sábado, 14 de marzo de 2015

Metropolis


-Capitulo 31-

Por dónde empezar. Bueno, Ámbar y yo terminamos o en realidad ella rompió todo contacto conmigo, fue un poco inesperado y me confundió, termino después de que hiciéramos el amor, fue por Hana que me beso pero pensé que le había quedado claro de que solo ella existe en mi vida, le hice el amor de una manera en que quedara gravado en su memoria, en su piel, en sus labios, le hice el amor entregándole mis sentimientos y no dudara de mi amor pero no funciono, ella se fue de todas maneras.
Una semana después acepte a Hana, ella estaba encima de mí a cada segundo diciéndome que me podía hacer olvidarla, acepte con tal de quitar el dolor que he venido sintiendo desde ese día, todo es una locura, un dolor, una tristeza, un verdadero martirio.
Midori por su parte sigue molestándome es algo que empiezo a no tolerarlo, estoy pensando seriamente en cambiarla de hospital, como doctor encargado del hospital donde trabajo bien puedo hacerlo.
Llevo casi dos semanas de relación con Hana, no sé cómo decirlo pero, es buena compañía, hace que me distraiga de mis problemas y que sonría de vez en cuando, toda la escuela sabe bien que somos pareja, somos el tema de conversación y eso tal parece que a Hana le gusta, a mí no, no me gusta ser el centro de atención y menos si mi ex novia esta para escucharlo todo aunque la he visto también con el de americano, no se aun si son novios o no pero por lo menos alas le está dando.
-Mi amor, ¿Qué quieres comer hoy?.- Pregunta Hana.
-Bueno aquí no tenemos muchas elecciones de comida.- Sonrío un poco.- Solo bajemos a la cafetería y ahí vemos que.
Estamos en mi oficina, yo revisando documentos de la escuela, hace unos días hice un examen sorpresa, prácticamente todos pasaron con notas aceptables pero en especial una nota me llamo la atención, Ámbar tuvo nota perfecta, ha estado estudiando mucho. Antes me preguntaba cosa que no entendía, ahora me pregunto quién es quién le ayuda con sus dudas, tal vez David ya que es buen alumno o su amigo de americano, el ya vio todo esto.
 -¿Qué piensas mi amor?
-Solo veo notas de mis alumnos.- Contesto vagamente.
-¿Salieron bien?
-Sí, todos pasaron, son buenos chicos.
-Y tú un perfecto profesor.- Le sonrío y suspiro.
-¿Cómo va la señorita Ámbar contigo?.- No puedo evitar preguntar, ya le pregunte a sus otros maestros y va perfectamente.
-La jefa de grupo… Va bien aunque creo que la piscología no le gusta mucho, he notado que en clases no me pone mucha atención sin embargo pasa los exámenes muy bien ¿Sabes? Últimamente la he visto un poco decaída, David se la pasa abrazándola y consolándola, debe tener problemas en su casa ¿Por qué no hablas con ella? Como su tutor debes hacerlo.- Vuelvo a suspirar.
-Sí, lo hare.- Aunque sé que eso no pasara.
-¿Y cómo va contigo?
-Nota perfecta.- Digo alzando su examen.
-Si sigue así será una gran doctora.
-Lo será.- Confirmo con un poco de tristeza, no estaré ahí para verlo.
Dejo los exámenes en el escritorio y salimos de mi oficina, es hora de comer aunque no me ha dado tanta hambre como antes, hasta en eso influye ella, diablos. Hana toma mi mano, casi no nos tomamos de la mano y cuando ella lo hace siento un poco de culpa, me paseo por toda la escuela con ella aun sabiendo que Ámbar nos podría ver o nos ve, es algo estúpido de mi parte pero que le puedo decir a Hana, ‘¿Sabes qué? No me toques en la escuela y haz como si no me conocieras, no puedo parecer tu novio en la escuela porque está la chica que amo y no quiero lastimarla’ sería un poco cruel de mi parte, para las dos de una manera u otra.
-Mira ahí está la señorita Ámbar, ese ha de ser su novio el que dijo de segundo.- Comenta Hana y maldiciendo los veo, caminan y platican, ella lo toma del brazo
-Si ese ha de ser.- Contesto controlando mi enojo.
Pasamos casi frente a frente sin darnos cuenta o bueno, no pensé que ellos vinieran a esta dirección, mis ojos se cruzan con los de ella y siento esa sensación que siempre he sentido al ver sus ojos, ella los aparta la mirada primero y es como si no hubiera pasado nada.
Llegamos a la cafetería y lo siguiente es comer y platicar, Hana me toma mucho de las manos. A pesar de las dos semanas que llevamos de relación (y aún es muy poco) no hemos tenido relaciones sexuales, ella ha querido, ha ido unas cuantas veces a mi departamento pero la detengo con el pretexto de que es muy pronto aún, si pasamos más tiempo juntos, no sé, un mes, dos, tres, llegara la hora en que tengamos que dar ese paso, lo lamentable es que no quiero, no quiero estar con nadie más que no sea Ámbar. Sueno jodido, lo sé, pero ella es la única mujer a la que le haría el amor, de un millón de formas, de un millón de maneras, en un millón de vidas.
Terminamos de comer y pasamos de nuevo a mi oficina, a Hana le gusta estar mucho ahí y a mí no me gusta la idea, en mi oficina pase mucho con Ámbar, temo que llegue el día en que empiece a odiar recordarla tanto, la recuerdo con solo ver un maldito objeto de donde hemos estado, hospital, oficina, consultorio, departamento, escuela, salón… Es muy abrumador.
Entramos a mi oficina y Hana me dirige al sofá, nos sentamos en él y mi mente traicionera recuerda que aquí, en este lugar le hice el amor a Ámbar por última vez.
-¿Que harás mañana mi amor?
-Umm, ir al hospital, es fin de semana, es lo que hago siempre.- Regrese a mi matado horario, ya no está ella para pasar tiempo juntos.
-Pasare a tu departamento por la tarde, te cocinare algo delicioso.- Me confirma, no es un permiso, suspiro.
-De acuerdo.- Contesto.
Ella me ve y se sienta más cerca de mí, me sonríe y entonces me besa, besos tiernos me da y yo le correspondo, se pega más a mi cuerpo y pasa sus manos por mi pecho, las mete por mi saco y acaricia, se inclina hacia mi subiendo a mi regazo, una pierna de cada lado y sus ojos me dicen lo que me han estado pidiendo días atrás, me vuelve a besar, pongo mis manos en su cintura.
Es muy diferente sentir un cuerpo ajeno al de ella, es diferente sentir el cuerpo de una mujer de mi edad y sentir el cuerpo de una pequeña mujer, no tan diferente en el desarrollo ya que las señoritas de ahora se desarrollan muy rápido, se siente diferente porque mi pequeña encaja bien conmigo, Hana no. Sus besos pasan a mi cuello e intento dejar mis pensamientos y concentrarme en la que me está besando, cierro los ojos y me centro en sus besos, en sus manos que empiezan a bajar de mi pecho a mi cadera, una de sus manos llegan a mi entrepierna quien guiada por su naturaleza empieza a hacerse notar, rosa un poco con sus dedos y evito un quejido, regresa a mis labios y los muerde, ella como sexóloga bueno, en la cama es una experta… Sería la segunda sexóloga con la que estaría pero la experiencia se gana y el amor se disfruta cuando lo haces con esa persona y Hana no es esa persona.
Detengo sus actos y sutilmente la bajo de mí, beso el dorso de su mano y hago media sonrisa, voy a mi escritorio y me siento, doy unos suspiros para alejar el calor que empezaba a sentir.
-Hana tengo mucho trabajo, discúlpame.- Le digo con mi mirada de lamento.
-No te preocupes.- Me dice un poco seria.- Pero puedo preguntar, ¿Eras así con tu ex novia? Es decir, ¿No hacías el amor con ella por el trabajo?
Nos vemos a los ojos, yo hacia el amor con Ámbar, si por notros fuera lo hubiéramos hecho a cada segundo. Suspiro y viendo a Hana un poco dolida pienso en mis palabras.
-¿En verdad quieres hablar de eso? Hana, quieres hacerme olvidarla pero tocas el tema, no me estas ayudando.- Me escudo.
-Tienes razón.- Sonríe.
Pasamos unas horas revisando cosas de la escuela hasta que llega la hora de irme al hospital, nos despedimos y yo salgo del instituto un poco aliviado, desde unos días atrás he empezado a dudar de si hice lo correcto al aceptar a mi amiga, creo que fue una estupidez, eso de un clavo saca a otro clavo es una mierda.
Llega el sábado. Hana como dijo ha venido aquí y trajo comida, es buena cocinera. Comimos y ahora estamos viendo una película, ella quería que viéramos la película en mi habitación para estar más cómodos pero los recuerdos que tengo en ese lugar me lo impiden, me impiden que ella entre a mi habitación, en esa cama pasaron muchas cosas y no quiero borrar aun esos recuerdos con los de otra mujer.
-¿A qué hora es tu guardia?
-Empieza a las nueve.- Contesto y tomo un poco de soda.
-¿Puedo acompañarte al hospital? Me gustaría conocerlo.- Se apena un poco.
-Más adelante.- Digo sin ocultar mi incomodidad, en el hospital conocen a Ámbar como mi novia y de repente llegare con otra, no me gustan las malas impresiones
-Hideto….- La volteo a ver y sus ojos lucen deseosos.- ¿Me puedes besar?.- Pide con mucha necesidad, ella normalmente es la que me besa, yo no inicio los besos, no con ella.
Hago media sonrisa y tomo sus mejillas, pongo mis labios con los de ella y le doy un rose, cierro los ojos y ella enseguida demanda más de mí, su lengua entra en mi boca, esta lengua no es tan dulce y cálida como la de ella… Nos besamos y sus manos van a mi espalda.
-Te deseo Hideto, por favor.- Me pide con una voz cargada de ansiedad.
Esas palabras duelen un poco, ¿Puedo estar con ella? ¿Puedo estar con ella aunque no haya amor? Antes así lo hacía ¿Por qué ahora no? Pongo mis manos en su cintura y la acerco a mí, al instante ella jadea la acerco un poco más dominando la situación y vuelve a jadear, la subo a mis piernas y ella encantada abre sus piernas para encajar mejor, empieza a desabrochar mi camisa y yo su blusa, noto un sostén de encaje rojo, adecuado para la ocasión según noto, sigo desabrochando y siento su piel suave y se eriza ante mi contacto, acerca sus senos a mi rostro con el afán de que disfrute de ellos, estando a punto de hacerlo, suena mi celular, suspiro visiblemente abrumado y agradecido. La bajo de mis piernas y ella molesta se sienta a mi lado, tomo mi celular y contesto.
-Doctor, le llamo para decirle que el día de hoy no vendrá el doctor que tiene guardia para las consultas del día.- Me dice una enfermera.- A el doctor de subguardia no logro contactarlo.
-Está bien, yo me ocupo.- Contesto y cuelgo.
Me levanto del sillón y acomodo mi ropa, abrocho los tres botones que me había desabrochado Hana, por algo pasan las cosas ¿No?.
-¿Trabajo?.- Habla ella.
-Sí, el doctor que tiene consultas en el día no ira, tengo que ir.- Contesto y ella me mira desilusionada.- Lo siento.- Agrego.
-Está bien, como tu novia tengo que apoyarte y comprenderte en todo, es trabajo.- Sonríe y yo asiento solamente.
Ya acomodada la ropa de ambos salimos de mi departamento, cuando salimos escucho el “tin” del elevador, siena así cada vez que el elevador llega a un piso, logro ver que una mujer está parada y viendo al señor del elevador, el enseguida aprieta un botón y las puertas se cierran, confundido llegamos a esperar al que se fue y miro por la pantalla pequeña en donde dicen en que piso se quedan, el señor fue al piso principal, PB, planta baja, si no la alucinara estaría seguro de que esa chica del elevador de hace un momento era Ámbar... ¿Y si en verdad era ella? Esperamos tres minutos y el señor está de vuelta, entramos y el aprieta el botón de planta baja.
-Hace un momento llego aquí y se fue enseguida. ¿Alguna visita que se arrepintió?.- Le pregunto importándome poco que Hana este aquí, el señor me ve indeciso y ve a Hana.
-¿Por qué piensa eso?.- Pregunta.
-Bueno este es mi piso, debió de haber sido una visita para mí y una visita que se arrepintió porque se fue enseguida.- Digo en tono serio.
-Es….- Mortificado decide hablar.- Estuvo aquí una señorita….- Vuelve a ver a Hana y ella me ve a mí.
-¿Y qué paso?.- Ansioso pido que hable.
-Venía a verlo pero se tuvo que ir enseguida.- Dice finalmente.- No me dio explicaciones.- Asiento con la cabeza, llegamos a la planta baja y bajamos, Hana sale primero y el señor me detiene con un gesto.- La señorita que vino me dijo que le diera esto.- Me da una llave… La llave de… Veo a mí alrededor.
-¿Por qué se fue?.- Pregunto preocupado, el señor ve a Hana, maldigo en silencio.- ¿Nos vio?
-Si señor y quiso irse enseguida.
-¿A dónde se fue?
-Tomo aquella dirección.- Señala a la derecha de la salida.
-Gracias.- Digo con un poco de adrenalina, camino hacia Hana.
-¿Te dijo quién era?.- Aprieto la mandíbula.
-Alguien importante.- Contesto sincero.- Me tengo que ir al hospital Hana, nos vemos después.- Ella asiente y me besa, la veo llegara su auto y se va.
Yo camino hacia donde me dijo el señor, busco detalladamente, ya pasaron como ocho minutos desde que se fue, no es probable encontrarla pero no pierdo nada con intentar, camino dos cuadras hasta que veo un hermoso cabello negro alborotado moverse en el aire, ahí está, comprando un helado. Camino a ella rápidamente.
-Ámbar.-Digo tomándola de un hombro, ella voltea alarmada.- Necesitamos hablar.
-¿Qué haces aquí?.- Dice sorprendida.
-Fuiste a verme, no te puedes ir sin verme.- Sonrío.- Vamos.- La tomo de la mano.
-No quiero, no tenemos nada de qué hablar.- Jala su mano de la mía.
-Fuiste a verme por algo.
-Si, a dejarte la llave, no la quiero más.- Empieza a caminar y la sigo.
-¿Por qué te fuiste?
-No tenía planeado verte.- Evita mi mirada.
-Hana fue de visita, solo llevo algo de comer y…
-¡No tienes que darme explicaciones! Es tu vida no la mía y deja de seguirme ya.- Dice molesta.
-No te iras sin que hablemos.
La tomo de la mano e ignorando sus intentos de alejarse de mi camino, no sé qué lograre con esto pero es un buen pretexto para tenerla cerca de mí nuevamente, aunque sean solo unos minuto y con gritos, necesito verla a los ojos un poco más. Caminando rápido llegamos al edificio y el señor del elevador nos ve sorprendido y ve a Ámbar con una mirada de disculpa, ella le sonríe diciéndole que no hay problema.
Llegamos a mi piso y aun jalándola la llevo a mi departamento, entramos y cierro con llave la puerta, ella me ve enojada y se aleja mucho de mí, nos vemos desafiantes a los ojos, aun en la situación en la que estamos me siento feliz de tenerla aquí… Diablos, el hospital, saco mi celular y marco.
-Llegare un poco tarde al hospital, haga lo posible por localizar a un doctor que cubra.- Hablo viéndola a los ojos, la enfermera acata órdenes y cuelgo.
-¿Qué quieres lograr con esto? ¡Déjame ir!.- Dice caminando a la puerta.
-Déjame hablar.- Le digo tranquilo.
-¿Por qué te comportas así?.- Habla frustrada.
-Tu eres la culpable de que me comporte de este modo, como un estúpido adolecente que no puede hacer más que jalar a la mujer que ama por la calle y llevarla a su departamento.
-Abre la estúpida puerta.
-No lo hare, Hana vino a….
-¡Me importa una mierda lo que haya venido a hacer Hana aquí! No tiene nada que ver conmigo, sé que estas con ella ¿Qué tiene de malo que venga aquí? ¿Ya le diste llave también? O bueno, ahí tienes la que me diste para que se la des.- Habla con enojo y me acerco poco a poco.
-No le he dado llave y nunca lo hare, tu eres la única que puede tenerla y entrar a mi departamento por tu cuenta, nadie más.
-No me vengas a hablar de ‘solo tú’ ¿Sabes cuantas veces me dijiste eso cuando salíamos? Muchas, ¡Y mira como termino tu ‘solo tú’! Al día siguiente aceptaste a Hana, tus palabras no valen nada.
-Tu terminaste todo, pensé que te había quedado claro mi amor ¡Hicimos el amor! ¿Acaso no te dite cuenta de que deje todos mis sentimientos en mis caricias, mis besos, en todo tu cuerpo?.- Ella cierra los ojos y niega con la cabeza.
-Hana te beso, se atrevió a hacerlo por alguna razón, le contaste de nuestros problemas, sabes que la odio y hablaste con ella de lo nuestro.
-No le dije tu nombre.
-Que considerado, en verdad.- Me da la espalda.- Tú y ella siempre debieron de estar juntos.
-No es así, a ella no la quiero, a ti si cariño, a ti te amo.- Me acerco más.- Olvidemos todo lo pasado.
-No podemos.- Se voltea y se alarma al verme tan cerca.- No puedo olvidar todo lo pasado cuando te veo diario caminar de la mano con Hana, cuando te veo salir de tu departamento con ella.
-No ha pasado nada.
-No me importa.- Contesta.
-A mí me importa, ¿Has estado con otro hombre? ¿Has estado con ese de americano?
-¿Qué?.- Dice sorprendida.- ¿Crees que porque me desvirgaste me acostare con todo aquel que quiera?
-No… Solo contéstame, necesito saber, dame paz, entiende que no soporto la idea de que estés con alguien más.
-¿Y si así fuera qué? ¡Es mi vida!.- Un cuchillo me atraviesa.
-¡Eres mía! Mi novia, mi mujer.- Digo desesperado.
-¡No te pertenezco más, no quiero pertenecerte más!.- Sus ojos son fríos conmigo.
-Yo no quiero hacerle el amor a ella, a ninguna mujer, mi cuerpo solo te necesita a ti.- Digo a la defensiva, sus pupilas se dilatan y veo que baja un poco sus defensas, aprovecho para romper alejamiento y la atrapo entre mis brazos.
-Déjame.- Dice en voz baja pero no trata de hacer lo que sus palabras dicen.
-Te sigo amando Ámbar.- La veo a los ojos y tomo su barbilla para besarla pero ella me empuja.
-Aléjate idiota.- Me dice enfurecida, ¿Qué?.- Tienes su labial en los labios y su perfume en la ropa, te hubieras cambiado de camisa, la tienes manchada.- Dice con los ojos vidriosos, veo mi camisa, logro ver en el cuello un poco de labial.- Eres un desgraciado, intentas que vuelva y mientras estas con la otra pobre que te ama.- Camina a la puerta y la golpea.- ¡Ábreme maldita sea!
-Cariño, yo…
-Cariño nada, ¡Déjame ir! ¿No entiendes que no quiero verte? ¡No quiero estar cerca de ti! Nunca más.
-¿Me odias?.- Logro decir, sus ojos me odian en este momento.
-¿No es lo que quieres? Caminas de la mano con ella importándote nada de si me lastimas o no, si querías que te odiara lo has conseguido, que no te sorprenda porque es así, no sabes cuánto me arrepiento de haberte querido y estado contigo, ¡Ahora ábreme!.- Grita y esta vez con un dolor inmenso hago lo que me pide.
-Jamás quise que me odiaras y mucho menos lastimarte.- Le digo apenas en un susurro y ella sale enfurecida del departamento, voy tras ella y el señor del elevador nos ve preocupado, ella entra evitando llorar.
-Señor.- Trago un nudo en la garganta.- La señorita no vendrá más a este lugar y si lo intenta, por favor niéguele la entrada a este piso.- Digo dolido y camino a mi departamento, así todo será más fácil.
Me encierro en mi habitación y como pleno adolescente me aviento a la cama y mis lágrimas salen, tomo la botella de vino que traje de la cocina y sin copa la bebo, directo de la botella. Ella me odia, logre que me odiara y ahora esta con alguien más… Ha estado con alguien más, ya no es mía, ya no… Ya me olvido y su amor se convirtió en odio, entonces si esto es así… Hice bien en aceptar a Hana pero no he hecho bien en evitar su cuerpo, ella quiere que le haga el amor, pues bien. Así será, de ahora en adelante nos convertiremos en una completa pareja. También debo de cambiar mi plaza, no quiero verla más, no quiero odiarla, no quiero que me odie más. Es hora de un cambio drástico a esto. Ella no sabrá más de mí.


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