lunes, 12 de enero de 2015

Metropolis


-Capitulo 6-

Llegue a mi departamento, deje mis cosas en la sala y me fui a mi habitación, me avente a la cama. Mi cama. La extraño horrores, es una enorme cama acolchonada, lleva conmigo como seis años, solo la he usado como lo que sería dos años, una verdadera pena. Busque un poco de ropa limpia y pase a darme un baño. Mi departamento está verdaderamente solo, odio el silencio que hay. Pase a cenar algo a la sala, compre comida rápida.
Ahora aquí me tienen camino al hospital, voy a mis guardias diarias, no sé cómo no he caído de cansancio, prácticamente no duermo.
Llego al hospital, bajo de mi auto y ya con bata puesta entro. Las enfermeras me saludan, los doctores y doctoras me saludan. Paso directo a mi consultorio y me siento en mi cómoda silla. Doy un gran suspiro. Despejo mi mente y empiezo a revisar documentos que están en mi escritorio. Consultas, hay pacientes realmente graves que acaban de llegar. Tomo las hojas y salgo de mi espacio personal. Camino a urgencias y me encuentro con las enfermeras que normalmente trabajan conmigo, ellas me sonríen, ¿Había dicho que ellas también tratan de hacerme caer ante sus pies?
-Doctor Takarai. Hay un paciente muy grave, lo atropello un autobús en la autopista, hay lesión craneoencefálica y tiene fracturas en todo el cuerpo.- Asiento ante lo que escucho, le fue mal al pobre hombre, veo sus datos clínicos.
-Vayamos a verlo.- Digo y camino, ellas van a mi lado.
Llego a donde esta y el paciente está realmente mal, estado inconsciente, vía aérea con tubos, piernas fracturadas, está conectado a aparatos que nos indican su estado cardiaco. Me acerco y reviso su frecuencia cardiaca, es débil. Doy indicaciones para empezar a tratarlo y pido cirugía inmediata.
Trabajo con las enfermeras que es más lo que me ven que lo que ayudan, esto es muy molesto, que falta de profesionalismo. Llega un paciente más, un caído, corro hacia donde lo llevan y empieza totalmente mi jornada de trabajo como doctor.
Son las seis de la mañana. Mi hora de guardia termina y me voy a mi departamento, hoy mis clases empiezan a medio día, puedo dormir un poco. Llego a mi departamento y voy directo a la cama, estoy agotado. Enseguida suena mi celular. Maldigo. Veo quien es, esto no se ve bien.
-Takarai.- Contesto.
-Doctor, perdone por molestarlo a estas horas pero me surgió algo imprevisto. No podré ir a dar clases hoy a sus alumnos, discúlpeme pero me es imposible.- Doy un gran suspiro, veo el reloj, exactamente las 6:05.
-Gracias por avisar. Tenga buen día.
Cuelgo de mala gana. Mis alumnos no se pueden quedar sin clases y mis amigos directivos buenos para nada no están en la ciudad. Vuelvo a suspirar. Me levanto rápido de la cama, me doy un baño y tomo camino al instituto. Ya que yo daré la clase que sea temprano, no me gusta ejercitar con tanto sol.
En poco más de una hora llego a la escuela. Voy a mi habitación y saco ropa deportiva, me cambio y dejo la ropa limpia que traje, esto de tener dos departamentos es un caos. Son las 7:12. Tengo que decirle a la jefa de grupo que los espero antes de lo acordado. Maldigo de nuevo. ¿Cómo la localizo? No queda más que ir a su habitación.
Salgo de mi edificio y camino al edificio de señoritas. Aún es temprano y no muchas están despiertas pero las que están me ven sorprendidas, no las veo. Pregunto a la encargada de habitaciones por mi alumna y me indica su habitación, no queriendo dejarme entrar le digo que es por lo escolar y no por otra cosa, hago una de mis mejores sonrisas y me deja pasar. A veces es bueno tener algún encanto. Llego a la habitación y toco. Por alguna razón me siento extraño. Abren la puerta. Rayos.
-¡Profesor! Que sorpresa.- Se acomoda el cabello Maira coquetamente.
-¿Esta la señorita Sullivan?.- Pregunto serio, ella voltea a ver al interior y abre un poco más la puerta para que vea, veo a alguien acostado en una linda cama color rosa.
-Aun duerme, ¿Quiere que la despierte?.- Su mirada me dice “Quiero un beso tuyo”.
-No es necesario. Solo vengo a decir que la clase será en cuarenta minutos, en las canchas deportivas, yo daré la clase, avísele a sus compañeros por favor.- Confirmo y dando media vuelta me voy.
Salgo rápido de ese edificio y paso a la cafetería a comer algo. Como algo fuerte ya que haremos ejercicio, me gusta hacer una larga rutina.
Viendo mi reloj es hora de ir a las canchas. Cuando llego veo a todos bostezando. Los saludo y les explico porque el cambio de planes. Empezamos con ejercicios de estiramiento. Como empieza a ser mi costumbre. Mis ojos buscan a alguien en especial. La veo y sonrío interiormente. Hace sus ejercicios sin mirarme y concentrada en su mudo mientras las otras señoritas no hacen más que verme.
Empezamos a trotar y damos vueltas a las canchas. Ella lo hace pero por su gesto creo que esto del ejercicio no es lo suyo y aun se ve con sueño. Pido que corran, corremos, empezamos el ejercicio intenso, damos un buen recorrido, nos alejamos mucho de las canchas y después regresamos a ellas, llegamos a nuestro lugar de inicio y paramos poco a poco, hacemos más estiramientos, ella me mira y yo la miro a ella. Hago media sonrisa, creo que me ha de estar diciendo de todo menos cosas lindas, está agotada. La veo acostarse y deja el ejercicio, me gustan sus retos, está desobedeciendo a su profesor. Me acerco a ella y todos me miran, me paro a su lado y enseguida abre los ojos, no se ve sorprendida ni con miedo de lo que le pueda decir.
-¿Cansada?.- Le pregunto divertido.
-Sí y mucho.- Se queja.- Si quiere quedarse sin alumnos lo lograra, un ejercicio más y puedo morir.- Los demás ríen, yo rio por dentro y no dejo de verla, sus retos son encantadores.
-Por petición de la señorita hemos terminado. No quiero pagar gastos funerarios.
Contesto siguiendo su juego y sonrío. Todos empiezan a irse, yo voy por mi botella de agua y entonces escucho que un alumno dice alarmado “¡Corazón! ¿Estás bien?” Ese “Corazón” me dice de quien se trata. Me volteo a ver y el chico amigo de ella la toma por la cintura, ella se ve aturdida. Él no la suelta, luce preocupado. Yo enseguida me siento preocupado.
-La revisare, vaya usted a darse una ducha.
Le digo al chico y me mira como defendiendo su lugar, no la suelta, ella lo mira y después a mí, llego a ellos y sutilmente hablamos, él se marcha con mala cara, nadie debe ponerse a retar a los profesores, o bueno, solo ella…
-Míreme señorita. Ya podrá ver a su amigo más tarde.- Digo tomando su barbilla para que me mire, su mirada iba con su amigo, odioso realmente.
Convenciéndola o no de que me acompañe a mi consultorio caminamos hacia él. Es la primera vez que una alumna entra a mi segundo espacio personal. Ella está siendo las primeras veces en algunas cosas en muy poco tiempo. La primera vez que alguien me roba la atención. La primera vez que alguien entra a mi oficina. La primera vez que alguien entra a mi consultorio. La primera vez que alguien me reta. La primera vez que alguien me hace sonreír tantas veces. Esto es de preocuparse en verdad.
Llegamos al área de consultorios, ella observando todo con asombro llegamos a mi consultorio. Detalladamente su mirada pasa por cada rincón de aquí, yo disfruto verla y sonrío.
-¿Le gusta?.- Pregunto curioso, sus grandes ojos se posan en mí.
-Es muy lindo su consultorio profesor.- Sonríe y yo asiento encantado.- Solo que… ¿Por qué tienen uno? Digo, yo que sepa nunca lo usan.
Como siempre su curiosidad se hace presente. Le explico la razón de los consultorios y asiente feliz por resolverle su duda. Me siento cómodo y tranquilo en este espacio, este es mi mundo. Ella se ve tranquila también. Dice cosas ocurrentes y me hacen reír, reír como cuando estoy con mis amigos, con personas de confianza. Nunca había reído de tal manera con un alumno. Me siento fresco. Relajado, feliz y es aturdidor que ella me esté conociendo de esta forma, una forma personal, fuera de lo profesional.
Le pido que se siente para revisarla. La verdad es que la traje aquí con la excusa de revisarla pero sé que su mareo fue por agotamiento y falta de alimento. La reviso cuidadosamente. Me tomo mi tiempo. Su calor corporal me envuelve. Sus ojos me envuelven. Su nerviosismo me envuelve. Checo su corazón, escucho que late de prisa, algo extraño ya que ha estado en reposo unos minutos después del ejercicio. Sonrío un poco al pensar que es por su nerviosismo. Me tardo un poco más de lo normal en revisarla, paso mis manos por su espalda y reviso sus pulmones con el baumanometro, me gusta escuchar su corazón latir de prisa, me gusta su olor, su calidez, su nerviosismo. En este momento es cuando agradezco ser doctor, podemos… Podemos tocar, digo, por profesionalismo ¿No es así? Termino (porque algún día tengo que terminar de revisarla) y me siento en mi lugar y anoto algo, aunque tiene un buen metabolismo, su condición física no es mucha.
-Esta perfecta señorita. Si tanto odia el ejercicio es que no tiene buena condición física.- Me mira y piensa en su respuesta.
-Tampoco es que algún día en mi vida vaya a correr un maratón de 100 km ¿Verdad? Prefiero evitar la fatiga.
Rompo en risa, esta pequeña alumna es un tornado de ocurrencias, rio y rio, no me detengo, no me niego a que me conozca en este estado, me siento muy fresco a su lado, nos miramos un poco, creo que está feliz. Al igual que yo. Le digo que no se esfuerce tanto si siente que ya no puede más. Un gran esfuerzo le podría provocar un desmayo y no quiero. Me preocupa el solo pensarlo. Es también una primera vez que me preocupe tanto por una alumna. Asiente y me dice doctor naturalmente, eso me gusta. Me gusta cómo me dice doctor, me gusta escucharlo de ella. Me levanto y voy hacia ella.
-Me alegra que me hayas dicho doctor así de natural, no pierdas esa costumbre… Pequeña.
Le digo sin dejar de verla y ante mis palabras ella se pone nerviosa, ella es una pequeña a mi lado ¿No es así? No veo nada de malo decirle así, o bueno, si la hay ya que soy su profesor pero… ¡Aaaah! ¿Ven? Esta situación es molesta, no sé qué me pasa. Cruzamos unas palabras más y entonces le digo que si me da su número de celular, queda sin habla, es encantadoramente tímida.
-Hoy fui a su habitación para que avisara que yo daría la clase pero estaba durmiendo aún, si tengo su número así podré hablarle directamente cuando no pueda verla en persona
Explico y ella suelta un poco de aire contenido, suprimo una sonrisa. Accede y me dicta su número, el celular me pide su nombre, “Pequeña” escribo y lo guardo.
-Perfecto, ahora sí, los asuntos directamente con usted aunque este durmiendo.
Comento divertido y ella se sonroja, esos sonrojos hacen que sienta algo extraño, dios, parezco adolescente ¿No es así?. Me platica sobre su familia. Me alegra saber que podrá estar cerca de ellos, ella es una encantadora extranjera, a su edad y sin familia, debe ser feo. Y a su edad… Y con compañeras de habitación como Maira, amigas como las que tiene y amigos enamorados secretos como el que tiene… Diablos, me dan ganas de ponerla en una burbuja y cuidarla. Aunque es más un pretexto… Quiero ponerla en una burbuja para que toda su atención se centre en… Mi. Nos despedimos y ella sale de mi consultorio. Me siento en mi cómoda silla y tomo mi celular, sonrío ante lo que estoy por hacer…
“Me ha encantado que conocieras mi consultorio, pequeña.”
Le escribo y mando el mensaje. Dejo el celular en mi escritorio y me recargo en el respaldo, se inclina un poco y veo al techo. Un minuto después suena mi celular, lo tomo, la pantalla dice que es un mensaje de “Pequeña” lo abro enseguida, maldita sensación que tengo en este momento. Es una inexplicable emoción y estremecimiento.
“También me ha encantado conocerlo… Y ser la primera… Doctor”
Sonrío, sonrío y sonrío ante ese texto. Lo leo una y otra vez. Si, parezco un adolescente, pero al diablo. Aunque… ¿Qué es esta sensación? Es algo que no había sentido, es una inexplicable emoción, nerviosismo, adrenalina, no se aun. Entro a mi directorio y cambio el nombre a su número. “Mi pequeña” y pongo guardar.
Llega la hora de clases. Entro al salón un poco antes y me pongo a leer un poco. Mis alumnos aun no llegan, espero tranquilamente y entonces escucho unos pasos, subo la mirada. Ahí está ella, le sonrío y ella a mí, luce nerviosa, amo su nerviosismo.
-No me diga que hoy también estoy de despistada y la clase es en el laboratorio.- Dice al no ver a nadie y yo sonrío, me quito los lentes y tomo mi celular del escritorio, lo subo y se lo muestro agitándolo en mi mano.
-Lo sabría señorita.- Le digo divertido y sonríe levemente y baja la mirada.- Lo que pasa es que es usted muy puntual.
-Bueno, sí, lo soy.- Acepta sonriente y toma su lugar, me alegra no verla con ese chico y… ¿Por qué no?
-Puedo preguntar… ¿Qué son usted y el joven David?.- Mi pregunta la toma por sorpresa y me ve sonrojada, se muerde un poco el labio inferior.
-Bueno… Somos amigos.- Me responde tímida pero sin dejar de verme, asiento aliviado, si han leído bien, aliviado.
-Son muy buenos amigos entonces.- Digo sin pensar y su mirada curiosa me ve.
-Es un chico muy gentil conmigo, me encanta.
Sus ojos desprender ternura, esa última palabra me hace sentir… ¿En desventaja? ¿Desventaja por un niño? Esto es el colmo, estoy perdido, estoy perdiendo mi cordura. Mi control.
-Ya veo.
Solo digo eso y poniéndome los lentes me concentro en mi libro nuevamente. Absurdo que me sienta así. Odio esta sensación. Odio esta situación. Me molesta esto, me molesta mucho. No pudiéndome concentrar en mi lectura veo el reloj. Faltan veinte minutos para que empiece la clase. Ese tiempo y con ella es inquietante.
La veo salir y asomarse al piso de abajo. El uniforme le queda a la perfección. Sin pensarlo me acerco a ella, como la otra vez, la atrapo entre los barandales y yo. Estamos frente a frente, sus ojos me quieren decir algo. Sus ojos me preguntan muchas cosas. Su respiración la delata. Su nerviosismo la delata. Su nerviosismo nos envuelve a los dos y me hace presenciar sensaciones que no conocía. Nos vemos directamente a los ojos, su aroma me envuelve, su mirada me aviva, me hace sentir tranquilo y feliz.
-Doctor….- Su tierna y suave voz envuelven mis oídos.
-Dime.- Contesto viéndola.
-¿Por qué hace esto?.- Su tranquila pregunta me hace pensar en una respuesta pero no la tengo.
-No lo sé pequeña… No lo sé.- Me atrevo a acariciar un poco su mejilla y ella cierra sus ojos, ¿Por qué lo hago? ¿Qué quiero conseguir? ¿Por qué me expongo tanto?.- Si te incomoda esto dímelo Ámbar, dímelo y me alejare, pero solo te puedo decir que he querido mantenerme alejado de ti pero no puedo, no he podido.- Abre sus ojos y me observa llena de preguntas y emociones, ¿Qué estoy haciendo? Es una pequeña chica, no puedo atormentarla con esto, veo sus labios, veo sus ojos, estoy yendo muy lejos, me alejo y camino un poco.
-Doctor….
La escucho decir, me estoy hundiendo en esta situación, no puedo seguir con esto, soy su profesor, ella mi alumna, no puede ser, cierro los ojos de frustración. Esto si dejo que siga tendrá un final desagradable, lo sé, esto apenas empieza  y es mejor pararlo antes de que avance más. Es mejor dejarlo ir, dejar esta situación y regresar a como era antes de que ella entrara a esta escuela. Doy un suspiro. Camino al salón y veo mi reloj, estoy inquieto, ella está afuera confundida, he estropeado esto ¿Verdad?, tomo mi libro y hago como si leyera pero no puedo concentrarme, ¿Qué me está pasando? Esto no es normal.
Escucho unos pasos y subo la mirada, su amigo ha llegado y la saluda con un abrazo. Entran al salón y hago caso omiso, se sientan en su lugar de siempre y platican en voz baja, él sonríe encantadoramente, ella luce un poco distraída pero él logra que entre en conversación hasta que la escucho reír sin parar, sonreír encantada, la veo alegre, feliz, divertida. Eso es porque esta con alguien de su edad, alguien que la comprenda y piense como ella. No con alguien que tras su arrebato la aprisionó contra la pared y su cuerpo y le dijo cosas extrañas, soy un imbécil, mis arrebatos, los odio.
Nunca podría haber algo entre alumna y profesor, nunca podría haber algo entre una pequeña chica y un hombre con una vida prácticamente hecha.
Los oigo reír y disfrutar de su compañía. Es muy molesto. Poco a poco van llegando todos los alumnos y llega la hora de la clase. Un poco molesto por todo lo sucedido doy la clase, noto que ella me observa detenidamente como antes no lo hacía. Eso me pone nervioso. No oculta su mirada hacia mí. Esto es lo que he logrado con mis palabras, que ella preste más atención en mí pensando en que yo estoy… Interesado en ella tal vez… O tal vez me está insultando en sus pensamientos mientras me ve por lo que hice. No totalmente concentrado doy la clase, quiero que mis ojos vean siempre a todo el salón pero a ratos me encuentro con su mirada, emoción, siento alguna emoción. Su mirada me hace sentir relajado. Les dejo un trabajo y me siento en mi lugar, suspiro un poco. Esta situación, este asunto, todo esto me molesta cada vez más. Miro a su lugar y la veo trabajar junto con su amigo, se sonríen y se hablan en silencio. Me enojo. Me enojo por esa simple escena. Yo mismo me contradigo, quiero dejar esta locura pero la veo con ese chico y quisiera ir con ella y tomarla y decirle al chico que aleje sus manos de ella. Estoy delirando ¿Verdad?
Terminan el trabajo y pasan a que se los revise. Pasan y pasan y pasan y finalmente llega ella a mí. Me muestra su cuaderno, su letra tan legible y educada, firmo su trabajo y se va. Termina mi clase y me siento aliviado.
Todos se van. Ella con su amigo también. Yo me voy a mi oficina y en mi espacio suspiro tranquilo. Todo eso fue un tormento. No me reconozco. Estoy atormentado por una chica, por una pequeña alumna. Ya le dije que no he podido mantenerme alejado de ella. Ya estuve muy cerca de ella. Siento celos, celos por ese amigo que tiene. Me llegue a sentir en desventaja. ¿Por qué? Le he estado dando vueltas a todo esto y siento que estoy por tragarme mis propias palabras… El amor no existe. El amor es una mierda. Es solo química, atracción entre dos personas pero… ¿Y si no fuera así? ¿Y si el amor en verdad existe? Lo que estoy sintiendo es… ¿Amor? ¿O solo capricho? ¿Atracción?... Doy un gran, gran suspiro. Cierro los ojos y enseguida pienso en ella, en su imagen. Dios, estoy perdido. Una pequeña chica ha entrado a mis pensamientos sin ser invitada y lo peor… Creo que mi corazón está entrando en juego.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Un abrazo ♥