sábado, 21 de febrero de 2015

Metropolis


-Capitulo 22-

En poco tiempo mi novia y yo hemos llegado lejos, sé que me ama, sé que la amo y sé que estaría dispuesto a todo por ella. En el plano sexual vamos de maravilla, ella es una chica de 17 años que hasta hace poco no le daba mucha importancia a ese tema, de pronto llego yo y empiezo a despertar su deseo, ¿Si soy culpable de eso? Sí. ¿Si soy culpable de que ahora ella sea una diosa sexual? También me hago responsable. La amo, carajo, realmente la amo. Nunca había experimentado tantas sensaciones con alguien, ni con la novia con la que dure más tiempo, nada se compara a esto.
Mi respiración agitada hace que mi corazón lata más fuertemente. Mi piel se siente excesivamente sensible, se me eriza ante un simple rose. Mi novia me tiene hechizado, me tiene a su disposición, a su merced, sus besos son adictivos, sus caricias queman mi piel de una manera deliciosa, sus manos me recorren estratégicamente, su boca, dios, su boca… Debería de ser la octava maravilla del mundo.
Bajo mis manos y acaricio su cabello, esa cálida y húmeda boca, esa lengua suave, esos dientes torturadores. Ella succiona mi erección con total naturalidad, lame, chupa, disfruta cada parte de mí, mi garganta saca grandes gruñidos de placer, sus manos atienden mis testículos y su boca mi pene, esa deliciosa y perfecta boca, esas manos diestras que en poco tiempo aprendieron a torturar de una manera perfecta. Mi erección cada vez más caliente y dura me provoca un calor que se expande por mi cuerpo, retengo mi esencia un poco más, sus envestidas matadoras hacen que mueva un poco mi cuerpo, con mis ojos cerrados las sensaciones son más al igual que si tomo oxigeno de más, dios, esto es una locura.
Cuando me ve a los ojos mientras atiende mi erección es una delicia, verla a los ojos, chupándome de esa manera es para volverse completamente loco de deseo y excitación.
Sube a mis labios y nos besamos, mi dureza perfectamente bien atendida me pide que le dé más de lo que necesita, nos damos besos y caricias y entro en ella, su estreches me mata, me excita aún más, al entrar en ella siento como sus músculos me atrapan, me absorben, me dan la bienvenida con deliciosas sensaciones.
Nos empezamos a mover, una y otra y otra envestida lenta y precisa, conforme vamos gimiendo más y nuestros cuerpos nos piden más subo el nivel del vaivén, nuestros corazones acompañados de nuestras respiraciones, nuestros gemidos acompañados de nuestro sudor, somos una perfecta mezcla y una perfecta unión. Su aliento en mi cuello, el rose de sus labios, su piel desnuda con la mía, sus redondos y suaves pechos chocando con mi cuerpo, su pequeña figura de diosa entre mis brazos, mi erección deleitándose en su interior, haciendo fiesta junto con sus músculos que se contraen y me aprietan de un manera torturadora. 
Veo su rostro y esta sonrojada, amo su sonrojo cuando estamos haciendo el amor, amo su rostro cuando está teniendo un orgasmo y se deja llevar por mí, la amo toda, totalmente.
Las contracciones de nuestros músculos son más y el calor nos está invadiendo, una sensación intensa nos envuelve, nos lleva a que hagamos movimientos mas rápidos, gemimos más, ella me aprieta más y eso me indica que está por llegar su orgasmo,  en segundos escucho un sonoro gemido junto con mi nombre, ella se está dejando llevar y segundos después yo me dejo llevar también, un grandioso orgasmo nos libera y caemos rendidos, nuestro sudor mezclado y nuestro aroma a sexo me fascina, beso sus manos y quedamos en silencio recuperándonos.
Nos ponemos a ver la tv y comemos fruta, esto es ya como una costumbre después de una hermosa entrega. Los dos abrazados, en la cama, desnudos y medio tapados con una sábana. Si por mi fuera me quedaría así por siempre.
Rompiendo el bello momento mi celular suena, lo tomo y veo quien es, es un número desconocido y contesto sin más.
-Querido Hyde, estoy afuera de tu departamento, ¿Me puedes abrir? Sé que estás ahí adentro.
Esa voz… Esa suave voz que no escuchaba desde hace mucho me pone de repente nervioso e incómodo, mi novia se mueve de su lugar y sus ojos curiosos me ven, doy un suspiro.
-Midori… Cuanto tiempo.- Digo viendo a mi pequeña a los ojos.
-Lo sé, siento llamar sin avisar y más siento venir a tu departamento sin avisar pero siempre es bueno ver a un viejo amigo ¿No lo crees?
-Sí, bueno… ¿Porque crees que estoy en mi departamento?.- Mi novia hace un ligero gesto de molestia y pone su atención a la tv.
-Porque en el estacionamiento vi tu auto, vamos Hyde, ábreme que quiero verte, ha pasado mucho.- Veo a mi chica levantarse de la cama envuelta en la sabana y empieza a buscar su ropa.
-Espera un segundo Midori.- Le digo y tapo el audio para que no me escuche del otro lado.- Pequeña, ¿Por qué te levantas?
-Tienes visita y es hora de que me vaya a casa.- Dice poniéndose la ropa interior.
-No te vayas, tú estás conmigo, no tienes por qué irte.
-Lo siento Hyde.- Se pone el pantalón, regreso a la llamada.
-Midori, no estoy en mi departamento.
-Claro que sí, en recepción me dijeron.- Maldigo.
-Estoy en el edificio sí, pero no en mi departamento.- Mi novia ya vestida se peina el cabello en una coleta y toma su celular, voltea a verme.
-¿Puedes hacer algo y moverla de la puerta? Tengo que irme.- Dice un poco seria, me levanto de la cama rápido y la detengo en la puerta de la habitación.
-Midori… Nos vemos en el estacionamiento y vamos a tomar algo fuera.
-De acuerdo, no tardes.- Me dice conforme y cuelga, aviento el celular a la cama y veo a mi novia a los ojos.
-No te vayas así cariño, tú no tienes por qué irte, ella sí.
-Vamos Hyde, enserio tengo que irme, David le dijo a mis papás que no llegaría después de las ocho, tengo una hora para llegar a casa.
-Yo te llevo… Espera, ¿David?.- De repente la ira me visita.
-Sí, David, ayer estuvo en mi casa comiendo flan, platicamos y pidió permiso a mis papás para que hoy saliéramos un rato.
-¿Por qué lo llevaste a tu casa?
-Porque me llevo y lo invite a pasar, es mi amigo, no le veo nada de malo.
-Debería de ir tu novio y hablar con tus papás, no tu amigo.
-Sabes que es complicado.- Me responde seria, maldigo una vez más.- Me tengo que ir enserio.
-Me visto rápido y te llevo.- Camino a mi armario y busco algo de ropa.
-No es necesario, tienes visitas, llegare rápido, nos vemos.- Dice caminando rápido a la salida, me pongo rápido un bóxer y camino tras ella.
-Cariño…
-Hyde… Si llego tarde dejare en mal concepto a David.
-Tu amigo no me importa.- Ella abre la boca y sé que me reprochara.
-¡A mí sí! ¿Cómo puedes decir eso? Es el chico más lindo que puede haber, lo adoro.
-Cuando le dices eso a tu novio, más lo odiara.- Digo casualmente.- Déjame llevarte.
-No, tienes que ver a alguien.
-Ella no importa.- Le digo tomándola de las manos.
-A una visita nunca se le hace una grosería.
-Eso no aplica cuando estas con tu novia.
-Pues resulta que tu novia esta por irse a casa.
-Pequeña… No me hagas esto, ella es una…
-Hablamos después Hyde y ya déjame ir.- Me empuja con su cadera divertida.
Abre la puerta y antes de que salga la atrapo entre mis brazos y la beso profundamente, ella me corresponde sin problemas, en sus besos sé cuándo está molesta conmigo o no, afortunadamente no lo está. Nos alejamos y acaricio su cabello.
-Te llamare más tarde.- Le digo.
-Estaré esperándolo.- Me sonríe y empieza a alejarse.
-Pequeña….- Le digo antes de que se aleje más, ella voltea y me ve.- Sabes que puedes venir siempre que quieras ¿Verdad?
-Lo se doctor Takarai.
Me guiña un ojo y me manda un beso, entro al departamento y voy a la habitación, tomo unos pantalones casuales y una sudadera, el día ha estado fresco. Guardo mi celular, llaves y cartera en mi pantalón y salgo al estacionamiento. Cuando llego veo a una mujer de estatura mediana, cabello suelto y largo de color castaño, cuerpo de buenas proporciones y sonriente al verme, suspiro un poco y sonrío también.
-¡Hyde!.- Me atrapa en un fuerte abrazo y correspondo, no con la misma intensidad.
-Midori, cuando tiempo.- Digo alejándome un poco.
-Sí, ha pasado que, ¿Dos años?
-Sí, más o menos, vamos a una cafetería.- Le digo abriendo la puerta de mi auto.
-Encantada.- Contesta sonriente.
Tomamos camino a una cafetería cercana, Midori desde que la conozco ha sido de ánimo alegre, siempre sonríe y contagia ese ánimo, tiene la misma edad que yo, somos de la misma generación de medicina, estudiamos juntos, en el mismo salón, seis años de medicina general y después de eso nos distanciamos porque cada quien tomo su especialidad o simplemente su trabajo como doctor en algún hospital, hace dos años que no nos vemos y al principio con curiosidad sobre cómo me volvió a buscar, ahora lo entiendo.
-¿Has dicho que?.- Pregunto sorprendido.
-Si, como ya tengo mi título como ginecóloga conseguí trabajo en el mismo hospital que tú, yo no sabía que trabajabas ahí hasta que la encargada del personal me dijo que si tenía alguna duda sobre cómo se desenvuelve el lugar le preguntara al doctor Takarai, el doctor con más experiencia y altamente calificado para orientarme y darme instrucciones a pesar de ser tan joven.- Sonríe y doy un suspiro.
-Así que trabajaremos juntos, pues bienvenida.- Digo sonriente.
-Gracias, cuando escuche tu apellido no tenía duda de que eras tú, en mi vida solo he escuchado ese apellido una vez y obviamente el tuyo, investigue tus datos y aquí me tienes.
-No sabía que de investigadora también le haces.- Bromeo.
-Pues me salió bien mi primera investigación.- Toma un sorbo de su café.- Y cuéntame, ¿Qué tal te ha ido?
-Mucho trabajo afortunadamente.
-Me alegro… ¿Ya tienes familia?
-Aun no.
-Eso sé que no se te da y no tienes deseos de una ¿O ya cambiaste de opinión?
-Bueno… Aun no lo sé.- Contesto y tomo un poco de mi café.
-¿Por lo menos novia?.- Eso me hace sonreír.
-Sí, tengo novia, una maravillosa novia.- Digo feliz.
-Ya veo.- Come un poco de su pastel.
-¿Y tú? ¿Cómo te ha ido?.- Hago plática.
-Bien, a parte de mi título como sexóloga estudie para ginecóloga, hace tres meses que tengo mi título pero apenas me decidí a buscar trabajo.
-Te ira muy bien.- La aliento.
-Gracias, eso espero y pues… Pareja sentimental no.- Me ve a los ojos y siento que esta por decir algo que….- El único chico que me interesa me ha dicho que tiene una maravillosa novia.- … No me agradara, hago media sonrisa.
-Midori… Han pasado dos.- Le digo en voz suave.
-Y en esos dos años no he podido olvidarte.- Sus ojos me ven directamente y me hace sentir un poco incómodo.
-Lo siento.
Contesto y tomo un poco más de mi café, Midori fue una de mis pocas amigas del instituto, después de eso nos distanciamos un año. Después de ese año nos volvimos a encontrar e iniciamos una relación, duramos año y medio, ella es la novia con la que más he durado, si, la sexóloga que les había comentado antes.
-También lo siento.- Contesta con la mirada gacha.- Pero aun somos amigos ¿No? Como en los años de instituto.- Suspiro.
-Claro.
Contesto no tan seguro, eso de ser amigo de tu ex novia es un poco problemático cuando tienes novia. Midori y yo terminamos porque mi trabajo me estaba absorbiendo mucho y ella me reclamaba que no tenía tiempo para nuestra relación. Decidí terminar aunque ella no estuvo muy conforme, pensé que habíamos quedado en no muy buenos términos pero veo que me equivoque, seguimos como buenos amigos.
-¿Sigues dando clases?
-Sí, sigo haciéndolo, ya es parte de mi.- Sonrío al recordar a mi pequeña.
-Antes te quejabas y ahora parece gustarte.
-Pues ya me acostumbre.
-Y aparte estas en el hospital ¿No descansas?
-Sí, de unos meses para acá he empezado a dejar un poco tanto trabajo, por mí y por mi novia, odio no poder estar tanto tiempo con ella.
-Pareces pasarla bien.
-Midori… Amo a esa mujer.- Confirmo viéndola a los ojos y ella se incomoda, es mejor que sepa de una vez como están las cosas.
-¿Sabes? Yo estuve enamorada de ti desde el instituto, jamás te lo dije hasta ahora porque tú cuando estuvimos juntos me dijiste que el amor no existía, que era solo atracción.
-Se bien lo que decía en ese entonces pero es de humanos equivocarse y cambiar de opinión.
-Sí, lo es… Te veo feliz.
-Mucho, ella me ha dado esta felicidad, le ha dado color a la vida tan aburrida que llevaba.- Ella suspira.
-Tu primera vez enamorado.
-Y espero que sea la última.- Tomo el ultimo sorbo de café.
Seguimos con la plática pero dejamos lo personal a un lado, hablamos de nuestros trabajos y de nuestra época de estudiantes. Pasamos el rato tranquilamente y veo mi reloj, casi las nueve de la noche. Le comento a Midori que es hora de irnos porque tengo guardia y ella se disculpa por tomar de mi tiempo, hago caso omiso y vamos al edificio para que tome su auto y yo suba a mi departamento por mis cosas. Nos despedimos sin tanto problema ya que estaremos trabajando juntos desde el lunes.
Cuando llego a mi departamento llamo inmediatamente a mi novia, felices hablamos por media hora y nos despedimos finalmente.
Llegando al hospital me informan de Midori y doy las gracias, empiezo mi hora laboral y dejo una sensación de preocupación a lado.
Al día siguiente estando por salir de mi guardia me encuentro con Midori, no se supone que debería de estar aquí hoy sábado.
-He venido a que me des un recorrido por el hospital y así el lunes llegar y sentirme familiarizada.- Doy un suspiro.
-Vamos entonces.- Contesto sin mucho ánimo, por dios, ¡Trabaje toda la noche!
Caminamos y le enseño las áreas de cirugía, de consultas, cafetería para familiares y otra para el personal. Las habitaciones de los internistas y el área de maternidad y partos, el área de terapia intensiva y media. Llegamos a su consultorio, le presento a algunas enfermeras y doctores y después de hora y media pasamos a la cafetería a tomar algo por petición de ella.
-Es enorme este hospital.
-Sí, lo es y por eso mismo tenemos buen prestigio.
-Mejor no me pudo ir.- Contesta muy sonriente, hago media sonrisa y tomo un poco de café bien cargado por cierto.
-El lunes todo será más fácil.
-Me alegra.- Digo distraído y suena mi celular, reviso y mi sonrisa aparece a todo su esplendor.- Cariño.- Contesto feliz, Midori me ve curiosa.
-Hola amor… ¿Adivina dónde estoy?.- Me dice en tono juguetón.
-Ummm, a esta hora.- Reviso mi reloj, son las nueve de la mañana.- ¿En tu casa?
-¡Error!
-Bueno, ummm, ¿Con tus amigos? Espero que no con David y con el chico ese rudo de americano.- Escucho su hermosa risa.
-No, tampoco estoy con mis amigos… Hoy salí temprano de casa y vine a mi lugar preferido, más porque tengo llave….- Llave… Reacciono inmediatamente.
-¿Acabas de llegar?.- Pregunto ansioso y siento que ella es mejor cafeína que una taza cargada de cualquier tipo de café o refresco, me ha despertado con solo unas palabras.
-Hace como media hora, imagino que estas en el hospital.
-Sí, aquí sigo…
-Bueno, no tengo prisa, te esperare.- Su voz, su suave voz.
-Dame media hora y estoy ahí… Aunque… ¿Exactamente en qué parte estas?
-En tu habitación.- Su voz ahora suena seductora.
-Estoy en quince.- Contesto emocionado y ella ríe feliz.
-¿Tu auto tiene algo para volar? 
-Ojala pero con solo pasarme todos los altos y apretar el acelerador llego.- Nos reímos, de repente me acuerdo de Midori y la veo, sus ojos transmiten un poco de enfado.
-Entonces en quince nos vemos.
-Te amo cariño.
-Te amo amor.- Me dice y colgamos.
Sonriente guardo mi celular en el pantalón y veo a Midori, sus ojos siguen enfadados, no tiene porque.
-¿Tu novia?
-Así es y es hora de irme, nos vemos el lunes entonces.- Digo levantándome y ella se queda sentada.
-Claro y no te preocupes, yo pago.- Dice en un tono serio.
-Aquí cuando se piden las cosas que uno consumirá inmediatamente se cobra en tu tarjeta de crédito, ya están pagados los cafés.- Sonrío.- Ten buen día.
-Igualmente.
A paso veloz me dirijo a mi consultorio y tomo mis cosas personales, voy a mi auto y salgo rápido del hospital. Mi novia con solo mandarme un mensaje, llamarme, verme a los ojos hace que todo el cansancio, preocupación, estrés y todo malestar se esfumen, solo pienso en estar con ella, sentir sus besos y sus abrazos, su calidez cerca de mí, nada más.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥