Prologo:
Desde pequeño siempre me ha gustado ponerme retos, ir a un paso adelante que los demás, aprender, tener conocimientos, estudiar, saber muchas cosas y tener explicaciones y un porqué de todo. Me gusta tener mi vida en orden y en equilibrio. Tal vez todo esto suene como “Que amargado” “Que aburrido” Muchos lo ven así pero yo no, mi vida es como la de todo profesional aunque un poco más estricta.
Soy doctor, un doctor muy conocido y por lo tanto muy pedido en algunos lugares. Con esto me refiero a que no solo trabajo como doctor en un hospital. También doy clases a una reconocida institución de la salud.
Mi vida es muy exigente. O bueno, yo me pongo exigente. Trabajo dando consultas en el día, no diario, lo que si hago diario es hacer guardias en uno de los hospitales más privilegiados de la ciudad. Hago guardias porque en las noches es donde más urgencias hay. En pocas palabras, me paso mis noches en el hospital atendiendo a personas que lo necesitan. Desde temprana hora estoy en la escuela en la cual imparto clases. Los directivos son dos amigos míos. Me pidieron que trabajara con ellos y no me pude negar. Llevo cinco años dando clases a pequeños jóvenes que sueñan con ser doctores. Cada año me toca tutorar a un salón. Es decir, ser su profesor de cabecera, de tiempo completo y ayudarles en lo que necesiten escolarmente.
Aunque mi estancia como profesor ha sido buena laboralmente. Es un poco desgastante en cuanto a la insistencia de algunas profesoras y alumnas conmigo. Muchas quieren de mi algo que nunca tendrán. Ser acosado por pequeñas chicas y maestras locas no es muy agradable.
En este año me toco tutorar a un salón de primer año, novatos como les digo yo. Es un salón grande, de 53 alumnos, son buenos chicos.
Mi vida ha sido así prácticamente desde que me titule. Enseguida conseguí trabajo y me ha ido muy bien. También doy conferencias a instituciones sobre la salud.
No me quejo, bueno, no mucho. Por mi trabajo prácticamente mi vida propia no existe pero yo lo quise así. No voy mucho a mi departamento, voy de hospital a escuela y viceversa. En la escuela hay habitaciones tanto para alumnos como para profesores, normalmente me quedo ahí a descansar. Tienen razón, que vida tan aburrida tengo.
Aunque realmente eso era hace unos días. Desde que empezó el año escolar he encontrado algo interesante, algo que empieza a darle algo a mi vida. No sé qué es aun pero ese algo empieza a darme dolores de cabeza.
Un doctor de rango como yo no puede encapricharse con alguien ¿Verdad? Estaría faltándole a mi ética, a mi profesionalismo, a mi trabajo pero es algo que hasta ahora no he podido evitar.
Va siendo hora de que empiece mi primera clase del día, todo esto de jugar al profesor y a dar clases a veces es agotador, tengo este trabajo extra en el cual con lo que me pagan en una quincena lo gano en dos días de consultas pero aquí me tienen, sufriendo a mi propio criterio.
Checo mi reloj, las 7:50. En diez minutos empiezan las clases, todos los alumnos de mi salón tutorado son muy puntuales, a veces los veo en el salón media hora antes, cosa que me agrada mucho. Yo como profesor, soy estricto, la rama de la salud no es un juego, es algo muy serio ya que en tus manos está la vida de alguien más. Por eso es que mi actitud en el salón es normalmente dura, algo que, empiezo a perder por culpa de alguien.
Subo la mirada, veo el salón prácticamente lleno, veo a la entrada. Odio esta sensación de ansiedad. Mis ojos buscan a alguien, mis ojos esperan ver entrar a alguien.
Llevamos de clases dos semanas, en estas dos semanas he estado un poco ansioso, atormentado, confundido, mi cabeza da vueltas a un asunto que no puedo permitirme pero desgraciadamente ese asunto me cala más.
Checo mi reloj. Las 7:53. Empiezo a sacar mis listas, libros, lentes y pluma. Veo nuevamente la entrada y ahí está lo que mis ojos habían estado buscando.
Entra ella, una chica de mediana estatura. Cabello largo y negro, un poco alborotado. Ojos brillantes, alegre, llena de vida. Encantadora ante todos, amigable, sociable. Impecable en cuanto a uniforme y a toda su persona. Su bondad, ternura, timidez e inocencia se notan a distancia. Sí.
Como deben de estar pensando. Ella es mi asunto. Ella es ese algo que empieza a provocarme dolores de cabeza, me atormenta, me confunde.
Mi alumna de primer semestre. A la que conozco hace dos semanas. A la que he visto desde hace dos semanas ha logrado en mi algo que ninguna otra alumna había hecho. Tomar sin permiso mi atención, lograr encapricharme. ¿Por qué es eso no? Capricho hacia una inocente alumna. Es trabajadora y le gusta mucho aprender. Se hace notar en el salón, su presencia es siempre agradable.
Desde el segundo día de clases la nombre jefa de grupo. Como ven, desde el primer día tomo mi atención. He querido dejar de verla, de hablarle por motivos de las materias pero no puedo. Es molesto. Es la primera vez que me pasa y no sé qué hacer al respecto. Lo único que se me ocurre es tratar de convencerme que es cualquier capricho, cualquier situación. No lo he logrado aún.
-Profesor, disculpe el retraso.
Me dice ella tímida y apenada, no suelo sonreír mucho pero ella lo ha logrado muchas veces en mí; sonrío levemente, su mirada se posa en mi de una manera que me asusta porque me hace tener pensamientos que jamás había tenido.
"He escuchado muchas veces a mi alrededor que cuando dos personas cruzan sus miradas... Cuando se miran de una manera intensa y profunda el mundo deja de existir y solo nos quedamos ella y yo, viviendo un tiempo antinatural, en donde los minutos y horas no existen, en donde nada existe, solo nosotros, los dueños de esas miradas."
-No se preocupe señorita. Ha llegado a tiempo, aun no son las ocho.- Checo mi reloj y cierro los ojos como si con eso lograra borrar lo que había pensado.
-Gracias.- Responde aliviada y pasa a tomar su asiento.
Tratando de no seguirla con la mirada me concentro en mis documentos, hoy veremos algo de huesos. Tomo un libro, lentes, me levanto de mi asiento y me pongo enfrente de ellos. Es hora de empezar.
-¿Estudiaron las hojas que les di?.- Todos responden, si, no, más o menos, alumnos finalmente.
-¿Hará evaluación hoy profesor?.- Me pregunta aquella voz dulce ante mis oídos, volteo a verla, su timidez… Dios, su timidez.
-¿Cree que si hago evaluación sacara buena nota?.- La veo directo a los ojos y entonces agacha la mirada.
-No. Profesor.- Doy un suspiro.
-Por eso no tengo planeado hacerles evaluación, les daré una semana más, señorita.- Sube la mirada y sonríe, esa sonrisa tan alegre, escucho como todos suspiran aliviados.
Empiezo a dar la clase, a explicar, hacer una que otra broma, explicarles como ellos entiendan y entrar en su ambiente de locura. Mientras explico no puedo evitar y llevar mi mirada hacia un lugar en especial. Lo sé. Sé que esto no es bueno pero mi fuerza en este momento es baja, muy baja.
En mis clases me gusta explicar con maniquís, cuando estamos en el laboratorio hay un esqueleto, un maniquí de músculos, todo para poder explicar bien pero aquí en el salón principal no hay. Esto es una locura.
-Señorita, ¿Podría pasar al frente por favor?.- La veo a los ojos y asiente, se para de su lugar y camina hacia mí, me ve curiosa.- Solo parece derecha
-Claro.- Me dice tímida.
Tomo uno de sus brazos y lo levanto delicadamente, su piel es tersa, suave, delicada, cálida. Siento su nerviosismo y su intriga. Su aroma… Me ve y solo hago media sonrisa. Sus grandes ojos son hermosos, un libro abierto.
-Este hueso de aquí es… “Humero”.- Todos contestan mientras yo uso de maniquí a mi alumna.
Quiera aceptarlo o no. Es el primer año que ocupo a mis alumnos de maniquí. Es algo que se me ocurrió o bueno, realmente es algo que de repente vi necesario. Esta alumna está provocando en mí cosas que ni loco hubiera hecho años atrás.
Claro que mientras la ocupo como maniquí es ante todo el respeto. No planeo hacerla sentir incomoda ni nada. Primero dejo de dar clases. Ella tiene algo que no sé qué es ni porque me hace sentir como me siento. Sé que es una total locura. Un doctor encaprichado con una alumna. Es algo que no debe de ser. Pero como he dicho. Hasta ahora, no he podido hacer nada. Este asunto es el que me tiene como loco. Ella es mi asunto, ella es mi dolor de cabeza pero inconscientemente, empiezo a acostumbrarme a ese dolor.
¡Genial! Seria hermoso tener a Hyde como profesor
ResponderBorrarEsperare tu historia :)
Saludos
Awww que linda, muchas gracias por el apoyo <3333
BorrarWooow hyde como profesor se siente super interesante, estare esperando los proximos capitulos.
ResponderBorrarLei todas tus historias y tengo que decir que me encantan, saludos desde argentina.
Muchas gracias! ñ.ñ
BorrarPronto se estara publicando este fic, saludos!
Comenzando a leer! :D
ResponderBorrarNyaaaaaaaa, me da mucho gusto! <3
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