Los miembros de la
banda estaban ya demasiado agotados, giras aquí, allá, en un país, en otro, en
un continente, en otro, por semanas seguidas, meses seguidos. Era mucho el
desgaste físico tenían, necesitaban parar sino querían caer en coma por el
cansancio.
El jefe era de los
principales que estaban prácticamente desvanecidos, se había esforzado
demasiado, pero si quería que su banda diera los frutos que deseaba y prometía
tenía que trabajar sin parar y con mucho esfuerzo para llevar su éxito a la
cima.
Claro que también sabía
que había abusado del trabajo y su cansancio bajaría el ritmo y resultados de
la banda.
Las vacaciones eran
necesarias.
Todos estaban en su
estudio, viendo algunas cosas de trabajo para los diseños de goods.
―… Sí, así quedo
perfecto.
―¿Lo crees?
Podemos cambiar algo.
―No, así está
bien. ― Suspiro.
El cantante dio
unos últimos vistazos a los diseños y asentía para confirmar que le gustaba lo
que veía, ese día era su última jornada de trabajo. Al día siguiente
comenzarían sus vacaciones.
―¿Qué harán
ustedes?
―Dormir sin
parar. ― Respondió el batero.
―También yo. ―
Asintió Jin.
―Viajar a un
lugar tranquilo. ― Contesto el bajista. ― ¿Ustedes?
―Yo aún no sé. ―
Respondió Kaz. ― Dormir supongo.
―Yo quiero ir a
esquiar y relajarme. ― Suspiro el cantante. ― Si, es buena idea.
―Entonces nos
vemos en algunas semanas.
Todos sonrieron
y con un largo suspiro se despidieron, sería un poco raro no verse a diario,
como lo habían estado haciendo por meses.
Tres de ellos se
fueron, los dos principales de la banda se quedaron, normalmente siempre se
quedaban al último, para afinar algunos detalles o simplemente por costumbre.
―¿Entonces que
harás?
―No tengo planes
Haido. ― Contesto Kaz sin verlo a los ojos.
―Kaz-kun,
¿Sigues molesto?
―No lo estoy.
―Lo pareces.
―No es así. ―
Tomo su mochila y comenzó a guardar algunas cosas.
―¿Te vas?
―¿Hay algo que
hacer?
―No…― El
cantante estaba nervioso. ― Kazu…
―Estoy cansado. ―
Cerro los ojos. ― No quiero hablarlo.
―Debemos
hablarlo.
―Otro día.
―¿Otro día? ¿Cuándo?
¿Regresando de nuestras vacaciones?
―Quizá.
―¿Y crees que
podré sobrevivir sin ti todas esas semanas?. ― Su voz sonaba angustiada.
―Pues
sobreviviste estas semanas pasadas.
―No es lo mismo
tenerte a mi lado que no verte.
―¿Qué quieres
que te diga?. ― Se levantó del sillón. ― Estas semanas prácticamente no hemos
hablado, no hemos estado juntos, tú te enfocas en el trabajo, prácticamente me
ignoras Haido, ¿Siempre será así? Estoy cansado, no dejaré que esto sea cada
que tú quieras.
―Siempre me has
conocido, sabías como sería desde el principio…
―No, no lo
sabía. ― Vio directamente al cantante. ― Cuando dijiste que me amabas y que
querías estar conmigo pensé que tu prioridad no solo sería el trabajo sino yo
también. Pero, me equivoque, sigo quedando al último.
―Kazu… Por
favor, esto no es así… Sabes que el trabajo me absorbe y me lleno de estrés, no
es por ti.
―Por lo que sea
Haido, yo siempre he tenido tiempo para ti, aun cuando estoy de gira con
Oblivion tengo tiempo para ti… Y estando en la misma banda tu y yo no tienes
tiempo para mí.
―Kaz, por fav…
―Me iré ahora. ―
Tomo su mochila. ― Disfruta de la nieve.
―Espera… Kaz…
El cantante
sabía que si su novio se iba en ese momento no lo vería hasta el nuevo trabajo
y no lo permitiría, él no exageraba cuando decía que no soportaría estar sin
él, no podía estar sin él ni dos días seguidos.
Al ver como el
guitarrista caminaba hacia la puerta actuó rápido y se paró frente a la puerta,
le puso enseguida seguro y no se quitó de ahí.
―No dejaré que
te vayas así.
―No seas
infantil.
―¿Infantil es
querer arreglar las cosas?
―Haido, déjame
ir.
―Antes hazme el
amor. ― Dijo demandante.
―No empieces
con…
Sus palabras
fueron detenidas con la boca de su novio, el cantante se había abalanzado a él
y se había apoderado de los labios ajenos, hacía tiempo que no los saboreaba,
que no los disfrutaba, que no sentía aquella suave textura, aquel cuerpo junto
al suyo.
Lo anhelaba demasiado.
―Por favor mi
amor, hazme el amor. ― Susurro ansioso. ― Hazme tuyo…
Kaz podía sentir
aquella ansiedad, aquel anhelo, aquel amor. Él no dudaba que su novio lo amaba,
pero le dolía que no fuera más importante que el trabajo, odiaba que no le
diera un poco de tiempo, solo para ellos dos, como pareja.
―Haido…
―Por favor…
Las palabras
susurradas por su pareja lo hacían estremecer, aquellos besos tan exigentes lo
volvían loco. Necesitaba a su novio, necesitaba sentirlo suyo, necesitaba
sentir que lo amaba.
Le dolía el
pecho demasiado por el tiempo en que no lo tuvo entre sus brazos, necesitaba
hacerlo o estaba seguro de que moriría.
Sin pensarlo más
dejo caer su mochila al suelo y tomo la cadera de su novio, el cantante jadeo
al sentir aquella fuerza que lo tomaba y lo jalaba para que sintiera la
excitación de su pareja, el deseo estaba creciendo tan rápido que su garganta
jadeaba cada vez más, su cuerpo necesitaba cada vez más.
―Kazu…―
Suspiraba.
El guitarrista
le quitaba la ropa con ansiedad, las prendas iban desapareciendo una a una, a
una velocidad envidiable. El cantante hacía lo propio, quitaba la ropa que le
estorbaba de su pareja, necesitaba sentir aquella piel, ver aquel cuerpo
desnudo, necesitaba sentirlo junto a él, sin nada que interviniera.
Cuando quedaron
desnudos se acostaron en la alfombra de la sala, la piel de cada uno estaba
hirviendo, sentían como se calentaban, sentían como la necesidad crecía en
ellos, no se habían percatado que se necesitaban más de lo que pensaban.
―Por favor…―
Exigía el vocal. ― Entra ya…
Kaz sonreía al
ver la ansiedad de su novio, le fascinaba ver aquella entrega, aquella
necesidad. Él se posiciono arriba de su pareja y repartió besos lentamente,
desde la boca, el cuello con pequeñas mordidas, el pecho, pasando por los
pezones y lamiéndolos, chupándolos, pasando por el estómago, por su abdomen,
por su cadera… Al escuchar los suspiros de su novio lo vio a los ojos y le
regalo una pequeña sonrisa más, antes de hundirse en aquella erección que
delataba el deseo frenético del cantante.
Su boca comenzó
a saborear aquella zona, la lamio lentamente, la acaricio, la admiro, estaba
dura y caliente, observaba algunas venas por la presión de la sangre en el
falo, estaba tan excitado que pronto le empezaría a doler. Lo introdujo todo a
su boca y lo succiono, simulo envestidas suaves, acariciando con su lengua
aquella dureza, sintiendo como palpitaba en su boca, sintiendo como crecía y se
calentaba, era algo maravilloso, sentir aquella excitación que provocaba en el
hombre que se retorcía por el placer que le brindaba.
La garganta del
cantante no dejaba de jadear, de suspirar, sus ojos estaban cerrados, sus manos
jugaban con el cabello de su pareja, sentir su miembro en la boca del
guitarrista lo volvía loco, no había nada más excitante que eso. Saber que
quien le daba tal placer, quien lo saboreaba era la persona que amaba, nadie
más que él.
―Mmmgh… Por
favor…
Los dientes de
Kaz rosaron su falo y gimió, aquella sensación era extraordinaria. Era
enloquecedora.
―Ya no aguanto…
Al escuchar
aquello el guitarrista incremento sus movimientos, tomo los testículos de su
novio y los jugueteo, su boca atendía la dureza y succionaba una y otra vez,
pegaba sus mejillas a la carne de su pareja y rosaba con los dientes, sabía lo
mucho que amaba eso el cantante, incremento aún más sus succiones hasta que
sintió aquel liquido caliente derramarse y lo trago enseguida, saco el miembro
de su boca, aún seguía dura y sonrío.
Se alejó de esa
zona y subió a los labios de su novio, lo beso y mientras sus labios estaban unidos
se introdujo en él. El vocalista soltó
un sonoro gemido y se aferró al cuerpo de su novio, sentir como entraba en él,
como su carne se abría para él era una sensación de dolor, de placer, de
entrega. Disfrutaba esa parte, recibirlo, tenerlo en él, unidos.
―Muévete. ―
Ordeno.
―¿Ansioso?
―¿Tu qué crees?
En semanas no te he tenido así.
―Y por eso mismo
debes ser castigado.
―¿He?... ¡Aaaah!
Su novio comenzó
a moverse, de manera ruda enseguida y su cuerpo lo sintió. Su cadera lo sintió
y le comenzó a doler, pero las sensaciones eran a la vez demasiado placenteras,
¿En que se había convertido? Quizá en un masoquista. Pero no le importaba serlo
siempre y cuando fuera solamente con él. Con Kaz, su novio.
La cadera del
guitarrista se movió sin parar, se movía frenético, ansioso, anhelando sentir
cada espacio de su pareja, exigiendo sentirlo suyo, marcándolo como suyo,
haciendo que la mente del vocal solo pensara en él y en lo que le hacía, que
supiera perfectamente que le pertenecía, a nadie más que a él.
―Mmmg… Kaz…
Aaah…
―Solo debes
amarme a mí, Haido, entregarte solo a mí.
―Lo… Mmgh… Lo
hago…
―Y debo ser
también tu maldita prioridad. ― Entro más fuerte.
―¡Aaah! ¡Idio…!
Mmmgh….
―Te amo, mi vida.
El vocalista lo recibía
una y otra y otra y otra vez, lo recibía de la manera más perfecta y cálida que
existía, le fascinaba sentirse tan deseado y anhelado, le fascinaba sentir que
le pertenecía a Kaz y sobre todo amaba escuchar los sentimientos de su novio
mientras lo tenía dentro de él, eso lo hacía estremecer más que cualquier otra
cosa.
―Yo te amo aún
más.
Acerco sus labios al
pecho de su novio y lo mordió en un lado, en otro, succionó, le dejo todas las
marcas que quiso, porque él le pertenecía también y nadie más podía tenerlo.
Las envestidas eran
fuertes, Kaz había llegado profundo y tocaba el punto sensible de su pareja,
amaba escuchar aquellos gemidos de placer, aquellas exigencias pidiéndole más,
gritando su nombre.
―Más… Kazu…
Mmgh… Ahí, si…
Dejo de moverse
y al ver los ojos de muerte de su novio lo giro antes de que escuchara algún
reclamo por parar, lo dejo en cuatro y entro de nuevo con intensidad, robándole
un gruñido intenso, siguió moviéndose fuerte y aferrándose a la cadera de su
pareja, encontró enseguida el punto delicado y lo ataco, una vez, dos, tres…
Seis, no paro e incremento las sensaciones tomando el falo erecto del vocal, lo
comenzó a masturbar y de la misma intensidad con la que lo penetraba.
Su mente estaba
totalmente en éxtasis, no podía pensar en nada, tal vez hasta ni su nombre
recordaba, las sensaciones eran demasiadas. Comenzó a sentir el calor invadir
cada una de sus células y al siguiente minuto dejo irse, en un perfecto
orgasmo. Segundos después sintió el cálido liquido de su novio derramarse en él
y cayeron desvanecidos.
El pequeño
cantante se recostó en el pecho de su pareja y lo abrazo con fuerza, soltó un
largo suspiro y cerró los ojos.
―Kazu…
―Dime.
―Te amo, ¿Lo
sabes verdad?
―Lo sé, aunque a
veces parezca lo contrario.
―No soy bueno en
esto y lo sabes… Perdóname.
―¿Por qué tienes
que ser tan dulce?. ― Suspiro. ― Te perdono con una condición.
―La que sea.
―Vayamos los dos
a esquiar.
―¿De verdad?. ―
Se inclinó un poco, con una gran sonrisa.
―¿Aceptas?
―¿Todas nuestras
vacaciones?
―Hasta el último
día. ― Beso su frente.
―¡Claro que
quiero!
Se abrazó de
nuevo a su novio y lo lleno de besos, le emocionaba demasiado pasar todas las
vacaciones con su novio, estar solos, haciendo algo que los dos disfrutaban
como lo era el esquiar.
―Debo hacer la
reservación.
Tomo su celular
y marco enseguida un número, entre más rápido organizara todo mucho mejor.
―Kazu, ¡Mira
esto!.
Habían llegado a
sus vacaciones llenas de nieve, todo estaba blanco, con un poco de aire, los
pinos estaban con su sábana de nieve, había pocas personas ya que habían
reservado una cabaña lejos del público, querían salir y estar libres de ojos
curiosos.
―Luce increíble.
―Vayamos por
nuestras cosas.
―Primero debemos
dejarlas en la cabaña, pequeño ansioso. ― Se rio Kaz.
―Bien. ― Hizo un
puchero.
Los dos se
adentraron a la cabaña, era un lugar pequeño y acogedor, lo primero que vieron
al entrar era una chimenea en la sala alfombrada, se veía de alguna manera
romántico y tentador para cada noche, el vocalista se quedó observando
fijamente aquel punto y muchas ideas le pasaron por la cabeza, él le
recompensaría toda la ausencia que había hecho los días de trabajo, su novio lo
merecía.
Se pasaron a la
habitación y dejaron las maletas, en la cama había unas rosas y Kaz se quedó viéndolas
con sorpresa. El vocal enseguida fue por ellas y las tomo apenado.
―Eso…
―Creo que los
dueños creyeron que era una cita romántica, les dije que estaría aquí con mi
pareja durante las vacaciones.
―¿Entonces no es
una cita romántica? Rompes mi corazón Haido. ― Fingió indignación.
―Lo es… Pero
estas rosas no fueron mi idea. ― Se encogió de hombros. ― Yo hubiera llenado de
pétalos toda la cabaña, desde la puerta principal.
―Ummm, sé que
sí.
Se acercó a su
novio y lo tomo de la cintura para pegarlo a su cuerpo y absorber su perfecto
aroma, encajaban tan bien, sus cuerpos
habían sido creados para estar juntos, para permanecer abrazados, para amarse.
―Te amo, mi
pequeño.
―Yo te amo aún
más bebé, quizá no lo demuestre pero te juro que lo hago.
―Mientras tu
corazón siga sintiendo ese amor, el mío se mantendrá con vida.
―Kazu, mi amor…
No sé qué haría sin ti…
―Enloquecer tal
vez.
―Umm, o morir.
Kaz sonrió y
pego su frente a la de su novio, tomo aire profundo y unió sus labios a los
ajenos, el cantante como siempre enseguida se dejó guiar por su pareja, dejo
que él se adueñara de su cuerpo, de su mente, de su alma y de su corazón,
porque sabía que no corría peligro alguno, sabía que su pareja cuidaría cada
parte de él como el tesoro más preciado del universo.
La idea de
disfrutar los dos unas semanas en la nieve, esquiando y haciendo lo que les
gustaba era maravilloso, los dos amaban esquiar, los dos hacían esa actividad
con emoción y un poco de torpeza, dominaban todo pero a veces simplemente no
les salía muy bien y terminaban cayendo, riéndose como dos niños sin parar.
―Creo que hoy no
es nuestro día. ― Se reía Kaz.
―Bebé, hemos
caído como cien veces, no quiero más, mi trasero está congelado.
―Vayamos de
compras.
―Me encanta esa
idea.
El pequeño vocal
intento levantarse pero se resbalo y cayó encima de su novio, se volvió a reír
y el guitarrista en un rápido movimiento lo dejo debajo de él, sonriente.
―Casi me matas.
―Ni que pesara
tanto. ― Se defendió sin poder dejar de reír.
―No sé dónde
metes tanta comida.
―Ni yo, pero me
alegro.
Kaz se acercó a
sus labios y se besaron, aun riendo por lo dicho. Esos besos eran de los
mejores, besar y reír, reír y besar, besar y terminar con una sonrisa.
Los dos se
levantaron y caminaron a la cabaña, dejaron las cosas de esquí y se cambiaron
para ir de compras. Cuando estuvieron listos salieron tranquilamente,
disfrutando de la vista, tomando fotos y más fotos, de los paisajes, de ellos, de
cada cosa que les gustara.
―Hay muchas
tiendas según vi en internet.
―Suena bien.
Tomaron el auto
que rentaron y el vocal comenzó a manejar, ellos estaban en una cima de esquí
así que el pequeño pueblo donde había tiendas estaba a cuarenta minutos de
ellos.
Durante el
camino platicaban de lo que fuera, hasta de los sueños raros que el más pequeño
tenia, realmente eran sueños raros que a Kaz le gustaba escuchar porque se reía
sin parar.
Una de sus
costumbres era que mientras iban en un auto, los dos solos siempre se tomaban
de la mano, tenían que tener contacto físico, no por costumbre sino por
necesidad, sus cuerpos pedían ese toque para sentirse cálidos y completos.
―¿A dónde vamos
primero?
―Ummm, a comer,
tengo hambre.
―Debí
imaginarlo. ― Rio el guitarrista. ― Tragón.
―Así me amas.
―Con locura.
El vocal se
apeno y bajo la mirada, solo el cielo sabía todo lo que disfrutaba esos
pequeños encuentros de amor y retos, eran demasiado agradables, siempre
terminaban con cosas tiernas que quisiera o no aceptar disfrutaba, amaba, amaba
esa dulzura que tenían en su relación, amaba esa complicidad, esa confianza,
ese grado de melosidad.
Amaba a su novio, como jamás creyó que
amaría en la vida.
Él no creía
mucho en el amor, él solo pensaba que su amistad era la más fuerte que había
tenido y que los celos repentinos eran por cuestión de ser el mejor amigo,
hasta que un día se dio cuenta de que estaba enamorado, de que esa mezcla de
sentimientos no eran normales en una amistad, que esa repentina obsesión, esa
repentina necesidad de tenerlo solo para él, de no querer verlo con nadie más…
De que se estaba volviendo loco por no poder tenerlo… Hasta ese grado se dio
cuenta de que estaba enamorado hasta lo más profundo de su ser.
Enamorado al
grado de no querer que ni siquiera el sol lo tocara, de no poder decirle más
amigo, sino novio, amor.
Había
enloquecido, enloquecido totalmente.
Por él, por Kaz.
El amor más
intenso que jamás había tenido, ni volvería a tener porque no se imaginaba con
nadie más que él.
―Mira esto, es
hermoso.
Estaban en una
tienda de ropa, habían abrigos increíbles, pantalones, camisas, a donde quiera
que voltearan era maravilloso.
―Agradece que
somos ricos, sino te quedarías empeñado.
―Oye, ¿Por qué
yo?
―Porque eres el
más lindo. ― Kaz sonrió y jugueteó con la nariz de su novio. ― Aunque la idea
de que te quedes no me gusta, pueden usarte como objeto sexual, mejor
huiríamos.
―¿Celoso?
―Para nada,
simplemente cuido lo que es mío.
Le guiño un ojo
y continúo viendo ropa, el cantante se quedó dónde estaba disfrutando de
aquellas palabras, le gustaba demasiado saberse suyo, nadie más que de Kaz.
El guitarrista disfrutaba
ver la emoción de su novio, ver sus ojos brillantes al ver algo que le gustaba…
Ver esos ojos brillantes cuando lo veía a él le encogía el corazón. Esos ojos
siempre lo delataban, cuando se apenaba, cuando se enojaba, cuando tenía ideas
locas o cuando ansiaba algo pero no lo pedía.
Lo que más le
gustaba saber era que solo él se daba cuenta de eso, nadie más que él… Solo él
lo conocía tanto, sabía cada secreto, cada miedo, cada logro, cada felicidad,
cada molestia, cada disgusto, solo él sabía leer aquellos ojos, aquel cuerpo….
Y lo mejor, solamente él podía disfrutar de aquel lado enamorado, aquel lado
empalagoso, nada lo hacía más feliz que eso, saber que era totalmente suyo,
nadie más que suyo.
―Mira bebé,
te quedará perfecto.
―Veamos.
Su pequeño novio
le había llevado una playera que al segundo de verla le había encantado, el
cantante sabía perfectamente sus gustos y era encantador.
―¿Entonces? ¿Me
queda bien?
―Cien por ciento
bien.
―Excelente
decisión. ― Le guiño en complicidad.
Se quedaron ahí
otros minutos, quizá más que minutos. Al salir se llevaron unas cuantas bolsas
que tuvieron que ir a dejar al auto sino querían cansarse de tanto cargar,
pasaron a más tiendas de ropa, de joyas, de zapatos, de comida, de detalles
turísticos hasta que la noche cayó.
―Vayamos a la
cabaña.
―¿No quieres
cenar algo antes?
―Umm, compremos
algo y comamos allá.
―Suena bien.
Entraron a una
tienda más y pidieron comida para llevar, quizá habían comprado más de lo
normal pero no querían salir al día siguiente así que se aseguraron de comprar
lo suficiente. Manejaron un poco lento, había aire y la nieve no ayudaba mucho,
nieve más oscuridad era una mezcla peligrosa.
Una hora después
entraron a la cabaña, Kaz tomo las llaves y al entrar noto que había algo raro,
abrió y enseguida vio pétalos de rosa en el piso, marcando un pequeño camino,
era tal su sorpresa que no se movió de su lugar hasta que su novio llego a él.
―Pareces
estatua.
―Haido… Los
pétalos…
―¿Te gusta? Esta
noche quiero consentirte.
Kaz lo vio a los
ojos y noto que su novio estaba bastante apenado pero lo ocultaba, estaba un
poco inseguro también y sobre todo, el sonrojo de sus mejillas lo hacía ver
eternamente adorable.
―Me encanta,
gracias. ― Dijo para que su novio se sintiera seguro.
―Entremos. ― Los
ojos del vocal brillaron más al escuchar aquello.
Los dos entraron
y siguieron el camino de pétalos, los llevaban a la sala, la chimenea estaba
prendida y se escuchaba el crujir de la leña, las llamas se movían en una
cálida danza, había cojines en la alfombra y se sentaron. El vocal saco la
comida que habían comprado y aun un poco nervioso veía las reacciones de su
novio, parecía que le gustaba todo pero no estaba seguro, su silencio lo ponía
nervioso.
―Todo se ve
delicioso. ― Hablo.
―Y huele
delicioso. ― Suspiro. ― Jamás imagine que hicieras algo así.
―Lo hemos hecho.
―Sorpresas como
está son de mí para ti. ― Se rio.
―Esta vez lo
hice para ti.
―Y amo que lo
hayas hecho.
Se vieron a los
ojos y sin necesidad de decir nada el guitarrista se acercó a su novio y lo
besó, necesitaba besarlo y agradecerle por la sorpresa, necesitaba amarlo en
ese mismo momento.
―La cena puede
esperar.
―Totalmente.
Los dos se
entregaron a los besos profundos, besos ansiosos y llenos de amor, sus labios
se conocían tan bien que no podían pasar mucho tiempo lejos porque se
extrañaban y comenzaban a secarse, comenzaban a doler sino se juntaban.
Sus manos
empezaron a quitar la ropa, empezaron a desaparecerla porque cada vez les
estorbaba más, cada vez les molestaba más. El único sonido que había era el
crujir de la leña y el fuerte aire que corría en el exterior. La luz de las
llamas era lo único que los iluminaba, ver aquellos cuerpos cubrirse por esa
luz natural era maravilloso, sentir esa calidez a pesar del frio les hacía
darse cuenta del grado de calidez que desprendían.
Quedaron
desnudos y sus cuerpos se juntaban lo más que podían, se adueñaban, se poseían,
su piel rosaba y les robaba suspiros, sus labios no se separaban, se besaban,
se mordían, besaban cada rincón de sus cuerpos, su lengua hacia caminos de
saliva, se saboreaban, se llenaban de placer.
Las sensaciones
que cada uno se regalaba eran maravillosas, era como ir al séptimo cielo y
experimentar cosas del olimpo, cosas que ningún mortal experimentaría jamás,
cosas que solo los dioses vivirían.
Eso y más
sentían. Podían experimentar la muerte, la vida, el renacer. Su amor los hacía
volar y caer sin piedad, los hacía llegar a la cima y ver a todo el mundo desde
las alturas, les hacía vivir con los dioses, ser inmortales.
―Te amo cariño…
Susurro Kaz en
el oído de su novio mientras lo envestía lentamente. Veía el rostro enloquecido
de placer de su pequeño, adoraba ver aquella locura que le provocaba, aquellos
gemidos, esos rasguños que quedaban en su espalda después de poseerlo, amaba
cada segundo, cada minuto, cada reacción, cada gesto, cada palabra.
―Mi amor...
Aaah… Eres mi vida Kaz…
El cantante
gemía, su mente estaba en blanco, no pensaba en nada más que en su novio, nadie
existía más que ellos, solo ellos y su amor.
Sus cuerpos
encajando a la perfección se movían en una maravillosa danza de placer y
entrega, las llamas eran sus espectadores, sus gemidos y el viento eran su
música, su amor era el juez que los calificaba a cada minuto, dándoles
calificación perfecta.
Ellos sabían lo
que era hacer el amor, ellos sabían lo que era entregarse por completo a
alguien, lo que era enloquecer por amor, sabían sobre los sentimientos, las
sensaciones, sabían cada parte de ellos, cada rincón.
Sabían lo que
era amarse, lo que era estar el uno sin el otro… Lo que era morir en vida y
revivir al encontrarse.
Ellos sabían lo que era el amor.
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