Capítulo 23 Fuerza
Mi cuerpo pesa, pesa
tanto que no puedo moverme, ni siquiera abrir los ojos. ¿Qué paso? Lo último
que recuerdo es que me alejaron de Hideto y que uno de los guardias me dio a
beber algo, después de eso no recuerdo más.
Mi mente está atrapada
en mi subconsciente, aunque le ordene a mi cuerpo moverse no responde, solo
están mis pensamientos envueltos en oscuridad y es una sensación muy
desagradable, me siento tan frágil, tan débil como jamás me había sentido, ni
aun siendo humana.
No sé cuánto tiempo he
pasado en este estado, ¿Minutos? ¿Horas? Le pido al cielo que días no, necesito
saber de él, necesito saber que está bien.
Hideto…
Por mi culpa está así,
por ser tan insistente y pedirle que me viera como mujer, por pedirle que me
amara y que no bebiera de nadie más que de mí.
Perdóname, por favor.
Si tan solo me hubiese
quedado callada, si hubiese guardado mis sentimientos, si tan solo hubiese
huido al saber que es un vampiro…
No estaría peligrando su vida.
Es así, esto es mi
culpa, solamente mi culpa y debo de arreglarlo, no me perdonaría jamás que le
asesinaran por mí.
Con mi mente encerrada no puedo hacer nada ahorita, pero por lo menos puedo pensar en algún plan, en
algo que pueda ayudar a arreglar todo esto, pero, en algún segundo comienzo a
escuchar un pequeño susurro, un susurro que dice mi nombre… Es un tono dulce y
preocupado.
Esa voz… Es su
voz.
Hideto me llama, ¿Está
a mi lado? Deseo tanto que así sea, su voz dice mi nombre una y otra vez, pero
de repente en un tono alarmante me pide que abra los ojos, mi cuerpo siente una
corriente de rechazo e inmediatamente mis parpados se abren, lo primero que veo
es al viejo líder verme extraño y con una de sus manos a milímetros de mí. Me
alejo en un parpadear y llego al otro extremo de la habitación.
―Aunque trates no puedes salir, hay guardias. ―
Habla él con una sonrisa. ― ¿Sabes? No sé si agradecerte o maldecirte en
realidad, hace muchísimos años que he buscado algún defecto en el Rey que
tenemos, ese es un maldito mocoso a mi lado y aun así se atrevieron a ponerlo
de superior, no lo merece, yo he vivido más vidas que él y es abominable
recibir órdenes de un crio. ― Suspira. ― Me estaba dando por vencido la verdad,
pensé que nunca encontraría nada en su contra para desterrarlo, pero gracias a
ti ha llegado el día.
El viejo hace una enorme sonrisa y al siguiente
segundo estalla en carcajadas, tengo unas fuertes ganas de asesinarlo pero si
lo hago tal vez meta en más problemas a Hideto. Tomo aire profundo e intento
relajarme, esto puede ir mejor si voy a su ritmo.
―¿Cuánto tiempo espero para esto?. ― Pregunto con
cautela.
―Muchísimos años niña, años en los que tu ni
siquiera estabas destinada para estar en la tierra.
―Entonces deben ser bastantes. ― Doy un suspiro. ―
Pero, ¿Qué se le puede hacer? El reinado se hereda por generaciones.
―El reinado no le correspondía a ese crio, el
sucesor tenía que ser su padre.
―Tengo entendido que su padre no era precisamente
el orgullo del profeta, por eso Hideto fue el sucesor.
―¿Qué van a saber ellos? Yo vi crecer a ese
maldito, por más que intente hacer entrar en razón al profeta no lo logre, él
no entendía que el puesto del Rey es solamente ser la imagen de nuestro pueblo,
lo demás es cosa del consejo.
―¿Es así?
―Por supuesto. ― Sonríe con malicia. ― Había sido
así por años… Hasta que llego el profeta a ser el Rey, prácticamente nos quitó
todo poder, pero a él se lo permitimos porque era el único profeta de nuestra
historia.
―Y a Hideto no se lo permiten porque es un
jovenzuelo.
―Es un crio sin conocimientos sobre esto… El
debería mantenerse jugando con sus empresas y dejarle al consejo el manejo del
pueblo.
―¿Por qué no simplemente se lo dicen?
―Lo hemos hecho pero él dice que eso no es lo que
su abuelo le enseño. ― Camina hacia mí. ― Hasta ahora había hecho todo tan bien
que daba flojera seguir buscando algo indebido, pero, gracias a ti mujer tengo
lo que necesitaba.
―¿Y qué es eso que necesita?
―Desterrarlo de su cargo y tomarlo yo.
―No lo entiendo. ― Me alejo un poco de él. ― Si dice
que el Rey no debe tener poder alguno más que ser la imagen, ¿Por qué tomar su
cargo?
―Ser el Rey te da el poder absoluto en el pueblo,
puedes tomar cualquier poder que desees con solo pensarlo, se puede hacer
cualquier cosa, chiquilla… Los del consejo siguen mis órdenes sin rechistar,
tendría el poder en ambos lados.
―Entiendo…
Comienzo a sentirme nerviosa, él se está acercando
mucho a mí y yo ya no puedo huir pues estoy pegada a la pared.
―Siempre he detestado a ese crio y ahora puedo
hasta asesinarlo con mis propias manos. ― Sus ojos se tornan peligrosos. ― Y ¿A
ti? ¿Qué sería bueno hacer contigo?
Llega a mí y se pone tan cerca que puedo sentir su
respiración en mi piel, quiero salir corriendo pero no lo hago, no dejare que
sienta mi temor hacia él así que me quedo aquí, viéndolo a los ojos, retándolo
con la mirada.
―Antes de decidir qué hacer contigo, necesito
confirmar que eres una impura.
―Si lo que busca son mordidas, no tengo.
―La boca del diablo engaña, así que prefiero ver
por mí mismo.
En un segundo sus manos están en mi cuerpo,
intentando quitarme el vestido, intento alejarlo pero el maldito es muy fuerte,
trato de no entrar en shock por lo que está pasando pero sus manos tocándome de
manera tan violenta me hace querer llorar y encerrarme en mi subconsciente
donde solo estemos Hideto y yo.
Las manos del vampiro me toman con fuerza y me
avientan a la cama, antes de que pueda levantarme él ya está arriba de mí,
disfrutando del momento, sus ojos me dan miedo, me dan asco.
Hideto…
―Debo admitir que eres una mujer demasiado hermosa…
A primera vista eres totalmente pura, tus ojos cambian de color de acuerdo a tu
ánimo, tu piel parece de porcelana, es tan delicada y suave… Tu belleza es de
las pocas que se pueden ver ya que quedan muy pocos puros, esa educación y
altanería de alguien de cuna, esa educación, esa mirada retadora, ese aire de
grandeza… ¿Quién eres?... Un impuro no tiene estas características.
―Soy pura, incluso más pura que usted. ― Mi boca
habla por sí sola y sus manos aprietan mis muñecas.
―Fíjate bien en tus palabras y en la posición en la
que estás, podría matarte en este mismo momento.
―Si lo va a hacer, hágalo de una vez.
―Valiente…― Se acerca a mi cuello y absorbe el
aroma. ― Me gusta.
―Si bebe de mí será un gran problema.
―¿Por qué?. ― Se ríe.
―Soy una humana convertida, ¿No? Va contra sus
leyes.
―Eso solo aplica al Rey. ― Ríe mas fuerte. ― Yo
puedo tomarte sin problema alguno.
―Sería quitado de su cargo por tomar a la mujer de
su Rey.
―Él mañana será desterrado.
―Usted como puro no puede tomar de una impura.
―No tiene por qué saber nadie, ¿No lo crees?
El maldito me toma las dos muñecas con una mano y
con la otra comienza a bajar mi vestido, su asqueroso tacto me hace querer
gritar pero para mi sorpresa no puedo, es como si mi voz se hubiese ido y me da
más miedo.
―Eres tan suave como cada tela fina que existe.
Sus manos tocan mis piernas y su asquerosa piel se
siente como cuchilladas en mi cuerpo, sus labios rosan mis mejillas y comienza
a buscar mis labios, estoy paralizada, totalmente paralizada.
Hideto…
Dios mío, no quiero esto.
Hideto…
Grito su nombre en mi mente, cierro los ojos y
pienso en él, en su hermoso rostro, en sus dulces palabras… En su amor, en su
sonrisa.
Hideto… Te amo tanto…
―Abre los ojos. ― Esa asquerosa voz me hace volver
a la realidad. ― Quiero ver esa mirada cuando me sientas.
No hago caso, cierro más los ojos y siento como
presiona mis muñecas por su molestia, prefiero que me mate a tener que verlo.
―Maldita sea perra, ¡Ábrelos!
De solo pensar en Hideto me siento fuerte, ¿Será
así? De solo pensar en esa cálida sonrisa, en esos ojos… En su amor, sentir su
amor…
Me alienta.
―Si lo quieres por las malas mejor.
Su voz es autoritaria y dura, hago media sonrisa y
abro mis ojos, veo al maldito viejo querer sonreír pero algo lo sorprende y su
rostro se pone de sorpresa, muevo mi cuerpo y ahora me sorprendo yo al ver cómo
me deshago de él, el viejo cae al suelo y me levanto de la cama, viéndolo con
todo mi asco y odio.
―No me vuelva a tocar, ¡No se atreva!.
―Maldita…― Su voz se escucha nerviosa. ― ¿¡Cómo te
atreves a faltarle al consejo?!
En segundos se levanta del piso y me azota contra
la pared, toma mi mandíbula y ejerce presión contra la pared para dejarme
inmóvil, su nariz pega con la mía y vuelve a querer tocarme de aquella manera.
―Si te acuestas conmigo podría pensar en no
asesinar a tu Rey. ― Habla en un susurro.
―No le creo.
―Soy hombre de palabra, le daría la oportunidad de
que huyera, tan lejos como pueda, solo te pido que seas mía, en cuerpo y
sangre.
Odiándome me deja penando en esto, no sé ni porque
se mete esa propuesta en mi cabeza, ¿Cómo confiar en este maldito? No es
posible, no debería ni pensarlo, es un hijo de perra que solo busca su poder y
satisfacción pero si está en mis manos la vida de Hideto… No podría rechazar
la oferta, no quiero que él muera.
―¿Por qué cree que confiare en usted? Es un
maldito.
―Dime que sí y en este momento doy la orden para
que lo liberen y lo dejen ir, podrás confirmarlo con uno de sus primos, ya que
ellos también se largaran.
―Prefiero que nos mate a todos antes de confiar en
usted.
―No seas estúpida, ¿Dejaras que tu Rey muera?
―Dejare que muramos los dos.
―¿Qué te hace pensar que te matare?
―Buscare la manera de morir si usted no me asesina.
―Tu valor no servirá de nada. ― Rosa mis labios. ―
Solo di sí.
―Jamás.
Lo empujo con todas mis fuerzas y logro aventarlo
al otro extremo de la habitación, voy hacia él y lo tomo de la ropa para
aventarlo contra la pared, tomo su cuello y pienso en ahorcarlo pero no podría
matarlo porque esto quizá empeore las cosas.
―Si vuelve a tocarme se arrepentirá por los
milenios que le queden de vida. ― Susurro en su oído. ― Jamás me tendrá, ni a
mí ni al reinado, ese lugar le corresponde a Hideto y más le vale que no le
haga daño yo misma me encargare de que su vida sea una constante tortura, llena
de sufrimiento.
Suelto su cuello y lo veo toser un poco, lo estaba
asfixiando, sus ojos son de total sorpresa y hasta me atrevo a decir que de
miedo, en este momento me siento tan poderosa que no le tengo miedo a nada, ni
a nadie, siento que podría matar a todo aquel que se interpusiera en mi camino
para salvar a Hideto.
―Hija de perra. ― Continúa tosiendo. ― ¿Qué diablos
eres?. ― Sonrío.
―Una pura y mujer del Rey.
―Si me haces daño…
―Depende a que se refiera con la palabra daño.
―No puedes hacerme nada, te condenarían.
―Condenada ya estoy. ― Vuelvo a sonreír.
Me alejo de él y veo mi figura en un espejo, lo
siguiente que veo es que mis ojos están en un rojo llameante, mis colmillos
están a la vista, luzco peligrosa… Demasiado peligrosa.
Desde que me había convertido mis ojos no habían
tomado este color. Sonrío al espejo y volteo hacia donde está el viejo,
seguramente por esto me ve con miedo.
―Entonces, ¿Dañarlo?. ― Suspiro. ― No lo mataré, no
mientras Hideto no esté a salvo, no soy estúpida.
―¿¡Qué infiernos eres?! Jamás había visto ese color
de ojos y menos, esas facciones…
―Si no sabe usted en sus miles de años de vida,
menos yo… ¿Puede soltar a Hideto?
―Ni muerto.
―Bien, entonces ¿Por las malas?
―No serias capaz de asesinarme.
―No tiente a la suerte. ― Dibujo una sonrisa.
―Si me tocas...
―No tiene porque enterarse nadie, ¿No cree?.― Repito sus palabras.
―Maldita...
―Me dará mucho gusto presenciar su muerte, mi Rey lo hará gustoso.
―No puede matarme.
―Claro que sí... Además ha vivido ya demasiado tiempo.
―Hija de perra.
Sus ojos me acuchillan y sin esperarlo viene contra mi, los dos caemos al suelo y se escucha un gran sonido por el golpe, él nuevamente está arriba de mí inmovilizandome a como de lugar.
―Una simple mujer no puede vencerme.― Susurra en mis oidos.― Más te vale seguir mis ordenes o tu Rey sufrirá como nunca antes de convertirse en cenizas.

Dios, qué capítulo! O.O Ese viejo es un maldito, sin duda... Pero no puede hacer daño a Dana-sama ni a Miyuki, no nooo ><
ResponderBorrarEstá cada vez mejor, Tsukii *o* emoción! hjkçwx
~Nos leemos ♡
AASDFGHASDFGH, el amor debe triunfar *~*
BorrarEsperemos? :c
Woooooooo sugooooooi!!!!!! ❤❤❤
ResponderBorrar*~* <3
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