lunes, 30 de mayo de 2016

Anata


~Capitulo 10 Ambivalente~

Al subir al auto la chica que momentos antes había tenido orejas de conejo se sentó en el lado del copiloto; Donde se había sentado ella hacia unas horas después.
Ella.
Maldita sea, ¿Porque la tenía que recordar en ese momento?
―No me digas que tienes novia.
La voz de su acompañante lo distrajo, ¿Porque lo preguntaba? Desvió su mirada del camino por tres segundos y volvió al frente pues iba manejando.
―No  por qué lo dices.
―El auto tiene aroma a mujer, un perfume de chica dulce por cierto.
Aaaah...
―Y aquí esta su chaqueta.
Volvió a voltear y vio la pequeña chaqueta color purpura que sostenía la rubia, no se había percatado de eso. La tomo y la puso en la parte de atrásfrunció un poco el ceño.
―Es de mi amiga.
¿Novia no?
―En todo caso, ¿Importa?
―Aunque no lo creas no soy de las chicas que se meten con quienes tienen dueña.
―Bueno no es el caso así que quédate tranquila.
―Bueno, espero que sea así... Aunque la verdad dudo sobre esa "amiga".
¿Por que el tono?
―Dijiste amiga y frunciste el ceño, hablamos de ella y tus ojos tienen un brillo especial.
―En absoluto. Ella es mi mejor amiga, la aprecio bastante.
―Has oído decir eso de que ¿Los hombres y mujeres no pueden ser amigos?
―Lo he oído.
¿qué piensas?
Él se quedó callado por un momento. ¿Qué pensaba? Bueno, antes de conocerla había oído pocas veces esa frase y no le tomaba importancia pues realmente amigas femeninas (cercanas) no tenia, pero le daba la razón a esa frase, o al menos era cierta el 99% y ahora que tenía a su más cercana amiga... Lo confirma. Totalmente.
Los hombres y mujeres no pueden ser amigos.
Al menos él está entre ese 99%, o es que el no supo cómo ser amigo de una mujer... No sabía, pero el punto era que esa frase aplicaba para él.
―Que en cierto punto tiene razón.
Explícate.
―Solo digo que tal vez si los dos amigos tienen pareja habría ese límite dibujado y no se dejarían sentir más, o tal vez depende de las personas, hay quienes deben de tener claramente desde el principio la relación que quieren, si es amistad solo será eso.
―Pero pueden enamorarse con el trato.
―Eso es lo que pasa siempre, supongo. El trato, la cercanía... Hace que se conozcan más y se enamoren.
¿Entonces en qué quedamos? ¿Es cierta la frase o no?
―Un 99%
¿Aplica en ti? ¿Te enamoraste de tu amiga?
―No puede ser.
¿Eso es un ?
―Eso es un, “Siempre seremos amigos.
―Estas en ese 99%
―No estoy tan seguro... Llegamos.
La chica volteo a ver el hotel al que habían llegado, parecía de buen prestigio... Y muy privado. Ella sonrió y bajaron del auto. Él la tomo de la cintura y entraron al edificio. Sin ver a nadie el artista paso directo al elevador, nuevamente tenia puestos sus lentes y gorra.
Había estado en hoteles de lujo, pero uno como este no.
―Bueno, este es diferente.
―Presiento que eres alguien importante.
―No eres de aquí.
―Llegue hace una semana de Londres, he venido por un mes y después me iré a Corea.
¿Cómo es que hablas tan bien el idioma?
―Domino cinco idiomas, con el inglés me basta pero preferí aprender más.
―Eso es interesante.
Entraron a una habitación, espaciosa y realmente grande, con vista a la ciudad, un pequeño bar integrado, luces tenues... Y una gran cama.
¿Quieres vino? También tengo whisky.
―Lo segundo.
Él fue por las bebidas y mientras servía se dio cuenta de que tenía una opresión en el pecho. ¿Que podría ser? Con un gran suspiro regreso a donde lo esperaba su conquista.
¿Sabes? Una de mis fantasías ha sido estar con un japonés, más que con cualquier otro asiático... Ustedes son muy interesantes... Tú eres por demás interesante.
Ella le dio un trago a su copa y después se acercó a él, con mirada lasciva, dispuesta a saciar esa fantasía, dispuesta a cumplir todo lo que tenía en mente, dispuesta a terminar aun con el sol saludándolos.
La mujer se sentó en las piernas de su acompañante, las rodillas en cada lado de la cadera ajena. Se acercó a sus labios y como si de agua en medio del desierto se tratase.
Lo bebió.
Devoro sus labios, sintió la cálida lengua ajena penetrar su boca con maestría, con profesión. Ese tipo de dominación y conocimiento le gustaba, ese tipo de hombre era el que le fascinaba.
Besos.
Mordidas.
Jadeos involuntarios.
―Sabes a vino.― Le dijo ella.
―Y  a whisky.
―No había probado esta combinación, pero me gusta.
Nuevamente se devoraban el uno al otro hasta que el de sexo masculino se levantó para ir a un lugar más cómodo. Esa chica le gustaba, le atraía y lo hacía desear mucho.
Llegaron a la cama y fue entonces cuando el verdadero juego empezó.
Como dos hambrientos se devoraron el uno al otro, sin pudor y sin control. Haciendo de esa noche... Una noche de saciedad y liberación.
Nagasawa caminaba a lado de la chica que le gustaba. Los dos caminaban en silencio, disfrutando de la noche y de la brisa que había. Ya habían salido del observatorio y ahora caminaban  hacia el departamento de ella.
―Fue grandioso, no sabía que a esta hora estaría abierto.
―Yo supe un día que salí tarde del trabajo, es mi camino para ir a casa.
―Pues fue hermoso, gracias Nagasawa.
¿Puedo hacerte una pregunta?
―Dime.
―El chico que estaba contigo...
―Solo somos amigos.
―Enserio parecen novios... No dejaba de hablarte al oído, y te abrazaba...
―La música no ayudaba mucho, por eso los susurros, somos cariñosos entre nosotros, ¿Por que la pregunta?
―Curiosidad.
―Gracias por acompañarme, la pase bien.
Estaban frente al edificio de ella. Con una sonrisa y beso en la mejilla se despidió dejando a su amigo Nagasawa parado viéndola irse, con un leve sonrojo y pena.
Al entrar a su departamento se fue directo a su habitación. No quería hacer nada más que dormir, dormir y olvidarse de la imagen de su amigo con esa rubia ofrecida.
Dolía cerrar los ojos ya que recordaba esa escena.
Dolía que su amigo se hubiera ido con otra.
Dolía pensar en lo que ellos estaban haciendo en esos momentos.
Sin querer, una lagrima recorrió su mejilla.
Afortunadamente la cama era grande; Esa chica se movía mucho, le gustaba cambiar de posiciones y sacar sus placenteros sonidos. O tal vez eso solo era con él. Pero no le importaba. Estaba pasando un bien momento, lleno de satisfacción y lujuria.
El deseo que había tenido en el cuerpo estaba siendo saciado entre esas piernas de infarto. En esa calidez en donde estaba enterrado. Su cuerpo reaccionaba ante los gemidos de la rubia, su cuerpo reaccionaba ante esos rasguños que le daba. Sus manos habían ya tocado cada parte de ese frondoso cuerpo, lo había recorrido y explorado. Lo había sentido y... Saboreado.
El embriagante olor a excitación, el embriagante sabor a mujer lo enloquecía.
Era una bebida abrumadora. Llena de deseo, de excitación y ansiedad.
Ella estaba gimiendo como gata en celo mientras su pareja envestía con fuerza una y otra vez. Él la tenía en cuatro, acariciaba su espalda y la tomaba de las caderas para dar mejor precisión. Era un momento lleno de lujuria, en su estado más puro.
Solamente deseo carnal.
Solamente satisfacción.
Solamente sexo.
Estaban por llegar a su segundo orgasmo cuando veían como al horizonte unos débiles rayos de sol salían. El momento aún no terminaba, agotados no estaban, y mucho menos satisfechos.
Era medio díaNatsumi estaba dándole de comer a su gatita, ya casi era hora de irse a trabajar pero se preocupaba de que sus ojos hinchados se notaran mucho. Se puso gotas y cosas frías mientras tomaba una siesta. Su amigo Usui sin duda se daría cuenta, pero esperaba que sus compañeros no. Menos su amigo famoso. ¿Qué le podía decir si le preguntaba? "Llore porque te amo y te fuiste con una zorra" No sería lo más adecuado.
Se despidió de su bola de pelos y salió de su departamento. En el camino se mentalizo sobre lo que le esperaba; Seguramente su amigo le platicaría lo que pasó la noche pasada, le platicaría todo lo que hicieron pues ya habían hablado antes así. Le platicaría si la chica era de las que le gustaban, si la paso bien, si lo repetiría con ella. Si se relajó y olvido de sus preocupaciones. El cómo se despidió de ella y si la dejo durmiendo y se despidieron bien.
Todo eso la mortificaba, se maldecía por haberle dicho alguna vez que él le platicara todo sin pudor alguno pues eran amigos y ella no se espantaba de nada.
Claro que no se espantaría ahora... Tal vez no de esa forma, le daría miedo.
Miedo al dolor que experimentaría al escucharlo hablar de sus conquistas.
Miedo a vivir el dolor del amor.
Miedo a eso.
Nada más que a eso.
Estaba el sol resplandeciente, una mujer yacía a su lado, con la sabana tapándola de la cintura para abajo. Su rostro lucia apacible. Él se levantó con cuidado de la cama y se fue directo a la ducha.
Como ya era su costumbre, dejo que el agua recorriera su cuerpo y cerró los ojos. Dio un suspiro en toda su capacidad y recordó la noche pasada. Como ráfagas recordaba todo, las sensaciones, el rostro de la chica... Pero su mente recordó a su amiga, su sonrisa tan hermosa, ese rostro de ángel, esa mirada cálida.
Maldijo en silencio.
Salió del baño, su acompañante aun domina y viendo que era mejor se fue de ahí, dejando a una más en esa habitación, sin decir adiós.
Paso a su departamento, se sentía molesto por alguna razón, en vez de sentirse relajado pues se había desecho de mucha tensión se sentía inquieto. No era algo bueno pero tampoco lo mortificaba.
Se cambió de ropa y viendo la hora se fue rápido al estudio.
Dentro de él añoraba ver a su amiga, abrazarla y ver esa sonrisa que tanto lo relajaba. 
Yamamoto estaba con ella, en la sala de juntas, los dos solos. Viéndose a los ojos y reprochándose cosas.
―Me has evitado por unas horas, te tengo atrapada así que habla.
―No sé qué quieres que diga Usui.
―Primero... Lloraste y no me lo niegues. Segundo. ¿Por que llevaste a Takarai-san al bar?
―Lo segundo, solo paso... No le vi nada de malo y todos son tan despistados que ni cuenta se dieron, mucho menos tomados.
―Estaban muy cariñosos.
―La música estaba muy alta.
―Terminaste yéndote con Nagasawa.
―Me había invitado al observatorio, se me hizo mal negarme.
¿Por que no te fuiste con Takarai?
Ella se quedó callada, sentía que las lágrimas llegaban a sus ojos pero suspiro profundo y se tranquilizó; Hizo media sonrisa.
―Se fue con una de las conejitas.
―Por eso lloraste.
―Dormí mucho y se me hincharon los ojos.
―Vete a contarle eso a tu almohada.
―No quería llorar, enserio que no pero...
Su voz se fue apagando, poco a poco hasta que sus manos taparon su cara y empezó a llorar en silencio, con dolor, con desilusión e impotencia.
―Amor, no quiero verte así.― Le dijo su amigo mientras la abrazaba.
―De solo pensar en que se fue con esa, en lo que hicieron, en lo que...
Sssh... No sigas.
Yamamoto la abrazo con fuerza, aquella chica era su mejor amiga, su confidente y su familia, la quería como una hermana pequeña. Él había vivido con ella el dolor de Yui, la había visto tan destrozada que le dolía en el alma. Yui también había sido su amigo, Usui conocía a Natsumi desde hace ocho años, él había logrado que ella trabajara en el staff. No podía ver a su pequeña hermana llorar, no la podía ver sufrir.
―No pienses en esas cosas, no te lastimes.
―Odio haberme enamorado de él, odio este dolor, odio ser su amiga.
―No odias ser su amiga, tonta. Amas serlo.
―Y odio eso.
―Vamos, comeremos un gran helado de chocolate.
―No puedo salir así, mira mis ojos.
―Tú me perdonaras pero aunque estés llorando te vez hermosa, te vez tan frágil y natural que dan ganas de abrazarte y mimarte.
―Tonto.
―Vamos, saldremos corriendo y regresaremos cuando estés mejor.
¿Dejaras el trabajo?
―Solo por un rato, además Nagasawa puede encargarse.
Bajaron del elevador y cuando estaban saliendo del edificio ella vio a su amigo entrar, apenas llegaba, eran las tres de la tarde y apenas llegaba.
Una punzada en el pecho sintió.
Camino tomada del brazo de su amigo y llegaron a la siguiente cuadra, pidieron un helado enorme y comieron, platicaron y rieron. Su amigo la hacía reír fácilmente, le hacía olvidar sus problemas, la hacía sentir bien... ¿Porque no pudo haberse enamorado de él? Cuando lo conoció estaba soltero, hubiera preferido fijarse en su amigo.
Al llegar a su estudio se dio cuenta de que no había visto a su amiga, algo raro ya que siempre que llegaba la veía. Fue a las distintas salas posibles para encontrarlas pero no tuvo éxito. ¿Dónde estaría? Ni Usui estaba. Con desilusión se fue a su oficina, tenía trabajo que hacer.
Se tomaron una hora de descanso, un buen momento para relajarse. Llegaron de nuevo a su trabajo y se fueron sonrientes al área de edición; Las fotografías que habían tomado el día anterior empezarían a ser editadas y les gustaba ver a los expertos trabajando.
Natsumi al entrar a edición vio a su amigo Nagasawa, dando indicaciones, Usui se acercó a él y le dio las gracias por haberse encargado de todo. El jefe de staff se fue a hacer lo suyo y ella se quedó con el segundo.
―Dice Usui que después de él, tu eres el elegido para llevar el mando del staff.
¿Yo? No sé, me encantaría pero es mucho cargo, ¿no te parece Natsu?
―Por eso desde ahora estas tomando más participación en cosas como las que te deja él, confía en ti Nagasawa, lo harás bien.
―Gracias.― Dijo el sonriente.
¡Oh! ¿Porque no usas lentes de contacto?
―Lo he pensado pero no me da tiempo de ir al oculista.
―Debes de ir, apuesto a que te verás menos tímido.
Ella tomo los lentes de su amigo y se los puso, la verdad era que no tenía tan mala vista, era muy leve lo cual le sorprendió. Vio a Nagasaa y le sonrió, acomodo un poco su largo cabello y lo dejo con un look por demás interesante.
―Dios, mírate¡Te vez mucho más seguro de ti mismo!
Natsumi le tomo una foto y se la mostro, el chico parecía sorprendido. Se apeno ante la mirada de su amiga y ante los ojos de los que estaban ahí.
―Listo, mañana te acompañare al oculista.
―Pero tenemos trabajo.
Usui puede darnos unas horas, me gustas más de esta manera. Tus lentes esconden esos lindos ojos.
El chico se apeno aún más. ¿Cómo reaccionar ante los cumplidos de quien le gustaba? Sonrieron y vio de nuevo su foto. Era verdad, ese look le favorecía.
―Así que trae tus tarjetas que mañana será un día de compras.
¿Compras?
Escucharon una voz imponente atrás de ellos. Los dos se giraron y vieron a su jefe. Nagasawa se puso nervioso. Ella también. Hyde los veía con curiosidad y molestia.
Natsumi le dio los lentes a su amigo y él se los puso inmediatamente, hizo una reverencia y se fue. Ella dio un largo suspiro y se tranquilizó internamente.
―Nada que importe, ¿Vienes a ver las fotos de ayer? Están haciendo un gran trabajo, vamos.
Al dar un paso para ir con los que trabajaban él la tomo del brazo para detenerla. La vio con seriedad, ella de repente sintió un poco de temor.
¿Nada que importe?
¿A qué viene eso?
¿Por que no quieres decirme eso de las compras?
―Es algo de Nagasawa, no tiene nada que ver contigo.
―Pero si contigo.― Dijo en tono molesto.
―Exacto, es algo entre Nagasawa y yo.
¿Por que no quieres contarme?
¿Acaso yo te estoy preguntando sobre tu conquista de anoche?
―No.
¿Entonces? No sé qué te pasa, ¿Por que vienes enojado?
―No nos ocultamos nunca nada.
―Estás haciendo todo grande hyde, solo son compras por dios.
Natsu, te necesito.
Escucharon la voz de Usui y ella suspirando aliviada se soltó del agarre de su amigo y camino hacia Yamamoto. El artista se quedó parado, viéndola irse. ¿Por que había actuado así él? Sin duda, los celos lo cegaron en ese momento.
Natsu llego con su amigo y él le mostro unos papeles, ella los tomo y frunció el ceño.
―Esto es...
―Un pretexto para sacarte de donde estabas¿Que paso ahí?
¿La verdad? No tengo ni la más mínima idea.

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