-Capitulo 7-
Pienso, pienso y pienso en lo que ha
pasado últimamente. Desde que entre a esta escuela me he sentido de maravilla,
me siento feliz a pesar de que este no es mi lugar natal. Mis amigos me han
recibido muy bien a pesar de ser extranjera. Mis clases han ido muy bien, todo
va bien excepto por un asunto que siento empezó desde el primer día.
Recuerdo que mi primer día de clases
llegamos todos con una hoja de horarios, con croquis para saber dónde estaba
nuestro salón y con los nombres de los que serían nuestros profesores. Llegue
al salón y me encanto enseguida. Un gran ventanal que da vista a un campo muy
lindo. Olía a café, había un enorme pizarrón y un cañón para presentaciones
digitales. Escritorios para dos alumnos en perfecto estado. Todos empezaron a
llegar y tímidamente nos saludábamos, yo me senté en un escritorio de en medio
y a mi lado unas chicas. Me empezaron a hacer plática y enseguida nos dimos
cuenta de que nos llevaríamos de maravilla. Llego un chico a mi escritorio, me
sonrió y me dijo amablemente que si se podía sentar conmigo, inmediatamente
supe que seriamos amigos y accedí encantada. Llegamos como cuarenta minutos
antes y platicábamos de nuestros estudios pasados. Yo quería ir al baño y fui
rápido, para mi mala suerte cuando llegue al salón mi tutor ya estaba hablando,
supe que era nuestro tutor por su tono de voz y sus palabras. Toque la puerta
tímida. Él volteo y me vio con un semblante serio pero no lucia molesto, sus
ojos me veían de una extraña manera, me hicieron sentir nerviosismo del bueno.
Me estudio por unos segundos y solo dijo “Pase señorita” su voz seria y suave
al mismo tiempo.
Entre rápido y me senté en mi lugar. Él
nos hablaba de las reglas, normas y derechos que tenemos. A ratos podía sentir
que su mirada se posaba en mí pero no le tomaba importancia ¿Qué profesor no
hace eso? Yo amablemente sonreía. Él se veía extrañado por eso. Al día siguiente sin decirme nada el me
propuso como jefa de grupo o bueno, más bien me puso como jefa de grupo y no
pudiendo negarme acepte. Pasaban los días y su trato conmigo era más que con
los demás, claro que por mí puesto en el salón pero sin darme cuenta en ese
entonces nos encontrábamos y hablábamos por cualquier pretexto. ¿Siempre era
así con sus jefes de grupo? ¿O solo era conmigo? Seguían pasando los días y
cada vez me sentía más nerviosa ante su presencia. Era un nerviosismo que nunca
había sentido y lo raro es que me gustaba esa sensación. Su mirada tan profunda
hacia mí, tan repetitiva.
Y bueno, después llega el día en el que
me atrapa entre la pared y su cuerpo. Me dice cosas extrañas. Se preocupa por
mí y me lleva a su consultorio, sin mencionar que también me llevo a su
oficina. Y nuevamente se repite el momento en que estamos solos y demasiado
cerca. Me dice algo más extraño y después se aleja y me ignora.
¿Qué rayos debo de pensar? Que está
loco. Eso lo tengo muy claro. Pero ¿Por qué me dice todo eso? ¿O le gusta jugar
con las alumnas? No olvido que un día lo encontré con una casi encima. ¿A que
juega? ¿No es un doctor hecho y derecho? Un momento está de buen humor y al
segundo ya está hecho un diablo. También parece bipolar. Me dice un momento pequeña y al otro señorita
y me ignora. Es odioso y estresante.
Hoy en clase me ignoro completamente, si
acaso se cruzaban nuestras miradas pero la quitaba de inmediato. Ninguna
sonrisa. Ninguna mirada tierna y amable. Cuando lo vi reír en el consultorio me
di cuenta de que es un ser humano encantador y hermoso pero se cubre con su
semblante serio y estricto.
No sé cuál sea su problema conmigo pero
si el me ignora pues yo también. Al fin y al cabo debo de ser yo la ofendida
por lo que hizo. Pero por más que quiero sentirme así no puedo, me gusto lo que
paso, me sentí extraña, como nunca antes me había sentido. Mi corazón latía desenfrenadamente.
Mi respiración aumento. Mi estómago se encogió y sentí un leve dolor, un dolor
inexplicable pero que me gustaba. Sus profundos ojos no se alejaban de mí y me
sentía cálida, su calor corporal me hizo sentir segura, su olor me hizo sentir
aturdida. Sus palabras me hicieron estremecer ¿Qué eran esas sensaciones? No lo
sabía en ese momento. Después su rato de ignorarme me hizo sentir furiosa. No
puede decir un momento que no se puede alejar de mí y al otro hacer como si no
existiera.
Estoy en mi jardinera preferida,
escuchando música y viendo hacia el cielo. Todo esto me tiene aturdida, por más
que pienso no sé qué esperar desde ahora de su parte. ¿Cariño? ¿Aprecio?
¿Atención? ¿Nada?... Lo que me dijo hace unas horas, “He querido
mantenerme alejado de ti pero no puedo, no he podido” esas palabras rondan en mi cabeza, esas y otras más. ¿Qué me quiso dar a
entender? Y luego su acercamiento, dios, su acercamiento, vio mis labios, mis
ojos, acaricio mis mejillas. ¿¡Como rayos dejar de pensar en eso?! Y luego de
tonta yo leo y releo el mensaje que me envió “Me ha encantado que conocieras mi consultorio, pequeña.” Me tutea y
me dice pequeña. Suelto un pequeño grito de frustración. Quién diablos entiende
a los hombres, como diría mi mamá. Ahora empiezo a entenderla.
Me preocupa un poco que todo
lo que esté haciendo sea un juego y yo caiga redondita o que no sea un juego y
en verdad se vea interesando en mí, lo cual podría ser peligroso porque es mi
profesor. Sería el primer hombre que veo como empiezo a verlo y me asusta, ¿Por
qué justo él? ¿Por qué un mayor? Él debe tener experiencia en todo, yo apenas
estoy saliendo del cascaron y eso me preocupa también ¿Y si no llego a sus
expectativas? Y no sé porque pienso esto, me estoy adelantando demasiado.
Cierro los ojos y trato de
olvidar todo lo de él. Suspiro y escucho mi música, Shakira es mi artista
favorita, escucho de todo pero si me preguntasen por un favorito seria ella sin
dudar. Escucho “Underneath Your Clothes” amo esa canción, siempre me ha
gustado… ‘Yo estoy atada a este sentimiento’… Canto en voz baja. Estoy acostada
en el pasto, mis amigas e fueron con sus novios, no he visto a David, tenía
cosas que hacer. Me gusta estar sola, es relajante. Escucho tranquila la música
pero de repente suena que entro un mensaje, tomo mi celular y veo en la
pantalla “Doctor Hideto” mi corazón cobra más vida y late late y late. Abro el
mensaje.
“Quiero pedirle disculpas por
lo que paso hace unas horas. No suelo ser así. Es algo que no estoy controlando
pero prometo hacerlo. Por favor. No tome mala imagen de mí.”
Se disculpa. Él sabe que hizo
mal pero ¿Mal que? ¿Mal en haberse acercado tanto a mí y decirme cosas
extrañas? ¿O mal en haberme ignorado después? ¿O las dos? ¿Entonces se
arrepiente de lo que paso? Dejo el celular en el pasto y vuelvo a cerrar los
ojos. No quiero saber más de eso, ya tengo mucho con estar pensando y pensando
en él. Vuelve a sonar mi celular. Lo tomo. Otro mensaje.
“Sé que está en todo su
derecho de estar molesta conmigo pero por favor. No haga tan mala cara al leer
mis mensajes. ¿La he incomodado tanto?”
Claro que estoy en mi derecho
de estar enojada, ¡Por su culpa estoy así!... Esperen… ¿Qué no haga tan mala
cara al leer sus mensajes?... Subo la mirada, veo a mi alrededor y lo encuentro
en un punto lejos de mí. Esta sentado en una banca. Me mira. Lo miro. ¿Qué
diablos le pasa? ¿A qué quiere jugar? Me levanto del pasto y salgo de la
jardinera. Sin hacerle algún gesto amable lo dejo de ver y salgo de su vista.
¡Qué doctor tan molesto! Camino a la cafetería a comprar algo salado. Me alegro
al ver a mi amigo comprando y el en cuanto me ve me abraza.
-Preciosa, estaba buscándote
¿Dónde estabas?
-En la jardinera de siempre,
quería tomar un poco de aire fresco ¿Y tú?
-Estuve estudiando un poco.-
Sonríe, ¿Estudiando? Este chico es un loco.- Tenemos a tarde libre, ¿Qué quiere
hacer?
-Ummmm ir a dar una vuelta en
tu moto.- Digo emocionada, David tiene una moto y me encanta que vayamos de
paseo, el instituto es como una pequeña ciudad.- ¿Si?
-Tus deseos son ordenes.-
Sonreímos.- Vayamos por la moto.
Salimos de la cafetería y yo
tomándolo de la mano caminamos hacia su edificio. Platicamos y yo emocionada
por dar una vuelta sonrío de oreja a oreja y me olvido de todo aun viendo al
doctor pasar frente a nosotros, hago caso omiso a su presencia, estoy
disfrutando de este momento. Llegamos a la moto y corro a ella. David me abraza
y me revuelve el cabello. Me da un casco y él toma el suyo, subimos y ya con la
adrenalina por mis venas lo rodeo fuerte por el torso, lo veo sonreír y hace
rugir el motor. ¡Vamos!
Toma camino y yo emocionada
disfruto, rodeamos los campus, pasamos por caminos llenos de árboles y disfruto
de la frescura. Cierro los ojos y siento mucha libertad. Confió en mi amigo y
me siento segura aun si me suelto de él. A él le pone nervioso que lo suelte y
no lo hago mucho. Pasamos por el área de consultorios y veo salir y entrar a
profesores con sus batas, uno de ellos es mi tutor y creo que reconociéndome
hace un gesto de molestia. Ignoro, he decidido ignorar. Seguimos nuestro
recorrido y llegamos a un campo en donde hacen algo de agricultura, es para los
de nutrición, aquí se siembra trigo y todo eso. Nos detenemos aquí y bajamos de
la moto, sacamos nuestras sabritas y comemos, hablamos, sonreímos, la pasamos
muy bien. Suena mi teléfono, lo checo.
“Los alumnos no pueden
alejarse tanto de los salones, menos a esta hora.”
Hago un gesto de molestia.
Guardo mi celular y sigo comiendo, mi amigo viendo mi expresión no duda en
preguntar.
-¿Algo malo?.- Suspiro.
-Creo que si… Malo e
incomprensible, pero no importa, dame jugo.- Sonrío divertida y me lo da.
Pasamos unos cuarenta minutos
así hasta que empezamos a ver que el sol cambia de lugar. Es hora de irnos,
subimos a la moto y tomamos camino, nuevamente disfruto del recorrido y del
fresco aire.
En quince minutos llegamos a
mi edificio. Nos despedimos con un gran abrazo y beso en la mejilla y subo a mi
habitación. Entro y sorprendiéndome ver a Maira aquí a esta hora suspiro.
-¿Tu aquí?.- Saco mi sorpresa.
-Aquí duermo.
-A esta hora nunca estas.
-Pues hoy si.- Se acuesta en
su cama y se tapa, de seguro un chico la dejo plantada, sonrío ante la idea.
Me quito el uniforme y me
pongo la pijama, me meto a la cama y me acomodo, sintiéndome relajada por el
rato que pase con David. Cierro los ojos y tratando de dormir. Mi celular
vuelve a sonar, pido mentalmente que no sea él. Lo tomo y reviso. Diablos.
“Veo que está muy enojada pero
aun así… Discúlpame pequeña.”
Mi sonrisa me traiciona y se
marca en mi rostro, ese ‘pequeña’ hace que me sienta emocionada. No sé qué
pensar, no quiero pensar.
Es un nuevo día. ¡Hoy veré a
mi familia! Es fin de semana y todos los estudiantes podemos salir de la
institución e ir a nuestras casas. Estoy emocionada. Mi papá vendrá por mí a
medio día, son las 8:00 a.m.
Me pongo unos pantalones y una
playera ligera, es un día caluroso. No es necesario llevar ropa ya que en mi
casa tengo para cuando voy para allá. Emocionada por este día salgo del
edificio y camino tranquila a la cafetería, desayunare algo ligero. Quiero
comer las delicias que hace mamá con muchas ganas. Cuando llego veo a quien
menos quiero ver, cuando estoy por darme vuelta escucho su voz.
-¿Hora de desayunar?.- Se para
frente a mí, sus profundos ojos se centran con los míos.
-E… Casi, espero a mi amigo
para desayunar juntos.- Me excuso y despidiéndome con las manos me doy media
vuelta.
-Espere, por favor.- Me dice
con una suave voz, me pone la piel chinita, me volteo a verlo.- ¿Se encontrara
hoy con su familia?.- Asiento con la cabeza.- Disfrute de su fin de semana.
-Gracias.- Contesto y salgo de
la cafetería.
Camino un poco y me encuentro
con mis amigas. Nos saludamos y desayunamos juntas, todas iremos con nuestras
familias, regresaremos el domingo por la noche. Emocionadas por eso nos
despedimos después de una deliciosa plática.
Paso a la jardinera y me
acuesto un rato. Ya quiero que llegue papá. Escucho música y en eso, diablos,
espero que sea un amigo y no él. Tomo mi celular. Mal.
“¿Podemos hablar? Creo que hay
cosas que tenemos que conversar. ¿No lo cree? La espero en mi oficina. Y no es
para que lo piense. Soy su profesor, no lo olvide.”
Solo eso faltaba. Que me
ordenara ir a su oficina como profesor, ¡Odioso! Me levanto de mi cómodo lugar
y camino hacia su oficina. Mientras voy llegando me voy poniendo nerviosa ¿De
qué tenemos que hablar? Suspiro y toco. Enseguida me da pase. Entro y cierro la
puerta. Él está sentado en su gran silla giratoria y con libro en mano. Me ve.
Me estudia. Esta serio. Su seriedad me pone nerviosa. Pero ese nerviosismo me
gusta. Su mirada en mí me gusta. Su seriedad me gusta.
-Estoy aquí.- Me atrevo a
decir.
-¿Por qué no contesta mis
mensajes?.- Suelta sin rodeos, me quedo sorprendida.
-¿Tengo que?.- Protesto.
-Por educación si.- Se recarga
en su silla.
-No lo vi necesario.
-Me he estado disculpando.- Su
voz se vuelve suave.
-Lo he leído.
-¿Y entonces?... La veo
molesta, lo está conmigo a pesar de que me he disculpado.
-¿Molesta? No, solo estoy
poniendo límite entre lo que es usted y yo.
-¿Limite?.- Pone sus codos en
el escritorio y su mirada se torna mortificada.
-Sí, limite. No sé a qué juego
quiere jugar conmigo. No sé a qué se deben sus cambios de ánimo. Sus arrebatos.
Sus miradas y sus ratos de ignorarme. Sus mensajes. Sus ratos de aprecio y de
alejamiento. No lo puedo entender y eso me frustra, un momento está bien
conmigo y al otro no, ¿Es bipolar?.- Lo veo hacer media sonrisa, se levanta de
su lugar y camina al frente de su escritorio, se recarga un poco.
-No. Pequeña. No soy bipolar y
no quiero jugar a ningún juego contigo, tampoco pido que me entiendas.
-Pues si no puedo entenderlo
es peor.- Me cruzo de brazos dispuesta a discutir.
-Ni yo me entiendo, con eso te
digo todo, pero por favor deja de ignorarme.- Sus ojos me dicen que en verdad
desea eso, como si le doliera mi indiferencia.
-¿Ignorarlo? Usted lo hizo
después de que me dijera lo que me dijo.
-No sé qué me paso.
-Pues yo quisiera saberlo.
Me ve a los ojos pasivamente.
Lo veo a los ojos molesta. Hay tensión y nerviosismo. Hay dudas, preguntas, hay
de todo en este espacio. Se puede palpar.
-Ayer estuviste con tu amigo.-
Hago una sonrisa pequeña, ¿Me pregunta por David?
-¿En dónde entra él en esto
que estamos hablando?
-Aunque no lo creas entra en
este asunto.- Dice en una voz que me eriza la piel.
Camina hacia mí y al verlo doy
pasos hacia atrás, el los tapa y yo voy más atrás hasta que topo con pared, no
otra vez. Esta cerca de mí, me ve a los ojos, su aroma entra por mis fosas
nasales y llega hasta mi cerebro, me siento drogada con ese aroma. Una de sus
manos pasa por mis pómulos, no deja de verme. Veo sus labios, sus labios lucen
suaves y tentadores en este momento pero tengo miedo. Miedo de lo que pueda
pasar, nervios, estas situaciones son nuevas para mí. Nunca había estado tan
cerca de un hombre, no de un hombre que siento quiere algo más de mí, algo más
que un afecto de amigos. Él es levemente más alto que yo y me siento pequeña a
su lado. Recarga una de sus manos en la pared y está más cerca de mí. Pone su
frente con la mía y me sobresalto, estamos muy cerca, suspira y cierra los ojos
¿Qué es esto? ¿Qué es este momento? ¿Estas sensaciones?
-Créeme pequeña que lo menos
que quiero es atormentarte.
Su aliento cerca de mí. Sus
suaves palabras cerca de mí. Él cerca de mí. Su voz recorre cada espacio de mí.
Mi estómago nuevamente se encoge. Cierro los ojos. Sus dedos acarician mi
cabello delicadamente. Siento mi corazón latir con fuerza y retumbar contra mi
pecho una y otra vez. Estas sensaciones, este sentimiento. Esta emoción que me
provoca al estar cerca de él, al siquiera verlo de lejos…
Es la primera vez que me pasa,
es la primera vez que estoy en esta situación con un hombre. Es la primera vez
que me gustaría besar y ser besada. Es la primera vez que me gustaría ser
abrazada fuertemente por mucho tiempo. Es la primera vez que me gustaría que me
dijeran palabras románticas. Es la primera vez que me gustaría que me
acariciaran más allá del rostro. Es la primera vez que me gustaría tener un
novio.
Nuestras miradas aun
conectadas y avivándonos transmiten muchas preguntas y temores. Mi nerviosismo
esta aun en mí. No quiero alejarme, no quiero que se aleje. Quiero seguir así,
hablándonos solo con la mirada. Amo su mirada, me transporta a sus
sentimientos, a su ánimo, a su humor, a sus palabras no dichas.
-Lo que paso ayer… No fue mi
intención ignorarte, pequeña.
-¿Entonces porque se alejó?
-No quise estropear más la
buena relación de profesor-alumno que tenemos.
-¿Estropear?
-Sí, con mis palabras, con mis
acciones, con mis arrebatos, no sé qué me pasa contigo, no lo sé.- Cierra los
ojos y nuestras frentes se juntan nuevamente, su olor es adictivo, realmente
adictivo.
-¿No lo sabe? ¿O no quiere
saberlo?.- Pregunto anhelando una respuesta clara, sus ojos se abren y me ven
con muchas preguntas, con emoción, con sentimiento, con dudas, con confusión,
con sorpresa.
-No te lo sabría decir
pequeña.- Suspira un poco y me ve a los ojos.- Lo único que sé es que algo
fuerte me pasa contigo, algo que no puedo controlar, algo inexplicable para mí.
Sus palabras me enchinan la
piel. Me hacen sentir emoción y alegría. Sus ojos son transparentes, sé que
está hablándome con la verdad y nuevamente se está sincerando conmigo. Sé que
esta confuso y mortificado. Ahora suspiro yo. Veo sus labios, él los míos, nos
vemos a los ojos y sintiendo un calor en mi rostro bajo la mirada, siento que
sonríe cálidamente y besa mi frente con ternura. Acepto encantada ese beso. Ese
rose de sus labios. Esa caricia. Acepto ese primer contacto de sus labios con
mi cuerpo. Lo acepto gustosa. Sí, primer contacto de sus labios con mi cuerpo
porque en el fondo, deseo que haya más, deseo que este hombre me abrase, me
bese… Me… Me quiera. Nos vemos nuevamente a los ojos, algo que empiezo a darme
cuenta nos gusta. Nos gusta vernos a los ojos. Este momento podría seguir y
seguir pero no. No sigue. Mi celular suena. Él se aleja un poco y tomo mi
celular, es papá.
-Hola papá.- Digo aun aturdida.
-Mi nena, ¡Ya estoy aquí!
Quiero verte, tu mamá nos espera con una comida deliciosa.- Sonrío ante su
emoción.
-¿Dónde estás?.- Siento su
mirada en mí, hablar con papá y el viéndome me provoca mucho nerviosismo.
-En el estacionamiento. Te
espero cielo.
-Enseguida voy papi.
Sonrío feliz, él me ve con
media sonrisa, sus ojos están dilatados, no me había fijado en que solo esta
con pantalón de vestir y camisa blanca, abrochada desde el tercer botón, mi
corazón late más de prisa. Luce fresco y no tan formal, luce… Tentador.
-Es hora de que vaya con su
familia.- Sonríe.
-Sí, papá ya llegó.- Digo
emocionada.
Se acerca de nuevo a mí y
tomando una de mis manos besa el torso sin dejar de verme, esto me sorprende,
me pone nerviosa, tímida, emocionada.
-Disfruta de tu fin de semana pequeña.
Su voz es cálida y suave.
Dejándome sin palabras solo asiento y me acerco a la puerta, tomo el picaporte
y entonces siento su mano en la mía.
-Te echare de menos.
Escucho su voz en mi oído. Mi
piel se enchina. Mi estómago se contrae, lo veo a los ojos y me ve con mucha
ternura y delicadeza. Esa mirada es más intensa que antes, más íntima.
Abrimos la puerta y salgo, me despido con un adiós de mano y cierro la
puerta. Me recargo en ella, me siento nerviosa, llena de felicidad y emociones,
estoy temblando levemente. Mi corazón late fuerte, como nunca antes. Me llevo
las manos a mi rostro y cierro los ojos. Ahora lo sé. Me he enamorado de él.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥