jueves, 26 de febrero de 2015

Metropolis


-Capitulo 24-

Antes disfrutaba un poco dejarles mucho trabajo a mis alumnos, lo admito pero en realidad eso les ayuda mucho, les da más conocimientos. Ahora eso no me favorece mucho, o mejor dicho para nada. Mis colegas le dejan mucha tarea por instrucciones mías aunque a ellos también les gusta hacerlos sufrir, yo dejo pero esta vez no tanta, paso casi una semana para que pudiera tener contacto con mi novia. Nos veíamos en clases pero no podíamos estar solos lo cual casi me volvía loco, no había experimentado esa necesidad, esa ansiedad de ver a alguien, me estaba atormentando mucho no tenerla cerca. Fue una sensación nueva para mí y para nada agradable.
La última semana de clases pasó rápido, todos los alumnos felices de tener un poco de descanso hicieron un pequeño convivio en el salón con mi permiso, conviví con ellos, algo que no había hecho nunca con mis otros alumnos, comimos pizza y pastel, jugos y refrescos, fue buen momento.
En vacaciones mi tiempo libre es un poco más, no tengo que ir al instituto a menos que los directivos locos de mis amigos me digan que tengo que dar alguna conferencia, espero que no tenga ninguna. Ya es mucho desgaste con las guardias y también me merezco vacaciones del instituto aunque ahora eso me tiene frustrado. No puedo ver diario a mi novia, es horrible la ansiedad que tengo cuando pasan muchas horas y no la veo, como he escuchado, me pego fuerte el amor, quien lo diría.
En el hospital me va bien como siempre, tengo mis guardias y por el día me quedo en mis consultas, claro, eso es cuando mi novia y yo no nos vemos, prefiero mantenerme ocupado y no ansioso por verla. Cuando ella me dice que si nos podemos ver dejo mis consultas a otro doctor, es uno de los privilegios que me puedo dar.
Con Midori es un poco de lata, trabajamos en el mismo lugar y aunque ella está en el piso de arriba se la pasa buscándome, odio que me busquen tanto, obviamente esto no aplica en mi novia, ella puede buscarme a cada segundo y yo estaría encantado. Pero Midori no, ella me busca por cualquier pretexto, dice que somos amigos y nada más pero sé que ella aun quiere algo más y me molesta porque no está respetando a mi novia. En el hospital ya rondan rumores por las enfermeras, ‘Midori y yo pareja’ un fastidio en verdad.
Llevamos casi una semana de vacaciones en el instituto y solo he visto una vez a mi novia, nos llamamos y mandamos mensajes pero obviamente no es lo mismo. Es frustrante y triste, cuando no está conmigo siento un enorme vacío, ella me es indispensable.
Hoy entre temprano a trabajar, estoy dando consultas, estaba en mi departamento, ahora a cada lugar al que volteo me recuerda a mi pequeña, es una tortura cundo no está así que prefiero venir a trabajar aunque eso signifique soportar a Midori.
-Doctor, le queda una consulta más antes de la comida.- Me dice una enfermera.
-Gracias.- Le contesto sonriente y se sonroja, eso es siempre.
Me acomodo en mi silla y enseguida entra una señora con su hijo pequeño, nos saludamos y les digo que se sienten, la paciente es ella, sus síntomas son mareo, vomito, escalofríos, dolor de cabeza… Veamos, me levanto de mi lugar y voy hacia ella, tomo mi estetoscopio y baumanometro y empiezo a revisarla.
Terminando con mis consultas de la tarde voy a comer, la comida del hospital no es mala, al contrario pero comer aquí se me hace un poco solitario, al menos si como yo solo en mi lugar de trabajo, estando por quitarme la bata escucho una voz… Mi corazón se aviva, volteo rápidamente y la veo, ahí parada en el marco de la puerta de mi consultorio, sonriente y encantadora, viene con un vestido de primavera, zapatillas con un buen tamaño de tacón, una pequeña bolsa y el cabello igual de rebelde pero esta vez con un pequeño broche, dios, mi novia está aquí.
-¿Tiene tiempo para una consulta más?.- Dice sonriente.
-Cariño…
Regreso la bata a mi cuerpo y camino hacia ella, la atrapo en un fuerte abrazo y ella me abraza de la misma manera, inhalo su aroma, siento su calidez, la levanto levemente del piso y doy una vuelta, la veo a los ojos, esa mirada.
-Hola.- Me dice tiernamente.
-Pequeña….- Le doy un casto beso en los labios y me responde deliciosamente.- He estado añorándote tanto.
-Igual yo, quise venir y darte una sorpresa, tuve suerte de encontrarte.- Me dice divertida.
-Un poco más y no llegabas a tiempo.- Sonrío.
-Bueno pues ya que estoy aquí… Demos un tour.- Dice emocionada y yo aún más emocionado de que conozca mi territorio sonrío y la lleno de besos.
-¿Cómo es que te dejaron pasar?.- Pregunto curioso, cuando es hora de que vaya a comer nadie más pasa, las consultas se las dan a otro doctor.
-Bueno….- Se encoje de hombros.- No me querían dejar pasar, llegue muy tranquila y dije, “Vengo a ver al doctor Takarai” una enfermera me vio como bicho raro y me dijo que no sería posible entonces me hice la indignada y dije “Entonces llámalo y dile que su novia está aquí”  ella no supo que hacer y aproveche para colarme y por casualidad encontré tu consultorio, es bueno que tenga tu nombre en la puerta.- Me cuenta divertida y yo sonrío feliz.
-Amo tus locuras cariño.- La beso encantado.
-Fue emocionante colarme, de seguro la enfermera me está buscando o algo así, como en las películas.- Nos reímos.
La tomo de la mano y cuando estamos por salir veo justamente a una enfermera viéndonos sorprendida, esa enfermera es estricta y enamoradiza, sí, de mí.
-Doctor.- Dice ella.- La señorita…
-La señorita es mi novia, no se preocupe.- Digo tomando de la cintura a mi pequeña.- Y por favor, cuando venga ella a visitarme procure pasarla de inmediato y si tengo consulta que este en la sala de doctores.- Ordeno, este es otro de mis privilegios.
-Entendido.- Contesta indignada y se va.
-Bueno cariño, vayamos a dar ese tour.- Tomo su mano y camino encantado de la vida.
Primero pasamos por los demás consultorios, vemos las salas de espera, la cafetería, área de estudios, almacenes, habitaciones de pacientes internados, salas intensivas y medias, quirófanos, salas de maternidad y partos, radiografías, área de pacientes fallecidos y en espera de ser dados a sus familiares, área infantil…
Pasamos más de una hora conociendo el hospital, nunca había disfrutado tanto caminar por estas instalaciones, presento a mi novia con enfermeras y colegas y ella un poco tímida saluda educadamente, como vino hoy vestida por lo menos subió tres años su edad, es decir,  se ve como de veinte.
-Todo es grandioso, enorme, impresionante… ¡Wow!.- Me dice mientras pedimos un jugo en la cafetería.
-Tu futuro lugar de trabajo.- Digo orgulloso, ella se sorprende.
-¿Lo crees? ¡Eso sería fantástico!.- Da pequeños saltos en su lugar.
-Lo creo perfectamente cariño.- La beso y cuando nos alejamos.
-No sabía que tu novia estaba aquí.- Dice Midori viéndola no tan gratamente.
-Bueno y yo no sabía que mi novio tenía que darte santo y seña de todo lo que hace.- Contesta mi novia y la veo asombrado, no la había visto de esa manera, joder, me gusta, Midori me ve y yo no hago nada.
-No es eso… Solo….- Midori se queda sin habla.
-Se lo que quisiste decir Midori, pero solo te recuerdo que él tiene novia, por favor no te tomes privilegios que no te corresponden.
-Vamos cariño, te invitare a comer algo delicioso.
Le digo viéndola a los ojos para que este más segura de sí misma, es la primera vez que marca territorio con alguien, es decir, yo soy su territorio. Veo a Midori y solo me despido con un saludo de cabeza y tomando de la cintura a mi novia caminamos, veo a mi pequeña y tiene una sonrisa en su rostro, yo también.
-Es una zorra.- Habla ella y rompo en risa.
-Cariño, es la primera vez que te veo de esta manera.
-¿Te molesta?.- Pregunta preocupada.
-En absoluto, al contrario, me encanta.- Le doy un beso en la mejilla.
Pasamos a mi consultorio, dejo mi bata y tomo mis cosas, no tengo planeado regresar, le digo a la enfermera encargada que avise al doctor de guardia que se queda de encargado. Sin más salgo con una enorme sonrisa y de la mano con mi novia, subimos a mi auto.
Como alguien que está a punto de morir de sed y ve un charco de agua, tomo a mi novia y la acerco a mí, ansioso, desesperado. La beso, ella me corresponde con la misma intensidad, sin darme cuenta de cómo ella se sube a mi regazo, hago el asiento hacia atrás para que el volante no la lastime, me atrapa entre sus labios, suaves y cálidos, su aroma y calidez me envuelven en una burbuja de la que no quiero salir nunca. Paso mis manos desde sus hombros hasta su cintura, ella se mueve un poco en mí y jadeo junto con ella, agradezco que mi auto tenga vidrios polarizados. Se mueve un poco más y las sensaciones que me transmite son más, rápidamente siento como me pongo erecto, suspiro profundamente para controlarme.
-Pequeña… Vayamos a mi departamento.- Le digo jadeando.
-Nos estamos tardando.- Contesta agitada.
Se baja de mi regazo, se sienta, se pone el cinturón de seguridad, yo me acomodo en el asiento y con una dura erección que empieza a doler enciendo mi auto, nos vemos y sonreímos, amo a esta mujer.
Llegamos a mi departamento, el que se encarga del elevador se le quedo viendo mucho a mi novia, como dije antes se ve mayor a lo que es, el maquillaje es una buena herramienta pero sin duda prefiero su hermosura natural. Aunque de ese vestido no me puedo quejar, hace lucir sus piernas perfectamente y con esos tacones de infarto. Bueno, solo puedo pensar en una cosa. Amarla como sabemos hacerlo en privado.
Llegamos a mi habitación y caímos en la cama entre besos ansiosos, ella quedo arriba de mí, provocándome como solo ella sabe, tocando mis puntos débiles y dejándome deseoso de más.
Con este vestido que sin duda ahora es uno de mis favoritos disfruto de sus cálidas piernas, paso mis manos por debajo de su vestido hasta llegar a su ropa interior, acaricio y provoco, ella me estimula dando movimientos peligrosos en mi pelvis, jadeos, jadeos y más jadeos salen de mi garganta. Como puede ser que una chica de 17 años haya tomado tanto gusto por el sexo, bueno mejor dicho, por hacer el amor.
Subo mis manos a su espalda y bajo poco a poco la cremallera del vestido, me encanta esto, roso su espalda con mis dedos y beso la piel que va quedando desnuda, siento como se le eriza la piel, el vestido cae a su cintura y noto que no trae sostén, sonrío complacido y beso sus pechos que son mi delirio. Beso, lamo, muerdo un poco, me adueño de sus pezones y la escucho gemir, ella arquea su espalda para darme mejor acceso, disfruto y dejo un pezón erecto para dedicarme al otro. Ella con sus manos revuelve mi cabello y hace movimientos insinuantes en mi pelvis, mi respiración empieza a entrecortarse y el pantalón empieza a apretarme, doy vuelta y la dejo debajo de mí, nos besamos y le quito el vestido, ella desabrocha mi pantalón y quedamos solo con una ligera tela en nuestra cadera, los dos ansiosos nos quitamos lo que nos estorba y sin esperar  me pierdo entre sus piernas, acaricio sus muslos suavemente haciendo círculos, paso mi lengua en su intimidad subiendo y bajando, me concentro en el lugar de más sensaciones y juego con mi lengua, la escucho jadear una y otra vez, esos sonidos, esos gemidos que resuenan en mis oídos me hacen saber que no hay ningún sonido en el mundo que ame más que los que salen de su garganta, daría cualquier cosa por ellos.
Complacido por su entrega y su excitación subo a su boca y la beso, ella disfruta de su propia salinidad y con una mano toma mi erección y la lleva a mi lugar preferido, lo introduce poco a poco y gemimos ante las sensaciones.
La sensación de entrar en ella, de sentir su apretada entrada y sus paredes succionándome para darme bienvenida siempre me vuelven loco. Empezamos nuestro baile más preferido y privado, una dos, tres, me descontrolo con las envestidas y me envuelvo en nuestros gemidos, en nuestros besos y caricias, estar de esta manera con ella, solo con ella hace que me sienta ligero y capaz de ir a donde menos me lo imagine. Siempre es así, una unión magnifica, un calor intenso que nos invade cuando estamos llegando a nuestra liberación, una visita al inframundo y al cielo a la vez, revivimos y morimos, desvanecemos y recobramos fuerzas, nos llenamos de adrenalina y conforme respiramos nos llenamos de vida, una sensación de quemarnos nos atrapa, pero esa sensación es grata y placentera, nuestros corazones palpitan a un ritmo anormal, nuestra tensión arterial sube, vivimos en otras galaxias donde la gravedad no existe, flotamos en nuestra burbuja y viajamos, viajamos en un mar de sensaciones, esto es todo, todo lo que he deseado sin darme cuenta.
-Te amo pequeña.- Le digo abrazándola fuertemente.
-Te amo amor, como nunca imagine que se podía llegar a amar.- Nos damos un casto beso.- Pr cierto, no te había podido contar….- Se incorpora y me ve nerviosa, me incorporo también y la observo curioso.
-¿Qué es?.- Pregunto.
-Bueno… Hace varios días hable con mamá sobre ti y…
-¿Hace varios días?.- Reprocho.- Cariño, ¡Varios días! ¿Cuánto son varios días?
-Como… Que serán, ¿Dos semanas?.- Se encoje de hombros.
-¡Pequeña!
-Tenía muchas tareas y después vacaciones, no nos hemos visto.- Se cruza de brazos.
-Está bien.- Suspiro.- ¿De que hablaron?
-Le hable de ti, le dije que tengo novio y que lo amo y que…
-Es mayor.- Concluyo.
-Sí y un gran doctor.- Sonríe.
-¿Qué te dijo?.- Pregunto ansioso.
-No se molestó como pude llegar a imaginar, estuvo tranquila pero al principio no aceptaba nuestra relación, aunque no lo dijo abiertamente sé que así fue pero se dio cuenta de lo mucho que te quiero y tú a mí, nos apoya.- Sonrío encantado.
-Es perfecto ¿No?
-Lo es pero me preocupa papá, él es otra cosa y no actuara como mamá.
-Sabré ganármelo.- Digo confiado.
-Es lo que más deseo.- Me dice recargándose en mi pecho.
-Cariño, quiero conocer a tu mamá, ya sabe de mí así que…
-¿Conocer?.- Dice alarmada.
-Sí, es lo correcto, hace días le hablaste de mí y no he ido a presentarme, no quiero dar mala impresión, necesito conocerla.- La veo morderse el labio inferior dudosa, cierra los ojos y suspira.
-De acuerdo.- Dice al fin y sonrío.- ¿Cuándo?
-Hoy mismo.- Confirmo.
-Entonces la llamare y nos vestimos.- Pasa su cuerpo por el mío y se estira para tomar su celular, regresa a su celular y marca.
-Hola mamá. Si, la estoy pasando bien.- Me sonríe y yo con ella.- Estaba hablando con mi novio y quiere conocerte. Si, segura que así dijo. Hoy mismo. ¿A qué hora? Ummm.- Nos vemos y le digo que en una hora con señas.- En una hora. ¿En dónde?.- Le digo que en una cafetería muy conocida.- Si, ahí nos vemos. Lo se mamá, yo también estoy nerviosa.- Me ve a los ojos y efectivamente, está nerviosa.- Nos vemos en un rato.- Y cuelga. 
-Gracias pequeña.- La abrazo para tranquilizarla.
-Eres el primer novio que le presento a mamá, estoy que muero de nervios.
-No sabes cuánto me alegra ser el primero.- Nos besamos y ella sube a mi regazo, me encanta acariciar su espalda desnuda pero…
-Cariño, si seguimos así nunca llegaremos a nuestra cita, es en 58 minutos, apurémonos.- Sonrío al ver sus pucheros y nos levantamos de la cama.
Nos vestimos y nos arreglamos un poco el cabello, ella es la que tarda mucho más así que mientras voy a la sala, no mentiré, estoy nervioso ahora mismo, la señora podría gritarme por salir con su hija menor y está en todo su derecho o puede solo sentenciarme que si la lastimo me matara o me mete a la cárcel o algo peor, bueno, no me estoy ayudando mucho ¿Verdad? Escucho que mi novia viene hacia mí y oculto mi nerviosismo, salimos de la mano y vamos a mi auto.
La cafetería está cerca así que no tardamos mucho en llegar, tomamos una mesa y esperamos, no hablamos mucho, ella ya se dio cuenta de que estoy algo nervioso, ella lo está más. Esperamos quince minutos en lo que se concluía la hora.
Yo distraído con mi celular no me percaté de que mi novia se había levantado de la mesa, subo la mirada y ahí está, mi pequeña saludando a su mamá, una señora encantadora visiblemente, ahora veo de donde mi novia saco lo hermosa. Me levanto inmediatamente y camino hacia ellas, la señora amablemente me sonríe, mi novia está nerviosa, sus ojos me lo dicen pero yo sonrío evitando que vean que mi corazón esta desbocado.
-Mira mamá, él es Hideto, mi novio.- Nos presenta mi pequeña.- Hideto, ella es mi mamá, Miranda.
-Mucho gusto señora.- Nos damos un apretón de manos.- Ya deseaba conocerla.
-El gusto es mío Hideto… Y eso me comento mi hija hace unos días.- Caminamos a la mesa y nos sentamos, un mesero se acerca a nosotros y nos da la carta.
-¿Ya comió? Aquí también tienen restaurante.- Digo nervioso, ella sonríe.
- Me apetece comer, le dije a tu padre que me vería con unas amigas.-Le dice a su hija y ella le dice gracias con la mirada.
-Entonces comamos algo rico.- Habla mi novia.
-Y vamos Hideto… Mi hija me comenta que usted es doctor.
-Así es, trabajo en el hospital ‘Punta del cielo’.- Se sorprende.
-Vaya, el mejor hospital según sé.
-No es por presumir ya que trabajo ahí pero así es, uno de los mejores.- Sonrío y ella sonríe conmigo.
Llega el mesero y pedimos lo que queremos comer, asiente y se va dejándonos con unos aperitivos, disfrutamos con confianza, la señora aparte de que luce encantadora por fuera, lo es por dentro, hasta ahora no ha habido gritos e insultos.
-Sé que le lleva por 10 años a mi hija….- Ahora piso terreno peligroso, asiento con la cabeza.- Ámbar es menor de edad y…
-Disculpe la interrupción.- Me atrevo a decir.- Se bien que Ámbar es menor de edad pero… Lo único que le puedo decir es que la amo, señora, en verdad la amo, a mi edad se perfectamente que esto no es para un tiempo, algo de pasada, no. Se bien que amo a su hija y quiero estar con ella aunque eso implique poner en juego mi carrera y mi futuro ya que…
-Sí, podría ir a la cárcel.- Dice ella y asiento, mi pequeña solo escucha y me mira con amor
-No me importa correr ese riesgo, amo a Ámbar y es todo lo que me importa. Antes de conocerla mi vida era el trabajo, no me importaba más pero ahora que estoy con ella, eso paso a segundo plano, mi vida es ella señora, se lo puedo confirmar una y otra vez.
Miranda me ve a los ojos, fijamente, tal vez viendo en mi mirada si digo la verdad o no, hace una muy ligera sonrisa, ve a su hija y las dos se ven a los ojos, se hablan con la mirada, su mamá acaricia su mejilla y mi novia me ve a los ojos, me sonríe y toma mi mano, la señora me ve nuevamente y hace una sonrisa cálida.  
-Mi hija me dijo lo mismo Hideto, yo sinceramente dude de la total confianza que ella deposito en usted pero ahora confirmo que es verdad, usted la ama lo suficiente como para arriesgarse al grado de la cárcel, de su futuro, mi hija merece ser amada con esa intensidad con la que la ama, lo veo en sus ojos y en sus palabras, le agradezco ese amor.
Ahora siento como mi cuerpo libera una presión que no me dejaba respirar tan bien, veo a mi pequeña quien me sonríe feliz y yo sonrío con ella, me atrevo a acercarme y besar su frente.
-Muchas gracias señora.- Digo feliz.
Pasamos el tiempo comiendo y platicando, bueno, conociendo un poco la vida de mi suegra, de mi suegro quien dice ella, no estará de acuerdo con esta relación pero tendremos su apoyo. También conozco un poco más a mis cuñados, el mayor será difícil de ganar, el pequeño no tanto. Bueno, estoy entrando en la familia.
-Gracias por la comida Hideto, estuvo deliciosa.
-Huy, espera a que te cocine algo, la cocina le va bien.- Me halaga mi novia y mi suegra me ve curiosa.
-Bueno, me gusta cocinar y más si es para la mujer que amo y a su hermosa madre.- Sonrío y ellas conmigo.- Cuando guste.
-Tomare su invitación entonces.- Sonreímos.- Ahora es tiempo de irme.
-Nos vemos en casa mamá.- Dice mi pequeña, veo mi reloj y volteo a verla.
-Cariño, en poco se hará de noche y no quiero que llegues tarde a casa, ve con tu mamá, estaré más tranquilo.- La señora me ve con afirmación.
-Pero… No nos hemos visto y quién sabe cuándo nos volvamos a ver.- Dice cruzando los brazos.
-Yo te cubriré cielo.- Su mamá le guiña un ojo y a mi pequeña se le ilumina el rostro.
-Entonces acepto, vamos a casa mamá.
Reímos un poco, doy un apretón de manos con Miranda y después mi novia y yo nos vemos, ¿Cómo despedirnos? Suspiro y mi pequeña se adelanta a lo que yo no me hubiera atrevido a hacer, me da un casto beso en los labios que recibo gustoso y apenado, nos abrazamos y alejándonos veo a mi suegra sonreír, no se incomodó. Ellas empiezan a tomar su camino y yo espero en mi lugar hasta que se pierden de mi vista.
No fue tan mal como pensé o imagine. No a todos les toca una suegra tan encantadora ¿Verdad? Soy un afortunado aunque aún me falta lo más difícil. Conocer al padre. Eso sí es de infarto. Caminando a mi auto recibo una llamada, emergencia hospitalaria, afortunadamente y como todo doctor precavido llevo mi bata y maletín extra en mi auto así que esta tarde-noche ya no llegare a mi departamento.
Todo, hasta hora, está yendo a la perfección aunque una sensación extraña, como de preocupación se ha instalado en mí negándose a irse, esperando que no sea nada más que estrés del trabajo, le quito atención esperando a que sea lo mejor.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥