~Capitulo 13 Suavidad~
Después de haberla visto irse con su amigo, hyde se había metido en su oficina y había tomado una botella de vino que tenía, le quedaba poco así que después tomo whisky, combinación que termino por dejarlo en pocos sentidos.
¿Por que se había puesto así? Bueno, no soportaba las imágenes de su amiga con otro, pasando la tarde con él, no soportaba imaginar que se la pasaba bien con él, que se divertía.
No soportaba imaginar que le sonreía.
Que le regalara risas.
Que le regalara sonrisas.
Miradas.
Siquiera algún rose de piel.
Solo se torturaba pero no lo podía controlar, era más fuerte que él. Era algo que no sabía muy bien como sobrellevar, había estado con muchas mujeres pero era algo muy fácil, algo que a él no se le complicaba, solo seducir a una mujer, verla, sonreír y con solo un cruce de ojos darle a entender lo que quería.
No era gran ciencia.
Veía a esas mujeres estar con otros hombres antes o después que él y no le hacía sentir ni el más mínimo sentimiento de inquietud.
Le daba igual.
Ahora que experimentaba esa inquietud con su amiga se sentía perdido.
Nunca se había sentido así.
O tal vez sí... Pero no fue siquiera un mínimo de lo que sentía en ese momento.
Ya había aceptado su enamoramiento, la pregunta desde entonces, ¿Que seguía? No sabía y eso le daba dolores de cabeza. Había empezado con una copa, después otra... Otra y sin darse cuenta termino frente al departamento de ella, reprendiéndose por haber llegado de aquella manera pero todas sus preocupaciones se habían ido cuando los había visto llegar, el tal Nagasawa lucia diferente, muy diferente, ¿O era la borrachera? Ojala fuera eso.
Lo que más le molesto fue cuando vio que ese chico le daba un regalo y ella sonriente lo tomaba, odiaba a ese chico.
Fue entonces cuando los interrumpió y hablo, vio la mirada de ella, él esperaba un saludo pero no obtuvo respuesta alguna, solo un "Descuide" del chico ese. Lo maldijo sin pudor en sus pensamientos, cuando el entrometido se fue y se quedó solo con su amiga estaba dispuesto a decirle lo que sentía, bendito fuera el alcohol que hacía que todo mundo dijera la verdad, que se sinceraran sin siquiera pensarlo demasiado.
Pero no pudo.
Todo le daba vueltas y sus palabras no salían por el mareo. Más al ver tan cerca a su amiga, tan cerca de su cuerpo, de sus labios. En ese momento solo podía pensar en besarla, en abrazarla con fuerza y sentirla suya.
Suya y de nadie más.
Pero tampoco se atrevió. Ella se dio cuenta de que él estaba tomado y sus ojos se volvieron duros, lo último de lo que se acordaba cuando se levanto fue de que ella le había dicho que entrarían a su departamento.
Ahora de madrugada, con un tremendo dolor de cabeza él se despertó y fue a la cocina por un vaso de agua, necesitaba hidratarse mucho, su cerebro se lo reprochaba con un gran dolor de cabeza. Afortunadamente en el baño encontró medicamentos para el dolor.
Al regresar a la habitación la observo con cuidado, la luz de la luna iluminaba un poco y pudo reconocer la habitación, recordó con detalle todo lo que había visto la vez en la que había estado ahí de visita. Recordó los posters, sus cosas desaparecidas, los muebles, todo.
Se acercó a la cama y vio el cuerpo de su amiga ahí, recostado, durmiendo tranquilamente, sumergida en sus sueños.
Se acostó a lado de ella y sonrió. Era la segunda vez que dormían juntos, claro, solo dormían. La primera noche el no había podido dormir mucho pues ella estaba enferma y había mostrado sin querer un poco de su piel.
Esos recuerdos aun lo atormentaban.
No dejaba de ver el rostro de su amiga, dormía tranquilamente, sus parpados caían como manta de seda en sus ojos, su nariz perfecta, sus labios hermosos, esa unión del labio inferior con el superior, esa línea que lo enloquecía. Esa respiración relajada, ese rostro angelical.
Se atrevió a acariciar un poco esa piel, acaricio sus mejillas, paso el pulgar por los labios, por sus cejas... Por su cuello. Siguió un poco más hasta llegar a la unión del pecho y el cuello. Su piel era tersa y delicada, una sensación de suavidad que temía se hiciera adicto a esa textura, que temía necesitara de ella para dormir cada noche, para sentirse relajado y sereno, para sentirse como en casa.
Esa suavidad no la había sentido nunca.
En ninguna piel, en ninguna tela, en ninguna mujer.
¿Cómo podía ser? Tal vez era que el nunca había visto con amor a una mujer, con protección, con añoranza, con necesidad...
Con anhelo.
Tal vez por eso sentía de aquella manera esa piel, solo esa piel. ¿Hasta eso cambiaba cuando uno estaba enamorado? Era algo maravilloso.
Esa chica era totalmente suave, tanto en tacto con su piel, como en su trato al hablarle, en su forma de ser, en su físico, en su persona.
Esa chica se había colado en su corazón sin siquiera permitirle entrada.
Beso su frente y se acomodó para empezar un sueño más pero sin poder evitarlo, la abrazo, fuertemente. Sintió como ella se movía pero le restó importancia, quería sentir ese cuerpo junto con el suyo y compartir un sueño hermoso.
Un calor penetrante la había despertado, ¿Que podía ser? En esos días no hacia tanto calor y su habitación era muy fresca, cuando quiso moverse algo se lo impidió.
Abrió entonces los ojos y se encontró con un rostro que solo había visto en sus sueños, en esa cercanía, en ese estado, en esa forma.
Su amigo estaba a menos de diez centímetros de ella, sus rostros estaban frente a frente, sentía su respiración rosar sus mejillas. Se movió un poco más y se dio cuenta de que estaba abrazándola, como si estuvieran en medio del mar y ella fuera la tabla de su salvación. Sus brazos estaban rodeando su cintura y sus piernas entrelazadas.
No sabía cómo tomar eso, ¿En qué momento habían tomado esa postura? No era que le molestase, solo que era mucho castigo para ella. Tenerlo tan cerca y no poder besar esos labios. No poder sentir esa piel, no poder sentir esas manos tocar su cuerpo.
Se movió de nuevo y lo único que consiguió fue un reproche de parte de su amigo, quien intensifico más su agarre.
―Quédate quieta.
―Hyde muévete.
―No quiero.
―No seas nena, muévete.
―Me desperté de madrugada con un maldito dolor de cabeza, déjame seguir durmiendo.
―Eso te pasa por tomar, merecido lo tienes.
―Quiero dormir.
―Hazlo pero déjame ir, tengo que trabajar.
―Soy el jefe, te doy el día libre.
―No pero gracias. Ahora muévete.
―Buenas noches.
―Va a venir mi gatita y te hará mal, eres alérgico.
―Solo cuando paso un determinado tiempo con ellos. Ahora guarda silencio.
Los brazos de su amigo seguían rodeándola, con fuerza. Vio que sus movimientos no servirían de nada así que se quedó quieta. El calor que desprendía el cuerpo de su amigo no le molestaba, era algo que le gustaba disfrutar, era algo que se incluía en su lista de colección privada, la calidez del cuerpo de su amigo mientras dormía, el rostro de su amigo mientras dormía, como era cuando se emborrachaba, como se sentía ser abrazada por él.
Su colección privada de fan iba incrementando y eso le hacía sentir especial.
Sin darse cuenta se quedó dormida entre los brazos de él, que extrañamente se sentían relajados al abrazarla y ella se sentía tan cálida que no le molestaría no ir a trabajar por el resto de su vida.
Pero una llamada los despertó. Era el celular de él así que no le quedo más que contestar, como si de un dolor de cortadura se tratase le dolió al alejarse de ella, quien aprovecho para levantarse e irse al baño.
―Hyde, dime que no olvidaste que hoy tenemos una entrevista...
―Tetsu... Si, lo había olvidado.
―Pues apúrate que es en tres horas.
―Aún tengo mucho tiempo.
―Tenemos que estar en hora y media en el programa.
―Llegare a tiempo.
―Está bien.
Al colgar se acostó de nuevo en la cama, había tenido un sueño tan profundo y perfecto que le costaba creer que hubiese sido real.
―Empezaba a creer que habías muerto.
Escucho a su amiga decir y la vio a los ojos, vio en ella una pequeña sonrisa y un cabello rebelde, ojos adormilados y en pijama.
Una vista hermosa.
―Sé que luzco terrible, tú tienes la culpa por no dejarme levantar.
―Luces hermosa.
―¿Recién levantada?
―Luces hermosa de cualquier manera.
―Bueno, esos cumplidos no te servirán, estoy molesta contigo.
―¿Que hice?
―Emborracharte... Y no dejarme levantar temprano.
―Eso... ¿Sabes? No recordaba que tengo una entrevista con L'Arc, debo apurarme.― Dijo el artista caminando al baño.
―Si si, no te escaparas Takarai.
Escucho la regadera y se cambió mientras tanto, ella se había dormido un poco pasada de la media noche y se había bañado, tenía planeado irse a trabajar temprano pero no había podido ser. Mientras su amigo se alistaba ella preparo algo rápido para desayunar.
Cuando su amigo se encontró con ella casi se infarta.
―¡Eso es mío!
―Umm, realmente es mío.
―Era, ahora me pertenece, quítatelo.
―¡Nunca me lo pediste!
―¡Es mío! Dame esa chaqueta.
―No, te la cambio por la que traía puesta ayer, hasta te la firme y no negaras que esta más interesante.
―¿Enserio?
―Puedes ir a ver.
―Está bien, acepto, pero pobre de ti si tomas algo más, todo es mío.
―Es mío, las fotos lo dicen.
―Desde que entraron a este departamento son mías, te aguantas.
―Entonces también soy tuyo.
Descontrol.
Eso era lo que estaba sintiendo ella en ese momento, ¿Había escuchado bien? "También soy tuyo" Esas palabras podían llevarla en ese mismo momento al hospital por un infarto pero no quería perderse esos momentos, hubiera escuchado bien o no, no le impedía soñar un poco.
Que hyde le dijera eso era una de las cosas que añoraba.
―¿He?
―Dices que lo que entro en tu departamento es tuyo; He aquí.― Le dice como si fuera muy obvio.
―Aaah, eso... Bueno, eso aplica a las cosas tuyas que tome.
―¿Entonces no aplica en mí?
―¿El que seas mío?
―Sí.
―Seria unilateral, ¿No?
―No, también tienes que ser mía.
Silencio. ¿De qué se trataba todo eso? ¿A que jugaba? ¿A que quería jugar él? ¿Que se proponía? Miles de preguntas se le cruzaban por la cabeza, pero no podía no dejar de verlo a los ojos, esos ojos desprendían un brillo especial, emoción, sentimiento... Y algo más.
―¿A que va esto?
―Natsu... Ayer me emborrache porque no podía controlar esto que siento y me aturde callarlo.
―¿Y qué es?
Vio a su amigo suspirar, tomar un largo y profundo suspiro, ya había empezado y no se detendría, después vendría el remordimiento y el reproche, solo rogaba que su amistad no se estropeara.
―Natsu... Yo...
―Me estas asustando.
―Perdóname, por favor.
―De acuerdo, ahora estoy aterrada.
Se vieron a los ojos, diciéndose todo y nada, sus ojos brillaban, se anhelaban, se exigían así mismos. Solo sus miradas se sinceraban la una con la otra, ¿Por que era tan difícil decirlo en palabras?
Ya era mucho castigo ser amigo de ella.
Ya era mucho castigo ser amiga de él.
¿Por que no confesarse y que fuera lo que el cielo quisiera? ¿Por que el valor faltaba? No les importaba sufrir, solo querían estar cerca el uno del otro, sentirse cerca, unidos, juntos.
Aunque fuera como amigos,
Pero era tonto callar.
Era estúpido callar sus sentimientos.
Así que valía la pena confesar y arrepentirse después que arrepentirse sin haberse confesado.
Tras un último suspiro él se acercó a ella y le sonrió mientras acariciaba su mejilla, la veía tan perfecta que temía quedarse sin el sentido de la vista, la sentía tan suave que temía lastimarla.
Dios, como amaba a esa mujer.
―Perdóname por no haber sabido desempeñar el papel de amigo.
―¿Qué? Hyde, no entien...
―No supe ser un amigo para ti y lo lamento.
―Ahora estoy en pánico. ¿Qué quieres decir?
―Que mi amistad llego a su fin desde hace algunas semanas, sin darme cuenta... Yo...
―¿Ya no seremos amigos?
Ella sintió como el corazón se le encogía, como su mundo se derrumbaba. Su felicidad acompañada de dolor. ¿Tan pronto acabaría ese sueño? ¿Tan pronto dejarían de ser amigos? Dolía, el pensar eso dolía.
―¿Por que?
―Natsumi; Me enamore.
―¿Y eso que tiene que ver con nosotros? Podemos seguir siendo amigos, ella lo entenderá.
Se había enamorado. Dolía aún más, ¿Quién era esa chica afortunada de su amor? Realmente la envidiaba pero no permitiría que por ese amor dejaran de ser amigos, tal vez si se volvían menos afectuosos todo saldría bien.
Natsumi vio como en el rostro de su amigo se dibujaba una sonrisa. ¿Que era tan divertido?
Él quería con todas sus fuerzas echarse para atrás, ver el temor en los ojos de su amiga lo habían puesto nervioso, ver como defendía su amistad lo estaba aterrando. ¿Y si ella prefería amistad sobre todas las cosas? Lo dañaría y no la culparía. Pero ya había empezado y no se detendría. No en ese momento.
―Espero que lo entienda.
―Puedo dejarle claro que solo somos amigos.
―Ella lo sabe.
―Entonces no veo el problema.
―El único problema es que... Natsumi, esa chica eres tú.
―No te entiendo.― Dijo ella nerviosa por lo que estaba pasando.
―Me enamore de ti... Natsumi; Estoy enamorado de ti.
―Hyde...
―No sé cuáles sean tus sentimientos pero haré lo que este en mis manos para que te enamores también… Natsumi Fujiwara, te enamoraras de mí.
Esas últimas palabras la estremecieron, su alma se regocijó al escuchar eso, al sentir esa seguridad, al ver esa mirada de amor.
Él le correspondía y no podía ser más feliz en ese momento.
Lo amaba como no podía haberse imaginado alguna vez.
―Yo te amé primero, Hideto Takarai.― Confeso en silencio.
awwwn capítulo tan hermoso ^-^ está cada vez mejor... Un gran abrazo Tsukii, estaré esperando el proximo con ansias, como siempre! ♥
ResponderBorrarOoooow, gracias!
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