Capitulo 12 Entrega
Desde
que Miyuki me declaro su amor mi sed de ella no ha cesado ni un poco, al
contrario. Siento que cada vez incrementa más, siento la necesidad de tomar su
sangre para así poder mantenerme vivo. No sé de donde sale esta necesidad, este
descontrol. Me encerré con llave para que no saliera por ella, aunque aún puedo
destrozar esa puerta y tomarla entre mis brazos.
No
quiero.
No
quiero lastimarla.
Absorbo
el aire de que entre por la ventana, Shido ha tardado un poco y no llega con lo
que le pedí. Inquieto golpeo la pared y noto como mis nudillos se vuelven
rojos, la pared está un poco dañada. Camino de un lado a otro, mejor era que me
esposaran a un muro, me siento débil ante esta necesidad.
Cierro
los ojos y escucho como entra mi primo por la ventana. Lo observo, llego con
una hermosa mujer, ella es otra de las que tengo permitido beber, hay menos de
cincuenta ya que son las que tienen la sangre más pura que los nobles. Si
quisiera pudiera tenerlas a todas en mi habitación, no se me negaría pero eso
no es lo mío.
―Danna-sama,
aquí estoy.― Habla Yaira acercándose a mí.
―Iré a cenar... Fuera.― Dice Shido un poco incómodo.―
Cualquier cosa me hablas.
Solo asiento y el sale por la ventana. Yaira se acerca a mí con
mirada lasciva.
―Tome
todo lo que quiera, Danna-sama.
Cruzamos unas palabras y la tomo por la cintura, inmediatamente
muerdo su cuello y siento como su sangre corre por mi boca, este sabor del que
soy esclavo, del que jamás en mi vida poder huir, del que es mi vitalidad.
Escucho jadear a la mujer porque estoy tomando más de la cuenta, difícilmente
me alejo. No fue suficiente. Necesito más. Mucho más.
Necesito estar saciado o aun podre ir por ella y lastimarla.
Acuesto a Yaira en mi cama y camino a la puerta, recuerdo que Kazuhito
guarda botellas de vino que contienen sangre, para pequeños aperitivos.
Ansioso abro la puerta y con un gran asombro me encuentro con
ella... Miyuki está aquí. Asustado la veo, sus ojos están llorosos... O lo
estaban hace dos segundos. Ahora están llenos de miedo y de confusión. No deja
de verme, sus ojos me examinan sin pudor, sus ojos duplicaron su tamaño. No
dice nada, simplemente me ve con temor, no puedo decir que con horror porque no
lo siento así. Da pasos hacia atrás y pega con pared. Siento que puede salir
corriendo, si tan solo pudiera leer sus pensamientos, pero no puedo.
No puedo, maldita sea.
Me acerco un poco más a ella, ninguno habla, ¿Que puedo decir?
"Estoy disfrazado, no te preocupes, los colmillos y ojos rojos son de utilería,
lo que vez en mis labios es salsa picante" dudo que me crea. Limpio mis
labios y la escucho hablar.
―Hideto...
¿Porque no me dijiste que eres un vampiro?
Sin saber que decir ella sigue hablando, sabe lo que soy. Lo sabe
y no ha salido corriendo. Me ha visto en mi peor imagen, en mi modo más vil, en
mi estado más oscuro y deplorable.
Y no ha salido corriendo.
Esto me tranquiliza un poco, me hace sentir que tal vez después de
esto podamos estar bien, como siempre. Y no con temor de que le pueda hacer
algo y se vaya de mi lado.
―¿Si necesitabas sangre porque no tomaste de la mía?
Intento sonreír, ¿Beber de ella? Me sería una tortura, una hermosa
y deliciosa tortura pero no quiero dañarla, se lo digo y ella parece confiar más
en mí que yo mismo.
La veo acercarse, con miles de preguntas en sus ojos, me atrevería
a decir que hasta maravillada. Su mirada no es de temor, no hay ni pisca de ese
sentimiento. Queda a muy poca distancia de mí, su sangre corre por sus venas haciéndome
una invitación para beber, su corazón bombea rápido, sus ojos me dicen lo que
quiere que haga.
―Si
quieres sangre toma de la mía Hideto, no soporto saber que bebes de otras
mujeres.
―No
sabes lo que dices.
Dice que es mía y como si fuese una palabra mágica mi garganta
quema más, siento como mis impulsos llevan a que mis labios se acerquen a su
cuello, siento su suave piel, su calor.
Mis colmillos entran en su piel, en su torrente sanguíneo.
Succiono levemente su sangre.
Es una bebida de los dioses.
Esta sangre tiene todo.
Dulzura.
Amor.
Pasión.
Entrega.
Tiene mi nombre.
Sangre como esta no existe ni existirá. Su sangre es perfecta, la más
perfecta y pura que he probado y probare en mi maldita vida. Succiono un poco más
y su cuerpo se estremece. Este líquido entrando por mi boca me hace desear
miles de veces más que cualquier deseo que ha existido, mi cuerpo se siente
potente, puedo sentir su corazón latir, puedo sentir su vida unirse a la mía,
no quiero alejarme pero lo hago, con mucha
dificultad, necesito que ella este segura. Necesito que ella no se arrepienta después
y me odie.
Porque yo ya me odio.
Por haber roto mis más grandes leyes. Por haber bebido de una
humana. De una mortal. Por haberla dañado, por hacerla pasar por algo tan
horrible como esto.
Le pregunto si está segura. Ella no responde, solamente ve mis
labios, se acerca y me besa, siento el sabor a sangre y se aleja, sus labios
quedan manchados se su propia sangre y se relame.
Esta es una escena de las más exquisitas que algún día veré.
No le da asco, no tiene miedo, ni de mí ni de lo que hago.
Esta mujer es perfecta.
―Totalmente
segura.
Me responde rato después. Su mirada es atrevida en este momento.
Me toma de la mano y me lleva a su habitación. Al entrar cierra con seguro.
Ahora que probé su sangre estoy seguro de que ninguna otra sangre me
satisfacerá. Nunca. Ni una mujer, solo ella.
Nada me satisfacerá desde ahora.
Solamente ella y es una maldita tortura. Porque no puede ser esto.
Si se descubre pueden matarme sin importar que sea el Rey y no
quiero tirar a la basura lo que me confiaron. Pero también sé que si no bebo más
de ella me debilitare y podría morir.
Siento que podría morir si no tomo de su sangre.
¿Puede ser eso posible?
―Hideto,
por favor, hazme el amor.
Su voz es dulce. Llena de
entrega y anhelo. No quiero caer y hacerle daño. Si toco más allá de sus manos
estoy seguro de que me volveré loco, loco de placer, de necesidad. Su cuerpo me
dice que me pertenece, eso para uno de mi especie es adicción.
―Miyuki...
―No me importa que no seas humano. Me
enamore de ti Hideto, de lo que eres, no me importa nada más, no me importa
nada.
―No es tan fácil como crees.
―Entonces hazme entender.
―Miyuki... Soy un Rey.― Decido ser
sincero.― Tengo a mi cargo toda la sociedad de vampiros que existe en este
mundo, soy demasiado viejo realmente. Viví épocas que tu solo vez en libros y películas,
he vivido más de lo que me gustaría aceptar. Como Rey no puedo socializar con
mortales, mucho menos estar con hermosas mujeres y beber su sangre, no puedo
tomar sus cuerpos...
―¿Por qué?
―Son mis principios, como vampiro de
cuna y sangre pura. Si hablásemos de Kazuhito y Shido, ellos como nobles y
mixtos si podrían beber de ti.
―No entiendo, ¿De cuna y puro? ¿Nobles y mixtos?
―Solo los vampiros de cuna como yo,
podemos ser Reyes, porque somos hijos nacidos de linaje, somos puros porque
nuestros antepasados de más de 10000 años fueron
totalmente limpios de sangre mortal. En cambio, los nobles son los que no nacen
en un linaje de reyes y esos mismos son mixtos porque sus antepasados no son de
sangre pura, es decir... Sus antepasados fueron humanos antes de ser vampiros,
su sangre ya está marcada por la mortalidad y se convierten mixtos.
―Entonces yo sería una mixta, ¿No? Una noble y mixta.― Me asusto.
―No digas eso, Miyuki. Ser vampiro no
tiene nada de belleza, es un horror tener que vivir siglos y siglos, pasando época
tras época, ver cambios drásticos en el mundo, ser esclavo de la sangre, no
poder vivir sin ella... No pienses que esta vida es hermosa porque no lo es.
―Yo creo que es hermoso. Porque
puedes vivir todo lo que quieras, porque puedes hacer todas las cosas sin límite
de tiempo, puedes estar por la eternidad con ese ser amado, nunca alejarte de
ese ser a quien amas como jamás creíste amar. Se bebe sangre, sí, pero es como
cualquier alimento, es como si fuese agua, sin el agua no viviríamos los
mortales. Tienen poderes, conocen cosas que un simple humano no, viven de
noche, la noche es vida, la noche es más íntima y personal, donde no hay tanto
ruido y la luna sonríe al mundo... Creo que es hermoso todo aquello fuera de lo
cotidiano, fuera de lo común, de lo normal... Es hermoso.
Me quedo callado. Su manera de
ver las cosas, su manera de cambiar mis palabras... Nos vemos a los ojos, puede
que tenga razón y no todo sea malo pero aun así... Ella no puede ser vampiro...
¿O sí? No. Realmente no, no la encadenaría a una vida eterna, no si no puede
estar conmigo, ella seria mixta y noble y no podríamos estar juntos, ni ahora,
ni nunca.
Suspiro un poco, rompí mis leyes
y ahora no sé qué pasara, por mi lado no diré nada pero si se llegan a enterar
por alguna razón me asesinarían.
Ya me condene de todas maneras a
que me maten así que... ¿Por qué no seguir? Ya caí, ya flaquee, ya fui débil, ¿Por
qué no permitirme serlo una vez más?
Tomo a Miyuki de la cintura y la
acerco a mí, lentamente. Veo sus labios y junto los míos para besarla. Un dulce
beso. Escucho como su corazón bombea más, nuestros labios continúan conociéndose,
nuestras lenguas están jugando, estos besos son adictivos, siento que lo serán
para mí. El estremecimiento que me causa al besarla, simplemente al besarla es más
de lo que algún día sentí con alguna mujer.
Nos alejamos del beso y nos
vemos a los ojos, ella acaricia mis mejillas.
―Debo confesar que tus ojos rojos me
gustan mucho.
―¿En verdad?
―Sí. Son muy de tu personalidad, son
intensos y profundos, brillan de una manera que me hacen sentir como una
polilla, me gusta ver este lado tuyo.
―Mi lado de las tinieblas.
―Tu contraste, luz y oscuridad, lo
amo como no tienes idea.
―¿Aun no tienes miedo de verme así?
―Estoy embelesada y jamás te veré con
miedo, al contrario... Me gusta cada vez más.
Me sonríe con dulzura y me besa
nuevamente. Su lengua entra en mi boca y la pego más a mi cuerpo, esta
necesidad que siento, estas sensaciones... Ahora solo pienso en arrancarle la
ropa, en desnudarla y acostarla en la cama para hacerle el amor. Para disfrutar
de ella, de ese cuerpo que me pertenece... Para absorber su amor.
―Por favor Hideto...
Me suplica en un susurro, sus
manos pasan por mi cuello, acaricia mi cabello, muerde mis labios y se pega más
a mí. No estoy seguro de hacer esto, puedo perder el control y morderla, beber
de su sangre y dejarla sin vida.
―Es peligroso.
―Confío en ti.
―Tu sangre es una droga para mí, Miyuki.
Si te hago el amor no podré evitar beber más de ti y si lo hago no sé si podré
detenerme, puedo dejarte sin vida.
―Ya bebiste y lograste detenerte.
―No es lo mismo.
―Si algo va mal te hare saber pero
por favor... Hideto...― Vuelve a mis labios, esta vez con más ansiedad.― Te necesito.
Dice entre nuestros besos y
vuelvo a flaquear. La abrazo y sus piernas rodean mi cintura, llego rápido a la
cama y la acuesto, si esto sale mal me odiare por lo que dure mi vida.
Sin pensamientos continúo besándola,
pasando mis manos por su cuerpo, besos dulces y ansiosos. Su cuerpo se mueve
bajo el mío y eso me provoca, sus manos tocan mi espalda y mi cuello, sus
labios se separan de los míos y hace un recorrido por mi piel, me lame un poco
y me estremezco. Toma mis labios y mis manos empiezan a desabrochar su blusa,
siento su suave piel cálida en contraste a la mía que esta fría.
Sin esperar quito su blusa y la
tiro al piso, Miyuki hace lo mismo con mi camisa y ella da un respingo al
sentir mi helada piel pero enseguida me abraza con más fuerza, sus manos
acarician mi espalda, muerde ligeramente mis hombros y yo no puedo evitar pasar
mis labios por su cuello y acariciarlo con mis labios, huelo su sangre, su olor
personal y me embriago.
―Puedes morder si quieres.― Dice en
mis oídos.
―Es peligro...
―Confío en ti.
Me interrumpe y mi corazón
siente calidez al escuchar sus palabras, ella confía en mí. Puedo decir que a
ojos cerrados. Confía más que yo mismo.
Cierro los ojos y abro mi boca, muerdo su cuello y ella se aferra
a mí, succiono un poco y su sangre me deleita, esta excitada, su sangre tiene
sabor de mujer deseada, de mujer que desea cada parte del hombre que ama, es un
sabor más que exquisito.
Me alejo del cuello y tomo un
poco de aire, vuelvo a sus labios, ella sin asco me besa, prueba de su propia
sangre y lame mis labios para limpiar los restos que quedaban.
La miro maravillado, ella sería
una gran vampiresa, sería la mujer perfecta para un Rey.
Sería la mujer perfecta para mí.
Nos quitamos la prenda de abajo,
veo sus piernas, son hermosas, al igual que todo su cuerpo. Ella se sonroja un
poco al notar que la observo, acaricio su piel, ante mi tacto es como la seda.
Repartimos besos y caricias,
cada vez se escuchan más jadeos, cada vez hay más intensidad hasta que nuestros
cuerpos quedan piel con piel.
Quiero ser tierno y cuidadoso
con ella, quiero ser sutil, no quiero dañarla.
Sus manos me acarician con
lentitud, me lleva a sensaciones maravillosas, sus besos, su cálida lengua, sus
mordidas, sus uñas... Todos mis sentidos despiertan más a su lado, me siento más
alerta, más fuerte, más... Se podría decir que... Más vivo.
Una de sus piernas rosa mi
virilidad y ahogo un jadeo, desde hace días estoy con una erección que no he
podido apagar, con nadie. La estaba esperando a ella, y ahora siento que puedo
explotar si no la alivio.
―Voy a entrar... Si te lastimo dímelo
por favor.
―Si...
Dice entre un suspiro, rodea mi
cuello con sus brazos y me acomodo entre sus piernas. Empiezo a entrar, lento.
Siento como su cuerpo se estremece, como su interior me recibe, como me saluda,
como me succiona y acaricia. Los dos jadeamos.
Esto es el cielo.
Me quedo un momento quieto y
ella rodea mi cadera con sus piernas, hace que entre un poco más así y empiezo
a moverme.
Salgo y entro. Una y otra vez.
Sin apuros, sin límite. Disfruto este rose, disfruto esta caricia. Su calidez
inunda mis sentidos, jamás había sentido una sensación así, una calidez que me
invadiera.
Hasta que la vi por primera vez.
Sigo mis movimientos y ella
jadea en mi oído, es música, la música más hermosa que he escuchado, la música más
hermosa jamás creada. Se aferra a mi espalda y me rasguña un poco. Mi placer está
siendo demasiado, siento como me voy poniendo más duro, siento como mi dureza
palpita más, como su interior me contrae.
Sin pensarlo y sin pedir permiso
muerdo su cuello.
La escucho gemir más, siento
como su placer aumenta y el mío también, el sabor de su sangre en este momento
es más intensa, su entrega es total. Su sangre fluye sin problemas por mi boca,
sigo moviéndome, seguimos gimiendo, seguimos con este enorme placer, un placer
que es único, un placer que me lleva a la gloria, este sabor me hace enloquecer
y perder mi voluntad, mi cuerpo se mueve a un ritmo más fuerte y sus gemidos se
incrementan, grita más y rasguña más mi espalda, mi cuerpo experimenta un gran
placer que no sabía que podía existir, su sangre me vuelve preso y esclavo de
mis instintos naturales. Prisionero del sabor de la sangre, del deseo carnal,
de la oscuridad y de la agresividad, no quiero ser duro con ella pero no puedo
evitarlo, mi cuerpo me pide cada vez más, su sangre me incita, sus gemidos me
llaman, si interior me reta… Me aferro a la cabecera de la cama y reparto mi
fuerza en todo el cuerpo, la envisto un poco más, beso sus labios y lamo los
restos de sangre que hay, sus gemidos de placer se entierran en mis oídos y me
gusta escuchar lo mucho que está disfrutando, me gusta escuchar que me pida que
no deje de moverme, que no deje de hacerla mía, que disfrute cada parte de
ella, que me haga adicto a su ser…
Vuelvo a clavar mis colmillos en su piel.
Después de esto nada será igual.
Después de ella nadie existirá.
Con dificultad me alejo de su
cuello, tomo aire profundo y su cuerpo se arquea, está llegando al orgasmo y
siento como se contrae al encontrarlo, yo lo hago después de ella.
Un éxtasis me invade, un éxtasis
se apodera de nosotros. Ella desvanece entre mis brazos y la observo, sus ojos están
cerrados, por unos segundos me preocupo de haber bebido mucho pero su corazón late.
Creo que me excedí un poco en el ritmo. Esta dormida. La tapo con
la sabana y me quedo a su lado, observando sus parpados, observando sus labios,
rojos por nuestro contacto. Su cabello cae suavemente en la almohada, su respiración
ahora es tranquila, su pecho sube y baja, la observo sin descanso, al igual que
las noches pasadas.
Acaricio su rostro y sus labios.
Escucho su sangre correr y mi boca me pide más de ese líquido, no me controlo y
muerdo nuevamente su cuello, tomo un poco y ella se mueve entre mi cuerpo, se
aferra a mí y suspira, son suspiros que parecen jadeos.
Sin querer vuelvo a excitarme y
ella lo nota porque una de sus manos toma mi falo. Lo acaricia suavemente y me
alejo de su cuello para jadear y tomar aire.
―Miyuki...
―La noche aun no acaba... Y tú aun no
estas saciado.
―No te preocupes, solo...
―Quiero más, Hideto... Quiero
sentirte nuevamente.
―Pensé que dormías.
―Solo reposaba, estoy bien,
retomemos, ¿Si?
―He bebido mucho y...
―Puedo soportar un poco más. Estoy
segura.
Sin darme oportunidad de hablar más
me besa, disfruta de mis labios y de su sabor. Da vuelta y ella queda arriba de
mí, su mano sigue masturbando mi virilidad y soy ahora un esclavo de ella. Sus
ojos me dicen lo mucho que disfruta de esto. Yo disfruto como nunca.
¿Cómo puede una simple mortal
ser así? Es más fuerte de lo que pensé.
―Tus ojos rojos son tan hermosos...
―Me alegra que no te asusten.
―Y tu piel pálida, tu cuerpo, tus
colmillos, tus labios rojos, tu cabello tan negro... ¿Sabes que eres perfecto?
Sus palabras me seducen, su
mirada me excita, su mano me hace enloquecer, verla morderse los labios y verla
hacer movimientos provocativos me harán perder la razón.
―Tu eres perfecta.― Le contesto y me sonríe.
―No más que tú, mi hermoso vampiro, no más que tú.

Ooooh ¡que lindo! Estoy sin habla... Capítulo increíble, querida Tsukii ♡♡♡
ResponderBorrarTu ha creado un vampiro perfecto, perfecto igual que tu talento :3
Aaay,muchas gracias querida Eli! <3
BorrarAhhhhhhhhh!!!!! (>\\\<)
ResponderBorrarMORÍ CON ESTA PARTE DE LA HISTORIA...