-Capitulo 6-
Llegue a mi departamento, deje mis cosas
en la sala y me fui a mi habitación, me avente a la cama. Mi cama. La extraño
horrores, es una enorme cama acolchonada, lleva conmigo como seis años, solo la
he usado como lo que sería dos años, una verdadera pena. Busque un poco de ropa
limpia y pase a darme un baño. Mi departamento está verdaderamente solo, odio
el silencio que hay. Pase a cenar algo a la sala, compre comida rápida.
Ahora aquí me tienen camino al hospital,
voy a mis guardias diarias, no sé cómo no he caído de cansancio, prácticamente
no duermo.
Llego al hospital, bajo de mi auto y ya
con bata puesta entro. Las enfermeras me saludan, los doctores y doctoras me
saludan. Paso directo a mi consultorio y me siento en mi cómoda silla. Doy un
gran suspiro. Despejo mi mente y empiezo a revisar documentos que están en mi
escritorio. Consultas, hay pacientes realmente graves que acaban de llegar.
Tomo las hojas y salgo de mi espacio personal. Camino a urgencias y me
encuentro con las enfermeras que normalmente trabajan conmigo, ellas me
sonríen, ¿Había dicho que ellas también tratan de hacerme caer ante sus pies?
-Doctor Takarai. Hay un paciente muy
grave, lo atropello un autobús en la autopista, hay lesión craneoencefálica y
tiene fracturas en todo el cuerpo.- Asiento ante lo que escucho, le fue mal al
pobre hombre, veo sus datos clínicos.
-Vayamos a
verlo.- Digo y camino, ellas van a mi lado.
Llego a donde esta y el paciente está
realmente mal, estado inconsciente, vía aérea con tubos, piernas fracturadas, está
conectado a aparatos que nos indican su estado cardiaco. Me acerco y reviso su
frecuencia cardiaca, es débil. Doy indicaciones para empezar a tratarlo y pido
cirugía inmediata.
Trabajo con las enfermeras que es más lo
que me ven que lo que ayudan, esto es muy molesto, que falta de
profesionalismo. Llega un paciente más, un caído, corro hacia donde lo llevan y
empieza totalmente mi jornada de trabajo como doctor.
Son las seis de la mañana. Mi hora de
guardia termina y me voy a mi departamento, hoy mis clases empiezan a medio
día, puedo dormir un poco. Llego a mi departamento y voy directo a la cama,
estoy agotado. Enseguida suena mi celular. Maldigo. Veo quien es, esto no se ve
bien.
-Takarai.- Contesto.
-Doctor, perdone por molestarlo a estas
horas pero me surgió algo imprevisto. No podré ir a dar clases hoy a sus
alumnos, discúlpeme pero me es imposible.- Doy un gran suspiro, veo el reloj,
exactamente las 6:05.
-Gracias por avisar. Tenga buen día.
Cuelgo de mala gana. Mis alumnos no se
pueden quedar sin clases y mis amigos directivos buenos para nada no están en
la ciudad. Vuelvo a suspirar. Me levanto rápido de la cama, me doy un baño y
tomo camino al instituto. Ya que yo daré la clase que sea temprano, no me gusta
ejercitar con tanto sol.
En poco más de una hora llego a la
escuela. Voy a mi habitación y saco ropa deportiva, me cambio y dejo la ropa
limpia que traje, esto de tener dos departamentos es un caos. Son las 7:12.
Tengo que decirle a la jefa de grupo que los espero antes de lo acordado. Maldigo
de nuevo. ¿Cómo la localizo? No queda más que ir a su habitación.
Salgo de mi edificio y camino al
edificio de señoritas. Aún es temprano y no muchas están despiertas pero las
que están me ven sorprendidas, no las veo. Pregunto a la encargada de habitaciones
por mi alumna y me indica su habitación, no queriendo dejarme entrar le digo
que es por lo escolar y no por otra cosa, hago una de mis mejores sonrisas y me
deja pasar. A veces es bueno tener algún encanto. Llego a la habitación y toco.
Por alguna razón me siento extraño. Abren la puerta. Rayos.
-¡Profesor! Que sorpresa.- Se acomoda el
cabello Maira coquetamente.
-¿Esta la señorita Sullivan?.- Pregunto
serio, ella voltea a ver al interior y abre un poco más la puerta para que vea,
veo a alguien acostado en una linda cama color rosa.
-Aun duerme, ¿Quiere que la despierte?.-
Su mirada me dice “Quiero un beso tuyo”.
-No es necesario. Solo vengo a decir que
la clase será en cuarenta minutos, en las canchas deportivas, yo daré la clase,
avísele a sus compañeros por favor.- Confirmo y dando media vuelta me voy.
Salgo rápido de ese edificio y paso a la
cafetería a comer algo. Como algo fuerte ya que haremos ejercicio, me gusta
hacer una larga rutina.
Viendo mi reloj es hora de ir a las
canchas. Cuando llego veo a todos bostezando. Los saludo y les explico porque
el cambio de planes. Empezamos con ejercicios de estiramiento. Como empieza a
ser mi costumbre. Mis ojos buscan a alguien en especial. La veo y sonrío
interiormente. Hace sus ejercicios sin mirarme y concentrada en su mudo
mientras las otras señoritas no hacen más que verme.
Empezamos a trotar y damos vueltas a las
canchas. Ella lo hace pero por su gesto creo que esto del ejercicio no es lo
suyo y aun se ve con sueño. Pido que corran, corremos, empezamos el ejercicio
intenso, damos un buen recorrido, nos alejamos mucho de las canchas y después
regresamos a ellas, llegamos a nuestro lugar de inicio y paramos poco a poco,
hacemos más estiramientos, ella me mira y yo la miro a ella. Hago media
sonrisa, creo que me ha de estar diciendo de todo menos cosas lindas, está
agotada. La veo acostarse y deja el ejercicio, me gustan sus retos, está
desobedeciendo a su profesor. Me acerco a ella y todos me miran, me paro a su
lado y enseguida abre los ojos, no se ve sorprendida ni con miedo de lo que le
pueda decir.
-¿Cansada?.- Le pregunto
divertido.
-Sí y mucho.- Se queja.- Si
quiere quedarse sin alumnos lo lograra, un ejercicio más y puedo morir.- Los
demás ríen, yo rio por dentro y no dejo de verla, sus retos son encantadores.
-Por petición de la señorita
hemos terminado. No quiero pagar gastos funerarios.
Contesto siguiendo su juego y
sonrío. Todos empiezan a irse, yo voy por mi botella de agua y entonces escucho
que un alumno dice alarmado “¡Corazón! ¿Estás bien?” Ese “Corazón” me dice de
quien se trata. Me volteo a ver y el chico amigo de ella la toma por la
cintura, ella se ve aturdida. Él no la suelta, luce preocupado. Yo enseguida me
siento preocupado.
-La revisare, vaya usted a
darse una ducha.
Le digo al chico y me mira
como defendiendo su lugar, no la suelta, ella lo mira y después a mí, llego a
ellos y sutilmente hablamos, él se marcha con mala cara, nadie debe ponerse a
retar a los profesores, o bueno, solo ella…
-Míreme señorita. Ya podrá ver
a su amigo más tarde.- Digo tomando su barbilla para que me mire, su mirada iba
con su amigo, odioso realmente.
Convenciéndola o no de que me
acompañe a mi consultorio caminamos hacia él. Es la primera vez que una alumna
entra a mi segundo espacio personal. Ella está siendo las primeras veces en
algunas cosas en muy poco tiempo. La primera vez que alguien me roba la
atención. La primera vez que alguien entra a mi oficina. La primera vez que
alguien entra a mi consultorio. La primera vez que alguien me reta. La primera
vez que alguien me hace sonreír tantas veces. Esto es de preocuparse en verdad.
Llegamos al área de
consultorios, ella observando todo con asombro llegamos a mi consultorio.
Detalladamente su mirada pasa por cada rincón de aquí, yo disfruto verla y
sonrío.
-¿Le gusta?.- Pregunto
curioso, sus grandes ojos se posan en mí.
-Es muy lindo su consultorio
profesor.- Sonríe y yo asiento encantado.- Solo que… ¿Por qué tienen uno? Digo,
yo que sepa nunca lo usan.
Como siempre su curiosidad se
hace presente. Le explico la razón de los consultorios y asiente feliz por
resolverle su duda. Me siento cómodo y tranquilo en este espacio, este es mi
mundo. Ella se ve tranquila también. Dice cosas ocurrentes y me hacen reír,
reír como cuando estoy con mis amigos, con personas de confianza. Nunca había
reído de tal manera con un alumno. Me siento fresco. Relajado, feliz y es
aturdidor que ella me esté conociendo de esta forma, una forma personal, fuera
de lo profesional.
Le pido que se siente para
revisarla. La verdad es que la traje aquí con la excusa de revisarla pero sé
que su mareo fue por agotamiento y falta de alimento. La reviso cuidadosamente.
Me tomo mi tiempo. Su calor corporal me envuelve. Sus ojos me envuelven. Su
nerviosismo me envuelve. Checo su corazón, escucho que late de prisa, algo
extraño ya que ha estado en reposo unos minutos después del ejercicio. Sonrío
un poco al pensar que es por su nerviosismo. Me tardo un poco más de lo normal
en revisarla, paso mis manos por su espalda y reviso sus pulmones con el
baumanometro, me gusta escuchar su corazón latir de prisa, me gusta su olor, su
calidez, su nerviosismo. En este momento es cuando agradezco ser doctor,
podemos… Podemos tocar, digo, por profesionalismo ¿No es así? Termino (porque
algún día tengo que terminar de revisarla) y me siento en mi lugar y anoto
algo, aunque tiene un buen metabolismo, su condición física no es mucha.
-Esta perfecta señorita. Si
tanto odia el ejercicio es que no tiene buena condición física.- Me mira y
piensa en su respuesta.
-Tampoco es que algún día en
mi vida vaya a correr un maratón de 100 km ¿Verdad? Prefiero evitar la fatiga.
Rompo en risa, esta pequeña
alumna es un tornado de ocurrencias, rio y rio, no me detengo, no me niego a
que me conozca en este estado, me siento muy fresco a su lado, nos miramos un
poco, creo que está feliz. Al igual que yo. Le digo que no se esfuerce tanto si
siente que ya no puede más. Un gran esfuerzo le podría provocar un desmayo y no
quiero. Me preocupa el solo pensarlo. Es también una primera vez que me
preocupe tanto por una alumna. Asiente y me dice doctor naturalmente, eso me
gusta. Me gusta cómo me dice doctor, me gusta escucharlo de ella. Me levanto y
voy hacia ella.
-Me alegra que me hayas dicho
doctor así de natural, no pierdas esa costumbre… Pequeña.
Le digo sin dejar de verla y
ante mis palabras ella se pone nerviosa, ella es una pequeña a mi lado ¿No es
así? No veo nada de malo decirle así, o bueno, si la hay ya que soy su profesor
pero… ¡Aaaah! ¿Ven? Esta situación es molesta, no sé qué me pasa. Cruzamos unas
palabras más y entonces le digo que si me da su número de celular, queda sin
habla, es encantadoramente tímida.
-Hoy fui a su habitación para
que avisara que yo daría la clase pero estaba durmiendo aún, si tengo su número
así podré hablarle directamente cuando no pueda verla en persona
Explico y ella suelta un poco
de aire contenido, suprimo una sonrisa. Accede y me dicta su número, el celular
me pide su nombre, “Pequeña” escribo y lo guardo.
-Perfecto, ahora sí, los
asuntos directamente con usted aunque este durmiendo.
Comento divertido y ella se
sonroja, esos sonrojos hacen que sienta algo extraño, dios, parezco adolescente
¿No es así?. Me platica sobre su familia. Me alegra saber que podrá estar cerca
de ellos, ella es una encantadora extranjera, a su edad y sin familia, debe ser
feo. Y a su edad… Y con compañeras de habitación como Maira, amigas como las
que tiene y amigos enamorados secretos como el que tiene… Diablos, me dan ganas
de ponerla en una burbuja y cuidarla. Aunque es más un pretexto… Quiero ponerla
en una burbuja para que toda su atención se centre en… Mi. Nos despedimos y
ella sale de mi consultorio. Me siento en mi cómoda silla y tomo mi celular,
sonrío ante lo que estoy por hacer…
“Me ha encantado que
conocieras mi consultorio, pequeña.”
Le escribo y mando el mensaje.
Dejo el celular en mi escritorio y me recargo en el respaldo, se inclina un
poco y veo al techo. Un minuto después suena mi celular, lo tomo, la pantalla
dice que es un mensaje de “Pequeña” lo abro enseguida, maldita sensación que
tengo en este momento. Es una inexplicable emoción y estremecimiento.
“También me ha encantado
conocerlo… Y ser la primera… Doctor”
Sonrío, sonrío y sonrío ante
ese texto. Lo leo una y otra vez. Si, parezco un adolescente, pero al diablo.
Aunque… ¿Qué es esta sensación? Es algo que no había sentido, es una
inexplicable emoción, nerviosismo, adrenalina, no se aun. Entro a mi directorio
y cambio el nombre a su número. “Mi pequeña” y pongo guardar.
Llega la hora de clases. Entro
al salón un poco antes y me pongo a leer un poco. Mis alumnos aun no llegan,
espero tranquilamente y entonces escucho unos pasos, subo la mirada. Ahí está
ella, le sonrío y ella a mí, luce nerviosa, amo su nerviosismo.
-No me diga que hoy también
estoy de despistada y la clase es en el laboratorio.- Dice al no ver a nadie y
yo sonrío, me quito los lentes y tomo mi celular del escritorio, lo subo y se
lo muestro agitándolo en mi mano.
-Lo sabría señorita.- Le digo
divertido y sonríe levemente y baja la mirada.- Lo que pasa es que es usted muy
puntual.
-Bueno, sí, lo soy.- Acepta
sonriente y toma su lugar, me alegra no verla con ese chico y… ¿Por qué no?
-Puedo preguntar… ¿Qué son
usted y el joven David?.- Mi pregunta la toma por sorpresa y me ve sonrojada,
se muerde un poco el labio inferior.
-Bueno… Somos amigos.- Me
responde tímida pero sin dejar de verme, asiento aliviado, si han leído bien, aliviado.
-Son muy buenos amigos
entonces.- Digo sin pensar y su mirada curiosa me ve.
-Es un chico muy gentil
conmigo, me encanta.
Sus ojos desprender ternura,
esa última palabra me hace sentir… ¿En desventaja? ¿Desventaja por un niño?
Esto es el colmo, estoy perdido, estoy perdiendo mi cordura. Mi control.
-Ya veo.
Solo digo eso y poniéndome los
lentes me concentro en mi libro nuevamente. Absurdo que me sienta así. Odio
esta sensación. Odio esta situación. Me molesta esto, me molesta mucho. No
pudiéndome concentrar en mi lectura veo el reloj. Faltan veinte minutos para
que empiece la clase. Ese tiempo y con ella es inquietante.
La veo salir y asomarse al
piso de abajo. El uniforme le queda a la perfección. Sin pensarlo me acerco a
ella, como la otra vez, la atrapo entre los barandales y yo. Estamos frente a
frente, sus ojos me quieren decir algo. Sus ojos me preguntan muchas cosas. Su
respiración la delata. Su nerviosismo la delata. Su nerviosismo nos envuelve a
los dos y me hace presenciar sensaciones que no conocía. Nos vemos directamente
a los ojos, su aroma me envuelve, su mirada me aviva, me hace sentir tranquilo
y feliz.
-Doctor….- Su tierna y suave
voz envuelven mis oídos.
-Dime.- Contesto viéndola.
-¿Por qué hace esto?.- Su
tranquila pregunta me hace pensar en una respuesta pero no la tengo.
-No lo sé pequeña… No lo sé.-
Me atrevo a acariciar un poco su mejilla y ella cierra sus ojos, ¿Por qué lo
hago? ¿Qué quiero conseguir? ¿Por qué me expongo tanto?.- Si te incomoda esto
dímelo Ámbar, dímelo y me alejare, pero solo te puedo decir que he querido
mantenerme alejado de ti pero no puedo, no he podido.- Abre sus ojos y me
observa llena de preguntas y emociones, ¿Qué estoy haciendo? Es una pequeña
chica, no puedo atormentarla con esto, veo sus labios, veo sus ojos, estoy
yendo muy lejos, me alejo y camino un poco.
-Doctor….
La escucho decir, me estoy
hundiendo en esta situación, no puedo seguir con esto, soy su profesor, ella mi
alumna, no puede ser, cierro los ojos de frustración. Esto si dejo que siga
tendrá un final desagradable, lo sé, esto apenas empieza y es mejor pararlo antes de que avance más.
Es mejor dejarlo ir, dejar esta situación y regresar a como era antes de que
ella entrara a esta escuela. Doy un suspiro. Camino al salón y veo mi reloj,
estoy inquieto, ella está afuera confundida, he estropeado esto ¿Verdad?, tomo
mi libro y hago como si leyera pero no puedo concentrarme, ¿Qué me está
pasando? Esto no es normal.
Escucho unos pasos y subo la
mirada, su amigo ha llegado y la saluda con un abrazo. Entran al salón y hago
caso omiso, se sientan en su lugar de siempre y platican en voz baja, él sonríe
encantadoramente, ella luce un poco distraída pero él logra que entre en
conversación hasta que la escucho reír sin parar, sonreír encantada, la veo
alegre, feliz, divertida. Eso es porque esta con alguien de su edad, alguien
que la comprenda y piense como ella. No con alguien que tras su arrebato la
aprisionó contra la pared y su cuerpo y le dijo cosas extrañas, soy un imbécil,
mis arrebatos, los odio.
Nunca podría haber algo entre
alumna y profesor, nunca podría haber algo entre una pequeña chica y un hombre
con una vida prácticamente hecha.
Los oigo reír y disfrutar de
su compañía. Es muy molesto. Poco a poco van llegando todos los alumnos y llega
la hora de la clase. Un poco molesto por todo lo sucedido doy la clase, noto
que ella me observa detenidamente como antes no lo hacía. Eso me pone nervioso.
No oculta su mirada hacia mí. Esto es lo que he logrado con mis palabras, que
ella preste más atención en mí pensando en que yo estoy… Interesado en ella tal
vez… O tal vez me está insultando en sus pensamientos mientras me ve por lo que
hice. No totalmente concentrado doy la clase, quiero que mis ojos vean siempre
a todo el salón pero a ratos me encuentro con su mirada, emoción, siento alguna
emoción. Su mirada me hace sentir relajado. Les dejo un trabajo y me siento en
mi lugar, suspiro un poco. Esta situación, este asunto, todo esto me molesta
cada vez más. Miro a su lugar y la veo trabajar junto con su amigo, se sonríen
y se hablan en silencio. Me enojo. Me enojo por esa simple escena. Yo mismo me
contradigo, quiero dejar esta locura pero la veo con ese chico y quisiera ir
con ella y tomarla y decirle al chico que aleje sus manos de ella. Estoy
delirando ¿Verdad?
Terminan el trabajo y pasan a
que se los revise. Pasan y pasan y pasan y finalmente llega ella a mí. Me
muestra su cuaderno, su letra tan legible y educada, firmo su trabajo y se va.
Termina mi clase y me siento aliviado.
Todos se van. Ella con su
amigo también. Yo me voy a mi oficina y en mi espacio suspiro tranquilo. Todo
eso fue un tormento. No me reconozco. Estoy atormentado por una chica, por una
pequeña alumna. Ya le dije que no he podido mantenerme alejado de ella. Ya
estuve muy cerca de ella. Siento celos, celos por ese amigo que tiene. Me
llegue a sentir en desventaja. ¿Por qué? Le he estado dando vueltas a todo esto
y siento que estoy por tragarme mis propias palabras… El amor no existe. El
amor es una mierda. Es solo química, atracción entre dos personas pero… ¿Y si
no fuera así? ¿Y si el amor en verdad existe? Lo que estoy sintiendo es… ¿Amor?
¿O solo capricho? ¿Atracción?... Doy un gran, gran suspiro. Cierro los ojos y
enseguida pienso en ella, en su imagen. Dios, estoy perdido. Una pequeña chica
ha entrado a mis pensamientos sin ser invitada y lo peor… Creo que mi corazón
está entrando en juego.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥