sábado, 19 de diciembre de 2015

Pieces


-One-shot-

Ellos tenían una relación de amistad. Eran grandes amigos en realidad. Cinco años de confidencialidad, de confianza, de felicidad y enojos. Cinco años en los que ellos actuaban como amigos pero se trataban y se veían como novios.
Se querían; se celaban y se reprochaban cosas. Como una pareja.
La pequeña y delicada joven trabajaba para uno de sus staff.
Él siempre la observaba caminar detrás del jefe de staff, hacer encargos y sonreír con educación. Siempre le tocaba verla seria pero pocas veces la había visto sonreírle a alguien por simple atención. Era alguien reservada, igual que él y eso le gustaba. Le llamaba y le daba curiosidad saber sobre ella.
Pero no se atrevió a hablarle, ni siquiera a dirigirle el saludo ya que sería casi como romper sus más preciadas leyes.
Ser serio, ser reservado y no hacer amistades con su staff, ni siquiera hablar más de lo debido con sus trabajadores.
Y no iba a romper esas principales leyes por una chica que le causaba curiosidad… Claro, esto hasta que no se conformó más con solo verla. Él quería más, quería escuchar esa voz, quería ver esos ojos y cuando se atrevió… Sintió como si su mundo tomara una nueva visión, tomara un nuevo rumbo… Una nueva faceta.
Sintió sus pies bien fijos sobre la tierra, sintió como su corazón latía no solo por latir mecánicamente. Experimento sensaciones que jamás había sentido y esas mismas lo asustaban. Sintió un calor recorrer su cuerpo, sintió que su oxígeno era poco y que necesitaba el de alguien más para poder sobrevivir.
Su mente sabía que el oxígeno que el necesitaba era el de ella.
Pero no se podía dar el lujo de enamorarse.
Tenía excusas de sobra pero ninguna era de peso, ninguna tenía valor y él lo sabía pero no quería aceptarlo. Simplemente no podía. No quería… Algo no lo dejaba.
Una chica tan dulce no podía salir con alguien como él.

―Ta... Takarai-san; ¿Necesita algo?
Le dijo la pequeña chica que tenía frente a él. El hizo una muy pequeña sonrisa que ella no pudo notar. Él solo había llegado a donde ella estaba y se había quedado a verla, no había dicho nada por un minuto hasta que ella hablo. Él carraspeo un poco.
―¿Sabes dónde está Yukio?, necesito darle unas indicaciones
Invento. ¿En que había estado pensando cuando se paró frente a ella?... Ni siquiera había pensado. Su cuerpo camino solo hasta ella y se odio por eso.
―Eeeeh si... Debe estar en el área de sonido, iré a llamarlo, ¿A dónde quiere que vaya el a buscarlo?
Esa voz era dulce, era educada y hablaba con mucho respeto. Su mirada era igual, respeto y timidez. Quería hablarle más pero no podía perder el juicio... No quería perder más el juicio, no después de haber perdido un poco al ver aquellos ojos brillantes.
―Debe estar ocupado si está en sonido... Ven tú conmigo
La chica palideció, ¿Ir con su jefe? ¿A dónde? ¿A la sala de juntas? Ella sabía que nadie podía hablar con él a no ser de que el jefe de staff lo autorizara y más principalmente, su jefe, el que se encontraba frente a ella con una confusa mirada.
―No creo que pueda ser de ayuda Takarai-san, es mejor que el jefe de staff en persona lo ayude, no tardará en llegar a usted
Tan educada y huyendo del nerviosismo que trataba de ocultar; esa chica aun viéndola de frente le seguía causando curiosidad... Mucha más de la que pensó.
Él suspiro y negó débilmente. ¿Qué estaba haciendo? No podía permitirse resbalar por unos ojos bonitos.
―Dile que lo veo en la sala de siempre
Dijo en tono serio y fuerte. Ella con una reverencia acepto la orden y se alejó de él. Camino por el largo pasillo en el que estaban, él se quedó parado, observando su espalda, viéndola alejarse. Suspiro repetidas veces y  en ese momento no se llegó a imaginar que se volvería adicto a aquellos ojos, a aquella timidez... A aquella sensación que ella le regalaba.

Vamos hyde, no seas flojo y ayúdame
Su pequeña amiga lo veía con ojos acusatorios, él estaba cómodamente sentado en un sillón mientras ella trataba de subir un expediente a un mueble.
―Eres una nena.― Se burló él
―Cállate.― Le respondió ella con molestia, esa palabra no le gustaba.― ¿Qué tienes que hacer hoy?
―Ummm... Creo que solo ir con VAMPS a una entrevista
―¿Creo?
―Sip.― Le sonrió encantadoramente.― Creo, ¿Por qué?
―Quería que me acompañaras a comprar ropa
―Fuimos hace dos semanas
―¿Y qué?
―Eres una nena.― Se volvió a burlar.― Vayamos después de la entrevista, a las 8 de la noche no es mal horario
―Para alguien tan común como yo no, para alguien tan codiciado como tu si
―Hemos salido muchas veces y nos ha ido bien
―Quien sabe, tal vez esta vez sea la mala, ¿Por qué siempre salimos de noche?
―No has escuchado esa frase... ¿De noche todos los gatos son pardos?
―¿Eres un gato?.― Dijo ella mientras alzaba una ceja
―No, soy un vampiro, recuérdalo cariño
―Sí, sé que lo eres
―Y me gusta beber sangre joven
―Por eso cuido la mía, no quiero morir aun.― Él se rio
―¿Tu sangre es joven?
―Por lo menos ocho años menos que la tuya si
―Buen punto
Se quedaron en silencio. Viendo hacia el gran ventanal que les daba una vista maravillosa. Se encontraban en el departamento del vocalista. Como cada día; los dos estaban sentados en un sillón, ella con toda la confianza que le tenía a su amigo se encontraba recostada, con la cabeza en sus piernas, sus ojos estaban cerrados y su respiración era tranquila.
Aquella imagen le llenaba de tranquilidad y felicidad. Verla tan cómoda a su lado, verla tan confiada. Le gustaba observarla, ver cada detalle de su hermoso rostro. A veces la acariciaba, pasaba las yemas de sus dedos por sus parpados, por sus mejillas y cerca de los labios.
La primera vez que le había hablado había sido un fracaso ya que quería entablar una conversación más o menos normal, cosa que no pudo.

Pasaron todavía dos semanas hasta que lo intento de nuevo, esta vez sin excusas ni pretextos.
―No he podido evitar observarte, eres muy reservada y cuidadosa
―Gracias.― Le respondió ella con timidez
Por eso quiero ofrecerte el trabajo de vestuarista, estarás en los camerinos, encargada de nuestra ropa, viendo lo discreta que eres ese trabajo es perfecto para ti, la paga es más
Ella mordió ligeramente sus labios y observo un punto imaginario, vestuarista. Camerinos. Su jefe más cerca de ella.
―Le agradezco pero... No creo que sea lo conveniente; Takarai-san, yo a parte de trabajar para usted soy su fan y no creo que estar más cerca de mis artistas sea lo mejor
Esa sinceridad, esos ojos brillosos por la emoción y por el dolor de rechazar la oferta le llamaron más. No pudo evitar sonreír.
―Todos aquí son fans, no te preocupes; empiezas mañana, yo le digo al jefe de staff
Y con esas últimas palabras él se alejó para no darle más oportunidades de negarse a su nuevo trabajo. Él la quería más cerca, era una sensación estresante pero agradable.

―Ahora que lo recuerdo, en estos años de amistad no te he reclamado el beso
―¿Beso?.― Se tensó él
―Sí, el de Devil Side
―Aaah
Se relajó visiblemente. Por un momento había pensado que se refería al beso que le había dado en una noche en la que ella se había quedado a dormir en su departamento.
La vio tan tranquila, tan hermosa y pacifica que una total paz y calidez lo invadió. Se acercó a sus labios y la beso. Fue un pequeño rose, un pequeño contacto pero solo eso había hecho que su piel quemara.
No se lo había dicho a ella. Era un secreto que quiso mantener en su corazón. 
Él se había enamorado desde la primera vez que sus ojos cruzaron con los suyos, él lo sabía pero se negó a aceptarlo, al menos hasta que su amor fue tanto que le dolía.
Le dolía estar con ella. Pero a la vez amaba esa cercanía y le agradaba ese dolor.
Le dolía ser un amigo más, le dolía ser su confidente y escuchar algún desamor o escuchar algunos chicos que le parecían lindos. Se sentía como una adolescente celosa al tener esos pensamientos. Solo quería que ella lo viera como algo más que su mejor amigo famoso. Claro que a ella la fama no le importaba, pero no podía evitar ese pensamiento.
Cuando empezaron a tratarse como algo más que jefe y trabajadora él se dio cuenta de que ella era una mujer dulce, una chica inocente y fiel a sus amistades. Cuando ella decidía y aceptaba a alguien como su amigo le seria fiel siempre, a esa relación, a esa fraternidad y no la rompería por un sentimiento unilateral, por un sentimiento que si no lo sentían los dos y no era lo suficientemente fuerte no funcionaria.
Él se sentía muy vulnerable ante eso, sabía que ella no lo amaba, sabía que para ella era solo un amigo y prefería guardarse su amor y tenerla como amiga.
En cinco años la llego a amar mucho, como jamás imagino y ese amor era doloroso. Doloroso pero hermoso. Tal vez era masoquista, un masoquista por soportar ese dolor a tener que perderla y sentir un dolor mucho más fuerte y destructivo.
Su seguridad y su ego siempre estaban por los cielos, él sabía lo que era, quien era y como lo veía el mundo; pero con ella esas dos cosas se esfumaban, con ella se sentía vulnerable e inseguro, su ego era nada y odiaba esa sensación. ¿Cómo esa mujer, con la que había convivido más que con nadie no se había enamorado de él? ¿Así como el de ella? ¿Qué estaba mal? ¿Por qué no era el sentimiento mutuo? Tal vez esa seguridad que siempre tenia era solo su imaginación y no todo el mundo lo veía como él creía.
No le importaba como lo vieran los demás, pero si ella. Quería que ella lo viera de otra manera pero sabía que no pasaría, a veces se sentía patético al vivir ese sentimiento, esa situación y se iba a algún lugar en donde se emborrachaba y terminaba en la cama con alguna que se le ofrecía.
Era bueno olvidar en momentos pero al día siguiente se odiaba por esa debilidad, le profesaba su amor a su amiga y mancillaba ese sentimiento en sus noches de borrachera.
Que imbécil era.
―... Y como te decía, ese beso en Devil Side todas tus fans lo odiamos, ¿Cómo pudiste?
―Me pareció buena idea.― Le contesto encogiéndose de hombros
―Pues no, fue horrible, rompiste nuestro corazón, pero te lo perdonamos
―Es bueno saberlo
―Aunque cada que veo esa parte te odio, veo el video y salto esa parte, sé que no soy la única que lo hace
―¿Tanto te molesta?.― Odió que su voz sonara tan anhelante
―Pues...
Un celular sonó y enseguida supieron que era el del artista, él lo tomo y tras decir tres palabras colgó, era hora de trabajar.
―Vayamos a trabajar y de ahí a comprar
―Vayamos.― Dijo ella con emoción
Se fueron en el lujoso auto de él y mientras escuchaban música. Cantaban y se sonreían. Cada que estaban juntos sentían una grandísima tranquilidad y confianza. Se sentían relajados e imponentes ante todo el mundo.
Ella por su parte amaba estar con su amigo; le agradaba su compañía, le agradaba estar con él en todo momento y pasarse horas platicando, acompañándolo al trabajo, a su departamento, a comparar… A donde fuera él le gustaba.
Porque era hyde.
Su artista, su mayor ídolo… Su hombre perfecto…
El amor de su vida.
Tal vez era solo amor de fan pero ella no lo sentía así, no después de cinco años de amistad, no después de vivir tantas cosas con él. Eso era más, iba más allá de cualquier cosa.
Era amor.
Un profundo e intenso amor.
Pero sabía que lo suyo no podía ser, porque eran amigos y porque él era famoso y entregado a sus fans. Ella no quería atormentarlo con un sentimiento tan difícil, no quería abrumarlo con algo de lo que él no se podía hacer responsable. Él no tenía la culpa de que ella lo amara. La única culpable de ese amor era ella, por caer en ese profundo pozo de amor unilateral.
El amor que más duele.
El amor no correspondido.
Cada noche soñaba que eran más que amigos, que él la amaba y que eran felices, en su propia burbuja de amor. Por eso las noches eran las mejores del día. Nadie le prohibía soñar y anhelar lo que en la vida real no podía ser.
Verlo tan sonriente, verlo tan confiado con ella era más de lo que podía pedir, se conformaba con solo eso. Con su amistad y confianza, con su cariño de amigo.
Nada más.

―¿Cómo vas en tu nuevo puesto?.― Le pregunto el
―Me gusta mucho pero me da miedo estropearlo, es tan delicado su vestuario.― Sus ojos brillaban
―No es tan delicado, se ve y se siente pero no lo es o no sobrevivirán después de un concierto, menos si me muevo tanto.― Contesto él con una sonrisa
―Eso me alivia un poco.― Veía en ella por primera vez una sonrisa, una sonrisa natural y sincera 
―¿Qué te parece si vamos a tomar un helado? Para celebrar tu ascenso, además hace mucho calor, ¿No crees?
Trato de excusarse él con lo último. Se había puesto muy nervioso al pedir algo así... Él no era de esos que cortejaban a una chica, él no era de esos románticos de antaño. Solo se dedicaba a seducir a las que le atraían y las llevaba a la cama...
Eso hasta que se topó con su perdición y adicción.
―No quiero interrumpir su día.― Le contesto nerviosa
―Tengo un rato libre y me apetece un helado, odio el calor
―Entonces está bien pero por favor, déjeme ir a comprarlos, lo pueden reconocer si sale a un lugar publico
Los ojos de la chica eran sinceros y preocupados. Se preocupaba por él, se preocupaba por no molestarlo.
Lo hacía sentir alguien realmente importante, no artísticamente, sino como persona.
―Mandemos a alguien más y tú y yo vayamos a la sala de juntas, hay aire acondicionado
Sin darse cuenta de lo que hacia la tomo de la muñeca de la mano y la condujo hasta la sala de la que hablaba, sin percatarse de que la chica iba tras él siendo jalada y que los demás los observaban con discreción pero con sorpresa. Supo lo que había hecho hasta que llegaron a la sala y la soltó.
―No fue mi intención...
―No se disculpe.― Dijo ella rápidamente y ligeramente sonrojada
Ese simple contacto fue el detonante para que los dos hablaran con más confianza, ella aún era tímida pero no podía haber nada más penoso que hyde-san la jalara por todo un pasillo mientras la tomaba de la muñeca, se sintió más cómoda estando con él.

―¡Mira esto!.― Grito ella al ver un vestido color violeta.― ¿A que es hermoso?
―Umm... Rojo estaría mejor
―Venga, pareciera que para ti solo existe el rojo
―Y el negro.― Bromeo él
La presentación con su banda había terminado y ahora se encontraban en una enorme tienda comprando ropa, se suponía que solo seria para ella pero el también llevaba unas cuantas bolsas.
Ver a su amiga tan feliz, emocionada como niña pequeña con el solo hecho de entrar a una tienda lo hacía feliz, más que nadie. Esa chica era la luz de sus ojos y jamás renunciaría a ella aunque eso se significase renunciar a su amor.
―¿Qué tal esto?
Ella tomo un gran sombrero y lo modelo, con lo que fuera se veía hermosa ante sus ojos, una diosa que quería solo para él.
―Me va mejor.― La volvió a molestar
―Sigue con tu ego Takarai y gritare “¡Es hyde-san!”y te dejare solo con toda la multitud de fans, esta es una tienda de chicas así que estarás en peligro.― Dijo orgullosa de su amenaza
―Eso es mucha maldad.― Hizo una sonrisa de tregua y ella sonrió.― Lo que sea que te pongas te va bien cariño
Escuchar esa palabra en sus labios era lo mejor que podía pasarle. Hyde la trataba como si fuese su novia, cosa que claro no era. Sabía que solo era amable con ella, que solo la quería como amiga; hasta como hermana y esa palabra era de cariño fraternal, pero aun con esos pensamientos no podía evitar sentirse feliz y más enamorada.
―Lo sé.― Dijo ella con seguridad
―¿Y el del ego soy yo?.― Se rio el artista
―Cinco años contigo... Se pegan algunas costumbres
Se vieron a los ojos, fijamente, les pareció que fueron minutos, casi horas en las que se sentían conectados por un fuerte sentimiento, se sentían en un lugar donde solo existían ellos dos...
Sus sentimientos salían a flote, pero ninguno lo decía claramente.
Solo sus miradas se sinceraban.
Las horas de compras terminaron y como ya era tarde ella se quedó en el departamento de él, no era nada nuevo. Había dormido ahí tantas veces que había perdido la cuenta después de las noches que equivalían a dos años. Dejaron las bolsas de las compras en la sala y ella con emoción tomo unas pocas y se fue corriendo a la habitación de hyde a probarse algo.
Él no se dio cuenta pues estaba en la cocina sirviéndose una copa de vino. La necesitaba. Como cada noche en la que ella se quedaba a dormir.
Era mucho su masoquismo que la invitaba cada que tenía oportunidad, le gustaba sentirla más cerca que de costumbre, aunque fuera solo por una pared que los dividía, ella dormía en la habitación de visitas. Unas noches durmieron en la misma cama... Una de las más grandes torturas que pudo el imaginar.
Una hermosa tortura.
Tras haberse acabado la primera copa de vino se sirvió otra más y guardo la botella. Le dio un gran trago al líquido y camino a la sala, en donde no estaba su amiga. Camino al pasillo de habitaciones y encontró la puerta de su habitación entreabierta, dio unos tragos más a su copa y abrió un poco más la puerta para entrar a su habitación.
Se quedó helado al ver a su amiga parada frente a su cama, en solo ropa interior mientras buscaba algunas cosas que había comprado. Su garganta como si no hubiese tomado agua en años se volvió seca y dio su último trago a la copa.
Ya no podía seguir ocultando más sus sentimientos, ya no podía seguir siendo su amigo, quería ser algo más. Quería sentir su piel junto a la suya, quería sentir esos labios en los suyos… Quería que ella le diera su amor y que aceptara su corazón como cambio.
Dio pequeños pasos a donde estaba ella, en silencio y con la mente en blanco, no quería pensar en nada, sabía que lo que fuera que hiciera en ese momento traería represalias pero a esas alturas ya nada le importaba… Lo único que sabía y aceptaba en ese momento era que la necesitaba para sobrevivir.
Llego a ella y sus manos enseguida acariciaron su cabello. Ella se sobresaltó y cuando lo vio sus ojos no podían contener la sorpresa y vergüenza que sentía en ese momento.
Su amigo la estaba viendo solo en ropa interior y sus ojos no eran los de siempre, tenían un brillo que bien podía pasar como deseo. Sus labios lucían frescos y ligeramente morados por el vino, o tal vez era su imaginación, el olor duce de ese líquido lo conocía bien y le gustaba en él. Su amigo amaba el vino y ella aprendió a amarlo también.
Se quedó como una estatua cuando sintió como las manos del artista pasaban por su cintura, ¿Qué es lo que pretendía hacer? Su garganta se secó y su habla se esfumo. No podía hacer nada… No podía reaccionar ante lo que estaba pasando, ¿Qué era?
―Cariño...
El aliento fresco de su amigo rosando sus mejillas la estremeció. El olor a vino la hizo desear una copa en ese momento. Cerró los ojos ante las delicadas manos que la sostenían.
―... No me odies por esto
Lo último que ella supo fue que sus labios se encontraban atrapados entre los del artista. Fue una sorpresa sentir esos suaves labios con los que había estado soñando cada noche, fue una tortura tenerlos pegados a los suyos. No quería dejarse llevar, no quería estropear la hermosa amistad que tenían, pero no podía alejarse y no tenía la fuerza suficiente para alejarlo.
Sus labios se unieron con los de su amiga, solo ese contacto lo hizo sentirse en el cielo, solo ese rose lo hizo sentirse pleno. Empezó a mover su boca, ella estaba inmóvil pero él quiso tentar a la suerte y continuar. Logro que ella le correspondiera cuando metió su lengua en la boca ajena, sin quererlo el jadeo al sentirse tan conectado con ella, al sentir su suave lengua jugar con la suya. 
Ese beso se profundizo hasta hacer que terminaran en la cama, acalorados y ansiosos. Él ya había perdido su chaqueta y podía moverse con más libertad. Ella seguía en ropa interior y el rose de la tela de su amigo la hacía sentir sensaciones inimaginables.
Pero no podía dejarse llevar, no quería... Su amistad era más importante que una noche de calentura y necesidad por parte de su amigo. Ella sabía que él se iba algunas noches con zorras a pasarla bien y ella no sería una más en la lista. Contuvo sus ganas de llorar y cerró los ojos.
―No lo hagas más.― Dijo alejándose del beso
―¿Qué?
―No hagas esto... Hyde, por favor
Ella intento levantarse pero él no la dejo, al contrario. Tomo sus muñecas y las puso por arriba de su cabeza. Ella lo vio con sorpresa y temor, ¿Qué pretendía? Ella no iba a caer, no quería ser alguien de una noche, no quería destruirse de aquella manera.
―Déjame ir, estamos estropeándolo todo
―No cariño... Por favor
―Si quieres quitarte las ganas vete con alguna de las zorras que conoces, pero no con tu amiga
Esas palabras le molestaron, ¿Cómo podía decir aquello? No eran solo ganas... El la necesitaba, la anhelaba desde hace mucho y la quería amar, quería que sintiera su amor, de la manera más dulce y profunda que puede haber.
Haciéndole el amor.
Sus ojos demostraban dolor, sorpresa, temor... Él no quería que ella pensara en sus estúpidas noches de borrachera, él no quería que ella pensara que era solo una noche más, como cualquier otra. Quería sentirla y había llegado bastante lejos como para detenerse.
―Solo te quiero a ti
Confeso sin pudor y volvió a asaltar los labios de su amiga, esta vez fue un beso más profundo, más intenso y más abrasador. Él ya no quería contener más sus emociones y sus sentimientos.
―Detente.― Exigió ella removiéndose debajo del cuerpo de su amigo
―No puedo... Ya no puedo
Hyde le estaba haciendo sentir muchas emociones y la principal era necesidad pero, ¿De qué? No lo comprendía y eso la asustaba, la asustaba mucho el pensar que después de esa noche ya no volvería a ser nada igual.
La aterraba.
―¡Déjame!.― Dijo más fuerte esta vez.― No quiero hyde
Tal parece que sus suplicas no eran escuchadas por el que le besaba el cuello. Parecía distante ante sus suplicas, parecía que estaba encerrado en su propio mundo y que por más que gritara no la escucharía. Ella se movía entre la cama y su cuerpo tratando de alejarlo pero no lograba nada, sus manos aún estaban aprisionadas por él y no podía hacer mucho.
Sintió mucho temor cuando su sostén había sido desabrochado, maldecía el hecho de que esa noche hubiese usado uno de broche delantero.
La boca de su amigo asalto sus senos, empezó a mordisquear sus pezones y ella ahogo algunos jadeos. No quería entregarse a las sensaciones, no quería ser débil. Apretó los ojos y continúo moviéndose para alejarlo.
―¡Que me sueltes!
―...
―¡Me estas obligando a algo que no quiero!... ¡PARA YA!
Esa vez grito con más fuerza y su amigo detuvo sus actos. Subió su mirada a la de su amiga la cual tenía los ojos llenos de lágrimas y transmitía un profundo temor, ¿Qué estaba haciendo? Se había dejado llevar por las emociones contenidas y la estaba forzando... No tenía perdón.
Se odiaba por haberle hecho algo así a la luz de sus ojos… Al brillo de su vida.
Ella temblaba ligeramente, no quería eso... No de esa manera, no para una noche. Al ver los ojos de su amigo algo se le rompió por dentro. Su amigo lucia perdido, derrotado, enfurecido, confuso... Destrozado.
Esa mirada la hizo sentirse en un frio abismo, en un lugar en donde todas las esperanzas habían sido encarceladas... Una sensación de soledad y de profundo dolor. No le gustaba esa sensación, no le gustaba eso que transmitía la mirada del artista. Le dolía esa mirada... Esos ojos tan tristes y lamentables.
No podía verlo así.
No lo soportaba.
Le calaba el alma.
Unas lágrimas recorrieron por su mejilla y tomo el rostro de su amigo para besarlo. Fue un beso correspondido y lleno de ternura, ya habían empezado realmente, ¿Por qué no terminarlo? ¿Por qué no romper esa amistad con algo tan hermoso como era entregarse a él? Tomo profundo aire y se dejó llevar por las sensaciones, por su corazón...
Por su amor.
Ella le estaba correspondiendo, había cambiado de parecer y le estaba correspondiendo. Con sentimiento y con dedicación.
No había nada mejor que eso, que sentirse importante y amado por la mujer que amas.
En el momento en el que estaban la ropa ya no era un estorbo, ahora eran solo piel, solo sensaciones y entrega. Ella estaba muy sensible y acalorada, sus besos sabían a gloria, sus caricias eran caricias del cielo, delicadas y llenas de amor, en donde pasaba siquiera un dedo la piel de él quemaba... Eran sensaciones inexplicables.
Al momento de sentir que estaban listos los dos él la acomodo tiernamente entre su cuerpo y con delicadeza entro en ella. Escucho un gran gemido de su parte, sabía que había sentido dolor, su centro palpitante lo decía... Sus paredes lo apretaban y hacia que gimiera él un poco. Estar dentro de ella era una de las mejores cosas que podían existir en el mundo... Estar unido de esa manera hacia que su mundo se detuviera y que no existiera nada más que esa hermosa mujer.
Se sentía feliz y plena... Encantada y tocaba el cielo. Ese dolor que había experimentado era el mejor del mundo, un dolor que amaria toda la vida, un dolor convinado con placer que la hacia sentirse masoquista. No queria que nadie más le volviera a provocar ese dolor. Ese magnifico y pequeño dolor.
Nadie.
Las caderas de su pareja empezaron a moverse anunciando que estaba lista. El empezó a moverse también y las sensaciones empezaron a intensificarse, se sentían abrumados y desconcertados por lo tan bien que se sentía todo. Sentían que sus cuerpos habían nacido para estar juntos, para hacer esa unión toda la vida y para no separarse nunca. Sentían que habían nacido el uno para el otro.
Sensaciones magistrales y únicas, una fuerza que era antinatural los controlaba, no existía nadie más que ellos en esa entrega, estaban solos en el universo, amándose y entregándose a esa hermosa danza. Llena de amor y emociones ocultas, llena de sentimientos y sensaciones nuevas.
Cada uno marcaba su nombre en el cuerpo ajeno, cada uno se encargaba de dejar grabado su nombre en la mente del otro, de dejar grabado el momento, la unión... Las sensaciones. Cada uno tenía desde hace años marcada la silueta de los nombres ajenos en su cuerpo, pero no fue hasta ese momento en el que lo tatuaron, con su sudor, con sus caricias, con sus besos y su amor.
Ellos sabían que ese momento era mágico pero que tenía que terminar.
El clímax los invadió dejándolos abrumados y desorientados. Quedaron en la cama, abrazados y acompasando los latidos de su corazón y su respiración.
Habían hecho el amor... Con locura y con sentimientos encontrados, con pasión y con ternura... Habían dejado todo de sí en esa unión.

Al día siguiente un terrible miedo cruzo por su corazón.
Ella no estaba.
Él se paró corriendo de la cama y la busco por todo el departamento pero no había rastro de ella. No estaba y el temor, miedo, desesperación lleno su corazón. ¿A dónde había ido? ¿Por qué se había ido?
Tomo rápido el celular y marco su número… No contestaba, lo intento una y otra y otra vez… Nada.
La angustia lo llevo hasta la casa de su amiga pero no atendió, no sabía siquiera si estaba. No sabía nada de ella y eso le aterraba.
Nuevamente se odio, se odio por lo que había hecho la noche anterior. ¿Por qué se había dejado llevar? ¿Por qué había hecho tal cosa? No había podido evitarlo y ese era el resultado. Había roto su amistad, había mancillado la confianza que se tenían, había destrozado ese lazo fraternal.
Ya no le quedaba nada.
Ya no estaba ella cerca de él.
Ya no la tenía ni como amiga.
Mil veces idiota.
Perdió todo por un arrebato, por un momento de desesperación y de anhelo, por un momento de necesidad… Nada valía más que tenerla junto a él… Nada valía más que eso… Solo tenerla a su lado.
Como amiga.
―¿Qué haces aquí hyde?
Esa dulce voz lo revivió de nuevo. Se volteó y la vio con una bolsa de comida, vestida casualmente y con una actitud normal. Él sonrió por dentro y la abrazo, con fuerza, como si su vida hubiese vuelto después de haber muerto por segundos, o años.
―No estabas... Te llame, vine a tu casa, yo...
―Hyde, quería estar sola
―Lo siento, cariño... Lo de ayer fue...
―Entremos
Le dijo ella y el la ayudo con su bolsa. Entraron a la pequeña casa y él dejo la bolsa en la barra de la cocina, ella le invito un poco de jugo y se sentaron en la sala.
Estuvieron en silencio por unos cuantos minutos hasta que él no lo soporto más y hablo.
―Lo de anoche...
―Lo de anoche no debió pasar hyde...― Esas palabras le dolieron.― Somos amigos, los amigos no hacen eso y...
―Fui yo el culpable, cariño; no pude detenerme, te anhelo demasiado... Desde que vi tus ojos, desde que...
―No tienes por qué decir esas cosas, hemos sido amigos por cinco años, ¿Por qué de repente hablamos de este tipo de cosas? ¿Por qué de repente pasamos una noche juntos?
―No lo sé...― Se limitó a responder el artista.― Por favor, no quiero que nuestra amistad se afecte por esto
―Yo tampoco quiero hyde, dolería mucho
Pasaron otro rato en silencio, había más cosas que hablar pero no pudieron ser por una llamada de trabajo, él tenía que irse a una radio y ella suspiro aliviada de que él se fuera... Tenía que aprender a manejar esa situación o su amistad se veía afectada, y no quería.
No quería dejar de ser su amiga porque eso significaba alejarse de él. Sabía que esa noche había sido por flaquear, nada más. Curiosidad, cosa de momento. Había visto que a él le costaba hablar de lo que había pasado la noche anterior y ella sabía porque, siempre que tenía sexo con alguien al día siguiente era tímido y un poco distante. Ella no quería pasar por eso así que se fue muy temprano de su departamento, verlo reaccionar así con ella le hubiese matado.
Por eso no lo dejo seguir expresándose, era algo difícil para el hacerlo y más difícil para ella ver como sufría su amigo para no romperle el corazón y no decirle que había sido una noche más.
Los minutos pasaban, las horas pasaban y solo recordaban lo que habían vivido la noche anterior, estaban seguros de que habían sentido más que deseo en esa entrega, habían sentido amor y emociones que solo se pueden transmitir cuando dos personas se aman.
¿Entonces porque se estaban alejando?
Llevaban dos días sin verse, cuando el la llamaba ella le decía que estaba un poco ocupada, nada más. Decidió no insistir más hasta que ella se sintiera lista y regresara.
Pero sabía que lo había estropeado.
Había roto todo lo que había conseguido en cinco años.
Maldita sea.
Había sido débil y estúpido.
Estaba en su departamento, sentía punzadas en el corazón. ¿Y si ella no volvía a hablarle? Eso no lo soportaría, haría cualquier cosa para que no pasara eso. La quería a su lado y no podía pensar con claridad si no estaba con él.
Cuatro días sin verlo... Una total tortura, una total necesidad de ir corriendo a su departamento y abrazarlo. Lo quería, lo añoraba, pero no se sentía lista para enfrentarlo, quería que pasaran unos días más para que él no se viera obligado a hablar de aquella noche. No quería pasar por un mal momento.
Quería seguir con su amistad, como antes. Aunque fuese difícil después de haber hecho el amor con él. Porque eso había hecho.
El amor.
Había experimentado sensaciones magistrales y profundas entre sus brazos, sabía que había cariño, pero tal vez no amor de pareja y eso dolía. Pero no se arrepentía de lo que había pasado, ella había dejado todo de sí en aquel momento, en aquella entrega.
Le había dejado todo su amor, toda su devoción y admiración, lo había adorado como siempre había imaginado en sus sueños.
Había sido de ella por una noche.
Y eso la llenaba de felicidad, por lo menos una noche él le perteneció por completo, por una noche fue de ella, todo de él fue de ella y no había nada que la hiciera más feliz.

―Tu y yo nos llevamos muy bien
―Me doy cuenta.― Le contesto ella con timidez.― Jamás creí que llegaría a hablar contigo de esta manera
―Fue difícil conseguir que me tutearas.― Dijo él divertido
―Lo siento, y aun me siento rara
Te acostumbraras... Me gustaría que fuéramos amigos oficialmente
―¿Hablas enserio hyde?
―Totalmente, hemos pasado ya varias semanas juntos, hablando, conociéndonos, ¿Por qué no?
―Tú no eres amigo de tus trabajadores
―He encontrado mi excepción
―¿Será bueno?
―No le veo nada de malo, siempre es bueno tener amigos, además estas siempre en los camerinos, es natural que hablemos
―No soy la única en los camerinos y me hablas solo a mí
―Bueno, solo tú me transmites tal confianza
Se vieron a los ojos, profundamente y sonrieron. Esa fue la señal que necesitaban para darse cuenta de que tenían una gran complicidad, una complicidad que habían conseguido en muy poco tiempo, al igual que la confianza y la confidencialidad.
―Amigos entonces.― Le respondió ella
―Algo me dice que nuestra amistad durara muchos, muchos años
―También lo presiento
Siguieron hablando mientras comían sandia en el camerino personal del artista, habían tomado la costumbre de comer esa fruta tan fresa después de cada presentación. Era una hermosa costumbre, refrescante y relajante.
Cada que ellos se veían a los ojos se decían todo pero no decían nada, algo confuso pero muy personal, algo que no dirían en voz alta, hasta que alguno de los dos tomara suficiente valor para hacerlo, aunque eso significara sufrir. 

Una semana había pasado y había sido la peor de sus vidasla más desastrosa y abismal que jamás habían experimentado. Les dolía el alma, el corazón. Sentían que podrían morir en cualquier momento pero aun así se aferraban a los recuerdos de los años pasados.
No podía soportarlo más, tenía que verlo y enfrentar lo que fuera.
Era ya de noche cuando se decidió a ir a verlo, un minuto más sin su presencia y moría. Cuando llego al departamento toco con insistencia hasta que su amigo abrió la puerta.
Lucía un poco descuidado y ojeroso. La estaba pasando mal y era por su culpa, sintió una punzada de dolor al verlo así pero ese dolor fue sustituido por la calidez y amor que él le transmitía al abrazarla. Sintió su perfecto corazón latir desenfrenado contra su pecho. Se vieron a los ojos y se dijeron todo.
Ella entro al departamento y el cerro la puerta, se quedaron en la sala, observándose, midiendo su estado de ánimo y su situación.
―No vuelvas a desaparecer por favor, prometo que jamás hare nada de lo que me pueda arrepentir a muerte pero...
―No lo hare, no desapareceré mas aunque hagas cosas de las que después te arrepientas
―Cariño, esta semana ha sido el propio infierno... No me dejes, seamos amigos, hermanos si quieres pero no dos desconocidos, no lo soportaría
―Yo tampoco, no puedo estar lejos de ti, no quiero estar lejos de ti
Él camino a ella y la abrazo, sintió ese delicado cuerpo entre sus brazos y suspiro profundo, su vida estaba de regreso, su brillo personal estaba con él, dándole la luz que necesitaba, el calor del que era adicto.
―Te amo
Confeso él sin rodeos. Fue en una vos suave pero firme, perfectamente entendible y llego hasta lo más profundo de ella. Se aferró más al cuerpo de su amigo y unas pequeñas lágrimas salieron de sus mejillas.
―Te he amado desde que nos conocimos
Siguió con su  confesión, en esa voz áspera y vibrante. Todo en ella se había derrumbado, esas palabras habían sido soñadas por ella, anheladas y queridas. Su amigo la amaba, su artista, el amor de su vida… La amaba.
―Te amo desde que empecé a ser tu fan hyde... Te amo ahora con mucha más intensidad, desde que te paraste frente a mí y me observaste por dos minutos
―Fue uno.― Se defendió el
Fueron dos, lo sé porque había visto la hora antes de que te pararas frente a mí, volví a ver la hora y habían pasado dos minutos y medio... El medio fueron las palabras que pronunciamos
Nuevamente silencio. Nuevamente ella sintió temor, ¿Y si no funcionaba? ¿Y si por esa confesión todo se perdía? Mucho temor la invadió y se alejó con cuidado de él, hizo media sonrisa y suspiro.
―Tengo que irme.― Dijo con tristeza
―¿Por qué?
―Hay... Cosas que hacer muy temprano
―Podrás hacerlas si te quedas
Mi pequeña Mizuki me extrañara.― Puso de excusa a su gatita
―Estoy seguro de que estará bien... Cariño, esta noche no te vayas... Te necesito... Por favor
Esas palabras fueron susurros pero resonaron en su interior, esa mirada tan anhelante, tan desesperada... Tan llena de amor le dio a entender que no tenía por qué sentir miedo, estaba hecho.
Los dos se amaban y no había nada que rompiera lo que ya tenían, eran amigos y desde esa noche eran algo más, se habían confesado y eso había sido la cadena para unirlos como novios, como pareja.
Hyde extendió la mano y ella sin dudar la tomo, esa seguridad que él le transmitía la llenaba de calidez. No sentía más miedo, no había más temor ni dudas. Su amor era lo más fuerte que tenían y no romperían ese lazo. Ellos permanecerían juntos sin importar nada, ahora podían amarse sin restricción, sin ocultar ningún sentimiento.
Esa noche sellaron su amor, sellaron su relación y sus sentimientos, se sinceraron y se amaron sin pudor alguno. Esa noche él la poseyó con ansiedad y desesperación, con amor y con locura, con pasión y con ternura…
Esa noche marcaron sus corazones y sus labios con sus nombres. Remarcaron los tatuajes de sus nombres en sus cuerpos, dejaron que cada uno tomara lo que le pertenecía hasta quedar completamente unidos. Hasta fusionarse en uno solo.
Esa noche supieron algo que los estremeció hasta el alma:
Ellos se pertenecían… Siempre se habían pertenecido.
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Y con este one-shot el blog se va de vacaciones, las actividades regresaran el lunes 11 de Enero del 2016 con la continuación del fic Angel's tale.

Les deseo unas hermosas y felices fiestas.

Que disfruten de su navidad y coman mucho! (*~*)/ 
Y que tengan un grandioso inicio de año! (También coman mucho?X3) 
Les mando abrazos, besos y apapachos ♥

Nos vemos el 11 de Enero :")

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Un regalo por estas fiestas, no fue un especial de navidad pero quise publicar este one shot como regalito uwu ♥
      Diviertete mucho en estos dias, come mucho? Jajaja*~*
      Que tal si empezamos el año con esa historia?? Tambien piensa tu en algo, asdfghgfds, -se emociona- *~*
      Abrazos, besos y muchos apapachos ♥
      Hasta pronto~

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  2. ¡Oh, que intenso! \(*o*)/
    Bien, mi mente voló (^ω^)¡Me gustó mucho este one-shot!
    ¡Ten una bonita Navidad y un excelente Año Nuevo!
    ¡Saludos y abrazos! :)

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    1. Me alegra mucho que te gustara tanto esta historia *~*
      Que tengas unas hermosas fiestas linda Liz, disfrutalas mucho.
      Besos y abrazos~ ♥

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Un abrazo ♥