lunes, 19 de septiembre de 2016

Vampire's love


Capítulo 15 Mía

Es de noche, quizá pase de las 12, la nieve cae sin parar y el frio debe ser intenso para los mortales. Yo no siento el grado de temperatura, no al menos a tal grado de congelarme y morir por bronquitis.
―Danna-sama, te esperábamos.
La voz de mi primo Kazuhito me desconcentra y subo la mirada, está él en la puerta junto con Shido, observándome curiosos y preocupados.
―Mírate nada más.
Kazuhito se me acerca y empieza a sacudir la nieve que se acumuló en mí. No me había dado cuenta de que la nieve estaba cayéndome como una manta, de la cual para cualquier mortal pudo haber matado.
―¿Hace cuánto estas aquí?
―No se… Estaba pensando.
―Pues puedes pensar en la sala, bajo techo, no bajo la nieve.
Caminamos hacia la casa y entramos, el mayordomo me da una toalla y me seco, ahora es cuando noto que mi cabello está totalmente mojado, tal vez si estuve bastante rato allá afuera.
¿Y Miyuki?
―En su habitación. ― Me responde Shido. ― ¿Necesitas que nos vayamos? Algunos kilómetros estarían bien.
―Azuma…
―Solo decía. ― Se encoje de hombros.
―¿Qué te hace pensar que tendremos relaciones?
―Tus ojos. ― Sonríe. ― Están totalmente rojos, necesitas su sangre.
―Aaah…
Me veo al espejo y ese color rojo intenso aparece, maldita sea… ¿Por qué me tiene que delatar esto? Gruño por lo bajo y suspiro, sí. 
La necesito, necesito tanto de ella…
―Voy a su habitación.
―Cuidado. ― Me dice Kazuhito con voz seria.
Solo asiento y camino hacía aquella habitación en donde esta ella, con cada paso que me acerco mi garganta quema, mi necesidad incrementa y siento como mi ansiedad y placer crecen, su olor invade con fuerza mis fosas nasales cuando abro la puerta. Mis ojos se clavan en aquel cuerpo que está bajo una tenue luz.
Ella está en la cama, leyendo tranquilamente… Bueno estaba, ahora sus ojos se posan en mí, sorprendidos y emocionados.
―Hideto…
―Hola. ― Digo con dificultad. ― ¿Cómo estás?
―Ansiosa por verte.
Me acerco con cuidado, aun soy precavido, no me gustaría asustarla de repente y que me rechace, quiero que se acostumbre a este lado, quiero que se acostumbre a este monstruo, a esta necesidad.
Tranquilo. ― Dice en voz baja. ― No me asustas, jamás lo harás.
―No me gusta que me veas así.
―Pues a mí me fascina verte así, es tu lado más natural… Tu lado peligroso… No te preocupes por mí… Vamos, alíviate.
Llego a ella y me siento en la cama, extiende su brazo y me acaricia el rostro, se mueve un poco y se acerca más a mí, destapa su cuello y mis dientes sin esperar se clavan en aquella tersa piel.
Su sangre empieza a salir y la disfruto, es tan cálida, tan adictiva… Tan deliciosa. 
Sus brazos rodean mi cuello y mis brazos pasan por su cuerpo, la tomo de la cintura y se acomoda en mi regazo, una pierna a cada lado de las mías. La aprieto contra mí y siento como su sangre va tomando un sabor más intenso.
Me desea.
Me está pidiendo más.
Ella es una mujer intensa, provocativa, maravillosa.
Alejo mis labios de su cuello y lamo los restos de sangre que se resbalan por la piel, limpio mis labios y la veo a los ojos, sus iris brillan y sus labios sin decir nada se juntan con los míos.
Me gusta que no le desagrade el sabor de la sangre, que no sea inconveniente para besarme, para saborear nuestros besos, me gusta que sea de esa manera, que sea como es…
Tan perfecta para mí.
―Hazme el amor. ― Susurra.
―Es lo que más necesito.
La bajo de mi regazo y la acuesto en medio de la cama, me posiciono a su lado y la beso mientras mis manos viajan por debajo de su pijama de seda, su piel se eriza por mi contacto, siento como su cuerpo me responde, como su cuerpo me necesita y pide a gritos que lo toque.
Sus manos se mueven para quitar mi ropa y yo hago lo mismo, mi cuerpo necesita sentirla desnuda, sentirla totalmente mía, sin nada que se interponga, así sea un pedazo de tela. Sus suspiros hacen que mi deseo incremente más y más, me gusta tanto que el miedo que hay en mi profundidad puede salir cada vez más, me da miedo que no pueda detener mi deseo por ella, mi necesidad y pueda hacerle daño, como tal vez succionar hasta la última gota de su sangre y dejarla sin vida… Pero ese pensamiento me mata por dentro, la idea de no volverla a ver más…
No, no podría.
No Miyuki…
―Creo que deberíamos de dejar de hacer esto…― Hablo entre nuestros labios.
―¿Por qué?
―Puedo lastimarte y…
―No Hideto, confío en ti.
―No deberías.
―Pues lo hago.
Se funde en mis labios y no me deja hablar más, sus besos me dicen lo mucho que confía en mí, lo mucho que me ama, su entrega me dice que daría todo por mí y eso de alguna manera me hace sentir poderoso, imponente… Esta sensación de poder es algo que se adueña de mí, algo que me gusta sentir, algo que me hace sentir la verdadera eternidad.
Separo sus piernas y sin esperar más entro en ella, su cuerpo me recibe encantada, me abraza, me regala su calidez y su humedad, sus dientes se clavan en mi piel y eso me excita, me gusta, deseo más de esas sensaciones, sensaciones que jamás había experimentado con tal potencia.
―Aaaaah… Hideto…
Su dulce voz resuena en mis oídos, sus manos acarician mi piel y cada caricia quema, cada caricia me hace sentir deseo, estos pequeños detalles no los había sentido con alguien más, detalles tan humanos, tan mortales…
Muevo su cuerpo sin ningún esfuerzo y la dejo con las rodillas dobladas, los dos arrodillados en la cama, mi pecho en su espalda, envistiéndola y disfrutando de su suave cuerpo, acariciando cada rincón, cada espacio de su piel, aprieto un poco sus pezones mientras me apodero de su boca, ella gime sin pena y me deja guiarla, me deja adueñarme de ella, se entrega ciegamente a mí.
Clavo mis colmillos en su cuello, su piel se abre y empiezo a saborear ese exquisito líquido, saboreo cada gota, cada segundo, cada suspiro, cada sensación.
La calidez de su sangre me abruma, su sabor tan intenso me abruma, su entrega… Es un delirio, me adueño de ella y la hago mía, solamente mía, me adueño de ella, la hago estremecer, la hago sentir, hago que cada caricia, cada beso, cada palabra quede gravado en su mente, hago que me necesite, que me anhele, que me desee…
Que no pueda vivir sin mí.
Su interior siempre me recibe de una manera deliciosa, mi dureza está por llegar a su límite, estamos por llegar a la luz de esta entrega y cuando lo hacemos, ella cae desvanecida en la cama, yo a un lado de ella, satisfecho del momento, viéndola con los ojos cerrados, la tapo con la sabana y me dedico a verla, s disfrutar de ese rostro, de ese cuerpo.
Es envidiable que tú no te canses.  Comenta en un susurro y me rio.
Puede ser… Pero me gustaría sentir aunque sea una vez ese cansancio, después de haber hecho el amor tan intenso.
Bueno, es una sensación agradable la verdad.
¿Lo ves?.  Sonrío.  Hay desventajas de ser como yo.
Pues yo solamente te veo con todas las ventajas y toda la belleza del mundo.
Pone su cabeza en mi pecho y me abraza fuerte, su amor, tal como lo dijo Shido es muy intenso, ella se entrega sin límites y eso es peligroso para mí, porque me incita a darle todo lo que ella me da y no puedo, no puedo aceptar esto porque nos pondríamos en peligro pero ya no se puede hacer mucho a estas aturas, he bebido de ella, hemos compartido cama, hemos rosado nuestros labios, acariciado nuestra piel, la he ocultado del consejo…
Estoy perdido.
Si esos viejos se enteran de esto inmediatamente me matarían.
Suelto un suspiro, Miyuki está ya dormida y me muevo con cuidado para dejarla descansar. Me visto y salgo de la habitación, llego a la oficina y veo a mis primos aquí, uno leyendo algún libro, otro con unos documentos.
Debo hablar con el consejo.  Suelto enseguida y me siento en un sillón.
No, no debes.  Habla Kazuhito.
Si no lo hago me asesinarán.
Lo harán aunque hables con ellos.
Pero por lo menos habré intentado hacerles entender…
Primo, podemos usar el libro de mi maestro, ahí está escrito con su puño y letra lo que pasará, ellos no pueden evadir eso y…
No Shido, eso sería colgarme del poder de mi abuelo y no quiero.
Por algo hizo ese libro, no solo para que esté guardado.  Suspira.  Mi maestro sabía de Miyuki, sabía lo que venía y que tú estarías en peligro, hizo ese libro para proteger a su nieto y a su pueblo, sabes que él odiaba al consejo y haría todo por no dejarlos en el poder.
Ya sé ya sé.  Paso mis manos por el rostro. 
Danna-sama, si me permite decirlo, usted debe de sacar todo su poder, hacerles saber que aunque el consejo tenga un gran poder jamás será mayor al suyo, no debe dejar que se metan en su camino, ¿Quiénes son ellos finalmente? Solo un montón de hombres que se creen dueños de las reglas, pero usted, mi señor, usted es nuestro Rey y eso supera a cualquier ley, usted puede romperlas y cambiarlas, quitarlas y poner nuevas.
Habla Heber con total respeto, con cuidado, haciéndome procesar cada palabra, cada oración… Lo que él dice es cierto, ¿Por qué me preocupo por ellos? Soy el Rey y no son superiores a mí, pero en el libro de nuestras leyes dice que ellos pueden tomar el cargo si el Rey no es lo suficientemente competente y pueden quitarlo si rompe las sagradas leyes, quien profana esas leyes no es perdonado y es condenado a la muerte.
Gracias Heber.  Lo veo a los ojos.  Tú serviste a mi abuelo en todo su reinado y sé que sabes cómo se maneja esto, sé que tus palabras son sabias.
No merezco tal rango de su parte.
Eres mi mejor consejero, tú eres el que debería de estar al mando de ese consejo, no el viejo ese sediento de poder.
Jamás podría…
Sí, sí que puedes.  Sonrío.  Tienes razón, no debo dejarme sentir expuesto ni mucho menos inferior a nadie.
Primo, no hagas una tontería.  Se alarma Kazuhito.
Descuida, solamente desde hoy… Desde hoy seré más estricto, de carácter más fuerte para demostrar que también pueden tenerme miedo, un miedo tan inmenso del que no se atreverán a tratarme más como un joven Rey que no sabe manejar a su pueblo.  Hablo con seguridad.

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