Autora: Valentina Hydeist.
La luna menguante alumbraba mi ventana, las noches
de insomnio habían regresado, refregué mis ojos y me dolían. Miré el reloj y
marcaba las tres en punto de la mañana. Parecían que pasaban años mientras solo
pasaban unos pocos minutos. Era de esas noches tormentosas en la que mi mente
no me dejaba relajarme, y todo a causa de ese hombre...
Su cabello
negro y rebajado llegaba hasta donde terminaba el cuello, piel tersa y blanca,
ojos negros una mirada profunda, seductora a la vez, podría hasta causarte
miedo si quería.
Un ruido
extraño me despertó. Prendí la luz del velador, miré a mi costado y Emma estaba
dormida. Cuando voltee emití un grito ahogado que fue tapado por las manos de
él. Hyde hizo señas de silencio, se acercó a mi oído y dijo “ven conmigo”
“No” pensé al
principio, pero era una situación extraña o al menos urgente para que quiera
que vaya con él a estas horas. Me incorporé de la cama antes de que mi amiga se
despertase.
-Oye, ¿A
dónde vamos? – Dije contemplando su mano apretando mi muñeca mientras
caminábamos hacia la salida.
Él no
respondió, abrió la puerta de madera y salimos de la casa de Emma.
Caminaba casi
corriendo con el pijama puesto, un pantalón corto y una blusa manga corta y las
zapatillas puestas con los cordones sin atar y con mi ropa de vestir colgando
en mi brazo derecho. Habíamos llegado a la esquina del lugar de donde salimos
-¡Hyde! -
Hice fuerza con el brazo para poder detenerlo
-¡Te dije que
esperaras hasta que lleguemos a tu casa ___!
-¿A mi casa?
– Exclamé confundida.- Hyde… Son las tres de la mañana ¿Y qué va a pensar Emma
de que desaparecí de su casa en la noche? – Él se acercó y me miró con esos
ojos negros, contemplé su boca por unos segundos, era perfecta, su forma, su
color. Esto estaba mal, él era el novio de mi amiga no podía mirarlo con ojos
de deseo. Sentí el nerviosismo correr por mi estómago y fingí que mi mirada
hacia su boca fue casualidad. –Necesito que me expliques que pasa, esto me
está asustando.- Dije antes de que él pudiera decir algo.
-____
¿Recuerdas cuando nos besamos? – Dijo con una voz suave.
-No, no Hyde
te dije que ese recuerdo deje de existir. Paso hace mucho tiempo y ahora Emma
es tu novia y mi amiga, no puedo hacer esto.
-Ella no es
tu amiga.- Dijo de forma cortante y negando con la cabeza. – Ella te odia, te
detesta y creo que es porque sabe que te amo.- Mi boca se quedó sin palabras
miraba sus ojos y no podía creerle, negaba con la cabeza sin cesar. Hyde suspiró
de forma pesada y soltó mi muñeca, metió la mano en el bolsillo de su pantalón
y sacó un papel arrugado.
-Te mostraré
esto si me haces caso y nos largamos de aquí.- Contemplé el papel que sostenía
en alto, y asentí con la cabeza. Estaba atónita por dos cosas, la primera era
que mi amiga me detestaba y la segunda porque él…Al hombre que siempre amé, también
me ama.
Entramos a mi
cuarto, arroje la ropa en la silla, abrí las cortinas para que entrara la luz
de la calle y no tuviera que prender las luces. Me quede quieta observando a
través de la ventana la ciudad en plena noche, estaba muy confundida, me tiré
el cabello para atrás y voltee. Él estaba más cerca de lo que creí y otra vez
con esa mirada que me derretía por dentro. Miró mis labios, cerró los ojos como
si se estuviera conteniendo de algo y tiro la cabeza hacia atrás, volvió a
mirarme y me dio el papel.
Lo tomé de
inmediato, lo abrí y leí.
“No lo
entiendo, no lo puedo entender ¿Qué tiene esa estúpida? Es evidente, Hyde la quiere a ella… tengo la
idea de que se conocen desde hace tiempo. Solo tengo que amigarme bien de ____
para mantenerla vigilada… Y a Hyde lo voy a arruinar por haberme ocultado que
ya la conocía, diré el monstruo que es.”
Arrugue el
papel con bronca y dolor. Aun así, yo quería a Emma, era mi amiga y por el bien
de nuestra amistad nunca le dije que Hyde y yo nos conocíamos desde hace
tiempo, para que ella sea feliz… y también para olvidarlo. Y ahora me arrepiento.
-Lo sabe…
Todo fue en vano.- Exclamé frustrada.- Nos separamos en vano, al final nos
volvimos a encontrar. ¿De todas las mujeres en el mundo te enamoraste de mi
amiga?
-Nunca me
enamoré de ella ______.- Respondió arrastrando la mirada a otro lado.- Solo
quería estar cerca de ti.
Él se acercó
lentamente y me abrazó. Correspondí a sus brazos y apoyé mi cabeza en sus
hombros, respirando su aroma tan masculino y delicioso. Con solo tocarlo mi
corazón comenzaba latir. Lo amaba,
siempre lo había amado y siempre voy a amar a este hombre, él era el único que
me hacía sentir lo que siento.
Levanté mi
cabeza y contemplé todo su rostro. Su frente, sus ojos, su nariz, sus mejillas,
sus labios. Y mi boca se adueñó de ellos. Mis labios, mi lengua, hasta mi
garganta tenían sed de esos labios tan suaves y ricos.
Me separé de
él y me senté en mi cama observando el suelo. Hyde se acercó y se sentó a mi
lado tomando mi mano.
-Termine con
ella en la tarde.- Dijo mientras miraba hacia la ventana.
Me quedé
quieta y pensé. Por eso me pidió que fuera a dormir a su casa, para que
controlara si yo no me vería con él la noche que habían terminado. –Pues no
pareció afectarle demasiado. No se la veía tan mal.
-Mejor.-
Suspiró.
-Fue una
idiotez que no estuviésemos juntos por temor a lo que eres, si igual estuviste
con Emma, ¿No es lo mismo?
-Creí que
sería muy idiota para darse cuenta.- Dijo con soberbia.
-Eso fue
cruel.- Respondí, pero no pude evitar sonreír.
-Aun no sé
cómo lo supo.- Giró hacia a mí.- Quizás la miré con ganas de beber su
sangre…Suele pasar.- Dijo riendo.
-O como lo
supe yo.- Dije levantando la mirada y pude encontrar un brillo de tristeza en
sus ojos que me miraban fijamente.- Solo que yo nunca te hubiese traicionado…
Te amaría toda la vida.
-Lo sé…Nunca
pude olvidarme de ti _____. Aunque no quiera siempre vuelves a aparecer en mi
vida.- Dijo con una voz sensual, propia de él, y una leve sonrisa.
-Estamos
destinados.- Dije sin quitar la vista de encima.
-Te amo
_____.- Se acercó y me besó apasionadamente, obligándome a acostarme en la
cama. Quité de él el saco negro y la camisa que llevaba puesto mientras él
besaba mi cuello, quitó mi blusa, besó mis pechos y me erizo la piel.
Sonreíamos entre los dos, nos besábamos con amor y ternura, me decía cosas que
me hacían reír, yo acariciaba su cuerpo, aspiraba su fragancia, le daba
pequeños besos en su nariz y en esos labios que me volvían loca. Amaba su
cuerpo, era perfecto; acaricie su abdomen, su espalda, sus brazos. Una de sus
manos comenzó a bajar hacia mi pantalón.
-Hyde.- Dije
deteniéndolo.- ¿Qué voy a decirle a Emma?
-No tienes
que decir nada cariño.- Respondió forzando mi mano y bajo mi short.
Continuábamos
besándonos, solo quedaba deshacerme de su pantalón y eso hice. Desabroché el
jean, y al tacto su miembro estaba totalmente preparado, emitió un gemido al
sentir mi mano y fue placentero a mis oídos, mordí mi labio inferior y comenzó.
Sus
movimientos hacia mí, eran la gloria. Sentía como si el amor nos abrazaba a
ambos. Podía apostar mi vida en que mi felicidad era con él. Solo lo necesitaba
a él.
…
Abrazados
entre las sabanas Hyde acariciaba mi cabello y con su otra mano en mi abdomen. Contemplaba
sus manos con anillos de plata y piedras y de diversas formas. Me gustaba su
estilo particular.
-Extrañaba
estar contigo.- Susurré.
-Igual yo
____.- Me obligo a girarme y nos miramos.- Eres hermosa.- Dijo acariciando mi
rostro.
-Tú también
lo eres.- Besé sus labios.-Hyde…- Exclamé mientras miraba el techo. Una duda
extraña me había surgido de golpe.
-¿Hum?...
-¿Por qué no
esperaste hasta que amaneciera para poder hablar conmigo sobre esto? – La mano
que acariciaba mi cabello se detuvo.
-Simplemente
quería hacerlo ahora.- Dijo cortante. Pero su respuesta no me convenció. Gire
para poder mirarlo y él me miraba con el entrecejo fruncido.
-Dime la
verdad Hyde… Sé que mientes.- Cerró los ojos y pasó la mano por su cara. Me
incorporé tapándome con la sabana y su pecho se descubrió un poco más.
-Tengo que
irme.- Dijo en voz baja y tratando de evitar mi mirada.
-¿A dónde? –
Dije casi con furia. – ¡Hyde respóndeme! – Dije apretando su muñeca.
-Es por un
tiempo nada más. Voy a volver…- Él se incorporó me contemplo nervioso. Evadí su
mirada y sentí como se formaba el nudo en mi garganta. Tomé el pijama y me lo
puse rápido.
-Tenía el
presentimiento… De que esto era una despedida - Negaba con la cabeza sin saber
qué pensar.- ¿Pensabas decírmelo en algún momento? – Exclamé mientras caminaba
por la habitación.
-Sí, claro
que sí. Pero no sabía cómo…– Las lágrimas comenzaron a circular por mis
mejillas. -____ por favor no llores.- Dijo acercándose a mí ya vestido
-Amor, tengo
que irme un tiempo. Es arriesgado ellos no pueden saber lo que soy, nadie puede
saberlo Emma dijo que iba a revelarlo.- Tomó fuerte mis manos y trataba de
hablarme, pero él también parecía entrar en desesperación al ver que no podía
contestarle. El llanto me dejaba sin habla.
-Será tu
palabra contra la de ella, nadie va a creerle.- Exclamé excusándolo.
-No es tan
simple.- El dolor me obligo a caer de rodillas al suelo.
-¡Hyde por
favor no hagas esto! No me dejes, no lo hagas, no de nuevo.- El imaginarme que
se iba era desgarrador. Había pasado mucho tiempo sin Hyde, no quería alejarme
de nuevo cuando lo había recuperado, soportar su ausencia de nuevo era
inimaginable. Él se tapó la boca con su mano y unas lágrimas cayeron sobre su
piel. Se agachó conmigo y levanto mi cabeza obligándome a mirarlo.
-____...-
Exclamó forzando la voz para que no se quiebre.
-¿A dónde vas
a ir? – Pregunté mirando su rostro. El
negó con la cabeza y más lágrimas resbalaron por sus mejillas.
-No…Hyde… No
puedes hacerme sufrir así.- Mis lágrimas caían sin cesar y el dolor se
apoderaba de mí.
-Volveré por
ti… Lo prometo, solo espérame y no te olvides que te amo.- Tomó mis mejillas y
me besó, mis labios solo tenían fuerzas para llorar, apreté el cabello de su
nuca mientras nuestras frentes seguían unidas y trataba de besarlo. Hyde
comenzó a incorporarse lentamente tomé
sus manos y me levanté con él.
-No quiero Hyde, no quiero esto.- Tomé fuerte de
sus brazos no quería que se fuera. El hizo fuerza para soltarse.- ¡No voy a
soportarlo! – Se acercó y me abrazó fuerte, apreté fuerte de su camisa, aspiré
su aroma y pegué un grito de dolor. No quería dejar de sentirlo así, tan cerca,
tan mío. Quitó un anillo de uno de sus dedos, tomó mi mano izquierda y lo
colocó en mi dedo anular. Era el de la piedra roja. Besó mi frente, y se fue.
Desde aquella
noche mi cuerpo involuntariamente se despierta a las tres de la mañana esperando
su llegada. Mi vida se había vuelto un infierno, creía que no podría lidiar con
esto. Mi cama era un mar de lágrimas. Pasaron, días, semanas, meses, y perdí la
fe. Perdí la fe que me mantenía con fuerzas para soportarlo. Me di por vencida.
Él, no iba a volver.
Había semanas
en la que lograba dormir de corrido, creí que lo estaba superando. Pero a los
días siempre volvía a ocurrir. Me dormía entre lágrimas, contemplando el anillo
“Esto me está matando” decía en voz baja “Vuelve”.
Regresaba de
la graduación de mi hermano, estaba un poco cansada. Abrí la puerta de mi
habitación, me acerqué al espejo y me observé. Llevaba un vestido rojo
aterciopelado manga larga, en mis pies unos zapatos altos de igual color, mi
hermana me había maquillado. Me sentía bien, me sentí bonita después de mucho
tiempo en que no me importó lucir bien.
Empecé a
sacarme la manga izquierda del vestido cuando una voz me dejo helada.
-No te lo
saques aún…- Era una voz suave, varonil. Cerré mis ojos y derrame una lágrima.
No quería voltear.
-No estás
aquí…- Sonreí porque aun así me dio placer escuchar su voz.
-¿Por qué
crees que no? – Expreso la voz dudosa.
-Porque perdí
la fe.
-Te lo
prometí ____.- Dijo insistente.- Mírame.
Tragué y voltee lentamente. Hyde estaba apoyado
en la ventana con un pantalón de jean negro y una camisa blanca. Era un ángel
hermoso. ¿Era real o me estaría volviendo loca? Me acerqué, él solo me miraba,
no podía comprender que decían esos ojos. Estiré mi mano y acaricie su mejilla,
Hyde puso su mano encima y cerró los ojos. Me abalance sobre él y lo abracé. Su
aroma era el mismo de siempre, acaricie su cabello largo, y sentía como él me
presionaba a su cuerpo con tanto amor. Más lágrimas cayeron.
Cuando nos
separamos, él tomó mi mano izquierda y contempló el anillo de piedra roja.
-Lo llevo
puesto desde que me lo diste.- En su rostro se dibujó una sonrisa dulce y a la
vez triste.
-Lo siento
tanto…- Me miró a los ojos por unos segundos. Se acercó a mí rostro y me beso.
Era desesperante volver a besarlo, no quería separarme nunca más de él ni por
nada ni nadie.
En el momento
que se alejó agacho la cabeza y miro mis zapatos. Entendí que quería que me los
sacara y eso hice.
-¿Mejor? –
Dije riendo.
-Sí.- Él
también rio.- Estaba muy abajo.- Ambos reímos a la vez. Acomodé su cabello
oscuro.
-¿No te irás
verdad? – Pregunté en voz baja.
-No, me quedo
y para siempre.
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