Capítulo 23 Elige
Ya pasaron tres días
desde que le conté todo a Arlet, ha estado un poco más tranquila pero aún ve
mal a Sora, no la culpo ni reprocho, si yo estuviera en su lugar creo que me
habría pedido que la corriera. Y estuve por hacerlo, pero no toda la culpa es
de ella.
Suelto un suspiro.
Estamos prácticamente en la final de la gira, después de eso tenemos unas
pequeñas vacaciones que la verdad necesito, el estrés puede acabar conmigo en
este momento.
―Oye hyde,
¿Y Arlet?
―Umm, se
quedó en casa, quería dormir más.
―¿Vendrá
más tarde?
―No creo,
hoy no tenía muchas ganas de salir, ¿Por qué?
―Íbamos a
ir de compras en la semana.
―¿Por qué
vas tú de compras con mi novia?
―Es mi
amiga. ― Se queja Kaz.
―Sales más
tú con ella que yo.
―Yo no fui
el que la hizo enojar.
―Deberías
ser solidario con tu amigo.
―Debería…
Pero mi amigo es un idiota.
No puedo
evitar reírme y le doy la razón. Vuelvo a suspirar y retomo mi trabajo, me
gusta que mi novia y mi mejor amigo se lleven bien, me siento cómodo porque así
podemos salir los tres y pasarla muy bien. Si no estoy yo para cuidarla mi
confianza total se queda en Kaz para que lo lleve a cabo.
Paso
algunas horas trabajando en el estudio, revisando unos documentos, leyendo,
firmando, aceptando, rechazando, conociendo y volviendo a repasar. Mis amigos
se fueron hace rato así que solo estoy yo, con algunas personas del staff.
―Te traje
un poco de cerveza. ― Escucho la voz de Sora y la veo frente a mí.
―¿Qué haces
aquí?
―Pasaba por
estos lados y te vi, así que te traje algo de tomar.
―Pues
gracias.
―¿Sigues
molesto?
―¿Contigo?
―Si.
―Estoy
desilusionado, no molesto.
―¿Y eso por
qué?
―Pensé que
nuestra amistad era buena, que tu habías comprendido bien esa relación, pero no
fue así.
―Yo
entiendo bien…
―No es
verdad, si fuera así no te habrías portado como lo hiciste con Arlet.
―Pero ella…
―Te lo he
dicho ya, ella. Ella es mi novia y nadie está antes que ella.
―Pero hyde,
ella es la que empieza todo, me provoca.
―No es así.
― Niego. ― Ella ve tus intenciones Sora, Arlet solo cuida lo que es suyo. ― Me
señalo. ― Sus celos son bien fundamentados.
―Está loca.
―Como si tú
no fueras celosa. ― Me río. ― Lo eres, por eso mismo actúas así, por celos.
―Estábamos
bien antes de que ella llegara.
―Claro que
no, yo no estoy bien si Arlet no está conmigo.
―De verdad
quiero ser tu amiga.
―Tú lo
jodiste todo.
―Dame una
última oportunidad.
―No será.
Me levanto
del escritorio y camino a un mueble para dejar los papeles, ella se queda en su
lugar, observándome en silencio. Ella y yo pudimos llegar a ser buenos amigos,
pero lamentablemente no comprendió lo que era nuestra amistad.
―Por favor.
―Cuídate
Sora.
Salgo de la
oficina y camino hacía mi auto, manejo escuchando un poco de música, veo el
reloj y es un poco temprano por lo cual sonrío, eso me da más tiempo para estar
con mi novia.
Al llegar a
casa me dirijo a la sala en busca de Arlet, ella no está así que voy a la
habitación y la encuentro en la cama, con audífonos y un libro. Me encanta
verla así, con música y libros. Me acerco a mi novia y ella me ve, me regala
una sonrisa, se quita los audífonos y cierra el libro.
―Llegaste
temprano.
―No había
mucho trabajo.
Me quito
los zapatos y me acuesto a su lado, ella se sienta en mi cadera y comienza a
darme un masaje. Sus masajes son de lo mejor, siempre me deja relajado y como
nuevo.
―Estás
tenso.
―Presiones
del trabajo.
―En las
cortas vacaciones no saldremos de la cama.
―Ummm, eso
me gusta. ― Digo coqueto.
―Pervertido,
me refería a dormir.
―¿Sigo castigado?
―Totalmente.
― Hago un puchero y ella sonríe.
Su castigo
por lo de Sora es no hacer el amor, su castigo la verdad es sucio porque me
provoca hasta el grado de quedarme duro y al final no me deja tocarla. Es muy
frustrante.
―Ya es una
semana.
―Y quien
sabe cuánto más.
―Pero
cariño…
―Tendré que
pensarlo.
Sus ojos se
vuelven traviesos y sé que su juego empezará. Sonrío encantado y frustrado. Sus
manos pasan por mis hombros masajeándome, cierro los ojos y suspiro, empiezo a
relajarme, pero en segundos eso desaparece. Su cadera comienza a moverse en mi
cadera y abro los ojos, sus ojos están enfocados en mí. Veo su cadera
moviéndose, de aquella manera tan provocativa, Arlet se muerde los labios y sus
ojos brillan, esos movimientos hacen que mi cuerpo reaccione y tomo aire, ¿Por
qué cuando ellas provocan nosotros caemos? Cuando nosotros provocamos ellas
pueden rechazarnos.
―Arlet…
―¿Dime?
―¿Puedes
bajarte?
―No, te
estoy dando un masaje.
―Tu cadera…
―Es un
masaje. ― Sonríe traviesa.
―Tu masaje
me esta…
Corto mis
palabras, sus movimientos son más frecuentes y mi cuerpo ya está despierto,
tomo aire y cierro los ojos. Como siempre estoy en sus manos, como siempre mi
cuerpo cae rendido ante ella, ante sus planes.
Siento como
me voy poniendo duro, como mi cuerpo se calienta y pide más. Tomo su cadera y
la ayudo con sus movimientos, nos vemos a los ojos y mi excitación sube, ver su
rostro, su reacción…
―Maldición…―
Suspiro.
―Cierra los
ojos.
Lo hago
enseguida y toma mis manos para quitarlas de su cadera, siento entonces como se
quita y una de sus manos reemplaza su cadera. Jadeo ante la presión que empieza
hacer en mi dureza y gimo cuando siento como su piel toca la mía. Me quita el
pantalón y aún con los ojos cerrados suspiro, su piel cálida… Su mano hace
movimientos provocativos y me entrego a ellos, en algún segundo quita su mano y
me quejo, estando por abrir los ojos siento como su calidez me envuelve. Abro
los ojos enseguida y la veo, arriba de mí… Yo dentro de ella.
―Infiernos…
La tomo de
la cadera para moverla pero ella golpea mis manos y las quito.
―Oye. ― Me
quejo.
―Yo llevo
el control tú te quedas quieto.
Acepto y
ella empieza a moverse, su cuerpo hace movimientos que me ponen cada vez más
duro, más caliente. Arriba, abajo, adelante, atrás… Lento, provocativo, suave,
salvaje, demandante.
Veo como su
cadera se mueve cada vez más rápido pidiendo más y sus gemidos me llaman, me
hacen desear más, necesitar más. Nuestros labios se unen y nos besamos, nos
mordemos, nos saboreamos.
Arlet hace
un movimiento que me hace gemir y correrme enseguida, suspiro profundamente y
cierro los ojos, ya lo necesitaba, ya necesitaba esto, necesitaba liberarme,
con ella, en ella, junto a ella.
Mi novia se
baja de mi regazo y se acuesta a mi lado, nos abrazamos y la lleno de besos.
―Te amo. ―
Le susurro.
―¿Mucho?
―Te amo con
la vida.
―Yo te amo
de la misma manera. ― Contesta. ― Aunque me hagas enojar con esa zorra.
―No
hablemos de ella, solo nosotros.
―Como debe
de ser.
Le sonrío y
la vuelvo a besar, cada parte de su cuerpo, acaricio cada rincón, pruebo cada
centímetro, la hago mía nuevamente, hago que mi nombre quede gravado en ella,
hago que no desee ni necesite a nadie más que a mí.
―Vamos
tarde. ― Se queja.
―Lo siento,
no encontraba mis anillos.
―Ayer
botaste todo quien sabe dónde.
―Fue tu
culpa.
―¿Mía?
Bien, no vuelvas a tocarme. ― Se queja.
―No es
cierto cariño, fue todo mi culpa, que tonto soy.
―¿Verdad
que si?
Riéndonos
vamos al auto y manejo un poco rápido, hoy es nuestro último ensayo para el
concierto de mañana y la gira termina.
Al llegar
al estudio Arlet se va por comida y yo me voy con los chicos para comenzar el
ensayo, llego a la sala donde están ellos y nos saludamos, me aviento a un
sillón y tomo aire.
―Me canse. ―
Me rio.
―¿Venías
corriendo?
―Arlet me
trajo corriendo. ― Ellos se ríen. ― Fue por comida.
―Ummm, creo
que hay un problema. ― Comenta Kaz.
―¿Cuál?
―Sora
también fue por comida.
―¿Qué? ¿Le
dijeron que fuera?
―De repente
ella llego y dijo que traería comida.
―Llegará
primero Sora así que le decimos que se vaya con todo y comida, yo la corro.
―No seas
grosero Kaz.
―Arlet se
enojará…
―Ya está
bien, así que entenderá.
―Hablas
como novato, ella no entenderá, odia a tu amiguita.
―Ya Kaz,
Arlet entenderá.
―Arlet se
enojará de nuevo y…
―A comer. ―
Llega Sora. ― Traje cosas deliciosas.
―Sora…
―La comida
llego. ― Entra Arlet.
Las dos se
quedan viendo fijamente, Arlet está por matar a Sora, o quizá a mi… No sé bien,
más seguro que a los dos. Mi novia entra y deja la bolsa de comida en la mesa
de centro. Toma aire y me ve fijamente.
―No
gritaré, no pelearé. Solo te diré una cosa Hideto. Estoy harta de esa mujer y
de que esté metiéndose en esto… O es tu amiguita o soy yo, ¿Vale?
―Arlet…
Ella se da
la vuelta y se va. Me quedo quieto, digiriendo sus palabras, ¿Qué quiso decir?
Sora sigue en el mismo lugar y siendo mi imaginación o no veo una ligera curva
en sus labios.
―Vete. ― Le
digo.
―La comida…
―Llévatela
y vete. ― Digo serio.
Ella lo
hace y me quedo viendo la bolsa que trajo Arlet, mis amigos se quedan en
silencio, yo trato de comprender o quizá aceptar lo que mi novia dijo.
―Te dije
que se enojaría.
―Arlet
dijo…
―¿No
entendiste? Te dio a elegir hyde.
―¿Qué?
―Tienes que
elegir. Arlet, o Sora. ― Dice Kaz.
―Eso creí entender.
― Digo en voz baja.

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