sábado, 24 de diciembre de 2016

White love



Los miembros de la banda estaban ya demasiado agotados, giras aquí, allá, en un país, en otro, en un continente, en otro, por semanas seguidas, meses seguidos. Era mucho el desgaste físico tenían, necesitaban parar sino querían caer en coma por el cansancio.

El jefe era de los principales que estaban prácticamente desvanecidos, se había esforzado demasiado, pero si quería que su banda diera los frutos que deseaba y prometía tenía que trabajar sin parar y con mucho esfuerzo para llevar su éxito a la cima.

Claro que también sabía que había abusado del trabajo y su cansancio bajaría el ritmo y resultados de la banda.
Las vacaciones eran necesarias.
Todos estaban en su estudio, viendo algunas cosas de trabajo para los diseños de goods.
―… Sí, así quedo perfecto.
―¿Lo crees? Podemos cambiar algo.
―No, así está bien. ― Suspiro.
El cantante dio unos últimos vistazos a los diseños y asentía para confirmar que le gustaba lo que veía, ese día era su última jornada de trabajo. Al día siguiente comenzarían sus vacaciones.
―¿Qué harán ustedes?
―Dormir sin parar. ― Respondió el batero.
―También yo. ― Asintió Jin.
―Viajar a un lugar tranquilo. ― Contesto el bajista. ― ¿Ustedes?
―Yo aún no sé. ― Respondió Kaz. ― Dormir supongo.
―Yo quiero ir a esquiar y relajarme. ― Suspiro el cantante. ― Si, es buena idea.
―Entonces nos vemos en algunas semanas.
Todos sonrieron y con un largo suspiro se despidieron, sería un poco raro no verse a diario, como lo habían estado haciendo por meses.
Tres de ellos se fueron, los dos principales de la banda se quedaron, normalmente siempre se quedaban al último, para afinar algunos detalles o simplemente por costumbre.
―¿Entonces que harás?
―No tengo planes Haido. ― Contesto Kaz sin verlo a los ojos.
―Kaz-kun, ¿Sigues molesto?
―No lo estoy.
―Lo pareces.
―No es así. ― Tomo su mochila y comenzó a guardar algunas cosas.
―¿Te vas?
―¿Hay algo que hacer?
―No…― El cantante estaba nervioso. ― Kazu…
―Estoy cansado. ― Cerro los ojos. ― No quiero hablarlo.
―Debemos hablarlo.
―Otro día.
―¿Otro día? ¿Cuándo? ¿Regresando de nuestras vacaciones?
―Quizá.
―¿Y crees que podré sobrevivir sin ti todas esas semanas?. ― Su voz sonaba angustiada.
―Pues sobreviviste estas semanas pasadas.
―No es lo mismo tenerte a mi lado que no verte.
―¿Qué quieres que te diga?. ― Se levantó del sillón. ― Estas semanas prácticamente no hemos hablado, no hemos estado juntos, tú te enfocas en el trabajo, prácticamente me ignoras Haido, ¿Siempre será así? Estoy cansado, no dejaré que esto sea cada que tú quieras.
―Siempre me has conocido, sabías como sería desde el principio…
―No, no lo sabía. ― Vio directamente al cantante. ― Cuando dijiste que me amabas y que querías estar conmigo pensé que tu prioridad no solo sería el trabajo sino yo también. Pero, me equivoque, sigo quedando al último.
―Kazu… Por favor, esto no es así… Sabes que el trabajo me absorbe y me lleno de estrés, no es por ti.
―Por lo que sea Haido, yo siempre he tenido tiempo para ti, aun cuando estoy de gira con Oblivion tengo tiempo para ti… Y estando en la misma banda tu y yo no tienes tiempo para mí.
―Kaz, por fav…
―Me iré ahora. ― Tomo su mochila. ― Disfruta de la nieve.
―Espera… Kaz…
El cantante sabía que si su novio se iba en ese momento no lo vería hasta el nuevo trabajo y no lo permitiría, él no exageraba cuando decía que no soportaría estar sin él, no podía estar sin él ni dos días seguidos.
Al ver como el guitarrista caminaba hacia la puerta actuó rápido y se paró frente a la puerta, le puso enseguida seguro y no se quitó de ahí.
―No dejaré que te vayas así.
―No seas infantil.
―¿Infantil es querer arreglar las cosas?
―Haido, déjame ir.
―Antes hazme el amor. ― Dijo demandante.
―No empieces con…
Sus palabras fueron detenidas con la boca de su novio, el cantante se había abalanzado a él y se había apoderado de los labios ajenos, hacía tiempo que no los saboreaba, que no los disfrutaba, que no sentía aquella suave textura, aquel cuerpo junto al suyo.

Lo anhelaba demasiado.

―Por favor mi amor, hazme el amor. ― Susurro ansioso. ― Hazme tuyo…
Kaz podía sentir aquella ansiedad, aquel anhelo, aquel amor. Él no dudaba que su novio lo amaba, pero le dolía que no fuera más importante que el trabajo, odiaba que no le diera un poco de tiempo, solo para ellos dos, como pareja.
―Haido…
―Por favor…
Las palabras susurradas por su pareja lo hacían estremecer, aquellos besos tan exigentes lo volvían loco. Necesitaba a su novio, necesitaba sentirlo suyo, necesitaba sentir que lo amaba.
Le dolía el pecho demasiado por el tiempo en que no lo tuvo entre sus brazos, necesitaba hacerlo o estaba seguro de que moriría.

Sin pensarlo más dejo caer su mochila al suelo y tomo la cadera de su novio, el cantante jadeo al sentir aquella fuerza que lo tomaba y lo jalaba para que sintiera la excitación de su pareja, el deseo estaba creciendo tan rápido que su garganta jadeaba cada vez más, su cuerpo necesitaba cada vez más.
―Kazu…― Suspiraba.
El guitarrista le quitaba la ropa con ansiedad, las prendas iban desapareciendo una a una, a una velocidad envidiable. El cantante hacía lo propio, quitaba la ropa que le estorbaba de su pareja, necesitaba sentir aquella piel, ver aquel cuerpo desnudo, necesitaba sentirlo junto a él, sin nada que interviniera.

Cuando quedaron desnudos se acostaron en la alfombra de la sala, la piel de cada uno estaba hirviendo, sentían como se calentaban, sentían como la necesidad crecía en ellos, no se habían percatado que se necesitaban más de lo que pensaban.
―Por favor…― Exigía el vocal. ― Entra ya…
Kaz sonreía al ver la ansiedad de su novio, le fascinaba ver aquella entrega, aquella necesidad. Él se posiciono arriba de su pareja y repartió besos lentamente, desde la boca, el cuello con pequeñas mordidas, el pecho, pasando por los pezones y lamiéndolos, chupándolos, pasando por el estómago, por su abdomen, por su cadera… Al escuchar los suspiros de su novio lo vio a los ojos y le regalo una pequeña sonrisa más, antes de hundirse en aquella erección que delataba el deseo frenético del cantante.

Su boca comenzó a saborear aquella zona, la lamio lentamente, la acaricio, la admiro, estaba dura y caliente, observaba algunas venas por la presión de la sangre en el falo, estaba tan excitado que pronto le empezaría a doler. Lo introdujo todo a su boca y lo succiono, simulo envestidas suaves, acariciando con su lengua aquella dureza, sintiendo como palpitaba en su boca, sintiendo como crecía y se calentaba, era algo maravilloso, sentir aquella excitación que provocaba en el hombre que se retorcía por el placer que le brindaba.

La garganta del cantante no dejaba de jadear, de suspirar, sus ojos estaban cerrados, sus manos jugaban con el cabello de su pareja, sentir su miembro en la boca del guitarrista lo volvía loco, no había nada más excitante que eso. Saber que quien le daba tal placer, quien lo saboreaba era la persona que amaba, nadie más que él.
―Mmmgh… Por favor…
Los dientes de Kaz rosaron su falo y gimió, aquella sensación era extraordinaria. Era enloquecedora.
―Ya no aguanto…
Al escuchar aquello el guitarrista incremento sus movimientos, tomo los testículos de su novio y los jugueteo, su boca atendía la dureza y succionaba una y otra vez, pegaba sus mejillas a la carne de su pareja y rosaba con los dientes, sabía lo mucho que amaba eso el cantante, incremento aún más sus succiones hasta que sintió aquel liquido caliente derramarse y lo trago enseguida, saco el miembro de su boca, aún seguía dura y sonrío.

Se alejó de esa zona y subió a los labios de su novio, lo beso y mientras sus labios estaban unidos se introdujo en él.  El vocalista soltó un sonoro gemido y se aferró al cuerpo de su novio, sentir como entraba en él, como su carne se abría para él era una sensación de dolor, de placer, de entrega. Disfrutaba esa parte, recibirlo, tenerlo en él, unidos.
―Muévete. ― Ordeno.
―¿Ansioso?
―¿Tu qué crees? En semanas no te he tenido así.
―Y por eso mismo debes ser castigado.
―¿He?... ¡Aaaah!
Su novio comenzó a moverse, de manera ruda enseguida y su cuerpo lo sintió. Su cadera lo sintió y le comenzó a doler, pero las sensaciones eran a la vez demasiado placenteras, ¿En que se había convertido? Quizá en un masoquista. Pero no le importaba serlo siempre y cuando fuera solamente con él. Con Kaz, su novio.

La cadera del guitarrista se movió sin parar, se movía frenético, ansioso, anhelando sentir cada espacio de su pareja, exigiendo sentirlo suyo, marcándolo como suyo, haciendo que la mente del vocal solo pensara en él y en lo que le hacía, que supiera perfectamente que le pertenecía, a nadie más que a él.
―Mmmg… Kaz… Aaah…
―Solo debes amarme a mí, Haido, entregarte solo a mí.
―Lo… Mmgh… Lo hago…
―Y debo ser también tu maldita prioridad. ― Entro más fuerte.
―¡Aaah! ¡Idio…! Mmmgh….
―Te amo, mi vida.
El vocalista lo recibía una y otra y otra y otra vez, lo recibía de la manera más perfecta y cálida que existía, le fascinaba sentirse tan deseado y anhelado, le fascinaba sentir que le pertenecía a Kaz y sobre todo amaba escuchar los sentimientos de su novio mientras lo tenía dentro de él, eso lo hacía estremecer más que cualquier otra cosa.
―Yo te amo aún más.
Acerco sus labios al pecho de su novio y lo mordió en un lado, en otro, succionó, le dejo todas las marcas que quiso, porque él le pertenecía también y nadie más podía tenerlo.
Las envestidas eran fuertes, Kaz había llegado profundo y tocaba el punto sensible de su pareja, amaba escuchar aquellos gemidos de placer, aquellas exigencias pidiéndole más, gritando su nombre.
―Más… Kazu… Mmgh… Ahí, si…
Dejo de moverse y al ver los ojos de muerte de su novio lo giro antes de que escuchara algún reclamo por parar, lo dejo en cuatro y entro de nuevo con intensidad, robándole un gruñido intenso, siguió moviéndose fuerte y aferrándose a la cadera de su pareja, encontró enseguida el punto delicado y lo ataco, una vez, dos, tres… Seis, no paro e incremento las sensaciones tomando el falo erecto del vocal, lo comenzó a masturbar y de la misma intensidad con la que lo penetraba.

Su mente estaba totalmente en éxtasis, no podía pensar en nada, tal vez hasta ni su nombre recordaba, las sensaciones eran demasiadas. Comenzó a sentir el calor invadir cada una de sus células y al siguiente minuto dejo irse, en un perfecto orgasmo. Segundos después sintió el cálido liquido de su novio derramarse en él y cayeron desvanecidos.
El pequeño cantante se recostó en el pecho de su pareja y lo abrazo con fuerza, soltó un largo suspiro y cerró los ojos.
―Kazu…
―Dime.
―Te amo, ¿Lo sabes verdad?
―Lo sé, aunque a veces parezca lo contrario.
―No soy bueno en esto y lo sabes… Perdóname.
―¿Por qué tienes que ser tan dulce?. ― Suspiro. ― Te perdono con una condición.
―La que sea.
―Vayamos los dos a esquiar.
―¿De verdad?. ― Se inclinó un poco, con una gran sonrisa.
―¿Aceptas?
―¿Todas nuestras vacaciones?
―Hasta el último día. ― Beso su frente.
―¡Claro que quiero!
Se abrazó de nuevo a su novio y lo lleno de besos, le emocionaba demasiado pasar todas las vacaciones con su novio, estar solos, haciendo algo que los dos disfrutaban como lo era el esquiar.
―Debo hacer la reservación.
Tomo su celular y marco enseguida un número, entre más rápido organizara todo mucho mejor.



―Kazu, ¡Mira esto!.
Habían llegado a sus vacaciones llenas de nieve, todo estaba blanco, con un poco de aire, los pinos estaban con su sábana de nieve, había pocas personas ya que habían reservado una cabaña lejos del público, querían salir y estar libres de ojos curiosos.
―Luce increíble.
―Vayamos por nuestras cosas.
―Primero debemos dejarlas en la cabaña, pequeño ansioso. ― Se rio Kaz.
―Bien. ― Hizo un puchero.
Los dos se adentraron a la cabaña, era un lugar pequeño y acogedor, lo primero que vieron al entrar era una chimenea en la sala alfombrada, se veía de alguna manera romántico y tentador para cada noche, el vocalista se quedó observando fijamente aquel punto y muchas ideas le pasaron por la cabeza, él le recompensaría toda la ausencia que había hecho los días de trabajo, su novio lo merecía.

Se pasaron a la habitación y dejaron las maletas, en la cama había unas rosas y Kaz se quedó viéndolas con sorpresa. El vocal enseguida fue por ellas y las tomo apenado.
―Eso…
―Creo que los dueños creyeron que era una cita romántica, les dije que estaría aquí con mi pareja durante las vacaciones.
―¿Entonces no es una cita romántica? Rompes mi corazón Haido. ― Fingió indignación.
―Lo es… Pero estas rosas no fueron mi idea. ― Se encogió de hombros. ― Yo hubiera llenado de pétalos toda la cabaña, desde la puerta principal.
―Ummm, sé que sí.
Se acercó a su novio y lo tomo de la cintura para pegarlo a su cuerpo y absorber su perfecto aroma, encajaban tan bien, sus  cuerpos habían sido creados para estar juntos, para permanecer abrazados, para amarse.
―Te amo, mi pequeño.
―Yo te amo aún más bebé, quizá no lo demuestre pero te juro que lo hago.
―Mientras tu corazón siga sintiendo ese amor, el mío se mantendrá con vida.
―Kazu, mi amor… No sé qué haría sin ti…
―Enloquecer tal vez.
―Umm, o morir.
Kaz sonrió y pego su frente a la de su novio, tomo aire profundo y unió sus labios a los ajenos, el cantante como siempre enseguida se dejó guiar por su pareja, dejo que él se adueñara de su cuerpo, de su mente, de su alma y de su corazón, porque sabía que no corría peligro alguno, sabía que su pareja cuidaría cada parte de él como el tesoro más preciado del universo.



La idea de disfrutar los dos unas semanas en la nieve, esquiando y haciendo lo que les gustaba era maravilloso, los dos amaban esquiar, los dos hacían esa actividad con emoción y un poco de torpeza, dominaban todo pero a veces simplemente no les salía muy bien y terminaban cayendo, riéndose como dos niños sin parar.
―Creo que hoy no es nuestro día. ― Se reía Kaz.
―Bebé, hemos caído como cien veces, no quiero más, mi trasero está congelado.
―Vayamos de compras.
―Me encanta esa idea.
El pequeño vocal intento levantarse pero se resbalo y cayó encima de su novio, se volvió a reír y el guitarrista en un rápido movimiento lo dejo debajo de él, sonriente.
―Casi me matas.
―Ni que pesara tanto. ― Se defendió sin poder dejar de reír.
―No sé dónde metes tanta comida.
―Ni yo, pero me alegro.
Kaz se acercó a sus labios y se besaron, aun riendo por lo dicho. Esos besos eran de los mejores, besar y reír, reír y besar, besar y terminar con una sonrisa.

Los dos se levantaron y caminaron a la cabaña, dejaron las cosas de esquí y se cambiaron para ir de compras. Cuando estuvieron listos salieron tranquilamente, disfrutando de la vista, tomando fotos y más fotos, de los paisajes, de ellos, de cada cosa que les gustara.
―Hay muchas tiendas según vi en internet.
―Suena bien.
Tomaron el auto que rentaron y el vocal comenzó a manejar, ellos estaban en una cima de esquí así que el pequeño pueblo donde había tiendas estaba a cuarenta minutos de ellos.
Durante el camino platicaban de lo que fuera, hasta de los sueños raros que el más pequeño tenia, realmente eran sueños raros que a Kaz le gustaba escuchar porque se reía sin parar.
Una de sus costumbres era que mientras iban en un auto, los dos solos siempre se tomaban de la mano, tenían que tener contacto físico, no por costumbre sino por necesidad, sus cuerpos pedían ese toque para sentirse cálidos y completos.
―¿A dónde vamos primero?
―Ummm, a comer, tengo hambre.
―Debí imaginarlo. ― Rio el guitarrista. ― Tragón.
―Así me amas.
―Con locura.
El vocal se apeno y bajo la mirada, solo el cielo sabía todo lo que disfrutaba esos pequeños encuentros de amor y retos, eran demasiado agradables, siempre terminaban con cosas tiernas que quisiera o no aceptar disfrutaba, amaba, amaba esa dulzura que tenían en su relación, amaba esa complicidad, esa confianza, ese grado de melosidad.

Amaba a su novio, como jamás creyó que amaría en la vida.

Él no creía mucho en el amor, él solo pensaba que su amistad era la más fuerte que había tenido y que los celos repentinos eran por cuestión de ser el mejor amigo, hasta que un día se dio cuenta de que estaba enamorado, de que esa mezcla de sentimientos no eran normales en una amistad, que esa repentina obsesión, esa repentina necesidad de tenerlo solo para él, de no querer verlo con nadie más… De que se estaba volviendo loco por no poder tenerlo… Hasta ese grado se dio cuenta de que estaba enamorado hasta lo más profundo de su ser.
Enamorado al grado de no querer que ni siquiera el sol lo tocara, de no poder decirle más amigo, sino novio, amor.

Había enloquecido, enloquecido totalmente.
Por él, por Kaz.
El amor más intenso que jamás había tenido, ni volvería a tener porque no se imaginaba con nadie más que él.


―Mira esto, es hermoso.
Estaban en una tienda de ropa, habían abrigos increíbles, pantalones, camisas, a donde quiera que voltearan era maravilloso.
―Agradece que somos ricos, sino te quedarías empeñado.
―Oye, ¿Por qué yo?
―Porque eres el más lindo. ― Kaz sonrió y jugueteó con la nariz de su novio. ― Aunque la idea de que te quedes no me gusta, pueden usarte como objeto sexual, mejor huiríamos.
―¿Celoso?
―Para nada, simplemente cuido lo que es mío.
Le guiño un ojo y continúo viendo ropa, el cantante se quedó dónde estaba disfrutando de aquellas palabras, le gustaba demasiado saberse suyo, nadie más que de Kaz.
El guitarrista disfrutaba ver la emoción de su novio, ver sus ojos brillantes al ver algo que le gustaba… Ver esos ojos brillantes cuando lo veía a él le encogía el corazón. Esos ojos siempre lo delataban, cuando se apenaba, cuando se enojaba, cuando tenía ideas locas o cuando ansiaba algo pero no lo pedía.

Lo que más le gustaba saber era que solo él se daba cuenta de eso, nadie más que él… Solo él lo conocía tanto, sabía cada secreto, cada miedo, cada logro, cada felicidad, cada molestia, cada disgusto, solo él sabía leer aquellos ojos, aquel cuerpo…. Y lo mejor, solamente él podía disfrutar de aquel lado enamorado, aquel lado empalagoso, nada lo hacía más feliz que eso, saber que era totalmente suyo, nadie más que suyo.
―Mira bebé, te quedará perfecto.
―Veamos.
Su pequeño novio le había llevado una playera que al segundo de verla le había encantado, el cantante sabía perfectamente sus gustos y era encantador.
―¿Entonces? ¿Me queda bien?
―Cien por ciento bien.
―Excelente decisión. ― Le guiño en complicidad.
Se quedaron ahí otros minutos, quizá más que minutos. Al salir se llevaron unas cuantas bolsas que tuvieron que ir a dejar al auto sino querían cansarse de tanto cargar, pasaron a más tiendas de ropa, de joyas, de zapatos, de comida, de detalles turísticos hasta que la noche cayó.
―Vayamos a la cabaña.
―¿No quieres cenar algo antes?
―Umm, compremos algo y comamos allá.
―Suena bien.
Entraron a una tienda más y pidieron comida para llevar, quizá habían comprado más de lo normal pero no querían salir al día siguiente así que se aseguraron de comprar lo suficiente. Manejaron un poco lento, había aire y la nieve no ayudaba mucho, nieve más oscuridad era una mezcla peligrosa.

Una hora después entraron a la cabaña, Kaz tomo las llaves y al entrar noto que había algo raro, abrió y enseguida vio pétalos de rosa en el piso, marcando un pequeño camino, era tal su sorpresa que no se movió de su lugar hasta que su novio llego a él.
―Pareces estatua.
―Haido… Los pétalos…
―¿Te gusta? Esta noche quiero consentirte.
Kaz lo vio a los ojos y noto que su novio estaba bastante apenado pero lo ocultaba, estaba un poco inseguro también y sobre todo, el sonrojo de sus mejillas lo hacía ver eternamente adorable.
―Me encanta, gracias. ― Dijo para que su novio se sintiera seguro.
―Entremos. ― Los ojos del vocal brillaron más al escuchar aquello.
Los dos entraron y siguieron el camino de pétalos, los llevaban a la sala, la chimenea estaba prendida y se escuchaba el crujir de la leña, las llamas se movían en una cálida danza, había cojines en la alfombra y se sentaron. El vocal saco la comida que habían comprado y aun un poco nervioso veía las reacciones de su novio, parecía que le gustaba todo pero no estaba seguro, su silencio lo ponía nervioso.
―Todo se ve delicioso. ― Hablo.
―Y huele delicioso. ― Suspiro. ― Jamás imagine que hicieras algo así.
―Lo hemos hecho.
―Sorpresas como está son de mí para ti. ― Se rio.
―Esta vez lo hice para ti.
―Y amo que lo hayas hecho.
Se vieron a los ojos y sin necesidad de decir nada el guitarrista se acercó a su novio y lo besó, necesitaba besarlo y agradecerle por la sorpresa, necesitaba amarlo en ese mismo momento.
―La cena puede esperar.
―Totalmente.
Los dos se entregaron a los besos profundos, besos ansiosos y llenos de amor, sus labios se conocían tan bien que no podían pasar mucho tiempo lejos porque se extrañaban y comenzaban a secarse, comenzaban a doler sino se juntaban.

Sus manos empezaron a quitar la ropa, empezaron a desaparecerla porque cada vez les estorbaba más, cada vez les molestaba más. El único sonido que había era el crujir de la leña y el fuerte aire que corría en el exterior. La luz de las llamas era lo único que los iluminaba, ver aquellos cuerpos cubrirse por esa luz natural era maravilloso, sentir esa calidez a pesar del frio les hacía darse cuenta del grado de calidez que desprendían.

Quedaron desnudos y sus cuerpos se juntaban lo más que podían, se adueñaban, se poseían, su piel rosaba y les robaba suspiros, sus labios no se separaban, se besaban, se mordían, besaban cada rincón de sus cuerpos, su lengua hacia caminos de saliva, se saboreaban, se llenaban de placer.

Las sensaciones que cada uno se regalaba eran maravillosas, era como ir al séptimo cielo y experimentar cosas del olimpo, cosas que ningún mortal experimentaría jamás, cosas que solo los dioses vivirían.

Eso y más sentían. Podían experimentar la muerte, la vida, el renacer. Su amor los hacía volar y caer sin piedad, los hacía llegar a la cima y ver a todo el mundo desde las alturas, les hacía vivir con los dioses, ser inmortales.
―Te amo cariño…
Susurro Kaz en el oído de su novio mientras lo envestía lentamente. Veía el rostro enloquecido de placer de su pequeño, adoraba ver aquella locura que le provocaba, aquellos gemidos, esos rasguños que quedaban en su espalda después de poseerlo, amaba cada segundo, cada minuto, cada reacción, cada gesto, cada palabra.
―Mi amor... Aaah… Eres mi vida Kaz…
El cantante gemía, su mente estaba en blanco, no pensaba en nada más que en su novio, nadie existía más que ellos, solo ellos y su amor.

Sus cuerpos encajando a la perfección se movían en una maravillosa danza de placer y entrega, las llamas eran sus espectadores, sus gemidos y el viento eran su música, su amor era el juez que los calificaba a cada minuto, dándoles calificación perfecta.

Ellos sabían lo que era hacer el amor, ellos sabían lo que era entregarse por completo a alguien, lo que era enloquecer por amor, sabían sobre los sentimientos, las sensaciones, sabían cada parte de ellos, cada rincón.

Sabían lo que era amarse, lo que era estar el uno sin el otro… Lo que era morir en vida y revivir al encontrarse.

Ellos sabían lo que era el amor. 

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