sábado, 10 de enero de 2015

Metropolis


-Capitulo 5-

Después de lo ocurrido con el profesor en el salón, aun aturdida me fui rápido al laboratorio, bajando las escaleras voltee por alguna razón y vi el papel en donde decía que mi clase seria en el laboratorio. ¿Cómo no la vi? Iba tan concentrada estudiando que no me di cuenta.
Llegue al laboratorio y él ya estaba ahí, con bata y viendo a todos, estudiándolos a ver qué tanto de nerviosismo tenían. Toque la puerta y me dio pase. Su mirada en mi hizo que sintiera un enorme nerviosismo. Pase rápido y me senté con mi amigo David, me pregunto qué porque llegue tarde. Hice caso omiso. De solo recordarlo mi corazón late fuerte. ¿Por qué? Tal vez porque nunca había estado en una situación como esa.
Mis compañeros empezaron a pasar a decir los músculos. Yo estudie un poco más con mi amigo. Él paso y salió sin ningún rasguño. Como tres minutos después me tocó a mí. Y aquí estoy. Diciendo todo sin problemas, mi nerviosismo no me deja pero afortunadamente puedo hablar. El profesor no ve el maniquí, me ve a mí. Como siempre.
Termino de nombrar las partes y anota algo en la lista. Me pregunta por los tipos de músculos. Ante su mirada penetrante contesto nerviosa, más nerviosa porque recuerdo lo del salón… Su cercanía, su mirada, su respiración… Sus labios.
-Señorita. Tranquilícese, lo ha hecho bien, no este nerviosa. No es la primera vez que pasa a decirme algo y con maniquí.- Se da cuenta de mi nerviosismo, sonrió un poco.
-No es eso… Solo que….- ¿Qué hago? ¿Estoy por decirle que estoy pensando en lo de hace rato? No. Ni loca.- Pensé que se me olvidarían, me aprendí la mayoría hace unas horas.- Me excuso.- Me ayudó mucho David, si no fuera por el en este momento me habría reprobado.- Veo que hace un gesto de molestia.
-Puede retirarse.- ¿Qué le pasa? De un momento a otro cambia su ánimo.- Buen trabajo.- Hace media sonrisa, ¿Ven? Su ánimo es extraño, me contesta cortante y después me sonríe ¿Será bipolar? Llego con mi amigo.
-¿Cómo te fue corazón?.- Me pregunta y lo abrazo, gracias a él tuve buena nota, el me da un beso en la frente.
-Muy bien, eres un gran profesor, te debo una comida.- Le guiño un ojo.
-Aceptare gustoso.- Me da una bella sonrisa junto con guiño, es encantador.
La clase sigue. Muchos según sus rostros no tuvieron buena nota. Terminan de pasar todos y el profesor nos habla sobre lo de hoy, nos da ánimo y todo eso.
Les diría bien que tanto nos está diciendo pero la realidad es que no estoy poniendo atención. Por primera vez no estoy poniéndole atención por observarlo, sus gestos, sus acciones, su manera de moverse entre nosotros, su libertad, la experiencia, ¿Había dicho que tiene unos ojos profundos y transparentes? Es decir, con solo verte te transmite muchas cosas.
En algún momento en donde escucho que dice que veremos cosas de primeros auxilios pongo atención. La próxima semana empezaremos. Mi amigo y yo nos vemos sonrientes. El había dicho que me ayudaría en mi trabajo extra y es de eso. El sabrá ya todo cuando lo veamos en clase. El profesor se despide y nos recuerda que mañana hay acondicionamiento físico. No es muy de mi agrado, casi puedo decir que lo odio.
Salimos del salón y mi amigo y yo decidimos comprar algo dulce e irnos a una jardinera para pasar un rato de descanso. Cuando llegamos a la cafetería nos encontramos con nuestras amigas. Se nos pegan y los cinco nos vamos a nuestra jardinera, una en especial es la que nos gusta. Llegando ahí nos sentamos y comemos nuestro helado, ponemos un poco de música y como siempre mis amigas empiezan a hablar.
-David. ¿Por qué no nos ayudaste a nosotras a estudiar? ¡Nos fue horrible!.- Se queja Heidi, mi amigo se encoje de hombros.
-No nos vimos y no me dijeron.- Contesta el.
-Pero vamos, para la próxima nos ayudas. Ámbar se aprendió todos gracias a ti.- Se acuesta en el pasto Ale.
-Aunque no se los hubiera aprendido. El profesor seguro ni se hubiera dado cuenta.- Comenta Dana, todos me miran y después a ella.- ¿Qué?.- Dice al ver nuestras miradas.
-¿Por qué dices eso?.- Pregunta mi amigo.
-Es una loca David.- Digo de reproche.
-No señorita.- Me dice ella.- El profesor solo te veía a ti, no al maniquí, te aseguro a que ni atención ponía a tus palabras.- Sonríe guiñándome un ojo.
-Suposiciones tuyas Dana.- Me recargo en un árbol y mi amigo conmigo, le doy un poco de mi helado y el me da del suyo, ella no vuelve a tocar el tema.
-¿Qué harán el resto de la tarde?.- Habla por fin Ale.
Decimos nuestros planes. El mío es empezar a hacer el trabajo de castigo que nos dejó el profesor, David me ayudara. Ellas quitándole importancia al trabajo irán a divertirse con sus chicos, estas chicas no tienen remedio. Nos quedamos un rato más en la jardinera, ellas tres están acostadas en el pasto tomándose fotos, yo estoy recargada en el árbol con mi amigo escuchando música y sonriendo, este chico me encanta.
Sintiendo una intensidad en mí alzo mi mirada. Ahí está él. Con su presencia imponente. Bien vestido, impecable, gesto serio y cautivador. Con nuestras miradas aun cruzadas el camina pero la quita cuando ya no puede sostenerla, si no me equivoco hizo una media sonrisa. Ahora mi estómago está sintiendo cosquillas, ¿Qué es esa sensación? Yo lo sigo con la mirada mientras él se aleja. ¿En verdad nos vimos a los ojos sin un porque? ¿Por qué así fue verdad? Tomo un poco de aire y cuando mis ojos ya no lo ven regreso mi mirada al celular de mi amigo.
-¿Quieres una foto?.- Le pregunto y el ya sonriendo para la cámara nos la tomamos.
Pasamos media hora más en la jardinera si hacer nada más que tomar fotos y escuchar música. Yo aburrida de eso digo que es hora de ir a trabajar, me despido de mis amigas y David se va conmigo, son las seis de la tarde. Pasamos a mi habitación y trabajamos en mi tarea extra. Mi amigo es muy inteligente y entiende todo a la perfección, me explica a su manera y entiendo mucho más rápido. Mi compañera de habitación a estas horas nunca esta así que podemos trabajar tranquilamente en la alfombra.
-Entonces la reanimación cardiopulmonar se hace cuando la persona no respira ni tiene pulso.- Confirmo y mi amigo asiente. 
-Así es y supongo que eso haremos la semana próxima junto con las otras técnicas que vimos.
-Seguro que si.
Terminando mi trabajo extra me acuesto totalmente en la alfombra y mi amigo junto a mí, vemos al techo y escuchamos música. Estando así mi subconsciente me traiciona y recuerdo por milésima vez en el día lo ocurrido con el profesor.
-David… ¿Tu saldrías con alguien mayor que tú?.- Pregunto de repente.
-Pues….- Piensa su respuesta y después de dar un suspiro dice.- No funcionaria, si es más de cinco años mayor que tú no funcionaria, ya con esa gran diferencia tienen distintos pensamientos, distintas formas de ver el mundo y el futuro. No, no lo haría.- Confirma él.
-¿Aunque estuvieras realmente enamorado de esa persona?
-Si mi amor fuera mucho y muy fuerte lo intentaría pero seguramente al final comprendería que tenía razón en que no funcionaría esa relación y saldría lastimado.
Me quedo pensando en su respuesta. Aun no consciente de porque he preguntado esto suspiro. Yo pienso igual que él, una relación en desigualdad de edad no funcionaria, por más que se intentara. Pero aun así mi mente regresa a esa cercanía y mi piel se eriza.
-¿Por qué lo preguntas?.- Se incorpora y me mira curioso.
-Heidi quiere salir con un chico mucho mayor que ella.- Sonrío.- Le dije que no era bueno eso, quería ver si pensabas lo mismo.- Invento ya que ni yo sé exactamente porque lo pregunte.
-Tu amiga es una loca.- Dice y nos reímos.- Vamos corazón, te invito a cenar.
Aceptando gustosa nos levantamos y salimos de mi habitación, vamos a la cafetería y pedimos algo ligero para comer. Eso sí, siempre un jugo para mí, los amo. Cenamos tranquilos y divertidos, David es muy ocurrente y siempre hay tema de conversación con él. Terminando de cenar nos despedimos y cada quien se va a su edificio. Yo encantada de que ese día haya ido bien llego a mi habitación, me pongo la pijama y me meto a la cama.
Su nerviosismo me gusta, señorita Ámbar. Y lo peor es que me está acostumbrando a él, así como a su timidez, curiosidad y terquedad” Con esas palabras rondando por mi cabeza me quedo dormida.
-Despierta Ámbar, ¡Eres una floja!.- Escucho una molesta voz, abro los ojos y veo a Maira frente a mí, me incorporo rápido logrando así que nos golpeemos la cabeza.- Dios, ¡Fíjate loca!
-Para que te pones frente a mi tonta.- Le reprocho sobándome el golpe.- ¿Por qué me despiertas?
-Ya es tarde, tenemos clase con el profesor Hideto.
-¿Qué?.- Agito un poco mi cabeza, ¿De qué me perdí?.- Tenemos acondicionamiento físico con Dorantes en dos horas.- Digo aturdida.
-No querida, tenemos acondicionamiento físico con el profesor Takarai en cuarenta minutos.- Ve su reloj.- Apenas y tienes tiempo de arreglarte.
-¿Quién te dijo eso?.- Me levanto de la cama.
-El mismísimo profesor, vino hasta aquí para avisarte pero como estabas durmiendo me lo dijo a mí, ya avise al grupo por ti.
-¿Vino hasta aquí?
-Sí, quería ver a la jefa de grupo. Ahora veo que vivir contigo tiene sus ventajas, lo vi unos segundos y de cerca, recién bañado, ¡Tremenda vista que tuve!
Veo mi reloj son las siete diez, rápido busco mi ropa deportiva y me cambio, me bañare más tarde, al fin y al cabo sudare horrible de seguro. Un poco molesta porque Maira me dijo que vio al doctor recién bañado y no yo salgo de la habitación, ¿Podre desayunar algo? Me quedan veinte minutos, yo creo que sí, corro a la cafetería y pido un poco de fruta y jugo, desayuno un poco rápido y salgo corriendo a las áreas deportivas, prácticamente todos mis compañeros están ahí ya, no veo al profesor y suspiro aliviada, llego con mis amigas que tienen una cara de sueño tremenda.
-Tu que siempre debes de saber todo como jefa de grupo ¿Qué paso? Se supone que teníamos clases en dos horas con Dorantes y luego Maira publica en el grupo que en cuarenta minutos tenemos que estar aquí porque el profesor Takarai nos dará clase ¿Qué es?.- Pregunta Ale bostezando.
-No lo sé, solo sé que el profesor le dijo a Maira que teníamos que estar aquí.- Me encojo de hombros, repentinamente siento un enojo inexplicable, veo como todos se despejan totalmente y ven a una sola dirección, volteo. 
-Bien jóvenes, hoy me toca estar con ustedes. Su profesor Dorantes no pudo presentarse por motivos de trabajo.- Nos ve a todos, me ve a mí y nuevamente esa sensación me da en el estómago, bajo la mirada.- Empecemos con su clase.
-Con el si hago ejercicio todo el día sin descansar.- Nos dice Heidi en voz baja y reímos, el viene con ropa deportiva, pants y una camiseta ligera, le queda un poco holgada pero lo hace ver… Ya saben… Sexy.
-Am, tienes la cara roja ¿Estas bien?.- Me pregunta Dana, ¿Qué rayos estoy pensando?
-Ya saben que odio el ejercicio.- Me excuso.
El profesor nos forma en hileras de cuatro y nos esparcimos un poco, empezamos con estiramientos como calentamiento. Uno. Dos. Tres… Diez… Otro estiramiento, las chicas en especial hacen sus ejercicios como deben de ser y ponen total atención a la clase. Esto es divertido.
Pasan veinte minutos y terminamos con el calentamiento. Así en las cuatro hileras nos juntamos y empezamos a trotar. El profesor va a nuestro lado, recorremos una gran distancia por las canchas de deportes. Empezamos a correr. ¡¿He dicho que odio correr?! Pasamos de una cancha a otra, pasamos por un camino de descanso para profesores. ¡Odio esto! Seguimos corriendo y ahora nos hace aplaudir cada que pisamos con el pie izquierdo. ¡Horror! Pasamos por otro camino que lleva a los salones de nivel superior. ¡Que pare ya! Estoy cansada. Mis amigos parecen disfrutarlo. Yo no. Seguimos corriendo. Pasamos por otro camino que nos lleva de regreso a las canchas. Corremos y corremos y llegamos a donde iniciamos. No nos deja detenernos y trotamos en nuestro propio lugar. Minutos después paramos. Alivio. Pero ahora nos pone a hacer sentadillas. ¿Me quiere matar? Cansada pero aun con fuerzas lo hago. Lo veo directamente, es un idiota en este momento. El me ve y hace una pequeña sonrisa. ¡Lo mato! Nos hace sentar en el pasto y nos estiramos nuevamente. Yo ya no soy más. Dejo de estirarme y me acuesto. Cierro los ojos y cuando siento que una sombra me tapa del sol abro los ojos, él está parado junto a mí. Me incorporo.
-¿Cansada?.- Me dice medio divertido.
-Sí y mucho.- Me quejo.- Si quiere quedarse sin alumnos lo lograra, un ejercicio más y puedo morir.- Todos ríen y el no deja de verme.
-Por petición de la señorita hemos terminado. No quiero pagar gastos funerarios.
Suspiro aliviada y todos se van muertos de la risa, el profesor va por su botella de agua y una pequeña toalla, yo me incorporo pero ¡Ou! El piso se me movió.
-¡Corazón! ¿Estás bien?.- Me dice mi amigo tomándome de la cintura.
-Sí, me maree un poco, sabes que el ejercicio me odia.- Sonrío.
-Vamos, te llevo a tu habitación.- Me dice aun tomándome de la cintura.
-La revisare, vaya usted a darse una ducha.- Escucho de repente esa voz suave y tranquila, llega a nosotros y David no me suelta, el profesor lo ve serio.
-¿No es mejor llevarla a su habitación?.- Dice él.
-Creo que es mejor que un doctor la revise, no se olvide que mi profesión es esa.- David asiente, me suelta y dándome un beso en la frente nos deja, lo veo alejarse y de repente siento su mano en mi barbilla. Nerviosismo.
-Míreme señorita. Ya podrá ver a su amigo más tarde.- Esta cerca de  nuevamente, no sé qué decir, mi estómago se contrae. 
-E… Estoy bien, solo fue un pequeño mareo por el cansancio.
-Si es así fue por mi culpa, venga, vayamos a mi consultorio y la revisare.- ¿Qué? ¿¡Consultorio!? Me petrifico, nunca he entrado a su consultorio.- ¿Qué pasa?.- Pregunta al verme sin habla.
-No es para tanto.- Logro decir.- Solo necesito descansar. 
-Una revisión médica nunca se niega, además, tengo algo que pedirle señorita, vayamos que el sol empieza a ser fuerte.
Empieza a caminar y yo un poco aturdida camino junto con él. Esta es una institución de la rama de la salud. Es un lugar enorme y con buen privilegio. Hay médicos, nutriólogos, enfermeros, médicos con sus respectivas especialidades. Yo soy extranjera. Quería estudiar en una institución que tuviera todo lo que yo necesitara para hacer mi carrera. Empecé a investigar. En donde yo vivía no había una escuela que me llamara la atención. Le dije a papá que si podía ir a estudiar fuera de la ciudad. Apoyándome me dijo que sí. Seguí investigando y di con esta escuela. Desde que la vi en fotografías me encanto y cuando vi el plan de estudios me enamoro. Se lo dije a papá y aunque al principio no quería muy bien porque estaba muy lejos de casa accedió. Hice mi trámite y todo para el examen de ingreso. Lo mejor de esta escuela es que te aceptan a una edad considerable. A los 17 años. No es exactamente a mayores, es decir, 18 años. Por eso es que pude ingresar aun a mi edad. Pase el examen y en cuanto vi que quede mi padre empezó a hacer su cambio de residencia, en su trabajo pidió cambio de lugar. No quería estar tan lejos de mí. Yo entre a la escuela y mi familia un mes después consiguió casa en la ciudad. La institución está lejos de la ciudad, está en un lugar apartado, por eso es que es un gran terreno de escuela e investigación. Si bien te va, en una hora llegas a la ciudad principal.
Aquí en la escuela cada profesor tiene su consultorio. Su habitación y su oficina. El consultorio realmente no sé cómo para que ya que no dan consultas, o eso creo.
Pasamos por un pequeño camino lleno de árboles y llegamos a un área de salones, o eso creo. Nos acercamos a una puerta y entramos. Que salones ni que nada. Es un enorme lugar con piso blanco reluciente. Paredes blancas, una pequeña sala de estar, recepción. Es un lugar amplio. Huele a cosas médicas. Entramos a un pasillo y veo puertas que dicen “Dr. Tal” todo es blanco, doblamos a la derecha y hay una sola puerta. El profesor mete llave y abre. Me hace entrar primero y después el, cierra la puerta y va a su escritorio. Observo todo, hay una como camilla fija en una esquina, un escritorio, computadora, estantes llenos de medicina, botes de alguna solución, tanques de oxígeno, sueros, percheros, aire acondicionado, cuadros de diplomas, wow así que este es su consultorio. Huele a… Pues a consultorio, hago media sonrisa, también me llega ligeramente su perfume. 
-¿Le gusta?.- Me pregunta y volteo a verlo.
-Es muy lindo su consultorio profesor.- Sonrío y el asiente.- Solo que… ¿Por qué tienen uno? Digo, yo que sepa nunca lo usan.
-Es una buena pregunta señorita. Según los directivos son para que nos sintamos como en casa, claro, a parte de la oficina y habitación. También es para atender a nuestros alumnos tutorados cuando se sientan mal ya que están a nuestro cargo y para que les mostremos como desenvolverse en un consultorio para cuando tengan uno.- Me sonríe totalmente, inmediatamente entiendo que este es su mundo, su carrera es su vida y su placer más grande, aquí lo veo cómodo, feliz, relajado.
-¿Viene mucho aquí?
-Realmente no. No lo uso mucho puesto que no hay pacientes. Al igual que en mi oficina… Usted es la primera que entra aquí.- Sus ojos profundos, dios, mi estómago.
-Bueno. Me siento halagada.
Contesto sonriente y él se ríe, ¡Se ríe! Lo está haciendo, se ve fresco, más joven, encantador, jamás lo había visto sonreír y ahora que lo veo así… Mi corazón puede decirse que está feliz y emocionado, sonrío más al verlo tan relajado.
-Yo digo lo mismo.- Me dice sonriente.- Ahora siéntese por favor que voy a revisarla, ¿En serio odia tanto el ejercicio?
-Pues.- Hago lo que me pide.- Odio hacer mucho ejercicio, con unos veinte minutos está bien para mi.- Confieso, lo veo sonreír nuevamente.
Sentada y el frente a mí me revisa las pupilas con una lucecita, con una bate lenguas me revisa la boca, me revisa los oídos, revisa mi respiración con esas cosa que se ponen en los oídos y escuchan con algo redondo, me pide que respire profundo y lo hago. Escucha mi corazón, rayos, está latiendo fuerte, me toma la presión y se sienta en su gran silla de doctor.
-Esta perfecta señorita. Si tanto odia el ejercicio es que no tiene buena condición física.
-Digo, tampoco es que algún día en mi vida vaya a correr un maratón de 100 km ¿Verdad? Prefiero evitar la fatiga.- Lo hago reír nuevamente, esto… Me gusta, me gusta verlo reír, me gusta verlo sonreír, me gusta como luce.
-Tiene usted razón, pero cuando se sienta cansada baje el ritmo de esfuerzo o caerá desmayada.
-Lo hare doctor.
Contesto enseguida y el me ve inmediatamente, su mirada profunda es un poco diferente, me hace sentir cosquilleo en el cuerpo, hace media sonrisa y se levanta de su lugar, camina hacia mí y recargado en su escritorio me ve, sus ojos brillosos conectan con los míos, me siento feliz y tranquila, nerviosa y emocionada.
-Me alegra que me hayas dicho doctor así de natural, no pierdas esa costumbre… Pequeña.- ¿Pequeña? ¿De nuevo? Me quedo sin habla.- Vaya tranquilamente a su habitación, tome una relajante ducha y nos vemos en el salón, aún tenemos clases.- Sonríe.
-C… Claro.- Me levanto de mi lugar y dando media vuelta para ir a la puerta me detiene su voz cargada de… ¿Sensualidad? ¿O es mi idea? Mi interior se estremece, esa voz…
-Desayune bien.- Me volteo a verlo y sonrío.
-Usted también.- Sonrío, ¿Qué respuesta es esa? ¡Dios! 
-Una cosa más señorita.
-¿Si?
-¿Me podría dar su número de celular?.- Me congelo, ¡Me congelo! ¿Mi numero?.- Hoy fui a su habitación para que avisara que yo daría la clase pero estaba durmiendo aún, si tengo su número así podré hablarle directamente cuando no pueda verla en persona.- Saco el aire que tenía contenido.
-Enseguida.- No se me mi numero aun, lo compre cuando me vine a vivir aquí, saco mi celular y cuando lo tengo se lo dicto, él lo anota en su celular y sonríe.
-Perfecto, ahora sí, los asuntos directamente con usted aunque este durmiendo.- Me sonrojo y bajo la mirada.- Por cierto, linda cobija.
Sonríe y ante mis ojos es la sonrisa más hermosa que he visto nunca, él es la persona más atractiva, más hermosa, más interesante y cautivadora que he visto. Aún tengo miedo de esto que estoy sintiendo cada vez que lo veo, ahora que lo he visto sonreír en su totalidad, que he escuchado su risa… “Quiero ser esa persona que lo haga sentir feliz”… Ese pensamiento me asusta, me asusta porque no sé si esos pensamientos, esos sentimientos lleguen a salirse de mi control.
-Lo siento, es que ayer… Dormí tarde pensando en…- Me detengo, un día de estos me echaré de cabeza yo misma, el me ve curiosa.- En mi familia, ya los extraño.- Me excuso.
-Espero que pronto pueda verlos, eso pasa cuando vienen alumnos extranjeros.
-Lo sé. Afortunadamente mi familia ya vino a vivir a la ciudad, seguro que este fin de semana los veré.- Digo muy emocionada y feliz, lo veo sonreír tiernamente.
-Me alegro señorita.
-Bueno, ahora me voy.- Digo viéndolo a los ojos, su mirada, empieza a gustarme más de lo que creo.
-Vaya con cuidado.
Se despide y salgo de su consultorio. Pase un rato con él, platicando casualmente, sonrío de oreja a oreja acompañado de suspiros. Camino a la salida de este lugar y salgo completamente. Paso por los salones de nivel superior y nuevamente aturdida por estar un rato a solas con el doctor suena mi celular. Un mensaje de un número no registrado. Lo abro y mi cara toma una tonta sonrisa mientras mi corazón late desenfrenado cuando leo:
“Me ha encantado que conocieras mi consultorio, pequeña.”
Nuevamente me tutea, nuevamente me dice pequeña. Temo acostumbrarme a esa amabilidad.

2 comentarios:

  1. Buenísimo! Me encanta como escribis! Ojala tuviera un doctor así ♡

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Aaaawn, muchas gracias por leer!! ♥
      Si, y un profesor también x3

      Borrar

Un abrazo ♥