lunes, 17 de octubre de 2016

Vampire's love


Capítulo 23 Fuerza



Mi cuerpo pesa, pesa tanto que no puedo moverme, ni siquiera abrir los ojos. ¿Qué paso? Lo último que recuerdo es que me alejaron de Hideto y que uno de los guardias me dio a beber algo, después de eso no recuerdo más.
Mi mente está atrapada en mi subconsciente, aunque le ordene a mi cuerpo moverse no responde, solo están mis pensamientos envueltos en oscuridad y es una sensación muy desagradable, me siento tan frágil, tan débil como jamás me había sentido, ni aun siendo humana.
No sé cuánto tiempo he pasado en este estado, ¿Minutos? ¿Horas? Le pido al cielo que días no, necesito saber de él, necesito saber que está bien.
Hideto…
Por mi culpa está así, por ser tan insistente y pedirle que me viera como mujer, por pedirle que me amara y que no bebiera de nadie más que de mí.
Perdóname, por favor.
Si tan solo me hubiese quedado callada, si hubiese guardado mis sentimientos, si tan solo hubiese huido al saber que es un vampiro…
No estaría peligrando su vida.
Es así, esto es mi culpa, solamente mi culpa y debo de arreglarlo, no me perdonaría jamás que le asesinaran por mí.
Con mi mente encerrada no puedo hacer nada ahorita, pero por lo menos puedo pensar en algún plan, en algo que pueda ayudar a arreglar todo esto, pero, en algún segundo comienzo a escuchar un pequeño susurro, un susurro que dice mi nombre… Es un tono dulce y preocupado.
Esa voz… Es su voz.
Hideto me llama, ¿Está a mi lado? Deseo tanto que así sea, su voz dice mi nombre una y otra vez, pero de repente en un tono alarmante me pide que abra los ojos, mi cuerpo siente una corriente de rechazo e inmediatamente mis parpados se abren, lo primero que veo es al viejo líder verme extraño y con una de sus manos a milímetros de mí. Me alejo en un parpadear y llego al otro extremo de la habitación.
―Aunque trates no puedes salir, hay guardias. ― Habla él con una sonrisa. ― ¿Sabes? No sé si agradecerte o maldecirte en realidad, hace muchísimos años que he buscado algún defecto en el Rey que tenemos, ese es un maldito mocoso a mi lado y aun así se atrevieron a ponerlo de superior, no lo merece, yo he vivido más vidas que él y es abominable recibir órdenes de un crio. ― Suspira. ― Me estaba dando por vencido la verdad, pensé que nunca encontraría nada en su contra para desterrarlo, pero gracias a ti ha llegado el día.
El viejo hace una enorme sonrisa y al siguiente segundo estalla en carcajadas, tengo unas fuertes ganas de asesinarlo pero si lo hago tal vez meta en más problemas a Hideto. Tomo aire profundo e intento relajarme, esto puede ir mejor si voy a su ritmo.
―¿Cuánto tiempo espero para esto?. ― Pregunto con cautela.
―Muchísimos años niña, años en los que tu ni siquiera estabas destinada para estar en la tierra.
―Entonces deben ser bastantes. ― Doy un suspiro. ― Pero, ¿Qué se le puede hacer? El reinado se hereda por generaciones.
―El reinado no le correspondía a ese crio, el sucesor tenía que ser su padre.
―Tengo entendido que su padre no era precisamente el orgullo del profeta, por eso Hideto fue el sucesor.
―¿Qué van a saber ellos? Yo vi crecer a ese maldito, por más que intente hacer entrar en razón al profeta no lo logre, él no entendía que el puesto del Rey es solamente ser la imagen de nuestro pueblo, lo demás es cosa del consejo.
―¿Es así?
―Por supuesto. ― Sonríe con malicia. ― Había sido así por años… Hasta que llego el profeta a ser el Rey, prácticamente nos quitó todo poder, pero a él se lo permitimos porque era el único profeta de nuestra historia.
―Y a Hideto no se lo permiten porque es un jovenzuelo.
―Es un crio sin conocimientos sobre esto… El debería mantenerse jugando con sus empresas y dejarle al consejo el manejo del pueblo.
―¿Por qué no simplemente se lo dicen?
―Lo hemos hecho pero él dice que eso no es lo que su abuelo le enseño. ― Camina hacia mí. ― Hasta ahora había hecho todo tan bien que daba flojera seguir buscando algo indebido, pero, gracias a ti mujer tengo lo que necesitaba.
―¿Y qué es eso que necesita?
―Desterrarlo de su cargo y tomarlo yo.
―No lo entiendo. ― Me alejo un poco de él. ― Si dice que el Rey no debe tener poder alguno más que ser la imagen, ¿Por qué tomar su cargo?
―Ser el Rey te da el poder absoluto en el pueblo, puedes tomar cualquier poder que desees con solo pensarlo, se puede hacer cualquier cosa, chiquilla… Los del consejo siguen mis órdenes sin rechistar, tendría el poder en ambos lados.
―Entiendo…
Comienzo a sentirme nerviosa, él se está acercando mucho a mí y yo ya no puedo huir pues estoy pegada a la pared.
―Siempre he detestado a ese crio y ahora puedo hasta asesinarlo con mis propias manos. ― Sus ojos se tornan peligrosos. ― Y ¿A ti? ¿Qué sería bueno hacer contigo?
Llega a mí y se pone tan cerca que puedo sentir su respiración en mi piel, quiero salir corriendo pero no lo hago, no dejare que sienta mi temor hacia él así que me quedo aquí, viéndolo a los ojos, retándolo con la mirada.
―Antes de decidir qué hacer contigo, necesito confirmar que eres una impura.
―Si lo que busca son mordidas, no tengo.
―La boca del diablo engaña, así que prefiero ver por mí mismo.
En un segundo sus manos están en mi cuerpo, intentando quitarme el vestido, intento alejarlo pero el maldito es muy fuerte, trato de no entrar en shock por lo que está pasando pero sus manos tocándome de manera tan violenta me hace querer llorar y encerrarme en mi subconsciente donde solo estemos Hideto y yo.
Las manos del vampiro me toman con fuerza y me avientan a la cama, antes de que pueda levantarme él ya está arriba de mí, disfrutando del momento, sus ojos me dan miedo, me dan asco.
Hideto…
―Debo admitir que eres una mujer demasiado hermosa… A primera vista eres totalmente pura, tus ojos cambian de color de acuerdo a tu ánimo, tu piel parece de porcelana, es tan delicada y suave… Tu belleza es de las pocas que se pueden ver ya que quedan muy pocos puros, esa educación y altanería de alguien de cuna, esa educación, esa mirada retadora, ese aire de grandeza… ¿Quién eres?... Un impuro no tiene estas características.
―Soy pura, incluso más pura que usted. ― Mi boca habla por sí sola y sus manos aprietan mis muñecas.
―Fíjate bien en tus palabras y en la posición en la que estás, podría matarte en este mismo momento.
―Si lo va a hacer, hágalo de una vez.
―Valiente…― Se acerca a mi cuello y absorbe el aroma. ― Me gusta.
―Si bebe de mí será un gran problema.
―¿Por qué?. ― Se ríe.
―Soy una humana convertida, ¿No? Va contra sus leyes.
―Eso solo aplica al Rey. ― Ríe mas fuerte. ― Yo puedo tomarte sin problema alguno.
―Sería quitado de su cargo por tomar a la mujer de su Rey.
―Él mañana será desterrado.
―Usted como puro no puede tomar de una impura.
―No tiene por qué saber nadie, ¿No lo crees?
El maldito me toma las dos muñecas con una mano y con la otra comienza a bajar mi vestido, su asqueroso tacto me hace querer gritar pero para mi sorpresa no puedo, es como si mi voz se hubiese ido y me da más miedo.
―Eres tan suave como cada tela fina que existe.
Sus manos tocan mis piernas y su asquerosa piel se siente como cuchilladas en mi cuerpo, sus labios rosan mis mejillas y comienza a buscar mis labios, estoy paralizada, totalmente paralizada.
Hideto…
Dios mío, no quiero esto.
Hideto…
Grito su nombre en mi mente, cierro los ojos y pienso en él, en su hermoso rostro, en sus dulces palabras… En su amor, en su sonrisa.
Hideto… Te amo tanto…
―Abre los ojos. ― Esa asquerosa voz me hace volver a la realidad. ― Quiero ver esa mirada cuando me sientas.
No hago caso, cierro más los ojos y siento como presiona mis muñecas por su molestia, prefiero que me mate a tener que verlo.
―Maldita sea perra, ¡Ábrelos!
De solo pensar en Hideto me siento fuerte, ¿Será así? De solo pensar en esa cálida sonrisa, en esos ojos… En su amor, sentir su amor…
Me alienta.
―Si lo quieres por las malas mejor.
Su voz es autoritaria y dura, hago media sonrisa y abro mis ojos, veo al maldito viejo querer sonreír pero algo lo sorprende y su rostro se pone de sorpresa, muevo mi cuerpo y ahora me sorprendo yo al ver cómo me deshago de él, el viejo cae al suelo y me levanto de la cama, viéndolo con todo mi asco y odio.
―No me vuelva a tocar, ¡No se atreva!.
―Maldita…― Su voz se escucha nerviosa. ― ¿¡Cómo te atreves a faltarle al consejo?!
En segundos se levanta del piso y me azota contra la pared, toma mi mandíbula y ejerce presión contra la pared para dejarme inmóvil, su nariz pega con la mía y vuelve a querer tocarme de aquella manera.
―Si te acuestas conmigo podría pensar en no asesinar a tu Rey. ― Habla en un susurro.
―No le creo.
―Soy hombre de palabra, le daría la oportunidad de que huyera, tan lejos como pueda, solo te pido que seas mía, en cuerpo y sangre.
Odiándome me deja penando en esto, no sé ni porque se mete esa propuesta en mi cabeza, ¿Cómo confiar en este maldito? No es posible, no debería ni pensarlo, es un hijo de perra que solo busca su poder y satisfacción pero si está en mis manos la vida de Hideto… No podría rechazar la oferta, no quiero que él muera.
―¿Por qué cree que confiare en usted? Es un maldito.
―Dime que sí y en este momento doy la orden para que lo liberen y lo dejen ir, podrás confirmarlo con uno de sus primos, ya que ellos también se largaran.
―Prefiero que nos mate a todos antes de confiar en usted.
―No seas estúpida, ¿Dejaras que tu Rey muera?
―Dejare que muramos los dos.
―¿Qué te hace pensar que te matare?
―Buscare la manera de morir si usted no me asesina.
―Tu valor no servirá de nada. ― Rosa mis labios. ― Solo di sí.
―Jamás.
Lo empujo con todas mis fuerzas y logro aventarlo al otro extremo de la habitación, voy hacia él y lo tomo de la ropa para aventarlo contra la pared, tomo su cuello y pienso en ahorcarlo pero no podría matarlo porque esto quizá empeore las cosas.
―Si vuelve a tocarme se arrepentirá por los milenios que le queden de vida. ― Susurro en su oído. ― Jamás me tendrá, ni a mí ni al reinado, ese lugar le corresponde a Hideto y más le vale que no le haga daño yo misma me encargare de que su vida sea una constante tortura, llena de sufrimiento.
Suelto su cuello y lo veo toser un poco, lo estaba asfixiando, sus ojos son de total sorpresa y hasta me atrevo a decir que de miedo, en este momento me siento tan poderosa que no le tengo miedo a nada, ni a nadie, siento que podría matar a todo aquel que se interpusiera en mi camino para salvar a Hideto.
―Hija de perra. ― Continúa tosiendo. ― ¿Qué diablos eres?. ― Sonrío.
―Una pura y mujer del Rey.
―Si me haces daño…
―Depende a que se refiera con la palabra daño.
―No puedes hacerme nada, te condenarían.
―Condenada ya estoy. ― Vuelvo a sonreír.
Me alejo de él y veo mi figura en un espejo, lo siguiente que veo es que mis ojos están en un rojo llameante, mis colmillos están a la vista, luzco peligrosa… Demasiado peligrosa.
Desde que me había convertido mis ojos no habían tomado este color. Sonrío al espejo y volteo hacia donde está el viejo, seguramente por esto me ve con miedo.
―Entonces, ¿Dañarlo?. ― Suspiro. ― No lo mataré, no mientras Hideto no esté a salvo, no soy estúpida.
―¿¡Qué infiernos eres?! Jamás había visto ese color de ojos y menos, esas facciones…
―Si no sabe usted en sus miles de años de vida, menos yo… ¿Puede soltar a Hideto?
―Ni muerto.
―Bien, entonces ¿Por las malas?
―No serias capaz de asesinarme.
―No tiente a la suerte. ― Dibujo una sonrisa.
―Si me tocas...
―No tiene porque enterarse nadie, ¿No cree?.― Repito sus palabras.
―Maldita...
―Me dará mucho gusto presenciar su muerte, mi Rey lo hará gustoso.
―No puede matarme.
―Claro que sí... Además ha vivido ya demasiado tiempo.
―Hija de perra.
Sus ojos me acuchillan y sin esperarlo viene contra mi, los dos caemos al suelo y se escucha un gran sonido por el golpe, él nuevamente está arriba de mí inmovilizandome a como de lugar.
―Una simple mujer no puede vencerme.― Susurra en mis oidos.― Más te vale seguir mis ordenes o tu Rey sufrirá como nunca antes de convertirse en cenizas. 

4 comentarios:

  1. Dios, qué capítulo! O.O Ese viejo es un maldito, sin duda... Pero no puede hacer daño a Dana-sama ni a Miyuki, no nooo ><
    Está cada vez mejor, Tsukii *o* emoción! hjkçwx

    ~Nos leemos ♡

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Un abrazo ♥