sábado, 17 de enero de 2015

Metropolis


-Capitulo 8-

Vine a mi habitación a descansar un rato. Mi cabeza da vueltas y vueltas. Leí un poco, trabaje en unos documentos y ahora estoy acostado en la cama. Veo al techo, veo mi celular. Veo a todos lados buscando respuesta a las locuras que estoy haciendo y pensando. Estoy aturdido. Aturdido por una alumna.
Todo lo que he hecho no es normal, lo sé totalmente. Trate de evitarlo pero no pude. Me quise alejar. No pude. Quiero ignorarla. No puedo. Quiero sacarla de mis pensamientos, es imposible.
Tomo mi celular. No puedo dejar de pensar en lo que hice, ella me ha de odiar y tener el peor concepto de mí. Me levanto de la cama. Tengo que hablar con ella. Salgo de mi habitación y camino a la cafetería, nos hemos encontrado mucho ahí pero esta vez no es una de esas veces. Camino un poco en busca de ella pero nada. Recuerdo que la he visto varias veces en una jardinera y voy para allá. Cuando llego sonriendo he dado con ella. La veo acostada en el pasto, ojos cerrados y audífonos. Esta con uniforme, se ven un poco sus piernas, no debería de ser tan confiada. Saco mi celular y le mando un mensaje. Estoy a distancia considerable y la puedo ver bien, le llega el mensaje y cuando ve la pantalla y lee hace un gesto de incomodidad, no esperaba eso. Deja el celular donde estaba y vuelve a cerrar los ojos. No me contesta.
“Sé que está en todo su derecho de estar molesta conmigo pero por favor. No haga tan mala cara al leer mis mensajes. ¿La he incomodado tanto?”
Le escribo y lo mando. La veo tomar de nuevo e celular y su gesto lo dice todo, creo que me odia. Levanta la vista y observa a todos lados, su mirada me encuentra. Nos vemos y ella se levanta de su lugar y molesta se va de la jardinera.
Sí. La incómodo. Maldigo mentalmente. Esto es lo que me consigo gracias a mis arrebatos. Camino de nuevo a mi habitación, en paso lento pero en un momento escucho su risa. Volteo un poco y la veo caminando de la mano con su amigo. Pasan frente a mí pero ella me ignora. ¿Ahora soy yo el ignorado? Respiro molesto. Aprieto la quijada y camino rápido a mi edificio.
Entro molesto a mi habitación. Verla tan feliz con ese chico me molesta, me enoja. Me hace sentir frustrado. ¡Que hacer! Tomo mis cosas y voy a mi consultorio. De ahí me voy al hospital. Necesito unas cosas. A paso rápido llego a los consultorios, saludo a los doctores con los que me encuentro y de repente escucho el motor de una moto, veo y son ellos, ella parece disfrutar mucho el paseo, está muy bien agarrada a él, al aire mueve un poco su falda. ¡Cómo puede! Frunzo el ceño. No debería de subirse a una moto con esa pequeña falda. Entro a mi consultorio. Tomo unos guantes y cubre bocas y me voy.
Imaginando a donde van por la dirección que los vi, mando un mensaje. Seguro que irán a los campos de experimento. Los alumnos no deben de ir ahí ya que es buen lugar para… Demostrarse su amor. ¡Diablos! Me siento impotente, como era de esperar no me contesta. No contesta mis mensajes, bien merecido me lo tengo, supongo.
Llego al hospital y empieza una nueva noche de trabajo pero antes de concentrarme totalmente, si es que puedo mando un último mensaje.
“Veo que está muy enojada pero aun así… Discúlpame pequeña.”
Sonrío ante el mensaje. Me gusta decirle pequeña… Mi pequeña. Suspiro y empiezo con el trabajo.
Es sábado. Día de no hay clases porque es fin de semana. Puedo dormir un poco más de lo normal y lo agradezco. Amanezco en la habitación de la escuela. Pude haberme quedado en mi departamento pero mi razón quiso que viniera hasta aquí. Si se imaginan porque, no me lo digan. No quiero saber. Despertándome con hambre voy a la cafetería, un emparedado estaría bien.
Llego y pido mi comida. Ser profesor tiene sus ventajas, en cuanto me ven me atienden. Justo en el momento en que volteo la veo. Esta como una chica fresca y feliz, bueno, nerviosa y molesta ante mí. Esta con ropa civil. Es encantadora.
No pudiendo evitar preguntarle por sus planes de fin de semana me deja claro que no estará aquí. Viendo su incomodidad ante mí, solo le digo que disfrute de su familia. He estropeado todo. Lo sé.
Voy a mi oficina y como mi emparedado. Trabajo en algunas cosas de la institución, tengo unas conferencias en puerta. Tengo planeado llevar a unos alumnos a los cursos de primeros auxilios, en dos semanas tienen que aprender totalmente y tengo planeado que alguien en especial vaya, quiero que vaya.
Paso como tres horas trabajando y entonces no puedo concentrarme más. Ella aparece en mis pensamientos. Sin nada que hacer. Tomo mi celular y mando un mensaje.
“¿Podemos hablar? Creo que hay cosas que tenemos que conversar. ¿No lo cree? La espero en mi oficina. Y no es para que lo piense. Soy su profesor, no lo olvide.”
Aprovechando mi autoridad como profesor le dejo claro que no tiene opción. Esto es abuso de poder lo sé, pero no me queda más remedio, necesito hablar con ella, necesito verla, tenerla cerca, saber que no me odia. Díganme loco, no importa, ya no importa.
Diez minutos después tocan la puerta. Sonrío y doy pase. Entra ella y viéndome molesta no hablamos. Solo nos miramos, mido su reacción, su emoción. Siendo ella la primera que habla empezamos con esto, no sé realmente que decirle pero estoy feliz de que este aquí, con todo y su genio.
-Sí, limite. No sé a qué juego quiere jugar conmigo. No sé a qué se deben sus cambios de ánimo. Sus arrebatos. Sus miradas y sus ratos de ignorarme. Sus mensajes. Sus ratos de aprecio y de alejamiento. No lo puedo entender y eso me frustra, un momento está bien conmigo y al otro no, ¿Es bipolar?
Todo lo que dice es verdad. Ella se siente aturdida por mi culpa. No sabe porque mis acciones y ni yo las tengo claras, lo único que tengo claro es que quiero tenerla cera. Me recargo en mi escritorio.
-No. Pequeña. No soy bipolar y no quiero jugar a ningún juego contigo, tampoco pido que me entiendas.
Le contesto pasivo y confiado, su mirada me pregunta muchas cosas, su mirada me dice muchas cosas. La noto nerviosa, tímida. Me acerco a ella, no lo puedo evitar. No quiero. Topa con pared y aprovecho para acercarme más y la aprisiono. Su suave piel, la acaricio un poco, sus ojos no me dejan, mis ojos no la dejan, nuestras miradas se conectan, se gustan, se atraen. Hay algo en esta mirada, en esta conexión… Tal vez sé que es ese algo, o tal vez no, o no me quiero dar cuenta.
Acaricio un poco su rostro. Sus ojos bajan a mis labios, los míos bajan a sus labios. Esta sensación de emoción, esta sensación de cosquilleo. Este momento es único. Un momento que no había experimentado a tal grado. Percibo totalmente su nerviosismo, sus latidos, su respiración, su timidez. Sus ojos me dicen que añoran algo. Algo que no sé si pueda darle, algo que no sé si sea correcto dar pase, algo que tal vez no funcionara, que tal vez nos llevara al abismo, al sufrimiento, al descontrol. No quiero hacerla sufrir, no quiero que esta pequeña mujer sufra por mi culpa. Que este conmigo y se arrepienta después. No me lo perdonaría.
No quiero que estropear su mundo de adolescente, no sería lo correcto, no podría hacerlo, quiero pero no es lo mejor. Ella esta apenas conociendo la vida, yo ya la conozco. Ella apenas va empezando una carrera, yo ya la tengo. Ella va empezando su vida, su propia vida, yo ya la tengo. Pero por más que trato de olvidarme, de ignorar, de mentirme que esto que siento es cualquier cosa no puedo, no podre, menos ahora.
-¿No lo sabe? ¿O no quiere saberlo?
Sus palabras me abren los ojos. No quiero estropear nuestra relación escolar. No sé por qué, o tal vez lo sé pero no quiero saberlo. No quiero saber qué es lo que me pasa con ella. Aun no quiero darme cuenta.
-No te lo sabría decir pequeña.- La veo a los ojos directamente.- Lo único que sé es que algo fuerte me pasa contigo, algo que no puedo controlar, algo inexplicable para mí.
Sin esconder esas palabras se las digo. Noto un brillo en sus ojos, su nerviosismo aumenta, sus latidos aumentan. Tal vez hago mal en hacerle esto a una alumna menor de edad, a una alumna inocente y tímida pero es que… ¿Cómo poder contra esto? Nunca me había pasado, no sé cómo se control este tipo de situación pero sé que no la quiero controlar, quiero que fluya, que siga, que logremos algo pero cuando pienso en su edad, en la situación escolar en la que estamos me detengo.
Detengo mis instintos, mis arranques, mis emociones. Nos llevamos diez años. ¡Diez! Es mucha diferencia de edad. Una relación así nunca funcionaria. Una alumna, un profesor. Una alumna, un doctor. Una niña de familia junto a un hombre que tiene su vida echa. Es una locura. Pensando en que llegáramos a tener algo. Me pondría en peligro, mi carrera estaría en peligro. Mi cedula profesional estaría en peligro. Me la quitarían en cuanto supieran que estoy con una menor y alumna. Mi vida se vendría abajo, ese temor me impide querer darme cuenta de lo que realmente me está pasando.
Vemos de nuevo nuestros labios. Su timidez me dice que algo la detiene. Sonrío un poco. Beso su frente, un beso dulce, ella cierra los ojos y suspira, su piel suave y cálida acepta mi beso, ella no trata de alejarme. Por su reacción… Por su reacción puedo llegar a pensar que esta es la primera cercanía de un hombre hacia ella pero no creo, es una chica hermosa, muchos deben de querer cercanía con ella. Nos vemos de nuevo a los ojos, nos comunicamos de esa manera. Este momento podría durar mucho si así quisiéramos pero entonces suena su celular. Me alejo un poco.
Me doy cuenta de que es su papá y ella enseguida pone cara de felicidad, está emocionada y alegre por ver a su familia, dos días sin verla, creo que me hará bien ese tiempo, así podre aclarar mis pensamientos.
-Disfruta de tu fin de semana pequeña.
Le digo tras darle un beso en la mano, su sonrojo y sonrisa me dice que puede ser la primera vez que alguien lo hace. Me alegra ser el primero. Nos despedimos pero al final le digo que la echare de menos, no miento, así es.
Ella se va y yo suspiro. Me siento en mi cómodo lugar y trabajo un poco más antes de irme a mi departamento.
Veo el reloj. Las cinco de la tarde, he pasado mucho tiempo aquí. Tallo un poco mis ojos y me levanto. Es hora de irme. Salgo del edificio y camino hacia el estacionamiento. La escuela luce un poco vacía, muchos alumnos se van con sus familias. Subo a mi auto y tomo camino para mi departamento. Pongo música. Me gusta de todo así que la radio es buena. Empieza una canción de Bruno Mars “Just The Way You Are” … ‘Oh, sus ojos, sus ojos. Hace parecer que las estrellas no brillan’… Entro al ritmo de la canción y mi camino se vuelve menos tedioso.
Rato después llego a mi departamento, me doy un baño. Me cocino algo y me relajo en la sala mientras veo algo en la televisión, en los fines de semana tengo un poco más de tiempo libre aunque eso sí. Mis guardias no faltan.
Llega la hora de irme al hospital y me alisto. Sin poder evitarlo pienso de nuevo en ella, ella, ella, ella. Tomo mi celular. Van a ser las ocho. Aún es temprano.
“Espero que estés disfrutando mucho de tu familia pequeña.”
Envío el mensaje. Sé que le pedí su número para cosas escolares pero creo que en el fondo fue solo un pretexto. Necesitaba tener su número para contactarla, si, lo necesitaba. Suena mi celular e inmediatamente veo, un mensaje de ella.
“La estoy disfrutando mucho doctor, gracias.”
Me contesto. Ya no está molesta conmigo. Sonrío ante el mensaje. Me siento un adolescente.
“Ten un gran fin de semana… Lo último que te dije en mi oficina se está haciendo realidad… Te echo de menos pequeña.”
Enviar. No sé si hago bien en decirle este tipo de cosas. Aunque bueno, no es nada malo. ¿Verdad? Extrañar a alguien no es nada grave. ¿O en mi caso sí? Espero su respuesta. Espero. Y espero. No me contesta.
Llego al hospital y hay muchos pacientes, estoy por ponerme guantes de látex cuando mi celular suena.
“Quisiera mentir y decirle que no lo echo de menos, o simplemente no contestarle pero… También lo echo de menos, doctor Hideto.”
Mi corazón bombea rápidamente. ‘Doctor Hideto’ Esas simples y formales palabras hacen que mi rostro tenga una sonrisa tonta y sienta emoción, me llamo por mi nombre de pila. Lo hizo después de días que se lo pedí.
“Gracias pequeña. Me alegra saber que no te incomode con el mensaje anterior.”
Le envío el mensaje y me pongo mis guantes y cubre bocas. Es hora de empezar.
Es Domingo. Despierto tarde y en mi departamento, cuando pasa esto me siento como cualquier persona ordinaria. Despertar tarde y en tu casa. Hace calor y me doy un baño. Desayuno y me pongo a trabajar un rato. Cosas de la escuela. Del hospital. De mis guardias y consultas. Me llevo parte de la tarde atendiendo asuntos pendientes. Como algo, veo mi reloj. Las 4:25 p.m. Normalmente los domingos pasan muy rápido. Me recuesto en mi sillón. No he dejado de pensar en ella ni dejado de ver sus mensajes. Vaya adolescente que me siento. Estoy tentado a enviarle un mensaje el día de hoy pero me abstengo. No quiero incomodarla ni nada. Además, mañana nos veremos en clase, unas horas más y ya. Esta ansiedad que siento es una locura.
Pensando en ella y en lo cerca que hemos estado me pongo a hacer otras cosas de trabajo. Por su culpa no puedo concentrarme al cien, pero disfruto.
Solo veo mi celular. Ningún mensaje he mandado, quiero hacerlo, en verdad que si pero no, quede en que no y es no. Alejo mi celular y me concentro en mi trabajo.
Siendo las diez de la noche me meto a la cama y trato de dormir. Mañana a temprana hora tengo que salir para ir a la escuela. Ya mañana. Doy vueltas por mi enorme cama y pensando en ella cerca de mí, logro encontrar el sueño.
Las siete de la mañana. Me baño, me alisto. Desayuno y me voy. Mis clases empiezan a las once de la mañana, tengo buen tiempo. Por la hora el camino a la escuela es ligero y agradable. Llego rápido y estaciono mi auto donde siempre. Son las ocho de la mañana, muchos alumnos están corriendo para ir a clases, otros desayunan, otros solo pasean. Paso por el edificio de señoritas, lo observo, ella debe ya de estar aquí. Con una emoción camino a mi oficina. Dejo mis cosas y me relajo un poco. Esta semana empezare con las clases de primeros auxilios, es de mucha practica y técnica. Reviso mi itinerario y hago cambios y ajustes, cuando me agrada como queda sonrío.
Veo mi celular de nuevo, unas horas más y la veré, mi impaciencia es mucha. Me ignoro y hago planes de trabajo para los de nivel intermedio.
Revisando el reloj, las diez y cuarto, salgo de la oficina y me voy al salón, me gusta llegar antes y ver que alumnos llegan temprano, eso habla de responsabilidad y profesionalismo.
Entro al salón y me instalo, saco mis cosas y saco mi libro. Me pongo mis lentes y empiezo a leer.
Pasan como quince minutos. Escucho unos pasos y una voz suave cantando. Pongo atención y entonces la veo. Parada en la puerta, con audífonos y una pena que no sabe dónde meterla. Sonrío. Era ella quien cantaba felizmente.
-Veo que está feliz.
-Mucho doctor.- Me sonríe.- Vi a mi familia y a mis dos pequeñas mascotas.
-¿Mascotas?
-Sí, dos gatitas. Son encantadoras.- Sonrío feliz.
-También me encantan los gatos.
-¿Tiene uno?.- Su mirada brilla.
-No, no podría cuidarlo, así que lamentablemente no tengo mascotas.
-Que mal, es hermoso tener un pequeño en casa y que te alegre.- Su tierna sonrisa me hechiza, su mirada brillante también, sus palabras, su voz, su rostro, ella me hechiza.
-Sí, es lo mejor que una familia pueda tener, una mascota.- Sonreímos.  
Ella pasa a su escritorio y deja su mochila. Hasta aquí puedo sentir su nerviosismo. Hasta aquí puedo escuchar sus latidos. Aunque no sea verdad pero me gusta pensarlo. No me controlo más y dejo mi libro en el escritorio. Me acerco a ella y en medio del salón la tomo de la mano y beso el dorso.
-Me alegra verla feliz.
Su sonrojo se hace presente y sonrío encantado. Este tipo de nerviosismo es encantador e inocente, me gusta. Acaricio un poco su cabello. Nuevamente la tengo frente a mí. Me siento tranquilo y relajado ahora.
-¿Cómo estuvo su fin de semana?.- Me pregunta curiosa y nerviosa.
-Trabajo, trabajo y trabajo… Y echándote de menos pequeña.
La veo sonreír, sus ojos toman un brillo especial. Nos vemos a los ojos como va siendo nuestra costumbre, nos vemos y no necesitamos decirnos nada. Nuestra mirada habla por sí misma.
De repente una gran necesidad de sentirla más cerca se apodera de mí y la jalo cuidadosamente a mí. La abrazo, la pego un poco a mi cuerpo y la abrazo, su calidez tan cerca me hace perder la razón, su respiración rosándome me hace estremecer. Segundos después siento como corresponde a mi abrazo, sus tímidas manos van a mi espalda y siento que me abraza fuerte y nerviosamente. Me estoy acostumbrando a su nerviosismo.
Puedo sentir sus sentimientos, su alegría, su emoción, sus latidos y su respiración, su calidez cerca de mí. No decimos nada, solo nos abrazamos, nuestro segundo rose mayor. Primero un beso en la frente y en manos, ahora un abrazo. No sé hasta dónde llegare, no sé hasta dónde está dispuesta a llegar ella, lo único que se en este momento. Lo único que me atrevo a decir y a admitir es que…
Escuchamos pasos que se acercan, nos alejamos del abrazo y nos vemos a los ojos alarmados, yo me alejo inmediatamente y ella se sienta en su escritorio y busca algo en su mochila, logro llegar y sentarme en mi lugar y tomo mi libro.
Segundos después entran varios alumnos, sin darse cuenta de que estaba pasando algo aquí toman sus lugares. Yo subo la mirada y ella me ve, está nerviosa y sonrojada. Se muerde los labios y eso hace que un estremecimiento me invada. Yo hago una pequeña sonrisa y como complicidad le guiño un ojo. Ella me sonríe libremente y la veo relajarse.
En este momento, al verla, al abrazarla, al tenerla tan cerca y al extrañarla tanto lo admito. Admito y me trago mis palabras. El amor existe. Y lo sé porque… Me he enamorado de ella. Por primera vez y a mis 27 años, me he enamorado.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥