Ella había salido de un
concierto, del concierto de su banda favorita, la cual cumplía varios años, era
su aniversario y estaban en un recinto enorme, donde miles de fans se habían
reunido.
Esa experiencia había
sido mágica y extremadamente hermosa.
Para ir a ese concierto
tuvo ella que viajar miles de kilómetros y llegar a Japón, desde que había
subido al avión todo empezaba a ser maravilloso. Estar en ese país que tanto
amaba, que tanto admiraba era ya una magia, aún no conocía muchos lugares pues
estaba ahí desde un día antes del concierto.
Ahora que había pasado
ese maravilloso espectáculo estaba afuera del recinto, caminando sin rumbo,
quizá caminaba en círculos desde hacía algunos minutos o quizá era tan grande
el lugar que daba para caminar por varios minutos sin llegar al lugar de
partida.
Sus pasos no se
detenían, veía esos grandes postes con imágenes de sus ídolos, había ya tomado
miles de fotos y seguía tomando más, no importaba que se repitiera la toma,
quería tener muchas, muchas para ese recuerdo tan hermoso.
La noche estaba fría,
cada vez se veían menos fans y las luces iban apagándose, quizá ya era hora de
irse ella también, pero algo la detenía, quería quedarse un poco más. Solo un
poco…
Y lo hizo, se quedó
sentada, recargada en uno de los gigantes postes, viendo el cielo, viendo lo
que había frente a ella. Todo seguía viéndose como un sueño, un sueño del que
no quería despertar.
En esos minutos unos
pasos se escucharon pero hizo caso omiso, tal vez era un vigilante que en
segundos le diría que se tenía que retirar, soltó un suspiro y estaba por
levantarse cuando sintió como alguien se paraba a su lado, pero no le decía
nada, se quedó dónde estaba y volteo un poco a ver a la persona que estaba parada,
su mirada subió poco a poco hasta llegar a la cabeza.
No podía ver mucho, la
persona estaba con una sudadera con capucha, tal vez era una mujer o un hombre,
lo cierto era que estaba delgado y pequeño. Sonrío al recordar a su artista
favorito, era como esa persona, así de pequeño y misterioso. Volvió a suspirar
y ese suspiro rompió con el silencio que había.
―Dios, me asustaste.
Escucho la voz de esa persona y
volvió a verlo enseguida. Sus ojos se fijaron en ese rostro y quedó paralizada.
Ahora si estaba en un sueño, en un sueño real… Pero, ¿A qué hora se había
dormido? No recordaba haber llegado al hotel y caer en la cama. Quería
pellizcarse pero ni siquiera se podía mover. Ese sueño se sentía muy real… ¿O
era real lo que pasaba?
―Este será mi sueño favorito. ―
Dijo ella en voz baja.
―¿Disculpa?
―Sé que estoy soñando.
―¿Qué?
―Al menos en sueños puedo verte
así de cerca… Si es mi sueño puedo abrazarte, ¿No? Y no te molestarías.
―Sigues asustándome. ¿Estás
bien?
―Mejor que nunca.
―No lo parece.
―¿Por qué?
―Hablas de estar soñando cosa
que claramente no es así, esto es la vida real.
Tras esas palabras ella vio a
su alrededor, ¿Entonces no era un sueño? ¿Por eso no recordaba haber llegado a
su casa? Volvió la mirada a aquellos ojos y lo observo detenidamente, de verdad
no se parecía a un sueño, ese cosquilleo en el cuerpo y esos latidos tan
rápidos se lo confirmaban.
―Dios mío.
Se levantó enseguida y se tapó
la boca, era él. Realmente era él. Frente a ella, viéndola como si estuviese
loca.
―Eres… Tú… Dios mío.
―Ahora no puedes pronunciar
algo coherente.
―Es que… Oh dios, yo…
Sus lágrimas comenzaron a
salir, sin avisar y sin querer detenerse. Estaba frente a su mayor ídolo,
estaba frente a su mayor amor…
―Hyde…
―¿Estuviste en el concierto?
―Si…
―¿Por qué sigues aquí? Hace
horas que acabo.
―Es que… No sé, simplemente me
quedé.
―Es tarde y hace frío, debes ir
a casa.
―Si…
Tenía tantas cosas que decir,
tenía tantas cosas que quería expresarle, pero no podía… El shock en el que
estaba no la ayudaba en nada, maldita sea, su mente había quedado en blanco. Su
mente estaba solo con la imagen de él.
―Tu… ¿Tu qué haces aquí? ― Se
atrevió a preguntar.
―Pues, me quede dormido y vi la
hora, se supone que ya no debería haber nadie así que salí a tomar aire y
despejarme.
―¿Despejarte?
―Sí, son días de mucha presión…
De muchos recuerdos, encuentros, de todo.
Él se quedó callado, vio al
cielo y soltó un largo suspiro. Ese suspiro estaba cargado de cosas que él se
guardaba, que él escondía e hizo que el corazón de ella se estremeciera. Lo vio
esta vez sin nerviosismo y quiso saber todo aquello que le atormentaba, todo
aquello que guardaba para él mismo, quería quitarle ese peso de encima y verlo
sin esa expresión de tormento, de querer gritar y huir.
―Son días pesados.
―Y mucho. ― Suspiro. ―
Afortunadamente es el último día.
―Pero no es como si tuvieras
vacaciones, tienes trabajo con tu otra banda.
Él la vio con sorpresa, pero
después sonrió, aquella chica era claramente su fan así que era normal que
supiera de él y su trabajo. Al ver esos ojos brillosos por las lágrimas pudo
ver también curiosidad, preocupación, ternura y amor. Ver esa mirada le hizo
estremecer, se sintió de repente cálido, tranquilo y en confianza. Sensaciones
que no había sentido hace tiempo con alguien.
―Las vacaciones no son muy lo
mío.
―Lo sé. ― Ella sonrió. ―
Deberías estar descansando ahorita, trabajaste muy duro.
―Sí, aunque no tengo sueño…
Además, ya descansé hace un momento.
―Cierto.
―¿Vives aquí?
―No, vengo desde muy lejos.
―Dominas bien el idioma.
―Gracias, lo aprendí hace poco.
Se quedaron en silencio, los
dos veían al cielo, se lograban ver algunas estrellas y la luna, brillando y
dando un poco de luz a la oscuridad. Quizá lo mejor era que ella se fuera, que
se despidiera de ese sueño. Él estaba un poco tenso y debía descansar. Pero
quería quedarse y ayudarlo a relajarse, pero no quería ser impertinente.
―Creo que debo irme. ― Hablo.
―¿Crees? ¿O debes?
―Hmmm, debo, pero no quiero. ―
Susurro. ― Es tarde.
―¿Ya cenaste?
―Oh. ― Toco su estómago. ― No.
―Yo tampoco, vamos a cenar.
―¿Hablas enserio?
―¿Por qué crees que no?
―Tu, pidiéndole a una fan que
cene contigo…
―No es algo que haga
normalmente, pero… Contigo puedo.
―Yo encantada.
―Vamos.
Él caminó hacia el recinto y
ella lo siguió, caminaron uno al lado del otro. En silencio, un cómodo silencio,
un silencio que los arropaba y los hacía sentir tranquilos.
Caminaron por algunos pasillos
y llegaron a un camerino, donde entraron y ella observo como su artista tomaba
una mochila y metía algunas cosas. Después de eso salieron y caminaron hacia el
estacionamiento donde subieron al auto de él.
Estar tan cerca de ese hombre,
en un espacio tan pequeño, tan íntimo… La hizo sentir nerviosa, el auto olía a
un delicioso perfume, combinado con algún otro aroma delicioso. Todo estaba
limpio y acomodado, al encender el auto comenzó a sonar una canción tranquila
que rompió el silencio. Entraron a carretera y ella no se perdía nada de los
movimientos del conductor, manejaba de una manera tan cómoda, tan única, tan sensual
que la hacía quedar hechizada. En todo era perfecto.
Llegaron a un lugar donde
tomaban la orden desde el auto y te la daban enseguida. Comida rápida. Él pidió
muchas cosas y ella se sonrió encantada, no dijo nada y en minutos le paso una
bolsa de papel con la comida.
―Espero que te guste la comida
rápida, a estas horas es de los pocos lugares abiertos.
―Me encanta. ― Sonrió.
―Genial.
Volvieron a tomar carretera y
él manejo tranquilo, rato después llegaron a un lugar donde había una vista
grandiosa de la ciudad, bajaron y ella enseguida camino hacia adelante, para
ver mejor todo. Era maravilloso, tantos edificios, tantas luces, tantas
pantallas gigantes, tantas cosas…
―¿Te gusta?
―Es increíble.
―A veces vengo a estas horas, a
pensar, a no pensar… Solo a ver.
―Espero que no sea muy seguido
que vengas… Es muy solitario.
―Tal vez estos últimos años he
venido más que antes. ― Suspiro. ― Me gusta la tranquilidad de aquí.
Sacó la comida y la puso en el
cofre del coche, tomaron y comenzaron a comer, en silencio, viendo toda la
vista que tenían.
―¿Cuánto tiempo te quedarás?
―Dos semanas.
―¿Qué lugares has visitado?
―Umm, la verdad es que ninguno,
llegue antier.
―Ah, entonces apenas empezarás
el tour.
―Sí, ¿Qué lugares me
recomiendas?
―Puedo llevarte a algunos lugares,
claro que no todo el día por el trabajo.
―No quiero que ocupes tu tiempo
de descanso para un tour.
―Es mi tiempo libre y lo puedo
ocupar en lo que quiera, ¿No crees?
―¿Y si quieres descansar?
―Pues descanso.
―¿Y si no?
―Pues nos vemos y paseamos.
―¿De verdad?
―No te preocupes, es mi tiempo
libre y hago con él lo que quiera y me guste, si decido ocuparlo contigo lo
haré.
Esas palabras hicieron que su
corazón latiera más que antes, o quizá ya estaba sufriendo una taquicardia
peligrosa y en segundos moriría, porque así se sentía… Pero no podía morir, no
en ese momento, podía morir después de su estancia en Japón.
―Será maravilloso. ― Dijo
apenada.
Continuaron comiendo y
platicando de los lugares a donde irían, de las comidas que probarían y las
cosas que comprarían. Así se les fue el tiempo y terminaron la comida,
guardaron la basura y ella saco su celular para tomar algunas fotos del lugar,
él la observo con una ligera sonrisa.
Esa chica la hacía sentirse
como un niño, quería hacer muchas cosas y mostrarle los mejores lugares, tenía
ganas de correr, de gritar, de tomarla de la mano y jugar. Esa chica se veía
tan fresca y tan relajada que se lo transmitía con ella no tenía que ser serio,
que estar en constante presión, en constante apuro, con ella no tenía que
sentirse tenso, con ella era todo lo contrario.
Y le asustaba, apenas llevaban
unas horas de conocerse y le transmitía todo aquello… Quizá había ayudado el
que ella hubiera reaccionado de manera tan divertida cuando lo vio por primera
vez.
Aquello había sido tan
divertido que se reía por dentro y mucho. Eso lo había hecho sentirse tranquilo
y relajado después de tantos días.
―¿En qué hotel te quedas? Te
llevaré.
―Gracias.
Se sonrieron y subieron al
auto, en el camino ella le dijo la dirección del hotel y una hora después
llegaron.
―Toma, registra tu número.
Él le dio su celular y ella con
manos temblorosas marco su número y lo registro, él tomo su celular y se
aseguró de que ese fuera el correcto, segundos después el celular de ella sonó.
―Ese es el mío. Te llamaré.
―Gracias por el momento hyde,
la pase de maravilla.
―Yo también… Nos vemos. ― Él
sonrió.
Ella caminó al hotel y entro,
fue entonces que él arranco el auto y se fue. Llego a su habitación y se tumbó
en la cama, todo parecía un sueño creado por su mente, un sueño que jamás
superaría y olvidaría.
Estaba cansada pero la
adrenalina y emoción que experimentaba su cuerpo le quitaba el sueño. Se metió
a la ducha y tomo un largo baño de agua caliente, sus músculos se relajaron y
cayó en un profundo sueño.
Al día siguiente se despertó un
poco tarde, llamo al servicio de habitación y pidió el almuerzo. Comió en la
habitación mientras veía la televisión. Se encontró con un programa donde
reportaban los conciertos de su banda amada. Se llenó de emoción y orgullo al
ver todo lo logrado por ellos.
Busco en internet algunos
lugares cerca del hotel para ir a visitar, se bañó y se vistió, salió del hotel
y tomo el transporte público, visitó algunas plazas y se sorprendía a cada
momento al ver tantas cosas increíbles, ese país parecía otro mundo, un mundo
totalmente diferente al que ella vivía.
En algún momento su celular
comenzó a sonar y se puso nerviosa, la pantalla decía el nombre que más amaba.
―Hola. ― Contestó.
―¿Cómo estás? Acabé el trabajo,
¿Lista para el tour?
―Bien… Si, lista. ― Respondió
automáticamente.
―¿Dónde estás?
―Ummm, en una enorme plaza,
cerca del hotel.
―Mándame tu ubicación, nos
vemos en la entrada.
―Está bien.
Terminaron la llamada y ella
hizo lo que le pidió, caminó hacia la entrada y en minutos estaba él ahí. Tomo
aire profundo y subió.
―Hola. ― Saludo él.
―Hola. ― Sonrió. ― Terminaste
temprano.
―No había mucho que hacer, te
llevaré a un lugar que te encantará.
―Pues vamos.
Se sonrieron y platicaron, esta
vez hablaron del país de donde ella venía, hablaron de varias cosas. Sus
palabras no se terminaban, su plática no se detenía, se sentían cómodos.
Horas después llegaron a un
lugar típico, lleno de tradición, con personas vistiendo kimonos. Caminaron,
vieron, compraron, tomaron fotos, comieron y rieron. El tiempo estando juntos
se pasaba rápido, no lo sentían. La pasaban tan bien que parecía que se
conocían desde tiempo atrás. Con esa confianza.
Por la hora volvieron y pasaron
a un restaurante a cenar, comieron delicioso y al final llegaron al hotel.
Nuevamente tenían que despedirse.
―Nos vemos mañana a la misma
hora.
―¿No hay problema?
―No, tengo poco trabajo estos
días.
―Está bien, ¿Nos vemos aquí?
―Te llamaré y paso a donde
estés.
―Bueno, ve con cuidado.
―Hasta mañana.
Ella entro al hotel y él se
fue.
Así fueron los días, se veían
diario, a la misma hora. Paseaban, iban a muchos lugares, tomaron muchas fotos
y comieron muchas cosas deliciosas, los días iban pasando rápido hasta que el
día último de estancia en Japón llego. Los dos lo sabían, pero no tocaban el
tema.
Ese día era ya al atardecer,
estaban en el lugar donde habían compartido comida por primera vez, viendo
aquella vista enorme y grandiosa. Estaban recargados en el auto, sintiendo el
aire rosar su piel.
―Japón es más hermoso de lo que
imaginé.
―¿Lo crees?
―Mucho, me llevaste a lugares
increíbles, gracias.
―Faltan muchos lugares que
conocer…
―Lo sé.
―¿Volverás?
―En algunos años seguro que sí.
―¿Años?
―Viajar hasta aquí es muy caro.
Debo trabajar mucho para poder permitírmelo nuevamente.
―¿Has pensado en venir a vivir
aquí?
―Sí, muchas veces… Pero es lo
mismo, es muy caro. ― Se rio.
Él se quedó callado, los días
que había pasado con ella habían sido de los mejores, se había relajado mucho,
se había distraído y sentido tranquilo. No quería que se fuera, ella le hacía
bien… Y el solo pensar que ella se iba, ya no la vería y que los días que
venían iban a ser llenos de trabajo lo estresaban. Había dejado mucho trabajo
por pasarla con ella, no era que no tuviera trabajo, lo había dejado por ella y
había valido totalmente la pena.
Tenía muchas cosas que decir,
pero no se atrevía. No podía, quería como loco… Pero no podía hablar. Quería
tenerla junto a él, abrazarla… Sentir su calidez, sentirla junto a él. Le había
tomado mucho cariño en esos días, se había acostumbrado a ella, cosa que
lamentablemente era un peligro, acostumbrarse a las personas es una manera de
morir, porque cuando no estuvieran ya en tu vida se sufre. Una de las
adicciones más peligrosas, él lo sabía y había caído por manera voluntaria.
Ya no la vería, quizá
mantuvieran contacto por llamadas, pero él la necesitaba cerca, a su lado,
quería tomarla de la mano… Y más que eso. Solo el infierno sabía lo difícil que
era no tocarla, que era no verla, lo difícil que era no pensarla todo el
maldito día.
Ya la necesitaba demasiado.
Y no sabía cómo decirlo
exactamente, no sabía si decirlo era buena idea.
―¿A qué hora te vas mañana?
―Al medio día.
―Te llevaré.
―Gracias. ― Sonrió. ― Gracias
por todo hyde.
―A ti, me la pasé muy bien.
La idea de irse le dolía, no
quería. Si antes lo amaba ahora estaba hundida en el amor por él. ¿Cómo viviría
desde ahora? Sin verlo, sin tenerlo cerca, sin esa sonrisa, sin esa voz en
vivo… ¿Podría seguir con vida? No es que fuera exagerada, realmente así se
sentía, alejarse de él sería como quitarle una parte de su alma.
Quería ser parte de su vida,
quería ser parte de él, quería que él la amara, quería abrazarlo y besarlo,
sentirlo y amarlo.
Quería muchas cosas, necesitaba
muchas cosas.
Pero lo mejor era no hablar,
¿Cierto? Para no romper esa bonita amistad, para no romper esa maravillosa
amistad.
―Hay un último lugar al que
quiero llevarte.
―Claro, vamos.
Se subieron al auto y en
silencio llegaron a su destino, ella veía muchos edificios y sin preguntar
bajaron del auto, entraron a un edificio y subieron a un elevador, ella seguía
sin decir nada, solo observaba. Bajaron y caminaron por un edificio, él abrió
una puerta y entraron.
Era un departamento.
Ella vio todo con cuidado, todo
estaba impecable, bien cuidado, con un diseño muy de la personalidad del dueño,
con tesoros en forma de discos y revistas, papeles, fotografías…
―Hyde…
―Aquí vivo. ― Dijo él.
―Lo imaginé… Es un lugar
grandioso.
―Siéntete en confianza, voy por
algo para tomar.
Ella camino a la sala y vio
todo más de cerca, era increíble todo, todo era un tesoro. Se había imaginado
miles de veces que ella estaba en su departamento, pero nunca, ni esos días
imagino que pasaría realmente.
Se sentó en un enorme sillón y
él llego con dos copas y una botella de vino. Sirvió y tomaron un sorbo, en
silencio observaban sus copas y veían todo menos sus ojos.
―Cuando vuelvas te llevaré a
más lugares.
―Esa idea me gusta, vendré por
más tiempo, prometido.
―Y esa idea me gusta. ― Dijo divertido.
―Eres un buen guía de turista.
―Me alegra, es la primera vez
que lo hago.
―Pues te doy una A+.
―Me siento halagado. ― Se
rieron.
Quedaron nuevamente en
silencio. Estar ahí la tenía nerviosa pero a la vez le daba fuerzas para hacer
algo de lo que quizá se arrepentiría, pero igual era mejor pedir perdón.
Necesitaba hacerlo, aunque no sabía cómo, tampoco quería que el la odiara y
dejara de ser su amiga… Maldita sea, mejor no, podía perder mucho.
―¿Me permites?
―¿Umm?
―Quiero hacer algo.
―Aah, claro. ― Sonrió.
Él se levantó e hizo que ella
se levantara también, la tomo de la cintura y la acerco a él. Tomo su barbilla
y la vio a los ojos, disfruto esa mirada nerviosa y tímida, ella estaba
sonrojada y entonces la besó. Sintió esos labios suaves y cálidos junto a los
suyos. Por primera vez, finalmente.
Estar siendo besada por él era
de las cosas que tanto deseaba y anhelaba, ahora que estaba pasando su cuerpo
estaba por traicionarla, sus piernas temblaban y su corazón latía a mil por
hora, ¿Y si se desmayaba? No, no podía. Tenía que seguir disfrutando de esos
labios, de ese momento.
―No puedo. ― Dijo en voz baja. ―
No puedo, ni quiero detenerme.
―Hyde…
―Por favor, permíteme…
―Soy tuya. ― Dijo segura. ― Puedes
hacer lo que quieras.
―Dios…
Susurro y la beso de manera más
apasionada, más ansiosa y salvaje. Tomo su cintura y la pego a su cuerpo, sin
dejar ningún centímetro de distancia, tenía que hacerla suya, tenía que
sentirla, tenía que amarla. No podía estar más tiempo sin sentirla, sin
demostrarle lo que significaba para él.
La ropa fue desapareciendo y
cayeron los dos en la alfombra de la sala, besándose, acariciándose. Conociendo
y explorando el cuerpo ajeno, amándose, necesitándose.
Una danza llena de sensaciones
empezó y fue acompañada de música en forma de gemidos, sentirlo dentro, sentir
como la hacía suya… Estremecía su cuerpo, su corazón y su alma, la tomaba de
una manera tan anhelante, tan llena de deseo, tan llena de necesidad que sentía
que nada en el mundo la amaba más que él, sentía que nada en el mundo la
necesitaba más que él.
La estaba amando, amando con su
cuerpo, con su alma, quería hacerle sentir que la necesitaba, que la ansiaba,
quería que ella supiera que no podía estar sin ella. Estar dentro de esa mujer
era de las cosas más maravillosas, sentir como se entregaba a él, como se
estremecía por él, como gemía su nombre… Sentirla tan suya… Ella era suya,
completamente suya.
―No quiero que te vayas. ―
Confeso mientras la envestía. ― No te vayas…
―Hyde… Pero…
―Te necesito.
―Yo…
―Te necesito como loco, te
quiero, estoy amándote…
Las envestidas acompañadas de
cada palabra las hacían más fuertes, más intensas y quedaban más gravadas. Sus
ojos eran sinceros, sus palabras lo eran también, ella podía sentir sus
sentimientos, podía sentir esa necesidad, ese cariño.
―Eres todo para mí. ― Confeso
ella.
―Quédate.
Otra intromisión, todo se
volvía más fuerte, más entregado, más intenso, estaban llegando a un clímax que
por primera vez experimentarían, estaban llenos de sentimientos guardados, de
sentimientos que estaban siendo expresados después de tiempo. Eran sinceros,
era claro que se necesitaban, que se querían. Que estaban hundidos el uno por
el otro. ¿Por qué no arriesgarlo todo? Valdría cada minuto.
―Soy tuya hyde…
Gimieron su nombre y quedaron
abrazados, sintiendo como sus respiraciones agitadas y sus corazones se iban
calmando, él besaba su frente y acariciaba su espalda, ella se sentía amada, se
sentía la más afortunada.
―Si eres mía entonces quédate,
aquí, conmigo.
―Me quedaré aquí, contigo. ―
Acepto.
―No quiero que te guste nadie
más que yo, no puede gustarte nadie más que yo.
―Nadie. ― Sonrió. ― Ni gustar,
ni querer, ni amar. Nadie.
―Yo estoy seguro que ahora solo
existes tú, para mí… El destino te trajo para mí.
Él la abrazo fuerte, como si su
vida dependiera de ello, ella había llegado en un momento inesperado, había
estado ahí cuando más lo necesitaba, ella lo había escuchado atentamente, le
había dado consejos, lo había hecho sentir libre de aquel peso que tanto lo
estaba aplastando, él podía confiar en ella a ojos cerrados, él podía tener un
día de mierda pero al verla todo se volvía maravilloso. Eso era porque esa
mujer era para él, estaban destinados. Él lo sabía y no la dejaría ir después
de encontrarla, sin buscarla, sin saber lo mucho que la necesitaba.
Ella era esa luz que en sueños
buscaba.
Hermosooooo ♥ podrías haberme avisado que este era el One que harías para mí, pero igual me encanta :'') lo leí otra vez y lo amo más *O* Graciaaas, te quiero Tsuuu ♥ ♥ ♥
ResponderBorrarAasdfghgfd lo siento :'v
BorrarMe alegra que te haya gustadooooooooo, lo hice con mucho cariño
Te quiero *3*