lunes, 15 de mayo de 2017

Shine




Ella había salido de un concierto, del concierto de su banda favorita, la cual cumplía varios años, era su aniversario y estaban en un recinto enorme, donde miles de fans se habían reunido.
Esa experiencia había sido mágica y extremadamente hermosa.
Para ir a ese concierto tuvo ella que viajar miles de kilómetros y llegar a Japón, desde que había subido al avión todo empezaba a ser maravilloso. Estar en ese país que tanto amaba, que tanto admiraba era ya una magia, aún no conocía muchos lugares pues estaba ahí desde un día antes del concierto.
Ahora que había pasado ese maravilloso espectáculo estaba afuera del recinto, caminando sin rumbo, quizá caminaba en círculos desde hacía algunos minutos o quizá era tan grande el lugar que daba para caminar por varios minutos sin llegar al lugar de partida.
Sus pasos no se detenían, veía esos grandes postes con imágenes de sus ídolos, había ya tomado miles de fotos y seguía tomando más, no importaba que se repitiera la toma, quería tener muchas, muchas para ese recuerdo tan hermoso.
La noche estaba fría, cada vez se veían menos fans y las luces iban apagándose, quizá ya era hora de irse ella también, pero algo la detenía, quería quedarse un poco más. Solo un poco…
Y lo hizo, se quedó sentada, recargada en uno de los gigantes postes, viendo el cielo, viendo lo que había frente a ella. Todo seguía viéndose como un sueño, un sueño del que no quería despertar.
En esos minutos unos pasos se escucharon pero hizo caso omiso, tal vez era un vigilante que en segundos le diría que se tenía que retirar, soltó un suspiro y estaba por levantarse cuando sintió como alguien se paraba a su lado, pero no le decía nada, se quedó dónde estaba y volteo un poco a ver a la persona que estaba parada, su mirada subió poco a poco hasta llegar a la cabeza.
No podía ver mucho, la persona estaba con una sudadera con capucha, tal vez era una mujer o un hombre, lo cierto era que estaba delgado y pequeño. Sonrío al recordar a su artista favorito, era como esa persona, así de pequeño y misterioso. Volvió a suspirar y ese suspiro rompió con el silencio que había.
―Dios, me asustaste.
Escucho la voz de esa persona y volvió a verlo enseguida. Sus ojos se fijaron en ese rostro y quedó paralizada. Ahora si estaba en un sueño, en un sueño real… Pero, ¿A qué hora se había dormido? No recordaba haber llegado al hotel y caer en la cama. Quería pellizcarse pero ni siquiera se podía mover. Ese sueño se sentía muy real… ¿O era real lo que pasaba?
―Este será mi sueño favorito. ― Dijo ella en voz baja.
―¿Disculpa?
―Sé que estoy soñando.
―¿Qué?
―Al menos en sueños puedo verte así de cerca… Si es mi sueño puedo abrazarte, ¿No? Y no te molestarías.
―Sigues asustándome. ¿Estás bien?
―Mejor que nunca.
―No lo parece.
―¿Por qué?
―Hablas de estar soñando cosa que claramente no es así, esto es la vida real.
Tras esas palabras ella vio a su alrededor, ¿Entonces no era un sueño? ¿Por eso no recordaba haber llegado a su casa? Volvió la mirada a aquellos ojos y lo observo detenidamente, de verdad no se parecía a un sueño, ese cosquilleo en el cuerpo y esos latidos tan rápidos se lo confirmaban.
―Dios mío.
Se levantó enseguida y se tapó la boca, era él. Realmente era él. Frente a ella, viéndola como si estuviese loca.
―Eres… Tú… Dios mío.
―Ahora no puedes pronunciar algo coherente.
―Es que… Oh dios, yo…
Sus lágrimas comenzaron a salir, sin avisar y sin querer detenerse. Estaba frente a su mayor ídolo, estaba frente a su mayor amor…
―Hyde…
―¿Estuviste en el concierto?
―Si…
―¿Por qué sigues aquí? Hace horas que acabo.
―Es que… No sé, simplemente me quedé.
―Es tarde y hace frío, debes ir a casa.
―Si…
Tenía tantas cosas que decir, tenía tantas cosas que quería expresarle, pero no podía… El shock en el que estaba no la ayudaba en nada, maldita sea, su mente había quedado en blanco. Su mente estaba solo con la imagen de él.
―Tu… ¿Tu qué haces aquí? ― Se atrevió a preguntar.
―Pues, me quede dormido y vi la hora, se supone que ya no debería haber nadie así que salí a tomar aire y despejarme.
―¿Despejarte?
―Sí, son días de mucha presión… De muchos recuerdos, encuentros, de todo.
Él se quedó callado, vio al cielo y soltó un largo suspiro. Ese suspiro estaba cargado de cosas que él se guardaba, que él escondía e hizo que el corazón de ella se estremeciera. Lo vio esta vez sin nerviosismo y quiso saber todo aquello que le atormentaba, todo aquello que guardaba para él mismo, quería quitarle ese peso de encima y verlo sin esa expresión de tormento, de querer gritar y huir.
―Son días pesados.
―Y mucho. ― Suspiro. ― Afortunadamente es el último día.
―Pero no es como si tuvieras vacaciones, tienes trabajo con tu otra banda.
Él la vio con sorpresa, pero después sonrió, aquella chica era claramente su fan así que era normal que supiera de él y su trabajo. Al ver esos ojos brillosos por las lágrimas pudo ver también curiosidad, preocupación, ternura y amor. Ver esa mirada le hizo estremecer, se sintió de repente cálido, tranquilo y en confianza. Sensaciones que no había sentido hace tiempo con alguien.
―Las vacaciones no son muy lo mío.
―Lo sé. ― Ella sonrió. ― Deberías estar descansando ahorita, trabajaste muy duro.
―Sí, aunque no tengo sueño… Además, ya descansé hace un momento.
―Cierto.
―¿Vives aquí?
―No, vengo desde muy lejos.
―Dominas bien el idioma.
―Gracias, lo aprendí hace poco.
Se quedaron en silencio, los dos veían al cielo, se lograban ver algunas estrellas y la luna, brillando y dando un poco de luz a la oscuridad. Quizá lo mejor era que ella se fuera, que se despidiera de ese sueño. Él estaba un poco tenso y debía descansar. Pero quería quedarse y ayudarlo a relajarse, pero no quería ser impertinente.
―Creo que debo irme. ― Hablo.
―¿Crees? ¿O debes?
―Hmmm, debo, pero no quiero. ― Susurro. ― Es tarde.
―¿Ya cenaste?
―Oh. ― Toco su estómago. ― No.
―Yo tampoco, vamos a cenar.
―¿Hablas enserio?
―¿Por qué crees que no?
―Tu, pidiéndole a una fan que cene contigo…
―No es algo que haga normalmente, pero… Contigo puedo.
―Yo encantada.
―Vamos.
Él caminó hacia el recinto y ella lo siguió, caminaron uno al lado del otro. En silencio, un cómodo silencio, un silencio que los arropaba y los hacía sentir tranquilos.
Caminaron por algunos pasillos y llegaron a un camerino, donde entraron y ella observo como su artista tomaba una mochila y metía algunas cosas. Después de eso salieron y caminaron hacia el estacionamiento donde subieron al auto de él.
Estar tan cerca de ese hombre, en un espacio tan pequeño, tan íntimo… La hizo sentir nerviosa, el auto olía a un delicioso perfume, combinado con algún otro aroma delicioso. Todo estaba limpio y acomodado, al encender el auto comenzó a sonar una canción tranquila que rompió el silencio. Entraron a carretera y ella no se perdía nada de los movimientos del conductor, manejaba de una manera tan cómoda, tan única, tan sensual que la hacía quedar hechizada. En todo era perfecto.
Llegaron a un lugar donde tomaban la orden desde el auto y te la daban enseguida. Comida rápida. Él pidió muchas cosas y ella se sonrió encantada, no dijo nada y en minutos le paso una bolsa de papel con la comida.
―Espero que te guste la comida rápida, a estas horas es de los pocos lugares abiertos.
―Me encanta. ― Sonrió.
―Genial.
Volvieron a tomar carretera y él manejo tranquilo, rato después llegaron a un lugar donde había una vista grandiosa de la ciudad, bajaron y ella enseguida camino hacia adelante, para ver mejor todo. Era maravilloso, tantos edificios, tantas luces, tantas pantallas gigantes, tantas cosas…
―¿Te gusta?
―Es increíble.
―A veces vengo a estas horas, a pensar, a no pensar… Solo a ver.
―Espero que no sea muy seguido que vengas… Es muy solitario.
―Tal vez estos últimos años he venido más que antes. ― Suspiro. ― Me gusta la tranquilidad de aquí.
Sacó la comida y la puso en el cofre del coche, tomaron y comenzaron a comer, en silencio, viendo toda la vista que tenían.
―¿Cuánto tiempo te quedarás?
―Dos semanas.
―¿Qué lugares has visitado?
―Umm, la verdad es que ninguno, llegue antier.
―Ah, entonces apenas empezarás el tour.
―Sí, ¿Qué lugares me recomiendas?
―Puedo llevarte a algunos lugares, claro que no todo el día por el trabajo.
―No quiero que ocupes tu tiempo de descanso para un tour.
―Es mi tiempo libre y lo puedo ocupar en lo que quiera, ¿No crees?
―¿Y si quieres descansar?
―Pues descanso.
―¿Y si no?
―Pues nos vemos y paseamos.
―¿De verdad?
―No te preocupes, es mi tiempo libre y hago con él lo que quiera y me guste, si decido ocuparlo contigo lo haré.
Esas palabras hicieron que su corazón latiera más que antes, o quizá ya estaba sufriendo una taquicardia peligrosa y en segundos moriría, porque así se sentía… Pero no podía morir, no en ese momento, podía morir después de su estancia en Japón.
―Será maravilloso. ― Dijo apenada.
Continuaron comiendo y platicando de los lugares a donde irían, de las comidas que probarían y las cosas que comprarían. Así se les fue el tiempo y terminaron la comida, guardaron la basura y ella saco su celular para tomar algunas fotos del lugar, él la observo con una ligera sonrisa.
Esa chica la hacía sentirse como un niño, quería hacer muchas cosas y mostrarle los mejores lugares, tenía ganas de correr, de gritar, de tomarla de la mano y jugar. Esa chica se veía tan fresca y tan relajada que se lo transmitía con ella no tenía que ser serio, que estar en constante presión, en constante apuro, con ella no tenía que sentirse tenso, con ella era todo lo contrario.
Y le asustaba, apenas llevaban unas horas de conocerse y le transmitía todo aquello… Quizá había ayudado el que ella hubiera reaccionado de manera tan divertida cuando lo vio por primera vez.
Aquello había sido tan divertido que se reía por dentro y mucho. Eso lo había hecho sentirse tranquilo y relajado después de tantos días.
―¿En qué hotel te quedas? Te llevaré.
―Gracias.
Se sonrieron y subieron al auto, en el camino ella le dijo la dirección del hotel y una hora después llegaron.
―Toma, registra tu número.
Él le dio su celular y ella con manos temblorosas marco su número y lo registro, él tomo su celular y se aseguró de que ese fuera el correcto, segundos después el celular de ella sonó.
―Ese es el mío. Te llamaré.
―Gracias por el momento hyde, la pase de maravilla.
―Yo también… Nos vemos. ― Él sonrió.
Ella caminó al hotel y entro, fue entonces que él arranco el auto y se fue. Llego a su habitación y se tumbó en la cama, todo parecía un sueño creado por su mente, un sueño que jamás superaría y olvidaría.
Estaba cansada pero la adrenalina y emoción que experimentaba su cuerpo le quitaba el sueño. Se metió a la ducha y tomo un largo baño de agua caliente, sus músculos se relajaron y cayó en un profundo sueño.


Al día siguiente se despertó un poco tarde, llamo al servicio de habitación y pidió el almuerzo. Comió en la habitación mientras veía la televisión. Se encontró con un programa donde reportaban los conciertos de su banda amada. Se llenó de emoción y orgullo al ver todo lo logrado por ellos.
Busco en internet algunos lugares cerca del hotel para ir a visitar, se bañó y se vistió, salió del hotel y tomo el transporte público, visitó algunas plazas y se sorprendía a cada momento al ver tantas cosas increíbles, ese país parecía otro mundo, un mundo totalmente diferente al que ella vivía.
En algún momento su celular comenzó a sonar y se puso nerviosa, la pantalla decía el nombre que más amaba.
―Hola. ― Contestó.
―¿Cómo estás? Acabé el trabajo, ¿Lista para el tour?
―Bien… Si, lista. ― Respondió automáticamente.
―¿Dónde estás?
―Ummm, en una enorme plaza, cerca del hotel.
―Mándame tu ubicación, nos vemos en la entrada.
―Está bien.
Terminaron la llamada y ella hizo lo que le pidió, caminó hacia la entrada y en minutos estaba él ahí. Tomo aire profundo y subió.
―Hola. ― Saludo él.
―Hola. ― Sonrió. ― Terminaste temprano.
―No había mucho que hacer, te llevaré a un lugar que te encantará.
―Pues vamos.
Se sonrieron y platicaron, esta vez hablaron del país de donde ella venía, hablaron de varias cosas. Sus palabras no se terminaban, su plática no se detenía, se sentían cómodos.
Horas después llegaron a un lugar típico, lleno de tradición, con personas vistiendo kimonos. Caminaron, vieron, compraron, tomaron fotos, comieron y rieron. El tiempo estando juntos se pasaba rápido, no lo sentían. La pasaban tan bien que parecía que se conocían desde tiempo atrás. Con esa confianza.
Por la hora volvieron y pasaron a un restaurante a cenar, comieron delicioso y al final llegaron al hotel. Nuevamente tenían que despedirse.
―Nos vemos mañana a la misma hora.
―¿No hay problema?
―No, tengo poco trabajo estos días.
―Está bien, ¿Nos vemos aquí?
―Te llamaré y paso a donde estés.
―Bueno, ve con cuidado.
―Hasta mañana.
Ella entro al hotel y él se fue.


Así fueron los días, se veían diario, a la misma hora. Paseaban, iban a muchos lugares, tomaron muchas fotos y comieron muchas cosas deliciosas, los días iban pasando rápido hasta que el día último de estancia en Japón llego. Los dos lo sabían, pero no tocaban el tema.
Ese día era ya al atardecer, estaban en el lugar donde habían compartido comida por primera vez, viendo aquella vista enorme y grandiosa. Estaban recargados en el auto, sintiendo el aire rosar su piel.
―Japón es más hermoso de lo que imaginé.
―¿Lo crees?
―Mucho, me llevaste a lugares increíbles, gracias.
―Faltan muchos lugares que conocer…
―Lo sé.
―¿Volverás?
―En algunos años seguro que sí.
―¿Años?
―Viajar hasta aquí es muy caro. Debo trabajar mucho para poder permitírmelo nuevamente.
―¿Has pensado en venir a vivir aquí?
―Sí, muchas veces… Pero es lo mismo, es muy caro. ― Se rio.
Él se quedó callado, los días que había pasado con ella habían sido de los mejores, se había relajado mucho, se había distraído y sentido tranquilo. No quería que se fuera, ella le hacía bien… Y el solo pensar que ella se iba, ya no la vería y que los días que venían iban a ser llenos de trabajo lo estresaban. Había dejado mucho trabajo por pasarla con ella, no era que no tuviera trabajo, lo había dejado por ella y había valido totalmente la pena.
Tenía muchas cosas que decir, pero no se atrevía. No podía, quería como loco… Pero no podía hablar. Quería tenerla junto a él, abrazarla… Sentir su calidez, sentirla junto a él. Le había tomado mucho cariño en esos días, se había acostumbrado a ella, cosa que lamentablemente era un peligro, acostumbrarse a las personas es una manera de morir, porque cuando no estuvieran ya en tu vida se sufre. Una de las adicciones más peligrosas, él lo sabía y había caído por manera voluntaria.
Ya no la vería, quizá mantuvieran contacto por llamadas, pero él la necesitaba cerca, a su lado, quería tomarla de la mano… Y más que eso. Solo el infierno sabía lo difícil que era no tocarla, que era no verla, lo difícil que era no pensarla todo el maldito día.
Ya la necesitaba demasiado.
Y no sabía cómo decirlo exactamente, no sabía si decirlo era buena idea.
―¿A qué hora te vas mañana?
―Al medio día.
―Te llevaré.
―Gracias. ― Sonrió. ― Gracias por todo hyde.
―A ti, me la pasé muy bien.
La idea de irse le dolía, no quería. Si antes lo amaba ahora estaba hundida en el amor por él. ¿Cómo viviría desde ahora? Sin verlo, sin tenerlo cerca, sin esa sonrisa, sin esa voz en vivo… ¿Podría seguir con vida? No es que fuera exagerada, realmente así se sentía, alejarse de él sería como quitarle una parte de su alma.
Quería ser parte de su vida, quería ser parte de él, quería que él la amara, quería abrazarlo y besarlo, sentirlo y amarlo.
Quería muchas cosas, necesitaba muchas cosas.
Pero lo mejor era no hablar, ¿Cierto? Para no romper esa bonita amistad, para no romper esa maravillosa amistad.
―Hay un último lugar al que quiero llevarte.
―Claro, vamos.
Se subieron al auto y en silencio llegaron a su destino, ella veía muchos edificios y sin preguntar bajaron del auto, entraron a un edificio y subieron a un elevador, ella seguía sin decir nada, solo observaba. Bajaron y caminaron por un edificio, él abrió una puerta y entraron.
Era un departamento.
Ella vio todo con cuidado, todo estaba impecable, bien cuidado, con un diseño muy de la personalidad del dueño, con tesoros en forma de discos y revistas, papeles, fotografías…
―Hyde…
―Aquí vivo. ― Dijo él.
―Lo imaginé… Es un lugar grandioso.
―Siéntete en confianza, voy por algo para tomar.
Ella camino a la sala y vio todo más de cerca, era increíble todo, todo era un tesoro. Se había imaginado miles de veces que ella estaba en su departamento, pero nunca, ni esos días imagino que pasaría realmente.
Se sentó en un enorme sillón y él llego con dos copas y una botella de vino. Sirvió y tomaron un sorbo, en silencio observaban sus copas y veían todo menos sus ojos.
―Cuando vuelvas te llevaré a más lugares.
―Esa idea me gusta, vendré por más tiempo, prometido.
―Y esa idea me gusta. ― Dijo divertido.
―Eres un buen guía de turista.
―Me alegra, es la primera vez que lo hago.
―Pues te doy una A+.
―Me siento halagado. ― Se rieron.
Quedaron nuevamente en silencio. Estar ahí la tenía nerviosa pero a la vez le daba fuerzas para hacer algo de lo que quizá se arrepentiría, pero igual era mejor pedir perdón. Necesitaba hacerlo, aunque no sabía cómo, tampoco quería que el la odiara y dejara de ser su amiga… Maldita sea, mejor no, podía perder mucho.
―¿Me permites?
―¿Umm?
―Quiero hacer algo.
―Aah, claro. ― Sonrió.
Él se levantó e hizo que ella se levantara también, la tomo de la cintura y la acerco a él. Tomo su barbilla y la vio a los ojos, disfruto esa mirada nerviosa y tímida, ella estaba sonrojada y entonces la besó. Sintió esos labios suaves y cálidos junto a los suyos. Por primera vez, finalmente.
Estar siendo besada por él era de las cosas que tanto deseaba y anhelaba, ahora que estaba pasando su cuerpo estaba por traicionarla, sus piernas temblaban y su corazón latía a mil por hora, ¿Y si se desmayaba? No, no podía. Tenía que seguir disfrutando de esos labios, de ese momento.
―No puedo. ― Dijo en voz baja. ― No puedo, ni quiero detenerme.
―Hyde…
―Por favor, permíteme…
―Soy tuya. ― Dijo segura. ― Puedes hacer lo que quieras.
―Dios…
Susurro y la beso de manera más apasionada, más ansiosa y salvaje. Tomo su cintura y la pego a su cuerpo, sin dejar ningún centímetro de distancia, tenía que hacerla suya, tenía que sentirla, tenía que amarla. No podía estar más tiempo sin sentirla, sin demostrarle lo que significaba para él.
La ropa fue desapareciendo y cayeron los dos en la alfombra de la sala, besándose, acariciándose. Conociendo y explorando el cuerpo ajeno, amándose, necesitándose.
Una danza llena de sensaciones empezó y fue acompañada de música en forma de gemidos, sentirlo dentro, sentir como la hacía suya… Estremecía su cuerpo, su corazón y su alma, la tomaba de una manera tan anhelante, tan llena de deseo, tan llena de necesidad que sentía que nada en el mundo la amaba más que él, sentía que nada en el mundo la necesitaba más que él.
La estaba amando, amando con su cuerpo, con su alma, quería hacerle sentir que la necesitaba, que la ansiaba, quería que ella supiera que no podía estar sin ella. Estar dentro de esa mujer era de las cosas más maravillosas, sentir como se entregaba a él, como se estremecía por él, como gemía su nombre… Sentirla tan suya… Ella era suya, completamente suya.
―No quiero que te vayas. ― Confeso mientras la envestía. ― No te vayas…
―Hyde… Pero…
―Te necesito.
―Yo…
―Te necesito como loco, te quiero, estoy amándote…
Las envestidas acompañadas de cada palabra las hacían más fuertes, más intensas y quedaban más gravadas. Sus ojos eran sinceros, sus palabras lo eran también, ella podía sentir sus sentimientos, podía sentir esa necesidad, ese cariño.
―Eres todo para mí. ― Confeso ella.
―Quédate.
Otra intromisión, todo se volvía más fuerte, más entregado, más intenso, estaban llegando a un clímax que por primera vez experimentarían, estaban llenos de sentimientos guardados, de sentimientos que estaban siendo expresados después de tiempo. Eran sinceros, era claro que se necesitaban, que se querían. Que estaban hundidos el uno por el otro. ¿Por qué no arriesgarlo todo? Valdría cada minuto.
―Soy tuya hyde…
Gimieron su nombre y quedaron abrazados, sintiendo como sus respiraciones agitadas y sus corazones se iban calmando, él besaba su frente y acariciaba su espalda, ella se sentía amada, se sentía la más afortunada.
―Si eres mía entonces quédate, aquí, conmigo.
―Me quedaré aquí, contigo. ― Acepto.
―No quiero que te guste nadie más que yo, no puede gustarte nadie más que yo.
―Nadie. ― Sonrió. ― Ni gustar, ni querer, ni amar. Nadie.
―Yo estoy seguro que ahora solo existes tú, para mí… El destino te trajo para mí.
Él la abrazo fuerte, como si su vida dependiera de ello, ella había llegado en un momento inesperado, había estado ahí cuando más lo necesitaba, ella lo había escuchado atentamente, le había dado consejos, lo había hecho sentir libre de aquel peso que tanto lo estaba aplastando, él podía confiar en ella a ojos cerrados, él podía tener un día de mierda pero al verla todo se volvía maravilloso. Eso era porque esa mujer era para él, estaban destinados. Él lo sabía y no la dejaría ir después de encontrarla, sin buscarla, sin saber lo mucho que la necesitaba.
Ella era esa luz que en sueños buscaba.





2 comentarios:

  1. Hermosooooo ♥ podrías haberme avisado que este era el One que harías para mí, pero igual me encanta :'') lo leí otra vez y lo amo más *O* Graciaaas, te quiero Tsuuu ♥ ♥ ♥

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    1. Aasdfghgfd lo siento :'v

      Me alegra que te haya gustadooooooooo, lo hice con mucho cariño
      Te quiero *3*

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Un abrazo ♥