-Capitulo 22-
En poco tiempo mi novia y yo hemos
llegado lejos, sé que me ama, sé que la amo y sé que estaría dispuesto a todo
por ella. En el plano sexual vamos de maravilla, ella es una chica de 17 años
que hasta hace poco no le daba mucha importancia a ese tema, de pronto llego yo
y empiezo a despertar su deseo, ¿Si soy culpable de eso? Sí. ¿Si soy culpable
de que ahora ella sea una diosa sexual? También me hago responsable. La amo,
carajo, realmente la amo. Nunca había experimentado tantas sensaciones con
alguien, ni con la novia con la que dure más tiempo, nada se compara a esto.
Mi respiración agitada hace que mi
corazón lata más fuertemente. Mi piel se siente excesivamente sensible, se me
eriza ante un simple rose. Mi novia me tiene hechizado, me tiene a su
disposición, a su merced, sus besos son adictivos, sus caricias queman mi piel
de una manera deliciosa, sus manos me recorren estratégicamente, su boca, dios,
su boca… Debería de ser la octava maravilla del mundo.
Bajo mis manos y acaricio su cabello,
esa cálida y húmeda boca, esa lengua suave, esos dientes torturadores. Ella
succiona mi erección con total naturalidad, lame, chupa, disfruta cada parte de
mí, mi garganta saca grandes gruñidos de placer, sus manos atienden mis
testículos y su boca mi pene, esa deliciosa y perfecta boca, esas manos
diestras que en poco tiempo aprendieron a torturar de una manera perfecta. Mi
erección cada vez más caliente y dura me provoca un calor que se expande por mi
cuerpo, retengo mi esencia un poco más, sus envestidas matadoras hacen que
mueva un poco mi cuerpo, con mis ojos cerrados las sensaciones son más al igual
que si tomo oxigeno de más, dios, esto es una locura.
Cuando me ve a los ojos mientras atiende
mi erección es una delicia, verla a los ojos, chupándome de esa manera es para
volverse completamente loco de deseo y excitación.
Sube a mis labios y nos besamos, mi
dureza perfectamente bien atendida me pide que le dé más de lo que necesita,
nos damos besos y caricias y entro en ella, su estreches me mata, me excita aún
más, al entrar en ella siento como sus músculos me atrapan, me absorben, me dan
la bienvenida con deliciosas sensaciones.
Nos empezamos a mover, una y otra y otra
envestida lenta y precisa, conforme vamos gimiendo más y nuestros cuerpos nos
piden más subo el nivel del vaivén, nuestros corazones acompañados de nuestras
respiraciones, nuestros gemidos acompañados de nuestro sudor, somos una
perfecta mezcla y una perfecta unión. Su aliento en mi cuello, el rose de sus
labios, su piel desnuda con la mía, sus redondos y suaves pechos chocando con
mi cuerpo, su pequeña figura de diosa entre mis brazos, mi erección
deleitándose en su interior, haciendo fiesta junto con sus músculos que se
contraen y me aprietan de un manera torturadora.
Veo su rostro y esta sonrojada, amo su
sonrojo cuando estamos haciendo el amor, amo su rostro cuando está teniendo un
orgasmo y se deja llevar por mí, la amo toda, totalmente.
Las contracciones de nuestros músculos
son más y el calor nos está invadiendo, una sensación intensa nos envuelve, nos
lleva a que hagamos movimientos mas rápidos, gemimos más, ella me aprieta más y
eso me indica que está por llegar su orgasmo,
en segundos escucho un sonoro gemido junto con mi nombre, ella se está
dejando llevar y segundos después yo me dejo llevar también, un grandioso
orgasmo nos libera y caemos rendidos, nuestro sudor mezclado y nuestro aroma a
sexo me fascina, beso sus manos y quedamos en silencio recuperándonos.
Nos ponemos a ver la tv y comemos fruta,
esto es ya como una costumbre después de una hermosa entrega. Los dos
abrazados, en la cama, desnudos y medio tapados con una sábana. Si por mi fuera
me quedaría así por siempre.
Rompiendo el bello momento mi celular
suena, lo tomo y veo quien es, es un número desconocido y contesto sin más.
-Querido Hyde,
estoy afuera de tu departamento, ¿Me puedes abrir? Sé que estás ahí adentro.
Esa voz… Esa
suave voz que no escuchaba desde hace mucho me pone de repente nervioso e
incómodo, mi novia se mueve de su lugar y sus ojos curiosos me ven, doy un
suspiro.
-Midori… Cuanto
tiempo.- Digo viendo a mi pequeña a los ojos.
-Lo sé, siento
llamar sin avisar y más siento venir a tu departamento sin avisar pero siempre
es bueno ver a un viejo amigo ¿No lo crees?
-Sí, bueno… ¿Porque
crees que estoy en mi departamento?.- Mi novia hace un ligero gesto de molestia
y pone su atención a la tv.
-Porque en el
estacionamiento vi tu auto, vamos Hyde, ábreme que quiero verte, ha pasado
mucho.- Veo a mi chica levantarse de la cama envuelta en la sabana y empieza a
buscar su ropa.
-Espera un
segundo Midori.- Le digo y tapo el audio para que no me escuche del otro lado.-
Pequeña, ¿Por qué te levantas?
-Tienes visita y
es hora de que me vaya a casa.- Dice poniéndose la ropa interior.
-No te vayas, tú
estás conmigo, no tienes por qué irte.
-Lo siento Hyde.-
Se pone el pantalón, regreso a la llamada.
-Midori, no estoy
en mi departamento.
-Claro que sí, en
recepción me dijeron.- Maldigo.
-Estoy en el
edificio sí, pero no en mi departamento.- Mi novia ya vestida se peina el cabello
en una coleta y toma su celular, voltea a verme.
-¿Puedes hacer
algo y moverla de la puerta? Tengo que irme.- Dice un poco seria, me levanto de
la cama rápido y la detengo en la puerta de la habitación.
-Midori… Nos
vemos en el estacionamiento y vamos a tomar algo fuera.
-De acuerdo, no
tardes.- Me dice conforme y cuelga, aviento el celular a la cama y veo a mi
novia a los ojos.
-No te vayas así
cariño, tú no tienes por qué irte, ella sí.
-Vamos Hyde,
enserio tengo que irme, David le dijo a mis papás que no llegaría después de
las ocho, tengo una hora para llegar a casa.
-Yo te llevo…
Espera, ¿David?.- De repente la ira me visita.
-Sí, David, ayer
estuvo en mi casa comiendo flan, platicamos y pidió permiso a mis papás para
que hoy saliéramos un rato.
-¿Por qué lo
llevaste a tu casa?
-Porque me llevo
y lo invite a pasar, es mi amigo, no le veo nada de malo.
-Debería de ir tu
novio y hablar con tus papás, no tu amigo.
-Sabes que es
complicado.- Me responde seria, maldigo una vez más.- Me tengo que ir enserio.
-Me visto rápido
y te llevo.- Camino a mi armario y busco algo de ropa.
-No es necesario,
tienes visitas, llegare rápido, nos vemos.- Dice caminando rápido a la salida,
me pongo rápido un bóxer y camino tras ella.
-Cariño…
-Hyde… Si llego
tarde dejare en mal concepto a David.
-Tu amigo no me
importa.- Ella abre la boca y sé que me reprochara.
-¡A mí sí! ¿Cómo
puedes decir eso? Es el chico más lindo que puede haber, lo adoro.
-Cuando le dices
eso a tu novio, más lo odiara.- Digo casualmente.- Déjame llevarte.
-No, tienes que
ver a alguien.
-Ella no
importa.- Le digo tomándola de las manos.
-A una visita
nunca se le hace una grosería.
-Eso no aplica
cuando estas con tu novia.
-Pues resulta que
tu novia esta por irse a casa.
-Pequeña… No me
hagas esto, ella es una…
-Hablamos después
Hyde y ya déjame ir.- Me empuja con su cadera divertida.
Abre la puerta y
antes de que salga la atrapo entre mis brazos y la beso profundamente, ella me
corresponde sin problemas, en sus besos sé cuándo está molesta conmigo o no,
afortunadamente no lo está. Nos alejamos y acaricio su cabello.
-Te llamare más
tarde.- Le digo.
-Estaré
esperándolo.- Me sonríe y empieza a alejarse.
-Pequeña….- Le
digo antes de que se aleje más, ella voltea y me ve.- Sabes que puedes venir
siempre que quieras ¿Verdad?
-Lo se doctor
Takarai.
Me guiña un ojo y
me manda un beso, entro al departamento y voy a la habitación, tomo unos
pantalones casuales y una sudadera, el día ha estado fresco. Guardo mi celular,
llaves y cartera en mi pantalón y salgo al estacionamiento. Cuando llego veo a
una mujer de estatura mediana, cabello suelto y largo de color castaño, cuerpo
de buenas proporciones y sonriente al verme, suspiro un poco y sonrío también.
-¡Hyde!.- Me
atrapa en un fuerte abrazo y correspondo, no con la misma intensidad.
-Midori, cuando
tiempo.- Digo alejándome un poco.
-Sí, ha pasado
que, ¿Dos años?
-Sí, más o menos,
vamos a una cafetería.- Le digo abriendo la puerta de mi auto.
-Encantada.-
Contesta sonriente.
Tomamos camino a
una cafetería cercana, Midori desde que la conozco ha sido de ánimo alegre,
siempre sonríe y contagia ese ánimo, tiene la misma edad que yo, somos de la
misma generación de medicina, estudiamos juntos, en el mismo salón, seis años
de medicina general y después de eso nos distanciamos porque cada quien tomo su
especialidad o simplemente su trabajo como doctor en algún hospital, hace dos
años que no nos vemos y al principio con curiosidad sobre cómo me volvió a
buscar, ahora lo entiendo.
-¿Has dicho que?.-
Pregunto sorprendido.
-Si, como ya
tengo mi título como ginecóloga conseguí trabajo en el mismo hospital que tú,
yo no sabía que trabajabas ahí hasta que la encargada del personal me dijo que
si tenía alguna duda sobre cómo se desenvuelve el lugar le preguntara al doctor
Takarai, el doctor con más experiencia y altamente calificado para orientarme y
darme instrucciones a pesar de ser tan joven.- Sonríe y doy un suspiro.
-Así que
trabajaremos juntos, pues bienvenida.- Digo sonriente.
-Gracias, cuando
escuche tu apellido no tenía duda de que eras tú, en mi vida solo he escuchado
ese apellido una vez y obviamente el tuyo, investigue tus datos y aquí me
tienes.
-No sabía que de
investigadora también le haces.- Bromeo.
-Pues me salió
bien mi primera investigación.- Toma un sorbo de su café.- Y cuéntame, ¿Qué tal
te ha ido?
-Mucho trabajo
afortunadamente.
-Me alegro… ¿Ya
tienes familia?
-Aun no.
-Eso sé que no se
te da y no tienes deseos de una ¿O ya cambiaste de opinión?
-Bueno… Aun no lo
sé.- Contesto y tomo un poco de mi café.
-¿Por lo menos
novia?.- Eso me hace sonreír.
-Sí, tengo novia,
una maravillosa novia.- Digo feliz.
-Ya veo.- Come un
poco de su pastel.
-¿Y tú? ¿Cómo te
ha ido?.- Hago plática.
-Bien, a parte de
mi título como sexóloga estudie para ginecóloga, hace tres meses que tengo mi
título pero apenas me decidí a buscar trabajo.
-Te ira muy
bien.- La aliento.
-Gracias, eso
espero y pues… Pareja sentimental no.- Me ve a los ojos y siento que esta por
decir algo que….- El único chico que me interesa me ha dicho que tiene una
maravillosa novia.- … No me agradara, hago media sonrisa.
-Midori… Han
pasado dos.- Le digo en voz suave.
-Y en esos dos
años no he podido olvidarte.- Sus ojos me ven directamente y me hace sentir un
poco incómodo.
-Lo siento.
Contesto y tomo un
poco más de mi café, Midori fue una de mis pocas amigas del instituto, después
de eso nos distanciamos un año. Después de ese año nos volvimos a encontrar e
iniciamos una relación, duramos año y medio, ella es la novia con la que más he
durado, si, la sexóloga que les había comentado antes.
-También lo
siento.- Contesta con la mirada gacha.- Pero aun somos amigos ¿No? Como en los
años de instituto.- Suspiro.
-Claro.
Contesto no tan
seguro, eso de ser amigo de tu ex novia es un poco problemático cuando tienes
novia. Midori y yo terminamos porque mi trabajo me estaba absorbiendo mucho y
ella me reclamaba que no tenía tiempo para nuestra relación. Decidí terminar
aunque ella no estuvo muy conforme, pensé que habíamos quedado en no muy buenos
términos pero veo que me equivoque, seguimos como buenos amigos.
-¿Sigues dando
clases?
-Sí, sigo
haciéndolo, ya es parte de mi.- Sonrío al recordar a mi pequeña.
-Antes te
quejabas y ahora parece gustarte.
-Pues ya me
acostumbre.
-Y aparte estas
en el hospital ¿No descansas?
-Sí, de unos
meses para acá he empezado a dejar un poco tanto trabajo, por mí y por mi
novia, odio no poder estar tanto tiempo con ella.
-Pareces pasarla
bien.
-Midori… Amo a
esa mujer.- Confirmo viéndola a los ojos y ella se incomoda, es mejor que sepa
de una vez como están las cosas.
-¿Sabes? Yo
estuve enamorada de ti desde el instituto, jamás te lo dije hasta ahora porque
tú cuando estuvimos juntos me dijiste que el amor no existía, que era solo
atracción.
-Se bien lo que
decía en ese entonces pero es de humanos equivocarse y cambiar de opinión.
-Sí, lo es… Te
veo feliz.
-Mucho, ella me
ha dado esta felicidad, le ha dado color a la vida tan aburrida que llevaba.-
Ella suspira.
-Tu primera vez
enamorado.
-Y espero que sea
la última.- Tomo el ultimo sorbo de café.
Seguimos con la
plática pero dejamos lo personal a un lado, hablamos de nuestros trabajos y de
nuestra época de estudiantes. Pasamos el rato tranquilamente y veo mi reloj,
casi las nueve de la noche. Le comento a Midori que es hora de irnos porque
tengo guardia y ella se disculpa por tomar de mi tiempo, hago caso omiso y
vamos al edificio para que tome su auto y yo suba a mi departamento por mis
cosas. Nos despedimos sin tanto problema ya que estaremos trabajando juntos
desde el lunes.
Cuando llego a mi
departamento llamo inmediatamente a mi novia, felices hablamos por media hora y
nos despedimos finalmente.
Llegando al
hospital me informan de Midori y doy las gracias, empiezo mi hora laboral y
dejo una sensación de preocupación a lado.
Al día siguiente
estando por salir de mi guardia me encuentro con Midori, no se supone que
debería de estar aquí hoy sábado.
-He venido a que
me des un recorrido por el hospital y así el lunes llegar y sentirme
familiarizada.- Doy un suspiro.
-Vamos entonces.-
Contesto sin mucho ánimo, por dios, ¡Trabaje toda la noche!
Caminamos y le
enseño las áreas de cirugía, de consultas, cafetería para familiares y otra
para el personal. Las habitaciones de los internistas y el área de maternidad y
partos, el área de terapia intensiva y media. Llegamos a su consultorio, le
presento a algunas enfermeras y doctores y después de hora y media pasamos a la
cafetería a tomar algo por petición de ella.
-Es enorme este
hospital.
-Sí, lo es y por
eso mismo tenemos buen prestigio.
-Mejor no me pudo
ir.- Contesta muy sonriente, hago media sonrisa y tomo un poco de café bien
cargado por cierto.
-El lunes todo
será más fácil.
-Me alegra.- Digo
distraído y suena mi celular, reviso y mi sonrisa aparece a todo su esplendor.-
Cariño.- Contesto feliz, Midori me ve curiosa.
-Hola amor…
¿Adivina dónde estoy?.- Me dice en tono juguetón.
-Ummm, a esta
hora.- Reviso mi reloj, son las nueve de la mañana.- ¿En tu casa?
-¡Error!
-Bueno, ummm,
¿Con tus amigos? Espero que no con David y con el chico ese rudo de americano.-
Escucho su hermosa risa.
-No, tampoco
estoy con mis amigos… Hoy salí temprano de casa y vine a mi lugar preferido,
más porque tengo llave….- Llave… Reacciono inmediatamente.
-¿Acabas de
llegar?.- Pregunto ansioso y siento que ella es mejor cafeína que una taza
cargada de cualquier tipo de café o refresco, me ha despertado con solo unas
palabras.
-Hace como media
hora, imagino que estas en el hospital.
-Sí, aquí sigo…
-Bueno, no tengo
prisa, te esperare.- Su voz, su suave voz.
-Dame media hora
y estoy ahí… Aunque… ¿Exactamente en qué parte estas?
-En tu
habitación.- Su voz ahora suena seductora.
-Estoy en
quince.- Contesto emocionado y ella ríe feliz.
-¿Tu auto tiene
algo para volar?
-Ojala pero con
solo pasarme todos los altos y apretar el acelerador llego.- Nos reímos, de
repente me acuerdo de Midori y la veo, sus ojos transmiten un poco de enfado.
-Entonces en
quince nos vemos.
-Te amo cariño.
-Te amo amor.- Me
dice y colgamos.
Sonriente guardo
mi celular en el pantalón y veo a Midori, sus ojos siguen enfadados, no tiene
porque.
-¿Tu novia?
-Así es y es hora
de irme, nos vemos el lunes entonces.- Digo levantándome y ella se queda
sentada.
-Claro y no te
preocupes, yo pago.- Dice en un tono serio.
-Aquí cuando se piden las cosas que uno consumirá
inmediatamente se cobra en tu tarjeta de crédito, ya están pagados los cafés.-
Sonrío.- Ten buen día.
-Igualmente.
A paso veloz me
dirijo a mi consultorio y tomo mis cosas personales, voy a mi auto y salgo
rápido del hospital. Mi novia con solo mandarme un mensaje, llamarme, verme a
los ojos hace que todo el cansancio, preocupación, estrés y todo malestar se
esfumen, solo pienso en estar con ella, sentir sus besos y sus abrazos, su
calidez cerca de mí, nada más.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥