jueves, 2 de abril de 2015

Metropolis


-Capitulo 38-

Pedí que me cubriera un amigo en el hospital, hoy tenía que estar todo el día dando consultas por ser sábado pero lo deje, no podía ir cuando tenía una… ¿Cita? No creo que sea conveniente decirlo así, cuando tenía un compromiso. Le dije que la ayudaría a estudiar y eso es lo que estoy haciendo.
Puedo decir que en este momento me siento un poco nervioso, tenerla tan cerca hace que mi necesidad de ella sea más grande. Quiero tocarla, besarla, abrazarla pero no puedo, yo mismo me condene a esta tortura, a estar sin ella, sin su calidez, yo fui el último en terminar lo nuestro, me prive de ella por estúpido.
-Ámbar.... Siento mucho que Hana te haya hablado anoche, me comento.- Hana me dijo que la había enfrentado, por supuesto que le dije que no había hecho bien.
-Me odia, es comprensible.
¿Comprensible? Por supuesto que no lo es, Hana no debe de portarse así. ¿Acaso no ve las cosas? Ámbar ya no está conmigo, la que me tiene a su lado es ella y se pone a jugar a las peleas. No me gusta que enfrente a Ámbar, ella no tiene la culpa de nada.
-Quedémonos con lo bueno que vivimos, será lo mejor ¿No lo crees?
Lo que digo duele, duele profundamente pero por lo que pasamos será lo mejor, sinceramente, no quiero volver a pisar la estación de policía y llegar esposado como si fuese el peor de los criminales, esto debe de seguir así, terminado, por ella y por mí. Seguimos hablando pero una frase de ella me congela.
-¿Te acuestas con Hana?
Pregunta tomando valor, la veo sorprendido y con las defensas bajas, cuanto desearía mentirle, decirle que no quiero tocar otro cuerpo que no sea él de ella, decirle que su cuerpo es el único que necesito y añoro. Su mirada me dice lo herida que se sentirá por mi respuesta afirmativa. Ella me aclara de una vez que no ha mantenido relaciones con su novio. Eso me alivia pero me hace sentir un ser desagradable. Me alegra que nadie más haya tomado aun lo que un día fue mío, lo que yo mismo descubrí, lo que yo mismo toque por primera vez, antes que nadie, me alegra saber que ella sigue siendo mía pero por mi respuesta ella sabrá que yo, ya no soy suyo, al menos en cuerpo no pero en mente sí, siempre lo seré, las veces que he estado con Hana no se relaciona en absoluto con las veces que estuve con ella, aun así, yo siento que sigo siendo de ella, en cuerpo también. Suspiro y con todo el dolor de mi corazón respondo.
-Así es.
Toma su refresco y bebe un poco, no me ve, no dice nada, sus ojos ven a un punto fijo y se concentra en sus pensamientos, sé que está tratando de no llorar, la conozco y sé que así es, me lástima que esté pasando por esto, que esté sufriendo por mi maldita culpa.
Toma la basura y va a tirarlas, suspiro profundo, cuanto me gustaría decirle que no es lo mismo a cuando estaba con ella, que sigo amándola y añorándola pero si lo hago significaría darle esperanzas que no podremos cumplir, esto es una tortura ¿Por qué tuvimos que tocar este tema? Suspiro nuevamente y enseguida escucho una voz conocida y me pongo a la defensiva al escuchar sus palabras.
-Hana ¿Qué haces aquí?.- Le digo serio, Ámbar esta tensa, mierda.
-Vine de compras y de repente la vi, me dio curiosidad y te encuentro con ella, ¿Por qué no me lo dijiste?
Cierro los ojos, esto no es lo que tenía planeado. La tomo del brazo y la acerco a mí para que se aleje de Ámbar, ella se queda parada, nerviosa, viendo sus cosas y con un dolor que puedo percibir en mi corazón.
-Ve quitándote esa curiosidad sobre Ámbar, Hana, debes dejarla en paz.
-Ella no te deja en paz.- Estoy por contestar pero veo que ella ya tiene su mochila en manos, está por irse.
-Buen pretexto para acercarte a él, para “Estudiar”.- Comenta Hana sarcástica y me enfurece un poco más.
-Es hora de que me vaya, gracias por ayudarme doctor.- Me dice Ámbar y haciendo media sonrisa le pido disculpas, ella da media vuelta para irse pero Hana la detiene.
-Hideto me ama a mi niña, entiéndelo de una vez, me ama y se entrega a mí con pasión, me lo demuestra, lo siento cada vez que hacemos el amor, ya olvídate de él.
Suelta Hana como si fuera un saludo y la aprieto del brazo ¿Cómo se atreve a decirle eso? Por dios, ¿Acaso está loca? Solo ve lo que quiere ver, tomo aire y cuando estoy por decir mis palabras para que Ámbar no se vaya con una mala idea me sorprende al escucharla hablar primero.
-Lograste que se olvidara por completo de mí pero una cosa te puedo decir, nunca lograras que te ame como me amo a mí.
Retoma su camino, estaba de espaldas y no pude ver su rostro pero me lleno de orgullo al escuchar sus palabras. Esas simples palabras hacen que me sienta dichoso, “Nunca lograras que te ame como me amo a mí” sonrío ante el recuerdo, es verdad, nunca amare a nadie como la amo a ella, porque aun la amo. Hana se voltea a verme y la veo con el orgullo bajo, está sorprendida y molesta, ella se lo busco.
-¿Escuchaste a esa mocosa? Hideto, es una insolente.- Hago media sonrisa.
-Suenas como si tuvieras 80 años Hana.
-Esa mocosa me reto, ¡Lo hizo!
-No te reto, solo te hablo con la verdad.- Digo serio y ella pone un gesto nervioso.- Ella tiene la razón Hana y es bueno que lo sepas, siempre he sido sincero, yo jamás amare…
-No lo digas.- Pone una de sus manos en mis labios.- Me lastimas.
-Siempre es mejor la verdad y eso que le dijiste, Hana, eso la lastimo a ella.
-Hideto, no me has dicho si te acostabas con ella.- Mi cuerpo se tensa enseguida.
-Porque son temas muy personales y le estaría faltando al respeto a ella.- Aunque si le conteste a Ámbar cuando me pregunto lo mismo…
-Solo di sí o no.
-No te contestare Hana y no vuelvas a mencionar eso de que me hacemos el amor con pasión y que derrocho amor… Hana, sabes que no es así y siento si mis palabras te lastiman pero desde el principio sabias que yo era un caso perdido.
La veo ponerse molesta, herida, su ojos empiezan a contener lágrimas y suspira, sus ojos me dicen que soy un maldito pero siempre es mejor la verdad, en este momento ella me está odiando con todas sus fuerzas y no la culpo.
-Tengo que irme.- Dice dando media vuelta.
-Lo siento.- Alcanzo a decir antes de que se aleje mucho.
Me siento y veo al cielo, esto no estaba planeado, en mi mente había dicho que solo estudiaría tranquilamente con Ámbar, sin intentar nada ni hablar de temas incomodos pero todo se fue a la mierda. Lleno de aire mis pulmones y tomando mis cosas salgo de la plaza.
Camino sin rumbo o bueno, creo que camino hacia mi departamento. Veo mis pasos, trato de no pensar mucho en lo que paso, Ámbar salió lastimada, Hana salió lastimada. Soy un completo idiota y más porque la única que me preocupa es Ámbar, se fue con una idea errónea, no quiero que piense que es verdad lo que Hana dijo, yo nunca le he hecho el amor con pasión, no con tanta, no como se lo hacía a ella, quiero que le quede claro.
Pasa semana y media, el concurso está por terminar. Solo quedan cuatro escuelas, entre ellas la mía y Jordania, ellos se recuperaron y tomaron el segundo lugar, hace poco les toco una pregunta sobre eco, Ámbar la respondió sin dificultad y eso me hizo sentir realmente bien, el encuentro con Hana no le afecto y siguió mis consejos.
O tal vez si le afecto lo de Hana, desde ese día aquí en el concurso no me dirige la palabra y no me ve como al principio, sé que es lo mejor pero me duele, quiero que me siga viendo, quiero que siga hablándome por lo menos por cosas escolares, algo, el solo verla ya no me es suficiente.
-Doctor, tiene una clase con los invitados, de necropsia.- Hago mala cara, veremos un cadáver, que bueno que no comí durante el descanso.
-Gracias Ayami, vamos.
Caminamos por los pasillos del auditorio, acabo el encuentro de hoy y todos van al laboratorio de anatomía. Cuando llegamos ya todos están adentro, con cubre bocas y guantes, los saludo y me paro delante de ellos en donde Ayami me acomoda la bata y me pone los guantes con sumo cuidado, no puede evitar que rose nuestra piel y la veo sonrojarse, es muy tierna esta niña, me pone después el cubre bocas y con dedicación lo acomoda, cuando ve que estoy listo me sonríe y yo a ella como agradecimiento. Subo la mirada y la primera mirada que veo es la de Ámbar, me ve molesta y mantiene unos segundos su mirada con la mía pero entro en ambiente y rompo conexión, estamos con más personas.
-Esta clase será de demostración, como ven aquí tenemos un cadáver, bien pues no tiene mal olor por los químicos que le ponen para mantenerlo en exposición, les daré una breve explicación y les iré señalando los órganos que iré mencionando y posteriormente quien quiera pasar a tocar alce la mano.
Empiezo con los órganos del aparato digestivo, levanto la piel del abdomen que ya está abierto, empiezo a mostrar el estómago, a explicar su función y anatomía, paso por los intestinos y saco un poco, todo aquí se siente aguado, continuo con la vejiga. Sigo mi explicación y palpando los órganos, hago preguntas sobre su anatomía y función y ellos contestan sin problemas.
-Ahora, ¿Alguien quiere pasar a tocar los órganos?
Menciono y veo a unos con gesto desagradable, a otros emocionados y curiosos, un alumno alza la mano y pasa a observar, con cuidado toma el corazón y lo observa detenidamente, pasa otros órganos y se va. Pasan dos más y observan, tocan, preguntan, se me quedan viendo como si yo fuera un órgano que nunca hubieran visto, las señoritas suelen ser poco disimuladas.
-¿Alguien más?.- Pregunto y veo pasar a alguien, la sigo con la mirada.
-Yo doctor.- Me dice Ámbar con voz tímida y sus ojos me dejan para ver el cuerpo que esta entre nosotros.
-Puede tocar señorita.
Le digo, sus ojos brillan y con timidez pasa sus ojos por los órganos, incitándola a que toque algo tomo su mano con cuidado y la dirijo al corazón, buen órgano que escogí, trago saliva cuando me ve con esa brillante mirada y con nuestras manos unidas hago que ella se interese por el órgano, cuando lo hace suelto un poco de aire, después centra su mirada en otros órganos y toca tímidamente, nuevamente acerco mi mano y digo unas palabras para que no sospechen.
-¿Nota esta dureza? Eso significa que tal vez esta persona murió por un tumor en el vientre.
Ella asiente y aprieta más su mano al órgano y por consiguiente aprieta mi mano, pasa su mano por otra parte y yo subo a mirada, no puedo observarla tanto y ella se da cuenta, me da las gracias y regresa a su lugar. Veo la hora y les digo que hemos finalizado. Todos empiezan a salir y yo me quedo viendo el cuerpo, suspiro y Ayami empieza a quitarme los guantes sucios y el cubre bocas.
Salimos del laboratorio y caminamos hacia mi laboratorio pero a medio camino me encuentro con alguien a quien nunca creí encontrarme, en ninguna parte de este mundo, mucho menos en mi trabajo, enseguida me tenso y me preocupo ¿Qué hace aquí? ¿Cómo ha dado conmigo? ¿Con mi trabajo?
-Doctor, ¿Conoce a ese hombre que esta frente al laboratorio?.- Veo a Ayami y trago saliva, vuelvo la mirada hacia el señor y él en ese instante voltea a verme, ahora ni para escapar.
-Jov… Doctor Takarai.- Me dice como saludo, nervioso asiento y llegamos a él.- ¿Puedo hablar un momento con usted?.- Me dice y ve a Ayami.
-Iré a mi siguiente clase, con permiso.- Nos dice y se va.
-Disculpe por venir de esta manera tan sorpresiva, me dijeron que por aquí estaba su laboratorio, agradezco que tenga su nombre en la puerta.
-No se preocupe.- Digo tenso, entramos a mi laboratorio y le indico que se siente, él observa a su alrededor con ojos asombrados.- Disculpe pero… ¿A que debo que este aquí?
-Pues verá doc… No sé cómo llamarlo, doctor, profesor, joven…
-Hideto está bien.- Respondo con normalidad.
-Gracias, verá Hideto, he venido a tratar un asunto con usted, un tema que supongo debe de adivinar.- Hago un gesto de confusión.
-Lo siento pero no.
-Es sobre mi hija, Ámbar.
-Señor, su hija y yo ya no…
-Lo sé, se bien que desde hace mucho están separados, me lo confirman las lágrimas de Ámbar, me lo confirma su tristeza, su rechazo hacia mí, sus reclamos… Hideto, hace unos días usted se vio con mi hija para estudiar, ella se fue totalmente emocionada y llena de vida, como hace mucho no la veo pero regreso destruida, me partió lo poco que tenia de mi corazón, me duele ver a mi hija así, primero pensé que todo sería un amor de momento, de emoción por ese sentimiento, ¿Quién diría que una niña de 17 años se enamoraría como una mujer de 30?.- Hace media sonrisa.- Mi pequeña, mi pequeña conoció muy rápido el amor y eso la está destruyendo, yo no quería darme cuenta de eso, no quería darme cuenta de que se enamoró como no muchos lo hacen, no quería darme cuenta de que se enamoró de…
-Un mayor.- Continuo.- Señor, yo le puedo jurar que ame como un loco a su hija, nunca en mi vida había amado tanto, sé que es tal vez un tabú o lo verán como enfermo que un hombre de 27 años se enamore de una pequeña mujer de 17, 10 años de diferencia… En el amor no existe edad señor, solo existe eso, amor. Ámbar y yo fuimos felices mientras duro nuestra relación, yo luche contra el sentimiento, si está aquí es porque ya sabe que soy profesor, estaba faltando a mi ética enamorarme de una alumna, no pude hacer nada, trate de mantenerme alejado, tampoco pude, no pude hacer nada contra ese sentimiento, me abrumo el saber que tal vez era amor, yo no sabía, no había experimentado ese sentimiento hasta que su hija llego y siento mucho haberle causado problemas, entiendo perfectamente que actúe como actuó cuando nos conocimos.
-Siento mucho lo de ese día, estaba cegado por la noticia de que mi pequeña tenía un novio.
-Está bien, no se preocupe, ya paso.
-Hideto, mi razón de estar aquí es porque, quiero pedirle disculpas por todo, por lo que le hice pasar, por alejar a mi hija de usted, por hacerlos sufrir, ya no soporto más viendo a mi hija sufrir por mi culpa, es lo peor que un padre puede pasar por eso…
-Acepto sus disculpas, pero señor… Ya es un poco tarde para cambiar las cosas, su hija y yo nos hemos hecho daño, hemos dicho cosas que están en nuestras mentes, yo tengo pareja, su hija también, estamos empezando de nuevo, separados.- El señor asiente en silencio y me ve a los ojos, realmente está arrepentido.
-¿Sabe? Mi hija será mayor de edad en una semana, llegue a pensar que así…
-Podríamos volver.- Hago media sonrisa.- Nunca me importo que fuera menor de edad, ni por temor a la cárcel pero ahora que estamos separados, todo es diferente señor, acepte este trabajo para alejarme de su hija, no puedo echar todo por la borda ni decirle a mi novia que la dejare porque regrese con mi ex.
-Sé que es difícil pero mi hija está sufriendo.
-Yo también señor, yo también.- Digo con pesadez.
-No sabe cómo me arrepiento de todo, si hubiera…
-Él hubiera no existe… Todo pasara señor y si en mis manos esta que ella me olvide lo haré, una vez usted dijo que ella debería de estar con alguien de su edad y le doy la razón, cada cosa a su tiempo, todo tiene etapas que no hay que saltarse, ella debe de disfrutar de su juventud y su escuela, no de un amor que no puede ser ante la sociedad.
-Eso lo dije porque…
-Pensaba que era lo mejor, no se preocupe, ahora lo entiendo bien.
-No Hideto, eso no es lo que busco ahora, por favor, mi hija…
-Doctor.- Escucho la voz de Ayami y vemos a la puerta.- Ya es hora de la clase y…
-Gracias.- Digo viendo mi reloj.- Señor, debo de seguir con mi trabajo.- Me levanto de la silla y él me ve como si estuviera derrotado.- Su hija lo perdonara, no se preocupe que los hijos siempre lo hacemos.
-No he logrado nada ¿Verdad? Si tan siquiera…
-Señor, lo siento.- Suelto un suspiro.- Dele saludos a su esposa de mi parte y dele también mis disculpas, con permiso.
Tomo mis libros y camino a la salida y me voy con Ayami, ella se queda en silencio y yo abrumado por lo que paso camino sin darme cuenta de que mis ojos pican, nuevamente fui un imbécil, ¿No es así? Rechace todo lo que dijo él, termine por completo con Ámbar. Aprieto mis libros y camino más rápido al salón.
Los días pasan horriblemente lentos, a veces rápidos, dependiendo de lo que esté haciendo para mantener mi mente ocupada.
El concurso acabo hace dos semanas, mi escuela gano limpiamente, Jordania mantuvo su segundo lugar, todos se fueron felices. Ámbar y yo no volvimos a hablar ni a mantener contacto desde aquella vez de la demostración. Su padre no volvió a buscarme lo cual agradezco.
Llevo dos semanas sin verlas y es el infierno, aun me reprocho el haber ignorado las palabras de su padre, me estaba dando el permiso de salir con su hija pero mi estúpido orgullo pudo más. Hana ha estado un poco más celosa y más al pendiente de lo normal lo cual empieza a molestarme.
El día de hoy me tome libre, desde hace una semana he estado con un descontrol interno, quiero ir a Jordania, quiero verla. Odio necesitarla tan urgentemente, es muy abrumante y desesperante. Necesitar a alguien o algo, es una sensación de descontrol.
Estoy saliendo de una tienda de joyería, vi un reloj que me agrado y lo compre sin rodeos. Aun con la lucha interior que tengo, subo a mi auto decidido a ir a aquella escuela.
Paso antes a un local a comprar algo y pronto estoy en carretera, es viernes y en unas horas los alumnos se irán a sus casas. A velocidad rápida llego pronto a la escuela y cuando estaciono el auto, muchos alumnos me ven y se sorprenden, unos me sonríen, otros solo me ven, veo caras nuevas, los alumnos de nuevo ingreso supongo. Camino hacia la que era mi oficina y jugándome chueco mi mente, recuerdo que ya no soy de aquí, ¿Ahora donde guardo esto que traigo? Es una bolsa negra mediana. Tomo la perilla de la puerta y sorprendentemente se abre, me asomo y la oficina sigue sin ocupar, los muebles están vacíos, sonrío y entro, dejo la bolsa en el sillón y  me dirijo al salón de los que eran mis alumnos… Aunque… El salón de segundo grado es otro.
Camino seguro y llego al edificio de segundos grados, busco el salón que me dijo Hana que le había tocado, lo encuentro rápido y tomando aire me acerco y toco la puerta, todos centran su atención en mí y me pongo nervioso.
-Hola.- Digo en saludo.
-Hideto.
Me dice Hana caminando hacia mí, le doy un abrazo rápido y me paro en medio, veo sonriente a los chicos y ellos me sonríen, mi mirada se posa en Ámbar. ¿Es mi imaginación o ella ha cambiado un poco?, la veo más… ¿Cómo decirlo? Más… Desarrollada, sus pechos están más grandes, su piel está más tersa y sus labios están más brillantes, es brillo labial, su cabello tiene un corte distinto, sigue largo pero es como decirlo, ¿En capas? O esa es la idea, ella me observa y sus ojos, sus ojos tienen el mismo brillo, dios, ¿En dos semanas tuvo cambios? Los adolescentes son una maravilla.
-Me alegra verlos en segundo grado jóvenes.- Sonrío y ellos animados me contestan.- He venido a saludarlos y a felicitarlos, los que hayan llegado a esta etapa disfrútenla y sigan tan estudiosos como siempre.
Hablo un momento más con ellos y mi mirada no puede alejarse de ella, ella tampoco deja de verme. En verdad necesitaba verla, esa ansiedad ha desaparecido un poco, necesitaba verla.
Me despido de todos y le digo a Hana que me voy, ella tiene más clases así que no me preocupo. Salgo sonriente del salón y me voy a la oficina. Me quedo aquí media hora y decidido tomo mi celular, espero que tenga el mismo número.

{{“No ignores este mensaje, he traído algo que dejaste en mi departamento, apenas lo vi, supongo que querrás que te lo devuelva, estoy en donde era mi oficina.”}}

Nervioso envío el mensaje y suspiro, esperare hasta que sea hora de que todos los alumnos se vayan, saco las cosas que traje de la bolsa de plástico y las dejo en el escritorio, me siento en el sillón y cierro los ojos.
Pasan veinte minutos y escucho que tocan la puerta. Me levanto rápido del sillón y me acomodo la ropa, con el corazón latiendo fuerte abro y la veo, tímida y nerviosa. Hago que pase y cierro la puerta, con seguro. Tomo aire y camino al escritorio, ella me ve curiosa. Yo la veo feliz, realmente cambio un poco, está más desarrollada, sus caderas ensancharon más, la observo y recuerdo que un día acaricie su cuerpo, su piel, que la tuve piel con piel, que la tuve desnuda en mi cama, que estuve dentro de ella, que tuve sus besos.
-Yo… Por más que hago memoria, no sé qué se me pudo haber olvidado.- Hago media sonrisa.
-De hecho… No se te olvido nada, solo fue para que vinieras.- Confieso.
-¿Por qué?.- Su mirada se pone un poco dura.
-Quería verte.
-No sigas con esto, ¿Acaso no ves lo mucho que me afecta el verte? ¡Aun duele!
Sus ojos se llenan de lágrimas y mi corazón duele, tomo aire y tomo una de las cosas que hay en mi escritorio.
-Sé que es tarde pero… Feliz cumpleaños Ámbar.- Sonrío y sus ojos brillantes me dicen que están emocionados, estiro mi brazo para que tome la cajita que le doy.
-G… Gracias.- Me dice tomándola y la ve con sorpresa.- No era necesario.
-Si lo era, perdón que sea tarde pero quería que tuvieras algún presente mío.- Tomo lo siguiente del escritorio y sus ojos se abren con emoción.- Espero que te gusten.
-Me encantan, gracias.- Dice tomando el ramo de rosas y llevándolas a su pecho, las huele y sonríe. Ahora está un poco más cerca de mí.
-Y, éste lo vi y no pude evitar comprarlo.- Le muestro un peluche, creo que se verá bien en su cama.
-Es hermoso.- Lo toma con cariño.- ¿Por qué haces esto Hyde?
-Porque… Porque eres importante Ámbar, y no lo hago con el afán de molestarte ni lastimarte.
-Sé que no es así.
Deja las cosas en el sillón y la observo. Me sorprendo cuando su cuerpo se pega contra el mío, me rodea por el cuello y enseguida paso mis brazos por su cintura, la aprieto contra mí y absorbo su aroma, la cargo un poco y suspiro una y otra vez, esto es a lo que muchos le llaman vida. Este es el lugar donde quiero estar, nos alejamos un poco del abrazo y ella me observa sonriente, acaricio su mejilla y dibujo el contorno de sus labios, ella ve los míos y se lo que quiere pero no me atrevo por mas necesidad que sienta.
-Quiero un regalo más.
-Lo que quieras.- Respondo inmediatamente, aun si quisiera el mundo entero intentaría conseguirlo.
-Quiero un beso… No me lo niegues, por favor.- Me dice en voz baja haciendo que mis defensas bajen, tomo aire, sus ojos me lo piden, mi cuerpo me lo pide.
-Sería un regalo para ambos.
Contesto y tomo su barbilla, acerco mis labios a los suyos y en menos de dos segundos nuestros labios se tocan y como si fuera mi energía mi cuerpo reacciona y profundizo el beso, la rodeo con mis brazos y ella se pega más a mí, sus senos tocan mi pecho y confirmo que crecieron un poco más, inevitablemente jadeo ante ese contacto, saboreo sus besos, disfruto sus labios, ella me besa como si su vida dependiera de mí, me muestra sin temor sus sentimientos y yo dejo que sienta los míos, ella tiene el control absoluto de todo lo que soy, ella me mantiene vivo y me hace no sentir dolor, con este beso me demuestra que me sigue amando, olvido todo, olvido el mundo y me concentro en nuestro amor, en ella, en mi vida.



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