Género: romance/drama/ hurt.
Autora: Himeko~Rose
Autora: Himeko~Rose
Recuerdo aquel
evento en mi vida, aquel evento que me hizo escribir aquella canción para L` Arc~En~ Ciel
realmente no había pasado mucho, unos 3 años máximo de aquel momento me
permitía sentir la nostalgia de no
aceptar algo que estaba en contra
de las reglas, algo fuera de lo
común, aquella mujer que me hizo
sentirme vivo otra vez.
Lo recuerdo perfectamente como si de un sueño lucido se tratase, sus tibios labios, aquella mirada inocente pero con un deje de
melancolía, su juventud, toda su esencia,
aquella piel de porcelana
blanca, su estatura baja
que me hacía pensar que por fin había encontrado a la mujer ideal.
Lo recuerdo
perfectamente bien, sus pequeñas
manos tímidas al tomar algo
y aquel temblar que hacía pensar la inocencia de sus ojos era pura y casta.
La
primera vez que la vi fue en el centro
comercial cerca de mi departamento, hay
estaba ella con un suéter azul, su
cabello negro azabache largo y
lacio con aquel flequillo recto me hacia recordar mucho al
tipo de japonesa recta que se mostraba
en nuestra cultura, lleva una diadema color rosa, aquella ropa le hacía ver aún
más joven de lo que debía verse.
En
ese momento me llamo la atención porque a pesar de ello alrededor de ella salía un aura de madurez, a pesar de
solamente verla y quedarme anonadado por aquella belleza singular, como si un
ángel se presentara ante mí para darme una razón más para vivir.
Recuerdo
aquella voz dulce y amena, tan dulce
pero no chillona, sino simplemente una
voz llena de ternura, una voz con la cual se sueña que en el cielo cantan para Dios, yo quería
escucharla quería saber qué clase de cantos podía dar de esos hermosos labios.
Después
de aquel día no la volví a ver debido a
que estaba en un proyecto con lo de mi
grupo Vamps, realmente no sabía bien
que escribí y mis deseos anhelos hacia ella hacia que imaginará al
conocerla.
Pensaba
en mí mismo que me había vuelto un loco pues solo verla una vez provocaba aquellos deseos en mí, deseos que no podían ser saciados tan fácilmente y deseaba saber mucho
más de ella pues aquel aire de misterio la envolvía.
Hasta
aquel día que las palabras fluyeron de
nuevo en el súper mercado, aquella voz melodiosa hablo de nuevo
y al cerrar los ojos pensé que si
Dios existiera estaría celoso de que yo pudiera
escuchar aquella voz.
-
Con
permiso- se notaba su nerviosismo al hablar, realmente era un persona tímida.
Después de aquello
decidí seguirle, había comprado
al parecer comida para algún animal, pensé que quizás tenía una mascota o algo por el estilo. Camine tras ella y se sentó
en el parque, su vestimenta era totalmente recatada, supongo que no buscaba llamar la atención y
su semblante frio ante los demás me daba
una ganas de conocerla aún más.
Al verle saco aquella bolsa y unos mininos se
acercaron ella sonreía, la sonrisa más hermosa en el mundo, una sonrisa tan cálida llena de ternura era
recibida por aquellas bestias de cuatro patas, me sentí celoso
de ellos, a pesar que eran mi
animal favorito.
Me acerque tímidamente, porque aunque no lo saben, yo Hyde era una persona algo tímida,
en los escenarios me sentía libre de mostrar todo mi lado perverso, pero no siempre
podía hacerlo fuera de ellos, no podía se alocado ni mucho menos llegar fácilmente a hablar con una persona, pero me arme de
valor, aquella mujer valía la pena.
-
Veo
que le encantas a los gatos – le mire atento
a cada movimiento.
-
Así es – no volteo a verme seguía absorta a
ellos.
Me agache y los acaricie, a pesar de ser
alérgico, tocarlos no sería tan malo, comencé a recordar porque eran mis animales
favoritos, realmente hermosos seres suaves
y con un espíritu libre y autosuficientes.
-
Yo tendría uno pero soy alérgico, me conformo
con tocarlos debes en cuando - sonreí ante ello.
-
En
mi hogar no me dejan tenerlos – menciono
ella cabizbaja.
-
Pero aquí siempre hay gatos, sería bueno que vinieras debes en
cuando – comente en un tono alegre.
-
Eso
hago - volteo a verme alzando una ceja.
-
Ya
veo, eso significa que siempre le veré a
esta hora – me sentía alegre por dentro.
-
Es
el único tiempo que me dejan salir – menciono
cabizbaja.
-
Ya
veo ¿tu familia es muy estricta? – le mire seriamente.
-
Algo
así - se miraba extraña.
-
¿Cuál
es tu edad? - fue lo primero que pensé pues si seguía en el juego posiblemente saldría mal parado.
-
21
años – contesto secamente.
-
Pudieras
salir de tu hogar ya eres mayor de edad – mencione tranquilamente.
-
No
puedo, eso es imposible - su mirada
parecía perdida.
Después
de eso se levantó sin mirarme, acaricio
de nuevo aquellos gatos y aquellas
pequeñas manos que parecían despedirse con
caricias a aquellos animales recelosos,
mientras sus pequeños pies se disponían
a irse.
-
Me
llamo - me puse frente a ella – Hideto
Takarai y ¿usted? – le mire con decoro.
-
Mei
- se retiró después de aquello.
Me dejo solo en el
asfalto del atardecer, el cielo
con tonalidades rojizas y nueves moradas
se dejaba ver, yo también debía regresar a mi hogar, pensar mejor las cosas
pues el haber seguido a una mujer no
estaba dentro de mis cabales pero aquella mujer a pesar de ser
extremadamente joven estaba en mi cabeza.
Todos los
días iba a la misma hora, minutos antes iba y compraba algo de alimento para gatos, luego iba a al parque
a esperarla y sin falta venía con aquella singularidad, aquella ropa que cubría
todo su cuerpo faldas hasta los
tobillos, llegue a pensar que en su casa realmente eran muy estrictos.
-
¿estudias?
– pregunte sin mirarle.
-
No
- respondió secamente.
-
¿Qué
es lo que anhelas? - le mire atento.
-
Nada
en especial - miraba las aves volar para
luego volver hacia los gatos – sabes
realmente amo a los gatos - sonaba seria - ellos
escogen con quien tener un lazo y con
quien no – parecía sumida en sus pensamiento - supongo que nos falta aprender de ellos
- volteo para darme una simple sonrisa,
una sonrisa sin luz llena de una melancolía que no comprendía.
-
Me
sorprende que alguien tan joven piense de esa manera – voltea a verle - ¿seguro
que todo está bien? – puse mi mano en su hombro.
-
Si
- contesto secamente.
Tras aquello
tome un cigarro llevaba tiempo sin hacerlo y uno
debes en cuando no era dañino, así era como sobrevivía, puesto a pesar de que lo tenía que dejar por completo, debes en cuando fumaba un cigarro en casa
donde nadie me observaba y juzgaba, saboreaba cada segundo que lo tenía en mis manos como el ultimo y así lo
disfrutaba más que antes, dejando
de fumar dos cajetillas bajando a
una y simplemente ir debes en cuando a fumar un solo cigarro.
Lo prendí
tranquilamente y antes de poner el
cigarro en mi boca para dar
un sorbo
y sentir aquel alivio en mi cuerpo
después de tanta abstinencia, ella me daba una mirada repulsiva llena de
odio y asco ante ello.
-
Por favor apáguelo- menciono con un poco de histeria.
Tire el cigarro al suelo lo pise y después deposite
en la basura al apagarlo, aquel acto
me pareció completamente extraño
no comprendía porque el odio al tabaco, simplemente al ver esos ojos llenos
de miedo comencé a temer que ella
viviera algo que no fuera muy grato.
-
¿le
sucede algo? - me acerque a ella.
-
No es nada, simplemente el olor me molesta
- contesto como siempre.
-
Ya
veo – conteste suspirando.
Ella
se levantó para retirarse y con aquello
mi interés iba creciendo hacia ella, una joven inocente y pura, que mostraba
fortaleza y ternura, una mujer digna que
conocía cada día, yo quería tener a esa mujer, yo deseaba hacerla mía.
Cada
día que conversábamos de algo trivial,
pues de su vida nunca deseaba hablar,
cada vez me enamoraba más de ella, su sencillez y ternura que enmendaba
ante aquellas criaturas con las que deseaba ser una de ellas y acompañarla en
toda su vida.
-
¿Qué
clase de música escuchas? - pregunte
tras bastante tiempo de conocernos pues
me parecía raro que aún no se diera
cuenta quien era.
-
No escucho música - respondió ella.
-
¿ves
televisión? – le mire atento pues yo participaba en algún que otro programa como invitado.
-
No
- seguía acariciando a aquel
gato negro que subió en sus piernas.
-
¿Por
qué? – aquello me parecía curioso.
-
Son
muy estrictos – entendí que se refería a sus padres.
Así
fue pasando el tiempo 6 meses
específicamente, 6 meses donde ella penetro
mi corazón sin darme cuenta pero estaba fuera de mi decirle lo que sentía, puesto había una diferencia abismal en la edad,
aunque aquello era lo que menos
importaba, si no el hecho de que yo
no sabía que era lo que sentía ella por
mí y comencé a temer ante ello.
-
¿Qué
sucede? - la mirarla la note nerviosa.
-
No
es nada – contesto ella.
A pesar de no haber muchas palabras en nuestras
conversaciones, solo la simple compañía del uno
y el otro, esos ojos me absorbían
por completo con cada mirar, su belleza singular me había atraído, pero
aquellos ojos llenos de una pureza indescriptible hacia que cayera en
las redes del amor, aquel juego peligroso donde una de las dos partes quizás
jamás sale bien las cosas.
En mi pecho
sentía aquel latir del cual uno
sabe que está siendo
atrapado poco a poco
y cada vez que la conocía más, cada conversación por muy trivial que fuera estaba cayendo más al fondo
del abismo que era llamado amor.
Quizás, solo quizás las cosas podían ser diferente,
solo tenía que dejar que fluyeran, aquellas palabras me decía mentalmente, pues ya había tenido
decepciones amorosas y no deseaba salir
lastimado de esto, no deseaba terminar lleno de dolor otras vez.
Solo deseaba
tener este sentimiento, un sentimiento que me hacía sentir vivo otra vez volar entre
las galaxias en tu mirada, aunque el miedo a no
ser correspondió era lo que me impedía sacar aquellas palabras fuera de
mi mente a través de mis labios a que mi
voz le alcanzara y le dijera un te amo.
Ya no podía más que pensar en aquella mujer llamada
Mei, aquella mujer que tenía aquella aura angelical a pesar de
su seriedad, pero debido a mis miedos no me atrevía aceptar mis
sentimientos hacia ella, porque aunque ella simplemente hablaba lo necesario, aquella manera de actuar cada gesto me parecía esencial, hermoso y placentero.
Hasta aquel
día en que un señor de unos 60
años llego colérico, tomo del brazo
a Mei y esta solo temblaba de
miedo ante su presencia, comprendí,
él era su padre, no tuve tiempo de decir palabra alguna cuando
ellos ya se habían retirado, aquello me
hacía sentir inseguro.
Las cosas en mi
carrera iban perfectas, hacia lo que más amaba, hacia música, tenía la
banda que siempre había soñado
Vamps y aun no olvidaba mis
raíces al iniciar en L arc en ciel, así que en mi vida las cosas eran simples,
podía tener a la chica que quisiera, muchas
se ofrecían, pero yo solo deseaba una y aquella chica parecía no tener interés en mí, además de lo conflictiva que podía ser su
familia.
Paso una semana y por más que fuera aquel lugar ella
no estaba, solo me quedaba el
consuelo de aquellos seres peludos y adorables, aquellos seres que recibían su amor, pasaron 2 semanas más hasta que por fin pude volver a
verle.
-
¿Mei-san?- toque su hombro ante ello.
-
Esto
- se notaba más nerviosa de lo normal.
-
¿Qué
sucede? - estaba feliz de verle.
-
Vamos
a un lugar un poco más privado – menciono ella con un tono
seco e hilarante.
-
Está
bien – comencé a seguir sus pasos.
Caminábamos por un lugar un poco extraño y alejado,
hasta llegar a una pequeña casa donde aquel señor la abrió, nos invitó a pasar, algo me
parecía extraño en todo esto, entre al lugar, al llegar a una habitación poco
alumbrada, su voz monótona resonaba
en toda la habitación.
-
¿son 30,000 yenes la hora? - menciono ella con un deje de melancolía.
-
¿Qué?
– no sabía qué hacer.
-
Lo
supe desde que te vi, tu… - miro hacia
abajo - ¿lo deseas no? -
estaba nerviosa.
-
Yo
– no sabía que decir, si la deseaba, pero más que eso yo, yo le amaba.
-
Esta
es la única razón por la que deje que te acercaras a mí - menciono ella con decisión.
-
Entonces
- comencé a sentirme furioso - ¿para ti solo fui un negocio a
largo plazo? – comencé a reír ante ello.
-
Si
– menciono ella – no hay algo más aparte de ello - se encogió
de hombros.
Después de aquello
voltee hacia el suelo, tome
mi cajetilla de cigarros y prendí
uno de ellos, estaba terriblemente
enojado, no sabía cómo actuar, tenía la posibilidad de tenerla en mis manos pero
¿eso era suficiente? No tendría su
corazón eso lo sabía de ante
mano, aquella mujer esperaba mi respuesta.
Y ¿Por qué no?
Quizás, solo quizás este sentimiento
era el simple capricho de no poder obtenerla, ahora podía hacerlo, olvidarme de ella tas
tocar su cuerpo, amancillara cuando para
ella solo fui dinero, para mi ella sería un juguete sexual.
Realmente estaba enojado, después de tantas decepciones, mientras
sentía el sabor del cigarro en mi boca y aquel humo pasando por
mi garganta comenzaba a poner mis ideas
claras, ya nada podía perder, quizás el hecho de dicha decepción de tenerla en mis manos por un puñado de dinero haría que al final la olvidara,
al menos eso pensaba.
-
Está
bien - saque el dinero de mi cartera para dárselo en la mano- ¿acaso no dirás
nada? – seguí fumando frente a ella.
-
Usted
puede hacer lo que quiera – menciono sin
ataduras.
Tras aquello la tome de la cintura fuertemente al tener su
rostro cerca del mío, le di aquel
beso lleno del humo del cigarro, un sabor perfecto, amargo pero agradable, como aquello que estaba a
punto de comenzar, un beso que termino
con heridas en los labios de
ella, pues yo no era una buena persona y
estaba furioso de todo esto.
-
¿Segura
que aceptaras este dinero?- le mire con coraje.
-
Si
– menciono ella sin quejarse.
-
Desnúdate
– mencione sentándome en la cama.
Ella hizo
caso ante mi petición, comenzó a
quitarse cada prenda mientras me deleitaba viendo su pequeño cuerpo , mientras ella mostraba un rostro
frio ante la situación, como si
este juego que había iniciado poco a
poco estaba quemando y yo , yo
sería el único afectado.
Ella ya sabía cómo hacer su trabajo, se acercó
a mí, abrió el pantalón y saco mi
miembro, su pequeña boca y aquellos labios besaban mi masculinidad
hasta meter aquel pedazo de carne en
su boca por completo y comenzar la felación demostrando que era
experta en esto.
Quizás no era
su primer cliente, quizás muchas más habían pasado por su cuerpo y no era ese inocente ser que pensaba, la separe al
sentir que pronto terminaría,
comencé a desvestirme por completo, la empuje y de un solo golpe la penetre, solo quería sentir placer, solo quería que
este juego placentero ella sintiera que
estaba perdiendo.
Pero perdiendo ¿Qué? Si al fin
de cuentas el único que se había enamorado era yo,
el único que quería una vida a su lado
era yo, para ella solo era un
cliente más del cual podía ella dar
un servicio y yo
recibirlo como era debido.
Después de tocar su cuerpo cada centímetro saborearlo
y escuchar aquella melodiosa voz entre gemidos de placer, mientras la
llenaba de todo mi ser, en movimientos
frenéticos uno a uno en una batalla de
quien podría vencer al otro en este juego, el juego del cual uno se quema, puede tocar el cielo, pero al caer duele más por la ilusión de algo
pasajero que jamás sucederá.
Seguí con
aquellos movimientos de caderas
cayendo más profundo dentro de
ella, cayendo en el abismo de la seducción esperando que
siendo esta la última vez que la
vería, la última vez que la sentiría, puesto ya no regresaría a verla, ya no volvería a buscarle, solo quedaba el hecho de llenarle de mi esencia,
dejarle una marca profunda en su piel que a pesar de muchos yo estuve
con ella esperando que no supiera que al
final el perdedor era yo.
-
Di
mi nombre – mencione entre jadeos.
-
Hideto- dijo entre tartamudeos.
Sus caderas se movían al compás del mío, un
ritmo frenético donde ambos nos
lastimábamos, yo insistiendo en dejar una marca profunda en su piel,
mientras me hundía mas en este
resentimiento donde el tacto , la unión
era dolorosa, donde no importaba si hubiera lágrimas, mi corazón
se inundaba y el no aceptar lo
que sentía dolía aún más.
El sabor de su piel,
aquellas pequeñas manos explorando mi cuerpo por mi propia demanda, suspiros robados que al momento de desearle gritar un te amo eran callado por besos, besos que dolían hasta el alma entre lágrimas
profundas que no salían por temor, realmente la amaba y el tacto hacia que doliera, por eso sería la
única vez que la tuviera en mis brazos mientras seguíamos en este baile
frenético donde su cuerpo se fundía
con el mío.
Su rostro
sonrojado era la expresión más
hermosa, deseaba tenerla así para
siempre, pero para ella solamente era
uno más que caía en sus riendas de seducción, al terminar me sentí vació pues
aquella unión no se sentía el
sentimiento por parte de ella, su cara
llena de inexpresividad me hacía sentir que solo yo era quien le amaba y que para ella solo fui un cliente más de
cómo ganarse la vida, volví
a prender un cigarro, di un sorbo y lo deje en
el cenicero prendido, me vestí, deje el dinero en la mesita y me fui de aquel lugar.
Al
salir de aquella casa me di cuenta que había un discman y junto con él estaba un disco con el
emblema de Vamps como portada, lo
recogí y note que estaba
completamente roto, aunque no me extrañaba, pues en aquella casa lo poco que había observado, no había radio ni
televisión, mucho menos una computadora.
Después
de aquello ya no quise saber más, no quería dar más vueltas al asunto, aunque me preocupaba, me había
jurado a mí mismo no volverla a ver, pero deseaba
hablarle, deseaba estar a su
lado, deseaba salvarla.
Pero
la pregunta aquí era ¿salvarla de qué?
Quizás ella lo hacía por gusto,
pero algo dentro de mí me decía
que no
era normal nada de esto, el hecho de
cómo se comportaba su
supuesto padre que haya permitido
aquello, aquel disco roto fuera de su
casa como si ella hubiera deseado saber acerca de mí.
Tras
pensarlo decidí volverle a buscar, decidí intentar ayudarle. Salí de mi
casa, recordaba el camino por
donde me había llevado, hasta que llegue
a ver aquel cabello negro y lacio volando por el viento y sus brazos,
su pequeños brazos rodeaban el
brazo de otro hombre que no era yo.
No se mostraba feliz, pero tampoco descontenta,
no mostraba sorpresa al verme, solo
se dedicó a ignorarme y pasar a
lado de mi como si nada, como si nunca
hubiera conversado conmigo, como si nunca hubiera tocado su piel, como si aquel encuentro a pesar de haber dinero de por medio no habían sentimientos y jure ante dios no
volverla a ver.
Mis
sentimientos habían sido guardados
aquellos momentos en el asfalto mientras
charlamos jugando con aquellos gatos solo podían ser un hermoso recuerdo, el tacto con su cuerpo la herida que me marcaría hasta
la fecha y aquello que hizo retractarme de mi mismo, pensar que nunca debí callar lo
que sentía aunque era lo único que podía hacer en el momento al no ver las cosas claras.
Había
pasado un año cuando en el
periódico una joven de 22 años se
había suicidado al lanzarse ante las
vías del tren, una joven que en su identificación se llamaba Mei
Shimai y aquella fotografía de aquel ángel que al mostrarse parecía un demonio pero
detrás de todo era una muñeca controlada por un ser vil
del cual nadie sabía su paradero o
existencia.
Mis
lágrimas salieron al enterarme, quizás
si hubiera dicho lo que sentía aquel momento que la vi con otro hombre, si le hubiera dicho que la amaba
que yo pudiera salvarla en lugar de ser
como los demás que pasaban de ella, iban a su cuerpo y luego la abandonaban, quizás solo quizás
ella estaría a mi lado viva en estos momentos, pero él hubiera no existe, el
pasado no puede ser modificado y
solo quedaba guardar este sentimiento en lo más profundo de mi alma.
Aquellos
recuerdos seguían latentes, aquella mujer vivía aun en mi corazón
y aunque no podía aceptar en su momento
esos sentimientos, ahora no podía hablar de ello pues mucho estaba en juego y no tenía caso remover las heridas del pasado, solo
puedo decir que la sigo amando, aunque
debes en cuando mis lágrimas salgan en
la soledad y siga yendo aquel parque a dejarles alimento aquellos quienes
fueron testigos del amor que llegue a sentir por ella que transforme en rabia
pero al darme cuenta de la verdad me sentía estúpido al pensar que yo pudiera
haber hecho algo más, algo que al
final por cobarde no logre hacer.
Cansado
de lo que sentía, tras mucho pensar en que letra pudiera escribir, en mi mente venia aquellas memorias y mis lágrimas salían poco a
poco, comenzando a escribir aquella
canción que esperando mi voz llegará hasta el cielo
y supiera que a pesar de todo, de mi cobardía y estupidez la seguía
amando que la lluvia no parecía detenerse mientras su imagen se desvanecía
poco a poco dejando un sabor agridulce en mis memorias.
Nota:
Bueno fui invitada por Tsukii, fue un gran honor
realmente un gran honor que fuera
así, la historia la base en la canción
de Everlasting, siento mucho si
no es una historia que agrade por el tipo
de “hyde” que describí,
espero de corazón que si les guste, muchas gracias por leerlo
hasta la próxima y sobre todo gracias a
Tsukii por la invitación.
Att:
Himeko~Rose

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Un abrazo ♥