lunes, 6 de abril de 2015

Metropolis


-Capitulo 40-

El beso que nos dimos fue… Fugaz, lleno de sentimientos y reencuentro, nuestros labios se reconocieron y se pedían, se anhelaban. Nuestros cuerpos siguen encajando perfectamente, se funden en uno solo, se aman, se adoran.
Sé que ella me sigue amando como el primer día, lo sentí, lo supe en cuanto sus labios tocaron los míos, en cuanto nuestros ojos se encontraron después de días.
Mi mente supo, mi corazón y razón supieron que yo no puedo vivir ya sin ella, ella es mi mundo, mi vida. Intente olvidarla, lo hice pero no pude, no quise. Esa pequeña niña entro en mi piel, en mi sistema, se adueñó de mí, de mi control, de mi voluntad, ella es la única a la que quiero, a la que anhelo con toda el alma.
Después de verla irse de la oficia me arrepentí de dejarla ir, quería seguir besándola pero tuve una especia de enojo cuando me dijo que había terminado con su novio, una parte de mí se alivió pero otra se mortifico. Ella debería de seguir con una relación y olvidarme pero no puede e hizo lo más sensato que fue terminar al chico para no jugar con él. Yo sin en cambio sigo con Hana a pesar de que no la amo y de que sigo pensando en Ámbar. Se supone que yo debería de actuar más maduramente pero no lo estoy haciendo. O no lo estaba haciendo, por eso tome la mejor decisión que debí de haber tomado desde el inicio de esto.
Terminar con Hana.
Nunca debí de iniciar algo con ella pero el enojo, el dolor, el sufrimiento y las ganas de olvidarla pudieron más que mi fuerza.
-Hideto, empiezas a asustarme, ¿De qué quieres hablar?
-Hana….- Busco las palabras para no hacerle más daño.- Desde el principio sabias que yo era un caso perdido, que sería muy difícil que yo estuviera el mismo sentimiento que tu…
-No sigas.- Se va a la cocina, estamos en mi departamento.- No quiero escuchar más.
-No puedes evitar esto Hana, sabias muy bien que yo no podría corresponderte y aun así quisiste iniciar esto.
-¿A qué viene todo? ¿Ella acaso te hablo bonito y ya vas tras sus pies? Ahora es así y ¿Después? Te volverá a dejar y quedaras como lo estabas cuando iniciamos, Hideto, ¡Se más listo por dios!.- Empieza a exaltarse.
-Eso es asunto mío, Hana, ¿Acaso no vez? La amo, la sigo amando, nunca deje de amarla y eso nunca cambiara, ella es a la que quiero a mi lado, no hagas esto más difícil.
-¿Cómo puedes estar tan obsesionado por una niña? ¡Tiene 17! ¿Qué te puede dar? Cuando tú quieras hijos ella no querrá, cuanto tu envejezcas ella estará en plena juventud, cuando tu no quieras salir a fiestas ella lo deseara ¿No vez todo eso? Su relación no tiene futuro.
-Tiene 18 y todo eso no pasara porque me encargare de que sea feliz, yo no me volveré un viejo amargado por dios, ella y yo nos amamos y lo demás no importa, si quiere o no hijos será como ella quiera, si quiere ir a fiestas iremos, cuando envejezca me encargare de que ella no se preocupe por nada, ¡Nada de eso importa ahora! Hay amor, es lo único que debe importar en una relación.
-Tú antes no creías en eso.
-Pues llego ella.- Hana creo que está a punto de echar humo por los oídos, está furiosa y dolida, pero es lo  mejor.
-¿Algo tiene que ver el que jamás me hayas dejado entrar a tu habitación?.- Me tenso.
-¿Quieres hablar de eso?
-Qué más da un poco de dolor extra.- Hace media sonrisa.
-En esa habitación solo ha entrado ella, no quería que se borrara ningún recuerdo de ese espacio, no quería borrar su nombre de ahí, el único lugar que me quedaba intacto de ella.- Resbala una lagrima por sus mejillas y suspira.
-Entonces solo terminas conmigo y corres a sus brazos ¿Así de fácil? ¿Y yo? ¿Mis sentimientos no cuentan?
-Siempre fui sincero contigo… Hana, fue bueno lo que pasamos, pero no podemos seguir con algo que no tiene futuro, no puedo seguir dañándote más.
-Eres profesor y ella alumna, puedes meterte en problemas.
-Ya no soy su profesor y en todo caso, dejo la docencia, no es como si me faltara el dinero que me gano como profesor ni como si al dejar el trabajo dejara mi futuro, lo mío es estar en un hospital, soy doctor, no docente.
-Siempre encuentras salidas cuando se trata de ella ¿No?
-Así es.- Toma un gran suspiro.- Escuche hace un tiempo que cuando un hombre está enamorado siempre ve por los ojos de la mujer que quiere.
-Al menos siempre eres sincero… Hideto, yo me enamore de ti desde que nos conocimos y cuando accediste a esta relación me ilusione y prometí que haría que te enamorarías de mi pero, no lo logre lamentablemente.- Hace media sonrisa.- Siempre me gusto que fueras sincero aunque doliera, ahora dices que terminemos esto para que no sigas dañándome y te lo agradezco, yo soy una mujer madura y se cuándo se pierde y yo aquí, lamentablemente he perdido.- Vuele a suspirar.- Y contra una niña, dios, debo ser un asco y verme lamentable, no seguiré con esto, no si mi rival de amores es una jovencita, es patético mi caso.
-Hana…
-No digas nada ya Hideto y bien, regresa con tu niña, es tu problema yo no me meteré más.
-Gracias.- Contesto aliviado.
Hana camina a la sala, toma sus cosas y sin decir una palabra más sale de mi departamento. Me voy a mi habitación y enseguida me meto a la cama, mañana veré a Ámbar y empezaremos de nuevo, lo quiero, lo necesito.
A la una en donde siempre. Esto es como si fuera nuestra primera cita, pero no lo es pero aun así estoy nervioso. Veo mi reloj, faltan cinco minutos para la una, veo a mi alrededor, muchas personas caminando alegremente.
-Hola.- Dulce una voz dulce atrás de mí y volteo.
-Estas aquí.- Digo encantado, ha venido con un precioso vestido que favorece a la perfección su figura.- ¿Vestido nuevo?
-Si.- Me sonríe.- ¿Te gusta?
-Es perfecto.- Contesto con unas inmensas ganas de besarla.
-¿Y qué tienes planeado?
-Lo que tú quieras, tenemos toda la tarde.- Ella entrelaza nuestras manos y se apena un poco, sube la mirada y nos vemos con adoración.- Pero antes, tomemos un helado.- Ella asiente y caminamos a donde los venden, cuando los tenemos en mano vamos a una mesa, primero quiero dejar claro algo.- Hablemos primero de lo que está pasando.
-¿Y qué está pasando?
-Esto, nosotros dos aquí, en una cita, el beso… Ámbar...
-Te amo Hyde.- Me interrumpe.- Sigo amándote y quiero que dejes a Hana y que regreses conmigo y si no accedes hare de todo para que te des cuenta de que tu lugar es conmigo, lo sabes bien, lo siento, en tus besos, me lo dicen tus ojos y…
-Ámbar…
-Y si me dices que no es verdad lo que te digo te demostrare que si…
-Ámbar...
-Y te besare mucho para que sientas lo que yo siento cada que te beso…
-Pequeña…
-Y si es necesario te besare frente a Hana para que muera de celos y te termine…
-Cariño…
-Y cuando eso pase aunque suene feo me alegrare porque…
-Termine con Hana.- Para sus palabras.- Nunca deje de amarte.- Sus ojos me ven con dulzura y emoción.- Te amo cariño, te necesito a mi lado y dime por favor que no me rechazaras y olvidaremos lo que ha pasado, dime que estaremos bien desde ahora, si hay que hacer cambios los haremos, puedo dejar de ser profesor, no volveré a pisar Jordania, tu seguirás tus estudios y te graduaras, después trabajaras en el hospital donde estoy y todo irá bien, mientras tanto nos veremos los fines de semana, me encantaría que te quedaras los dos días conmigo pero con uno me conformo, tu familia también tiene derecho a verte, como quieras que sea será, solo di que aceptas ser mi novia de nuevo.
Nos tomamos de la mano, nos vemos con amor, sus ojos están cristalinos, ella se para de su lugar y sentándose en mí regazo me besa, siento que el alma, que la vida vuelve a mí y la rodeo con mis brazos, me entrego a ese beso profundo, anhelado, la adoro como mejor se hacer, le dejo todo de mí en cada beso, en cada mirada, en cada palabra, nos alejamos poco a poco y sus ojos me ven con emoción.
-Acepto con una condición.- Me ve emocionada.
-La que sea cariño.
-Que no haya un ‘terminamos’ por favor.- De repente sus ojos se llenan de mortificación y la abrazo fuertemente.
-No habrá jamás un terminamos, lo prometo.- Me abraza con mucha fuerza y nos quedamos así por varios minutos hasta que tomo una decisión… Pequeña, vamos con tus padres.
-¿Qué?.- Dice confusa y alejándose un poco del abrazo.
-Vamos con tus padres, esta vez sabrán desde el principio lo nuestro.
-Pero… ¿Y si papá reacciona mal otra vez? No quiero.- Me vuelve a abrazar y recuerdo cuando el señor fue a hablar conmigo, ¿Entonces ella no lo sabe? Decido callarme eso.
-Lo tendrá que aceptar y si no quiere, no nos quedara más que ir a escondidas, ¿Emocionante no?.- Logro hacerla reír.
-¿Estás seguro?
-Si cariño, vamos a tu casa.- Nos levantamos y ella suspira.
-De acuerdo pero si papá se pone a la defensiva nos vamos.
Empezamos a caminar, tomados de la mano, en esta forma me siento aliviado, alegre, relajado. Camino de la mano de la mujer que amo, ella es feliz conmigo y yo con ella. Los celos ahora me dominan más, veo a muchos viéndola y no los culpo, es hermosa, suelto su mano y la rodeo por los hombros, ¿Territorial? Bueno, tal vez un poco.
En media hora llegamos a su casa, estamos frente a su puerta, ella se muerde los labios nerviosa y yo trato de verme tranquilo, la última vez que vi a su hermano me insulto y golpeo, su padre, a él lo rechace y su madre, no sé cómo estará ella conmigo.
-Vamos.- Le digo bajando del auto, voy a su puerta y la abro.
-Vamos.- Responde nerviosa.
Llegamos a su puerta y abre con sus llaves, indecisa entra y yo espero a que ella le hable a sus padres, no puedo entrar así nada más. Espero un momento y ella me jala de la mano haciéndome entrar, cuando lo hago, sus padres están parados en la sala, viéndome fijamente, sus hermanos están aquí también, nos paramos frente a ellos, nadie dice nada, ella aprieta mi mano, suspiro.
-Buenas tardes.- Digo primero.- Señor Luis, Miranda.- Los saludo, la mamá me sonríe para reconfortarme, el señor me ve serio.- He venido para hablarles directamente, esta vez lo haremos bien, sin ocultar nada.- Tomo aire.- Amo a su hija y hemos decidido estar de nuevo juntos, hace un rato lo hablamos y pedí venir aquí para hablarles, sé que…
-¿Se atrevió a venir a mi casa después de que lo corrí cuando estuvo aquí?
-Papá.- Le dice Ámbar y la veo a los ojos para que me deje hablar.
-Sí, me atreví a venir al igual que me atrevo a decirle que me deje estar con su hija, ya no hay nada que nos lo impida, es mayor de edad, no soy su profesor, nos amamos.- Tomo aire.- Sé que la última vez no fui amable y lo siento mucho pero…
-La sonrisa de mi hija lo vale, no tiene que decir más Hideto, hoy mi hija se fue como si fuera la mujer más feliz del mundo y ahora la veo aun más, como meses atrás no y todo es por usted, si ella es feliz yo también y no pondré más objeciones, me destruyo ver a mi hija triste y por mi culpa, por favor quíteme ese remordimiento haciéndola feliz.- Veo a mi pequeña y ella feliz me sonríe.
-¡Papá!.- Va a su lado y lo abraza con fuerza, el señor ve a su hija como si fuera su propia vida y la abraza feliz.
-Aunque pobre de usted con que la haga sufrir otra vez.- Me dice su hermano mayor.
-No te preocupes que eso no pasara.
-Me alegra verlo de vuelta Hideto.- Miranda se acerca a mí y toma uno de mis brazos como afecto.- Por favor acepte comer con nosotros, esta lista la comida.
Veo a mi novia y a su papá, los dos me sonríen, el hermano también, veo a la señora quien dulcemente me ve y sonrío.
-Acepto encantado.
Respondo feliz y caminamos a la mesa, Ámbar va con su mamá a ayudarla y yo me quedo en la mesa con sus hermanos y su papá, el señor parece relajado y feliz.
-Disculpe señor pero, ¿No le dijo a su hija que fue a verme?.- El niega con la cabeza.
-No, no quise, no se lo hubiera tomado bien.- Suspira.- Gracias por los regalos que le dio, llego feliz ayer.- Sonríe, por primera vez lo veo sonreír de felicidad.- No sabe lo aliviado que me sentí cuando lo vi entrar por esa puerta.- Nos reímos.
-Y yo me sentí aliviado en cuanto acepto lo nuestro, gracias señor.
-Por favor, dime Luis que no soy tan viejo.- Nos volvemos a reír.- Y dime Hideto, no entiendo bien, ¿Estudio para maestro y doctor?
-No, solo estudie para doctor y empecé a impartir clases porque los doctores en cuestión de escuela de medicina son los más indicados para impartir las materias, como es nuestra rama no es necesario ser docente para impartir la clase, tenemos todos los conocimientos que se necesitan, ya solo es cuestión de saber tratar a los alumnos.
-¿Lleva mucho dando clases?
-Seis años.- Sonrío.- Pero lo mío es más estar en el hospital.
-Mi esposa me comento que trabaja en el más conocido de la ciudad.
-Así es, soy jefe de planta.- Contesto orgulloso.
-¡Pero si mi nuero es uno de los mejores doctores! No cualquiera trabaja ahí.
-Es verdad, yo en cuanto me gradué conseguí trabajo ahí por mis buenas calificaciones y por mis horas extra de internado, después fui subiendo gracias a uno de los accionistas mayores, vio mi potencial y hasta ahora no ha tenido quejas.
-Ni las tendrá, sabes bien lo que quieres muchacho y ya tienes un futuro asegurado.- Asiento.
-Ahora tengo todo en la vida.- Él sonríe al entender que hablo de su hija.
-La comida ha llegado.- Dice Ámbar y su mamá, ponen los platos en la mesa y es hora de comer.


-Volveremos en unas horas.- Habla mi novia, hemos terminado de comer.- He vuelto con mi novio, quiero pasar el resto de la tarde con él.
-Pero estas con él, veamos una película aquí.- Le dice su papá y ella niega.
-Quiero pasear con él papá, no seas envidioso.- Nos reímos.
-La cuidare bien.- Digo apoyándola.
-De acuerdo, diviértanse.- Cede el señor.
-¡Volvemos en unas horas!.- Me despido con la mano prácticamente en la puerta, llegamos a mi auto y estando adentro la veo a los ojos.
-Ahora todo es perfecto.
-Lo es cariño.- Enciendo el auto.- ¿A dónde señorita?
-A tu departamento.- Contesta firme y la veo sorprendido.
-Pensé haber escuchado ‘Quiero pasear’.- Digo confundido.
-No es como si dijera frente a mis padres que quiero estar sola con mi novio en su departamento, estrictamente en su habitación.- Sonreímos, arranco el auto en dirección a mi departamento.
Llegamos al edificio, el señor del elevador sonríe al ver a Ámbar y le digo que olvide lo último que le dije, ella será la única que entrara a mi departamento de ahora en adelante y el asiente. Entramos a mi departamento y Ámbar lo ve todo como si fuera la primera vez, ve el sillón, ese sillón, ahora me da malos recuerdos, ella me ve y su mirada me reprocha.
-Lo cambiare.- Digo señalándolo.
-¿Enserio lo hiciste aquí?
-Sí.- Me encojo de hombros.- Aquí porque no quería que ella entrara en mi habitación, ese espacio sigue siendo solo tuyo cariño.- La abrazo y ella sonríe ante mis palabras.- Y sé que no debo de decirte esto pero… Con ella nunca fue como contigo, yo necesitaba tu cuerpo, tu calidez, tus besos, tus caricias, con ella solo fue un cuerpo que atender, sé que soy cruel pero así fue, contigo es el cuerpo que amo y deseo, es tu cuerpo, eres tú, tú eres la que lo hace todo diferente
Pone sus manos en mi rostro y me besa, me besa deliciosamente y yo correspondo con la misma intensidad, ella es todo lo que necesito. La rodeo por la cintura y sube sus piernas a mi cadera, camino aun besándonos a mi habitación y cierro la puerta, la acuesto en la cama y sonrientes nos besamos, nos entregamos a los sentimientos.
-Te amo cariño.
Le digo entre nuestros labios, ella me acaricia la espalda, besa mi cuello y muerde ligeramente, mis sentidos ya despiertos crecen a cada segundo y empiezo a ahogar jadeos, sus manos son las que necesito, sus labios son los que deseo. Paso mis manos por su cintura y acaricio, ella me acerca más a su cuerpo, jadea y esa música ante mí es perfecta.
-Te amo Hyde, te amo.
Sus palabras susurradas en mi oído me estremecen y llegan a mi corazón como una caricia que había estado esperando de toda la vida.
Sus manos se centran en mi camisa, la empieza a desabrochar y toca mi piel desnuda, me estremezco, mis sentidos llegan más y más y bajan a la zona en donde mi placer es más, aprieto mi pelvis con la suya y los dos jadeamos, ella me quita la camisa y yo empiezo a quitarle el vestido, su piel suave, delicada y receptiva ante mi contacto. La lleno de besos, de caricias. Quito la sola prenda y la dejo caer, admiro sus senos unos hermosos y perfectos senos ante mí, más grandes que antes, quito su sostén y sin pensar chupo uno de sus pezones, ella gime y queriendo más de esos sonidos placenteros la atiendo sin restricción, succiono, lamo, chupo, juego con mis dientes delicadamente, su espalda se arquea para darme mejor acceso, continuo con su otro pezón hasta dejarlo duro, sigo bajando, dejo besos en su estómago, su vientre y beso su cadera, bajo lentamente sus pequeñas bragas y la veo a los ojos, ella con el aliento agitado me ve sonrojada.
-Extraño como no tienes idea tu sabor cariño.
Ella se sonroja más pero se excita de igual manera. Tomo sus piernas y las doblo poniendo la planta de los pies en la cama, separo sus piernas y la dejo expuesta ante mí, sonrío ante la escena.
-Hyde… Por favor.
Me pide deseosa y hago caso, me pierdo entre sus piernas y tomando sus muslos externos con las manos me centro en su placer, paso mi lengua por su sexo, lamo deliciosamente, arriba, abajo, abro un poco sus labios interiores para poder acceder más fácilmente a su clítoris, cuando llego a él ella gime de placer e intenta cerrar las piernas pero no se lo permito, al contrario, abro un poco más para que encuentre más placer. Con mi lengua juego su clítoris, soplo, lamo, succiono, logro levemente morder y ella empieza a arquearse, sigo con mi tortura y ella encuentra su placer regalándome los mejores gemidos que puedan existir, disfruto de su salinidad y sigo con mi lengua pasando por su centro, haciendo movimientos que sé que le gustan, jugando con ella hasta que escucho de nuevo un sonoro gemido, sonrío ante eso y subo a su boca, la atrapo en un beso y la siento temblar levemente, su cuerpo ha experimentado dos orgasmos seguidos después de varias semanas, es normal que quede más exhausta.
Abre sus ojos y me ve sonriente, sin saber cómo da la vuelta y me quedo arriba de ella, viéndome a los ojos me quita la ropa que me quedaba y por encima de la ropa interior acaricia mi dureza y sonríe al sentirla, dura para ella. Cierro los ojos ante las caricias que me brinda, siento como a cada segundo mi pene crece más y se pone más duro, dios, solo ella me pone de esta manera, Jadeo una y otra vez, ella juega con el poder que tiene en este momento, me quita el bóxer y entonces siento su piel con la mía, me toma con fijeza y gimo, acaricia, arriba, abajo. Atiende mis testículos también y logra en mi sensaciones magistrales, solo lo que puedo hacer en este momento es gemir para sacar mi placer. Siento su cálida boca en mi dureza y gimo más, su boca me succiona, me lame, me llena de saliva y deja que yo marque un ritmo, muevo mi cadera deliciosamente en su boca y ella con sus manos sigue torturando. Atiende mi punta y gimo con fuerza, lo chupa, lo lame, lo besa, juega en esa zona que es la más sensible y mis sensaciones me llevan a un orgasmo que retengo.
-No amor, déjate llevar.
Escucho su dulce voz y abro los ojos, ella me ve desde abajo atendiéndome, adoro que me vea cuando lo hace pero no logro sostener tanto la mirada porque mi orgasmo llega de nuevo y dejándome ir gimo fuerte, respiro con dificultad y la veo, sonriente y limpia, trago todo y se sienta en mi cadera, tomando mi miembro con una mano y logrando que se endurezca de nuevo, esto es alucinante, hacer el amor con la mujer que amas, esto es lo único que debería de existir, suspiro ante su tortura nueva, ella sonríe y no dispuesto a aguantar más la pongo debajo de mi pero ella sonriente aun cierra sus piernas, veo la diversión en sus ojos y la atrapo en un beso, ansiado, necesitado.
-Cariño…
Digo entre suspiros.
-¿Dime?
Responde juguetona entre mis labios.
-Si separas las piernas, te juro que no lo lamentaras.
Le contesto totalmente excitado y ansioso, ella muerde mis labios y jadea, me permite abrirle las piernas y me acomodo para entrar, mi necesidad es grande, necesidad de ella y sus ojos me lo dicen, la beso y entro, los dos gemimos como nunca, esto es lo que necesitaba, esta calidez, esta estrechez, esta intimidad. Me quedo adentro de ella y la beso una vez más.
-Dios, amor, muévete.
Sus palabras me incitan más y empiezo un movimiento de caderas que me hacen enloquecer, los gemidos resuenan una y otra vez en la habitación, ella sube su cadera un poco más logrando que tenga mejor acceso, entro y salgo, ella me recibe gustosa, sus paredes me absorben, me dan la bienvenida deliciosamente, me aprieta y siento como nos calentamos en su interior, como mi erección crece, como estamos por llegar a nuestro orgasmo, el baile que iniciamos es una perfecta unión, una placentera unión, entro, salgo, siento como me quemo entre sus piernas, siento un calor invadirnos por completo, sus pechos suben a mí porque arquea la espalda y los disfruto, ella gime más, echa su cabeza para atrás y su cuerpo me dice que está por llegar, doy mis intromisiones más rápidas y siento como eyaculo dentro de ella, gemimos desenfrenadamente y quedamos acostados, recuperándonos, yo aun dentro de ella me recupero, no quiero salir y ella tampoco quiere que salga, se mueve un poco, sus piernas suben a mis caderas y empieza un movimiento anhelante, jadeo ante la sensación, la veo a los ojos y me sonríe.
-He pasado mucho sin ti.
Me dice aun moviéndose y nuevamente siento como empiezo a ponerme duro, me besa fuerte y yo correspondo.
-Cariño… Me mataras.
Sigo jadeando, mi dureza crece y crece ante el movimiento incitante que ella hace, esto es magnífico.
-No sabes todo lo que aprendí del libro que me diste y tengo planeado, esta tarde, ponerlo en práctica.
Sonrío ante su comentario, no recordaba que le había dado ese libro y yo que lo conozco al derecho y al revés, sé que esta tarde será de todo menos de descanso, la beso, exijo sus labios, sus besos, tomo las riendas del momento y me adueño de ella, de su cuerpo, la junto más a mi cuerpo y la disfruto, ella disfruta de mí, disfrutamos de nosotros, de nuestro amor, recuperamos tiempo perdido y nos dedicamos a adorarnos, la lleno de palabras de amor, de cariño, ella responde ante mis palabras y mi corazón se llena de felicidad, mi cuerpo de placer, mi mundo se torna ahora perfecto, ella está conmigo, nada más importa.
-Muéstreme lo que aprendió, señorita Ámbar.
Digo divertido y en plan de profesor, ella sonríe y con un brillo de diversión y fascinación me responde con voz que me eriza la piel:
-Será un placer, doctor Takarai.



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