jueves, 10 de marzo de 2016

Quédate conmigo



Autora: Valentina Hydeist.

La luna menguante alumbraba mi ventana, las noches de insomnio habían regresado, refregué mis ojos y me dolían. Miré el reloj y marcaba las tres en punto de la mañana. Parecían que pasaban años mientras solo pasaban unos pocos minutos. Era de esas noches tormentosas en la que mi mente no me dejaba relajarme, y todo a causa de ese hombre...

Su cabello negro y rebajado llegaba hasta donde terminaba el cuello, piel tersa y blanca, ojos negros una mirada profunda, seductora a la vez, podría hasta causarte miedo si quería.
Un ruido extraño me despertó. Prendí la luz del velador, miré a mi costado y Emma estaba dormida. Cuando voltee emití un grito ahogado que fue tapado por las manos de él. Hyde hizo señas de silencio, se acercó a mi oído y dijo “ven conmigo”
“No” pensé al principio, pero era una situación extraña o al menos urgente para que quiera que vaya con él a estas horas. Me incorporé de la cama antes de que mi amiga se despertase.
-Oye, ¿A dónde vamos? – Dije contemplando su mano apretando mi muñeca mientras caminábamos hacia la salida.
Él no respondió, abrió la puerta de madera y salimos de la casa de Emma.
Caminaba casi corriendo con el pijama puesto, un pantalón corto y una blusa manga corta y las zapatillas puestas con los cordones sin atar y con mi ropa de vestir colgando en mi brazo derecho. Habíamos llegado a la esquina del lugar de donde salimos
-¡Hyde! - Hice fuerza con el brazo para poder detenerlo
-¡Te dije que esperaras hasta que lleguemos a tu casa ___!
-¿A mi casa? – Exclamé confundida.- Hyde… Son las tres de la mañana ¿Y qué va a pensar Emma de que desaparecí de su casa en la noche? – Él se acercó y me miró con esos ojos negros, contemplé su boca por unos segundos, era perfecta, su forma, su color. Esto estaba mal, él era el novio de mi amiga no podía mirarlo con ojos de deseo. Sentí el nerviosismo correr por mi estómago y fingí que mi mirada hacia su boca fue casualidad.     –Necesito que me expliques que pasa, esto me está asustando.- Dije antes de que él pudiera decir algo.
-____ ¿Recuerdas cuando nos besamos? – Dijo con una voz suave.
-No, no Hyde te dije que ese recuerdo deje de existir. Paso hace mucho tiempo y ahora Emma es tu novia y mi amiga, no puedo hacer esto.
-Ella no es tu amiga.- Dijo de forma cortante y negando con la cabeza. – Ella te odia, te detesta y creo que es porque sabe que te amo.- Mi boca se quedó sin palabras miraba sus ojos y no podía creerle, negaba con la cabeza sin cesar. Hyde suspiró de forma pesada y soltó mi muñeca, metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó un papel arrugado.
-Te mostraré esto si me haces caso y nos largamos de aquí.- Contemplé el papel que sostenía en alto, y asentí con la cabeza. Estaba atónita por dos cosas, la primera era que mi amiga me detestaba y la segunda porque él…Al hombre que siempre amé, también me ama.
Entramos a mi cuarto, arroje la ropa en la silla, abrí las cortinas para que entrara la luz de la calle y no tuviera que prender las luces. Me quede quieta observando a través de la ventana la ciudad en plena noche, estaba muy confundida, me tiré el cabello para atrás y voltee. Él estaba más cerca de lo que creí y otra vez con esa mirada que me derretía por dentro. Miró mis labios, cerró los ojos como si se estuviera conteniendo de algo y tiro la cabeza hacia atrás, volvió a mirarme y me dio el papel.
Lo tomé de inmediato, lo abrí y leí.
“No lo entiendo, no lo puedo entender ¿Qué tiene esa estúpida?  Es evidente, Hyde la quiere a ella… tengo la idea de que se conocen desde hace tiempo. Solo tengo que amigarme bien de ____ para mantenerla vigilada… Y a Hyde lo voy a arruinar por haberme ocultado que ya la conocía, diré el monstruo que es.”
Arrugue el papel con bronca y dolor. Aun así, yo quería a Emma, era mi amiga y por el bien de nuestra amistad nunca le dije que Hyde y yo nos conocíamos desde hace tiempo, para que ella sea feliz… y también para olvidarlo.  Y ahora me arrepiento.
-Lo sabe… Todo fue en vano.- Exclamé frustrada.- Nos separamos en vano, al final nos volvimos a encontrar. ¿De todas las mujeres en el mundo te enamoraste de mi amiga?
-Nunca me enamoré de ella ______.- Respondió arrastrando la mirada a otro lado.- Solo quería estar cerca de ti.
Él se acercó lentamente y me abrazó. Correspondí a sus brazos y apoyé mi cabeza en sus hombros, respirando su aroma tan masculino y delicioso. Con solo tocarlo mi corazón comenzaba  latir. Lo amaba, siempre lo había amado y siempre voy a amar a este hombre, él era el único que me hacía sentir lo que siento.
Levanté mi cabeza y contemplé todo su rostro. Su frente, sus ojos, su nariz, sus mejillas, sus labios. Y mi boca se adueñó de ellos. Mis labios, mi lengua, hasta mi garganta tenían sed de esos labios tan suaves y ricos. 
Me separé de él y me senté en mi cama observando el suelo. Hyde se acercó y se sentó a mi lado tomando mi mano.
-Termine con ella en la tarde.- Dijo mientras miraba hacia la ventana.
Me quedé quieta y pensé. Por eso me pidió que fuera a dormir a su casa, para que controlara si yo no me vería con él la noche que habían terminado. –Pues no pareció afectarle demasiado. No se la veía tan mal.
-Mejor.- Suspiró.
-Fue una idiotez que no estuviésemos juntos por temor a lo que eres, si igual estuviste con Emma, ¿No es lo mismo?
-Creí que sería muy idiota para darse cuenta.- Dijo con soberbia.
-Eso fue cruel.- Respondí, pero no pude evitar sonreír.
-Aun no sé cómo lo supo.- Giró hacia a mí.- Quizás la miré con ganas de beber su sangre…Suele pasar.- Dijo riendo.
-O como lo supe yo.- Dije levantando la mirada y pude encontrar un brillo de tristeza en sus ojos que me miraban fijamente.- Solo que yo nunca te hubiese traicionado… Te amaría toda la vida.
-Lo sé…Nunca pude olvidarme de ti _____. Aunque no quiera siempre vuelves a aparecer en mi vida.- Dijo con una voz sensual, propia de él, y una leve sonrisa.
-Estamos destinados.- Dije sin quitar la vista de encima.
-Te amo _____.- Se acercó y me besó apasionadamente, obligándome a acostarme en la cama. Quité de él el saco negro y la camisa que llevaba puesto mientras él besaba mi cuello, quitó mi blusa, besó mis pechos y me erizo la piel. Sonreíamos entre los dos, nos besábamos con amor y ternura, me decía cosas que me hacían reír, yo acariciaba su cuerpo, aspiraba su fragancia, le daba pequeños besos en su nariz y en esos labios que me volvían loca. Amaba su cuerpo, era perfecto; acaricie su abdomen, su espalda, sus brazos. Una de sus manos comenzó a bajar hacia mi pantalón.
-Hyde.- Dije deteniéndolo.- ¿Qué voy a decirle a Emma?
-No tienes que decir nada cariño.- Respondió forzando mi mano y bajo mi short.
Continuábamos besándonos, solo quedaba deshacerme de su pantalón y eso hice. Desabroché el jean, y al tacto su miembro estaba totalmente preparado, emitió un gemido al sentir mi mano y fue placentero a mis oídos, mordí mi labio inferior y comenzó.
Sus movimientos hacia mí, eran la gloria. Sentía como si el amor nos abrazaba a ambos. Podía apostar mi vida en que mi felicidad era con él. Solo lo necesitaba a él.
Abrazados entre las sabanas Hyde acariciaba mi cabello y con su otra mano en mi abdomen. Contemplaba sus manos con anillos de plata y piedras y de diversas formas. Me gustaba su estilo particular.
-Extrañaba estar contigo.- Susurré.
-Igual yo ____.- Me obligo a girarme y nos miramos.- Eres hermosa.- Dijo acariciando mi rostro.
-Tú también lo eres.- Besé sus labios.-Hyde…- Exclamé mientras miraba el techo. Una duda extraña me había surgido de golpe.
-¿Hum?...
-¿Por qué no esperaste hasta que amaneciera para poder hablar conmigo sobre esto? – La mano que acariciaba mi cabello se detuvo.
-Simplemente quería hacerlo ahora.- Dijo cortante. Pero su respuesta no me convenció. Gire para poder mirarlo y él me miraba con el entrecejo fruncido.
-Dime la verdad Hyde… Sé que mientes.- Cerró los ojos y pasó la mano por su cara. Me incorporé tapándome con la sabana y su pecho se descubrió un poco más.
-Tengo que irme.- Dijo en voz baja y tratando de evitar mi mirada.
-¿A dónde? – Dije casi con furia. – ¡Hyde respóndeme! – Dije apretando su muñeca.
-Es por un tiempo nada más. Voy a volver…- Él se incorporó me contemplo nervioso. Evadí su mirada y sentí como se formaba el nudo en mi garganta. Tomé el pijama y me lo puse rápido.
-Tenía el presentimiento… De que esto era una despedida - Negaba con la cabeza sin saber qué pensar.- ¿Pensabas decírmelo en algún momento? – Exclamé mientras caminaba por la habitación.
-Sí, claro que sí. Pero no sabía cómo…– Las lágrimas comenzaron a circular por mis mejillas. -____ por favor no llores.- Dijo acercándose a mí ya vestido  
-Amor, tengo que irme un tiempo. Es arriesgado ellos no pueden saber lo que soy, nadie puede saberlo Emma dijo que iba a revelarlo.- Tomó fuerte mis manos y trataba de hablarme, pero él también parecía entrar en desesperación al ver que no podía contestarle. El llanto me dejaba sin habla.
-Será tu palabra contra la de ella, nadie va a creerle.- Exclamé excusándolo.
-No es tan simple.- El dolor me obligo a caer de rodillas al suelo.
-¡Hyde por favor no hagas esto! No me dejes, no lo hagas, no de nuevo.- El imaginarme que se iba era desgarrador. Había pasado mucho tiempo sin Hyde, no quería alejarme de nuevo cuando lo había recuperado, soportar su ausencia de nuevo era inimaginable. Él se tapó la boca con su mano y unas lágrimas cayeron sobre su piel. Se agachó conmigo y levanto mi cabeza obligándome a mirarlo.
-____...- Exclamó forzando la voz para que no se quiebre.
-¿A dónde vas a ir? –  Pregunté mirando su rostro. El negó con la cabeza y más lágrimas resbalaron por sus mejillas.
-No…Hyde… No puedes hacerme sufrir así.- Mis lágrimas caían sin cesar y el dolor se apoderaba de mí.
-Volveré por ti… Lo prometo, solo espérame y no te olvides que te amo.- Tomó mis mejillas y me besó, mis labios solo tenían fuerzas para llorar, apreté el cabello de su nuca mientras nuestras frentes seguían unidas y trataba de besarlo. Hyde comenzó a  incorporarse lentamente tomé sus manos y me levanté con él.
-No quiero Hyde, no quiero esto.- Tomé fuerte de sus brazos no quería que se fuera. El hizo fuerza para soltarse.- ¡No voy a soportarlo! – Se acercó y me abrazó fuerte, apreté fuerte de su camisa, aspiré su aroma y pegué un grito de dolor. No quería dejar de sentirlo así, tan cerca, tan mío. Quitó un anillo de uno de sus dedos, tomó mi mano izquierda y lo colocó en mi dedo anular. Era el de la piedra roja. Besó mi frente, y se fue.
Desde aquella noche mi cuerpo involuntariamente se despierta a las tres de la mañana esperando su llegada. Mi vida se había vuelto un infierno, creía que no podría lidiar con esto. Mi cama era un mar de lágrimas. Pasaron, días, semanas, meses, y perdí la fe. Perdí la fe que me mantenía con fuerzas para soportarlo. Me di por vencida. Él, no iba a volver.
Había semanas en la que lograba dormir de corrido, creí que lo estaba superando. Pero a los días siempre volvía a ocurrir. Me dormía entre lágrimas, contemplando el anillo “Esto me está matando” decía en voz baja “Vuelve”.
Regresaba de la graduación de mi hermano, estaba un poco cansada. Abrí la puerta de mi habitación, me acerqué al espejo y me observé. Llevaba un vestido rojo aterciopelado manga larga, en mis pies unos zapatos altos de igual color, mi hermana me había maquillado. Me sentía bien, me sentí bonita después de mucho tiempo en que no me importó lucir bien.  
Empecé a sacarme la manga izquierda del vestido cuando una voz me dejo helada.
-No te lo saques aún…- Era una voz suave, varonil. Cerré mis ojos y derrame una lágrima. No quería voltear.
-No estás aquí…- Sonreí porque aun así me dio placer escuchar su voz.
-¿Por qué crees que no? – Expreso la voz dudosa.
-Porque perdí la fe.
-Te lo prometí ____.- Dijo insistente.- Mírame.
 Tragué y voltee lentamente. Hyde estaba apoyado en la ventana con un pantalón de jean negro y una camisa blanca. Era un ángel hermoso. ¿Era real o me estaría volviendo loca? Me acerqué, él solo me miraba, no podía comprender que decían esos ojos. Estiré mi mano y acaricie su mejilla, Hyde puso su mano encima y cerró los ojos. Me abalance sobre él y lo abracé. Su aroma era el mismo de siempre, acaricie su cabello largo, y sentía como él me presionaba a su cuerpo con tanto amor. Más lágrimas cayeron.
Cuando nos separamos, él tomó mi mano izquierda y contempló el anillo de piedra roja.
-Lo llevo puesto desde que me lo diste.- En su rostro se dibujó una sonrisa dulce y a la vez triste.
-Lo siento tanto…- Me miró a los ojos por unos segundos. Se acercó a mí rostro y me beso. Era desesperante volver a besarlo, no quería separarme nunca más de él ni por nada ni nadie.
En el momento que se alejó agacho la cabeza y miro mis zapatos. Entendí que quería que me los sacara y eso hice.
-¿Mejor? – Dije riendo.
-Sí.- Él también rio.- Estaba muy abajo.- Ambos reímos a la vez. Acomodé su cabello oscuro.
-¿No te irás verdad? – Pregunté en voz baja.
-No, me quedo y para siempre.

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