jueves, 16 de junio de 2016

Anata


~Capitulo 16 Melifluo~

La cena había pasado relajada, llena de risas y miradas de adoración. Llena de sonrisas y manos tomadas, caricias pequeñas y besos anhelantes.
Era su primera cena como pareja.
Su primera cena como novios.
Su primera cena libre de sentimientos ocultos.
Les gustaba la sensación, ese sentimiento de libertad, de poder verse a los ojos y decirse lo mucho que se amaban, de poder decirse palabras dulces y suaves, tiernas y de amor. De poder tomarse de la mano no como amigos si no como novios.
De poder besarse en los labios.
Estaban frente al edificio de ella, era hora de despedirse y estaban recargados en el auto de el, viendo el cielo lleno de estrellas, la luna parecía estar más cerca de lo normal, ¿O era porque el amor estaba en el aire? Podría ser una buena explicación.
―Es hora de irme, no quiero que llegues tarde a tu departamento.
―No importa si no llego.― Insinuó él.
―Para ahí galán, mi cama no es tan cómoda como la tuya.
―Lo es, dormí hace unas horas ahí; La cama más cómoda que existe.
¿Eso quiere decir?
―Que no me molestaría quedarme a dormir...
―Ya... Dormir, ¿Solo dormir?
―Pervertida, ¿Que insinúas?
―Como si no te conociera, eres una maquina sexual.
―Eres tan ocurrente, palabras bien dichas... Dormir solo, el sexo puede esperar.
Aaah¿Enserio? Una lástima.
¿He?
―Nada nada.
―Acaso tú quieres...
―Quien sabe...― Insinuó.
―No me tortures así.
―No me atrevería.― Dijo seria pero divertida.
―De acuerdo, me he perdido en esto.
―Solo dormir, vamos, tengo sueño.
¿Enserio?
Sip, entremos que hace frio.
Al entrar al departamento se encontraron con la pequeña gatita quien lloraba para que le dieran de comer; Natsumi fue directo a la cocina y le sirvió su plato de comida con un poco de leche tibia, la bola de pelos comió feliz demostrando su ronroneo y ella tomo a su novio de la mano y caminaron a la habitación.
¿Enserio no te hará daño mi pequeña bola de pelos?
―No, ya te dije que empiezo con la alergia en un determinado tiempo y si estuviera encima de mí sería peor, no pasa nada.
―Bueno, entonces a la cama.
―Que atrevida.
―Calla que me apenas.― Bromeo.― Mañana tenemos trabajo así que a dormir.
―Tenemos concierto en dos días, con VAMPS.
―Lo recuerdo bien.
―Y como mi novia te puedo adelantar que en ocho meses L'Arc~en~Ciel tendrá gira.
―Dios, ¿No me bromeas?
―Para nada, firmamos todo hace unas horas.
―Es tan... ¡Perfecto!
―Sabía que lo amarías, y como parte del staff pues nos acompañaras aunque no me molestaría si fueras solo como mi novia.
―Me gusta mi trabajo.
¿Qué tal mi asistente personal?
Nop.
¿Mi vestuarista personal? ¿Maquillista?...
―No y no, me gusta como estoy ahora.
―Pero quiero disfrutarte como novia, no como parte de mi staff.
―Bueno ya veremos más adelante.
Natsumi entro al baño y aprovecho para ponerse algo cómodo, un pequeño pantalón de tela suave y una playera de tirantes. Se dejó el cabello suelto y se vio al espejo. Sonrió y salió del baño, al ver a la cama vio a su ahora novio con solo el pantalón y camisa, se había quitado los zapatos y chaqueta, junto con sus collares y anillos, su cabello estaba rebelde.
―Tengo algo que te puede quedar.
¿Qué es?
Ummm, esto.
Le mostro una bermuda que el reconocía bien, ¿También eso había sacado de vestuario? Sonrió al ver esa ropa suya y la tomo.
―Sí, también creo que me puede quedar.
―Sorpresa sorpresa.
¿Que más tomaste?
Ummm, ropa interior no porque de esas no tenemos en vestuario, es triste.
¿Quieres ver lo que traigo ahorita?.― Insinuó ahora él.
¿Puedo?.― Le siguió el juego.
¿Quieres?
¿No sería peligroso?
¿Por?
―Puedo ver lo que llevas abajo de ese pantalón y querré ver lo que hay debajo de lo que sea que traigas puesto, ¿Boxers?
Boxers¿Así que quieres verme al natural?.― Su mirada se había vuelto peligrosa.
―Esto... Bueno, lo he visto en conciertos, pero tu pantalón lo tapa todo.― Se quejó.
Natsu¿Estas consiente de que solamente estas provocándome?
―Estoy totalmente consiente.
¿Y estas consiente de que es peligroso?
Sip... Lo pensé durante el camino, llevamos meses de ser amigos, nos conocemos mucho y...
¿Ansiosa?
―Tú tienes la culpa por besarme como me besas... Hyde, te deseo y no creo que sea algo nuevo.
―Es algo nuevo.
¿Enserio?
―Mi amiga que ahora es mi novia me dice que me desea, tu mirada se está volviendo lasciva... Dios, ¿Cómo poder controlarme?
―No lo hagas.
¿Estas segura? Hace unas horas que somos novios.
―Hace meses que somos amigos... Éramos amigos y me besaste, ¿Enserio te preocupas ahora?
―Buen punto.
¿Entonces qué esperas?
¿Para qué?
―Para besarme tonto.
Hyde soltó la bermuda y rodeo a su novia por la cintura. La pego a su cuerpo, solo el cielo sabia lo mucho que había estado esperando para eso, inconscientemente, después de aquella noche en la que velo por su salud.
Recordó aquella piel, aquellos pezones... Aquella calidez. La apretó contra su cuerpo y sintió un gran estremeciendo. Caminaron directo a la cama y quedando ella arriba continuaron con aquel beso, beso que a cada segundo prometía más.
Más sensaciones.
Más entrega.
Más deseo.
Se regalaban mordidas, jugaban con sus lenguas, sonreían entre sus besos, sus manos acariciaban la piel ajenaNatsumi estando arriba de él tenía un poco de control y cegada por el deseo que no sabía existía a tal grado en ella sus caderas empezaron a moverse.
Con sensualidad. Como una danza silenciosa. Con tranquilidad y firmeza.
Había logrado sacar un jadeo de su novio el cual había absorbido entre los besos. Sintió como él tomaba su cadera y la apretaba a la suya.
Ahora era ella quien jadeaba.
Sentía que lo necesitaba.
Que moriría si no lo sentía dentro de ella.
Como si fuese su oxígeno.
Su fuente de vida.
De sorpresa hyde giro para quedar arriba de ella. La vio lascivo, sonriente y amoroso.
―Empiezo a ver que eres traviesa.
―Bueno...
―Me encanta.
Confeso el lleno de deseo y emoción. La atrapo en un nuevo beso, acaricio por debajo de la playera de ella; Sentía esa piel tersa, como la había imaginado.
Esta vez podía tocar sin restricción; Podía sentirla, podía hacer lo que había estado imaginando y atormentando. Por fin sus sueños más secretos se harían realidad.
Por primera vez experimentaba la codicia en una mujer, experimentaba esa sensación de necesidad, de anhelo, de añoranza.
Experimentaba esa corriente eléctrica al solamente rosarla.
Era como si su mundo se derrumbara con cada rose, con cada jadeo. Con cada suspiro que le quitaba.
Ella era su novia. Ella era su amiga.
Ella sería su esposa, su amante... La madre de sus hijos.
Pensamientos y deseos como esos invadían su mente, su corazón y su alma.
Esa hermosa mujer que estaba entre sus brazos seria solamente de él, en cuerpo y alma, él tendría su corazón y lo cuidaría como a un frágil cristal. Lo adoraría sin pudor.
La ropa de los dos iba haciéndose menos, con cada paso, a cada segundo todo se volvía más frenético, más personal, más íntimo. Más sentimental, lleno de amor y de entrega.
Eso era lo que habían añorado desde tiempo atrás, eso era lo que sus cuerpos querían y pedían. Sus bocas se buscaban, sus labios se habían vuelto adictos a su contacto, como una droga peligrosa. Sus manos eran imanes en el cuerpo ajeno, como dos grandes metales atrayéndolos. Sus miradas eran su alma saludándose. Sus cuerpos se fundían en uno solo, se amaban y se adoraban.
Se conectaban tan hermosamente, encajaban tan perfectamente que era imposible no sentirse completos.
Eran uno solo.
Un solo cuerpo danzando en el escenario, una sola garganta jadeante de placer.
Se amaban, se entregaban.
Se hacían el amor devotamente.
Una entrega que el jamás había experimentado... Porque eso era hacer el amor y no solo librar a la carne de deseo.
Él estaba haciendo el amor con ella. Sentía como su erección crecía sin pena, se dejaba guiar ante la calidez de ella.
Ante esa humedad.
Mientras el envestía tomaba una de las manos de su novia y la apretaba con fuerza, buscaba los labios de ella, los saboreaba.
Entraba y salía, jadeaban, gemían.
Una, dos, tres... Cinco... Envestidas que no se detenían, envestidas que los llevaban al cielo y al infierno. Envestidas que los llenaba de sensaciones, que los satisfacía, que los atontaba y cegaba.
Los dos entregados al placer y al amor.
Los dos amándose.
Ella sintiéndolo dentro suyo, caliente y duro.
Una sensación magistral, una sensación que la enloquecía y la hacía pedir por más sin pena alguna.
Sensación que la hacía gemir y llorar, sensaciones que la hacían sentir maravillada y plena.
Entraba.
Salía.
Fuerte.
Rápido.
Duro.
Caliente.
Palpitante.
Abrumante.
Dulce.
Cálido.
Suave.
Miles de combinaciones en segundos. Miles de combinaciones en esos momentos. Ella se aferraba a la espalda de su novio, la rasguñaba. Mordía su cuello con ligereza. Lamia la cicatriz de la niñez de su novio. Acariciaba aquellas alas tatuadas.
Su ángel personal le hacia el amor.
Sentía que su alma se regocijaba, se llenaba de satisfacción.
Se sentía viva.
Se sentía infinita.
Los besos ahogaban a momentos sus jadeos. Aquella música perfecta para ellos. Aquel sabor dulce que compartían. Aquel sudor, aquella entrega.
Sintiendo un calor inmenso. Un calor que invadía todo su ser, toda su alma.
Algo que los quemaba, que recorría desde su vientre hasta cada poro de su piel, cada célula, cada vena, cada glóbulo...
Un calor que compartían, que los hacía sentir en llamas...
Los dos con los ojos cerrados dieron su último aliento, su último gemido. Dijeron hola a los dioses que los vieron llegar a otros mundos.
Supieron cómo era el cielo y el infierno.
Supieron cómo era llegar a su límite.
Supieron como era su amor.
Un amor grande y puro, un amor verdadero. Un amor que prometía miles de cosas. Un amor que se encadenaba a ellos y se negaba a irse y separarlos.
Un amor infinito.
Un amor correspondido.
Un amor en llamas negado a apagarse.
Yacidos en la cama acompasaban su respiración, sus corazones desenfrenados se tranquilizaban y se volvían un solo palpitar.
Abrazados, con un mismo olor, un mismo sabor, una misma meta, cerraron los ojos y sintieron que sus poros destilaban sus sentimientos.
―Te amo, Natsumi.
―Te amo, hyde.
Palabras sinceras fueron dichas como un melifluo... Un sonido suave, lleno de dulzura y extremadamente delicado.

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Un abrazo ♥