lunes, 21 de noviembre de 2016

Dolly



La veía dormir tan tranquila que el ritmo de su respiración me relajaba demasiado, ver sus ojos cerrados, su pecho subiendo y bajando tranquilamente…

Era maravilloso ver esas pestañas, su cabello tendido en la almohada, verla medio tapada con una ligera sabana. Verla con su pijama, una playera más grande que su talla normal, un pequeño short que dejaba ver su suave piel…

―Te amo. ― Susurre mientras acariciaba su cabello.
Ella se removió un poco y suspiro, sus labios se comenzaron a poner curvos y sus ojos se abrieron lentamente.
―Yo también te amo. ― Hablo en voz baja, regalándome su hermosa sonrisa.
―Te desperté…
―Sentir tus manos en mi cabello y tus palabras es el mejor despertador que podría tener.
―Pero mi vida, son las 2: 34 a.m. ― Ella se rio.
―Cualquier hora para despertar es buena mientras estés tú.

Le sonreí y ella se acercó a mí para besarme, sus suaves labios eran mi droga, su cuerpo mi perdición. Ella era mi condena.

Sus brazos rodearon mi cuello y me aprisiono para no despegar nuestros labios, nuestros besos habían comenzado tiernos, pero conforme pasaban los segundos pedíamos más, queríamos más…

Anhelábamos más.

Entre esos besos me puse arriba de ella y acaricie sus brazos, disfrute de sus labios, los saboree, recorrí cada espacio de su boca, nuestras lenguas jugaron libremente, una de mis manos se metió bajo su playera y acaricie su estómago, esa piel tan cálida… Subí más la mano y me encontré con sus senos, esa maravillosa zona, al comenzar a acariciarlos ella soltó un suspiro de placer entre nuestros besos.

Me aleje de su boca y le sonreí, le quite la playera y deje a mi vista su desnudo dorso, su rostro me decía la pena que sentía en ese momento y me encanto ver ese sonrojo. Regrese a sus labios y volví a besarla de manera dulce, baje lentamente repartiendo besos por su cuello y al llegar a sus senos mi boca se dedicó a atender a uno, si besos por aquella zona y llegue a su pezón en donde mi boca lo chupo gustoso, donde mi lengua jugo con él, donde mis dientes rosaron para estimularlo, sus suspiros me incitaban a más, el movimiento insinuante de su cuerpo me pedía más. Atendí el otro lado, haciendo la misma acción que con el primero, bese, chupe, lamí…

Baje una de mis manos y acaricie sus piernas, acaricie su cadera y me metí lentamente bajo su pequeño short, sentí su piel y su estremecimiento. Rose aquella zona, bese sus labios y sentí sus manos levantar mi playera.

Quede desnudo también, nuestra piel comenzó a rosarse, los suspiros comenzaron a tornarse más fuertes y seguidos.

―Mmmh…

Ese pequeño jadeo me anuncio que ella necesitaba más y sonreí. Baje mis labios dándole besos por su tórax, por su estómago… Llegue a su cadera y me deshice de esa tela que me estorbaba.

La observe, detenidamente, su figura me enloquecía, ver ese rostro sonrojado, esos ojos brillantes… Esa pena que desprendía.

Esa mujer me encantaba…

Ver ese cuerpo acostado en mi cama, desnudo, bajo una tenue luz, esperando por mí, deseando que la tocara.

Era delirante.

Bese sus labios y baje a su cadera, ella sabía a lo que iba y se sonrojo más, sus ojos se cerraron y tome sus piernas, las acomode a mi conveniencia y me hundí entre ellas.

Repartí besos en sus muslos y llegué a su centro, di un pequeño beso y entonces mi lengua salió, recorrí esa zona cálida y húmeda, comencé a escuchar sus jadeos, esos jadeos que amaba, mientras más jadeaba ella más me incitaba a torturarla de manera placentera.

Tome sus piernas de manera en que no pudiera cerrarlas y me hundí más en ella, lamí, saboree, disfrute de aquella calidez, de esa humedad, de esos jadeos… Disfrute de sus movimientos insinuantes, de sus manos en mi cabeza. Torture su punto de placer, sin piedad, una y otra vez estimule deseando enloquecerla… Mis manos subieron a sus senos y apreté ligeramente sus pezones, ella gimió, su cuerpo me dijo lo mucho que estaba disfrutando.

Me aleje de sus piernas y subí a su boca, baje una de mis manos y volví a torturar, mis dedos esta vez entraron en ella y su garganta gimió más, gemidos que absorbí con mis besos.

Dos de mis dedos estimulaban su interior y uno de ellos su clítoris, me gustaba hacerla gemir al grado de gritar mi nombre, al grado de pedirme más, al grado de volverla loca, de que su mente quedara en blanco y no pensara en nada más que en mí.

Era un egoísta.
No quería que esa mujer pensara en nadie más que en mí.
No quería que ella deseara a nadie más que a mí.
No quería que ella necesitara a nadie más que a mí…
Maldita sea.
No quería ni imaginarla pensando en alguien más, no quería ni imaginar en alguien haciéndole daño…
Yo quería protegerla, amarla, tenerla siempre conmigo.
No verla llorar nunca.
Hacerla feliz.

Su cuerpo se movía para liberar el placer que experimentaba, su cadera subía un poco, su espalda se arqueaba.

―Si amor, entrégate a las sensaciones.

Susurre en su oído y gimió más, me aleje de su rostro y la acomode de lado, tome sus piernas y las volví a abrir para quedar en medio de ella y de rodillas. Una de sus piernas reposaba en uno de mis hombros, comencé a moverme, mis envestidas eran cada vez más profundas, más intensas, ver su rostro lleno de placer me enloquecía más, comencé a moverme aún más rápido, pegando un poco salvaje en ella, haciendo movimientos insinuantes y estimulando todo aquel lugar que tenía a mi alcance.

Sentir nuestra piel rosando era maravilloso.
Escucharla gemir.
Gritar mi nombre…
Era como estar en el cielo.

Sus gemidos me decían que estaba por terminar, su rostro me avisaba que estaba encontrando su orgasmo y me moví más, nuestras gargantas soltaron más y más sonidos, los movimientos eran tan llenos de necesidad que las dos llegamos juntas, las dos vimos el décimo cielo.

Los dos nos desvanecimos, quedamos acostados uno al lado del otro, abrazándonos y recuperándonos. Escuchando nuestros corazones latir de manera desenfrenada.

La abrace fuerte y bese su frente.

―Volvamos a dormir mi vida. ― Hable bajo.
―Te amo. ― Dijo antes de darme un casto beso y acomodarse entre mis brazos.
―Te amo de la misma manera. ― Dije con una sonrisa.

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Un abrazo ♥