-Capítulo 20 Abrumador-
No me gusta el descontrol que me provoca, me abruma y no me deja pensar con claridad. Todo lo que estamos viviendo, lo que estoy experimentando es nuevo y me pone nervioso. ¿Celos? Sí, lo estoy experimentando y ella tiene razón en decirme que no la abrume si no es por una buena razón. ¿Cómo puedo reclamarle algo cuando no somos nada? Yo mismo lo he dicho, no somos nada.
No tengo porque reprochar.
No tengo el derecho...
Pero aun así lo hago, aun así me siento impotente cuando se trata de ella. Ir a comer con el americano ¿Cómo porque? ¿Trabajo? ¿Amistad? ¿Algo más? En todo caso, ¿A mí que me importa? Nada.
Lo que si me importa es lastimarla. Sé muy bien que la he lastimado, lo he podido ver en sus ojos, las dos veces que nos hemos despedido, las dos veces que me he alejado. Lo he visto vagamente en sus ojos y aun así no me lo reclama. ¿Cómo puede ser? Eso es algo incomprensible, ella debería de insultarme, golpearme por solo haber estado con ella cuando se trata de sexo. Lo aceptaría sin más. Pero ¿Qué hace? Solo me dice que es afortunada. No puede ser tanta comprensión. No puede.
Ahora, nuevamente la lastime, nuevamente se fue de mi lado. Pero esta vez, al ver esa mirada llena de miedo, de reproche, de dolor, de temores... No puedo dejar que se vaya, no puedo dejar que siquiera salga a tomar aire, no puedo.
Por esa misma razón me encuentro bajando rápidamente las escaleras, ella va por el elevador. Con suerte llego antes.
Cuando me paro frente a las puertas del ascensor se abren. Ella se sorprende. Sus ojos están rojos.
Maldita sea.
¿Cómo me puede amar así? La tomo de la mano y tomamos el elevador. Limpio sus lágrimas, beso su frente pero mi cordura se va y beso sus labios. Me duele verla así.
Llegamos a mi habitación. Quiero que se tranquilice. La abrazo fuerte, ella se acomoda perfectamente encajando conmigo.
Como si estuviéramos destinados a estar así.
Una sensación abrumadora. Tomo aire. No hablamos, no nos movemos. Solo nos quedamos sumergidos en cada uno de nuestros pensamientos. Esto es nuevo para mí, no sé cómo manejarlo. No quiero seguirla lastimando pero hago cosas que lo hacen. Me gustaría decirle lo que pasa por mis pensamientos pero no sabría interpretarlos en palabras. No frente a frente. Suspiro. Esta pequeña mujer está enamorada de mí. Enamorada de Hideto Takarai, enamorada de hyde, enamorada de mi persona, más allá de la fama, más allá de la cara bonita. ¿Y yo? Yo solo la abrumo, la tengo unos días y me alejo después.
Es una mierda.
Me muevo un poco al ver que dejo de llorar. Veo sus hermosos ojos, brillosos y rojos por las lágrimas.
Siento una punzada en el corazón.
Aprieto un poco la mandíbula. Su semblante es un poco triste. Es de dolor. Un dolor que estoy seguro se guardaría para sí misma si le preguntara sobre él.
Su mirada me dice todo su amor, me duele no poder comprender todo con claridad, o no querer comprender. Tal vez ella debería de hacerle caso al americano, él es un buen hombre. Él la haría feliz pero ese pensamiento me enfurece. Ella no puede.
Esta mujer me ama a mí y no quiero que deje de hacerlo.
Mi cordura se va nuevamente y uno mis labios con los de ella, un beso ansioso.
No quiero que se enamore de alguien más.
Soy codicioso.
Me gusta su amor.
Soy envidioso.
La quiero solo para mí.
Ella me responde con la misma intensidad. Su entrega sigue siendo la misma, sigue dejando todo en mí. Me enojo por eso. ¿Acaso tomo ventaja de eso? No. No lo hago. En verdad la necesito, siento que la necesito, que la añoro. Pero esas sensaciones son abrumadoras. No sé si son reales. No sé si son efecto del no querer lastimarla.
La necesito demasiado.
Mis manos acercan su cuerpo al mío, me gusta sentirla, me gusta adueñarme de ella, me gusta estar de esta manera. Sus labios me queman, me queman de una manera perfecta, de una manera que jamás había sentido. Sus caricias me estremecen, sus besos me embriagan. Besa mi cuello, muerde un poco haciéndome enloquecer, lame mi cicatriz con adoración y me eriza la piel, sus manos me rosan, toman cada parte de mí proclamándome como suyo. Ella eso es lo que quiere, tenerme para sí, siempre.
En su totalidad.
Ser solo de ella. Tenerme solo para ella.
La despojo de su ropa, lentamente y con atención, su blusa sobra, su pantalón estorba, su sostén molesta, sus bragas piden que las quite. Sentir su piel junto a la mía es una caricia celestial. Suave, tersa. Cálida. Se estremece ante mi contacto y eso me hace sonreír, ella es muy sensible ante mi tacto.
Mi ropa también sale sobrando, me gusta sentir sus manos quitándome lo que estorba. Me gusta que tome un poco la iniciativa y no se apene tanto, me gusta que sea tan receptiva conmigo. Me gusta todo lo que me da.
Nuestra piel puede tocarse en su totalidad. Nuestros roses nos queman, nuestros labios se saborean como si fuese el último día del mundo y extrañamente así lo siento. Disfruto de su sensibilidad, mis manos pasean por su cintura, por su estómago, por sus piernas. Mi boca busca sus pezones y los chupa, su espalda se arquea dándome mejor acceso. Chupo y juego con mi lengua, sus jadeos me hacen querer más, me hacen desear más. Sonrío internamente. Esos sonidos solo yo los provoco.
Yo soy el director principal de su placer.
Bajo repartiendo besos por su estómago, su vientre, Mi boca se seca al querer explorar aquella zona que solo yo he podido probar.
Separo sus piernas y la veo a los ojos. Su sonrojo me incita aún más. Beso sus muslos internos, paseo mi nariz por su intimidad. Un olor embriagante. Mi lengua saborea su calidez. Pasea por su mayor placer, mis dedos abren más para poder tener mejor acceso. Sus gemidos se vuelven sonoros, mi lengua saluda a su clítoris y ella me regala un ronco gemido, juego un poco con ella, mi lengua tortura a su punto más placentero hasta lograr tomar su salinidad. Emanada directamente de ella, disfruto su sabor.
Es una esencia de la que temo hacerme adicto... O de la que inconscientemente soy adicto.
Me gusta su sabor, me gusta saber que yo provoque su placer y su excitación. Me gusta saborearla y llevarla al límite. Mi boca se sacia de su líquido sin dejar nada. Subo a su boca y la beso, el sabor de su calidez y su boca es algo que podría ser mi coctel de cada día.
Me posiciono encima de ella, abro sus piernas y en un beso ansioso así como mi dureza, entro en ella ahogando nuestros gemidos en nuestros besos. La sensación de estar dentro de ella me enloquece, me mata y me revive con cada embestida. Mi respiración se agita, mi corazón bombea. Necesito esto, lo he estado ansiando sin ser consiente. Mi cuerpo en este momento me dice lo mucho que la necesito. En este momento no me importa lo que mis pensamientos hagan.
Su calidez me llena, me satisface, me hace no querer añorar nada más en este mundo que ella, que este momento. Que sus gemidos en mis oídos y sus besos en mi cuerpo. Nos movemos a un ritmo marcado, encajando perfectamente. Mi cadera se mueve como si tuviera vida propia, mi corazón se siente completo, se siente cálido. Mis labios se sienten ansiosos por sus besos. Su boca me hace sentirme embriagado, su cuerpo me hace sentir que puedo romper cualquier barrera con un solo dedo. Me hace sentir fuerza, tranquilidad, el cansancio se va. Todo en este mundo se va, excepto nosotros.
Me gusta escucharla decir mi nombre. Me gusta sentir sus manos en mi espalda, me gusta sentir su lengua en mi cuello, en mi cicatriz, Me gusta sentir su piel. Nuestra danza se marca sola, nuestra entrega nos abruma, nos hace experimentar miles de cosas de las cuales tal vez solo yo no puedo explicar. Esto es algo que no me explico, es algo nuevo, algo que no había experimentado tan intenso en las otras veces, esto me llena, me... Me hace sentir... Saciado en todos los sentidos.
Completo, afortunado. Invencible.
Empezamos a sentir algún calor abrazador. Su espalda se arquea, su cabeza se echa para atrás, su interior me aprieta más deliciosamente y siento que estoy por llegar pero no me dejo ir, tengo que salir, no traigo condón. Ella se da cuenta de mis intenciones y me atrapa con sus piernas, la veo a los ojos, ella a mí.
―No.― Dice entre jadeos.
―Necesito....― Tomo aire.― ¡Ya!.― No aguanto...
―Déjate ir.― Su voz es ansiosa.
―No pued... Aaaaaah...
Me empuja más profundo en ella y no aguantando un segundo más me dejo ir junto con ella. Un gemido sonoro sale de nosotros. Mis caderas dejan de moverse al ritmo mayor y desvanezco en sus brazos. La adrenalina que experimento en este momento es inexplicable, algo que nuevamente, jamás había sentido. Pasa sus manos por mis alas. Su rose tan ligero me hace estremecer y sin esperarlo siento como vuelvo a crecer en ella. Algo en mi me pide más. Más de lo que me está dando y sintiéndome recuperado me pongo sobre mis codos y ella me ve sorprendida. Hago una media sonrisa y con otro beso me muevo en su interior.
―Aaaah... Hy...de.― Suspira con jadeos y me vuelvo a mover.
―Dios...
―Por favor....― Pide cuando doy una envestida.― No me he....― Doy otra intromisión y jadea más....― Recupe... rado...― Aaah.
Sin prestar atención a sus palabras me sigo moviendo haciéndola jadear una y otra vez regalándome esa perfecta música para mis oídos. Se aferra a mi cuello, a mi cuerpo, siento sus piernas temblar, siento mi sistema a punto de estallar pero mi cadera no deja de moverse. Quiero seguirla sintiendo, quiero seguir teniendo esto. Nuestros labios se unen sin parar, nuestra piel mezcla nuestro sudor, nuestra calidez es perfecta.
Nuestra unión y entrega es perfecta.
Nuevamente sentimos ese calor abrazador tomarnos, esa sensación de quemarnos intensamente nos recorre haciéndonos jadear nuestro nombre y colapsando en nuestros brazos. Nuestra respiración agitada y nuestros corazones es lo único que se escucha. Beso su frente, sus ojos están cerrados. Salgo de ella provocando otro gemido de parte de los dos y me acuesto a su lado. Ella pone su cabeza en mi pecho y aferrándose a mí se deja llevar por Morfeo.
Yo aguanto un poco más el sueño, acaricio su espalda, beso su frente. Nuevamente nos entregamos, nuevamente experimentamos lo que hemos venido experimentado desde la primera vez. No tenemos nada claro, o yo no tengo nada claro. Solamente sé que la necesito de alguna forma. De una forma que siento no es solo deseo. Cierro mis ojos y doy un gran suspiro.
Lo he hecho de nuevo. No la quiero lastimar pero aquí estoy, desnudándola y haciéndole el amor sin ser nada.
Y me enoja.
Me enoja no poder detenerme y que ella no me detenga. La abrazo y no queriendo pensar en nada más me dejo llevar por un sueño en el que solo estamos ella y yo.
Un cuerpo cálido me abraza de una manera muy aferrada. Abro mis ojos y me encuentro con su rostro pasivo, sigue dormida. Veo por la ventana, ha anochecido. No me puedo mover mucho por su agarre y no quiero hacerlo, me gusta verla. Acaricio sus cejas y sin querer la despierto un poco. Se mueve lentamente y abre los ojos encontrándose con los míos. En este momento su mirada es confusa. No sé qué pueda estar pensando. Me muevo un poco para incorporarme y ella lo hace también. No decimos nada, no quiero que me odie, el pensamiento me aterra.
―Lo siento.― Me atrevo a decir, ella suspira y me ve.
―¿Porque?.― Pregunta tímida.
―Por... Esto.― Le digo como si fuera obvio.
―¿Esto? Lo sientes por la pequeña discusión que tuvimos o ¿Por haberme hecho el amor después?.― Bajo la mirada.
―Por las dos.― Digo realmente.
―Sé que había dicho que no iba a ser más tu compañera sexual pero...
―Discúlpame.― Digo de nuevo con remordimiento.―No sé qué me paso, yo solo...
―Esta vez fue diferente, ¿Sabes? Siento que fue algo más íntimo, más entregado... Más....― Mueve la cabeza negando.― Solo más.
―No entiendo.― Confieso.
―Esta vez, realmente hyde, me hiciste el amor.― Me ve fijamente a los ojos con un sonrojo.
―Hemos hecho el amor las otras veces.― Respondo como escudo a sus palabras.
―La primera vez... Fue más sexo que nada hyde... La segunda, sí. Fue sexo con afecto pero esta vez... Ha sido diferente... No se puede hacer el amor si no hay amor.― Hace una ligera sonrisa.― Al menos de mi lado las tres veces he hecho el amor.― Cierro los ojos.
―Sigo lastimándote __, lo sigo haciendo.― Mi voz suena con un poco de dolor.
―Me lastimarías más si me dijeras que estas arrepentido de estas tres veces que...
―No me arrepiento, jamás lo haría.― La veo a los ojos.― Ha sido lo mejor que he experimentado.― Sus hombros se relajan.
―Eso está mejor.― Suspira.― En verdad que esta vez hubieron más cosas… Me había dicho que no volvería a caer de esta manera pero sentí que… Me necesitabas, fue una linda sensación.― Muerde un poco sus labios y deja de mirarme.
―¿Cómo es que puedes decir que sientes eso?.
―Tus besos eran ansiosos, me exigías hyde, me atrevo a decir que estabas proclamándome como tuya, que estabas mostrándome lo que en palabras no puedes decir.― Toma un suspiro.― Pero fue efecto de mi imaginación ¿No es así?.― Trata de sonreír.― Aun así, fue lindo.
―No fue mi intención lastimarte más.― Insisto, no quiero que me odie.
―¿Puedo pedirte algo?.― Su mirada se encuentra con la mía.
―Lo que quieras.― Respondo seguro.
―Estos pocos días que me quedan aquí… ¿Podemos actuar como ahora? Es decir…
―Como pareja.― Termino su frase y sus ojos brillan acompañados de un sonrojo
―Prometo no volverme loca o algo para que te quedes conmigo, solo… Me harías muy feliz.― Suspiro.
―No te lastimare más __.― Juega con sus manos mostrando nerviosismo.
―No lo harás y si pasa seré yo la culpable, tu solo me harás feliz estos días, por favor…
Sus ojos brillan con intensidad. Esta sonrojada, desnuda, con los labios rojos por nuestro contacto y con el cabello alborotado, en mi cama. Aun viéndola de esta manera luce inocente y hasta un poco inexperta pero no sé en qué sentido. Su mirada me pide que acepte, quiero hacerlo pero la lastimare, quiero hacerlo porque para mi sorpresa lo deseo igual que ella. Pero debo ser honesto, no podemos ser pareja estos tres días y después unos desconocidos con recuerdos en común, del otro lado del mundo. Pero mi razón está desactivada.
―Está bien.― Contesto en voz baja y ella sonríe aventándose a mí en un abrazo.
―Gracias.― Dice en un susurro y me ve a los ojos, me da un pequeño beso en los labios.
―¿Puedo preguntar algo?.― Digo curioso de lo que paso hace rato.
―¿Qué es?.― Se aleja de mí y se sienta a mi lado.
―¿Por qué dejaste que terminara dentro de ti?.― Agacha su mirada y a pesar de la oscuridad puedo ver su color escarlata.
―Bueno… El momento estaba siendo intenso, te olvidaste de todo, del condón, de preguntarme si uso anticonceptivos, solo… Me hiciste el amor y quise que fuera completa toda la experiencia.― Tomo su barbilla para que me vea a los ojos.
―Eyacule dentro de ti… Dime que estas tomando algo.― De repente un miedo me recorre.
―No.― Su voz es apenas audible.― Pero no te preocupes, no estoy ovulando, no pasara nada.
―Esas cosas no funcionan, le tengo mucha más fe a los condones.
―No te preocupes, no quedare embarazada.
―Pero…
―No, hyde… No.― Suspira.― No es la primera vez que lo hago así y no ha pasado nada, quédate tranquilo.― Me quedo sin respiración.
―Tú… ¿Lo has hecho antes?.― Me quedo perplejo, ha estado con alguien más, es asombroso el enojo y decepción que siento, pensé que aún era el único.
―Si lo he hecho y mira, nada de bebés….― Juega con sus manos.― Fue hace dos años, contigo, tal vez no recuerdas pero no usamos condón y si yo a esta edad no uso anticonceptivos, menos cuando tenía 18 años, deje que acabaras dentro de mí porque sabía que no pasaría nada… O al menos quería convencerme.― Se muerde los labios.
―Pudo no haber funcionado.― La reprendo sutilmente.
―Lo sé bien.― Suspira.― ¿Tienes hambre?.― Se levanta de la cama envuelta en una sábana y toma una de mis gabardinas, se la pone y se ve al espejo.― Esto me va bien, iré a cocinar.
Me quedo en la cama. Sorprendido por lo que ha pasado. Abrumado por lo que he aceptado. Ansioso por la idea de que podre besarla todo lo que quiera. Emocionado por la idea de que es mía, aunque sean unos pocos días. Aturdido porque su valor cada día crece más. Suspiro y me acuesto de nuevo en la cama. ¿Cómo poder con esta chica? Me abruma a un límite que no creí que existiera. Mis pensamientos no la dejan, mi ansiedad la sintió y eso me asusta. Es muy receptiva conmigo, sabe mis sentimientos, mis emociones, los ve a través de mis ojos y los siente en mis besos, en mi piel.
Me levanto de la cama y me pongo algo de ropa. Camino a la sala y tomo algunos documentos para trabajar y camino a la cocina sentándome en la barra. La veo cocinar y me trato de concentrar en mis hojas. Mañana tengo un music station con L’Arc por la tarde. Bueno, me sorprende que Tetsu no me haya llamado ya.
―Listo todo.― Pone los platos frente a nosotros.
―Como siempre, luce delicioso.― Me regala una enorme sonrisa y empezamos a comer.― Mañana hay ms con L’Arc.― Sus ojos brillan.
―Es verdad, lo vi hace unos días.
―¿Siempre estás tan al pendiente?.
―Por supuesto, si no sería una horrible fan.― Hace pucheros y me hace sonreír.
―Por la mañana afortunadamente no hay trabajo así que, ¿Qué quieres hacer?.― La veo encogerse de hombros.
―Tengo un almuerzo con Bryan….― Se escuda con su comida y la sonrisa que tenía se va.
―Lo había olvidado.― Contesto serio.
―No tardare mucho, lo prometo
―Solo llega a tiempo para irnos al programa.
―Está bien.― Me responde tranquila.
Ahora si puedo ponerme celoso y reclamar, ¿No? Bueno, con que estos días estemos como pareja no quiere decir que ya puedo hacer lo que me venga en gana. Tomo aire y termino mi comida, ella también. Toma los platos y va a la cocina a lavarlos, ahora teniéndola de espaldas puedo resoplar y poner mi cara de molesto. Ese americano, no la tendrá más que mañana y unas horas, le queda poco aquí y tiene que pasarla conmigo.
Cuando termina en la cocina camina hacia mí y se posa entre mis piernas y me abraza. Recibiendo ese repentino afecto, la abrazo segundos después y me hundo en su cuello, su olor es delirante. Sus brazos están en mi cuello y mis manos en su cintura, apretándola contra mí. Empieza a besar mi cicatriz y me erizo.
―¿Por qué haces siempre eso?.― Pregunto curioso.
―¿Besarte?.― Se separa un poco para verme a los ojos.
―Besar mi cicatriz.
―Me gusta.― La rosa con su dedo pulgar.― En fotos siempre la veía y decía que quería besarla, sentir su textura y ahora que puedo lo hago, es muy linda.
―¿Una cicatriz puede ser linda?.
―Al menos en ti sí, todo lo que tenga tu cuerpo es hermoso.― Su mirada de adoración me eriza más.
―¿Hora de dormir?.― Pregunto nervioso.
―Ya dormí en la tarde, no tengo sueño.― Muerde ligeramente sus labios.
―Estamos iguales….― Nos vemos a los ojos y sabemos la única idea que tenemos en mente.― Vamos a la cama.
La tomo de la mano y apagamos todo, entramos a mi habitación y ella tomando la iniciativa se cuelga de mi cuello y me besa, desabrocho la gabardina dejándola caer y mostrándome un cuerpo maravilloso ante mis ojos.
Así es tener una pareja, ¿Estable? ¿Una mujer que se preocupe por ti y te complazca en todo? Alguien que te comprenda y te haga compañía…
Ahora mismo tengo miedo de acostumbrarme a esto.
Acostumbrarme a ella... Aún más.
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