Capitulo especial (Fic Secret Letters &
Words of Love)
El
día de hoy tengo mucho trabajo; ayer salí de viaje y casi me salía todo mal. Al
menos casi, fue un viaje que planee en un minuto, claro que trajo consecuencias
ya que no le avise a nadie y el clima estuvo en mi contra ya que por una
tormenta se cancelaron los vuelos, fui a Osaka, iba a ser unas cuantas horas
pero salió mal.
Cuando
llegue a casa me esperaba mi esposo con un gran reproche... Hasta eso, creo que
me fue bien... O no sé, no lo he visto durante la mañana cosa que es rara
porque siempre viene a estar un momento conmigo, mañana y tarde.
―Linda,
¿Puedo pasar?.
―Claro
Daigo.― Le sonrío al verlo y viene a darme un beso en la frente.― No me digas
que también vienes a regañarme, ya lo hizo hyde, Yasu, Tetsu... ¿Quién más?..
Ummm..
―No...
Bueno, aun no.― Bromea.― ¿Porque te fuiste así? Sabes cómo es hyde, desde el
día de tu secuestro quedo traumado, desapareces dos minutos y ya está llamando
a la policía.
―No
pensé en eso, solo me deje llevar por el impulso.
―No
te estoy entendiendo así que cuéntame.
―Ayer
en la mañana me entere de que un artista que hyde ama iba a venir a dar un
concierto, llego a Osaka y quise ir por un autógrafo ya que hyde iba a estar en
un concierto a esa hora... Solo... Paso.
―Ya...
Chica enamorada.― Se burla.
―¡Oye!
¿Tú no harías eso por Azume?.― Le recuerdo a su linda novia.
―Ya
te entendí.― Comprende mis palabras.― Pero debiste avisar, a hyde casi le da un
infarto.
―Eso
me dijo.― Suspiro.― Ayúdame con esto, se me junto el trabajo.
Le
paso unos documentos y le explico cómo los tiene que poner en orden. Al igual
que desde que nos conocimos me ayuda en cosas del trabajo.
Desde
que me case con hyde, (por segunda vez) todo ha ido de maravilla, hace cuatro
años de eso y cada que lo recuerdo se me enchina la piel. Sigo trabajando con Yasu,
Daigo sigue siendo mi mejor amigo y hyde mi hermoso esposo... Seguimos con
nuestros dos hijos, Akira ya con cinco años y Kaoru un año menos que él. Ellos
dos son la luz de mis ojos, son encantadores y hermosos, como su padre. El que
más se parece es Akira, es casi un clon de su papá y es adicto a las fotos...
Kaouru es la princesa de papá y adorada por todos sus tíos, afortunada entre
tanto chico lindo.
―Por
cierto, ¿Conseguiste el autógrafo?.
―Sí,
pude conseguirlo y con dedicatoria.― Digo orgullosa.― Se lo di hoy en la
madrugada a hyde y su enojo bajo, me salve de más regaños.
―Bueno,
no fue tanto drama... Te fuiste desde la mañana y llegaste de madrugada.
―No
fue mi culpa que cancelaran los vuelos.
―No
avisaste...― Deja las palabras al aire al ver mi dura mirada.― Pero llegaste
sana así que no importa ya.
―Más
te vale.― Bromeo.― ¿Has visto a hyde?.
―Ummm
si, cuando llegue el llego junto con K.A.Z, ¿Por?.
―Creo
que sigue enojado, no ha venido a verme.
―Ya
vendrá, no puede vivir sin sus hijos… Y sin su mujer amada.
Mis
dos pequeños están en una esquina de mi oficina, la acondicionamos casi como
cuarto de juego; hay una mesita para colorear, juguetes tirados en el piso;
sillitas, una colcha en el suelo y almohadas, ¿Ya dije juguetes?.
Akira
está sentado en la mesita y colorea con mucho entusiasmo. Kaoru juega en la
colcha con unos cubos.
―Son
encantadores y sorprendentemente tranquilos.
―Por
ahora, cuando se aburren de eso empiezan a gritar, Akira corre y Kaouru tras
el... Son tremendos, más cuando su papá esta con ellos.
―Papá
consentidor.
―¿Yo
que?.
Escuchamos
la voz de hyde y lo vemos entrar, tiene el vestuario que uso seguramente en la
sesión de fotos de hoy, aun esta maquillado y con muchos collares, su cabello
huele a plancha. Me da un pequeño beso en los labios y saluda a Daigo. Camina
hacia sus hijos y Akira enseguida deja lo que hacía para saltar a sus brazos.
―¡Has
llegado!.― Le dice emocionado el pequeño.
―¿Cómo
te has portado Aki?.― Le da un beso y lo deja en el piso para cargar a Kaouru.
―Muy
muy bien, pregúntale a mami.
―¿Y
tú, princesa?.
―Como
un ángel.― Dice encantadoramente.
―Cariño,
llevare a los niños a mi oficina un rato.
―Bueno,
llévate sus cosas y comerán contigo, aun me queda mucho...
―Porque
será...― Me reprocha.
―No
empieces.
―Sigo
molesto.
―¿El
autógrafo no te puso contento?.
―Muchísimo
pero eso no te salvara de un castigo o un regaño, o los dos.
―Serás
idi...― Me callo al ver a mis hijos y suspiro.― Que coman bien.
―Claro.―
Me dice sonriente al haber ganado la pequeña pelea.― Daigo, asegúrate de que
acabe todo hoy y salga a tiempo.
―Como
digas.
―Me
las pagaras Hideto...― Trato de sonar amenazante.
―Si
si, ya veremos cariño, te amo.
Se
acerca a mí y me besa, un beso profundo pero corto. Ha comido un dulce, tiene
sabor a cereza, es delicioso. Me ve a los ojos y ese brillo que veo en su
mirada me hace estremecer...Conozco ese brillo, conozco esa cara de misterio y
ansiedad. Trago un poco de saliva y tomo aire profundo. ¿Cómo puede ser que me
provoque con solo una mirada? Agito mi cabeza como si con eso me olvidara de lo
que pienso. Toma las cosas de mis pequeños y con Kaoru en brazos sale de la
oficina, Aki ama caminar... Bueno, más bien correr, si lo descuidamos un poco
podría correr hasta china.
―Creo
que sigue un poco molesto.― Comenta mi amigo y suspiro.
―Se
le pasara.
―Rezare
por ti.― Bromea y lo golpeo.
―Ahora
te daré más trabajo.
―Todo
lo que quieras, conozco a mi amigo y sé que algo trama... No me sorprendería si
esta noche te encerrara en su habitación...
―¡Cállate!.―
Le grito nerviosa.
―¿Qué?
Te encerraría solo para regañarte y que los niños no escuchen, linda, tu mente
trabaja en milésimas de segundo, pequeña depravada.― Dice riendo se y no puedo
evitar sonrojarme.
Pasamos
la tarde trabajando, amo cuando Daigo está de vacaciones, me ayuda mucho aunque
ya no tanto como antes, su novia ocupa todo su tiempo... Casi todo ya que su
trabajo no la deja mucho. También es asistente, pero de un empresario.
―¿Cómo
van? Les traje donas.― Llega mi jefe y se sienta a lado de Daigo.
―Oh
moría por algo dulce.― Le digo tomando una dona de chocolate.― Vamos bien.
―Yasu,
tendrás que pagarme también.― Se queja Daigo.― He trabajado mucho.
―Eso
te pasa por ofrecido.
―¿Qué?
Deja de hacerme bullyng, linda... ¡Dile algo!.
―Yasu,
deja a Daigo.― Digo en tono serio y evito reírme escudándome al tomar otra
dona.
―No
te acabes las donas.― Reprocha el rubio tomando una.― ¿No estas embarazada de
nuevo? Te veo comer mucho dulce.
―No...
Solo que tanto trabajo me desgasta y me hace desear cosas dulces.
Los
dos se me quedan viendo, fijamente y con curiosidad. Le doy un mordisco a mi
deliciosa dona y suspiro.
―Que
no chicos... Y no le metan ideas a hyde porque saben cómo se pone.
―Creo
que él quiere otro bebé.
―Todos
los que se puedan Daigo, hyde está encantado con sus hijos, quien lo hubiera
imaginado.― Comenta Yasu sonriente.
―Bueno,
pues no estoy esperando aun, así que dejen esa idea.
―Seria
lindo un bebé más, me gusta cargarlos.
―Pues
ya te toca Daigo.― Le digo sonriente.
―¿Qué?
No, aun soy muy pequeño para eso.― Nos reímos.
―Si
claro, ya te veremos con...
―Que
platicadores están.
Entra
hyde ya cambiado, ropa ligera y casual, sin maquillaje y solo con su collar y
anillos de siempre, camina a mí y me besa la frente. Su perfume me embriaga e
inhalo un poco más y cierro mis ojos... Los cuales abro enseguida.
―¿Y
mis pequeños?
―Con
Tetsu.― Dice casual.― ¿Ya terminaron de trabajar? Tenemos que irnos cariño.
―Ya
está todo por hoy, ¡Son las 8 de las noche!
―Eres
un dramático Daigo.― Le reprocho.
―Vayamos
todos a casa.― Se levanta Yasu y se estira.― Estoy cansado.
―Vámonos
entonces.
Apago
mi computadora y guardo todos los papeles, guardamos las donas y dejo mi
escritorio limpio. Apagamos las luces y salimos de mi oficina.
―Hasta
mañana.― Se despide Yasu y va a su oficina .
Tomamos
el elevador y entramos con Daigo quien se baja cuatro pisos antes que nosotros,
en donde está su estudio. Hyde observa sus manos y no dice nada cosa que es de
sospechar.
―¿Que
tramas?
―¿Porque
lo dices?
―Te
conozco, soy tu esposa y llevamos algunos años juntos, suéltalo Hideto.
―Ya
sabrás... Pero antes.
Me
toma desprevenida y me empuja hacia una esquina en donde tomando mi cintura
para acercarme a su cuerpo me besa. Un beso que empieza lento pero se intensifica
cuando su lengua entre en mi boca. Inevitablemente jadeo y muerdo su labio
inferior haciéndolo gruñir. Pega mi cuerpo a la pared y su cuerpo al mío
regalándome la sorpresa de una maravillosa sensación en nuestra pelvis.
Me
aprieto ahora yo contra él y siento su miembro erectarse poco a poco. Jadeo un
poco más ante la sensación y cuando estoy perdiendo la razón se aleja. Me quedo
mareada y ansiosa, suspiro y muerdo mis labios.
―Algo
me dice que hoy no dormiré.― Lo provoco.
―Oh
no cariño... No dormirás, en absoluto.
Me
dice en tono ronco y sensual, mi piel se eriza ante su profunda y deseosa
mirada. Toma mi mano y salimos del elevador... Caminamos a la salida pero me
detengo en seco.
―¿Donde
esta Tetsu?
―En
su casa, ¿Por?
―¿Vamos
a ir hasta su casa por mis hijos? ¿Pues desde que hora están con él?
Me
jala de nuevo y caminamos a su auto, subimos y enseguida asegura las puertas.
No me deja ponerme el cinturón de seguridad ya que sus manos aprisionan mis
muñecas, su mirada me dice que me espera algo...
―Deja
de actuar tan extraño, ¿Qué es?
―Te
lo diré ahora, esta noche los niños dormirán en casa de Tetsu, les deje ropa y
todo lo que necesitan, Ayana está encantada y mis pequeños también. Ahora tú y
yo nos iremos a nuestra casa, solos.
Su
tono de voz es áspera, esta excitado, su voz ronca y sus ojos me lo dicen. Esa
mirada es de mucha intensidad y me hace estremecer en gran manera, abro la boca
para reprochar su idea pero atrapa mis labios enseguida.
Su
lengua entra sin pudor y recorre mi boca, amansa mi lengua y la hace su
esclava. Juega con ella y me roba suspiros. Termina mordiéndome los labios y se
separa, con una mirada mucho más brillante.
―No
acepto ningún reproche, estoy molesto aun.
―Pero...
Enciende
el auto y enseguida suena la música, está un poco fuerte e interrumpe mis
palabras. Toma carretera y maneja sin decir nada, la música es la única que
resuena en este pequeño espacio y me cruzo de brazos, actuando como niño, es
parte de él.
Suspiro
y veo por la ventana, me sé este camino de memoria, ha sido nuestra ruta por
años, me gusta cuando la recorro en el auto de mi esposo, junto con él. Cuando
manejo en mi auto no es lo mismo. Eso pasa cada que él se va a sus giras,
cuando son largas voy con el como a mitad de gira y nos quedamos un mes, mis
pequeños y yo, después regresamos y así van los tiempos. Cuando me toca irme
con Yasu es casi lo mismo, solo que hyde viaja a donde estemos. Él siente que
muere si no nos ve. Yasu es encantador y hasta cuida a Aki y a Kaoru cuando
estoy ocupada con el staff, mejor jefe no pude haber tenido.
De
esa manera el trabajo no es tan malo para ninguno, siempre encontramos la
manera de vernos y estar juntos, como la familia que somos.
―Vamos
cariño.
Me
cruzo nuevamente de brazos y lo veo duramente. La música se apaga junto con el
auto y hablo.
―Haremos
esto, iremos por mis hijos y dormiremos todos juntos, si no quieres ir bien,
tomo mi auto y me voy.― Abro la puerta y cuando estoy por bajar me toma del
brazo.
―No,
señora mía; haremos lo que te dije, ellos dormirán con Tetsu y Ayana, nosotros
estaremos solos esta noche, no hay negociación.
―Pues
te aguantas, iré por mis hijos.
Salgo
del auto y camino hacia el mío mientras busco mis llaves en el bolso pero
enseguida siento unas manos tomar las mías y jalarme hacia la casa.
―Déjame
ir, ¡Voy por mis hijos!.
―Ellos
estarán bien, aman a sus tíos.
―Lo
sé pero no me despedí de ellos, no les di un beso ni las buenas noches, ¿Les
diste sus peluches favoritos? Sin ellos no duermen... ¡Déjame ir!.
―Tambien
son mis hijos y sé todo lo que tu sabes, no te preocupes.
Mis
golpes y suplicas son inútiles y entramos a casa, se asegura de dejar con llave
la puerta y me sigue jalando por las escaleras, aquí no forcejeo tanto sino
quiero que nos caigamos. Entre reproches de mi parte llegamos a nuestra
habitación, en donde también se asegura de que no pueda abrirla.
Pongo
mis manos en cada lado de mi cintura y lo veo molesta, no tengo problema alguno
de que mis hijos se queden con sus tíos pero me molesta que no me lo haya
dicho, no me pude despedir de ellos.
―Te
recuerdo que el enojado aquí, soy yo.
―Eso
ya fue.― Me quejo.
―No
ha sido, fue ayer y sigo molesto, ¿Cómo pudiste?.
―¡Lo
hice por tu autógrafo!.
―¡Pudiste
avisar!.
Nos
vemos a los ojos, desafiantes y peleando por quien tenga la razón. Su mirada me
recorre, de arriba a abajo, de una manera lasciva. Trago saliva y evito mostrar
mi nerviosismo... Sí, aun me sigo poniendo nerviosa en este tipo de
situaciones.
―Me
gusta ponerte nerviosa.― Pronuncia suavemente mientras camina hacia mi.
―¡Estamos
discutiendo!.
―Lo
sé, pero también puedo seducirte mientras discutimos, no te preocupes.
―¿Seducirme?.
―Sí,
una de mis especialidades... Vamos cariño, sigue hablando... Me gusta ver tu
boca; me recuerda a tantas cosas magnificas que haces con ella y...
―¡Pervertido!.―
Grito más nerviosa y retrocediendo.
―¿Verdad
que también recordaste? Ummh, es una adorable boca.
―Idiota.―
Digo frustrada.
―Aunque
también digas palabrotas es una adorable boca aunque... Nada me impide no educarla,
¿O sí?.
Se
acerca más a mí y su profunda y penetrante mirada me hechiza. Me envuelvo en
esos oscuros ojos y muerdo mis labios. Mi piel se enchina cuando las manos de
mi esposo me toman por la cintura, ahogo un jadeo al sentir su cuerpo tan cerca
del mío, específicamente.
Su
erección.
Dios
santo, mi boca esta seca y sedienta.
―¿Educar?.―
Logro pronunciar.
―Educar.―
Confirma.
Deja
mi cintura y sin quitarme la vista de encima pone cada una de sus manos en mis
hombros y empuja hacia abajo, su mirada me quita la voluntad y dejo caerme poco
a poco, a su ritmo. Hasta quedar... De rodillas... A la altura de su cadera,
veo su prominente bulto en el pantalón y subo la mirada.
Sus
ojos me dicen lo mucho que disfruta esto, lo mucho que le excita y le agrada, a
mí por mi parte me gusta que le guste, me gusta ser la que le provoque tanto
deseo y excitación.
Me
gusta complacerlo.
―¿Qué
quieres que haga?.― Pregunto tímida, dos pueden jugar, ¿No?.
―Baja
mis pantalones cariño.
Su
voz ronca y excitada me excita. Hago lo que me pide y roso a propósito su
erección mientras bajo el pantalón, conecto mi mirada con la de él y beso por
encima del bóxer logrando robarle un jadeo.
―Ahora
lo que sigue.
Tomo
su bóxer y lo bajo sin piedad, tocando su erección y lo escucho gemir. Vuelvo a
subir la mirada y sus ardientes ojos me dicen lo mucho que me desea. Tomo su
gran erección con mis manos y empiezo a masajear, reparto pequeños besos en su
longitud y lo veo entreabrir la boca.
Lo
disfruta.
Meto
su erección a mi boca y empiezo a disfrutar de ese delicioso manjar. Lo
saboreo, me deleito con la sensación de sentirlo crecer, mi lengua pasea por su
falo y succiono, acaricio sus testículos y me regala más gemidos. Intensifico
mis acciones cuando siento su pene más duro y más caliente en mi boca, lo
siento palpitar y crecer, me siento poderosa e invencible. Incluyo el rose de
mis dientes y lo escucho gemir más alto, cuando siento que esta por darme mi
bebida más adorada me jala y hace que mi boca se sienta vacía sin él.
Lo
veo desconcertada y molesta. Relamo mis labios y vuelvo a ver su erección no
aliviada, estoy por ponerme en la misma posición que él me puso pero no me
deja.
―¿Qué
te pasa? Quiero terminar.― Digo tomando su erección entre mi mano y
saboreándome.
―Es
uno de tus castigos de esta noche, no beberme, sé que lo odias.― Dice con un
gran ego.
―Lo
odio mucho y si no quieres me enoje me dejaras terminar.
Vuelvo
a tomar su erección y a bajar a la altura de su cadera, introduzco su virilidad
en mi boca y continuo mi trabajo, me dedico a sentir todo, sus palpitaciones,
su calor, su tamaño... Su textura y su sabor, cierro los ojos y me entrego a su
delicioso sexo y sus perfectos gemidos.
Al
estar por eyacular... De nuevo me aleja pero esta vez sin dejarme reprochar me
avienta a la cama y quedo en el centro, aturdida y sorprendida.
―¿Qué
crees que haces? ¡Me has hecho enojar!.
―No
más que tú a mi ayer... Aparte del enojo me hiciste sentir un susto de mierda
__, eso merece un ejemplar castigo.
―¿No
dejarme tragar? Pues eres un idiota, ahora no haremos el amor, dormiré en el
cuarto de mis hijos.
Enojada
por su prohibición empiezo a bajar de la cama pero me detiene y me aprisiona
contra la cama y su cuerpo. Su erección, más dura que nunca toca mi cadera y
ahogo un gemido.
―Déjame,
no conseguirás nada.
―Me
encargare de que si, y me encargare de dejarte claro que cada que quieras irte
de viaje avises, sea lo que sea.
Dice
en mi oído y desabrocha mi blusa, me remuevo entre su cuerpo y la cama y con
sus manos diestras me deja en puro sostén. Atrapa mis labios y crea un beso
ansioso y salvaje, cosa que no me desagrada en absoluto. Muerdo sus labios para
tomar aire y no morir por falta de algo tan vital.
―¡No
quiero!.― Reprocho.
―Sé
que si cariño.
Susurra
en mis oídos y muerde el lóbulo de mi oreja. Me estremezco y logra quitarme el
sostén, el rose de la tela de su camisa con mi piel desnuda me hace erizar. Se
apodera de mis pezones, muerde y juega con uno. Evito jadear y entregarme a las
sensaciones, tiene que sufrir el también, me lo hizo a mí.
―¡Hoy
no quiero hacer el amor!.
―Yo
sí, quédate quieta.
―Pues
yo no, así que... Aléjate.
―No
lo hare, tu boca dice una cosa, tu cuerpo otra... ¿A quién le creeré?.
Pasa
a mi otro pezón y lo tortura, mientras se dedica a eso una de sus manos bajan a
mi cadera y desabrocha mi falda, esa tela como si estuviese de su lado se deja
deslizar sin problemas por mis piernas y me quedo solo en bragas. Cierro los
ojos y muerdo mis labios, ¿Porque es tan bueno en esto?.
―Esto
es violación.― Hablo cuando deja mis pezones.
―Le
llaman sexo sorpresa, ¿No sabias?.― Dice divertido.― Además... Cuanto más te
resistas cariño, más me provocas, ¿Interesante no?.
Baja
a mis caderas y me quita las bragas. Me ve a los ojos y sonríe lascivo. Abre
mis piernas y sube mis rodillas. Esa posición tan expuesta solo me hace
estremecer. Muerdo fuerte mis labios cuando su lengua asalta mi centro.
Su
experiencia me hace delirar, me hace tocar el cielo y vivir en él. Me recorre
con suavidad y con entrega, juega con mi clítoris y lo tortura, muerde mis
labios internos y sus dedos se encargan de simular envestidas.
Sensaciones
magistrales y perfectas, cierro mis ojos y cuando empiezo a sentir un inmenso
calor como puedo me alejo de él, atontada y acalorada.
―¿Porque?.―
Me reclama y sonrío.
―Tú
me lo hiciste primero.
―Yo
soy el enojado, yo soy el que tiene privilegios esta noche, no tu.
―Estás
loco, esto es todo lo que podrás conseguir esta noche.
Me
levanto de la cama y con las piernas temblorosas trato de caminar pero el
nuevamente me detiene, toma mi cadera y me hace regresar a donde estaba, arriba
de mí se quita la camisa y queda igual de desnudo que yo. Su penetrante mirada
me estremece y sonríe.
―Esta
noche será como yo diga cariño.
―¡No!.
Me
remuevo y él toma mis muñecas para aprisionarlas, ¿De dónde rayos saca tanta
fuerza? ¡Es pequeño! Me sigo moviendo pero solo consigo que el aproveche para
abrir mis piernas y acomodarse para lo siguiente.
―Ni
se te ocurra.― Le digo al ver sus intenciones.
―¿Qué?.―
Dice divertido y besa el inicio de mi cuello, succiona un poco y acaricia con
su lengua.
―¡Chupetón
no Hideto!.
―Demasiado
tarde.
Se
aleja y ve con detenimiento su obra maestra, su brillante mirada me dice que
está satisfecho y me vuelvo a mover para alejarlo pero veo sus intenciones de
nuevo.
―Más
vale que te quites.
―No
lo hare
―¡Hazlo!...
¡Aaaah!.
Grito
al sentir su intromisión. Un solo empuje, hasta el fondo y sin contemplaciones.
Aprieto mis ojos y muerdo mis labios, una manera ruda de entrar, un dolor me
invade un poco...
Dolor...
Dolor... Placer... Dolor.
―¡Duele!.―
Grito.
―Sé
que duele.― Confiesa.
―¡Entonces
sal!.
―Ni
loco cariño, este es tu segundo castigo.
―¿Hacerme
sentir dolor? ¡Eres un...!.
Empieza
a moverse y el dolor se intensifica pero se convierte en placer de un segundo a
otro, un cambio delirante y perturbador.
―¡Eres
un...!.
No
puedo formular palabras, mi mente se deja llevar por las sensaciones, aún hay
dolor pero es mezclado con el placer, un intenso placer con dolor que me gusta,
me agrada... Me encanta.
Vuelve
a entrar y vuelvo a sentir lo mismo. Son penetraciones profundas y de un solo
golpe, mi cabeza da vueltas. Siento como su dureza se amolda a mi interior y me
hace sentir plena.
Una
intromisión más fuerte.
―¡Para!.
Grito
al sentir nuevamente dolor pero él no me escucha y vuelve a hacer su rápido e
intenso movimiento.
―¡Que
pares idi...!... Idio... Mmmgh.
Sus
penetraciones son más seguidas y con la misma intensidad, el placer se adueña
del dolor y toma territorio. Ahora solo el placer me invade, sus envestidas se
vuelven más, más profundas, más intensas, más dedicadas, más entregadas, más
tortuosas.
―¡Eres
un...! ¡Eres un idio...!... Aaaaah... ¡Hyde!.
Lo
escucho hacer una pequeña risita en mis oídos y se mueve con más libertad, me
aferro a su cuello y lo pego a mi cuerpo.
―¿Soy
un qué? .
―Cállate
y no dejes de moverte.― Demando.
Le
reprocho y me aferro más a él. Paso mis dedos por su cabello y beso su frente,
él toma una de mis piernas y se aferra a ella, siento como sus músculos se
tensan en cada envestida, siento como se mueven sus músculos sobre mi piel,
como nuestros cuerpos rosan, como nuestro sudor se mezcla.
―¡Aaaah!...
¡Ahí!... Si, ahí... Justo ahí…
Pronuncio
entre gemidos, el encuentra mi punto y se aferra más a mi cuerpo, se aferra más
a tocar ese punto en donde me vuelvo loca. Empiezo a formular palabras no coherentes,
empiezo a sentirme fuera de este mundo. Un calor intenso me toma pero el
detiene sus envestidas para poner mis rodillas en sus hombros.
Más
profundo.
Más
intenso.
Más
fuerte.
Me
roba gemidos descolocados y gimo una y otra vez, sin parar, el toma mi cadera y
su cuerpo se mueve.
Entra.
Sale.
Vuelve
a entrar.
Vuelve
a salir.
En
esta posición las envestidas son con más libertad y más profundas. Muerdo mis
labios y me aferro a la sabana.
―¡Ahi!...
No... No pares amor... Por favor, no pares... ¡Oh dios!... Mmmgh.
Sin
pudor alguno gimo fuertemente y doy mis suplicas, sus gemidos me llenan y me
hacen sentir más deseo. Abro los ojos un momento y me encuentro con su profunda
mirada, una mirada de adoración, de amor, de deseo... Una mirada lasciva, una
mirada llena de promesas y de cosas hermosas. Vuelvo a cerrar los ojos y me
concentro en las sensaciones, mi interior lo succiona, lo aprieta, lo adora a
su manera y sé que el ama esa sensación porque su erección me lo dice.
Esta
duro.
Caliente.
Palpita.
Está
llena de deseo y está por descargarse en mí, siento como atrapa uno de mis
pezones y grito, sus envestidas no bajan el ritmo, son cada vez más fuertes,
más intensas y siento que estoy por desmayar, que estoy por visitar el cielo y
en infierno en un mismo lugar... Mis piernas están temblorosas, estoy por
quedarme afónica de tanto gritar, estoy por desvanecer.
―¡Aaaah,
dios!... Mmmmhg... Ya no puedo... Aaaah... ¡Ya no puedo!.
Grito
al sentir próximo mi clímax, mi cuerpo se llena de sensaciones... Un calor me
invade, me quema... Me derrite. Mi cabeza da vueltas y siento que si doy un
grito más desvaneceré.
―Aun
no.
―Si...―
Digo en un susurro.
―No...
Es... Tu tercer... Castigo.
―Olvida...
Mmmmmgh, el cas... El castigo.
―Un
poco más...
―¡Por
favor!.― Grito impaciente.
―Vamos...
Cariño... Déjalo ir.
Lo
escucho decir entre gemidos y me dejo ir junto con él. Siento su esencia
caliente dentro de mí, siento mi orgasmo explotar de una manera increíble y
antinatural. Mis paredes se llenan de su líquido y resbalan por mis piernas que
se encuentran en la cama.
El
cuerpo de hyde descansa sobre el mío, nuestras respiraciones son muy agitadas,
nuestros cuerpos están muy sudados y respirar para mi es una tortura, mis
parpados pesan.
―Eso
fue increíble.― Digo en contra de mis ganas de dormir.
―Es
a lo que le llaman... Sexo rudo, sexo salvaje... ¿Noche hard?.
Nos
reímos ante sus ocurrencias y sale de mi haciéndome jadear, se acuesta a mi
lado y suspiramos, veo sus ojos y como si me pasara energía el sueño se va y
sonrío encantada.
―Repitamos
esto.
―Cuando
quieras cariño... Aunque esto fue un castigo.
―Entonces
amo ser castigada.― Lo provoco.
―Con
eso no se juega, señora mía... Ayer me asusto mucho.― Suspira.― Cariño... Para
la próxima avisa... ¿Sabes? Envejecí 10 años en un minuto, ¡No me hagas eso! No
sabían de ti en todo el día, yo estaba en un concierto y cuando termino no
estabas y… Después me llamas y me dices
que estas en Osaka, en medio de una tormenta y no podrás regresar, ¡Muerte!.
―Lo
siento, no volverá a pasar.
Suspiro
sintiéndome culpable, acaricia mi mejilla y besa el dorso de mis manos. Su
mirada tierna me adora y sonríe.
―Con
eso me dejas tranquilo.
Me
abraza y me besa, esta vez un tierno y profundo beso, lleno de amor y de
promesas... Lleno de sentimientos puros, sentimientos que van más allá de lo
inimaginable, sentimientos que son mucho más que el infinito.
―Y
el autógrafo, gracias por eso, lo mande a enmarcar.
―¿Enserio?.―
Me emociono.― Al menos valió la pena todo el regaño y castigo.
―Jamás
nunca había tenido alguien un castigo como este.
―Te
aseguro que no.― Me muevo un poco y siento un dolor en la cadera.― Rayos.
―Bueno,
si duele quiere decir que hice un buen trabajo.― Me dice sonriente.
―¡Eso
es maldad!.― Me quejo.― Oye si duele.
―Lo
sé, sorprendentemente no habíamos tenido este tipo de sexo, esta vez fue rudo
pero no te acostumbres que hacer el amor siempre es mejor.
Sonrío
ante sus palabras, claro que hacer el amor es lo mejor. Suspiro y pongo mi
cabeza en su pecho, escucho su corazón y me siento muy tranquila y feliz.
―Te
amo.― Le digo besando su pecho.
―Eres
lo mejor que me ha pasado nunca... Te amo tanto cariño.
Me
aprieta contra su cuerpo y besa mi cabeza. Da un gran y profundo suspiro.
Escucho su corazón latir... En un ritmo que me relaja. Acaricio su suave
estómago y cierro los ojos.
Este
es mi lugar preferido.
Estar
abrazada a él, desnudos. Con nuestro aroma carnal y con una tranquilidad que no
encontrare en ningún otro lugar.
―Quiero
otro bebé.― Me confiesa y alzo la mirada.
―¿Qué?.―
Digo sorprendida.
―Otro
bebé, ¿No te gustaría? Porque a mi si, verte embarazada, vivir tus cambios de
humor y tus antojos, tenerlo entre mis brazos, es increíble, quiero otro bebé
cariño.
Me
ve directamente a los ojos, una mirada brillante y emocionada, anhelante...
Suspira y acaricia mi cabello, suspiro también y hago media sonrisa.
―Un
tercer bebé...
―Podría
ser la parejita, cuatro hijos.
―Dios
santo, jamás pensé que te gustaran tanto los bebés.
―Ni
yo, jamás lo hubiera imaginado... Pero ahora que tengo dos es lo mejor que hay,
dos hijos de la mujer que amo, una familia... Adoro esto.
―Y
por eso quieres más.
―Sip.
―Wow.
―¿No
quieres?.
―No
es eso, solo me sorprendes, enserio nunca creí que quisieras siquiera tener
hijos .
―Bueno,
eres la única en el mundo que me hace desear tener todo un equipo de futbol.
―Bueno,
con los tres o cuatro me quedo.― Lo veo reír y asentir.― Tengamos más hijos
entonces.
―Gracias
cariño.
Me
toma de las mejillas y me besa, un tierno y casto beso, un beso que explota
nuestros sentimientos y nos lleva al límite.
―Empecemos
esta noche.
―¿He?.
―El
bebé, lo quiero ya.
―Pero...
―Vamos
señora mía, tenemos que trabajar mucho.
―¿Olvidas
que estoy con anticonceptivos?.
―Mañana
ya no los tomaras.
―¿Tanto
deseas el bebé?.
―Como
no tienes idea, empecemos hoy.
―No
funcionara, mínimo dos días para que pegue.
―Bien,
entonces mientras entrenaremos.
―Basta.―
Digo riendo mientras me pone debajo de él.
―Amo
tenerte así.
―Y
yo amo estar así.― Sus ojos se vuelven intensos.
―No
podría imaginarme una vida sin ti cariño, jamás... De solo pensar que te pierdo
yo...
―Ni
en esta ni en un millón de vidas pasara... ‘Junto
a ti en todos los mundos y vidas existentes’ ¿Recuerdas?.
Cito
nuestra frase personal y amada. Beso su anillo de bodas y el besa el mío,
nuestras frentes se unen y besa mi nariz. Damos un gran suspiro y nos
abrazamos.
―Por
toda la eternidad.
Dice
en un susurro acompañado de una delicada envestida que estremece hasta lo más
profundo de mí ser.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥