jueves, 15 de enero de 2015

Metropolis


-Capitulo 7-

Pienso, pienso y pienso en lo que ha pasado últimamente. Desde que entre a esta escuela me he sentido de maravilla, me siento feliz a pesar de que este no es mi lugar natal. Mis amigos me han recibido muy bien a pesar de ser extranjera. Mis clases han ido muy bien, todo va bien excepto por un asunto que siento empezó desde el primer día.
Recuerdo que mi primer día de clases llegamos todos con una hoja de horarios, con croquis para saber dónde estaba nuestro salón y con los nombres de los que serían nuestros profesores. Llegue al salón y me encanto enseguida. Un gran ventanal que da vista a un campo muy lindo. Olía a café, había un enorme pizarrón y un cañón para presentaciones digitales. Escritorios para dos alumnos en perfecto estado. Todos empezaron a llegar y tímidamente nos saludábamos, yo me senté en un escritorio de en medio y a mi lado unas chicas. Me empezaron a hacer plática y enseguida nos dimos cuenta de que nos llevaríamos de maravilla. Llego un chico a mi escritorio, me sonrió y me dijo amablemente que si se podía sentar conmigo, inmediatamente supe que seriamos amigos y accedí encantada. Llegamos como cuarenta minutos antes y platicábamos de nuestros estudios pasados. Yo quería ir al baño y fui rápido, para mi mala suerte cuando llegue al salón mi tutor ya estaba hablando, supe que era nuestro tutor por su tono de voz y sus palabras. Toque la puerta tímida. Él volteo y me vio con un semblante serio pero no lucia molesto, sus ojos me veían de una extraña manera, me hicieron sentir nerviosismo del bueno. Me estudio por unos segundos y solo dijo “Pase señorita” su voz seria y suave al mismo tiempo.
Entre rápido y me senté en mi lugar. Él nos hablaba de las reglas, normas y derechos que tenemos. A ratos podía sentir que su mirada se posaba en mí pero no le tomaba importancia ¿Qué profesor no hace eso? Yo amablemente sonreía. Él se veía extrañado por eso.  Al día siguiente sin decirme nada el me propuso como jefa de grupo o bueno, más bien me puso como jefa de grupo y no pudiendo negarme acepte. Pasaban los días y su trato conmigo era más que con los demás, claro que por mí puesto en el salón pero sin darme cuenta en ese entonces nos encontrábamos y hablábamos por cualquier pretexto. ¿Siempre era así con sus jefes de grupo? ¿O solo era conmigo? Seguían pasando los días y cada vez me sentía más nerviosa ante su presencia. Era un nerviosismo que nunca había sentido y lo raro es que me gustaba esa sensación. Su mirada tan profunda hacia mí, tan repetitiva.
Y bueno, después llega el día en el que me atrapa entre la pared y su cuerpo. Me dice cosas extrañas. Se preocupa por mí y me lleva a su consultorio, sin mencionar que también me llevo a su oficina. Y nuevamente se repite el momento en que estamos solos y demasiado cerca. Me dice algo más extraño y después se aleja y me ignora.
¿Qué rayos debo de pensar? Que está loco. Eso lo tengo muy claro. Pero ¿Por qué me dice todo eso? ¿O le gusta jugar con las alumnas? No olvido que un día lo encontré con una casi encima. ¿A que juega? ¿No es un doctor hecho y derecho? Un momento está de buen humor y al segundo ya está hecho un diablo. También parece bipolar.  Me dice un momento pequeña y al otro señorita y me ignora. Es odioso y estresante.
Hoy en clase me ignoro completamente, si acaso se cruzaban nuestras miradas pero la quitaba de inmediato. Ninguna sonrisa. Ninguna mirada tierna y amable. Cuando lo vi reír en el consultorio me di cuenta de que es un ser humano encantador y hermoso pero se cubre con su semblante serio y estricto.
No sé cuál sea su problema conmigo pero si el me ignora pues yo también. Al fin y al cabo debo de ser yo la ofendida por lo que hizo. Pero por más que quiero sentirme así no puedo, me gusto lo que paso, me sentí extraña, como nunca antes me había sentido. Mi corazón latía desenfrenadamente. Mi respiración aumento. Mi estómago se encogió y sentí un leve dolor, un dolor inexplicable pero que me gustaba. Sus profundos ojos no se alejaban de mí y me sentía cálida, su calor corporal me hizo sentir segura, su olor me hizo sentir aturdida. Sus palabras me hicieron estremecer ¿Qué eran esas sensaciones? No lo sabía en ese momento. Después su rato de ignorarme me hizo sentir furiosa. No puede decir un momento que no se puede alejar de mí y al otro hacer como si no existiera.
Estoy en mi jardinera preferida, escuchando música y viendo hacia el cielo. Todo esto me tiene aturdida, por más que pienso no sé qué esperar desde ahora de su parte. ¿Cariño? ¿Aprecio? ¿Atención? ¿Nada?... Lo que me dijo hace unas horas, “He querido mantenerme alejado de ti pero no puedo, no he podido” esas palabras rondan en mi cabeza, esas y otras más. ¿Qué me quiso dar a entender? Y luego su acercamiento, dios, su acercamiento, vio mis labios, mis ojos, acaricio mis mejillas. ¿¡Como rayos dejar de pensar en eso?! Y luego de tonta yo leo y releo el mensaje que me envió “Me ha encantado que conocieras mi consultorio, pequeña.” Me tutea y me dice pequeña. Suelto un pequeño grito de frustración. Quién diablos entiende a los hombres, como diría mi mamá. Ahora empiezo a entenderla.
Me preocupa un poco que todo lo que esté haciendo sea un juego y yo caiga redondita o que no sea un juego y en verdad se vea interesando en mí, lo cual podría ser peligroso porque es mi profesor. Sería el primer hombre que veo como empiezo a verlo y me asusta, ¿Por qué justo él? ¿Por qué un mayor? Él debe tener experiencia en todo, yo apenas estoy saliendo del cascaron y eso me preocupa también ¿Y si no llego a sus expectativas? Y no sé porque pienso esto, me estoy adelantando demasiado.
Cierro los ojos y trato de olvidar todo lo de él. Suspiro y escucho mi música, Shakira es mi artista favorita, escucho de todo pero si me preguntasen por un favorito seria ella sin dudar. Escucho “Underneath Your Clothes” amo esa canción, siempre me ha gustado… ‘Yo estoy atada a este sentimiento’… Canto en voz baja. Estoy acostada en el pasto, mis amigas e fueron con sus novios, no he visto a David, tenía cosas que hacer. Me gusta estar sola, es relajante. Escucho tranquila la música pero de repente suena que entro un mensaje, tomo mi celular y veo en la pantalla “Doctor Hideto” mi corazón cobra más vida y late late y late. Abro el mensaje.
“Quiero pedirle disculpas por lo que paso hace unas horas. No suelo ser así. Es algo que no estoy controlando pero prometo hacerlo. Por favor. No tome mala imagen de mí.”
Se disculpa. Él sabe que hizo mal pero ¿Mal que? ¿Mal en haberse acercado tanto a mí y decirme cosas extrañas? ¿O mal en haberme ignorado después? ¿O las dos? ¿Entonces se arrepiente de lo que paso? Dejo el celular en el pasto y vuelvo a cerrar los ojos. No quiero saber más de eso, ya tengo mucho con estar pensando y pensando en él. Vuelve a sonar mi celular. Lo tomo. Otro mensaje.
“Sé que está en todo su derecho de estar molesta conmigo pero por favor. No haga tan mala cara al leer mis mensajes. ¿La he incomodado tanto?”
Claro que estoy en mi derecho de estar enojada, ¡Por su culpa estoy así!... Esperen… ¿Qué no haga tan mala cara al leer sus mensajes?... Subo la mirada, veo a mi alrededor y lo encuentro en un punto lejos de mí. Esta sentado en una banca. Me mira. Lo miro. ¿Qué diablos le pasa? ¿A qué quiere jugar? Me levanto del pasto y salgo de la jardinera. Sin hacerle algún gesto amable lo dejo de ver y salgo de su vista. ¡Qué doctor tan molesto! Camino a la cafetería a comprar algo salado. Me alegro al ver a mi amigo comprando y el en cuanto me ve me abraza.
-Preciosa, estaba buscándote ¿Dónde estabas?
-En la jardinera de siempre, quería tomar un poco de aire fresco ¿Y tú?
-Estuve estudiando un poco.- Sonríe, ¿Estudiando? Este chico es un loco.- Tenemos a tarde libre, ¿Qué quiere hacer?
-Ummmm ir a dar una vuelta en tu moto.- Digo emocionada, David tiene una moto y me encanta que vayamos de paseo, el instituto es como una pequeña ciudad.- ¿Si?
-Tus deseos son ordenes.- Sonreímos.- Vayamos por la moto.
Salimos de la cafetería y yo tomándolo de la mano caminamos hacia su edificio. Platicamos y yo emocionada por dar una vuelta sonrío de oreja a oreja y me olvido de todo aun viendo al doctor pasar frente a nosotros, hago caso omiso a su presencia, estoy disfrutando de este momento. Llegamos a la moto y corro a ella. David me abraza y me revuelve el cabello. Me da un casco y él toma el suyo, subimos y ya con la adrenalina por mis venas lo rodeo fuerte por el torso, lo veo sonreír y hace rugir el motor. ¡Vamos!
Toma camino y yo emocionada disfruto, rodeamos los campus, pasamos por caminos llenos de árboles y disfruto de la frescura. Cierro los ojos y siento mucha libertad. Confió en mi amigo y me siento segura aun si me suelto de él. A él le pone nervioso que lo suelte y no lo hago mucho. Pasamos por el área de consultorios y veo salir y entrar a profesores con sus batas, uno de ellos es mi tutor y creo que reconociéndome hace un gesto de molestia. Ignoro, he decidido ignorar. Seguimos nuestro recorrido y llegamos a un campo en donde hacen algo de agricultura, es para los de nutrición, aquí se siembra trigo y todo eso. Nos detenemos aquí y bajamos de la moto, sacamos nuestras sabritas y comemos, hablamos, sonreímos, la pasamos muy bien. Suena mi teléfono, lo checo.
“Los alumnos no pueden alejarse tanto de los salones, menos a esta hora.”
Hago un gesto de molestia. Guardo mi celular y sigo comiendo, mi amigo viendo mi expresión no duda en preguntar.
-¿Algo malo?.- Suspiro.
-Creo que si… Malo e incomprensible, pero no importa, dame jugo.- Sonrío divertida y me lo da.
Pasamos unos cuarenta minutos así hasta que empezamos a ver que el sol cambia de lugar. Es hora de irnos, subimos a la moto y tomamos camino, nuevamente disfruto del recorrido y del fresco aire.
En quince minutos llegamos a mi edificio. Nos despedimos con un gran abrazo y beso en la mejilla y subo a mi habitación. Entro y sorprendiéndome ver a Maira aquí a esta hora suspiro.
-¿Tu aquí?.- Saco mi sorpresa.
-Aquí duermo.
-A esta hora nunca estas.
-Pues hoy si.- Se acuesta en su cama y se tapa, de seguro un chico la dejo plantada, sonrío ante la idea.
Me quito el uniforme y me pongo la pijama, me meto a la cama y me acomodo, sintiéndome relajada por el rato que pase con David. Cierro los ojos y tratando de dormir. Mi celular vuelve a sonar, pido mentalmente que no sea él. Lo tomo y reviso. Diablos.
“Veo que está muy enojada pero aun así… Discúlpame pequeña.”
Mi sonrisa me traiciona y se marca en mi rostro, ese ‘pequeña’ hace que me sienta emocionada. No sé qué pensar, no quiero pensar.
Es un nuevo día. ¡Hoy veré a mi familia! Es fin de semana y todos los estudiantes podemos salir de la institución e ir a nuestras casas. Estoy emocionada. Mi papá vendrá por mí a medio día, son las 8:00 a.m.
Me pongo unos pantalones y una playera ligera, es un día caluroso. No es necesario llevar ropa ya que en mi casa tengo para cuando voy para allá. Emocionada por este día salgo del edificio y camino tranquila a la cafetería, desayunare algo ligero. Quiero comer las delicias que hace mamá con muchas ganas. Cuando llego veo a quien menos quiero ver, cuando estoy por darme vuelta escucho su voz.
-¿Hora de desayunar?.- Se para frente a mí, sus profundos ojos se centran con los míos.
-E… Casi, espero a mi amigo para desayunar juntos.- Me excuso y despidiéndome con las manos me doy media vuelta.
-Espere, por favor.- Me dice con una suave voz, me pone la piel chinita, me volteo a verlo.- ¿Se encontrara hoy con su familia?.- Asiento con la cabeza.- Disfrute de su fin de semana.
-Gracias.- Contesto y salgo de la cafetería.
Camino un poco y me encuentro con mis amigas. Nos saludamos y desayunamos juntas, todas iremos con nuestras familias, regresaremos el domingo por la noche. Emocionadas por eso nos despedimos después de una deliciosa plática.
Paso a la jardinera y me acuesto un rato. Ya quiero que llegue papá. Escucho música y en eso, diablos, espero que sea un amigo y no él. Tomo mi celular. Mal.
“¿Podemos hablar? Creo que hay cosas que tenemos que conversar. ¿No lo cree? La espero en mi oficina. Y no es para que lo piense. Soy su profesor, no lo olvide.”
Solo eso faltaba. Que me ordenara ir a su oficina como profesor, ¡Odioso! Me levanto de mi cómodo lugar y camino hacia su oficina. Mientras voy llegando me voy poniendo nerviosa ¿De qué tenemos que hablar? Suspiro y toco. Enseguida me da pase. Entro y cierro la puerta. Él está sentado en su gran silla giratoria y con libro en mano. Me ve. Me estudia. Esta serio. Su seriedad me pone nerviosa. Pero ese nerviosismo me gusta. Su mirada en mí me gusta. Su seriedad me gusta.
-Estoy aquí.- Me atrevo a decir.
-¿Por qué no contesta mis mensajes?.- Suelta sin rodeos, me quedo sorprendida.
-¿Tengo que?.- Protesto.
-Por educación si.- Se recarga en su silla.
-No lo vi necesario.
-Me he estado disculpando.- Su voz se vuelve suave.
-Lo he leído.
-¿Y entonces?... La veo molesta, lo está conmigo a pesar de que me he disculpado.
-¿Molesta? No, solo estoy poniendo límite entre lo que es usted y yo.
-¿Limite?.- Pone sus codos en el escritorio y su mirada se torna mortificada.
-Sí, limite. No sé a qué juego quiere jugar conmigo. No sé a qué se deben sus cambios de ánimo. Sus arrebatos. Sus miradas y sus ratos de ignorarme. Sus mensajes. Sus ratos de aprecio y de alejamiento. No lo puedo entender y eso me frustra, un momento está bien conmigo y al otro no, ¿Es bipolar?.- Lo veo hacer media sonrisa, se levanta de su lugar y camina al frente de su escritorio, se recarga un poco.
-No. Pequeña. No soy bipolar y no quiero jugar a ningún juego contigo, tampoco pido que me entiendas.
-Pues si no puedo entenderlo es peor.- Me cruzo de brazos dispuesta a discutir.
-Ni yo me entiendo, con eso te digo todo, pero por favor deja de ignorarme.- Sus ojos me dicen que en verdad desea eso, como si le doliera mi indiferencia.
-¿Ignorarlo? Usted lo hizo después de que me dijera lo que me dijo.
-No sé qué me paso.
-Pues yo quisiera saberlo.
Me ve a los ojos pasivamente. Lo veo a los ojos molesta. Hay tensión y nerviosismo. Hay dudas, preguntas, hay de todo en este espacio. Se puede palpar.
-Ayer estuviste con tu amigo.- Hago una sonrisa pequeña, ¿Me pregunta por David?
-¿En dónde entra él en esto que estamos hablando?
-Aunque no lo creas entra en este asunto.- Dice en una voz que me eriza la piel.
Camina hacia mí y al verlo doy pasos hacia atrás, el los tapa y yo voy más atrás hasta que topo con pared, no otra vez. Esta cerca de mí, me ve a los ojos, su aroma entra por mis fosas nasales y llega hasta mi cerebro, me siento drogada con ese aroma. Una de sus manos pasa por mis pómulos, no deja de verme. Veo sus labios, sus labios lucen suaves y tentadores en este momento pero tengo miedo. Miedo de lo que pueda pasar, nervios, estas situaciones son nuevas para mí. Nunca había estado tan cerca de un hombre, no de un hombre que siento quiere algo más de mí, algo más que un afecto de amigos. Él es levemente más alto que yo y me siento pequeña a su lado. Recarga una de sus manos en la pared y está más cerca de mí. Pone su frente con la mía y me sobresalto, estamos muy cerca, suspira y cierra los ojos ¿Qué es esto? ¿Qué es este momento? ¿Estas sensaciones?
-Créeme pequeña que lo menos que quiero es atormentarte.
Su aliento cerca de mí. Sus suaves palabras cerca de mí. Él cerca de mí. Su voz recorre cada espacio de mí. Mi estómago nuevamente se encoge. Cierro los ojos. Sus dedos acarician mi cabello delicadamente. Siento mi corazón latir con fuerza y retumbar contra mi pecho una y otra vez. Estas sensaciones, este sentimiento. Esta emoción que me provoca al estar cerca de él, al siquiera verlo de lejos…
Es la primera vez que me pasa, es la primera vez que estoy en esta situación con un hombre. Es la primera vez que me gustaría besar y ser besada. Es la primera vez que me gustaría ser abrazada fuertemente por mucho tiempo. Es la primera vez que me gustaría que me dijeran palabras románticas. Es la primera vez que me gustaría que me acariciaran más allá del rostro. Es la primera vez que me gustaría tener un novio. 
Nuestras miradas aun conectadas y avivándonos transmiten muchas preguntas y temores. Mi nerviosismo esta aun en mí. No quiero alejarme, no quiero que se aleje. Quiero seguir así, hablándonos solo con la mirada. Amo su mirada, me transporta a sus sentimientos, a su ánimo, a su humor, a sus palabras no dichas.
-Lo que paso ayer… No fue mi intención ignorarte, pequeña.
-¿Entonces porque se alejó?
-No quise estropear más la buena relación de profesor-alumno que tenemos.
-¿Estropear?
-Sí, con mis palabras, con mis acciones, con mis arrebatos, no sé qué me pasa contigo, no lo sé.- Cierra los ojos y nuestras frentes se juntan nuevamente, su olor es adictivo, realmente adictivo.
-¿No lo sabe? ¿O no quiere saberlo?.- Pregunto anhelando una respuesta clara, sus ojos se abren y me ven con muchas preguntas, con emoción, con sentimiento, con dudas, con confusión, con sorpresa.
-No te lo sabría decir pequeña.- Suspira un poco y me ve a los ojos.- Lo único que sé es que algo fuerte me pasa contigo, algo que no puedo controlar, algo inexplicable para mí.
Sus palabras me enchinan la piel. Me hacen sentir emoción y alegría. Sus ojos son transparentes, sé que está hablándome con la verdad y nuevamente se está sincerando conmigo. Sé que esta confuso y mortificado. Ahora suspiro yo. Veo sus labios, él los míos, nos vemos a los ojos y sintiendo un calor en mi rostro bajo la mirada, siento que sonríe cálidamente y besa mi frente con ternura. Acepto encantada ese beso. Ese rose de sus labios. Esa caricia. Acepto ese primer contacto de sus labios con mi cuerpo. Lo acepto gustosa. Sí, primer contacto de sus labios con mi cuerpo porque en el fondo, deseo que haya más, deseo que este hombre me abrase, me bese… Me… Me quiera. Nos vemos nuevamente a los ojos, algo que empiezo a darme cuenta nos gusta. Nos gusta vernos a los ojos. Este momento podría seguir y seguir pero no. No sigue. Mi celular suena. Él se aleja un poco y tomo mi celular, es papá.
-Hola papá.- Digo aun aturdida.
-Mi nena, ¡Ya estoy aquí! Quiero verte, tu mamá nos espera con una comida deliciosa.- Sonrío ante su emoción.
-¿Dónde estás?.- Siento su mirada en mí, hablar con papá y el viéndome me provoca mucho nerviosismo.
-En el estacionamiento. Te espero cielo.
-Enseguida voy papi.
Sonrío feliz, él me ve con media sonrisa, sus ojos están dilatados, no me había fijado en que solo esta con pantalón de vestir y camisa blanca, abrochada desde el tercer botón, mi corazón late más de prisa. Luce fresco y no tan formal, luce… Tentador.
-Es hora de que vaya con su familia.- Sonríe.
-Sí, papá ya llegó.- Digo emocionada.
Se acerca de nuevo a mí y tomando una de mis manos besa el torso sin dejar de verme, esto me sorprende, me pone nerviosa, tímida, emocionada.
-Disfruta de tu fin de semana pequeña.
Su voz es cálida y suave. Dejándome sin palabras solo asiento y me acerco a la puerta, tomo el picaporte y entonces siento su mano en la mía.
-Te echare de menos.
Escucho su voz en mi oído. Mi piel se enchina. Mi estómago se contrae, lo veo a los ojos y me ve con mucha ternura y delicadeza. Esa mirada es más intensa que antes, más íntima.
Abrimos la puerta y salgo, me despido con un adiós de mano y cierro la puerta. Me recargo en ella, me siento nerviosa, llena de felicidad y emociones, estoy temblando levemente. Mi corazón late fuerte, como nunca antes. Me llevo las manos a mi rostro y cierro los ojos. Ahora lo sé. Me he enamorado de él.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥