-Capitulo 40-
El beso que nos dimos fue… Fugaz, lleno
de sentimientos y reencuentro, nuestros labios se reconocieron y se pedían, se
anhelaban. Nuestros cuerpos siguen encajando perfectamente, se funden en uno
solo, se aman, se adoran.
Sé que ella me sigue amando como el
primer día, lo sentí, lo supe en cuanto sus labios tocaron los míos, en cuanto
nuestros ojos se encontraron después de días.
Mi mente supo, mi corazón y razón
supieron que yo no puedo vivir ya sin ella, ella es mi mundo, mi vida. Intente
olvidarla, lo hice pero no pude, no quise. Esa pequeña niña entro en mi piel,
en mi sistema, se adueñó de mí, de mi control, de mi voluntad, ella es la única
a la que quiero, a la que anhelo con toda el alma.
Después de verla irse de la oficia me
arrepentí de dejarla ir, quería seguir besándola pero tuve una especia de enojo
cuando me dijo que había terminado con su novio, una parte de mí se alivió pero
otra se mortifico. Ella debería de seguir con una relación y olvidarme pero no
puede e hizo lo más sensato que fue terminar al chico para no jugar con él. Yo
sin en cambio sigo con Hana a pesar de que no la amo y de que sigo pensando en
Ámbar. Se supone que yo debería de actuar más maduramente pero no lo estoy
haciendo. O no lo estaba haciendo, por eso tome la mejor decisión que debí de
haber tomado desde el inicio de esto.
Terminar con Hana.
Nunca debí de iniciar algo con ella pero
el enojo, el dolor, el sufrimiento y las ganas de olvidarla pudieron más que mi
fuerza.
-Hideto, empiezas a asustarme, ¿De qué
quieres hablar?
-Hana….- Busco las palabras para no
hacerle más daño.- Desde el principio sabias que yo era un caso perdido, que
sería muy difícil que yo estuviera el mismo sentimiento que tu…
-No sigas.- Se va a la cocina, estamos
en mi departamento.- No quiero escuchar más.
-No puedes evitar esto Hana, sabias muy
bien que yo no podría corresponderte y aun así quisiste iniciar esto.
-¿A qué viene todo? ¿Ella acaso te hablo
bonito y ya vas tras sus pies? Ahora es así y ¿Después? Te volverá a dejar y
quedaras como lo estabas cuando iniciamos, Hideto, ¡Se más listo por dios!.-
Empieza a exaltarse.
-Eso es asunto mío, Hana, ¿Acaso no vez?
La amo, la sigo amando, nunca deje de amarla y eso nunca cambiara, ella es a la
que quiero a mi lado, no hagas esto más difícil.
-¿Cómo puedes estar tan obsesionado por
una niña? ¡Tiene 17! ¿Qué te puede dar? Cuando tú quieras hijos ella no querrá,
cuanto tu envejezcas ella estará en plena juventud, cuando tu no quieras salir
a fiestas ella lo deseara ¿No vez todo eso? Su relación no tiene futuro.
-Tiene 18 y todo eso no pasara porque me
encargare de que sea feliz, yo no me volveré un viejo amargado por dios, ella y
yo nos amamos y lo demás no importa, si quiere o no hijos será como ella
quiera, si quiere ir a fiestas iremos, cuando envejezca me encargare de que
ella no se preocupe por nada, ¡Nada de eso importa ahora! Hay amor, es lo único
que debe importar en una relación.
-Tú antes no creías en eso.
-Pues llego ella.- Hana creo que está a
punto de echar humo por los oídos, está furiosa y dolida, pero es lo mejor.
-¿Algo tiene que ver el que jamás me
hayas dejado entrar a tu habitación?.- Me tenso.
-¿Quieres hablar de eso?
-Qué más da un poco de dolor extra.-
Hace media sonrisa.
-En esa habitación solo ha entrado ella,
no quería que se borrara ningún recuerdo de ese espacio, no quería borrar su
nombre de ahí, el único lugar que me quedaba intacto de ella.- Resbala una lagrima
por sus mejillas y suspira.
-Entonces solo terminas conmigo y corres
a sus brazos ¿Así de fácil? ¿Y yo? ¿Mis sentimientos no cuentan?
-Siempre fui sincero contigo… Hana, fue
bueno lo que pasamos, pero no podemos seguir con algo que no tiene futuro, no
puedo seguir dañándote más.
-Eres profesor y ella alumna, puedes
meterte en problemas.
-Ya no soy su profesor y en todo caso,
dejo la docencia, no es como si me faltara el dinero que me gano como profesor ni
como si al dejar el trabajo dejara mi futuro, lo mío es estar en un hospital,
soy doctor, no docente.
-Siempre encuentras salidas cuando se
trata de ella ¿No?
-Así es.- Toma un gran suspiro.- Escuche
hace un tiempo que cuando un hombre está enamorado siempre ve por los ojos de
la mujer que quiere.
-Al menos siempre eres sincero… Hideto,
yo me enamore de ti desde que nos conocimos y cuando accediste a esta relación
me ilusione y prometí que haría que te enamorarías de mi pero, no lo logre
lamentablemente.- Hace media sonrisa.- Siempre me gusto que fueras sincero
aunque doliera, ahora dices que terminemos esto para que no sigas dañándome y
te lo agradezco, yo soy una mujer madura y se cuándo se pierde y yo aquí,
lamentablemente he perdido.- Vuele a suspirar.- Y contra una niña, dios, debo
ser un asco y verme lamentable, no seguiré con esto, no si mi rival de amores
es una jovencita, es patético mi caso.
-Hana…
-No digas nada ya Hideto y bien, regresa
con tu niña, es tu problema yo no me meteré más.
-Gracias.- Contesto aliviado.
Hana camina a la sala, toma sus cosas y
sin decir una palabra más sale de mi departamento. Me voy a mi habitación y
enseguida me meto a la cama, mañana veré a Ámbar y empezaremos de nuevo, lo
quiero, lo necesito.
A la una en donde siempre. Esto es como
si fuera nuestra primera cita, pero no lo es pero aun así estoy nervioso. Veo
mi reloj, faltan cinco minutos para la una, veo a mi alrededor, muchas personas
caminando alegremente.
-Hola.- Dulce una voz dulce atrás de mí
y volteo.
-Estas aquí.- Digo encantado, ha venido
con un precioso vestido que favorece a la perfección su figura.- ¿Vestido
nuevo?
-Si.- Me sonríe.- ¿Te gusta?
-Es perfecto.- Contesto con unas
inmensas ganas de besarla.
-¿Y qué tienes planeado?
-Lo que tú quieras, tenemos toda la
tarde.- Ella entrelaza nuestras manos y se apena un poco, sube la mirada y nos
vemos con adoración.- Pero antes, tomemos un helado.- Ella asiente y caminamos
a donde los venden, cuando los tenemos en mano vamos a una mesa, primero quiero
dejar claro algo.- Hablemos primero de lo que está pasando.
-¿Y qué está pasando?
-Esto, nosotros dos aquí, en una cita,
el beso… Ámbar...
-Te amo Hyde.- Me interrumpe.- Sigo
amándote y quiero que dejes a Hana y que regreses conmigo y si no accedes hare
de todo para que te des cuenta de que tu lugar es conmigo, lo sabes bien, lo
siento, en tus besos, me lo dicen tus ojos y…
-Ámbar…
-Y si me dices que no es verdad lo que
te digo te demostrare que si…
-Ámbar...
-Y te besare mucho para que sientas lo
que yo siento cada que te beso…
-Pequeña…
-Y si es necesario te besare frente a
Hana para que muera de celos y te termine…
-Cariño…
-Y cuando eso pase aunque suene feo me
alegrare porque…
-Termine con Hana.- Para sus palabras.-
Nunca deje de amarte.- Sus ojos me ven con dulzura y emoción.- Te amo cariño,
te necesito a mi lado y dime por favor que no me rechazaras y olvidaremos lo
que ha pasado, dime que estaremos bien desde ahora, si hay que hacer cambios
los haremos, puedo dejar de ser profesor, no volveré a pisar Jordania, tu
seguirás tus estudios y te graduaras, después trabajaras en el hospital donde
estoy y todo irá bien, mientras tanto nos veremos los fines de semana, me
encantaría que te quedaras los dos días conmigo pero con uno me conformo, tu
familia también tiene derecho a verte, como quieras que sea será, solo di que
aceptas ser mi novia de nuevo.
Nos tomamos de la mano, nos vemos con
amor, sus ojos están cristalinos, ella se para de su lugar y sentándose en mí
regazo me besa, siento que el alma, que la vida vuelve a mí y la rodeo con mis
brazos, me entrego a ese beso profundo, anhelado, la adoro como mejor se hacer,
le dejo todo de mí en cada beso, en cada mirada, en cada palabra, nos alejamos
poco a poco y sus ojos me ven con emoción.
-Acepto con una condición.- Me ve
emocionada.
-La que sea cariño.
-Que no haya un ‘terminamos’ por favor.-
De repente sus ojos se llenan de mortificación y la abrazo fuertemente.
-No habrá jamás un terminamos, lo
prometo.- Me abraza con mucha fuerza y nos quedamos así por varios minutos
hasta que tomo una decisión… Pequeña, vamos con tus padres.
-¿Qué?.- Dice confusa y alejándose un
poco del abrazo.
-Vamos con tus padres, esta vez sabrán
desde el principio lo nuestro.
-Pero… ¿Y si papá reacciona mal otra
vez? No quiero.- Me vuelve a abrazar y recuerdo cuando el señor fue a hablar
conmigo, ¿Entonces ella no lo sabe? Decido callarme eso.
-Lo tendrá que aceptar y si no quiere,
no nos quedara más que ir a escondidas, ¿Emocionante no?.- Logro hacerla reír.
-¿Estás seguro?
-Si cariño, vamos a tu casa.- Nos
levantamos y ella suspira.
-De acuerdo pero si papá se pone a la
defensiva nos vamos.
Empezamos a caminar, tomados de la mano,
en esta forma me siento aliviado, alegre, relajado. Camino de la mano de la
mujer que amo, ella es feliz conmigo y yo con ella. Los celos ahora me dominan
más, veo a muchos viéndola y no los culpo, es hermosa, suelto su mano y la
rodeo por los hombros, ¿Territorial? Bueno, tal vez un poco.
En media hora llegamos a su casa,
estamos frente a su puerta, ella se muerde los labios nerviosa y yo trato de
verme tranquilo, la última vez que vi a su hermano me insulto y golpeo, su
padre, a él lo rechace y su madre, no sé cómo estará ella conmigo.
-Vamos.- Le digo bajando del auto, voy a
su puerta y la abro.
-Vamos.- Responde nerviosa.
Llegamos a su puerta y abre con sus
llaves, indecisa entra y yo espero a que ella le hable a sus padres, no puedo
entrar así nada más. Espero un momento y ella me jala de la mano haciéndome
entrar, cuando lo hago, sus padres están parados en la sala, viéndome
fijamente, sus hermanos están aquí también, nos paramos frente a ellos, nadie
dice nada, ella aprieta mi mano, suspiro.
-Buenas tardes.- Digo primero.- Señor
Luis, Miranda.- Los saludo, la mamá me sonríe para reconfortarme, el señor me
ve serio.- He venido para hablarles directamente, esta vez lo haremos bien, sin
ocultar nada.- Tomo aire.- Amo a su hija y hemos decidido estar de nuevo
juntos, hace un rato lo hablamos y pedí venir aquí para hablarles, sé que…
-¿Se atrevió a venir a mi casa después
de que lo corrí cuando estuvo aquí?
-Papá.- Le dice Ámbar y la veo a los
ojos para que me deje hablar.
-Sí, me atreví a venir al igual que me
atrevo a decirle que me deje estar con su hija, ya no hay nada que nos lo
impida, es mayor de edad, no soy su profesor, nos amamos.- Tomo aire.- Sé que
la última vez no fui amable y lo siento mucho pero…
-La sonrisa de mi hija lo vale, no tiene
que decir más Hideto, hoy mi hija se fue como si fuera la mujer más feliz del mundo
y ahora la veo aun más, como meses atrás no y todo es por usted, si ella es
feliz yo también y no pondré más objeciones, me destruyo ver a mi hija triste y
por mi culpa, por favor quíteme ese remordimiento haciéndola feliz.- Veo a mi
pequeña y ella feliz me sonríe.
-¡Papá!.- Va a su lado y lo abraza con
fuerza, el señor ve a su hija como si fuera su propia vida y la abraza feliz.
-Aunque pobre de usted con que la haga
sufrir otra vez.- Me dice su hermano mayor.
-No te preocupes que eso no pasara.
-Me alegra verlo de vuelta Hideto.-
Miranda se acerca a mí y toma uno de mis brazos como afecto.- Por favor acepte
comer con nosotros, esta lista la comida.
Veo a mi novia y a su papá, los dos me
sonríen, el hermano también, veo a la señora quien dulcemente me ve y sonrío.
-Acepto encantado.
Respondo feliz y caminamos a la mesa,
Ámbar va con su mamá a ayudarla y yo me quedo en la mesa con sus hermanos y su
papá, el señor parece relajado y feliz.
-Disculpe señor pero, ¿No le dijo a su
hija que fue a verme?.- El niega con la cabeza.
-No, no quise, no se lo hubiera tomado
bien.- Suspira.- Gracias por los regalos que le dio, llego feliz ayer.- Sonríe,
por primera vez lo veo sonreír de felicidad.- No sabe lo aliviado que me sentí
cuando lo vi entrar por esa puerta.- Nos reímos.
-Y yo me sentí aliviado en cuanto acepto
lo nuestro, gracias señor.
-Por favor, dime Luis que no soy tan
viejo.- Nos volvemos a reír.- Y dime Hideto, no entiendo bien, ¿Estudio para
maestro y doctor?
-No, solo estudie para doctor y empecé a
impartir clases porque los doctores en cuestión de escuela de medicina son los
más indicados para impartir las materias, como es nuestra rama no es necesario
ser docente para impartir la clase, tenemos todos los conocimientos que se
necesitan, ya solo es cuestión de saber tratar a los alumnos.
-¿Lleva mucho dando clases?
-Seis años.- Sonrío.- Pero lo mío es más
estar en el hospital.
-Mi esposa me comento que trabaja en el
más conocido de la ciudad.
-Así es, soy jefe de planta.- Contesto
orgulloso.
-¡Pero si mi nuero es uno de los mejores
doctores! No cualquiera trabaja ahí.
-Es verdad, yo en cuanto me gradué
conseguí trabajo ahí por mis buenas calificaciones y por mis horas extra de
internado, después fui subiendo gracias a uno de los accionistas mayores, vio
mi potencial y hasta ahora no ha tenido quejas.
-Ni las tendrá, sabes bien lo que
quieres muchacho y ya tienes un futuro asegurado.- Asiento.
-Ahora tengo todo en la vida.- Él sonríe
al entender que hablo de su hija.
-La comida ha llegado.- Dice Ámbar y su
mamá, ponen los platos en la mesa y es hora de comer.
-Volveremos en unas horas.- Habla mi
novia, hemos terminado de comer.- He vuelto con mi novio, quiero pasar el resto
de la tarde con él.
-Pero estas con él, veamos una película aquí.-
Le dice su papá y ella niega.
-Quiero pasear con él papá, no seas
envidioso.- Nos reímos.
-La cuidare bien.- Digo apoyándola.
-De acuerdo, diviértanse.- Cede el
señor.
-¡Volvemos en unas horas!.- Me despido
con la mano prácticamente en la puerta, llegamos a mi auto y estando adentro la
veo a los ojos.
-Ahora todo es perfecto.
-Lo es cariño.- Enciendo el auto.- ¿A
dónde señorita?
-A tu departamento.- Contesta firme y la
veo sorprendido.
-Pensé haber escuchado ‘Quiero pasear’.-
Digo confundido.
-No es como si dijera frente a mis
padres que quiero estar sola con mi novio en su departamento, estrictamente en
su habitación.- Sonreímos, arranco el auto en dirección a mi departamento.
Llegamos al edificio, el señor del
elevador sonríe al ver a Ámbar y le digo que olvide lo último que le dije, ella
será la única que entrara a mi departamento de ahora en adelante y el asiente.
Entramos a mi departamento y Ámbar lo ve todo como si fuera la primera vez, ve
el sillón, ese sillón, ahora me da malos recuerdos, ella me ve y su mirada me
reprocha.
-Lo cambiare.- Digo señalándolo.
-¿Enserio lo hiciste aquí?
-Sí.- Me encojo de hombros.- Aquí porque
no quería que ella entrara en mi habitación, ese espacio sigue siendo solo tuyo
cariño.- La abrazo y ella sonríe ante mis palabras.- Y sé que no debo de
decirte esto pero… Con ella nunca fue como contigo, yo necesitaba tu cuerpo, tu
calidez, tus besos, tus caricias, con ella solo fue un cuerpo que atender, sé
que soy cruel pero así fue, contigo es el cuerpo que amo y deseo, es tu cuerpo,
eres tú, tú eres la que lo hace todo diferente
Pone sus manos en mi rostro y me besa,
me besa deliciosamente y yo correspondo con la misma intensidad, ella es todo
lo que necesito. La rodeo por la cintura y sube sus piernas a mi cadera, camino
aun besándonos a mi habitación y cierro la puerta, la acuesto en la cama y
sonrientes nos besamos, nos entregamos a los sentimientos.
-Te amo cariño.
Le digo entre nuestros labios, ella me
acaricia la espalda, besa mi cuello y muerde ligeramente, mis sentidos ya
despiertos crecen a cada segundo y empiezo a ahogar jadeos, sus manos son las
que necesito, sus labios son los que deseo. Paso mis manos por su cintura y
acaricio, ella me acerca más a su cuerpo, jadea y esa música ante mí es
perfecta.
-Te amo Hyde, te amo.
Sus palabras susurradas en mi oído me
estremecen y llegan a mi corazón como una caricia que había estado esperando de
toda la vida.
Sus manos se centran en mi camisa, la
empieza a desabrochar y toca mi piel desnuda, me estremezco, mis sentidos
llegan más y más y bajan a la zona en donde mi placer es más, aprieto mi pelvis
con la suya y los dos jadeamos, ella me quita la camisa y yo empiezo a quitarle
el vestido, su piel suave, delicada y receptiva ante mi contacto. La lleno de
besos, de caricias. Quito la sola prenda y la dejo caer, admiro sus senos unos
hermosos y perfectos senos ante mí, más grandes que antes, quito su sostén y
sin pensar chupo uno de sus pezones, ella gime y queriendo más de esos sonidos
placenteros la atiendo sin restricción, succiono, lamo, chupo, juego con mis
dientes delicadamente, su espalda se arquea para darme mejor acceso, continuo
con su otro pezón hasta dejarlo duro, sigo bajando, dejo besos en su estómago,
su vientre y beso su cadera, bajo lentamente sus pequeñas bragas y la veo a los
ojos, ella con el aliento agitado me ve sonrojada.
-Extraño como no tienes idea tu sabor
cariño.
Ella se sonroja más pero se excita de
igual manera. Tomo sus piernas y las doblo poniendo la planta de los pies en la
cama, separo sus piernas y la dejo expuesta ante mí, sonrío ante la escena.
-Hyde… Por favor.
Me pide deseosa y hago caso, me pierdo
entre sus piernas y tomando sus muslos externos con las manos me centro en su
placer, paso mi lengua por su sexo, lamo deliciosamente, arriba, abajo, abro un
poco sus labios interiores para poder acceder más fácilmente a su clítoris,
cuando llego a él ella gime de placer e intenta cerrar las piernas pero no se
lo permito, al contrario, abro un poco más para que encuentre más placer. Con
mi lengua juego su clítoris, soplo, lamo, succiono, logro levemente morder y
ella empieza a arquearse, sigo con mi tortura y ella encuentra su placer
regalándome los mejores gemidos que puedan existir, disfruto de su salinidad y
sigo con mi lengua pasando por su centro, haciendo movimientos que sé que le
gustan, jugando con ella hasta que escucho de nuevo un sonoro gemido, sonrío
ante eso y subo a su boca, la atrapo en un beso y la siento temblar levemente,
su cuerpo ha experimentado dos orgasmos seguidos después de varias semanas, es
normal que quede más exhausta.
Abre sus ojos y me ve sonriente, sin
saber cómo da la vuelta y me quedo arriba de ella, viéndome a los ojos me quita
la ropa que me quedaba y por encima de la ropa interior acaricia mi dureza y
sonríe al sentirla, dura para ella. Cierro los ojos ante las caricias que me
brinda, siento como a cada segundo mi pene crece más y se pone más duro, dios,
solo ella me pone de esta manera, Jadeo una y otra vez, ella juega con el poder
que tiene en este momento, me quita el bóxer y entonces siento su piel con la
mía, me toma con fijeza y gimo, acaricia, arriba, abajo. Atiende mis testículos
también y logra en mi sensaciones magistrales, solo lo que puedo hacer en este
momento es gemir para sacar mi placer. Siento su cálida boca en mi dureza y
gimo más, su boca me succiona, me lame, me llena de saliva y deja que yo marque
un ritmo, muevo mi cadera deliciosamente en su boca y ella con sus manos sigue
torturando. Atiende mi punta y gimo con fuerza, lo chupa, lo lame, lo besa, juega
en esa zona que es la más sensible y mis sensaciones me llevan a un orgasmo que
retengo.
-No amor, déjate llevar.
Escucho su dulce voz y abro los ojos,
ella me ve desde abajo atendiéndome, adoro que me vea cuando lo hace pero no
logro sostener tanto la mirada porque mi orgasmo llega de nuevo y dejándome ir
gimo fuerte, respiro con dificultad y la veo, sonriente y limpia, trago todo y
se sienta en mi cadera, tomando mi miembro con una mano y logrando que se
endurezca de nuevo, esto es alucinante, hacer el amor con la mujer que amas,
esto es lo único que debería de existir, suspiro ante su tortura nueva, ella
sonríe y no dispuesto a aguantar más la pongo debajo de mi pero ella sonriente
aun cierra sus piernas, veo la diversión en sus ojos y la atrapo en un beso,
ansiado, necesitado.
-Cariño…
Digo entre suspiros.
-¿Dime?
Responde juguetona entre mis labios.
-Si separas las piernas, te juro que no
lo lamentaras.
Le contesto totalmente excitado y
ansioso, ella muerde mis labios y jadea, me permite abrirle las piernas y me
acomodo para entrar, mi necesidad es grande, necesidad de ella y sus ojos me lo
dicen, la beso y entro, los dos gemimos como nunca, esto es lo que necesitaba,
esta calidez, esta estrechez, esta intimidad. Me quedo adentro de ella y la
beso una vez más.
-Dios, amor, muévete.
Sus palabras me incitan más y empiezo un
movimiento de caderas que me hacen enloquecer, los gemidos resuenan una y otra
vez en la habitación, ella sube su cadera un poco más logrando que tenga mejor
acceso, entro y salgo, ella me recibe gustosa, sus paredes me absorben, me dan
la bienvenida deliciosamente, me aprieta y siento como nos calentamos en su
interior, como mi erección crece, como estamos por llegar a nuestro orgasmo, el
baile que iniciamos es una perfecta unión, una placentera unión, entro, salgo,
siento como me quemo entre sus piernas, siento un calor invadirnos por
completo, sus pechos suben a mí porque arquea la espalda y los disfruto, ella
gime más, echa su cabeza para atrás y su cuerpo me dice que está por llegar, doy
mis intromisiones más rápidas y siento como eyaculo dentro de ella, gemimos
desenfrenadamente y quedamos acostados, recuperándonos, yo aun dentro de ella
me recupero, no quiero salir y ella tampoco quiere que salga, se mueve un poco,
sus piernas suben a mis caderas y empieza un movimiento anhelante, jadeo ante
la sensación, la veo a los ojos y me sonríe.
-He pasado mucho sin ti.
Me dice aun moviéndose y nuevamente
siento como empiezo a ponerme duro, me besa fuerte y yo correspondo.
-Cariño… Me mataras.
Sigo jadeando, mi dureza crece y crece
ante el movimiento incitante que ella hace, esto es magnífico.
-No sabes todo lo que aprendí del libro
que me diste y tengo planeado, esta tarde, ponerlo en práctica.
Sonrío
ante su comentario, no recordaba que le había dado ese libro y yo que lo
conozco al derecho y al revés, sé que esta tarde será de todo menos de
descanso, la beso, exijo sus labios, sus besos, tomo las riendas del momento y
me adueño de ella, de su cuerpo, la junto más a mi cuerpo y la disfruto, ella disfruta
de mí, disfrutamos de nosotros, de nuestro amor, recuperamos tiempo perdido y
nos dedicamos a adorarnos, la lleno de palabras de amor, de cariño, ella
responde ante mis palabras y mi corazón se llena de felicidad, mi cuerpo de
placer, mi mundo se torna ahora perfecto, ella está conmigo, nada más importa.
-Muéstreme lo que aprendió, señorita
Ámbar.
Digo divertido y en plan de profesor,
ella sonríe y con un brillo de diversión y fascinación me responde con voz que
me eriza la piel:
-Será un placer, doctor Takarai.
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