jueves, 4 de mayo de 2017

Glass Dama



Epilogo


Estamos a minutos de empezar el concierto. Arlet me está maquillando y yo tranquilamente estoy con los ojos cerrados, dejando que ella se encargue de todo. Me relajo un poco, dormito y mi piel se eriza cuando las manos de mi novia tocan un poco de mi piel, o juega con mi cabello. Es una sensación demasiado agradable. Suelto un suspiro y sonrío por dentro.
De camino aquí estuvimos tomados de la mano, en silencio. Un cómodo silencio. Un silencio donde nuestros sentimientos hablaban entre ellos y nos acogían, nos hacían sentir calidez.
―… Sí, ya de durmió. ― Escucho a mis amigos reír.
―Los escucho perfectamente.
―Desde que Arlet te maquilla y todo te volviste flojo.
―Solo me dejo consentir.
―De por si eres como un niño. ― Suspira Kaz.
―Un niño muy viejo.
―Oigan, tenemos casi la misma edad, malditos.
―La única joven es Arlet.
―Según yo los vampiros no envejecen. ― Responde ella. ― Así que todos somos jóvenes.
―Esta chica me encanta.
―Cuidado que es mi novia. ― Me quejo.
―Si si, cuidado con la novia del jefe.
Todos se ríen y me voy a sentar a un sillón con mi novia, me acuesto y pongo mi cabeza en sus piernas, ella me acaricia y nos vemos a los ojos, pasa sus dedos por mi rostro y pasa por mis labios, tomo uno de sus dedos en mi boca y los muerdo ligeramente, me da un ligero golpe en el pecho y me río.
―Terminando aquí vayamos a casa a cenar.
―¿No vamos a ir a festejar?. ― Pregunta ella.
―¿Quieres ir?
―Es una tradición.
―Vayamos por un rato entonces.
Asiente y beso sus manos. Cierro los ojos nuevamente y ella me acaricia. La verdad, ya no me imagino ni un momento sin ella, no me puedo ver en el futuro sin ella, no me visualizo ni solo, ni mucho menos con alguien más. Siempre está ella, siempre quiero que esté ella. Porque el amor que siento es mucho, es más de lo que yo mismo puedo saber y no sé si ella lo sepa, no sé si ella sepa la magnitud de mi amor.
Duele pensar que ella me deje de amar y si llegase a pasar mi amor estaría para los dos, mi amor sería suficiente para ella y haría que me amara de nuevo, la enamoraría otra vez. Porque ella no puede estar con nadie más, no puede, porque duele pensarlo, duele imaginarlo.
A veces, hasta yo mismo me asusto de todo lo que siento, de lo que experimento, porque esto no lo había sentido a tal grado y me da miedo dañarla por no saber cómo manejarlo, ¿Se puede dañar por amar? Seguramente sí, y no quiero hacerlo. Ella es demasiado hermosa para ser lastimada, sé que la he dañado ya por mis acciones que no medí, y me reprendo por hacerlo, esa mujer no merece daños ni cicatrices.
―Es hora. ― Nos avisa Eiji.
Me levanto y mi novia me acomoda el cabello, la tomo de la cintura y la pego a mi cuerpo. Nos damos un beso profundo, lleno de entrega y de anhelo. Me gusta sentir como se entrega a mí, como me deja todo de ella.
―Estaré gritando mucho. ― Dice terminando el beso.
―Bailaré para ti.
Salimos del camerino tomados de la mano y finalmente ella se va al área de staff y yo me quedo con la banda. En segundos subimos y los fans estallan en gritos, mi corazón retumba y la música comienza.


Nuestro último concierto termina, todo fue un éxito, de inicio a fin. Para celebrar vamos a una fiesta hecha por el staff. Eiji nos lleva y nosotros vamos descansando un poco.
Cuando llegamos hay amigos cantantes, personas de confianza del staff y nos saludamos, las bebidas salen a atacarnos y en minutos ya todos tenemos copa en mano. Comenzamos a beber, otros a comer de lo que hay, otros a tomar compañía y a meterse cosas.
―Ahora sí, un poco de descanso para todos.
―Ya lo necesitaba. ― Suspira Kaz. ― No saldré de mi cama.
―Si te creo. ― Me río.
―Ni tu saldrás. ― Insinúa.
―Oye…
―Teniendo novia es claro que no. ― Comenta el bajista.
―Respeten, pervertidos. ― Me quejo.
―Son tan locos. ― Se ríe Arlet. ― Los quiero.
―Nosotros a ti.
―Ya, soy celoso.
―A ti te amo. ― Me dice sonriente. ― Dame un beso.
―No lo tienes que pedir dos veces.
Tomo su barbilla y la beso, disfruto sus labios lentamente, poco a poco me apodero de ellos y los hago míos.
―¿Y si nos vamos a casa?. ― Pregunto.
―Un rato más. ― Dice divertida. ― Acabamos de llegar, no seas maleducado.
―Ummm. ― Suspiro resignado.
Hablamos de cosas sin importancia y mis amigos empiezan a contar cosas que nos ponen a reír sin parar.


Un par de horas después nos vamos a casa, cuando llegamos prendo la chimenea, hace un poco de frío. Mi novia fue a la cocina por unos platos, compramos comida en el camino ya que teníamos hambre.
―¿Qué tienes planeado para estos días?
―Estar aquí, contigo. ― Le respondo.
―¿Estaremos encerrados?
―Estaremos encerrados y cuando quieras salir a algún lugar vamos, tu solo pide y te daré.
―Que tentador suena eso.
―Es el punto.
Contesto encantado, ella está sentada en el piso así que hago que se acueste. Me pongo encima de ella y ataco sus labios.
―Cariño… La cena…
―Puede esperar.
―Siempre hacemos lo mismo. ― Dice riendo. ― Dejamos la comida aun muriendo de hambre.
―Tu eres mi comida preferida.
―No es bueno tomar sin comer…
―He aguantado desde la tarde. ― Susurro en su oído. ― Ya no puedo más.
Tomo una de sus manos y la coloco en mi entrepierna, la cual ha estado despierta desde hace horas. Hago que lo apriete y cierro los ojos como reacción de alivio.
―Te necesito.
Le digo viéndola a los ojos y ella muerde sus labios. Me acerca a ella y nos volvemos a besar, esta vez con muchas ansias, con mucho deseo y anhelo. Aún arriba de ella me quito la playera y ella desabrocha mi pantalón, le quito la blusa y el sostén. Admiro su piel y llevo mis labios a sus senos, los empiezo a lamer, a chupar. Los juego con mi lengua, los hago míos, bajo una de mis manos a su entrepierna y me meto hasta tocar su calidez, su cuerpo comienza a retorcerse por las sensaciones y sonrío.
Hago un poco de tortura y ella jadea pero decide que es su turno así que toma mi erección con una de sus manos y la aprieta. Gruño y damos vuelta, ahora ella está arriba de mí, me quita el pantalón y me quedo desnudo.
Juega con mi dureza, la observa y acaricia, arriba, abajo. Comienza a dar besos en la punta y suspiro. Cierro los ojos y enseguida siento su boca cálida, arropándome y llevándome a algún cielo. Me succiona, me rosa, me lame, me aprieta. Jadeo, tomo su cabeza y mis dedos se enredan en su cabello, me deja que marque un poco de movimiento y muevo mi cadera. Santo infierno…
―Cariño…― Suspiro.
Abro los ojos y ella me ve, poderosa en esa posición. Teniendo el control de mí, haciéndome su esclavo, su víctima, posición que yo he querido por voluntad propia.
Mis ojos se cierran cuando no aguanto más y me dejo ir, en su boca. Sintiendo un espasmo de electricidad en mi cuerpo. Su boca me deja y la logro observar relamiéndose los labios, con esa mirada llena de placer.
La acuesto y la desnudo, ahora hago que ella enloquezca y sin avisar ni esperar entro en ella. De una sola estocada. Ella gime y encaja las uñas en mi piel, muerde mi cuello y gruño. Comienzo a moverme, lento para enloquecerla, para que me pida más y grite por mí.
―Muévete…― Exige.
―Me estoy moviendo.
―Más… Más.
Muerde el lóbulo de mi oreja y muevo mi cadera más rápido. Sus piernas se aferran a mi cadera y mi excitación sube, me vuelvo más salvaje, más rudo y mis movimientos lo demuestran. La volteo y la dejo de espalda. Tomo su cadera y envisto con fuerza, la hago gritar, la hago gemir mi nombre. Los dos sudamos, los dos sentimos.
Estar dentro de ella es de mis sensaciones favoritas, ella está hecha a mi medida, ella está hecha justo para mí. Su calidez me invade, me aprieta y me anhela.
La pongo en varias posiciones más, ella se deja hacer, se deja llevar. Se entrega ciegamente a mí, deja que me adueñe de su cuerpo y no paramos hasta que los dos llegamos al choque eléctrico.
Nos ponemos a descansar entre abrazos y besos. Observo el fuego de la chimenea, las llamas moviéndose, la leña crujir. Nosotros aquí, amándonos, abrazados…
―Te amo. ― Rompo nuestro silencio. ― Si hubiera un deseo pediría que nunca me alejaran de ti, que estuviésemos siempre juntos.
―Concedido. ― Responde tocando mi nariz. ― Te amo hyde y eso durara para siempre.
Abrazo fuerte a mi novia y suspiro. Daré todo lo que sea necesario para que estemos siempre juntos.
―Cariño, ¿Ahora si podemos comer?. ―
―Tonto. ― Escucho su hermosa risa. ― Iré a calentar la comida.
Se pone mi saco y toma la comida, va a la cocina y me siento. Me pongo el pantalón y suspiro. Todo se siente como un sueño, un sueño donde todo es perfecto…
Como esta noche. Como ella, como ella y yo juntos... Así de perfecto.
―¡Está listo!. ― Grita desde la cocina y sonrío.
―¡Voy!
Me levanto del sillón y camino hacia ella, hacia la mujer de mi vida.





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