedido ha llegado.
Sigue sin verlo a los ojos, le habla con sumo respeto. Danna-sama... Él asiente.
―Déjenlo en la cama.
Ella con una pequeña reverencia acepta su orden y entonces veo como entran otras dos chicas, vestidas como ella. Entran con respeto, se paran frente a él y hacen reverencia. Dejan tres cajas en la cama y se retiran sin más.
Hideto se levanta y abre las cajas, observa su interior y con una seña me dice que vaya a él.
―Aquí están sus pertenencias, con su perdón, la ropa fue desechada, estaba sucia y mojada. Por eso le compre ropa nueva. Espero que sea de su agrado.
―¿Qué? Yo no...
―La dejo en su privacidad, cuando esté lista baje al comedor. Estoy seguro de que debe tener hambre.
No dejándome hablar sale de la habitación. Ahora que dijo hambre... En verdad me siento así, podría comerme cinco platos de comida.
Veo mis cosas, todo está acomodado dentro de una caja. En las otras dos hay ropa y zapatos.
Es una blusa de color azul, muy hermosa. Tal vez el grado de nivel de la ropa la hace hermosa. Un pantalón de mezclilla negro, botas, una sudadera y una chaqueta, guantes, bufanda y gorro.
Es verdad, había olvidado la nieve. Camino a la ventana y abro las cortinas, todo está de color blanco. Los copos de nieve caen libremente.
Observo más.
Creo que todo lo que veo es parte de la casa. No veo otras casas, no veo la carretera, no veo personas. Esto debe ser una mansión.
Me cambio y estando lista salgo de la habitación, hay un largo pasillo, lleno de puertas, hay un tapete rojo con filos dorados, cuadros en las paredes. Me siento como en una película de millonarios y de época. Camino poco a poco, ¿Y si me pierdo? Aún estoy asombrada de que no sienta miedo de estar aquí.
―Señorita Kobayashi. Por aquí por favor.
La señorita maid me guía y damos vuelta en una esquina para encontrarnos con unas escaleras, bajamos en silencio, ella con la mirada gacha. Yo observando todo como si de un museo se tratara.
Hay infinidad de pinturas.
Llegamos en la misma situación a un salón que a mi parecer es el comedor, una mesa larga, con cubiertos. Hay otras dos maid aquí, en silencio, como estatuas y pronto me percato de que él está aquí.
―¿La ropa es de su agrado?
―Es hermosa Hideto, gracias.
Le contesto casi al llegar a él, al momento en decir su nombre las chicas no pueden evitar posar sus ojos en mí. Me quedo quieta, sintiéndome observada y matada por tres pares de ojos. ¿Dije algo malo?
―Desayunemos.
―Claro... Por cierto, ¿En verdad esta es tu casa?
―¿Por qué lo dice?
―Bueno, parece un museo, parece una casa antigua de los reyes de antes.
―Es una mansión muy antigua, claro, he hecho renovaciones.
―¿Entonces eres alguien importante?
―¿Importante?
―Sí. Tal vez algún bisnieto de algún rey de hace años, algo así, ¿No?
―Algo así... Le mentiría si le dijera que no.
―¡Lo sabía! ¿De qué rey? Tal vez lo conozca.
―No era un rey de los que conoce. Él era un rey en su propio mundo.
―Creo que no estoy entendiendo.
Los platos llegan a nosotros y veo mi desayuno como la gloria. Doy gracias por los alimentos y empiezo a comer, él hace lo mismo pero con lentitud, más bien. Como si no quisiera comer.
―¿Le ha gustado?
―Es delicioso. Felicidades al chef... ¿Puedo saber más de su rey?
―Noto que es curiosa.
―Me emocionan esas cosas, tu estas lleno de misterio, la verdad, pareces alguien de otro mundo.
―¿Lo piensa?
―Sí. Desde tu imagen hasta tus modales. ¿Vives solo?
―En ocasiones vienen algunas personas, pero en teoría si, vivo solo.
―Vaya... Tan grande que es todo, es verdad. ¿Cómo es que me viste anoche?
―La verdad es que fue hace dos noches. Estuvo inconsciente, señorita Kobayashi.
―¿Qué? ¿Tanto?
―Su corazón estaba dándose por vencido, su cuerpo no lograba encontrar el calor, afortunadamente todo salió bien.
―¿Pude morir?
―Pudo.
―Es sorprendente.
―Le confieso que yo ya había pasado por su camino solo que no la había visto, solo había percibido su olor. Me quede inquieto y decidí volver, la segunda vez pase con más tranquilidad y vi su auto averiado, observe con detenimiento todo hasta que la encontré, pensé que estaba muerta pero su pulso en ese momento era fuerte.
―Recuerdo eso, me subiste a su auto y...― Me detengo apenada.― ¿Entonces tu ibas con los otros autos? Escuchaba que pasaban a gran velocidad.
―Si, iba con ellos.
―Tenían prisa.
―Necesitábamos llegar a un lugar... Señorita Kobayashi, ¿Me permite hacerle una pregunta?
―Dime.
―¿No siente usted miedo de estar aquí? Es un lugar desconocido y con extraños.
―La verdad no, por alguna razón me siento tranquila y segura.― Confieso apenada.
―Entonces. ¿Le gustaría quedarse unos días más? Claro, si no interfiere con sus planes, además su auto aún no está listo.
Dejo mis cubiertos y nos vemos a los ojos. Sigo sin sentir miedo, sigo sintiéndome segura y tranquila. ¿Quedarme? No es una idea que me moleste, la verdad es que mi vida es aburrida y simple, ahorita estoy de vacaciones, el trabajo no es un impedimento.
―¿Por qué me lo pides?
―Porque… Mi casa queda un poco lejos de la ciudad y estos días estará nevando mucho, será peligroso salir a carretera y porque… Es la primera vez que convivo con alguien como usted.
―¿Alguien como yo? Hideto, hay algunas cosas que no entiendo.
―Si se queda tal vez pueda entenderlas y espero en verdad, que no termine teniendo miedo.
―¿Miedo? ¿Debería?
―Todo depende de su mente y su fortaleza.
―Nuevamente, no te estoy entendiendo.
Por primera vez noto una pequeña línea dibujada en sus labios. Una sonrisa, o intento de sonrisa y por alguna razón me ruborizo mientras mi corazón late más fuerte.
―Me quedo con una condición.
―Por favor.
―Tutéame.
―¿Le molesta que le hable de usted?
―No soy tan vieja y además, mientras me hables de usted siento que no habrá confianza.
―¿Confianza?
―Sí.
―¿Quiere que confiemos entre nosotros?
―Por alguna razón... Eso quiero... Si hay confianza tal vez puedas hablarme de tu bisabuelo rey y de otras cosas. Y yo te hablare de mi vida.
―Tan llena de curiosidad… Miyuki. Solamente te dejare claro una cosa.
―¿Cuál es?
―Que oigas lo que oigas, veas lo que veas y sepas lo que sepas. Lo guardes para ti misma. Solo así podrás guardar tu seguridad y calma.
―¿Me quieres asustar?
―Solo te quiero preparada.
―Entonces, ¿La confianza sirve o no?
―La confianza solo servirá conmigo, nadie más, eso por favor. Tenlo muy claro.
―En ese caso no habrá nada que me quite la seguridad que siento contigo.
Sus labios forman una línea curva, no sé qué fue lo que paso hace un momento, no sé qué fueron esas palabras pero lo único que aseguro es lo último que dije.
Por muy extraño que suene.
Jamás me había sentido tan segura con alguien.
Y por mucho muy extraño que suene esto:
Sé que he encontrado algo que le dará el sentido a mi vida.
No sé si sea por el misterio que desprende todo esto.
O es específicamente por él.

Está muy lindo Tsukii ♡ Danna-sama es tan misterioso, tan educado, tan... hjytgçdherw
ResponderBorrarEstoy ansiosa por leer el Capítulo 2 :'')