jueves, 11 de febrero de 2016

Everlasting



Género: romance/drama/ hurt.
Autora:  Himeko~Rose

Recuerdo  aquel  evento en mi vida, aquel evento que me hizo  escribir aquella canción para L` Arc~En~ Ciel realmente no había pasado mucho, unos 3 años máximo  de aquel momento   me permitía sentir la nostalgia de no  aceptar algo  que estaba en contra de las reglas,  algo fuera de lo común,  aquella mujer que me hizo sentirme vivo otra vez.
Lo  recuerdo perfectamente como si  de un sueño lucido  se tratase, sus  tibios labios,  aquella mirada inocente pero con un deje de melancolía, su juventud,  toda su  esencia,  aquella piel  de porcelana blanca,  su  estatura baja  que me hacía pensar que por fin había encontrado  a la mujer ideal.
Lo  recuerdo  perfectamente bien,  sus pequeñas manos  tímidas al  tomar algo  y aquel  temblar que  hacía pensar la inocencia de sus ojos  era pura y casta.
La primera vez que la vi fue en el  centro comercial  cerca de mi departamento,  hay  estaba ella con un suéter azul, su  cabello negro azabache largo  y lacio con  aquel  flequillo recto me hacia recordar mucho al tipo  de japonesa recta que se mostraba en nuestra cultura, lleva una diadema color rosa, aquella ropa le hacía ver aún más joven  de lo que debía verse.
En ese momento me llamo la atención porque a pesar de ello  alrededor de ella  salía un aura de madurez, a pesar de solamente verla y quedarme anonadado por aquella belleza singular, como si un ángel se presentara ante mí para darme una razón más para vivir.
Recuerdo aquella voz dulce y amena,  tan dulce pero no chillona, sino   simplemente una voz llena de ternura, una voz con la cual se sueña que en  el cielo cantan para Dios, yo quería escucharla quería saber qué clase de cantos podía  dar de esos hermosos labios.
Después de aquel día no la volví  a ver debido a que estaba en un proyecto   con lo  de mi  grupo Vamps,  realmente no  sabía bien  que escribí y mis deseos anhelos hacia ella hacia que imaginará al conocerla.
Pensaba en mí mismo que me había vuelto un loco pues solo  verla una vez provocaba aquellos deseos en mí,  deseos que no podían ser  saciados tan fácilmente y deseaba saber mucho más de ella pues aquel aire de misterio la envolvía.
Hasta aquel día que las palabras fluyeron  de nuevo en el  súper mercado,  aquella voz melodiosa hablo  de nuevo  y al  cerrar los ojos pensé que si Dios existiera estaría celoso  de que yo pudiera escuchar aquella voz.
-          Con permiso-  se notaba su  nerviosismo al  hablar, realmente era un persona tímida.
Después de aquello  decidí  seguirle, había comprado al parecer comida para algún animal, pensé que quizás tenía una mascota o  algo por el estilo. Camine tras ella y se sentó en el parque,  su  vestimenta era  totalmente recatada,  supongo que no buscaba llamar la atención y su semblante  frio ante los demás me daba una ganas de conocerla aún más.
Al verle saco aquella bolsa y unos mininos se acercaron ella sonreía, la sonrisa más hermosa en el mundo,  una sonrisa tan cálida llena de ternura era recibida por aquellas bestias de cuatro patas, me sentí  celoso  de ellos,  a pesar que eran mi animal  favorito.
Me acerque tímidamente, porque aunque no lo  saben, yo Hyde era una persona algo tímida, en los escenarios me sentía libre de mostrar todo mi lado perverso, pero no siempre podía hacerlo fuera de ellos, no podía se alocado ni mucho menos  llegar fácilmente  a hablar con una persona, pero me arme de valor, aquella mujer  valía la pena.
-          Veo que le encantas a los gatos – le mire atento  a cada movimiento.
-          Así  es – no volteo a verme seguía absorta a ellos.
Me agache y los acaricie, a pesar de ser alérgico,  tocarlos no  sería tan malo,  comencé a recordar porque eran mis animales favoritos,  realmente hermosos seres  suaves  y con un espíritu libre y autosuficientes.
-          Yo  tendría uno pero soy alérgico, me conformo con  tocarlos debes en cuando -  sonreí ante ello.
-          En mi  hogar no me dejan tenerlos – menciono ella cabizbaja.
-          Pero  aquí siempre hay  gatos, sería bueno que vinieras debes en cuando – comente en un tono  alegre.
-          Eso hago -  volteo  a verme alzando una ceja.
-          Ya veo,  eso significa que siempre le veré a esta hora – me sentía alegre por dentro.
-          Es el único tiempo que me dejan salir – menciono  cabizbaja.
-          Ya veo ¿tu familia es muy estricta? – le mire seriamente.
-          Algo así -  se miraba extraña.
-          ¿Cuál es tu  edad? -  fue lo primero que pensé pues si  seguía en el juego posiblemente  saldría mal parado.
-          21 años – contesto  secamente.
-          Pudieras salir de tu hogar ya eres mayor de edad – mencione tranquilamente.
-          No puedo, eso es imposible -  su mirada parecía perdida.
Después de eso se levantó  sin mirarme, acaricio de nuevo  aquellos gatos y aquellas pequeñas manos que parecían despedirse con  caricias a aquellos animales recelosos,  mientras sus pequeños pies se disponían  a irse.
-          Me llamo -  me puse frente a ella – Hideto Takarai y ¿usted? – le mire  con decoro.
-          Mei -  se retiró después de aquello.
Me dejo solo en el  asfalto  del atardecer, el cielo con tonalidades  rojizas y nueves moradas se dejaba ver, yo también debía regresar a mi hogar, pensar mejor las cosas pues el haber seguido a una mujer no  estaba dentro de mis cabales pero aquella mujer a pesar de ser extremadamente joven  estaba en mi  cabeza.
Todos los  días iba a la misma hora, minutos antes iba y compraba algo  de alimento para gatos, luego iba a al parque a esperarla y sin  falta venía con  aquella singularidad, aquella ropa que cubría todo su cuerpo  faldas hasta los tobillos,  llegue a pensar que en su  casa realmente eran muy estrictos.
-          ¿estudias? – pregunte sin mirarle.
-          No -  respondió  secamente.
-          ¿Qué es lo que anhelas? -  le mire atento.
-          Nada en especial -  miraba las aves volar para luego volver hacia los gatos – sabes  realmente amo  a los gatos -  sonaba seria -  ellos  escogen con  quien tener un lazo  y con  quien no – parecía sumida en sus pensamiento -  supongo que nos falta aprender de ellos -  volteo para darme una simple sonrisa, una sonrisa sin luz llena de una melancolía que no comprendía.
-          Me sorprende que alguien tan joven piense de esa manera – voltea a verle - ¿seguro que todo  está bien? – puse mi mano  en su hombro.
-          Si -  contesto  secamente.
Tras aquello  tome un cigarro llevaba tiempo sin hacerlo  y uno  debes en cuando no  era dañino, así  era como sobrevivía, puesto  a pesar de que lo  tenía que dejar por completo,  debes en cuando fumaba un cigarro en casa donde nadie me observaba y juzgaba, saboreaba cada segundo que lo  tenía en mis manos como el ultimo  y así lo  disfrutaba más que antes, dejando  de fumar dos cajetillas bajando  a una y simplemente ir debes en cuando a fumar un solo cigarro.
Lo prendí  tranquilamente y antes de poner el  cigarro en mi  boca para dar un  sorbo  y sentir aquel  alivio  en mi cuerpo  después de tanta abstinencia, ella me daba una mirada repulsiva llena de odio  y asco ante ello.
-          Por  favor apáguelo-  menciono con un poco  de histeria.
Tire el cigarro al suelo lo pise y después deposite en la basura al  apagarlo,  aquel acto  me pareció completamente  extraño no comprendía porque el odio  al  tabaco, simplemente al ver esos ojos llenos de miedo  comencé a temer que ella viviera algo  que no fuera muy grato.
-          ¿le sucede algo? -  me acerque a ella.
-          No  es nada, simplemente el olor me molesta -   contesto como siempre.
-          Ya veo – conteste  suspirando.
Ella se levantó para retirarse  y con aquello mi interés iba creciendo hacia ella, una joven inocente y pura, que mostraba fortaleza y ternura, una mujer digna  que conocía cada día, yo quería tener a esa mujer, yo deseaba hacerla mía.
Cada día que conversábamos de algo  trivial, pues de su vida nunca deseaba hablar,  cada vez me enamoraba más de ella, su sencillez y ternura que enmendaba ante aquellas criaturas con las que deseaba ser una de ellas y acompañarla en toda su vida.
-          ¿Qué clase de música escuchas? -  pregunte tras bastante tiempo  de conocernos pues me parecía raro que aún no  se diera cuenta quien era.
-          No  escucho música -  respondió ella.
-          ¿ves televisión? – le mire atento pues yo participaba en algún  que otro programa como invitado.
-          No -  seguía acariciando  a aquel  gato negro que subió en sus piernas.
-          ¿Por qué? – aquello me parecía curioso.
-          Son muy estrictos – entendí que se refería a sus padres.
Así fue pasando el tiempo  6 meses específicamente,  6 meses donde ella penetro mi corazón  sin darme cuenta pero  estaba fuera de mi  decirle lo que sentía, puesto  había una diferencia abismal en la edad, aunque aquello  era lo que menos importaba, si no el hecho  de que yo no  sabía que era lo que sentía ella por mí y comencé a temer ante ello.
-          ¿Qué sucede? -  la mirarla la note nerviosa.
-          No es nada – contesto ella.
A pesar de no haber muchas palabras en nuestras conversaciones, solo la simple compañía del uno  y el otro,  esos ojos me absorbían por completo con  cada mirar, su  belleza singular me había atraído, pero aquellos ojos  llenos de  una pureza indescriptible hacia que cayera en las redes del amor, aquel juego peligroso donde una de las dos partes quizás jamás sale bien las cosas.
En mi pecho  sentía aquel latir del cual uno  sabe que está siendo  atrapado  poco  a poco  y cada vez que la conocía más, cada conversación  por muy trivial  que fuera estaba cayendo más al  fondo  del  abismo que era llamado  amor.
Quizás, solo quizás las cosas podían ser diferente, solo  tenía que dejar que fluyeran,  aquellas palabras me  decía mentalmente, pues ya había tenido decepciones amorosas y no  deseaba salir lastimado  de esto, no  deseaba terminar lleno  de dolor  otras vez.
Solo  deseaba tener este sentimiento, un  sentimiento  que me hacía sentir vivo otra vez volar entre las galaxias en tu mirada, aunque el miedo a no  ser correspondió era lo que me impedía sacar aquellas palabras fuera de mi mente a través de mis labios  a que mi voz le alcanzara y le dijera un  te amo.
Ya no podía más que pensar en aquella mujer llamada Mei,  aquella mujer  que tenía aquella aura angelical a pesar de su  seriedad, pero debido  a mis miedos no me atrevía aceptar mis sentimientos hacia ella, porque aunque ella simplemente hablaba lo necesario,  aquella manera de actuar cada gesto  me parecía esencial, hermoso  y placentero.
Hasta aquel  día en que un señor de unos  60 años llego colérico,  tomo del  brazo  a Mei y esta solo  temblaba de miedo ante su  presencia, comprendí, él  era su padre, no  tuve tiempo de decir palabra alguna cuando ellos ya se habían retirado, aquello  me hacía sentir inseguro.
Las cosas en mi  carrera iban perfectas, hacia lo que más amaba, hacia música, tenía la banda que siempre había soñado  Vamps  y aun no olvidaba mis raíces al iniciar en  L arc en ciel,  así que en mi vida las cosas eran simples, podía tener a la chica que quisiera, muchas  se ofrecían, pero  yo solo  deseaba una y aquella chica parecía no  tener interés en mí,  además de lo conflictiva que podía ser su familia.
Paso una semana y por más que fuera aquel lugar ella no  estaba, solo me quedaba el consuelo  de aquellos seres peludos  y adorables, aquellos seres que recibían  su amor, pasaron  2 semanas más hasta que por fin pude volver a verle.
-          ¿Mei-san?-  toque su hombro ante ello.
-          Esto -  se notaba más nerviosa de lo normal.
-          ¿Qué sucede? -  estaba feliz de verle.
-          Vamos a un lugar un poco más privado – menciono ella con un  tono  seco e hilarante.
-          Está bien –  comencé a seguir sus pasos.
Caminábamos por un lugar un poco extraño  y alejado,  hasta llegar a una pequeña casa donde aquel  señor la abrió, nos invitó a pasar, algo me parecía extraño  en todo  esto, entre al lugar,  al llegar a una habitación  poco  alumbrada, su voz  monótona resonaba en toda la habitación.
-          ¿son  30,000 yenes la hora? -  menciono ella con un  deje de melancolía.
-          ¿Qué? – no sabía qué hacer.
-          Lo supe desde que te vi,  tu… - miro hacia abajo -  ¿lo  deseas no? -  estaba nerviosa.
-          Yo – no sabía que decir, si la deseaba, pero más que eso yo,  yo le amaba.
-          Esta es la única razón por la que deje que te acercaras a mí -  menciono ella con  decisión.
-          Entonces -  comencé a sentirme  furioso - ¿para ti solo fui un negocio a largo plazo? – comencé a reír ante ello.
-          Si – menciono ella – no hay algo más aparte de ello -  se encogió  de hombros.
Después de aquello  voltee hacia el suelo,  tome mi  cajetilla de cigarros y prendí uno  de ellos, estaba terriblemente enojado, no sabía cómo actuar, tenía la posibilidad de tenerla en mis manos pero ¿eso  era suficiente? No  tendría su  corazón eso lo  sabía de ante mano,  aquella mujer esperaba mi  respuesta.
Y ¿Por qué no?  Quizás, solo quizás este sentimiento  era el simple capricho de no poder obtenerla,  ahora podía hacerlo, olvidarme de ella tas tocar su cuerpo,  amancillara cuando para ella solo fui  dinero, para mi  ella sería un juguete sexual.
Realmente estaba enojado,  después de tantas decepciones, mientras sentía el  sabor del  cigarro en mi boca y aquel humo pasando por mi  garganta comenzaba a poner mis ideas claras, ya nada podía perder, quizás el hecho de dicha decepción  de tenerla en mis manos por un puñado  de dinero haría que al final  la olvidara,  al menos eso pensaba.
-          Está bien - saque el dinero de mi cartera para dárselo en la mano- ¿acaso no dirás nada? – seguí  fumando frente a ella.
-          Usted puede hacer lo que quiera – menciono sin  ataduras.
Tras aquello la tome de la cintura  fuertemente al  tener su  rostro  cerca del mío, le di  aquel  beso lleno  del humo  del cigarro, un  sabor perfecto, amargo  pero agradable, como aquello que estaba a punto de comenzar, un beso que termino  con  heridas en los labios de ella, pues yo no  era una buena persona y estaba furioso de todo esto.
-          ¿Segura que aceptaras este dinero?- le mire con coraje.
-          Si – menciono ella sin  quejarse.
-          Desnúdate – mencione sentándome en la cama.
Ella hizo  caso ante mi petición, comenzó  a quitarse cada prenda mientras me deleitaba viendo su  pequeño cuerpo , mientras ella mostraba un  rostro  frio ante la situación,   como si este juego que había iniciado poco  a poco   estaba quemando y  yo , yo  sería el único  afectado.
Ella ya sabía cómo hacer su trabajo,   se acercó  a mí,  abrió el pantalón y saco mi miembro, su pequeña boca y aquellos labios besaban  mi  masculinidad hasta  meter aquel pedazo de carne en su  boca por completo  y comenzar la felación demostrando que era experta en esto.
Quizás no  era su primer cliente, quizás muchas más habían pasado por su cuerpo y no  era ese inocente ser que pensaba,  la separe al  sentir que pronto  terminaría, comencé a desvestirme por completo, la empuje y de un solo  golpe la penetre,  solo quería sentir placer, solo quería que este juego placentero ella sintiera  que estaba perdiendo.
Pero perdiendo ¿Qué? Si  al fin  de cuentas el único que se había enamorado  era yo,  el único que quería una vida a su lado  era yo, para ella solo  era un cliente más  del cual podía ella dar un  servicio  y yo  recibirlo como  era debido.
Después de tocar su cuerpo  cada centímetro  saborearlo  y escuchar aquella melodiosa voz entre gemidos de placer, mientras la llenaba de todo mi  ser, en movimientos frenéticos uno  a uno en una batalla de quien podría vencer al otro en este juego, el juego del cual uno  se quema, puede tocar el cielo, pero al  caer duele más por la ilusión de algo pasajero que jamás sucederá.
Seguí con  aquellos movimientos de caderas  cayendo más profundo  dentro de ella, cayendo en el  abismo  de la seducción  esperando que  siendo  esta la última vez que la vería, la última vez que la sentiría, puesto ya no  regresaría a verla, ya no  volvería a buscarle,  solo quedaba el hecho  de llenarle de mi  esencia,  dejarle una marca profunda en su piel que a pesar de muchos yo estuve con  ella esperando que no supiera que al final el perdedor era yo.
-          Di mi nombre – mencione entre jadeos.
-          Hideto-  dijo entre tartamudeos.
Sus caderas se movían al  compás del mío,   un  ritmo  frenético donde ambos nos lastimábamos, yo insistiendo en dejar una marca profunda en su piel, mientras  me hundía mas en este resentimiento donde el  tacto , la unión era dolorosa, donde no importaba si hubiera lágrimas,  mi corazón  se inundaba y el no  aceptar lo que sentía dolía aún más.
El sabor de su piel,  aquellas pequeñas manos explorando mi cuerpo   por mi propia demanda,  suspiros robados que al momento  de desearle gritar un  te amo eran callado por besos,  besos que dolían hasta el alma entre lágrimas profundas que no salían por temor, realmente la amaba y el  tacto hacia que doliera, por eso sería la única vez que la tuviera en mis brazos mientras seguíamos en este baile frenético donde su cuerpo  se fundía con  el mío.

Su  rostro  sonrojado  era la expresión más hermosa,  deseaba tenerla así para siempre, pero  para ella solamente era uno más que caía en sus riendas de seducción, al terminar me sentí  vació pues  aquella unión no  se sentía el sentimiento por parte de ella, su  cara llena de inexpresividad me hacía sentir que solo yo era quien le amaba y  que para ella solo fui un cliente más de cómo  ganarse la vida,  volví  a prender un  cigarro,  di un sorbo y lo  deje en  el  cenicero   prendido, me vestí, deje el dinero  en la mesita y me fui  de aquel lugar.
Al salir de aquella casa me di cuenta que había un discman y junto con  él estaba un disco con  el  emblema de Vamps como portada, lo  recogí  y note que estaba completamente roto, aunque no me extrañaba, pues en aquella casa  lo poco que había observado, no había  radio ni  televisión, mucho menos una computadora.
Después de aquello ya no quise saber más, no quería dar más vueltas al  asunto, aunque me preocupaba, me había jurado  a mí mismo no  volverla a ver, pero  deseaba  hablarle, deseaba  estar a su lado,  deseaba salvarla.
Pero la pregunta aquí era ¿salvarla de qué?  Quizás ella lo hacía por gusto,  pero algo  dentro de mí me decía que  no  era normal nada de esto, el hecho de  cómo  se comportaba su supuesto  padre que haya permitido aquello, aquel disco roto fuera de su  casa como si  ella hubiera deseado  saber acerca de mí.
Tras pensarlo  decidí volverle a buscar,  decidí intentar ayudarle. Salí  de mi  casa,  recordaba el camino por donde me había llevado,  hasta que llegue a ver aquel  cabello negro  y lacio volando por el viento y sus  brazos,  su pequeños brazos rodeaban  el brazo  de otro hombre que no  era yo.
No  se mostraba feliz, pero tampoco  descontenta,  no mostraba sorpresa al verme, solo  se dedicó  a ignorarme y pasar a lado  de mi como si nada, como si nunca hubiera conversado conmigo, como si nunca hubiera tocado su piel, como si  aquel encuentro  a pesar de haber dinero de por medio  no habían sentimientos y jure ante dios no volverla a ver.
Mis sentimientos habían sido  guardados aquellos momentos  en el asfalto mientras charlamos jugando con  aquellos gatos  solo podían ser un hermoso  recuerdo, el tacto  con su cuerpo la herida que me marcaría hasta la fecha y aquello que hizo retractarme de mi mismo, pensar  que nunca debí  callar lo  que sentía aunque era lo único que podía hacer en el momento al no  ver las cosas claras.
Había pasado un año cuando  en  el  periódico una joven de 22 años  se había suicidado al  lanzarse ante las vías del  tren, una joven  que en su identificación se llamaba Mei Shimai y aquella fotografía de aquel ángel que al mostrarse parecía un  demonio pero  detrás de todo era una muñeca controlada por un  ser vil  del cual nadie sabía su paradero o  existencia.
Mis lágrimas salieron al  enterarme, quizás si hubiera dicho lo que sentía aquel momento que la vi con  otro hombre, si le hubiera dicho que la amaba que yo pudiera salvarla en lugar de  ser como los demás que pasaban de ella, iban a su cuerpo  y luego la abandonaban, quizás solo quizás ella estaría a mi lado viva en estos momentos, pero él hubiera no  existe, el  pasado no puede ser modificado  y solo quedaba guardar este sentimiento en lo más profundo  de mi alma.
Aquellos recuerdos seguían latentes, aquella mujer vivía aun en mi  corazón  y aunque no podía aceptar en su momento  esos sentimientos, ahora no podía hablar de ello pues mucho  estaba en juego y no tenía caso  remover las heridas del pasado, solo puedo  decir que la sigo amando, aunque debes en cuando mis lágrimas salgan  en la soledad y siga yendo aquel parque a dejarles alimento aquellos quienes fueron testigos del amor que llegue a sentir por ella que transforme en rabia pero al darme cuenta de la verdad me sentía estúpido al pensar que yo pudiera haber hecho algo más,  algo que al final  por cobarde no logre hacer.
Cansado de lo que sentía, tras mucho pensar en que letra pudiera escribir,  en mi mente venia aquellas memorias  y mis lágrimas salían  poco  a poco, comenzando  a escribir aquella canción  que esperando   mi voz llegará hasta el  cielo  y supiera que a pesar de todo, de mi cobardía y estupidez la seguía amando que la lluvia no parecía detenerse mientras su imagen se desvanecía poco  a poco  dejando un sabor agridulce en mis memorias.



Nota: Bueno  fui invitada por Tsukii, fue un gran  honor  realmente un  gran honor que fuera así,  la historia la base en  la canción  de Everlasting,  siento mucho si no  es una historia que agrade por el  tipo  de “hyde” que describí,  espero  de corazón  que si les guste, muchas gracias por leerlo hasta la próxima y sobre todo  gracias a Tsukii por la invitación.
Att: Himeko~Rose 

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