Epilogo
Estamos a minutos de
empezar el concierto. Arlet me está maquillando y yo tranquilamente estoy con
los ojos cerrados, dejando que ella se encargue de todo. Me relajo un poco,
dormito y mi piel se eriza cuando las manos de mi novia tocan un poco de mi
piel, o juega con mi cabello. Es una sensación demasiado agradable. Suelto un
suspiro y sonrío por dentro.
De camino aquí
estuvimos tomados de la mano, en silencio. Un cómodo silencio. Un silencio
donde nuestros sentimientos hablaban entre ellos y nos acogían, nos hacían
sentir calidez.
―… Sí, ya
de durmió. ― Escucho a mis amigos reír.
―Los
escucho perfectamente.
―Desde que
Arlet te maquilla y todo te volviste flojo.
―Solo me
dejo consentir.
―De por si
eres como un niño. ― Suspira Kaz.
―Un niño
muy viejo.
―Oigan,
tenemos casi la misma edad, malditos.
―La única
joven es Arlet.
―Según yo
los vampiros no envejecen. ― Responde ella. ― Así que todos somos jóvenes.
―Esta chica
me encanta.
―Cuidado
que es mi novia. ― Me quejo.
―Si si,
cuidado con la novia del jefe.
Todos se
ríen y me voy a sentar a un sillón con mi novia, me acuesto y pongo mi cabeza
en sus piernas, ella me acaricia y nos vemos a los ojos, pasa sus dedos por mi
rostro y pasa por mis labios, tomo uno de sus dedos en mi boca y los muerdo
ligeramente, me da un ligero golpe en el pecho y me río.
―Terminando
aquí vayamos a casa a cenar.
―¿No vamos
a ir a festejar?. ― Pregunta ella.
―¿Quieres
ir?
―Es una
tradición.
―Vayamos
por un rato entonces.
Asiente y beso
sus manos. Cierro los ojos nuevamente y ella me acaricia. La verdad, ya no me
imagino ni un momento sin ella, no me puedo ver en el futuro sin ella, no me
visualizo ni solo, ni mucho menos con alguien más. Siempre está ella, siempre
quiero que esté ella. Porque el amor que siento es mucho, es más de lo que yo
mismo puedo saber y no sé si ella lo sepa, no sé si ella sepa la magnitud de mi
amor.
Duele
pensar que ella me deje de amar y si llegase a pasar mi amor estaría para los
dos, mi amor sería suficiente para ella y haría que me amara de nuevo, la
enamoraría otra vez. Porque ella no puede estar con nadie más, no puede, porque
duele pensarlo, duele imaginarlo.
A veces,
hasta yo mismo me asusto de todo lo que siento, de lo que experimento, porque
esto no lo había sentido a tal grado y me da miedo dañarla por no saber cómo
manejarlo, ¿Se puede dañar por amar? Seguramente sí, y no quiero hacerlo. Ella
es demasiado hermosa para ser lastimada, sé que la he dañado ya por mis
acciones que no medí, y me reprendo por hacerlo, esa mujer no merece daños ni cicatrices.
―Es hora. ―
Nos avisa Eiji.
Me levanto
y mi novia me acomoda el cabello, la tomo de la cintura y la pego a mi cuerpo.
Nos damos un beso profundo, lleno de entrega y de anhelo. Me gusta sentir como
se entrega a mí, como me deja todo de ella.
―Estaré
gritando mucho. ― Dice terminando el beso.
―Bailaré
para ti.
Salimos del
camerino tomados de la mano y finalmente ella se va al área de staff y yo me
quedo con la banda. En segundos subimos y los fans estallan en gritos, mi
corazón retumba y la música comienza.
Nuestro
último concierto termina, todo fue un éxito, de inicio a fin. Para celebrar
vamos a una fiesta hecha por el staff. Eiji nos lleva y nosotros vamos
descansando un poco.
Cuando
llegamos hay amigos cantantes, personas de confianza del staff y nos saludamos,
las bebidas salen a atacarnos y en minutos ya todos tenemos copa en mano. Comenzamos
a beber, otros a comer de lo que hay, otros a tomar compañía y a meterse cosas.
―Ahora sí,
un poco de descanso para todos.
―Ya lo
necesitaba. ― Suspira Kaz. ― No saldré de mi cama.
―Si te
creo. ― Me río.
―Ni tu
saldrás. ― Insinúa.
―Oye…
―Teniendo
novia es claro que no. ― Comenta el bajista.
―Respeten,
pervertidos. ― Me quejo.
―Son tan locos.
― Se ríe Arlet. ― Los quiero.
―Nosotros a
ti.
―Ya, soy
celoso.
―A ti te
amo. ― Me dice sonriente. ― Dame un beso.
―No lo
tienes que pedir dos veces.
Tomo su
barbilla y la beso, disfruto sus labios lentamente, poco a poco me apodero de
ellos y los hago míos.
―¿Y si nos
vamos a casa?. ― Pregunto.
―Un rato
más. ― Dice divertida. ― Acabamos de llegar, no seas maleducado.
―Ummm. ―
Suspiro resignado.
Hablamos de
cosas sin importancia y mis amigos empiezan a contar cosas que nos ponen a reír
sin parar.
Un par de
horas después nos vamos a casa, cuando llegamos prendo la chimenea, hace un
poco de frío. Mi novia fue a la cocina por unos platos, compramos comida en el
camino ya que teníamos hambre.
―¿Qué
tienes planeado para estos días?
―Estar
aquí, contigo. ― Le respondo.
―¿Estaremos
encerrados?
―Estaremos
encerrados y cuando quieras salir a algún lugar vamos, tu solo pide y te daré.
―Que
tentador suena eso.
―Es el
punto.
Contesto
encantado, ella está sentada en el piso así que hago que se acueste. Me pongo
encima de ella y ataco sus labios.
―Cariño… La
cena…
―Puede
esperar.
―Siempre
hacemos lo mismo. ― Dice riendo. ― Dejamos la comida aun muriendo de hambre.
―Tu eres mi
comida preferida.
―No es
bueno tomar sin comer…
―He
aguantado desde la tarde. ― Susurro en su oído. ― Ya no puedo más.
Tomo una de
sus manos y la coloco en mi entrepierna, la cual ha estado despierta desde hace
horas. Hago que lo apriete y cierro los ojos como reacción de alivio.
―Te
necesito.
Le digo
viéndola a los ojos y ella muerde sus labios. Me acerca a ella y nos volvemos a
besar, esta vez con muchas ansias, con mucho deseo y anhelo. Aún arriba de ella
me quito la playera y ella desabrocha mi pantalón, le quito la blusa y el
sostén. Admiro su piel y llevo mis labios a sus senos, los empiezo a lamer, a
chupar. Los juego con mi lengua, los hago míos, bajo una de mis manos a su
entrepierna y me meto hasta tocar su calidez, su cuerpo comienza a retorcerse
por las sensaciones y sonrío.
Hago un
poco de tortura y ella jadea pero decide que es su turno así que toma mi
erección con una de sus manos y la aprieta. Gruño y damos vuelta, ahora ella
está arriba de mí, me quita el pantalón y me quedo desnudo.
Juega con
mi dureza, la observa y acaricia, arriba, abajo. Comienza a dar besos en la punta
y suspiro. Cierro los ojos y enseguida siento su boca cálida, arropándome y
llevándome a algún cielo. Me succiona, me rosa, me lame, me aprieta. Jadeo,
tomo su cabeza y mis dedos se enredan en su cabello, me deja que marque un poco
de movimiento y muevo mi cadera. Santo infierno…
―Cariño…―
Suspiro.
Abro los
ojos y ella me ve, poderosa en esa posición. Teniendo el control de mí,
haciéndome su esclavo, su víctima, posición que yo he querido por voluntad
propia.
Mis ojos se
cierran cuando no aguanto más y me dejo ir, en su boca. Sintiendo un espasmo de
electricidad en mi cuerpo. Su boca me deja y la logro observar relamiéndose los
labios, con esa mirada llena de placer.
La acuesto
y la desnudo, ahora hago que ella enloquezca y sin avisar ni esperar entro en
ella. De una sola estocada. Ella gime y encaja las uñas en mi piel, muerde mi
cuello y gruño. Comienzo a moverme, lento para enloquecerla, para que me pida
más y grite por mí.
―Muévete…―
Exige.
―Me estoy
moviendo.
―Más… Más.
Muerde el
lóbulo de mi oreja y muevo mi cadera más rápido. Sus piernas se aferran a mi
cadera y mi excitación sube, me vuelvo más salvaje, más rudo y mis movimientos
lo demuestran. La volteo y la dejo de espalda. Tomo su cadera y envisto con
fuerza, la hago gritar, la hago gemir mi nombre. Los dos sudamos, los dos
sentimos.
Estar
dentro de ella es de mis sensaciones favoritas, ella está hecha a mi medida,
ella está hecha justo para mí. Su calidez me invade, me aprieta y me anhela.
La pongo en
varias posiciones más, ella se deja hacer, se deja llevar. Se entrega
ciegamente a mí, deja que me adueñe de su cuerpo y no paramos hasta que los dos
llegamos al choque eléctrico.
Nos ponemos
a descansar entre abrazos y besos. Observo el fuego de la chimenea, las llamas
moviéndose, la leña crujir. Nosotros aquí, amándonos, abrazados…
―Te amo. ―
Rompo nuestro silencio. ― Si hubiera un deseo pediría que nunca me alejaran de
ti, que estuviésemos siempre juntos.
―Concedido.
― Responde tocando mi nariz. ― Te amo hyde y eso durara para siempre.
Abrazo
fuerte a mi novia y suspiro. Daré todo lo que sea necesario para que estemos
siempre juntos.
―Cariño,
¿Ahora si podemos comer?. ―
―Tonto. ―
Escucho su hermosa risa. ― Iré a calentar la comida.
Se pone mi
saco y toma la comida, va a la cocina y me siento. Me pongo el pantalón y
suspiro. Todo se siente como un sueño, un sueño donde todo es perfecto…
Como esta
noche. Como ella, como ella y yo juntos... Así de perfecto.
―¡Está
listo!. ― Grita desde la cocina y sonrío.
―¡Voy!
Me levanto
del sillón y camino hacia ella, hacia la mujer de mi vida.

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