sábado, 3 de enero de 2015

Metropolis


-Capitulo 2-

Reviso unos documentos de la institución. El director me ha pedido que de unos cursos de primeros auxilios y acciones para salvar una vida. ¿Por qué yo? Soy un doctor y eso sinceramente no me tiene que corresponder, puedo dar conferencias pero cursos de algo tan básico... No. Por dios. Y como si tuviera tanto tiempo en mi vida para hacer eso y sin paga. Ni vida personal tengo, la única vida que tengo es el trabajo y la escuela. Debo de ser un asco.
Trabajo en el mejor hospital de la ciudad, hago guardias en las noches que es en donde más emergencia hay normalmente. También doy consultas en el día y aparte soy tutor de un grupo de novatos que quieren ser doctores. Claro, sin mencionar que también doy cursos y conferencias por parte de la universidad. Lo hago porque dos de los coordinadores y mandamás de esta institución son mis amigos. Tetsuya y Ken. Esos dos locos hombres me pidieron que diera clases aquí para reforzar la enseñanza de sus estudiantes pero sinceramente me estoy echando para atrás.
Una porque prácticamente no tengo tiempo ni para dormir ni comer. Dos. Porque las maestras aquí se la pasan tras de mi al igual que las alumnas. Tres. Quiero vida privada y dedicarme a lo mío que es estar en hospitales y no enseñando a novatos.
Llevo casi cinco años trabajando aquí. No me quejo tanto pero tampoco es algo que me encante... Hasta ahora. He sido tutor de casi todos los grupos que hay en esta escuela, todos me conocen sin duda y siempre estoy en la boca de las señoritas y profesoras. Hay algo que me distingue de los demás profesores según lo que he oído y eso es mi físico. Según mis amigos coordinadores, soy el profesor más atractivo de toda la historia de la institución. Yo digo que son un poco exagerados.
Me gusta ser estricto y regañón a veces. Me gusta dejar tareas e intimidar a veces cuando no cumplen con lo que les pido. Suelo ser de carácter relajado pero en clases eso cambia. Si dejo que tomen un poco de confianza las señoritas lo mal interpretan y es un problema, por eso normalmente no interactúo mucho con mis alumnos aunque últimamente hay algo que hace que mis horas de clase sean más interesantes.
Soy el doctor Takarai para todos o para mis amigos más íntimos Hyde, mi nombre de pila es Hideto pero solo los más cercanos me llaman así y me gusta, me hace sentir relajado y sin preocupaciones.
En este momento tengo como encargado al grupo A de la sección de la salud. Es un grupo numeroso a comparación de los otros años pero con mi tiempo aquí y experiencia sé que ni la mitad se graduara. Son cincuenta y tres alumnos y de esos si acaso veinte saldrán con toga y birrete. Ese grupo es trabajador y alegre pero también es un poco problemático.
Bueno, en realidad problemático para mí porque ahí últimamente se ha concentrado mi interés y no es bueno.
Soy un doctor de rango alto y una pequeña chica novata de la salud está llamando mi atención. Eso es algo que no debo de permitirme pero hasta ahora no he podido evitarlo.
-¿Me podría ayudar a buscar un folder azul que dice músculos en aquel mueble?.- ¿Mencione que estoy en este momento con una alumna y en mi oficina?
-Enseguida.- Me responde tímidamente, es la jefa de grupo de mi salón tutorado.
La veo ir al mueble que le señale y empieza a buscar, yo hago lo mismo entre mis cajones del escritorio, últimamente he dejado el orden pero es que solo me ha dado tiempo de llegar, botar todo e irme al hospital. Entre folders y folders lo encuentro, lo saco y alzo la mirada, ella está sacando un libro… Ese libro…
-Señorita... Encontré las hojas.- Le digo y camino enseguida a ella.- Este libro puede llegar a ser su perdición.- Le digo cerca de su oído y devuelvo a su lugar el libro haciendo rose con nuestros dedos.
-¿Puedo preguntar por qué?.- Se atreve a decir.
-¿En verdad quiere saber?.- Le digo con una emoción que no comprendo.
-Supongo que soy un poco curiosa doctor.- Curiosa…
-Curiosa ¿He?.- Hago media sonrisa.- Más adelante le hablare gustoso sobre este libro... Espero que no sea en tanto tiempo, o espero soportar....- Lo último lo digo en un susurro, ¿Qué diablos me pasa?
-¿A qué se refiere con...
-Bueno aquí están las hojas, repártaselas a sus compañeros.- Le doy las hojas y camino a mi escritorio.
-Doctor....- Ella sigue mis pasos.- Puedo preguntar...
-Señorita Sullivan...
Hablo viéndola a los ojos, sus ojos son los más hermosos que he visto, tienen un brillo que me deja cautivado y hacen que no quiera separar mi mirada de ella y cada que nos vemos a los ojos hay una extraña conexión que estoy seguro ella siente y se da cuenta de que algo raro pasa entre nosotros. La veo sonrojarse un poco pero aun así aguanta mi mirada. Esto es… Es fascinante, es fascinante el descontrol y aturdimiento que me provoca mirarle, es algo que jamás había experimentado.
-Su curiosidad es mucha señorita, solo le diré por ahora que esa misma curiosidad después será atendida... Aunque… Conmigo no sea tan curiosa y si lo es... Tiene que seguir preguntando aunque su curiosidad quiera ser detenida.- Siento una pequeña diversión y emoción, me escudo con mi portátil.- Ahora si me disculpa, debo de hacer un trabajo.
-Claro, con permiso.- Da media vuelta viéndose un poco confundida por mis palabras.
Haciendo hincapié que es la primera alumna en mis cinco años que entra a mi espacio personal, es decir, a mi oficina fue algo que no pude evitar, fue algo de momento. Pero verla aquí, verla con su uniforme, verla tan tímida y nerviosa... Es algo interesante y más en el momento en el que estaba viendo uno de mis libros favoritos y amados... "Position of the day".
Es un libro que habla de cosas sumamente interesantes y verla tratando de verlo fue algo que despertó algo en mi interior. Mi curiosidad. Mis emociones. Fue algo que no sabría explicar muy bien pero esa chica está teniendo un efecto extraño en mí. Y cuando me hablo de su curiosidad... Las personas curiosas suelen ser muy interesantes.
Los cursos que me pidieron hacer los daré en mis clases. Empezare tal vez la próxima semana. A parte de mi salón tutorado doy clases a los últimos semestres y a los que están por titularse. Es mucho más fácil hablar con ellos ya que saben la mayoría de lo que deben de saber. En mis clases me gusta ser un poco interactivo. Explico las cosas con maniquís, es decir con mis alumnos. Los tomo como ejemplo y ayuda mucho a que se entiendan mejor las cosas.
Algo que no he mencionado es que en esta institución hay habitaciones. Aquí viven todos los alumnos y a veces hasta los profesores. Hay un edificio especial de dormitorios de profesores. Yo a veces me quedo aquí pero no lo hago normalmente porque me gusta ir a mi departamento y sentir que soy sueño de un poco de mi vida. Claro que esto es cuando no hago guardias en el hospital, a veces creo que me parto en dos y cumplo con todo el trabajo que hago.
Termino de hacer lo que tenía pendiente, tomo mis libros y salgo de mi oficina, pongo llave y camino hacia mi próxima clase. Me toca con los avanzados. Es un grupo muy reducido a comparación con los principiantes. Hay más chicas que chicos lo cual me pone en aprietos ya que esas señoritas son más directas cuando coquetean. Considerando que ellas ya son mayores de edad saben que no tendría problema en salir con ellas pero se equivocan. Mi ética me lo impide pero eso a ellas no les importa. Las chicas principiantes, todas son menores de edad y no son tan directas en su trato conmigo, claro, hay excepciones pero son más tranquilas.
Llego al salón y mis alumnos ya están  en sus lugares, con libro en mano.
-Bien jóvenes. Háblenme de los métodos invasivos de la vía aérea, cirugías principalmente.- Me empiezan a hablar del tema. A ellos ya no les debo de decir  que estudien, ya saben cómo me manejo desde primer semestre.- Bien, hoy veremos medicamentos y sus dosis...- Esto a veces me es tedioso pero es muy necesario, cuando estamos a este nivel normalmente las clases como ya son avanzadas son aburridas y de pura teoría y muchas cosas ya no las debo de decir porque ellos ya lo investigan y tienen conocimientos, realmente creo que prefiero a los novatos, así las clases son más relajadas e interactivas y a veces les digo cosas que los deja pensando y todo eso, es divertido.
-Doctor Hideto, ¿Puede ayudarme con algo? Es que no entendí muy bien.- Me dice una alumna, Saira, es una de las más alocadas de su generación y una de las más aventadas a mi persona.
-Saira, ¿Cuantas veces le he dicho que nada de confianza? Doctor Takarai, por favor.- Camino a su lugar y ella sentada coquetamente me espera.- ¿Cuál es su duda?
-Dosis de los medicamentos.- Me sonríe.
-¿No leyó las hojas que les di ayer?
-Si pero...
-Resolveré su duda en un momento, primero debo de dar el tema y desarrollarlo y las dudas que le queden me las hace saber.- Le digo y camino al pizarrón, con una presentación en diapositivas empiezo con la clase.
Termina mi hora de presentación y mis alumnos se van a sus próximas clases. Me quedo un momento en el salón y reviso mi celular, ya casi las siete de la noche. A las nueve empieza mi guardia, tengo tiempo para comer, bañarme, tomar mi muda de ropa e irme. Tomo mis cosas y estando a punto de salir del salón, esta Saira aquí.
-Señorita. ¿Se le olvido algo?
-No. Quería verlo.
-¿Alguna duda con la tarea?
-Ninguna. Es una consulta personal....- Su mirada me dice que no es algo inocente.
-Estoy justo de tiempo y debo de irme.
-Será rápido... Es que... ¿Es normal que se me retrase el periodo? Es decir. Soy muy regular....- Su mirada sonriente y sus labios provocativos me dicen que si a esta señorita le digo que se acueste en el escritorio lo haría.
-Embarazo, estrés, preocupaciones, mala alimentación.- Empiezo a decir las causas posibles de su consulta.
-Estrés puede ser, nos han dejado mucha tarea, embarazo no, me cuido siempre.- Hace una grande sonrisa.
-Entonces resolviendo su consulta me retiro.
-No, espere, ¿Cuánto tiempo se me retrasara?
-Eso depende de cada organismo señorita.
-¿Entonces mientras no me baje puedo tener relaciones sexuales sin problemas? Es decir, ¿Sin embarazo?
-Que no tenga su periodo no quiere decir que quede infértil ¿O sí? Hay posibilidades de que haya embarazo señorita, siempre las hay. Solo cuídese como hasta ahora y ya.
-Entiendo... Entonces seguiré con los condones.- Hace risos con su cabello y sonríe.
-Con lo que se sienta más cómoda.- Sonrío también.- Tengo que irme.
-Por supuesto doctor Hideto.- Se acerca a mí y trata de darme un beso en la mejilla.
-Nada de afectos, señorita.- La detengo y me alejo de ella.
Camino hacia mi oficina y en los pasillos veo aun a alumnos en clases, la clase ultima es a las nueve de la noche, realmente no sé cómo pueden crear un horario así, hasta a las ocho ya sería mucho. Llego a mi destino, dejo mis libros, tomo mi maletín personal y salgo cerrando con llave. Esta noche no creo pasar a mi departamento así que pasare a mi habitación del instituto, tengo ropa aquí, es como mi segunda casa aunque no me gusta llamarle casa, el instituto es dueño de mi vida así que casa no aplicaría mucho.
Llegando a mi habitación entro y dejo mi maletín en un sillón, camino a mi armario y busco una muda de ropa, la tomo y me meto a dar una ducha, hoy trabajare toda la noche en guardia.
Son las ocho de la noche, una hora tengo para comer y salir para el hospital, ya tengo mi pequeña maleta lista así que solo tengo que salir a comer algo, podría ser una comida rápida aquí en el instituto o en el mismo hospital aunque esa comida ya me aburre, si como fuera tardare un poco. Saliendo del edificio de habitaciones camino a la cafetería, algo rápido aquí estará bien, de todas maneras no es como si haya tenido una comida decente en los últimos seis años.
Camino hacia donde cenare algo, a esta hora muchos están afuera platicando, tanto alumnos como profesores. Hace unos años unas profesoras intentaron seducirme, sí, eso intentaron pero no lo lograron, según ellas, la ética fuera de la escuela era nula y tal vez tengan razón pero vamos, tres contra uno, eso no es lo mío y se los deje claro a esas profesoras. Lo mío es una mujer solo para mí, para disfrutarla y hacerla sentir plena, dedicarle todo mi tiempo y atención, hacerla mía y sentirla estremecer mientras entro en ella, escuchar sus jadeos, solamente para mí, para nadie más. Esa moda de ahora, tríos, orgias lo que sea, no lo apruebo pero eso es de cada quien, la vida sexual es universal ahora y pueden disfrutarla como quieran pero la idea de que alguien vea a mi mujer teniendo un orgasmo, que alguien la toque, es la muerte.
Llego a la cafetería, veo a varios alumnos cenando, haciendo tareas, divirtiéndose, eso es lo que pasa cuando tu escuela es tu casa. Paso sin ver a nadie y me detengo en la vitrina en donde muestran algunas comidas y bebidas, veamos, no me gusta cenar pesado así que solo sería un emparedado y un café cargado. La señorita que atiende me toma la orden y dándome media vuelta para tomar una mesa choco con alguien.
-Disculpa.- Digo mientras recojo la mochila que tire... Esta mochila, subo la mirada enseguida.
-Discúlpeme usted profesor, no me fije.- Me dice una de mis alumnas tutoradas con nerviosismo, le doy su mochila y la toma con cuidado.
-No hay problema señorita, ¿Hora de cenar?.- Tomo un poco de conversación para que no tome el accidente tan importante.
-Sí, bueno eso creo, seria comida-cena para mi.- Hace media sonrisa.
-¿No comió?
-No, tenía un trabajo que entregar y se me pasó la hora de comida.- Ella desde el primer día en que la vi se me hizo inocente, tranquila, tímida, responsable y encantadora pero no sabía que se saltaba las comidas y eso no debe de ser.
-No vuelva a pasarse las horas de comida. No es bueno que lo haga.- Digo un poco serio y la veo encogerse de hombros.
-Lo siento profesor.- Dice con la mirada gacha.
-Solo no lo vuelva a hacer.- Veo a nuestro al rededor y no veo a ninguna de sus amigas.- Viene sola.- Confirmo.
-Sí, pensaba comer en mi habitación pero esta mi compañera y no nos llevamos muy bien.- Me confiesa haciendo un gesto divertido.
-Me deja curioso. Compartamos comida, nos hacemos compañía y me platica un poco de su problema de habitación.- Digo arriesgándome a que las malas lenguas hablen en cuanto nos vean y la veo sorprendida pero curiosa, esa misma curiosidad de la que me hablo hace unas horas.
-No se moleste profesor, es usted muy ocupado, no quiero quitarle tiempo.
-No lo hará, es solo una comida.- Insisto.- ¿Que quiere de comer?.- Le digo volteándome a la vitrina para que pida.
-Un emparedado está bien.- Me dice en voz baja. Confirmo y lo pido enseguida.
-Vayamos a una mesa.- Le muestro a donde y camina, yo tras ella y nos sentamos frente a frente, no había notado que sus ojos tienen un brillo especial.- Y bien, ¿Qué es eso de que no se lleva bien con su compañera?
-Es que... No compartimos gustos, ella es todo lo contrario a mí.
-Es decir...
-Loca, atrevida, todo eso.- Suspira un poco, algunos alumnos se nos quedan viendo pero no estamos haciendo nada malo ¿Verdad? Solo es una charla mientras comemos y hablando de comer, llegan nuestros emparedados.- ¡Oh! También pidió un emparedado.- Sonríe.
-Sí, los hacen muy ricos aquí.- Logro sonreír un poco, algo que no hago tan a menudo y frente a los alumnos.
-Lo sé, me encantan.- La veo tomar el emparedado y morderlo un poco, hago lo mismo con el mío.
-¿Entonces no cree que su compañera de habitación llegue a ser su amiga?
-No. Somos todo lo contrario. Nunca podríamos llevarnos bien.- Toma un poco de su refresco.
-Si tiene problemas debería de pedir un cambio.
-Lo pensé pero aun es tolerable vivir con Maira.- Dejo de masticar, ¿Maira?
-Maira... ¿Maira la de su salón?
-La misma.- Me ve extrañada.- ¿Por qué lo sorprende?
-Es solo... Pensé que era alguien de otro salón... Debería de pedir su cambio, esa señorita no es buena para una alumna como usted.- Confieso.
-¿La conoce tan bien?
-Sé que es muy atrevida y loca y todo lo que dijo usted.- Ella al final de una clase se me insinuó, dios, es menor de edad y parece como de veinte cinco.
-Aun la soporto.
-Solo no aprenda nada de ella.- No me gustaría ver a esta alumna con mini faldas y blusas escotadas, con maquillaje todo el día y ligando a cada segundo.
-No pasara, todo eso me da alergia.- Sonrío ante su comentario, sabía que sería así.
Seguimos comiendo y platicando. Hablamos sobre sus clases y dudas que ha tenido sobre las materias. Le gusta mucho aprender y le gusta su especialidad. En lo personal me decidí por el área de la salud porque es increíble saber todo lo que pasa dentro de tu cuerpo, todo lo que hace esta máquina a la que muchas veces no le damos tanta importancia y también por algunas cosas no profesionales pero eso es otra cosa.
Ámbar es muy tímida pero logra esconder un poco su timidez con sonrisas y miradas bajas. Tengo confirmado por ella que es menor de edad y con una gran familia, padres y dos hermanos, le gustan los animales y como toda chica las cosas románticas y cautivadoras, no me pregunten como es que llegamos al tema de lo romántico porque ni yo lo sé, naturalmente ese tipo de cosas lo veo en cada mujer, es como un sexto sentido que tengo y que me ha ayudado a ver a las mujeres como realmente se merecen ser tratadas.
Su mirada como el primer día me tiene cautivado, algo hay en esos ojos que me llaman cual imán, algo tiene esta alumna que me abruma, algo tengo yo por permitir que me abrume y entre en mis pensamientos.
-… Aunque aun no entiendo muy bien las divisiones corporales.- Comenta ella.
-Los dije en la clase pasada y los explique con usted de maniquí.- Sonrío al recordar eso, esta alumna es un buen maniquí.
-Si.- Agacha la mirada.- Esos si me los se solo que las divisiones del abdomen no entiendo muy bien, hay una que son de cuatro divisiones y la otra que son de nueve, apenas puedo con cuatro y después nueve, moriré.- Vuelvo a sonreír ante su astucia.
-Esas divisiones las explicare la próxima clase y no se preocupe que también me costó trabajo aprendérmelos.
-Si hace examen de eso no se desespere tanto conmigo.- Esta chica es muy ocurrente. Veo mi reloj. Mierda, tengo veinte minutos para llegar al hospital.
-No lo hare. Ahora si me disculpa, debo de irme.
-Siento haberlo interrumpido.- Se levanta rápido y baja la mirada.
-No, no lo sienta. Pasamos una buena comida y aclaramos algunas de sus dudas.- Tomo mi pequeña maleta y ella la ve curiosa.- Tengo guardia en el hospital.- Explico sin darme cuenta. ¿Yo? ¿Dando explicaciones?
-Que le vaya muy bien profesor.- Se despide y camina a la salida.
-Señorita.- Le hablo una vez más, ella voltea y se acerca un poco.- Una cosa más.
-¿Que es profesor?
-No me diga profesor... Dígame doctor, por favor.
Sonrío y camino hacia la salida dejándola confundida tal vez. Yo realmente no soy profesor, no estudie para profesor, no soy docente y por lo tanto no me gusta que me llamen así si no lo soy. Yo soy un doctor y así deben de llamarme pero me he cansado de pedir que no me digan profesor, odio que me digan así pero aclarar eso a cada alumno es tedioso. Pero ella... Ella más que nadie debe de decirme doctor, ¿Por qué?... Aun no tengo ni la maldita idea.

2 comentarios:

Un abrazo ♥